Quiero que te folles a otra

Estas fueron las palabras que he dijo mi novia hace ya algún tiempo, al poco de empezar nuestra relación.

A mí me pareció estupendo, algo raro, ya que nunca me habían propuesto algo así pero me encantó la idea.

Mi mujer se excitaba y se éxito mucho mirando. Le gusta ver y por eso me pidió que si podía mirar mientras me acostaba con otra tía.

Estuvimos hablando y al final ella encontró la solución. Su amiga íntima Jessica.

Su amiga era la típica choni que está muy buena, con silicona en las tetas y en los morros. Adicta al gimnasio y corta de cerebro. Ideal para su cometido. Follar como una perra.

He de confesar que alguna vez mientras me follaba a mi novia mi cabeza pensaba que me la estaba follando a esta. Pero esto ya entra en las fantasías de cada uno.

Jessica había llegado poco después de comer, a la hora de la siesta y tras llegar ella nos dirigimos a pasar la tarde a la piscina.

Mi mujer ya le había comentado cual era la fantasía que tenía y le había pedido ayuda para esto. Y a Jessica, que le va la marcha se prestó encantada a hacerla realidad.

Estuvimos toda la tarde hablando de tonterías, no abordábamos el tema. Ninguno de los tres. Era extraño todo, porque aun que tuviéramos ganas es como si nos invadiese una vergüenza extraña.

Empezaba ya anochecer y al ser verano eran ya casi las 9 y pico de la noche.

Acabábamos de llegar de la piscina comunitaria del bloque de pisos de donde vivimos. Y aunque tenemos relativamente cerca la playa muchas veces y por comodidad usamos la piscina. Así no llenamos el coche de arena.

Nada más entrar en casa, acercándose por detrás de Jessica Cati le desató el nudo del diminuto bikini rosa.

– Creo que va siendo hora de empezar no? Llevo todo el día queriendo verlo

Jessica estaba de acuerdo, terminándose de sacar la parte superior dejó al descubierto sus tetas perfectas operadas. Ya las tenía muy vistas ya que tanto ella como mi mujer cada vez que íbamos a la playa hacían toples. Pero nunca las había tocado.

Jessica se arrodilló frente a mí, me desabrocho el cordel del bañador, abrió el velcro de la entre pierna y metió su mano.

Agarró mi polla ya medio tiesa y la sacó sin soltarla. Una sonrisa apareció en su cara. Miró a mi mujer a la espera de su aprobación. Pero yo no podía apartar la mirada de esa boca sensual.

Abrió la boca sonriente y sacó su lengua mostrando su piercing blanco en medio de la lengua.

Lamió desde los huevos hasta la punta de mi polla muy despacito, y una vez llegado a la puntita rodeó el glande con sus labios. Con el capullo ya dentro de su boca su lengua juguetona no paraba de darme gustito.

Entonces empezó a mamarme la polla.

Mi novia se sentó en frente de nosotros en la L de la cheslón de nuestro sofá. Se desnudó completamente sin apartar la vista de nosotros y empezó a masturbarse.

No tardó en acercase a la cocina a por un pepino para metérselo.

Jessica y yo nos estábamos acostando no para nuestro disfrute, sino para ver disfrutar a Cati. Ese era nuestro propósito principal.

Tras una buena mamada por parte de Jessica me senté en la otra esquina del sofá en un ángulo para favorecer la visión de Cati. Jessica hizo lo mismo. Se sentó entro los dos, inclinó su cabeza y prosiguió con la mamada.

Cati se recolocó más a la punta del sofá para poder disfrutar más de la visión. Yo veía claramente el coño abierto de mi mujer empalado por un pepino de buenas dimensiones y mi mujer podía ver tranquilamente como mi polla se clavaba en la garganta de Jessica.

Yo estaba muy cachondo, esta situación me ponía muy burro. Todas aquellas fantasías que había tenido con Jessica las estaba realizando ahora y no iba a desperdiciar la oportunidad.

Como no existía amor hacia ésta, sino puro placer sexual empecé a ser más brusco. Le sujeté la cabeza por los pelos de la nuca para que no se moviera y empecé a follarme su boca. Metía y sacaba mi polla hasta tocar su campanilla. Pero yo quería más.

Metí mi polla pero esta vez no la saqué. La dejé justo a la entrada de su garganta. Sujeté la cabeza y seguí empujando. No le veía la cara a Jessica, no me importaba, le veía la cara Cati y podía ver cómo le gustaba lo que estaba viendo.

Jessica intentó escapar del pollazo pero no le dejé. Un Sonido ronco gutural salió de esta mientras forzaba la garganta con mi polla. Noté como se deslizaba hacia su interior.

Seguí hasta meter toda mi polla en su boca. Una de las mejores sensaciones de mi vida, esto no lo había hecho nunca con Cati. Lo estaba disfrutando.

Esperé unos segundos impidiendo que se retirara Jessica, empezaba a resistirse de verdad, entonces la dejé ir. Levantó la cabeza y sacó de golpe la polla de su boca.

Aspiró aire con la boca abierta y la cara roja. Hilos de saliva caían de su boca.

Me miró con odio y pasión mientras jadeaba, pero no le dejé tiempo para pensar. Vi la cara de Cati e intuí que le había gustado. Así que volví a cogerle la cabeza y volví a insertarle la polla hasta que mis huevos tocaron su barbilla.

Lo hice un par de veces más. Jessica salivó como nunca.

Se subió encima de mí dándole la espalda a cati, pero dejando sus tetas a la altura de mi boca. Cogió mi polla la apuntó a la entrada de su coño mojado y se terminó de sentarse encima.

Empezó a cabalgar salvajemente

Noté el olor de Jessica en mi cuerpo y olía muy bien. Estaba sudada, su piel brillaba, sus tetas botaban en cada penetración y sus gemidos se escuchaban por toda la habitación.

Mis manos se posaron en sus nalgas y las agarré con fuerza. Las separé para dejarle una buena visión a mi mujer.

Ésta permanecía quieta encima de mí mientras era yo el que la penetraba. El ritmo de los pollazos aumentaron y mis huevos revotaban en su culo.

– ¿Te gusta cariño, te gusta lo que ves? –

-Me encanta, pero no veo mucho la verdad-

No lo dudamos un segundo, Jessica se levantó, se dio la vuelta y se volvió a sentar encima de mí. Esta vez mirando a Cati.

Puso sus pies encima se mis rodillas y reclinó su cuerpo hacia mi hasta que su piel mojada de sudor se pegó a mi piel.

Intentamos follar en esta posición y nos fue algo difícil. No tengo la polla tan grande como un actor porno profesional y en esa postura apenas llegaba a penetrar a Jessica. Ella lo sabía y nos sorprendió a todos con su gestó.

Levantó la pelvis, se escupió en la mano, se la llevó al culo y lo lubricó con saliva. Cogió mi polla, la apunto al agujero de su culo y suavemente fue bajando la cadera hasta que enteramente mi polla quedó incrustada en su trasero.

Sexo anal en la primera cita! ¿Qué más podía pasar?. Ésta empezó a cabalgar con movimientos rítmicos constantes. Era un culo entrenado.

Lo mejor es que parecía gustarle. Apoyó los pies en el borde del sofá, las manos en el respaldo de este quedando así expuesta a que siguiera yo con el folleteo.

Ella aguantaba inmóvil la postura mientras yo, agarrándola por la cintura la empalaba hasta meterle con brusquedad todo el falo en su interior.

Por desgracia mía apenas pude disfrutar de esta preciosa oportunidad. Apenas unos minutos después y ya en pleno climax no pude aguantar más y empujando con mis fuerzas y evitando que saliera de encima, solté toda mi leche dentro del culo perforado.

Varios espasmos más inevitables recorrieron mi cuerpo mientras mi polla escupía las últimas gotas de leche.

Permanecimos así unos relajantes y afrodisiacos segundos.

Mi mujer al otro lado del sofá, gracias al pepino y a la experiencia de haber realizado su fantasía también había llegado al orgasmo.

Fue un día espectacular. Todo fue genial. Y desde entonces muchas más veces hemos incorporado a Jessica en nuestros juegos sexuales para deleite de Cati. Pero eso ya son otras historias y relatos que contar.

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