Pollón II: Mi primera vez

Hola!! Inicialmente quería agradecer la aceptación por el relato anterior y espero que este os guste tanto o más. Disculpad los errores anteriores, supongo que los nervios por contar mis vivencias me jugaron una mala pasada, intentaré ser más precavido esta vez.

En el relato anterior os contaba cómo había conocido a Sergio, un chico guapo, para mi gusto al menos, aunque de cuerpo normal (Cosa que me fascinaba más de lo que llegaba a imaginar). Después de varias semanas saliendo dimos una vuelta por el parque y me dio la mamada de mi vida, y justo antes de irnos me dejó verle la entrepierna comprobando que gastaba un pollón enorme. Ahora os contaré que pasó después de ese encuentro.

Sergio y yo habíamos quedado a las 3 a dar una vuelta por el centro, para seguir conociéndonos y no irnos a saco a follar, en definitiva era mi primera vez y estaba muy nervioso, ansioso, pero nervioso. La noche anterior había quedado claro que yo quería hacer el rol de pasivo mientras él insinuaba, con algo de imposición, que a él solo le gustaba ser activo, por lo que encajábamos a la perfección.

Llegué a Sol, salí y me dirigí a nuestro punto de encuentro, en la esquina de la Calle Arenal. Me había percatado que el aún no había llegado, yo estaba escuchando un poco de música, como hago prácticamente siempre que voy en metro o estoy dando una vuelta (No conozco a nadie en Madrid, así que salgo un poco a disfrutar de esta bella ciudad). Ese día, por suerte, no me tocaba trabajar, así que tuve tiempo de acicalarme un poco; me vestí con unos pantalones negros algo ajustados, unas botas negras estilo militar y una camiseta color morado con un dibujo en el centro que ni recuerdo; la verdad es que no lucía mal, aunque no era mi mejor época, con el curro y demás había adelgazado demasiado, aunque siempre lucía un buen culo y bueno, tampoco me veía mal.

Llevaba 5 minutos esperando y le veo llegar. Como decía anteriormente Sergio no es un chico llamativo, tenía un cuerpo delgado aunque si algo fibrado, pelo rubio que esta vez lo llevaba de punta igualmente (Comprobé que era su look favorito), y aunque no tenía una belleza impoluta, en mis ojos lo veía como el hombre más hermoso que había visto. En ese momento me sobresaltó la atracción que ejercía sobre mí y me puse aún más nervioso. Vestía unos pantalones marrón oscuro, una camiseta blanca y encima un chaleco un tanto más claro que el pantalón, y unas botas a juego con el chaleco. Lucía radiante.

Me saludo, para mi sorpresa con un beso en los labios, el cual correspondí sin dudarlo ni un segundo y salimos a andar. El resto de la tarde estuvo genial, aunque lo más impresionante no era lo que hicimos sino que estaba con él, me gustaba muchísimo. Dimos una vuelta por las tiendas, nos sentamos a comer en un sitio que vimos que nos pareció interesante, tomamos un helado… En fin, una tarde normal. Yo me había calmado muchísimo, teníamos temas de conversación por montones, y teníamos gustos muy parecidos. Cuando nos dimos cuenta ya eran las 22 y ya estaba oscuro, andábamos esta vez por una calle lateral de Fuencarral, prácticamente solos, aunque ya se notaba el alboroto característico de las noches del centro de Madrid, yo estaba un poco disfrutando del barrio y otro poco disfrutando de Sergio; al estar por Chueca ambos estábamos bastante desinhibidos y a cada rato nos besábamos, o nos cogíamos de la mano por un momento, era muy emocionante, y entonces, en esa calle, Sergio me haló hacia él, y nos fundimos en un beso, un beso húmedo y lleno de pasión. Sentía su lengua entrar y buscar la mía, recorríamos nuestras bocas llenándonos de caricias, y al estar tan juntos yo estaba muy caliente y con la polla ya tiesa, y siento la suya vibrante, impaciente… En ese momento nos separamos y me dijo:

S: Vámonos a casa, porque si sigo besándote aquí no podré parar…

YO: Vale – En ese momento sintió mi temor, y mi nerviosismo afloro visiblemente.

S: Tranquilo – Y puso la sonrisa más tranquilizadora que pudo – No pasará nada que no quieras, tenemos todo el tiempo del mundo.

Sentía que sus palabras formalizaban un poco lo que estábamos teniendo, llegando a afianzar de cierto modo las bases de lo que podríamos llamar una relación. Yo me tranquilicé con su comentario.

YO: No, quiero ir contigo a tu casa, quiero sentirme tuyo… – Le volví a besar sintiendo su sonrisa pícara en sus labios.

Salimos hacia el metro bajando la calle rumbo a Gran Vía, cuando empezaba a haber bastante jaleo, ya era algo tarde, pero ese día recién comenzaba a estar todo más emocionante a esas horas. Nosotros seguimos andando al metro, conversando muy agradablemente, aunque con cualquier roce con Sergio se me ponía la piel de gallina. El metro no demoró en aparecer y ya estábamos de camino a su casa.

Sergio no vivía lejos, nos habremos tardado unos 10 minutos en llegar. Su barrio estaba más apagado a esas horas, apenas habían personas en la calle, y los edificios eran una mezcla entre viejos recién restaurados y los nuevos de hace menos de 10 años, el suyo era de los primeros. Su piso era precioso, pequeño, aunque bien para un chico soltero, y muy moderno todo. Me ofreció algo de beber y le dije amablemente que ya estaba bien, él me sonrió y cuando hubo dejado su bolso en su armario volvió al salón donde yo estaba esperándole de pie frente a la mesa del comedor. Volvía a estar nervioso, aunque estaba muy excitado. Mi respiración era agitada y mi corazón latía a mil. Se me acercó, y me tomó de las manos pegándome a él sutilmente, esta vez era cariñoso, amable, tierno, había pasión en sus besos. Entonces nos separamos:

S: Quiero que estés tranquilo, no voy a hacer nada que no quieras hacer, y cuando estés listo te trataré como a un rey y tendré mucho cuidado, recuerda que tú decides, si prefieres ver una peli, eso haremos, tenemos el tiempo del mundo.

Diciéndome esto me sentí a salvo, en sus manos, y volví a sentir la seguridad de prácticamente tener una relación, o al menos empezar en ella.

YO: Sergio, quiero hacerlo, despiertas una excitación en mi más fuerte de lo que podría imaginar. – Mi respiración seguía muy agitada y él lo notaba – Me vuelves loco y desde que te la vi no pienso en otra cosa, quiero ser tuyo.

S: Pues si esos son tus deseos, serás completamente mío.

Me besó, esta vez con más deseo, como declarándome de su propiedad, yo me dejé llevar a su merced. Me cogió la mano y la llevó a su polla, del nerviosismo, antes, apenas lo había notado, pero ahora que la estaba tocando la tenía tremendamente dura. Mientras le acariciaba por encima del pantalón me besaba el cuello y yo gemía del gusto, y en uno de los gemidos le dije que se la sacara de una vez. Primero se quitó el chaleco y la camiseta dejándolos sobre la mesa, entonces fue cuando me percaté que estaba sobresaliendo parte de su glande por el extremadamente abultado pantalón, yo solté involuntariamente un UFFFF y me arrodillé, ya no respondía de mí, no lo dejé terminar de desvestirse, le aparté las manos del pantalón y seguí yo la función de desabrochárselo. Le bajé los pantalones hasta los tobillos llevándome los calzoncillos con él, y liberando de una vez a aquella bestia loca por ser engullida que apuntaba hacia arriba palpitante, suplicante, húmeda. Me inundó su aroma a jabón, a macho, a limpio y a deseo; estaba roja de la excitación y muy venosa, la tenía completamente descapullada y los huevos a cada poco se le revolcaban mientras la polla palpitaba frenética soltando un poco de presemen con cada latido. Él estaba chorreando, y yo babeaba por meterme semejante belleza en mi boca. Primero lamí el presemen, todo el, relamí el glande buscando más y sintiendo la caliente polla en mi boca, el gimió con el primer contacto con mi lengua y cuando había limpiado el presemen me cogió de la cara y me dijo que lo compartiera con él, me elevó con sus manos y me beso rebuscando con su lengua dentro de mi boca.

Con deseo y ternura a la vez me volvió a poner de rodillas, pero esta vez yo no me conformé, me metí toda la polla en la boca, sintiendo todo ese trozo de carne dentro de mi boca, poniendo los ojos en blanco de placer; yo no podía engullirla toda, era enorme, pero yo lo intentaba, en un intento me atraganté con ella, y bufff, esa sensación acabó conmigo, no podía parar, quería atragantarme con ese pollón todo el tiempo por lo que seguí engulléndolo y devorando semejante polla. Me había agarrado de sus caderas y le empujaba hacia mi para tragármela entera, ahí descubrí que mamar no se me daba nada mal, y que los gemidos y gritos de placer de Sergio me proporcionaban un indescriptible placer.

El, ya agitado y apunto de correrse, me indicó que parara y me besó frenético, llevándome a su dormitorio que estaba justo al lado. Me dijo que me desvistiera para el hacer lo propio, solo tenía que quitarse las botas y terminar que quitarse los pantalones que tenía en los tobillos, yo tenía más trabajo aunque sin embargo, del calentón, terminé antes que él. Me volvió a besar y me tiró a la cama. Me miró la polla por un momento y se percató que estaba muy puesto, con las venas rebosantes y húmedo por todos lados, me la agarró y con una mueca de deseo se la llevó a la boca. Me la chupó rabioso, yo me encorvaba del placer, me relamía los huevos, impacientes por descargar la leche, y eso me volvía loco, me estaba extasiando. Le agarré la cabeza y se la clavaba más en la boca, también se atragantaba pero por su expresión notaba que le encantaba tanto como a mi atragantarme con la suya, entonces le subí y le besé, sintiendo su mástil contra mi polla y huevos, yo inconscientemente enrollé mis piernas a su espalda y sentí el roce de sus huevos y la base de su polla en la entrada de mi culo y eso me enloqueció, y mientras él me besaba el cuello yo le susurré al oído que me follara. Me di la vuelta a su señal y me puse a cuatro patas, mostrando por primera vez mi culo a un hombre, para mi asombro no sentía pudor, solo placer, sobre todo por la confianza que me emanaba de Sergio. Yo esperaba su polla asomando mi agujerito virgen, pero para mi asombro y deleite lo que sentí fue su lengua, me estaba comiendo el culo, y con qué gusto me lo comía, yo no dejaba de gemir, prácticamente gritaba, era la primera vez que me saboreaban el culo y que goce sentía, estaba muy húmedo y palpitaba mi culo, se me estremecía, entonces el me metió un dedito y me preguntó si me dolía, pero no pude responder, solo gemir, y su pregunta quedó respondida. Entonces sentí que me metía 2 dedos con mucha facilidad, estaba muy dilatado, y así me lo hizo saber, ya no sentía a Sergio, sentía a un hombre poseso detrás de mí, con un mete y saca frenético de sus dedos en mi culo asomo su polla a mi raja y me pregunta entre jadeos suyos, y gemidos y gritos de placer míos si me gustaba, si ya quería su rabo dentro, yo no podía apenas reaccionar, me estaba rozando la próstata y aunque es cierto que sentí cierta molestia inicial a pesar de la dilatación ya solo sentía placer, y le indiqué que sí, que me follara, que quería ser suyo.

Sergio me indicó que me pusiera más hacia adelante a lo que muy torpemente accedí, él se arrodilló en la cama y asomó su polla en mi culo. Instintivamente me miré la polla y me la sobé, advertí que tenía manchada la cama, una mezcla entre presemen y leche, y en eso Sergio empezó a empujar. Era enorme, y sentía como se abría camino dentro de mí, todo había cambiado, estaba sintiendo placer de un hombre, de ser penetrado, la sensación era reveladora.

Cuando entró solamente la cabeza, grande, gorda y chorreando, sentí como me desgarraba dentro de mí, entonces grité, esta vez de dolor, era insoportable, pero él seguía empujando y le pedí que parara, el así lo hizo; a los pocos segundo siguió empujando con ritmo decidido, me decía entre caricias y besos que el dolor pasaría y me cedería ante el placer. Pero sentía que me estaba partiendo el culo, las lágrimas se me resbalaban y ya no tenía la polla dura, aun así quería seguir, quería tenerla dentro, y el empujaba despacio y constante así que moví el culo hacia atrás metiéndome de golpe semejante mástil y sintiendo a Sergio gemir de placer al instante.

Con su pollón dentro me abrazó, me besó el cuello y me dijo que me relajara, que el dolor ya estaba por pasar, y no se equivocaba. Aunque aún sentía dolor, mi culo empezó a acostumbrarse a su polla enorme y dura, sentí como sus 24 cm salían de mí vaciándome y volvían a entrar de golpe; sentí sus huevos chocar contra mi culo, y entre todo ello se me escapo un gemido que el interpretó de placer, y estaba en lo cierto. En ese preciso momento se separó de mí, me agarró de la cintura y comenzó a follarme el culo con impaciencia. Yo tenía la polla de nuevo tiesa, y chorreaba del gusto, jamás había sentido tanto placer, me retorcía del gusto y estrujaba las almohadas, intentaba, aunque en vano, ahogar mis gritos desenfrenados en ellas; le pedía más, no daba crédito a las palabras que salían de mi boca, pero si, estaba pidiendo que me diera más fuerte, que me reventara.

Sergio me cogió de los hombros y luego me haló hacia él, me giró la cabeza y me besó mientras me seguía penetrando; mi polla apuntaba al cielo y con cada embestida sentía como me chorreaba un poco más y me estaba llevando al clímax más embriagador que había sentido. En ese momento me la saca y me ordena que me dé la vuelta, yo le obedecía como con todo, y me sube las piernas a sus hombros, me confiesa que quiere ver como chorrea leche mi polla y como me corro con el dentro, y verme a la cara cuando él corra, me pide permiso para correrse dentro de mí y yo le dije que podía hacer de mi lo que gustase, me había convertido en su puta complaciente.

Me besa, descubriendo en mí una elasticidad hasta el momento desconocida, y comienza a follarme desesperadamente. Sentía su sudor, sus huevos chocando contra mí, la presión de su polla dentro de mí, en lo más profundo, rozando mi más oscuro e inexplorado punto del placer. Le toco así sudado el pecho, sintiendo su corazón, los dos gemíamos enardecidos, y yo me veía ahí, con las piernas arriba y la polla chorreando siendo poseído, le pellizco un pezón y le digo que me folle duro, que me preñe el culo y me llene de su leche, suspira de forma muy placentera, me da un azote en el culo y siento como empieza a acelerarse. Yo también estaba a punto de acabar, sin embargo el comienza a gritar que se corría, y yo le pedía que no parase, y comenzó a correrse dentro de mí, abundantemente, gritando angustiado del placer, sentía como me llenaba el culo de leche, y en ese momento estaba muy excitado, pero sino seguía no me correría, el me bajó las piernas y, aún dentro de mí, me cogió la polla y empezó a pajearme. No tardé ni 10 segundos en comenzar a gritar y estremecerme del placer, aún sentía su polla tiesa y chorreante en mi culo, recordaba que hace unos pocos segundos me había preñado y me había poseído un hombre con una verga abismal, y como me estaba escurriendo por mis nalgas toda su leche que parecía un elixir aún por probar, y me empecé a correr abundantemente, llegando hasta su cara y la mía. El con su dedo se limpió mi leche de su cara y me lo metió en la boca, probando así mi propia leche que me sabía a gloria.

Después de esa primera vez nada fue igual, cree adicción a su polla, a todo el. Repentinamente ya sabía que jamás volvería a follarme a nadie, sino que siempre sería yo el penetrado.

Me sacó la polla y me besó. Me abrazó, ahí tumbados en su cama, llenos de mi propia leche, y cuando nos calmamos nos fuimos a la ducha.

Esa ducha no acabó siendo solo una ducha, pero eso ya es otro relato…

Espero que os haya gustado, y como en el anterior, son bienvenidos comentarios afirmativos y negativos, de esa forma siempre se intenta mejorar lo que se pueda.

Saludos 😉

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