Póker. Tercera parte. Final.

Mi padre me subió atropelladamente hasta su habitación, la habitación de matrimonio, la que compartía cada noche con mi madre, y en la que yo sabía que me iba a romper mi culo de niñato. Digo que me subió, porque desde que salimos de cocina, donde nos morreamos, él con su mano en mi cuello, yo totalmente entregado, me había ido dando empujones y cachetadas en el culo. No se había cortado un momento, ni al pasar por el salón, donde sus amigos seguían sentados a la mesa de póker, alguno se sonrió, Paco creo, al vernos pasar. Por fin, esa noche llegaba a su punto más álgido, al momento de la verdad, de conocer al auténtico macho alfa de ese grupo.

Nada más entrar me arrojó en la cama, estaba desatado, me encantaba así. Se quitó el polo que llevaba, se quedó con su torso al aire, mi padre es un poco oso, u oso entero no sé, es un hombre de pelo en pecho, y con la barbita y demás pues ya me diréis. Como he dicho antes él no es un animal de gimnasio, pero tiene un pecho potente, es grande y aunque tiene algo de barriguita, no se puede estar más bueno, o eso pensaba yo en ese momento, ya que estaba caliente como una perra. Al polo le siguió el cinturón, se lo sacó entero, y de primeras no pude llegar a imaginar el juego que nos daría el complemento. Se bajó los pantalones, llevaba unos slips blancos, estaban bien abultados, y allí yo me perdí por completo.

Apenas se había librado de los zapatos y se terminaba de quitar los vaqueros, cuando yo ya estaba agarrado al elástico de los calzoncillos, de rodillas frente a él. Hundí mi cabeza sobre el paquete, noté su rabo duro contra mi rostro, aspiré su olor, y tuve que chuparlo por encima de la tela. Terminé mordiendo la cintura de goma, y tirando de ella para abajo con los dientes, así hasta dejar libre el monstruo. La polla de mi padre saltó como un muelle, medio erecta ya, me enamoré a primera vista. Me enamoré de sus veinte centímetros, de su curva perfecta hacia la izquierda, de su glande que asomaba por el prepucio ya mojado de precum, de sus venas bien marcadas y de la mata de pelo que la coronaba. Era la polla perfecta, grande pero no bestial, ni muy ancha como la de Paco, ni delgada, besé la punta y estaba salada por los fluidos de macho que mi padre ya rezumaba.

– Cómemela Marcos, cómesela a tu padre. – Me pasó el cinturón por detrás de la cabeza, sentí el cuero en la nuca. – Abre bien. – Tiró de la correa hacia sí y tragué.

Mi padre me forzó a comerme más de la mitad de su polla en una sentada, aguantó con el cinturón tenso un buen rato, hasta forzar los límites de mi garganta. Tuve una ligera arcada, él liberó la presión y su polla salió de mi boca, se me caía la baba. Coloqué mis manos a ambos lados de su cadera y él volvió a tirar de la correar, me empecé a comer su rabo con ganas, y sin manos. Yo miraba hacia arriba, a su cara de hambre, con la mía de vicio, mi padre bufaba de gusto.

– Sigue así mi niño, trágatela entera cariño. – Tiró más del cinturón hasta que llegué a tocar con mi nariz en su pubis, olía a macho.

Con toda la polla dentro, mi padre. movió sus caderas para terminar de abusar de mi boca. Me mantuvo con el cinturón prieto y jugando de aquella manera un buen rato, perdí la noción del tiempo y me puse más cachondo que en toda la noche. Con ninguno de los otros tres llegué a ese punto de lujuria, el corazón me iba a mil, estaba ardiendo y aun con la boca llena de rabo quería más. Mi padre me lo dio.

– Ya basta. – Me tiró del pelo para atrás, volvía a sostener el cinturón con una sola mano. – ¿Te ha gustado verdad hijo? – Asentía. – Dilo, quiero oírtelo decir.

– Me ha gustado papi, me ha encantado, quiero más. – Agarré su polla y deslicé mi lengua por todo el tronco, desde los huevos hasta la punta.

– Voy a darte más, tranquilo. – Me quitó el premio de la boca. – Levanta. – Así lo hice, y él me besó en la boca nada más estuve de pie.

Sentí sus manos abriendo mis nalgas, el cinturón había terminado sobre la cama, nosotros estábamos al pie. Sus dedos buscaron mi culo, y lo encontraron y profanaron, yo le acariciaba, me agarraba a sus hombros, a su enrome espalda. Su mano derecha agarró mi polla, miré hacia abajo nada más sentirla, él recuperó mi atención con su lengua. Empezó a masturbarme, con cuidado despacio, mientras su otra mano me daba gusto desde atrás. Seguía meneándomela mientras me comía la boca, y me decía cosas sucias al oído.

– Voy a romperte mi niño. – Dos de sus dedos dilataban mi ano.

Poco a poco me fue abriendo, aunque aquella noche yo ya estaba bien abierto, también estaba a punto de volver a correrme hasta que mi padre paró de masturbarme, de golpe, dejándome al borde del orgasmo. Me dejé caer sobre la cama, no necesitaba que él me lo pidiese, o que me empujase. Me coloqué como Raúl, abriéndome bien para mi padre, de cara a él, sujetando mis tobillos para él. Mi padre se escupió en su rabo, yo se lo había dejado ya bien mojado, extendió su saliva, me acercó al borde de la cama, se inclinó, noté su glande, gordo, apoyándose contra mi agujero, con una mano apuntaba su rabo, con la otra se sostenía sobre la cama. Apretó y empezó a entrar, despacio, desvirgándome de verdad aquella noche. Me la metió hasta el final, hasta quedar echado sobre mí por completo.

– Qué apretado estás hijo mío. – Me besó. – No mentías, Lucas aun no te ha roto. – Por fin me creía, con su rabo ya dentro tomo por verdaderas mis palabras, allí catando mi virgen culo.

– Papá, rómpeme, rómpeme bien fuerte. – Le supliqué.

Empezó la follada de verdad, y que follada. Qué manera de perder la virginidad, con mi padre y recibiendo su buen rabo a saco. Me tenía al borde de la cama, él movía su cadera adelante y atrás, y desde arriba, apoyaba ambas manos a los lados de mi cuerpo, me daba con todo. Mi agujero se iba soltando cada vez más, al principio me dolía, pero hice de tripas corazón, al final quería más y más. Entraba y salía rápidamente, mi polla seguía como una piedra, aun no me había corrido, pero estaba a punto.

Mi padre me la sacó, con un gesto de barbilla me indicó que me girase y le ofreciese el culo bien a gusto. Me agarró por la cintura en cuanto me planté a cuatro, un azote en mis nalgas. Su polla se deslizó por mis cachetes, los separó y lo noté de nuevo en la entrada. Yo que creía que antes me había dado fuerte, que me la había metido hasta el fondo, no tenía ni idea de lo que mi padre era capaz. De una sentada sus caderas chocaron contra mis nalgas, grité en parte de dolor. Otra fuerte embestida, y otra más, me mataba con la follada, como una perra para mi padre. Como toda perra necesitaba correa y el cinturón volvió a entrar en juego, esta vez me lo pasó por entre los dientes, y lo mordí para dejar escapar el dolor del principio. Tardé un buen rato en empezar a disfrutar de aquello, pero cuando el dolor pasó, mi rabo empezó a soltar la enésima corrida de la noche, me vine mientras mi padre me daba por el culo. Me vine del puro gusto que me daba aquel hombretón, aquel macho, y por un momento me olvidé de los otros que había en la casa.

Mi padre me siguió follado, era una máquina, incansable, la cama sonaba, yo ya casi gemía de gusto, me había terminado desplomando, estaba boca abajo, con la cabeza hundida en las almohadas, el cinturón en mi cuello, sin tensión. Noté la caricia en mi mejilla izquierda y miré en esa dirección. Lucas estaba en pelotas con su cuerpazo y su rabo encima de mi cara.

– ¿Ya puedo jugar con él? – Preguntó el amigo de mi padre.

– Como si te importase lo que te diga. – Mi padre casi bufaba, sin dejar de cogerme bien duro. – ¿Paco y Raúl?

– Abajo, pasando el rato. – Me cogió la cabeza. – Abre.

Mi boca recibió su polla, de nuevo le tenía dentro. Mi padre me descabalgo un segundo, me giró, me puso horizontal, así Lucas, de rodillas sobre la cama tenía buen acceso a mi boca.

– ¿Estás listo mi niño? – Mi padre seguía a mi espalda, y yo estaba entre los dos hombres que más me gustaban.

– Sí, estoy deseándolo. – Lucas me cogió de la nuca y a mamarle me puse con ganas locas.

Me preparé para volver a recibir la follada de mi padre, pero en su lugar sentí su lengua en mi culo, era magnifico. Me comía el culo mientras yo me comía a Lucas, había aprendido mucho en unas pocas horas, noté que a mi amante le gustaba la mamada. Le miraba mientras recorría toda su longitud con mis labios, le lamía bajo el ombligo, le hubiese hecho un traje de saliva de habérmelo pedido. Mi padre volvía a menearme la polla, me iba a volver a poner duro, su lengua llegaba casi tan adentro como su rabo.

– Déjame cogerle el culo. – Pidió Lucas.

– Sí deja que me la meta… – Supliqué yo a mi padre.

De mala gana él se vino hasta mi cara, me besó y dio unos azotes con su polla en mi cara. Mientras Lucas se puso detrás, separó mis nalgas y me la metió, la tenía más pequeña que mi padre, no mucho pero después de la caña que me había dado este se notaba la diferencia. Con todo me importaba poco el tamaño, solo quería ser usado por aquellos machos, si esa noche me dicen que me va a follar un equipo entero de futbol por mi bien. Pero solo fueron dos los hombres que me rompieron, y qué dos.

Con Lucas follándome bien duro y la polla de mi padre en la boca, me sentí pleno, más caliente de lo que he estado en toda mi vida. Mi primer macho, Lucas me follaba sin contenerse, dando fuertes envites con su duro cuerpo, mientras mi padre me agarraba de la nuca, tirando ligeramente de mi pelo para que no parase de mamarle. Me tuvieron así unos diez minutos, tal vez más. Después me dieron un breve descanso, los dos se besaron, me dio morbo ver a los dos hombretones comerse la boca, ya aun me calentó más lo que vino a continuación.

Me encontraba echado de espaldas sobre la cama, Lucas se tumbó sobre mí, con cuidado me la metió, la silueta de mi padre apareció a su espalda. El cambió en su gesto, con un punto de dolor y deleite que me dio pistas suficientes de lo que pasaba, yo tenía a Lucas cara a cara, con rabo dentro, y él tenía a mi padre dándole lo suyo. La carga de mi padre llegó hasta mí, nos movió a los dos con su fuerza, y así empezó a follarse a su amigo.

Otra corrida tuve y en aquello postura otra tuvo Lucas, dentro de mí, le sentí vaciarse, preñarme, nos besamos mientras casi gemíamos por el gusto que nos daba mi padre. Él a la hora de acabar decidió hacerlo en mi boca, como ya he dicho soy adicto al semen, y el de mi padre me lo comí hasta de las sábanas, cada gota que soltó su polla tuve que devorarla. Quedamos los tres tirados en la cama, muertos de gusto, empapados en sudor y fluidos varios. Mi padre decidió que yo había tenido bastante por esa noche y me dejaron al final solo, creo que ellos continuaron la fiesta abajo, pero no lo viví, estaba muerto. Me revolqué entre la ropa de cama aspirando los olores de los dos machos, hasta que el cansancio me pudo, debían de ser cerca de las tres o quizá las cuatro de la madrugada, cuando me dormí. Había ganado la partida creía yo, había tenido la mejor pareja y un increíble trío.

Desperté allí completamente desnudo, con la lengua de mi padre en mi culo, le siguió su polla en el mismo sitio, el caso es que hasta eso de las doce no desayunamos. Luego tuvimos que limpiar, le pregunté por sus amigos, por si nos harían otra visita y cuanto llevaba planeando aquello:

– Hijo, eres un libro abierto, se lo tuyo desde siempre, y me pareció que te vendría bien que te dejáramos las cosas claras. – Cambiábamos las sábanas. – Yo a tú edad salía con estos, y nos lo pasábamos bien porque todos entendemos, pero tu grupo de amigos son unos idiotas y seguro que no lo entendían. – Mi padre tenía razón, después de esa noche no volví a ocultar que me gustaban los hombres y mi grupo de supuestos amigos se redujo a uno. – Además que no solo se notaba que te gustaban los hombres, que siempre he visto como se te iban los ojos con Lucas y conmigo. – Se me acercó y se me fueron los ojos como él decía. – Era lo suyo darte lo que querías, además estos y yo siempre andamos buscando algún yogurín para jugar, tu eres perfecto.

– Vale, lo pillo, sois un grupo de viejos verdes a la caza de niñatos, y tú eres el peor que te morías por follarte a tu hijo. – Bromeaba, me agarró y me atrajo a él. – ¿Repetimos pronto?

– Quizá, cuando tu madre no esté, o podemos ir a casa de Lucas, que él no responde ante nadie. – La idea me encantó. – Ahora recoge que mañana no deben quedar pruebas.

– ¿Y esta noche? Mamá aún no está. – Él respondió con una sonrisa a mi mirada viciosa.

Hasta que mi madre volvió yo dormí con mi padre, bueno, no dormí mucho, me dediqué a satisfacerle en todo lo que podía. Incluso algún tiempo después de aquel fin de semana, y esa noche de locura, hemos compartido cama, aunque cada vez menos, por cosas de la vida. Mucho de esos días me despertaba con sus atenciones especiales, y siempre que estamos solos yo le mostraba cuanto le quiero. También he vuelto a coincidir con los demás amigos, y ha habido más noches de póker, pero como se suele decir eso es otra historia.

Fin de la serie Póker.

Muchas gracias a todos por seguir esta primera serie de relatos, por vuestros comentarios y ánimos. Como algunos me habéis pedido probablemente haga más series con algunos de los personajes de esta, seguiré con Marcos como protagonista, pero traeré a alguien nuevo. Os recuerdo que se aceptan propuestas y sugerencias, animaros a decirme con quien os gustaría verle. También me disculpo por hacer este capítulo más corto, en próximos relatos intentaré dividir mejor las tramas y fijar mejor las historias, pero aún estoy aprendiendo.

Un abrazo y un beso a todos.

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