Piso de estudiantes

Ese día ya me había levantado caliente y así seguí el resto del día. Antes de salir del trabajo entré en un chat por si había suerte. Estaba empeñado en mamar una buena polla y esos días siempre es especialmente difícil. Sin embargo ese día todo fue rápido. Encontré a un chaval, cincos años más joven que yo, sobre uno ochenta de estatura, con babita poco cuidada y bastante moreno de piel.

Me dijo que estaba en plenos exámenes, estudiando todo el día y claro, todo el día cachondo.

Media hora antes de que pudiera salir ya habíamos quedado así que hicimos tiempo charlando.

Me contó que tenía novia pero que en exámenes el necesitaba vaciarse todos los días una o dos veces y que ya estaba harto de pajas. A sus dos compañeros, que tenían también veinticuatro, les pasaba lo mismo. Habían fantaseado en traerse a las novias una vez al día cada uno y así poder satisfacerse tres veces. La conversación me puso cerdo perdido imaginándolos a los tres compañeros de piso con el rabo duro esperando se mamados.

Por fin llegó la hora y salí en dirección a aquel barrio cercano al campus universitario. Subí al cuarto piso sin ascensor y Jorge me abrió bastante serio. Llevaba un chándal viejo por abajo y una camiseta estirada cubriendo la parte de arriba. Cuando entré en el piso otros dos chavales me miraban desde el fondo del pasillo con sonrisa pícara. Jorge me señaló una habitación y cerró la puerta cuando entramos.

Estaba todo desordenado. Una mesa con el ordenador, papeles, libros, la cama desecha y varios calzoncillos y camisetas tirados por el suelo.

Se sentó en la cama y con cara de cabrón comenzó a la tocarse el paquete. Yo no sabía qué hacer así que me arrodillé y hundí la nariz entre sus piernas. Olía a macho, a sudor y a sexo. El muy cerdo debía llevar caliente un buen rato. Bajé la goma del pantalón y pude ver un bóxer blanco con una buena mancha de humedad. Me puse a lamerla y su sabor a macho me hizo gemir y mostrarle lo caliente que me tenía mientras le miré un segundo a los ojos para hacérselo saber. Él se mordía el labio y poco a poco se apoyaba en el respaldo dejándome hacer.

Seguí lamiendo sus pelotas y metiendo la lengua por las ingles haciendo que se retorciera y soltara su primer bufido. El nabo creció hasta querer salir por la goma superior. Cuando el cipote brillante asomó primero lo olí y casi me mareo. Era macho concentrado. Después lo lamí volviendo a sacarle otro sonido gutural.

Con la otra mano se bajó el gallumbo y me empujó sobre su polla hasta encajarla por completo. Dieciocho centímetros de nabo duro en mi boca. El cabrón no se depilaba nada así que de su mata de pelo venía un olor ameado y sudor que me mantenía con el rabo a mil.

Con las dos manos ahora me cogió la cabeza y tuvo el control mientras se puso de pie con la polla llegándome hasta la garganta. Me folló como un salvaje la boca unos minutos y por fin me soltó. Quedé de rodillas delante de él mirando al suelo y respirando. Junto a sus pies y pantalón por los tobillos había unas botas de futbol de las que salían unas medias verdes muy usadas. Sólo fue un instante pero Jorge se dio cuenta. – ¿Qué pasa que te gustan las medias?. Serás cerdo. Pues ya verás que bien huelen después del partido de ayer-.

Las cogió del suelo y me tapo las fosas nasales con ellas de forma que sólo podía respirar el olor impregnado de sus pies.

Sin más las tiró al suelo y volvió a meterme la polla. Esta vez despacio y entera. La dejaba dentro unos segundos y volvía a sacarla.

En este punto Jorge estaba fuera de sí. Me miró desde arriba a los ojos y tomó una decisión. Me cogió del pelo y me empujó sobre la cama. Me dejó el culo al aire y cogió vaselina de labios que había sobre la mesa. Me untó el culo y pude sentir su capullo hinchado entrando poco a poco.

Yo hubiera seguido mamando pero no me dio esa opción. Respiré e intenté relajarme.

– Ahhh Joder. Despacio. Que me duele- Tuve que protestar.

– Te jodes- Respondió sin pensar. Después se movió con más calma dejando que mi culo se acostumbrara a su polla.

Me folló como un conejo aumentando el ritmo, gimiendo en voz baja y sudando mientras chocaba con mi culo, espalda y nuca.

Yo estaba sin control dejándome follar por el niñato y gimiendo aún sin darme cuenta quizá tanto que me metió una de sus medias de futbol en la boca.

Sonaron varios golpes en la puerta. – Venga joder que me tengo que ir y ahora ya estoy con el calentón- La voz parecía malhumorada pero también ansiosa y temí que fuera por mí.

Jorge aumentó el ritmo y casi en silencio, lo mismo que yo gracias a su media, nos corrimos. Sentí su nabo palpitar y poco a poco salirse de mí.

Me dijo al oído. – A mis colegas les gustaría que se la mamaras-. Y se separó de mi espalda tirando de mis calzoncillos y pantalón hacia arriba. Se guardó el rabo y abrió la puerta.

Yo todavía me estaba abrochando el pantalón cuando al otro lado apareció otro tío muy parecido a Jorge. Con pinta de guarrillo. Barba algo más corta y quizá un poco más fuertote.

– Ahí lo tienes joder. Pesado. Encima de que lo traigo yo gilipollas. No tenía que haberos dicho nada.- Vociferaba Jorge al otro, empujándome fuera de su leonera.

Victor tenía un acento fuerte que no supe identificar. Le seguí hasta su cuarto y cerré la puerta tras de mí. Ya me había corrido pero pensé que era más fácil hacerle una mamada a aquel tío e irme.

– ¿Así que eres una buena puta eh?.. Se escuchaba a Jorge bufar como un cabrón.- Me decía mientras se quedaba de pie en medio de la habitación. Se quitó la camiseta y se bajó el vaquero quedándose con unos slips blancos algo usados ya. Levantó su brazo y una espesa mata de vello se desplegó hacia su bíceps. Aquello fue suficiente para que me volviera a empalmar. Su pecho cubierto de vello que llegaba hasta el ombligo y se perdía en los slips, era especialmente negro.

Me acerqué y con cuidado llevé la nariz hasta su axila. Me volvió más perro todavía su olor concentrado y sin desodorante. Saqué la lengua y me puse a lamer como un poseso de arriba abajo mientras Victor miraba al frente con la mirada perdida.

– Has pasado la prueba de las muy zorras. Con todas las tías que he estado y me han lamido el sobaco el sexo ha sido muy cachondo y cerdo.- Y me miró cómo esperando a que me sintiera orgulloso. Yo no supe qué decir y puse de rodillas antes su paquete que estaba embutido con el rabo morcillón.

Yo me restregué con el paquete intentando impregnarme de su olor. Era más fuerte que el de Jorge. Olía más a hombre. A cojones sudados.

No pude disfrutar más porqué se bajó el slip dejando saltar un rabo bastante gordo y más oscuro que su piel. Yo saqué la lengua y la pasé por el cipote para recoger una gota de precum mientras le miraba la cara de vicioso que estaba poniendo. Claro que yo con su cipote en los labios no debía ser menos.

Seguí mirándole y lamiendo su barra de carne por encima, por debajo, por un lado y otro sacando la lengua y estudiando lo que más le gustaba.

– Ensalívame bien el rabo- Su cara había cambiado. Seguía siendo un vicioso pero algo más serio.

Me la metí en la boca y llené de saliva todo lo que pude mientras sentía la leche de Jorge correr por mis muslos. Pensé en la vergüenza que iba a pasar pero no sabía cómo evitarlo. ¿Quizá si consiguiera seguir mamándosela hasta que se corriera?. Aumenté el ritmo de la mamada y me la metí hasta el fondo con lo que lo único que conseguí fue ponerle más cachondo.

Me dio la vuelta y me dejó a cuatro patas en el suelo. Se arrodilló tras de mí y comenzó a meterme la mano por el calzoncillo acariciando mi culo.

– ¿Qué coño es esto?- Sacó la mano y se miró los dedos.

– ¡Que ascazo!. ¿Es leche? ¿Verdad puto cerdo?-

Yo asentí con la cabeza esperando cualquier tipo de reacción. Victor respiró hondo y cuando no sabía que esperar llevó sus dedos a mi boca y los metió hasta el fondo. Yo sin pensarlo los lamí hasta dejarlos limpios. Me volvió a coger del culo y sentí su polla lubricada por la leche de Jorge entrar en mi culo sin mucha dificultad.

– Me cago en el puto cerdo este- Decía en bajo junto a mi oído viendo como entraba sin ningún freno en mí. Se quedó quieto.

– Bien marica de mierda. Quiero que muevas ese culo hasta sacarme la leche como yo te vaya diciendo-

– Vale- le dije sintiéndole dentro. Muy dentro.

– Quiero que te la saques casi toda y las metas muy despacio.- Yo lo hice varias veces recreándome cuando entraba su polla y él bramaba.

– Ahora mueve el culo a un lado y otro. En círculo. Quiero abrirte bien ese coñito apretado que tienes- Sus susurros me ponían loco de morbo.

– Ahora sácala toda y mete y saca el capullo despacio- Y yo lo hacía mientras sonaba un chup chup al entrar y salir.

Este hijo de puta era realmente morboso. Disfrutaba de la follada como un loco y sabía lo que quería.

– Ahora te quedas quieto tú. Ese culo es mío y lo voy a usar como quiera. ¿Entendido?-

Yo no le respondí, aunque quien calla otorga. Él no opinó igual y me dio un guantazo que me dejó el moflete caliente.

– Sí. Si, lo que quieras- Le dije intentando rectificar.

Y me folló. Vaya si me folló. Despacio, rápido, de rodillas, de pie y yo más caliente y deseando más polla que nunca. No recordaba estar tan salido claro que tampoco recordaba alguna experiencia así de morbosa.

Por un momento bajé del cielo y vi delante de mí en el suelo, otros slips como los que ahora llevaba Victor. Éstos estaban muy usados. Con manchas de orina amarillas y otras blancas como de leche reseca. En la parte de atrás difuminadamente manchados. Esa visión y su polla presionando en el culo me tenían a punto del orgasmo pero sin querer correrme. Quería más polla.

Me estiré para llegar a los slips y me los pasé por la cara oliendo un intenso hedor a sexo. La follada era muy fuerte pero pude lamer los slips y distinguir algo de su sabor entre tanto movimiento.

– ¡Serás cerdo!. ¿Te gustan eh?- Y caliente por verme supongo, chocó sus pelotas con las mías en cada envestida hasta que sentí como llenaba su leche caliente.

Yo no llegué a correrme. Él se retiró, se puso de pie y se comenzó a vestir. Yo no pude más y caí en el suelo. Exhausto.

Victor abrió la puerta en cuanto estuvo vestido y salió al baño.

Yo, avergonzado me comencé a vestir rápido. De nuevo mi culo estaba inundado de leche. Busqué algo con lo que limpiarme pero apareció por la puerta Abel. Se parecía bastante a sus compañeros pero tenía rasgos árabes. Yo decidí vestirme ante la vergüenza de estar desnudo ante el desconocido.

– Menuda fiesta que te estás corriendo hoy. ¿no?- Me dijo en un perfecto español.

Victor volvió del baño.- Si te lo vas a tirar ni se te ocurra hacerlo aquí-.

Yo confirmé que los tres me querían utilizar. Comenzaba a estar cansado pero todavía seguía caliente.

Con una colleja en la nuca Victor me invitó a salir. – Jorge se ha ido y yo voy a pagar el alquiler- Le dijo a Abel que sin quitarme la vista de encima respondió. –Vale, yo estaré por aquí. A ver qué hago- Y me sonrió con cara de vicio.

– Ven. Pasa- Me dijo amablemente. Su cuarto estaba ordenado, la cama hecha y olía a aire fresco. Nada que ver con los otros guarros.

– Siéntate- Me dijo mientras señalaba un sitio en la cama a su lado.

– ¿Lo has pasado bien con esos dos?- Preguntó no sé si por cotilleo o por morbo.

– La verdad es que sí- Y le miré con vicio para decirle que seguía con ganas.

– Me parece a mí que son dos buenos maricones. Ya es la segunda vez que los veo follarse a un tío aquí-. Yo seguí en silencio.

– ¿Te han besado?- Yo me sorprendí y ya me empecé a encontrar incómodo.

– Te he hecho una pregunta- Y me dio una bofetada en el mismo lado de la cara que Victor.

– No, no me han besado- Dije claramente enfadado.

– ¿Son unos cerdos no? ¿No olían mal?- Esta vez no tuve ganas de otra torta y respondí. – Olían a hombre. Estaban algo sudados-

– Y a ti eso te gusta ¿no?- Su cara ahora era más viciosa que al principio y sobre el chándal se había formado una enorme tienda de campaña.

– Sí. Me gusta el olor a macho- Respondí con algo de soberbia y también aprovechando que Abel parecía un chico muy limpio. Pasé de la vergüenza al desafío.

– ¿Dónde se han corrido?- Arqueó las cejas esperando respuesta y haciéndome sentir humillado.

– En mi culo- Miré al suelo pero pronto volví a mirarle desafiante.

– ¿Y Victor te folló con la leche de Jorge?- Se estaba pasando.

– Sí. No me dio tiempo a limpiarme y con el calentón tampoco quiso esperar- Y añadí. – Yo creo que le dio morbo-. Abel sonrió complacido por la indiscreción y quizá también cachondo con la idea.

– Ponte a cuatro patas- Y me señaló la pared. Me subí a la cama después de quitarme los pantalones.

– Que hijo de puta. Tienes los bóxer machando de lefa- Permanecí en silencio. Me bajó los calzoncillos de un golpe.

– ¡Mira joder!. Si todavía está echando leche- Y con las dos manos abrió las nalgas en lo que ya parecía más una exploración. Metió varios días y resopló.

Por tercera vez en la tarde estaba muy cerdo y con ganas de follar.

Mirando contra la pared no podía verle pero pasó varios minutos mirando y jugando con mi culo.

Cuando menos me lo esperaba siento su capullo caliente en mi entrada. Primero lo restregó quizá para lubricarse y poco a poco comenzó a taladrar. A pesar del calentón y la lubricación su pollón, que todavía no había visto, me estaba llenado entero.

Gemí como un perro, pedí más y pedí que despacio pero el muchacho ya estaba sólo pendiente de su places. Caí sobre la cama y él sobre mí clavándomela a fondo.

Siguió follándome quizá veinte minutos más en la misma postura. El culo me escocia pero no quería dejar de sentirlo dentro.

En esos pensamientos estaba cuando sin inmutarse se corrió dentro de mí. Noté la extrema dureza de su rabo moviéndose dentro de mí hasta sentir sus pelotas.

– Lo mejor será que vengas a la ducha- Me quité la camiseta y desnudos fuimos los dos al baño. Corrió la cortina y me indicó que entrada. Yo lo hice y fui a abrir el agua cuando me dijo.

– Arrodíllate que te voy a limpiar. A ver ese culo- Yo lo hice dejando mi culo a la vista y por fin relajándolo y dejando salir la leche que tenía dentro. Miré por encima del hombro y vi por fin su rabo. Casi negro, morcillón, venoso y con restos de leche.

Él seguía viendo el espectáculo y pidiendo que le diera más leche hasta que sentí su meada caliente sobre mi ojete y cómo bajaba por mis piernas.

Después me mandó girarme y de rodillas ofrecerle mi pecho. Sentí su calor también allí. Su polla seguía a medias y su chorro potente me mojó de cuello para abajo.

Yo no estaba cómodo hasta que le vi la mirada de cachondo y salido. Entonces me empalmé y acerqué mi cara a su chorro para su sorpresa. Sentí que por fin me mojaba entero de cabeza a pies.

Comencé a temblar de placer mientras me corría. Abel me metió su rabo en la boca. Se lo limpié con calma de la leche y la meada que me acababa de dar.

Acabo de llegar a casa y me he vuelto a duchar pero no consigo quitarme el olor a sexo. Las piernas me tiemblan y el culo me escuece.

Saco los slips guarros de Victor que me metí en el bolsillo cuando apareció Abel.

– Ufff, como huelen a macho- Me hago la tercera paja del día. Una por cada aroma a macho que he probado hoy.

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