Primera cita en la playa

Había conocido a Nuria, una mujer de 4 años mayor que yo por un conocido Chat. Empezamos una buena amistad y nos dimos la dirección del Skype. De esta manera, casi a diario, empezamos a tener conversaciones, me contaba sus historias y yo contaba pocas de las mías. Hasta que un día decidimos conocernos en persona.

Recuerdo que era un mañana de domingo, y como de costumbre me preparé para salir a montar en bici. Justo antes de salir me llegó un mensaje a mi móvil, era Nuria. Me preguntaba que como estaba, que hacía,…lo típico. Ella vivía cerca de playa y era una de las rutas que yo solía tomar en mis salidas en bici, así que decidí que nos veríamos allí, en un chiringuito. Sería la primera vez que nos veríamos en persona, incluso ella ni siquiera me había visto a mí ni a través de una foto. Así que le daba más morbo a ésta primera cita.

Cuando llegué, algo sudado debido al calor que hacía aquella mañana, ella no había llegado todavía y eso que me había entretenido por el camino. Con la bici empecé a dar vueltas cerca de donde habíamos quedado. Tenía una amplia ventaja sobre ella, ya que las únicas pistas que sabía de mi era que iba en bici y el lugar por donde habíamos quedado, pero es que por allí pasaban muchos ciclistas, circunstancia que me hizo sonreír. Al final la vi, paseando frente del lugar donde habíamos quedamos. Era más bajita que yo y llevaba una minifalda y una camiseta verde más bien holgada. La primera impresión fue buena, aunque la ropa que llevaba no dejaba apreciar ni sus pechos ni su culo, aunque parecía poco respingón. Tenía el pelo largo y era castaña.

Cuando me acerqué nos presentamos y fuimos a tomar algo al chiringuito. Yo seguía con mis gafas de sol puestas y empecé a observarle de arriba abajo, no quería perderme ni un solo detalle. Bajé la mirada hacia sus pies, eran más bien pequeños que concordaban con su estatura. Tenía los dedos pequeñitos que sobresalían sobre la cinta de tela de las sandalias que llevaba. Fui levantando la mirada siguiendo la curva de sus piernas y mi vista se centró en el oscuro triángulo que formaban sus piernas cruzadas y el borde de la falda. Pensé en como sería su sexo, si estaría bien depilada o no, si se rasuraba completamente o se dejaba una tira de vello, como serían sus labios… con todo éste pensamiento mi verga se endureció un poco y tuve que cambiar un poco de posición ya que seguro que se me abultaba con el maillot de ciclista. En ese momento desee poder introducir mi mano entre la falda y acariciar su interior, de momento un secreto para mi. Apenas tenía barriga, lo que significaba que cuidaba su cuerpo, además del moreno de su piel. Al llegar a la visión de sus pechos me frustró la camiseta que llevaba. Los pechos de una mujer me vuelven loco y Nuria, ese mañana, se había equivocado en la elección de la blusa. Lo que más me gustó de ella fueron sus labios…carnosos, sensuales, ideales para que mi polla se perdiera entre ellos. De nuevo apareció una leve erección de mi verga, aunque el tema de conversación hizo que perdiera intensidad.

Estuvimos poco tiempo ya que ya era tarde y quedamos en vernos por la noche para ir a cenar algo.

Una hora antes de la cita con Nuria me fui a duchar. No sabía lo que pasaría porque tampoco ella había mostrado gran interés durante la charla de la mañana. Ya en la ducha me puse a pensar en ella y me empecé a excitar. Mientras me enjabonaba me la acariciaba sacando el glande. Entre esto y el pensamiento de Nuria se me puso muy dura, la imaginaba desnuda, totalmente rasurada y acariciándose la raja de su coño, la imaginaba a mi lado en la ducha, y como el agua resbalaba por su cuello y bajaba por sus pechos desnudos, veía sus pezones erectos y duros y como ella se chupaba uno de sus dedos, bajaba lentamente por su cuello hasta llegar a uno de sus pechos y se acariciaba el pezón mirándome con lujuria… esa imagen me excitó de tal manera que empecé a masturbarme… estaba super caliente… la imaginaba agachada y chupándome la polla como una auténtica viciosa… mientras alzaba la vista y se relamía… todas estas imágenes que se sucedían en mi cabeza hicieron que me corriese. El chorro de semen fue al suelo de la bañera y fue arrastrado por el agua que caía de la ducha. A pesar de la corrida seguía mi excitación aunque decidí dejar algo de semen para “mi” Nuria, por si había suerte.

Después de terminar de arreglarme, salí de casa. Llegué al lugar donde habíamos quedado a la hora exacta, ya que suelo ser bastante puntual… pero en esa ocasión ella lo había sido más que yo. Bajé del coche y me acerqué a ella. Esa noche sí que estaba preciosa. Llevaba unos bonitos zapatos de verano, una minifalda vaquera y acompañada por una blusa algo ajustadita y con algunos de los botones desabrochados insinuándose sus pechos. No eran excesivamente grandes, pero si aparentaban ser riquísimos… Cuando fui a saludarla, pasé mi mano por su cintura y la pegué a mí, para luego darle dos besos en las comisuras de sus labios, quería que supiese mis pretensiones, además de querer saber qué es lo que ella quería.

La cena transcurrió con normalidad, una botellita de vino por aquí, unos chupitos por allá,… no es que pretendiese emborracharla pero la cosa la verdad es que se fue animando. Hablamos de todo, incluso de sexo, cosa que me excitó mucho.

Ya un poco tocados por la bebida de la cena salimos del restaurante. De camino al coche la agarré de la cintura y ella me respondió de la misma manera colocando su mano también alrededor de la mía, caminado y charlando animadamente. No podía dejar de mirar sus ojos, y sus labios y como los deseaba, pero en esos momentos me apetecía primero divertirme y decidimos ir a tomar un par de copas más.

Entramos en uno de los locales y nos pedimos una copa. La noche poco a poco se fue animando. Cada vez nos acercábamos más, la cogía por la cintura y la acercaba a mí.

La música, en ocasiones, estaba alta y me acercaba más a ella, la arrimaba junto a mí y acercaba mi boca a su oreja para poder hablar con ella. Intencionadamente rozaba suavemente y “disimuladamente” su oreja con mis labios cuando hablaba con ella, mientras ella me agarraba la cabeza por la nuca y mientras iba acariciándome el pelo suavemente. Yo poco a poco me iba excitando al tenerla tan cerca de mi, en ocasiones sentía sus pechos rozarme y me imaginaba tenerlos entre mis manos o poder chuparlos… Con todos estos pensamientos recorriendo mi cabeza y la bebida que ya estaba haciendo efecto empecé a desinhibirme y al compás de lo música fui moviéndome y arrimándome a ella.

Nuestros cuerpos serpenteaban al compás de la música, mis manos acariciaban sus brazos, rozándolos con la yema de mis dedos, rozaba con mis labios su cuello, subiendo y rozando sus mejillas. Empecé a besarle la oreja, y su cuello, y centímetro a centímetro iba besándola acercándome a su boca sin dejar de movernos. Una vez llegué hasta la comisura de sus labios se giró y empezó a besarme, apasionada, sensual, morbosamente, fuera de lugar en ese local, aunque no nos importó. Cualquiera que se hubiese fijada detenidamente en nosotros nos hubiese visto follando ahí mismo a pesar de la ropa.

En uno de estos instantes, ella se apartó, más consciente de toda la gente que había en el local, y dándome un beso en los labios suavemente y poniendo una mano entre nosotros para separarme, me dijo que se iba al lavabo. Se giró y vi como se marchaba contorneando su culo, provocándome una mayor excitación. Cogí la copa, por desesperación de no poder tenerla ahora, y me la bebí toda de un trago, mientras avisaba al camarero con una mano para que me pusiese otras copas. Mi cabeza me daba vueltas, no por la bebida sino por el deseo de poseerla, de besarla, de recorrer su cuerpo con mi lengua… todos esos pensamientos me pudieron y me fui en dirección al baño de señoras. Me paré un momento en la puerta, decidiéndome a entrar, porque no quería encontrarme con otra mujer, y mientras lo decidía se abrió la puerta. Frente a mi encontré a Nuria, sorprendida de encontrarme allí. Me miró y sonrió. Me cogió de la camisa y de un tirón me entró en el lavabo. Supuse que si me había hecho entrar era que no habría nadie más. Entramos en un reservado y nos empezamos a besar. Cerré la puerta tras de mí y empujé a Nuria hasta la puerta. Le aparté el pelo de la cara y literalmente le comí la boca. La excitación nos podía mucho más de la posible aparición de una mujer al lavabo. Sentía su lengua dentro de mi, moviéndose y buscando mi lengua. Estaba caliente y húmeda y me imaginé que igual debían de estar sus labios, pero los de su sexo. Le desabroché dos de los botones dejando al descubierto el sujetador de encaje, en el que se insinuaban sus pezones, eran oscuritos y los veía ya algo duritos. Ella me tenía abrazado con una de sus manos manoseándome el culo el con la otra mano ya en interior de mi camisa acariciándome la espalda. Estaba muy excitado y me subió de interior una gran excitación, le saqué las manos y las cogí con mi mano izquierda subiéndolas y empotrándolas por encima de su cabeza en la puerta. Le miré a sus ojos, y empecé a besarla locamente, mordiéndole el labio inferior y besándole los labios, las mejillas, el cuello y chupándole y mordisqueándole el lóbulo de su oreja haciendo que se estremeciera de placer y soltase un leve gemido. Seguí bajando por su cuello a besarla, lamerla, mordisqueando su clavícula y bajando en dirección a sus pechos. Con la mano que tenía libre metí mi mano por el interior de su minifalda y le agarré su culo, y como supuse llevaba un tanga. Le acariciaba la rajita de su culo y poco a poco fui acariciándola hacia delante, hacia su coñito que estaba realmente húmedo, y había mojado el tanga. Mientras tanto no paraba de lamer sus pechos por encima del sujetador y mordisqueándole sus pezones, que ahora si estaban realmente duros. Ella se removía ansiosa, intentando zafarse de mi mano que la tenía sujeta, pero yo creo que eso la excitaba más todavía.

En esos momento escuché a uno de los grifos abrirse y como corría el agua. La excitación que teníamos no nos permitió escuchar como entraba alguien en el lavabo. Acto seguido escuchamos a dos voces más entrar en el lavabo. Todo esto hizo que aflojase la presión sobre sus manos y pudo zafarse, y enseguida me dio un empujón y me hizo sentarme en el inodoro, estando la tapa cerrada. Se sentó encima de mí con las piernas abierta e hizo que la minifalda se subiese más hacia arriba y se le insinuasen más sus delicadas piernas. Entonces fue ella quien tomó el mando de esa situación, desabrochándome la camisa y ahora ella quien me besaba el cuello, me lo mordisqueaba, me besaba el pecho… Yo ya notaba como de tanta excitación mis boxers ya se estaban manchando del líquido preseminal. Ella no hacía más que moverse encima de mí, restregando su coñito en el bulto de mi verga. Nuria cada vez se estaba excitando más y se contorneaba más. Me abrazó, arrimando sus pechos sobre mí y me susurraba al oído que estaba muy cachonda, que si notaba lo húmeda que estaba ya y que ya deseaba tener mi polla dentro de ella, de sentirla dentro de ella y aprovechando la cercanía me introducía su lengua dentro de oreja excitándome más todavía. Cómo pude introduje una de mis manos por la parte posterior acariciándole primero su culo y poco a poco apartando la tira de su tango y acariciando la raja de su culo y acercándome hacia su coñito. Cuando llegué lo noté muy mojado, estaba increíblemente excitada y cuando rocé su agujerito, noté como se estremecía y por su cuerpo recorrió un escalofrío y un leve gemido salió de su boca. Me hubiese encantado poder notar como estaba su clítoris, pero desde la posición que tenía no podía llegar a él. Así que empecé a introducir un dedo poco a poco en el interior de su coñito a lo que ella cada vez se iba moviendo encima de mi dedo, siguiendo mi ritmo. Nuria sacó sus pechos del interior de su sujetador, los juntó delante de mi cara y me lo ofreció con una cara de verdadera viciosa. Eran hermosos, las aureolas eran rosadas y no excesivamente grandes y los pezones estaban realmente duros. Con la mano que tenia libre la acerqué a mí, dejando sus pechos delante de mi cara e introduje uno de sus pezones en el interior de mi boca y empecé a chuparlo y a recorrer mi lengua por él, a mordisquearlo mientras ella cada vez se removía más sobre mí y parecía que fuese al llegar al orgasmo. Se le veía intentando controlar sus gemidos mordiéndose el labio inferior. Mi lengua cada vez iba más rápido al igual que mis dedos que ya tenía hasta el fondo de su coño realmente mojado. En un momento me abrazó estrujando sus pechos en mi cara y levantando y bajando su cuerpo sobre mis dedos y removiéndose como si ellos fuesen mi polla hasta que no pudo evitar al correrse lanzando un sonoro gemido y retorciéndose en mis dedos…

Unos golpes en la puerta del reservado donde nos encontrábamos nos sacaron de nuestro encanto, diciendo que el local ya estaba cerrado desde hacía diez minutos. Nos exaltamos y en ese momento nos cortó realmente la excitación que llevábamos. Nos miramos y sonreímos de manera cómplice. Acercó sus labios a mi oído y me dijo que le había encantado esa corrida, pero que no me preocupase que la mía sería también extraordinaria… En esos momentos volvió a endurecerse un poco mi polla.

Salimos del local algo avergonzados, mientras los empleados seguían con sus tareas en el interior del local, algunos de ellos se giraron al vernos salir del local.

Ya fuera, tenía un intenso calor en mi cuerpo, y realmente no sabía si era por el calor de la noche o por lo excitado que me había quedado. Nuria me hablaba y no escuchaba lo que decía, por mi cabeza le daba vuelta al momento que habíamos pasado, sintiendo la excitación por todo mi cuerpo. Lo que más deseaba en ese momento era poseerla, hacerla toda mía, sentir su cuerpo desnudo y notar el interior de coño, notar como aprisionaba mi polla, como fluían por ella todos sus flujos… ver su cara de placer, oírla gemir, ver su cuerpo retorcerse de placer… Mi cabeza se detuvo de esos pensamientos rápidos y fugaces cuando Nuria me paró poniéndose delante de mi y deteniéndome el paso. Se quedó mirándome fijamente, me acarició la mejilla mientras me sonreía y me beso en los labios ofreciéndome su lengua. Nos besamos apasionados… Me pidió que estuviese tranquilo mientras me guiñaba un ojo y tras darme un cachete en el culo se giró y empezó a caminar. Me hizo sonreír y le seguí el paso, cuando la alcancé la agarré por la cintura y seguimos caminando. Me llevó hasta la playa, donde nos quitamos los zapatos y empezamos a andar, charlando animadamente.

Caminamos durante un rato charlando y riéndonos de lo que había sucedido en el interior del local, de la vergüenza que habíamos pasado y más ella que vivía por la zona. Nos paramos cerca de la pared que nos separaba del paseo, se elevaba sobre nuestras cabezas alrededor de unos 2 o 3 metros y nos sentamos en la sombra que producía. De nuevo empezamos a acariciarnos y a besarnos. A mi la excitación tardó poco en hacer que tuviese de nuevo una erección.

Su mano fue pasando de mi pierna hacia mi entrepierna, tocando todo el bulto que marcaba mi miembro dentro de los pantalones, me aprisionaba y ya me estaba molestando. Como pareciendo intuir como me sentía, empezó a desabrocharme el cinturón y los pantalones y sacó la punta de mi polla que sobresalía por encima de los bóxers. Empezó a acariciármela, suavemente, haciendo que un escalofrío recorriese toda mi columna sin dejar de besarme y lamerme en cuello y la oreja. Yo me recosté un poco más para facilitarle que llegase a mi miembro, cuando de repente noté como se paraba, se quedaba inmóvil e incluso se apartaba un poco de mi. Y ante mi asombro, disculpándose fugazmente se levanto y se fue corriendo hacia una pareja que paseaba por la orilla de mar. No me lo podía creer, miré hacia abajo y vi todavía mi excitación, no podía ser que me quedase de nuevo así. Dudé en darme la vuelta y marcharme sin decir nada, pero estaba demasiado cachondo para hacerlo y caminé con paso lento hacia donde estaban los tres. Al llegar a su altura Nuria me presentó a la pareja y me comentó que se venían a casa a tomar una copa y que sería demasiado descortés por mi parte declinar la invitación. Y tras guiñarme un ojo, se giró contoneándose y empezó a andar.

Al llegar los cuatro a casa, Nuria nos invitó a sentarnos y fue directamente a poner música chillout ambiental, mientras Rocío avisando previamente a la anfitriona fue a buscar los vasos a la cocina seguida de Nuria. Javier y yo nos sentamos esperando y haciendo bromas a las dos chicas.

– ¿Y lleváis mucho tiempo juntos? –por dar un poco mas de conversación y así no provocar esas incómodos silencios.

– ¿Quién?, ¿Rocío y yo?. Que va, me respondió bajando la mirada – Tuvimos una breve relación, yo quería continuar, pero ella no quiso, decía que no quería relaciones serias.

– ¿Y cómo estáis ahora?

– Pues en ocasiones nos vemos y… bueno ya sabes – mostrando una media sonrisa insinuando que en ocasiones se acostaban.

– Algo es algo – respondí entre risas.

Al momento aparecieron las dos con unas bandejas de bebida y unos vasos y cada cual nos se sirvió una copa de alcohol.

En una ocasión que Nuria se fue a la cocina a buscar más hielo, me invité a acompañarla. No es que la compañía fuese mala, Javier era muy simpático y Rocío estaba riquísima, pero yo deseaba apagar mi fogosidad, en dos ocasiones me había interrumpido y estaba tan caliente que ya que no podía más. Nada más entrar en la cocina me abalancé sobre Nuria, la agarré por detrás empotrándola sobre la encimera, colocando mi verga sobre su trasero y restregándolo, mientras acariciaba su cuerpo y le besaba por el cuello al tiempo que ella por la sorpresa y el placer me pegó su culo y echó la cabeza hacia atrás permitiéndome poder mordisquearle el cuello. Al momento se giró y seguimos besándonos y acariciándonos hasta que de nuevo me puso freno, apartándome la cara y colocando las manos entre nosotros.

Al ver mi cara me pidió que me tranquilizase y dándome un beso en los labios me dijo que no me preocupase, que me lo iba a recompensar todo con creces, que tenía una grata sorpresa para mí, y que no tardarían en marcharse. Con cierta resignación me di la vuelta y me marché hacia el comedor.

Al entrar encontré a la “parejita” besándose y magreándose, ella tenía una pierna y medio cuerpo encima de él, mientras Javier acariciaba por encima de la blusa los pechos de Rocío que se veían voluminosos. Desde lo más profundo de mi salió un suspiro, eso ya era lo último que me quedaba por ver es noche. Carraspeé la garganta con intensidad, dándoles un toque de atención para que se diesen cuenta de que me encontraba allí. Entre cómplices sonrisas y el rostro avergonzado de Rocío se separaron y colocaron un poco las ropas. Detrás de mi ya se encontraba Nuria con la cubitera entre las manos. Entramos los dos en el salón y poco después de un breve cuchicheo entre ambos, Javier se levantó diciendo que se tenía que marchar excusándose en que mañana debía levantarse pronto para trabajar. Me acerqué a él para despedirme ofreciéndole la mano y cruzar varias palabras de cortesía, a lo que aprovecharon las dos mujeres para recoger los vasos y llevarlos a la cocina. Javier entró en la cocina para despedirse de Nuria y al quedarme solo en el salón aproveché para ir al lavabo. Después de hacer mis necesidades me lavé las manos y me mojé la cara y la nuca apoyándome en el lavabo y mirándome en el espejo, mi cabeza se perdió pensando en cómo había transcurrido la noche y las ganas que tenía de que la “parejita” se marchasen ya y nos dejasen solos. El ruido de la puerta cerrarse me hizo volver y aproveché para secarme las manos. Antes de salir ya vi como mi verga empezaba a endurecerse deseando poseer de una vez por todas a Nuria.

Al salir al pasillo vi la minifalda de Nuria en el suelo, al lado de la puerta del salón y una sonrisa apareció en mi rostro. A dos pasos de la puerta, ya en el interior del salón vi la camisa blanca y dos pasos más su sujetador, y a levantar la vista me encontré a Nuria desnuda, únicamente con el tanga medio recostada en el sofá de forma sugerente. Mi vista recorrió todo su cuerpo, admirándola, viendo lo espléndido de su cuerpo, viendo sus pies, sus piernas, sus muslos, sus caderas, su abdomen, sus pechos… y cuando llegue a su rostro la vi sonreír, mordiéndose el labio inferior.

– Hola guapo, te gusta lo que ves? – mientras me invitaba a acercarme a ella con un gesto del dedo índice.

A medida que me acercaba me iba desabrochando la camisa y, al igual que ella, la tiré al suelo hasta que llegué a su altura. Se sentó teniendo mi miembro frente a su cara y dándome besitos por el ombligo empezó a desabrocharme el cinturón y el pantalón. Mis manos recorrían sus cabellos negros mientras veía como su lengua iba lamiéndome. Se deshizo de toda mi ropa y se quedó con mi verga desafiante ante su rostro. Me empezó a besar y a lamer por la base de mis testículos e iba ascendiendo hasta llegar al tallo, y siguió con su lengua subiendo y dejando un rastro de su saliva. Me tenía con una mano agarrado mi trasero y con la otra mano iba zarandeando mi verga, sacando mi prepucio y al llegar a él empezó a recorrer su lengua y se la introdujo poco a poco en su boca. Tan deseoso me encontraba que cerré mis ojos únicamente sintiendo el placer que estaba recibiendo, mis manos permanecían quietas en su cabeza y me dejé llevar, disfrutando del maravilloso oral que me estaba proporcionando.

Mi cuerpo se estremeció al notar unas manos que se introducían por debajo de mis brazos abrazándome por la espalda y sintiendo un cuerpo desnudo apretarse contra mí. Al medio girarme vi a Rocío detrás de mí, sonriéndome, totalmente ruborizada y después de darme un besito en la espalda me pidió permiso para permanecer allí. Me quedé parado, sin entender lo que estaba sucediendo. Miré a Rocío y acto seguido a Nuria que me miraba “lascivamente” y diciéndome, tras una sonrisa, a ver si no me gustaba la sorpresa. No supe que decir y volví de nuevo la mirada hacia Rocío todavía de pie, inmóvil detrás de mi. La observé de arriba abajo. Tenía unos kilos de más, pero la hacía más atractiva. Cada parte de su cuerpo daban ganas de apretujarlo, acariciarlo y sobretodo sus pechos, redondos, grandes, mostrando unas areolas no muy grandes pero si unos pezones gordos como botones.

Y mientras Nuria sentada frente a mi disfrutaba comiéndome la polla, yo empezaba a comerle la boca a Rocío. Saboreaba su lengua en el interior de su boca y acariciaba sus pechos mientras ella me acariciaba los testículos y la zona de la entrepierna. Así seguimos un buen rato y cada vez estaba más y más excitado. Nuria no paraba de chuparme y únicamente la sacaba de su boca para recorrer su lengua por mis testículos o por mi prepucio y Rocío no paraba de acariciarme la entrepierna, los testículos y en ocasiones acariciando y rozando mi agujero anal. Yo seguía lamiendo los voluminosos pechos de mi nueva amiga que estaba riquísimos, recorría mi lengua por su gordo pezón, mordisqueándolo y chupándolo, introduciéndolo en mi boca y succionándolo, mordiéndolo dulcemente mientras Rocío gemía de placer y me repetía una y otra vez que ya tenía todo su coñito húmedo y me incitaba a seguir chupándolos más y más, primero un pecho y luego el otro y seguidamente se juntaba ambos pechos para que recorriese mi lengua de un pezón a otro. Todo aquello ya era demasiado para mí después de las excitaciones previas en el pub y en la playa por lo que tarde poco en notar como mi eyaculación estaba próxima. Noté como se contraía mi musculatura pélvica y empecé a suspirar profundamente, esperando el momento. Mis piernas empezaron a flaquear. Nuria se dio cuenta de que estaba próximo a recibir mi semen y me jaleaba diciéndome que no parase, que quería toda mi leche sobre ella, que quería notar lo calentita que estaba y que llevaba toda la noche queriendo saborearla. Rocío animada por mi excitación y por las palabras de su cómplice amiga y viendo como mi cuerpo se quedaba paralizado por la tremenda excitación, empezó a lamerle el lóbulo de la oreja y a susurrarme lo cachonda que estaba y que deseaba poder sentir luego mi polla dentro suyo… al tiempo que acariciaba y agarraba mis testículos. Nuria aumentó el ritmo de la masturbación con su mano mientras chupaba y succionaba el capullo de mi verga hasta que pude notar por su interior como salía el chorro de mi semen lanzado al interior de la boca de mi amante que le llenó la boca, y en una segunda sacudida, ya mi verga fuera de su boca, fue a parar en sus pechos. En ese momento creí desfallecer del placer que acababa de tener, y suspiraba cerca de los pechos de Rocío.

Cuando abrí los ojos vi como Nuria me sonreía mientras restregaba sobre sus pechos el semen y un pequeño rastro de semen asomaba por la comisura de sus labios. Rocío aprovechó para (jalarme) un poco más mi verga que ya empezaba a aflojar y un leve escalofrío recorrió de nuevo mi cuerpo.

Nuria se levantó y se dirigió al lavabo para limpiarse y Rocío y yo nos recostamos en el sofá, yo exhausto y ella cachonda…

La cosa no quedó ahí evidentemente… pero eso ya será otra historia…

Ángel Mas (angelmasleon@hotmail.com)

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