Quiero un trío.

Sebastián y yo somos pareja hace un año y medio. Nos amamos, él es para mí y yo para él.

Pero lo cierto es que en el tema cama… no era muy bueno que digamos. A mí me faltaba algo. Quería más.

Una noche, al final tuvimos sexo aunque viniera cansada de trabajar. Acabé y me acosté dándole la espalda. Sebas me abrazó y me dijo, “Eww, ¿qué pasa?” Yo no contestaba. “Me tenés que contar, si no, no lo puedo solucionar, amor.” Así que me di vuelta, y sin pensar, le dije:

-Quiero un trío.

– Ok, dijo él, y se acurrucó conmigo para dormir. Con ese tipo de reacción, pensé que no estaba ni cerca de acuerdo. Me dormí.

Pasaron meses, y un día fue mi cumpleaños. Fuimos a cenar, todo muy lindo. A la vuelta en el taxi veo que agarra su celular, y empieza a escribir. ¿Pasa algo?, le pregunto “No, em, nada, todo bien.” Seguro?, le insisto. Emmm, si amor, todo bien. Me quedé pensando “qué raro!” y seguimos el viaje.

Al llegar a la puerta de casa, iba a abrir la puerta con mis llaves, pero Sebastián me agarró la mano que las sostenía, y me dijo: “no, no, no… no abras la puerta que te tengo una sorpresa.” Me tapó los ojos con una mano, y con la otra abrió la puerta. Apenas entramos me saca la mano de la vista y ahí lo veo: un tipo hermoso con una verga de ensueño, bien grande y dura.

-Feliz cumpleaños. Mi regalo es un trío.

No lo pensé, fui justo hasta el tipo y lo empecé a tocar, mientras Sebastián me sacaba mi vestido negro ajustado. Debajo del vestido había un portaligas… yo también le tenía una sorpresa.

El tipo me agarró y me empezó a besar y a tocar desesperadamente. Sebas miraba, en sus ojos se veía placer al verme gozar. El tipo me quería llevar a la cama, y mi novio le dijo que sí con los ojos. Entonces el tipo me agarró y me llevó hasta la cama, tirándome sobre ella. Se me puso encima, me dio vuelta en un segundo e hizo que lo montara. Ufff, semejante verga adentro era un placer.

Sebas se unió sacándose su boxer negro elastizado. Se la agarré y me sacó la mano, como diciéndome que esa noche no era para él. Empezó a besarme la espalda y luego a tocarme, mientras yo me cabalgaba al tipo. Cuando llegó a mis nalgas sentí su mano rozarme el ano, y me dijo al oído: “Mmm… me dieron ganas de hacerte la cola. Vos qué decís?” Yo lo miré y sentí un dedo adentro, lo que me hizo acabar. Tomó el lubricante, se lo puso, y de a poco empezó a penetrarme por atrás.

Mi cuerpo era como un show de fuegos artificiales, no paraba de explotar. Dos pijas adentro, se sentía genial.

– Ok, cambiá, le dijo Sebastián al tipo. Él obedeció, salió, se dio vuelta y le dejó su lugar. Sebas me sentó sobre él, y empezó a moverse muy fuerte. Mientras el tipo me la metía por atrás. Unos segundos después estaba acabando, pero no hubo tregua, los dos siguieron con su juego, y los orgasmos no tardaban en llegar.

El tipo anuncia que está a punto de acabar. Sebas dijo que también. Ambos salieron, me acostaron de espaldas y se empezaron a masturbar. El tipo me acabó en los pechos y Sebas en la boca. Yo estaba loca de placer.

De repente, el tipo desapareció. Ni lo vi vestirse ni nada. No estaba, pero si estaba Sebas para acariciarme y mirarme.

– ¿Te gustó? me dijo con la respiración entrecortada. Te amo.

– Yo también te amo, mi amor. Y así nos dormimos.

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