Provoqué a mi amante para logar lo que quería

Había sido un domingo monótono, últimamente su esposo la rechazaba en los momentos que jugaba para tener sexo y no salían muy a menudo a la calle, estar encerrada entre cuatro paredes le resultaba una tortura.

No quería comenzar la semana ahogada de nuevo en el trabajo, un esposo que no le daba lo que ella quería y una vida tan rutinaria que parecía el reflejo de una etapa adulta que parecía aplastarla con la fuerza de un ladrillo.

Como le sucedía siempre que se sentía así, había comenzado a hablar con su amante desde unas semanas atrás. Conversaban de cosas triviales, de encuentros del pasado, de sus respectivas parejas, hasta que él tocaba el tema de la ropa interior negra, relatos de suspenso, vísceras, sangre y sexo, temas que a ella siempre le hacían pensar en cosas malas y carnales.

Esa noche su esposo trabajaba, ella tenía plena libertad para moverse en casa y su amante, a pesar de estar a kilómetros de distancia, se la quería follar y la estaba atacando en sus puntos débiles.

Ella le seguía la conversación, quería sentirse deseada y provocar reacciones en ese cuerpo que ya había tentado varias veces. Le decía que podían jugar a la víctima y el victimario, que ella podía ser ambas dejándose atravesar las entrañas por un falo y luego, danzar sobre él a su antojo hasta romperlo de placer.

Mientras tanto él respondía que quería que pecaran juntos, que supiera que en los próximos días ella iría a su ciudad y no podían perder esa oportunidad. Eso la encendió, le dijo que sí, que lo quería ver y que se lo quería coger. Para jugar más aún con ese hombre prohibido y placentero, le dijo que iría a bañarse.

Luego de unos minutos, buscó en su armario, se desnudó y se puso un vestido sexy, ropa interior negra y acomodó el cuarto, ese sería su set de seducción. Colocó un libro sobre la cama, se ubicó frente al espejo y se abrió el vestido para dejar a la imaginación sus tetas cubiertas por el sostén negro.

Llamó a su amante y le dijo que abriera su correo electrónico. Una foto con cara de perra, viendo al espejo, un libro en la cama, el vestido abierto y el brassiere apenas a la vista, con el mensaje ¿te gusta lo que ves?

La otra imagen también con el mismo escenario, el libro, el vestido semiabierto, el cabello tapándole la cara y su cuerpo de perfil con el culo levantado. Era una invitación clara.

Al final envió las mismas fotos a su esposo, sin ningún tipo de arrepentimiento y con el mismo mensaje que al amante, sabiendo que a él le tenía más ganas que a su pareja ¿me quieres coger?

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