Por favor señora. Capitulo 9

CAPÍTULO 9 “LUZ verde”

“Te pido una luz verde para amar a gran velocidad, con sentimiento. Tan sólo una señal, el signo de avanzar, es lo que yo quiero” Luis Miguel.

Los fuertes y suaves brazos de Miguel Ángel la rodeaban, su cabeza descansaba en el pecho de él, era imposible sentir temor en ese momento; era como si todo lo que estaba alrededor dejara de existir y sólo estuvieran ellos dos en aquella habitación, dónde no entraba el sol, dónde el aire era artificial pero podía percibirse el calor, el calor de un nuevo sentimiento.

-No sabes cuánto te agradezco el que nos hayas confiado algo tan especial…-le dijo Miguel Ángel, sin liberarla de sus brazos.

-Quien te agradece soy yo, no sabes cuánto me ayudó desahogarme. Gracias a ti por permitírmelo.

-No tienes nada que agradecer.-él podía percibir el aroma de su cabello, para grabarlo por siempre en su memoria.

Lentamente se separaron hasta mirarse fijamente, él no podía soltarla de entre sus brazos y ella no perdía ni un instante el poder verse reflejada en aquellos ojos claros. ¿Qué estaban sintiendo? ¿Atracción? ¿Una conexión? ¿Enamoramiento? Nada estaba claro aún, pero Regina sabía que quería ir por más y que nada iba a detenerla. El ruido de la puerta los interrumpió…era Alina.

-Oh…mil disculpas, no fue mi intención interrumpir. –dijo la chica casi tartamudeando.

-No interrumpes, Ali. –Respondió Miguel- ¿Recuerdas a Regina?

Regina al sentirse liberada por aquellos brazos que tanto deseaba, cambió su tierna mirada por una comparable a las llamas más incandescentes y posó sus ojos en Alina de una manera desafiante.

-Claro, claro que la recuerdo. Que gusto tenerla aquí, Señora Marroquín. –le dijo extendiendo su mano para saludarla.

-Muchas gracias, igualmente es un gusto volver a saludarte…-respondió Regina estrechando la mano de quien ya había hecho su rival.

-Creo que ustedes deberían empezar a hacerse buenas amigas de una vez…-soltó Miguel Ángel.

Ambas mujeres lo miraron extrañadas.

-Desde luego, dentro de poco serán familia.

Regina no acababa de entender.

-¿No recuerdas que Alina es cuñada de tu hijo?

Regina trató de disimular su sorpresa.

-Es verdad…-dijo al fin.- Disculpen…a mis años la memoria falla, pero debo decir que eres igual de hermosa que tu hermana…

Alina se estremeció un poco…algo en las palabras de aquella señora denotaba hipocresía, era extraño pero tenía la impresión de que no era de su agrado y sinceramente, Regina tampoco le simpatizaba del todo.

-Muchas gracias señora, pero no estamos a la altura de su desmedida belleza. –respondió tratando de sonar convincente.

Regina no se tragó el falso halago y se limitó a sonreír condescendiente.

-Y yo soy afortunado, saldré de aquí acompañado de dos bellezas. ¿Cenamos todos juntos? –preguntó Miguel.

Ambas mujeres se miraron. Pero Regina se excusó inmediatamente.

-Miguel Ángel, de verdad me encantaría, pero esta noche quedé con una amiga y bueno…te tomaré la invitación para otra noche ¿Les parece?

Alina sólo sonrió.

-Está bien…te me escapas hoy, ya me lo compensarás después. –respondió él.

-Que de eso no te quede duda…-contestó ella guiñándole el ojo.

-Te acompaño.

-No te molestes, se dónde queda la salida y Fernanda me espera.

-¿Segura?

-Desde luego…-respondió Regina sonriendo.

-Muchas gracias por venir, jamás podré pagarte esta muestra de confianza. –le dijo él, tomando su mano para depositar un suave beso en ella.

-Gracias a ti…-dijo mientras lo atrapaba nuevamente entre sus brazos.

Alina dio dos pasos atrás con la intensión de querer salir de ahí, no le era para nada agradable ver al hombre que amaba ser acariciado por otra mujer, por una mujer contra la que no podía competir. Esa señora gustaba de él, no había ninguna duda pero ¿Miguel Ángel le correspondía? Las manos de él acariciando la espalda de Regina le dijeron que sí.

-Cuídate mucho, estamos en contacto. –respondió Miguel dándole un beso en la mejilla.

Miguel Ángel vio a Regina desaparecer tras la puerta y por inercia soltó un suspiro, luego se percató de que Alina seguía ahí y que estaba mirándolo, trató de disimular lo más que pudo.

-Entonces… ¿A dónde se te antoja ir esta noche?

-Esta noche tenemos que trabajar…-le respondió ella.

-Sí, pero antes podemos ir a cenar a algún lugar

Alina sonrió.

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-¿Qué hiciste qué? –dijo Dalila casi gritando.

-¡Shhhhhh! –respondió Regina.

-¿Cómo se te ocurre rechazarlo?

-Iba a llevar a la escuincla esa…

-Pues si ella es una escuincla, él también.

-No, el tiene 30 y ella unos 24 o 25. Es muy jovencita.

-Y… ¿Es bonita?

-Demasiado.

-No puede ser…

-En serio.

-Descríbela.

Regina se quedó pensando, ¿Cómo describir a esa joven? En un ataque de celos podría encontrarle todos los defectos del mundo, hablar de más, omitir detalles pero… ¿De qué serviría? Si quería quedarse con Miguel Ángel más le valía jugar limpio.

-Pues…es joven, estatura media, piel blanca, cabello castaño lacio que le cae hasta la cintura, un bonito cuerpo. Dalila, es perfecta… ¿Dime quien puede contra eso?

-¿Cómo que quién? ¡Pues tú! Esa chamaquita no te ha de llegar ni a los talones.

-Dalila ¿No te das cuenta? No puedo competir contra la juventud, contra la frescura, las múltiples cosas que ella tiene y yo no…

-No seas tan dura contigo misma, ¿No crees que si ella le gustara ya habría hecho algo con ella desde antes?

-Ah, eso no sé, probablemente tengan su historia.

-Pues según lo que me has contado no…

-Sólo oír decir de boca de él que eran buenos amigos pero…no me fío.

-No puedes rendirte sin haber dado la batalla, dale el privilegio a ese hombre de escoger entre ella y tu.

-Dalila, lo peor de todo es que probablemente la escoja a ella.

-Lo bailado nadie de lo quita.

-¿De qué estás hablando? ¿Una aventura?

-No pierdes nada…-respondió su amiga, mientras llevaba la taza de té a sus labios rojos.

-Una aventura…

Dalila asintió.

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Regina recorría el espacio libre que había en su taller personal, frente a ella, el cuadro que tenía la imagen de Miguel Ángel tocando el piano la observaba. Ella iba y venía completamente inquieta, aún no se decidía a hacer caso de los consejos de su amiga, Dalila no era del tipo de mujer que haría algo así, pero la apoyaría en lo que decidiera, por eso la quería tanto.

Había planeado invitar a Miguel Ángel a pasar la tarde juntos en su casa de Cuernavaca y esa sería la oportunidad para tratar de insinuársele un poco más, sin llegar a lo vulgar. No sabía bien como decirle que le gustaría que la acompañara, tenía pensado decir que le tenía una sorpresa, pero tenía miedo que los nervios la traicionaran y no saberse expresar.

Regina miró su celular, que descansaba sobre su restirador, el aparato inmóvil la inquietaba. Era ahora o nunca, tomó el teléfono y le marcó a Miguel. El tono de llamada la ponía aún más nerviosa, pero al escuchar la voz de él, se quedó petrificada.

-¿Regina? –pronunció Miguel más de una vez.

-Sí…sí, disculpa es que no te escucho muy bien. –fingió Regina.

-Qué alegría escucharte… ¿Cómo estás?

-Muy bien ¿Tú que tal?

-Igual bien, tranquilo en casa, hoy he madrugado.

-¿Y eso? ¿Tienes planes para hoy?

-Pues, ya he terminado de lavar ropa y el aseo. ¿Por qué? ¿Querías hacer algo?

Regina se quedó muda.

-¿Regina?

-Sí, disculpa es mala la recepción…pues sí, me preguntaba si te gustaría salir.

-Desde luego ¿A dónde quieres ir?

-Aún es temprano, quizá podrías acompañarme a mi casa de Cuernavaca, podríamos almorzar ahí y conversar tranquilamente, además te tengo una sorpresa…

-¿De verdad? Pues, me encanta la idea… ¿Dónde te veo?

Regina no podía creerlo.

-Descuida, yo podría pasar por ti e iríamos en mi carro, hoy solo tienes que relajarte.

-La que necesita relajarse eres tú…

-De verdad, acepta, estaremos de regreso por la noche…

-De acuerdo. –respondió Miguel con una sonrisa en la voz.

-¿En dónde te recojo?

-Nos vemos en el restaurante…

-Perfecto.

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Eran aproximadamente las 10 de la mañana cuando Regina llegó al restaurante, apenas abrían y estaba todo en perfecta calma, uno de los empleados la invitó a sentarse mientras esperaba a Miguel Ángel. Ahí se encontraba cuando lo vio salir de una oficina acompañado por Alina, en ese momento apretó el puño.

-Me encanta que seas tan puntual. –le dijo Miguel Ángel mientras le daba un beso en la mejilla.

-Una de las muchas cosas que tenemos en común…respondió ella con una seductora sonrisa.

Alina los observaba, no podía evitar sentirse mal al verlos juntos. Cuando Regina se percató, le dedicó una hipócrita sonrisa, la joven no tuvo más remedio que corresponder.

-¿Qué tal Alina? Me alegra verte de nuevo. –le dijo mientras se acercaba para saludarla de beso.

-Igualmente es un gusto verla. –respondió Alina, visiblemente sorprendida.

-Te ves muy bonita, las desveladas no te afectan en lo más mínimo eh…

-Esas cosas luego pasan la factura. –dijo la chica, con una sonrisa tímida.

-Por eso debes cuidarte, sobre todo por salud pero bueno…se nota que te cuidas mucho, eso está bien.

-Muchas gracias, señora.

-Regina…dime Regina.

Alina le sonrió.

-¿Entonces nos vamos? –le dijo a Miguel Ángel.

-Sí, por su puesto, ehh Ali, te encargo el changarro.

-Vete tranquilo, Mickey –respondió ella.

Ambos se despidieron de Alina, quien tuvo que tragarse el dolor y la impotencia de verlos partir.

Miguel Ángel no podía negar que Regina lucía radiante, pero mucho menos que cada día se sentían más cercanos, ella había dejado de lado sus excentricidades y había empezado a abrirse, a confiar en él y a mostrarle una parte de ella que casi nadie conocía. Mientras esperaban el automóvil de ella, él la observaba, llevaba puesto un vestido holgado, de tela ligera y floreada, tirantes anchos que le llegaba debajo de la rodilla, unas sandalias de piso.

El aire hacía ondear su falda, ligeramente y los mechones de su cabello rubio danzaban al compás de la brisa, Miguel la encontraba preciosa. Ella no parecía percatarse de su mirada, de que era observada como la más valiosa obra de arte, porque eso era, no sólo por su belleza física, sino por lo que guardaba dentro de ese maravilloso cuerpo. Era una lástima que ella no alcanzara a comprender lo hermosa que era.

Regina se volvió y lo sorprendió mirándola, sonrieron el uno al otro y antes de que ella pudiera decir algo, el encargado del parking llegó con su automóvil. Miguel Ángel procedió a abrirle la puerta y ayudarla a acomodarse en el interior. Cuando estuvieron ambos dentro del coche emprendieron el viaje.

-Yo debí abrirte la puerta, eres mi invitado…

-Tonterías, no me quites ese privilegio.

-Privilegio es tenerte de compañía…

Miguel Ángel sonrió.

El viaje de la Ciudad de México a Cuernavaca era realmente corto, apenas una hora y media, que entre canciones, charla amena y risas se hizo completamente fugaz. El día era soleado, no había mucho tránsito en la carretera, por lo tanto llegaron antes de lo acordado. La casa de descanso de los Marroquín estaba a las afueras de Cuernavaca, por lo tanto tenía un ambiente campirano, donde se podía disfrutar del contacto con la naturaleza.

Regina aparcó el Mercedes en la entrada de la casa, que para ser de descanso era muy grande. Miguel Ángel se percató de que ahí no había nadie esperándolos, estarían completamente solos.

-Traje algunas cosas ¿Me ayudas? –le pidió ella, mientras abría la cajuela.

-Por supuesto.

Ambos bajaron unas cuantas bolsas de compras, Regina se apresuró a abrir la puerta y entraron. La casa era realmente grande, amueblada y equipada con todos los lujos, había fotos familiares, esculturas y cuadros de gran valor por todas partes, si esa era su casa de descanso, no se imaginaba como sería su residencia permanente.

-Pasa por favor, estás en tu casa…

-Muchas gracias.

Juntos atravesaron la estancia hasta llegar a la amplia cocina, dejaron las bolsas en la barra.

-Ponte cómodo, en un momento regreso.

Miguel Ángel tomó asiento en el pequeño comedor que se encontraba en la cocina, ese lugar le transmitía una calma inexplicable, podía escuchar el trinar de los pajarillos, ver el movimiento de los árboles, todo era 100% natural y le encantaba. Pronto volvió Regina con un par de bolsas de compras.

-Disculpa el tarantín, pero no había venido a esta casa en mucho, mucho tiempo, pago por que la mantengan limpia y ordenada pero bueno, no siempre hay alguien aquí.

-Descuida, comprendo.

-¿Sabes? Este es como mi refugio, lejos de la ciudad, del ruido, del trabajo, sin personas ajenas a la familia, solo yo y mi hijo, mi esposo cuando vivía.

-¿Solían pasar tiempo aquí?

-Sí, muchísimo, nos servía de relax a todos. –dijo ella sonriendo

Miguel Ángel le devolvió la sonrisa.

-Es una casa muy bonita.

-¿Quieres que te muestre?

-Desde luego.

Y así Regina le dio un tour por la gran casa, las habitaciones, su estudio personal, el jardín que era muy grande, con alberca y una pequeña palapa, un ambiente natural donde podía respirarse el aire puro, él estaba contento de que Regina lo haya invitado a un lugar tan especial para ella. Después del recorrido volvieron a la cocina.

-Debes tener hambre, en un momento preparo el almuerzo.

Miguel no pudo evitar la sorpresa.

-¿Cocinas?

-Pero por supuesto… ¿Qué creías? ¿Qué era una de esas viejas copetonas que no saben ni hervir un huevo?

-Jajaja no…cómo crees.

-Eso creías, pues no, si se cocinar y se me da muy bien.

-¿En qué dieta estamos?

Ella le dio un sutil manotazo en el brazo, mientras reían.

-Ninguna, no te prepararé chatarra pero tampoco algo que te mate de hambre.

-Muy bien, al menos permíteme ayudarte.

Ella le sonrió y empezaron la faena.

Pusieron música para darle más vida al ambiente y se dispusieron a preparar el almuerzo, que constaba de pechugas rellenas, ensalada, puré de patatas y un refrescante jugo de naranja. Pasabocas de jamón y queso, fruta fresca y muchas cosas más, ese día estaban de fiesta. Miguel Ángel también era un adepto a la cocina, por lo tanto no se le complicó absolutamente nada, pero estaba fascinado de ver a su amiga en una actividad común pero a la que jamás la habría asociado.

Después de un rato, el almuerzo estuvo listo y se dispusieron a comer en el jardín, hacía un día precioso y querían disfrutarlo al máximo. Regina observaba a Miguel Ángel, le parecía increíble que estuviera ahí, compartiendo esos agradables momentos, se sentía como una adolescente enamorada, como si nuevamente tuviera 15 años, coqueteaba sutilmente, quería que el mensaje llegara pero lejos de incomodar ella buscaba agradar.

El almuerzo estuvo muy ameno, una conversación muy extensa sobre muchísimas cosas, arte, cine música, a pesar de la diferencia de edades tenían muchos gustos y aficiones en común, ambos habían viajado, tenían ideologías parecidas, pero dentro de todo eso, ella tenía la pequeña impresión de que Miguel Ángel evitaba el tema familiar, podía percibirlo, por lo tanto ella no insistía; ya llegaría el momento en que el decidiera hablar de ello.

Caía la tarde y ambos se encontraban descansando en los camastros junto a la piscina, reposando la comida y conversando, pero de pronto el silencio los invadió.

-Este lugar es maravilloso, transmite tanta paz, es algo realmente bello. –le dijo Miguel rompiendo el silencio.

-Si…es verdad, por eso amo esta casa, el ambiente en sí, me hace encontrarme conmigo misma.

Miguel Ángel volteó a verla, ella estaba recostada en el camastro, con sus lentes de sol, imponente, su delgado vestido se había recogido un poco ya que había flexionado una de sus piernas que quedó casi completamente al descubierto. Pudo observar un muslo bien definido, probablemente suave al tacto, una piel tan tersa, como porcelana, la figura de Regina era cautivadora, ningún hombre podía resistirse y por más que él quisiera hacerlo, sabía que si seguía mirando las cosas no acabarían bien.

Ella sabía que él la observaba, por lo tanto, fingió dormir y flexionó aún más su pierna para darle al caballero una mejor vista de su anatomía. El sentir su mirada la llenaba de nerviosismo pero sobre todo de una leve excitación, vinieron a su mente los episodios de las regaderas y la bañera, ese era un lugar ideal para llevar a cabo sus fantasías, quería estar con Miguel Ángel de esa manera, sólo necesitaba que él le diera luz verde.

La tentación estaba frente a él, y no sabía cómo reaccionar, no tenía nada claro; si la señora Marroquín lo estaba provocando, o si solamente estaba siendo un poco descuidada debido al sueño. Miguel Ángel se convenció de que se había quedado dormida ¿Qué debía hacer? ¿Despertarla? No, sólo se limitó a mirarla, ajena a todo lo que había a su alrededor, contempló su fino y bello rostro, apacible, su figura torneada y el deseo lo invadió…Regina le gustaba.

Ninguno de los dos sabía qué hacer, en ese momento no hubo sintonía ni complicidad, Regina abrió finalmente los ojos y se despojó de las gafas.

-Tengo algo para ti. –le dijo finalmente.

-¿Para mí? –le preguntó Miguel Ángel.

-Sí, acompáñame.

Ambos se pusieron de pie y fueron a la sala de estar, en uno de los sofás descansaba una especie de cuadro envuelto en papel kraft. Regina lo tomó y se lo entregó.

-Espero que sea de tu agrado.

-¿Qué es? –le preguntó maravillado.

-Descúbrelo…

Miguel Ángel desenvolvió el presente con mucho cuidado y cuando lo hubo descubierto sus ojos no daban crédito, en sus manos tenía un hermoso cuadro, una pintura excelente, un retrato suyo, al piano.

-Tú…

-No soy tan buena pintando, pero la intención es lo que cuenta. –le dijo ella muy convincente.

-Regina, esto es hiperrealismo…es…hermoso, no tengo palabras.

Ella bajó la vista, sonrojada.

-En serio no tengo palabras…-volvió a decirle mientras colocaba el cuadro en uno de los sofás para apreciarlo mejor. –es un trabajo refinado, es increíblemente bello…muchísimas gracias.

-No fue nada…

-Te equivocas, es el regalo más bello que he recibido, muchísimas gracias. –le dijo tomando su mano.

Ella lo miró fijamente y el la atrajo suavemente hacia sí.

-Muchas gracias de verdad, eres encantadora…

El tiempo se detuvo cuando Miguel Ángel la estrechó en sus brazos, un abrazo cálido, diferente, lleno de amor, de ternura, de todos los sentimientos más sublimes en uno, ella vibraba de emoción, mientras sus manos recorrían su fuerte espalda, su cabeza una vez más descansaba en su pecho.

-Eres demasiado linda conmigo, no tengo como agradecerte.

Regina alzó la mirada e intentó buscar su boca, ansiaba besarlo y probar su sabor…la pasión la invadía. Él lo percibió y el temor se apoderó de él, trató de alejarse pero ella tomó su cabeza entre sus manos y…le dio un delicado beso en la mejilla.

-No tienes nada que agradecer, sólo fue un detalle para un amigo muy querido.

Miguel no podía articular palabra. Regina lo soltó y se dio la vuelta, no entendía porque él se resistía tanto, si estaba más que claro que ambos se atraían, que ambos lo deseaban ¿Para qué postergarlo?

-Yo…te agradezco muchísimo, en verdad. Me has dado la sorpresa de mi vida.

Ella lo miró sonriendo.

-Me alegra que te haya gustado.

Él tomó su mano nuevamente.

-Creo que sería buena idea ir por un trago ¿No crees?

Regina asintió.

———————–

Después de haber pasado unas agradables horas en un Wine House muy reconocido en Cuernavaca, ambos se disponían a regresar a la Ciudad de México, no habían bebido más que un par de copas de vino, así que estaban en perfectas condiciones para conducir. Eran aproximadamente las 8 de la noche, caminaban en la plaza del centro histórico de la ciudad, no había mucho frío por fortuna, así que se sentían cómodos.

Pasaron junto a un grupo de adultos mayores que interpretaban una pieza de danzón y coincidieron en la opinión de que era demasiado adorable ver a esas cabecitas de algodón disfrutando de los pequeños placeres de la vida. Cuando los abuelitos terminaron su participación, la música de salsa se hizo presente y muchos de los asistentes se dispusieron a bailar.

A Regina le encantaba el baile, no pudo evitar menearse un poco al escuchar la voz de Joe Arroyo interpretar su famosa melodía “Pa’l Bailador”, Miguel Ángel se dio cuenta de que ella quería moverse un poco y pensó ¿Por qué no? Lentamente se acercó a ella y la tomó de la mano, llevándola a la pista, ella trató de zafarse, pero realmente lo deseaba.

-Con tu permiso…-le dijo él.

-Adelante…

Miguel puso su mano derecha en la pequeña cintura de Regina y cogió la delicada mano de la dama y comenzó a guiar sus movimientos, para su sorpresa la señora de movía espectacularmente bien, tenía cadencia, sensualidad, como pez en el agua. Y fue como si todo dejara de existir, sólo estaban ellos dos en esa explanada, realizaban la danza a su manera, ella no dejaba de lado el juego y la seducción, él perdió la cuenta de las piezas que bailaron, estaba absorto en su cuerpo y su mirada.

Sus manos recorrieron discretamente el cuerpo de Regina, a ella no parecía importarle, con sus movimientos parecía incitarlo a ir por más, dentro del ensueño Miguel Ángel luchana por mantener los pies en la tierra pero la dama se lo ponía muy difícil, su sensualidad lo atraía, como abeja a la miel. La melodía rítmica terminó para darle paso a otra más tranquila. La voz de Marc Anthony se hizo presente y la pareja se estrechó en un abrazo pausado. La pequeña cabeza de Regina descansaba en el pecho de Miguel, y las manos de el se posaron en su cintura.

Porque tu amor es mi espina

En las cuatro esquinas hablan de los dos

Que es un escándalo dicen

Y hasta me maldicen por darte mi amor

No hagas caso de la gente

Sigue la corriente y quiéreme más

Con eso tengo bastante,

Vamos adelante sin ver qué dirán.

Ella lo abrazaba firme, pero al mismo tiempo suave, se atrevió a colocar sus brazos alrededor de su cuello, y sentir su aroma, a pesar del calor, el perfume de Carlo Corinto no había desaparecido. “Escandalo” era una melodía lenta y sensual, que la incitaba, la provocaba y le daba el valor para cumplir con su encomienda.

Si yo pudiera algún día remontarme a las estrellas

Conmigo te llevaría a donde nadie nos viera

No hagas caso de la gente

Sigue la corriente y quiéreme más

Que si esto es escandaloso

Es más vergonzoso no saber amar…

Regina alzó la vista y sus ojos se encontraron con los de Miguel Ángel, que la miraba cautivado. Ella no quería pedir permiso, mucho menos la oportunidad, nada podía arruinarlo, el instante era perfecto; se acercó lentamente, esta vez él no se alejó…

Sus labios se tocaron, las manos de él recorrieron la espalda de ella, mientras sus bocas alimentaban el mutuo deseo, el latido del corazón de Regina se aceleró cada segundo que pasaba, sus brazos aprisionando el cuello de Miguel Ángel, mientras se fundían en uno solo, disfrutando de sus labios y el mundo perdió la importancia, estando juntos…se sintieron infinitos.

Que si esto es escandaloso

Es más vergonzoso no saber amar…♪♫♪

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