Pillados por mamá

Yo tenía 22 años, mi padre poseía una empresa de publicidad prestigiosa y yo había entrado a trabajar con él a los 18 años, esperaba que mi oportunidad llegará con alguna gran marca, lo que parecía que sería más fácil debido a que era el hijo del jefe se convirtió en un auténtico reto, mi padre nunca escuchaba mis propuesta, nunca me concedía un trabajo importante, siempre que podía ridiculizaba mis propuestas y no se como se las organizaba que siempre se reía de mi trabajo y mi estatura a la vez. Yo mido 1,50 a diferencia de mi padre que mide 1,98, soy corpulento para mi estatura, pero al lado de él parezco más pequeño él llega a los 100 kilos.

Me llamó Eric y todo comenzó después de firmar el contrato con una reconocida marca de coches, al entrar al despacho de mi padre por la tarde vi en su papelera mi carpeta donde estaba mi propuesta para el eslogan publicitario. Él entró a su despacho con papeles en las manos y cerró tras entrar.

– ¿Qué coño es esto? – Le tiré mi carpeta dándole en el abdomen.

– ¿No la reconoces? Si es tuya… – Dijo dejando que cayera al suelo.

– ¿Por qué esta en la papelera? – Dije indignado y alzando la voz.

– Porque no me interesa. – Dijo con gran pasividad, mientras se sentaba en su silla.

– De que me vale el máster en Londres, haber estudiado, haber hecho las cosas como tu querías… Ni si quieras escuchas mis propuestas.

– ¿Crees que es tan sencillo? Se te ocurre una idea se lo digo a papi, ¿y ya está? Me juego mucho dinero si al cliente no le gusta el trabajo, así que no voy aceptar a principiantes, ni niños mal criados que quieren demostrar que tienen ego.

– No me valoras, si sigues así me marchare a otra empresa. – Dije.

– ¡Uy! ¡Qué miedo me das! – Dijo en tono chulesco.

– No me extraña que mamá se quiera divorciar, solo vas a la tuya. – Le dije enfadado.

– Porque no subes a una silla y me lo dices a la cara. – Dijo levantando una ceja mientras sostenía una carpeta en las manos.

– Eso es otra siempre me estas ridiculizando, nunca tomas nada en serio.

– Dale gracias que lo hago en privado.

– ¡Faltaría más! – Repliqué.

– A ver eso. – Se levantó y cogio mi carpeta y sacó las hojas. – ¡Mierda, mierda, mierda y más mierda! Con esto no me llega ni para un anuncio de 20 segundos. – Tiró todo los papeles encima de la mesa desordenados. Me sentía indignado y furioso.

– ¿Así que eso es todo?

– Sí – Dijo él.

– Pues presentó mi dimisión, no quiero seguir trabajando contigo. – Le dije.

– O se hace lo que tú quieres, o te vas, eres un niñato. Voy hacer tú propuesta, pero cuando veas que fracase te va a tocar pedirme de rodillas volver.

– Pero como eso no va a ser así serás tú el que suplique. – Le dije orgulloso.

– Esta bien pues lo veremos, ahora vete de mi vista. – Me dijo. Me fui dando un portazo.

Mi padre como dijo utilizó mi propuesta, no sólo fue un fracaso, si no que tuvo que devolver dinero y acabar el trabajo sin cobrar en menos tiempo, el equipo entero tuvo que trabajar a marchas forzadas.

Al terminar con ese proyecto me llamó a su despacho, por la tarde cuando el resto de trabajadores se habían ido. Toque la puerta…

– Pasa… – Dijo él. Sin decir nada pasé y me quedé de pie, mi padre se levantó y se apoyó sobre su mesa.

– ¿Crees qué cuándo te digo que no a algo, lo digo por qué soy tú enemigo? – Me miró.

– Estoy despedido ¿Verdad?

– ¡Ni si quiera me escuchas! Te traje aquí porque quiero que aprendieras, pero tú solo te preocupas por tu orgullo.

– Es que parece que esperas que yo habrá la boca para atacarme. – Dije

– No te ataco, el mundo de los negocios no es fácil, no quiero que cuando te toque ir solo, te deboren.

Yo guardé silencio.

– Mírame. – Me agarró de la cara y me la levantó con suavidad.

– Soy tu padre, te quiero. – Dijo mirándome a los ojos y acto seguido me abrazó inclinándose sobre mi, yo le abracé con fuerza, sin poder llegar a abarcar su espalda.

– Siento haberte hecho perder tanto dinero. – Dije sin soltarle.

– Ya lo sabía. – Dijo separándose de mí, quedándose frente a mí, me tenía agarrado por la cintura.

– ¿Entonces por qué lo permitiste?

– A veces tenemos que ver las cosas para caer del burro. – Sonrió y yo a él.

– Te quiero papá. – Me abracé a él apoyando mi cabeza en su pecho, él me agarró con fuerza y pude sentir su cuerpo musculado, en esos momentos sentía que le estaba abrazando como hombre y no como padre, sabía que él no lo veía así y era realmente descabellado, así que seguí abrazado a él tratando de no pensar.

Mi padre suspiró y me besó en la cara sin despegar su cuerpo del mío, varias veces seguidas en mi pómulo, mi mejilla, mi sien, mi oreja, bajó desde ella besandome mi cuello y siguió por mi hombro, dejando una tira de besos por el, yo puse mis manos tras su nuca y él las suyas por mi espalda, me pegaba más a él mientras me besaba el hombro me había apartado la camisa. Cuando se separó de mí, dejé deslizar mi mano por su pecho y me recompuse como pude antes de mirarle a la cara, cuando miré hacía arriba él tenía un gesto interrogante.

– Será mejor que te vayas a casa y descanses. – Dijo poniéndome bien la camisa y acariciandome la cara. Cerró mis ojos al notar su manos por mi rostro y la acaricie con mis labios.

– Sí papá. – Dije reteniendo mi respiración agitada, me fui del despacho sin mediar palabra, de camino a casa no podía parar de pensar en lo que me acababa de ocurrir con mi padre, al llegar a casa, me pajee varias veces pero mi calentura no se calmaba, el tema de que mi padre me hubiera acariciado de esa manera me producía un morbo que jamás imaginé. Llamé a un amigo que siempre tenía a mano si quería un revolcon. Me folló varias veces en la noche, me gustaba estar a 4 patas, así no le veía y fantaseaba con que era mi padre el que me follaba, aunque su voz, su cuerpo y el tacto con el preservativo a veces me sacaban de esa fantasía.

A la mañana siguiente en el trabajo, evite ver a mi padre e ir a su despacho, cuando su secretaria se cruzó conmigo.

– Tú padre espera los informes, me ha dicho que se los lleves cuanto antes. – Me dijo.

– Descuida Selena. – Respondí. Estuve todo el día dándole vueltas y a última hora cuando la oficina estaba sola pase a dejarle las carpetas, entré a su despacho sin hacer ruido y las dejé sobre su mesa, estaba saliendo cuando mi padre salió de su baño privado.

– ¡Espera! Voy contigo, me dejas en casa. – Se estaba cerrando el cinturón mientras hablaba.

– Vale. – Los dos bajamos en el ascensor en silencio, mi padre lo rompió.

– Voy a pedir un tailandes ¿te quedas en casa a cenar?

– Es que… No sé, estoy cansado. – Le dije.

– Pues te quedas a dormir ¡Anda! No quiero cenar solo.

– Vale papá, pideme a mi también. – Llegamos a casa, el trayecto en coche hablamos de trabajo, el chico del restaurante trajo pronto la cena, conocía las propinas de mi padre. Habiamos terminado de cenar cuando mi padre sirvió bino dulce en 2 copas (tiene un gusto exquisito para el bino) y trajó dulces, bocaditos deliciosos de varios sabores. Nos sentamos en el sofá tomando el postre, dejando el bino y los dulces en la mesita de enfrente.

– Esto esta buenísimo papá. – Dije antes de llevarme otro dulce a la boca.

– Los compre por ti, sabía que te iban a gustar. – Sirvió más bino en las copas. Sonreí a mi padre de forma cariñosa, me eché sobre el sofá poniendo mis piernas sobre él, cerré mis ojos pero estaba despierto, mi padre se levantó y se dio una ducha, yo me encontraba relajado sobre el sofá, volvió al salón solo con un pantalón de pijama gris, sin camiseta y descalzado, lo vi cuando comenzó a descalzarme, me quedé mirándole mientras estaba echado y él me quitaba las convers y los calcetines, observé su pecho marcado, grande muy grande, varonil con los abdominales pronunciados y pelo en pecho, me acarició los pies tras descalzarme por completo, me miró con una sonrisa dulce en los labios, yo le respondí de igual manera, yo continuaba echado, desbrochó mi cinturón y abrió mi bragueta, me levantó un poco y tiró de mis pantalones sacandomelos por completo, quedé en slip granate y mi camiseta ajustada al cuerpo.

Yo estaba echado y mi padre en mis pies, arrodillado en el sofá, me levanté un poco, puse mis manos sobre su nuca y lo atraje hasta mí, le abracé, él quedó echado encima de mí cubriendome por completo, notando la presión de su enorme pecho encima, mis piernas estaban abiertas y quedaban cada una a cada lado de mi padre, lo abracé agarrándole con las manos y las piernas, él a mi también.

– Te quiero papá. – Le susurre al oído.

– Y yo a ti cariño. – Me dijo abrazandome contra él, notando mucho más su cuerpo, su polla y la mía se restregaron a través de la tela de su pantalón y mi slip, estaban duras, yo sentí la suya, al igual que él la mía. Comenzó a mover su pelvis contra mi, como si estuviera follandome y su lengua empezó a introducirse en mi oído, moviéndose rápido, bajó por mi cuello, me agarré más fuerte a él y me dejé hacer.

Subió mi camiseta dejando a la vista mi abdomen y mi pecho, empezó a lamer mi abdomen, dando lengüetazos, hasta que llegaba a mis pezones que succionaba.

– Ummmm… Aaah… – Gemí.

Mi padre me morreo y sacó mi camiseta sobre mi cabeza, volvió a morrearme, su lengua buscaba la mía, abrió más mis piernas y comenzó a lamer mis ingles y la polla por encima de la tela, mi respiración estaba muy agitada, me quitó el slip, en cuanto vio mi polla tiesa, se la metió en la boca, hundiendola tanto que mis huevos tocaban su barbilla, así me la estuvo chupando un buen rato, hasta que no pude más y me corrí, siguió chupando mientras me corría y lamia con más ganas, se tomó toda mi corrida, mientras mis gémidos invadían toda la casa, yo estaba sudado, exhausto de placer.

Hice que se sentará y yo me arrodille en el suelo enfrente de él, le quité su pantalón y su bóxer negro, cuando vi semejante miembro enfrente de mi, me quedé atónito, era una polla venosa, el tronco era tan ancho que el glande era más pequeño con unos huevos grandes, alcanzaba con facilidad los 25cm, su ancharía no te permitía tocarte los dedos de la mano con la que lo cogias, ahora entendía porque mamá daba esos gémidos cuando follaban, recuerdo que cada vez que follaban mi madre daba gritos pidiendo más, agarré la base de semejante pollón y comencé a chupar, me la metí en la boca, toda mi boca estaba llena de rabo con solo meter el glande, me la metí más sintiéndola en mi garganta, solo estaba por la mitad y esa polla ya me estaba reventando la garganta, después de meterla y sacarla de mi boca lo más que pude, comencé a dar lametones, le lamia todo el tronco, la cabeza, los huevos, me los metía en la boca y succionaba con fuerza. Mi padre no dejó de gemir ni un momento, mientras me acariciaba la nuca, después de un buen rato comiendo rabo, mi padre me agarró la cara y me llevó hasta él para acabar morreandonos. Se acostó sobre el sofá y me agarró poniéndome sobre él quedando en posición del 69, volví a meterme su polla en la boca todo lo que más podía a la fuerza y logré meterla más provocando atragantadome pero continué chupando semejante mástil que me ponía cachondo perdido, los rugidos de mi padre aun me gustaban más, él comenzó a comerme el culo, abrió mis nalgas, dio varios lametazos y con las yemas de sus dedos comenzó acariciar mi agujero, metió su lengua mientras me abría las nalgas y la movió con rapidez, que comida me estaba dando, que placer, mi culo ardía.

– ¡Dios papá! ¡No puedo más! ¡Follame! – Le pedí cachondo perdido.

El me agarró y me dio la vuelta, quedando los 2 frente a frente, yo estaba sobre él que estaba acostado, me senté y poniendo mi mano tras de mi, busque su polla, la puse en la entrada de mi agujero.

– ¿Quieres que la lubriquemos un poco? – Me preguntó.

– No, quiero que me habrás, que me revientes el culo. – Mordi mi labio inferior mirando a mi padre, comencé a sentarme sobre él.

– Aaaaaaaaarrrrrggggg. – Gemí mientras esa barra de carne se metía en mi interior y me apoyé sobre su pecho, mi padre suspiraba y me tenía agarrado de la cintura, cuando estaba por completo dentro de mi me quedé por unos momentos quieto, mi padre metió sus manos bajo mis muslos y comenzó a mover su pelvis, metiendo y sacando su rabo de mi ojete.

– Aaaarrrrg, ah, ah, ah, aaaaaarrrgggggmmmmm. – Yo no podía parar de gemir.

Su ritmo aumentó, la metía y la sacaba con rapidez, llegó momento que todo mi cuerpo temblaba, hasta mi voz, sin sacarla, se echó sobre mi y quedé debajo de él con las piernas abiertas, la sacaba entera dejando solo el glande en mi interior y la metía de golpe, así era la penetración seguida y muy rápida, yo notaba que me llegaba a las entrañas y mís gémidos eran gritos constantes, estuvo así un rato, hasta que agarrandome con fuerza, se levantó del sofá conmigo en brazos y comencé a votar sobre él, los 2 de pie, tan profunda era la penetración que parecía que me metería los huevos en cualquier momento.

– Aaaaaaaaarrrrrgggg, aaaaah, ah. Si, si, aaarg, papaaaaaaaa, aaaaarg, si, papá dame, aaarg, dios papá, aaarg. – Él también gemia de forma más calmada, cada vote que daba sobre él hacia que un chorro de semen saliera de mi polla, que corrida más buena estaba teniendo mientras recibía rabo como un loco. Después de correrme cambiamos de posición, agarró mis tobillos, él estaba de pie y abrió mis piernas dejándome boca abajo, yo las tenía muy abiertas, por su estatura yo estaba completamente en vertical y comenzó a follarme en esa posición, su polla entraba y salía con mucha rapidez, mi padre ya estaba desenfrenado.

– Ayyyyy, papá, siiiii, follaaa… aaaaarg… follame… aaaarg, ah, ah, ah, aaaaarg… Abreme bien el culo, arrrrrg… – Dije mientras recibía polla, mientras prácticamente estaba haciendo el pino.

– Ufff, cariño que culo tienes, ummm, uff… – Seguía follandome y agarrándome de los tobillos.

Nos levantamos, mi padre me puso las manos contra la pared, se arrodilló detrás de mí y me lamio el culo, se levantó y comenzó a follarme de nuevo, yo estaba de pie con las manos apoyadas sobre la pared, mis brazos estaban estirados, mis pies solo tocaban el suelo con la punta de mis dedos, estaba en puntillas completamente, mientras mi padre me follaba duro por detrás, mi rabo volvió a expulsar semen, pero esta vez en menos cantidad.

– Aaarrrrg, aaaah, aaarrrg. – Yo gritaba de placer y a cada embestida se escuchaba un “Plaf, plaf”

La polla de mi padre pareció hincharse, más gorda que hasta hora había estado.

– Aaaaaaaaarrrrrggggg, dioooooos, papaaaaaaa.

– Uuuf, hijo… Oh, oh, oh… Me corro… aammmm…

– Den… dentro… aaaaaarrrgggggmmmmm…. dentro… correte… aaaaaarg… – No pude acabar la frase, mi padre me agarró de la cintura y me apretó contra él, estrujando sus huevos contra mi agujero y soltando todos sus chorros de semen dentro de mi.

– Oooohhhhhh… – Gimió.

Aún notaba como descargaba su lefa dentro de mi, tenía buenos chorros de semen, yo apreté mi esfinter ordeñandole bien su rabo, era caliente y espeso, lo notaba en mi interior.

– ¿¡QUÉ COJONES HACÉIS!? – Gritó mi madre desde la entrado del salón, los 2 nos sobresaltamos, mi padre la sacó rápidamente de mi interior y se puso los pantalones con rapidez.

– Lidia yo… – Dijo mi padre.

– Ni me hables enfermo, asqueroso. Largo de mi casa. – Continuó chillando a mi padre.

Yo me vestí con rapidez y me fui de allí sin decir una palabra, aunque estaba seguro de que eso no me libraría de mi madre, al subir al coche notaba todo el semen de mi padre mojandome toda mi raja.

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