Reaparece la fogosa heredera.

Pensaba que todo había acabado ahí, pero…

Me quedé jodido de verdad. Ni en mis mejores sueños podía creerme que me había enganchado tanto de una tía que por la calle no me hubiera ni fijado en ella.

Estuve en shock unos cuantos días intentando comprender como se podía ser tan puta y como había podido dejar que jugasen tanto conmigo. Al quintó día y después de haberme cogido unos días de baja en la oficina, empecé a temer fue por mi trabajo. Ella me había colocado allí y era obvio que en esos momentos, yo era una molestia para la nueva Vice Presidenta de uno de nuestros mayores clientes.

Durante meses no pasó nada en la oficina y después de un gran éxito en la captación de un nuevo cliente y de finalizar la campaña con un éxito aún mayor, mi cara apareció en un especial del diario El País como la nueva estrella emergente en el mundo de la publicidad y el marketing.

En cosa de unas semanas recibí dos irrechazables ofertas de trabajo. Ambas como director general y ambas ofertas presentadas por las dos mayores empresas del sector. Curiosamente habían seguido mi trabajo durante los últimos años, mis cojones durante los últimos años, y querían las dos a un tío dinámico, joven y con ideas para llevar sus agencias. Estando en la posición que estaba, negocie con ambas empresas. Mi idea era no solo ser le que mandaba en España sino que conseguir un puesto como miembro del consejo a nivel europeo. Una empresa me hizo promesas para los siguientes años, la otra jubiló a un “abuelete” de 58 años y me ofrecieron a mi en su asiento. Realmente a Londres tenía que ir muy poco, pero me molaba la idea de ser director general para España y consejero a nivel Europa de la multinacional que me contrataba.

Volvamos al principio. Cinco días después de la noticia, Elena me llamó agitada. Se había enterado de la historia en la oficina. Como no podía ser de otra manera todo el mundo sabía a esas alturas que Rita resultaba que era una rica heredera y que había dejado la empresa para casarse e irse a USA a dirigirla. Elena casi flipaba tanto como yo. Se había metido en internet y había leído toneladas de información sobre nuestra común amiga. Que si novio de toda la vida, que si Opus Dei, que si millones de euros, que si embajador de USA, que si ministro de economía, que si presidente de la junta de Castilla… en fin, flipaba. Quedamos para tomar algo el jueves y hablar, me había notado jodido por teléfono e iba a realizar su buena acción de la semana.

Me recogió puntual en su mini rojo. Muy como era ella, vestía moderna pero provocativa. Minifalda con unas largas calzas en las piernas que se subían hasta la pantorrilla. Zapatos de tacón y blusa abotonada con algún botón de menos abrochado dejando a la vista su poderoso escote.

Picamos un par de cosas y sin dudarlo mucho nos lanzamos a los refrescos, que era como llamábamos entre los amigos de su empresa, mi ex empresa, a la copas.

La sobremesa fue muy divertida. Nos habíamos pasado la cena despellejandola y las copas pasaron a ser unas risas.

– Todavía pienso cuando me folla Rubén y tiene mi coño a reventar, que esta a punto de plantar Rita su coño peludo en mi boca para que chupe. Me pone a 100 pensarlo. ¡Hay que ver lo bien que lo pasábamos!

– Y tanto. Daba gusto veros disfrutar de un 69. Acababais las dos con la boca llena de flujos y una sonrisa en la boca.

– Si, y una lucha de egos a ver quien era la siguiente en recibir tu polla en alguno de sus agujeros.

– No te quejes. Siempre intenté ser imparcial.

– Si, si, pero después de correrse una mujer quiere volver a correrse, y tu y tu herramientas erais el camino hacia ello.

– ¿Crees que ella se acordara de nuestros juegos?

– ¿Con el del Opus?, no lo va a olvidar en su vida. A esta le gusta follar más que a un tonto un lápiz. No dudes que hacía lo que hacía porque le gustaba, no porque quería quemar etapas en su vida. Las etapas se queman una vez, la segunda ya es perversión y placer.

– Sera algo así.

Bebimos y bebimos.. Íbamos totalmente tajados de un bar a otro. Elena me confesaba que le encantaba follar con su nuevo novio, Rubén, pero que pocas veces había disfrutado tanto en su vida como con mi polla partiéndola en dos el culo y con las pocas fuerzas que le quedaban lamer la almeja de la cochina de mi exnovia.

Elena estaba a punto de caer medio muerta por el alcohol. Eran las cuatro de la mañana y no parábamos de cerrar bares. No la podía dejar así por lo que decidí conducir su coche y llevarla a su casa para que por lo menos llegase de una piedra.

– lo que quieres es follarme – me dijo mientras se le trababa la lengua, yo no dije nada simplemente intentaba conducir sin matar a nadie – me llevas a casa para aprovecharte de mi – y reía.

Llegamos a su casa y Elena me intentó besar mientras me agarraba del paquete descojonándose de risa. Yo la aparté amablemente.

– ¿qué pasa?, si no es con Rita por medio no te valgo.

– No es eso Elena. Estas borracha, es tarde y mañana te arrepentirás.

– Sabré yo si me arrepentiré – me decía entre consciente e inconsciente.

La lleve hasta su cama, una cama que recordaba de hacía años, la desnudé, abrí la cama y la posé sobre ella. Realmente la tía estaba buena, pero en ese estado mejor me metía la polla en el bolsillo y no en ella, no sería justo.

Salí al frio de la noche. Ande durante horas. No iba a ir a trabajar al día siguiente que era viernes por lo que me ayudo el andar para despejar la mente y el cuerpo alcohólico que tenía.

Dormí hasta las tantas, me levanté con un resacon de cojones. Me puse un café, abrí mi mail por si había noticia de Rita y comí algo.

A media tarde sonó la puerta. Abrí para ver quien era y ante mi tenía a Elena. Preciosa. Con el pelo recogido, un abrigo cerrado, botas de caña alta y cara de no haber bebido la noche pasada. La odie por ello.

– ¿Tu por aquí?

– Ya ves, volvía del trabajo y decidí venir a pedir disculpas.

– ¿Por qué?

– Por la borrachera de ayer.

– Bueno yo tampoco estaba para dar un conferencia.

– Y por haberte querido meter en mi cama.

– No te preocupes.

– Estaba borracha pero me moría de ganas de sentirte.

– ¿Y Rubén?

– Ya sabes una noche es una noche.

– Ya.

– En fin, quiero que sepas que me lo que a las 9 de la mañana en la oficina me pareció una cagada, a las 11 no me lo parecía tanto, a las 12 me jodía no haberlo hecho, a la una y media me tuve que meter en el baño a desahogarme y a las tres decidí venir aquí – y cuando finalizó de decir ello, se soltó dos botones del abrigo y abriéndolo me mostró su cuerpo totalmente desnudo a falta de las botas. Ni me lo pensé. Mi nabo se puso como un tótem y me lancé sobre ella.

No sé ni como cerré la puerta. Le debí de dar una patada o algo así, pero desde el recibidor a mi habitación le hice soltar el bolso, la despoje del abrigó y la tumbe en mi cama.

Le abrí las piernas y metí mi cabeza entre esos mullidos labios mayores que tanto placer me habían dado meses atrás. Yo lamía con glotonería, Elena gemía y se tocaba las tetas pellizcándose los pezones. No tardó ni 5 minutos en correrse en mi cara. Mi nabo estaba a punto de reventar cuando me incorporé y la puse a cuatro patas. Elena respiraba agitadamente. Abrí sus nalgas y con delicadeza empecé a meter mi dedo en su ano.

– no seas tan fino, sabes lo que tiro, métemelos sin más, cabrón.

Y eso hice, en menos de 30 segundos le metía y sacaba tres dedos de aquel talentoso culo y me disponía a hacer diana con mi polla en él.

– Embísteme cabrón no tengas piedad.

Y no la tuve. Se la metí de golpe, le agarré de las caderas y empecé a meter y sacar hasta el fondo. Se la metía con fuerza y ganas y ella resoplaba y se venía una y otra vez.

– que gusto, por dios, que gusto. Joder que bien que me sodomizas cabrón. Dame más. Agárrame las tetas – y le agarré las tetas que le colgaban y bailaban al compás de mis embestidas.

Se la metía sin pausa. Intentaba alargar todo aquello pues Elena era caza mayor y a saber si eso se repetiría y cuando.

– Que sepas que esto es solo hoy, me ha dado un calentón. Jodeme como quieras pero ni se te ocurra dejar mi culo desocupado. Hazme lo que te plazca.

– ¿Lo que quiera?

– Lo que quieras, quiero irme de aquí con un cálido recuerdo – metí mi mano en el cajón de la mesita de noche, saqué el consolador favorito de Rita y sacando mi polla de su agujero se le metí sin contemplaciones hasta el fondo – ¿qué haces cabrón – me gritó entre salida de un apéndice y entrada del siguiente. El consolador por su tamaño la hizo callar un momento. Pudiéndome alejar de ella agarré unas esposas y sin para de meter y sacar el juguete de su culo le esposé las manos a la espalda. Había esposado muchas veces a muchas, en especial a Rita, pero nunca a Elena. Esta gimió de excitación.

Me di la vuelta, le cogí de la coleta, subí su cabeza y le metí la polla hasta la garganta. Me la estaba follando por la boca y con el cacharro por el culo. Sin prisas pero sin pausas.

Jodimos como leones. No paramos en toda la tarde y la noche, ni el sábado por la mañana, ni por la tarde ni toda la noche del sábado. Practicamos el sexo entre dos en todas sus maneras y formas. Elena juraba que era solo hoy, hoy y ayer, pensaba yo. Solo hoy, solo hoy, ayer y anteayer.

Nos despedimos con su suave beso y una sonrisa. Aquellos momentos vividos con Elena desde el jueves al domingo habían servido no solo como descarga sexual, como aumento de ego al ver a semejante hembra rendida ante mi nabo, pero también como una terapia para olvidar a Rita que se había instalado profundamente en mi corazón.

Aunque volví a follar duro con Elena los siguientes fines de semana, he de decir que durante un tiempo follábamos ambos muy de vez en cuando. Teníamos que estar ambos como hienas sedientas del cuerpo de otro para quedar y montarnos el uno al otro sin cuartel hasta que el fin de semana pasaba. Elena finalmente lo dejó con Rubén, pero con el tiempo fueron y vinieron novios más o menos serios. Yo lo entendía como Elena entendía que por mi cama pasasen tías de todos los pelámenes y condición.

El éxito profesional me acompañaba, ello me llevaba a un éxito económico y por tanto ello me llevaba a un claro éxito con las mujeres, a las cuales atraía con mi frenético ritmo de vida, y encandilaba en cuanto les pistoneaba el coño o ano con mi herramienta de juegos.

Pasaron los años y realmente agradecía la amistad de Elena mientras una tarde se la metía por el culo con rabia enfermiza, Rita hacía mucho que había sido era historia y había sido borrada de mi cabeza, pero durante estos años pasados se había portado fenomenalmente conmigo siendo un gran apoyo.

Con el paso del tiempo Elena y yo pasamos de ser amantes a ser grandes amigos. Yo nunca he llegado a tener una pareja seria y estable, desde luego que he estado con muchas chicas, incluso alguna por cierto periodo de tiempo, pero con Elena la cosa ha sido diferente. Ella ha sido mi amiga, mi confidente, mi paño de lagrimas, mi motivadora, mi coach, mi protegida, mi familia, mi tranquilidad. Por supuesto que a veces follámos, y follámos muy duro, pero nuestra relación no se basa en el sexo y aunque nos preocupamos con quien y cuando el otro tiene un partner sexual, pero sin inmiscuirnos ni sin tener malos rollos.

Mi carrera profesional iba viento en popa. Cada día tenía más peso en la empresa a nivel Europeo. Tenía casi 50 años y ya era miembro del consejo de la empresa a nivel mundial aparte de vicepresidente a nivel europeo.

Le pedí a Elena que se cogiese unos días libres. Había tenido unos meses tremendos de trabajo y viajes y necesitaba desconectar durante una semana en algún lugar perdido. Pensé en llevarme a Roció, una treintañera a la que me follába a menudo, pero Elena había estado cargada de trabajo y ella también necesitaba un descanso.

Ir con Rocío era desde luego una opción muy apetecible. La chica tenía un coño de terciopelo y una cadera que te rompía la pelvis cuando la movía. Una maquina de follar, pero por un lado necesitaba descansar y Rocío no me iba a dejar y por otro la economía de Elena no le permitía este tipo de viajes y de alguna manera le debía este tipo de caprichos de vez en cuando.

Nuestro destino era Belize, donde un precioso hotel overwater, ósea con palafitos individuales y extremadamente exclusivo nos esperaba. Yo tenía que salir de Madrid un par de días antes que mi amiga por lo que nos encontramos en el lodge vip de British en el aeropuerto de Miami. Yo tenía trabajo en Chicago y no me salía a cuenta volver a Madrid y al día siguiente volver a Estados Unidos.

Elena entró en la sala e hizo a más de uno guiar su cabeza. Tenía 50 años, pero desde luego seguía teniendo un buen polvo.

Nos dimos un pico y un fuerte abrazo. Elena me empezó a contar primero su viaje, después su semana y no dejó de hablar hasta que el avión despegaba hacía Belmopán. El viaje dura a penas 3 horas por lo que el potencial de la primera clase no es como en un vuelo internacional.

En la escalerilla del avión nos esperaba un chofer que nos acompañó en un recorrido de menos de 200 metros hasta una avioneta mixta, esto es, que puede aterrizar en una pista o en el agua. En la escalerilla un funcionario nos selló nuestros pasaportes, nos dio la bienvenida y nos permitió subir al aparato. Cosas del poderío económico.

El vuelo fue corto, y aparte de las maravillosas vistas de nuestro hogar por los próximos días, lo único reseñable fue el aterrizaje en el mar, los cuales siempre son algo que hasta al más experimentado acojona, y no poco.

El hotel era sencillamente impresionante. 4 overwaters de increible diseño y a los que se accedía por unas pasarelas de aproximadamente 40 metros de la playa. El restaurante, bar, recepción, gimnasio y demás estaba situados en la playa privada. A lo tonto calculé que debíamos tocar a más de 5 empleados por cada uno de los 8 huéspedes que como mucho podía albergar el hotel en un momento determinado.

Mientras yo realizaba las gestiones en recepción, Elena acompañó a los botones a nuestro palafito con las maletas. Me recibió con una sonrisa en la boca y un beso.

– Es maravilloso. Te estas superando. No me puedo creer que hayas encontrado este paraíso de hoy a mañana.

– Bueno, de hoy a mañana, no diría yo tanto. Le tenía echado el ojo desde hace años.

– Es impresionante. ¡Que sitio!

– Pues lo que no saber es que todo esto es para solo cuatro habitaciones.

– No me jodas. Costara una pasta.

– Ni preguntes…

Bajamos a la playa después de una ducha.

Yo dormía cuando Elena me despertó descojonada de risa.

– Hay que ver que fauna tenemos aquí, llevo fijándome en ese gordo que pasea por la orilla desde hace un rato y me tiene perpleja – yo abrí un ojo.

– ¿Que le pasa al gordo?

– Pues el gordo va de arriba debajo de la playa rezando el rosario.

– ¿Y donde coño le ves un rosario a ese?

– Lleva uno de esos de dedo.

– ¿De dedo?

– Si, de esos que solo llevan un misterio y ayudan a llevar la cuenta de los ave marías.

– Joder, pues hay que ser muy idiota para venir aquí a rezar…habrá que ver quien es el monumento de mujer que le acompaña.

– No veo el momento de verla.

Pasó la tarde y nos retiramos. El gordo no dejó de ir de un lado a otro rezando.

Fuimos a la habitación y nos arreglamos para cenar.

La brisa corría por la pasarela que unía nuestra cabaña con el restaurante, Elena se estremeció por el viento y sus pezones se erizaron bajo su vertido de gasa.

Entramos en el restaurante y vimos al gordo en la única mesa ocupada del local. Su acompañante nos daba la espalda y desde ese ángulo me recordaba a alguien. Era como si a esa persona la conociese.

La mesa que ocupamos no me dejaba ver su cara y lo cierto es que estaba seguro que la conocía.

– perdona Elena, voy a ir al baño.

– Pero abuelete, ¿no aguantas?, measte antes de salir de la habitación.

– No, no es por mear, es por ver la cara de la mujer del gordo.

– Anda, no seas ridículo y ya la veras, nos quedan muchos días – yo hice caso a mi amiga y simplemente le di tiempo al tiempo.

En la mesa del gordo se levantaban, mi curiosidad me estaba matando. Se acercó a la silla de su mujer y le retiró la silla. La señora se levantó y se dio la vuelta. Nada, falsa alarma, no la había visto en mi vida. Otra frígida casada con un pagafantas.

Seguimos la cena y al acabar nos dirigimos al bar.

Dos rondas y el cansancio del viaje, sobre todo para Elena, hizo que esa noche durmiésemos como angelitos.

Sinceramente me gustaba dormir con ella. Al contrario que con otras que una vez folládas pagaría porque se fueran, con Elena era distinto. Me gustaba dormir con ella por sentirla cerca y despertarme a su lado.

Nos lo tomamos con mucha tranquilidad. Tomamos el sol, comimos y cenamos como reyes, nos reímos del gordo y su mujer y follamos un par de noches de la única manera que sabemos.

Solo quedaban dos días en el paraíso cuando yo recibí una llamada. Me necesitaban urgentemente en Nueva York. Era un si o si. No podía aplazarlo por lo que propuse a Elena quedarse ella en el hotel y ya vernos en Madrid por que ya no me daría tiempo a volver.

– joder. ¿No crees que para venirnos una semana de vacaciones el ir y venir sola es un poco demasiado?

– ¿Y que quieres que le haga?

– Llévame contigo.

– ¿Te vendrías a NY conmigo?

– Solo si coges la habitación más alta que haya y me follas duro contra la ventana me voy contigo.

– Te vas a enterar – contesté a modo de amenaza.

– Joder, espera. ¿cuándo volveríamos?

– Piensa que tendríamos que extender un par de días las “vacaciones”

– Coño yo no puedo.

– ¿Por?

– Las vacaciones. En la ofi me esperan.

– ¿Y?

– ¿Cómo que y?, te recuerdo que yo soy una currita, que no soy la jefa de mi pequeña empresa y si digo que el 13 estoy de vuelta no hay excusa en esta vida para no estar el 13 a las 9 de la mañana sentada en mi mesa.

– Bueno, es casi mejor sentase en una silla.

– Eres gilipollas.

– En serio. Hablo con Braulio y le pido el favor. Me debe muchos. Y aunque no me los debiese nadie en la industria de la publicidad me haría un feo – cogí el móvil y mande un whatsapp. No pasó más de cinco minutos hasta que Braulio contestó con un “no problema, que vuelva cuando podáis. Hablo con RRHH para que no se lo cuenten como vacaciones” – solucionado.

La empresa nos envío una avión para llevarnos hasta NYC. Elena disfrutaba de todo este lujo al que yo estaba más que acostumbrado. Pasamos la aduana por la vía express. Una limosina nos esperaba a la salida de la sala de maletas. Nos pasamos hora y medía en el clásico atasco de entrada en Manhattan.

El hotel era una locura, Elena se quedó con la boca abierta cuando vio la habitación, el piso y sobre todo la vidriera.

La deje sola con mi tarjeta de crédito y una autorización. Necesitaba ropa para el frio invierno neoyorkino. Solo llevaba la ropa de playa y no quería que se me congelase. Me dijo que no se pasaría, pero yo sabía que si lo haría y ello me gustaba.

Mientras ella fundía en ropa, yo tenía la primera reunión del día, a la que seguiría una segunda, una tercera y una copa corporativa con parte del consejo de la empresa.

Elena me esperaba ya arreglada. Salimos a cenar, pero debíamos retirarnos pronto. Al día siguiente tenía reunión a las siete de la mañana y no era plan llegar muerto a la misma.

El día fue duro y largo. Elena volvió a salir de compras. La recogí a ultima hora de la tarde. Íbamos a cenar con el vicepresidente de la empresa y su mujer. Conocían a Elena de un viaje a Madrid y se habían caído bien. El restaurante era fantástico, la comida excelente y el servicio increíble. Brian, mi jefe nos llevó a tomar una copa a una nueva discoteca local. Una de esas extravagancias de la gran manzana. El bar era sombrío, y con luces estudiadamente colocadas. La diferencia de este sitio y porque estaba de moda, era básicamente porque en jaulas colgadas del techo y en cabinas de cristal a lo largo del gran local. Parejas, mujeres o hombres realizaban actos sexuales reales. Ósea que en jaulas o cajas de cristal follaban o se masturbaban como macacos ante la vista de todos, eran parte de la decoración, pero una decoración muy excitante, nunca era desagradable ver a mujeres espectaculares follar ante tu presencia. Con Brian había confianza para eso y más.

La noche fue tremendamente excitante y divertida, incluso Elena me propuso invitarles a tomar una copa a nuestra suitte, pero hay líneas que uno no quiere sobre pasar.

Llegamos a la habitación y Elena se metió en el baño, esperé leyendo una revista y cuando salió con un precioso picardías nuevo me metí en el baño con la revista. Tarde un poco pues aparte de mear y cagar me leí el resto del articulo. Me lavé los dientes y al salir me encontré una imagen inigualable.

Elena apoyada sobre la cristalera mirando hacía la calle se masturbaba con un gran vibrador metiendo su mano desde atrás y penetrándose el culo con gran velocidad. Yo me senté en un chester y encendiendo un pitillo y poniéndome una copa me acomodé a ver el espectáculo.

Elena gemía a cada penetración del aparato de goma. Solo oía el ruido del acondicionador de aire de la habitación, sus gemidos y el vibrar del aparato. Elena acabó con un sonoro gemido y se dejo caer dejando una mancha de sudor en el cristal. Abrí mi batín y agarrando mi ya dura polla me acerqué a ella, le bese el cuello y abriendo sus piernas la penetré el coño desde atrás sin sacar el vibrador que aun se movía en sus entrañas.

Follámos como bestias hasta altas horas de la mañana. Era extremadamente excitante sentir el cuerpo de tamaña hembra mientras a nuestro frente la ciudad que nunca duerme y sus luces mostraban su grandeza. Sus desnudas tetas se aplastaban contra el cristal. De no haber estado en una planta tan alta hubiésemos acaba detenidos, pero allí a esa altura la noche era nuestra

Nos corrimos al unísono y caímos rendidos sobre la moqueta de la habitación. Nos costó levantarnos y llegar a la cama. Permanecimos encajados durante largos minutos.

Dormimos como angelitos.

Dedicamos el último día de NYC yo trabajando y Elena fundiendo del todo mi tarjeta.

Solo nos quedaba esa noche en la ciudad que nunca duerme, nosotros lo hicimos. Nos levantamos tarde al día siguiente. El avión salía a las 3 de la tarde por lo que teníamos un par de horas para tomarnos un café y pasear por las frías calles de la ciudad.

Después de un viaje de 90 minutos en limosina llegamos al JFK y después de facturar las numerosas maletas que Elena había acumulado, pasamos a la sala de embarqué.

Elena subió al avión antes que yo, pues yo me quede mirando unos libros. Una de las ventajas de volar en primera es el poder subir cuando uno quiere sin hacer colas.

Compre unos libros y subí al avión. Me quedé de piedra cuando en el ancho pasillo de primera vi a Elena hablando con una desconocida Rita. Si, mi Rita, nuestra Rita, la que me dejó colgado 10 años atrás. No había cambiado mucho, hombre, tenía 10 años más y se le notaban en las líneas de expresión. Vestía muy tipo monja. Muy conservadora.

Ambas charlaban entre felices y sorprendidas. Rita no se sorprendió cunado me vio aparecer, evidentemente Elena le había adelantado que viajábamos pronto.

Yo no sabía que hacer o decir. Simplemente le saludé con dos besos como si nos hubiésemos visto hacía relativamente poco. Rita nos presentó a su marido como si ello fuese la cosa más normal del mundo. Rodolfo era un hombre con pinta de cura, bajo, entrado en kilos y un poco soso. Nos acomodamos cada pareja en sus butacas e iniciamos el vuelo.

Habían pasado dos horas cuando Elena fue al baño, me pareció una buena idea y la seguí. Cuando llegué ella ya estaba dentro, todos en primera dormían. Elena salió, le di un pico y entré yo.

Elena y Rita hablaban en la puerta del baño cuando yo salí.

Me uní a la conversación y hablamos durante más de una hora. En ningún momento ni Elena ni yo hablamos de su desaparición, pero si recordamos muchas anécdotas.

Rita nos contó que vivian en USA e iban a España por una reunión del consejo de una de sus empresas. Irían directos a Palencia aunque después se quedarían unos días en Madrid, al menos ella. Evidentemente no tenían hijos. Nos contó que ambos eran miembros del Opus Dei. Las cosas habían cambiado mucho y ya no hacía ni de lejos las locuras de antaño.

Nos despedimos al llegar a Madrid. A ellos les esperaba un chofer y nosotros cogimos un taxi. No llegamos a quedar en volver a vernos.

Ambos volvimos a nuestras oficinas. La semana iba a ser larga.

Me volví a encontrar a Rita a la salida de una reunión. Ella salía del museo Sorolla y casi nos chocamos literalmente el uno contra el otro.

Mandaba huevos. 10 años sin saber de ella y en cinco días me la encontraba dos veces. Dude entre saludarla e irme, pero viendo que los dos nos habíamos quedado callados le ofrecí un café.

Nos sentamos en un Starbucks, me imagino que ambos hubiésemos preferido algo más selecto, pero había uno cerca y allí nos sentamos.

Le conté con bastante detalle como me había ido la vida, mi historia con Elena y sabiendo que la iba a escandalizar le hablé de mis otras amiguitas.

Rita sacó el tema de lo nuestro. Me contó que salía con Rodolfo desde la universidad, que había ido a vivir a Madrid para alejarse un poco de su destino laboral, ósea dirigir el imperio de su padre. Le valía cualquier cosa por lo que un puesto de casi administrativa le venía como anillo al dedo. No había logrado hacer demasiadas amistades y cuando acabó conmigo en la cama, descubrió un mundo que no creía que existiese. Evidentemente no era virgen, pero toda su experiencia sexual se limitaba a tres encuentros, desde luego ninguno con su ahora marido que se mantenía virgen para ella y su futuro matrimonio. Me pidió perdón una y otra vez. Me confesó que aunque tenía que haber parado aquello cada día que pasamos juntos no pudo dejar de sentir mi polla y su sensualidad hasta que ya fue demasiado tarde y tuvo que irse a Palencia para definitivamente casarse. Me juró y me perjuró que aquellas noches fueron las mejores de su vida, pero que la vida había cambiado y había vuelto a ser la misma mujer que era antes de conocerme. Me pidió perdón por no habérmelo confesado antes. Cada vez que sacaba mi polla de alguno de sus agujeros quería confesarlo, pero nunca había podido.

Yo traté de tranquilizarla y le puse una mano en la pierna. Rita dio un respingo y soltó un casi inaudible gemido. Intenté quitarla pero ella me la agarró.

– Rodolfo sigue en Palencia y no volverá hasta mañana y solo para recogerme y llevarme al aeropuerto, tenía que pasar por la notaria y después comer con unos socios. Vayamos a comer, por lo viejos tiempos – no me atraía nada la idea, pero realmente no tenía otra cosa que hacer y decidí aceptar su propuesta. Llamé a mi restaurante favorito y reservé una mesa. Acabamos con tranquilidad el café y parando un taxi nos dirigimos hacía Viridiana des pues de avisar en la oficina que no iba a volver.

Abraham García nos atendió como en él es habitual. Comimos de maravilla. No pude evitar mandarle un whatsapp a Elena diciéndole con quien cenaba.

Rita siguió con su monologo. Me confesó lo mucho que le costaba no tocarse pensando en lo que habíamos hecho. Le cambió la cara cuando le comenté que no era raro que me acordase de ella cuando sodomizaba a alguna zorra. Sus pequeños pezones delataban que de nuevo Rita, la conservadora Rita volvía a sentir recuerdos pasados.

Tres copas después y en la puerta del Palace cuando me proponía despedirme de ella después de una tarde de confesiones y sensaciones raras, Rita dio un paso.

– ¿Y una copa en mi suitte?

Simplemente sonreí.

Rita se lanzó sobre mi sin dejar tiempo a cerrar la puerta. Sabía de sobra a que había subido. A la pequeña monja castellana le había vuelto a picar el chocho y deseaba vivir por lo menos un nuevo asalto y que alguien la volviese a tratar como una zorra, aunque fuese por una única tarde.

– por favor, jódeme como me jodias. Solo será hoy pero quiero volver a sentir lo que sentía.

La desnudé destrozando sus ropas. La quería tratar como a la puta que era. La dejé en pelotas después de romper su camisa, sujetador, cremallera de su falda y sus aburridas bragas. Todo era ropa pasada de moda y muy conservadora. Seguía sin tener un cuerpo de quitar el hipo, no había engordado, pero sus carnes habían perdido su firmeza. Sus pechos seguían siendo una birria.

Le puse la mano en su cabeza y sacando mi polla del pantalón se la puse en la cara. Esperaba que Rita la mirase con rareza o dudas, pero la cogió con la mano con firmeza y se la endiño en la boca de solo golpe de cuello.

Rita mamó mi polla durante un buen rato. Yo le dejaba hacer y procuraba tomármelo con calma. Tenía curiosidad por ver si se iba a empezar a tocar el coño o no. Hace 10 años no se hubiese demorado, por ahora no se había tocado.

Con mi móvil fotografié a Rita vista desde arriba. Se la saqué de la polla y ella se me quedó mirando.

– métela donde estaba, no me hagas sufrir más por dios – me rogó.

Me alejé y la dejé de rodillas sola y desnuda en medio de su suitte. Cogí un cordel de las cortinas. La puse a cuatro patas en la cama y le até las muñecas con el cordón. Rita moría de excitación, su respiración era acelerada.

Cogí una de sus medias y le tapé los ojos con ella.

– No, no, quiero ver como me follas.

No le hice ni caso. Cogí mi móvil y la fotografié. Abrí el whatsapp y le escribí a Elena.

– Coge artillería en tu casa, coge un taxi y vente a la 215 del Palace. Necesito tu ayuda. – y le mandé una foto de nuestra amiga desnuda y entregada. Elena a esas horas estaría a punto de salir de la oficina. No esperé respuesta, sabía cual iba a ser.

Le puse un dedo en su cerrado ano. Rita dio un respingo.

– Con cuidado mi amor, por ahí hace diez años que no lo utilizó – gimió asustada.

No tuve el más mínimo miramiento y poniendo mi cipote en la entrada de su ano empecé a meterlo con cuidado de no desgarrarla pero sin darle ninguna pausa a la penetración, olvidándome si le dolía o no. Rita gritó de dolor pero insistió en que no parase pero que fuese con cuidado. Mis huevos chocaron con su monte de venus. Aguanté un segundo con mi polla totalmente envainada en su ano y cogiéndola por las caderas empecé a mover mi pelvis sodomizándola poco a poco.

Rita no decía palabra, en la ventana de la habitación podía ver reflejada la cara de la mujer con la boca abierta y un gestó de dolor en ella. Pasaron más de 5 minutos hasta que Rita empezó a gemir y empezar a soltar palabras de gozo. Metí mi mano entre nuestras caderas y alcancé su coño que empecé a frotar al compás de mis metidas.

Me resistía a dejarme llevar por mi naturaleza y joderla con fuerza. Aquello era solo preámbulo a la espera de la llegada de Elena.

Habían pasado 10 minutos más cuando mi compañera de correrías entró por la puerta. Me sonrió, se acercó, me besó en la boca y dejando una bolsa abierta en la cama de donde salían multitud de juguetes eróticos, empezó a desnudarse. Como en aquella ocasión hacía más de 10 años abrió sus piernas, agarró a Rita de su moño y subiéndole su cabeza le puso su boca en su coño. Elena le quitó la venda y ella abrió los ojos como platos al ver quien la empujaba a lamer. Dio un largo lengüetazo y con su lengua recorrió la raja de mi amiga quien sonrió ante la sensación de la lamida.

Empezaba la batalla.

Elena empezó a disfrutar de la chupada de su vagina, Rita había perdido la practica y no conseguía en esa posición lamer como dios manda a la vez de recibir descarga tras descarga de pollazos. La publicista se subió a la cama tumbándose en el cabecero de la misma y abriendo las piernas volvió a colocar la cabeza de Rita en su raja.

10 minutos de vaivén llevaron a las dos chicas a un tremendo orgasmo casi simultaneo. Yo no me corrí, ya no tenía 18 años y no podía desaprovechar mi lefa como antes lo hacía.

Rita necesitaba un descaso por lo que Elena se tumbó en la cama, abrió sus piernas y me mostró su rasurado coño. La penetré de un solo golpe. Sabía de sobra que mi coño favorito aceptaba todo tipo de penetraciones sin problemas. Rita se quedó parada viéndonos.

– Siéntate a mi boca tonta – le dijo Elena sonriendo. Rita no lo dudó, mirando hacía mi, se puso a horcajadas en la cara de Elena y apoyó su coño en su cara. Elena apartó el espeso bello del coño de nuestra invitada empezó a lamer.

Una pequeña cruz de oro rebotaba en los pequeños pechos de la palentina, sus pezones delataban su excitación. Rita se acercaba a mi para ser besada mientras entraba de nuevo en bucle ante el placer que Elena le regalaba. Mis manos iban de los grandes pechos de una y las tetas diminutas de la otra.

Su móvil no había dejado de vibrar, nadie hizo el menos intento de ver quien llamaba, estábamos a otra cosa.

Pasamos horas jodiendo. Rita era la reina y en cuatro horas la hicimos recuperar toda la lascivia que había perdido en los últimos 10 años. Jugamos con ella como con una muñeca sexual. El comimos todo, la sodomizamos sin piedad, la atamos entre los dos, las masturbamos con todos y cada uno de los juguetes que Elena había traído. La imagen de ver a Rita atada con un vibrador en su culo y otro en su coño me retrotraían a tiempos felices en los que la vida me permitían gozar de ella sin tantas obligaciones ni trabajo.

Las deje a las dos chicas comiéndose mutuamente el coño. Me había corrido en la boca de Rita y necesita rellenar el deposito para la traca final. Era muy tarde y al día siguiente teníamos que trabajar. Rita esperaba a su marido que la recogería el día siguiente en el hotel para ir al mediodía al aeropuerto. Teníamos tiempo, pero no todo el del mundo. Eran las doce de la noche, me puse una copa y fumándome un cigarro contemplé como mis dos amigas se devoraban una a otra. Gritaron de placer al correrse. Elena se dio la vuelta y tumbándose junto a su vieja amiga empezó a acariciarse suavemente mientras se daban tiernos besos en la boca y se susurraban cosas al oido.

Pensé en levantar el kiosko y dejar aquel reencuentro para mejor momento. Era tarde y el día siguiente iba a ser un infierno.

Solté una indirecta.

– Me duele todo, pero antes de iros por favor dame un ultimo repaso. Necesito sentir tu polla por una última vez – ni me lo pensé.

Me levanté, le di la vuelta a la palentina, le metí dos dedos en el culo, cogí un plug de la mesita de noche y se lo metí en todo el culo. Le di la vuelta de nuevo, le abrí las piernas y la penetré de un solo golpe. Mi polla chocaba en su interior con el negro juguete de plástico duro. El coño de Rita era un manantial de flujo que no solo bañaba mis piernas y cojones sino que estaban dejando la cama perdida.

Elena se fue al baño, encendió un cigarrillo y se lo fumo acabando mi copa mientras veía como su amiga ya con el moño deshecho y su cabello cayendo por su cara se retorcía de placer.

– todavía me acuerdo muchas noches cuando me penetraste por ultima vez. No pares por favor- gemía

Tenía mi polla como un mástil, aquello me estaba poniendo mucho. Ver a mi vieja amante, la que había desaparecido jodiéndome vivo, retorcerse con mi polla, me ponía a cien.

Elena se acercó a mi espalda y clavándome sus tetas en mi espalda me beso el cuello. Estaba seguro que Elena no tenía ninguna duda de que ella era mi chica, habíamos compartido a otras personas a lo largo de los años, pero ella siempre era y siempre será mi chica y lo sabía.

– siéntate en mi boca Elena – gimió Rita. Estaba claro que quería llevarse un buen sabor de boca de nuestro encuentro. Estaba claro que estas cosas no las hacía todos los días y quería aprovechar.

Elena dejó mi espalda, se subió en la boca y abriendo sus labios mayores, depositó su húmedo coño en la boca de Rita. Rita estiró su lengua y la introdujo en aquella chorreante cavidad.

Elena empezó a tocarse las tetas mientras recibía las chupadas, yo machaba el sexo de Rita con todas mis fuerzas. Quería correrme por segunda vez y aceleraba mis envestidas para acercarme a ello.

Elena y yo gritábamos, Rita gemía como una posesa, estábamos a punto. La puerta de la habitación se abrió, Elena y yo giramos nuestras cabezas. Rodolfo nos contemplaba con los ojos como platos, de su mano se soltó su bolsa de viaje. Yo paré mi percusión, Elena paró sus dedos alrededor de sus pezones. Rita que con las piernas de Elena no podía ver ni casi escuchar lo que pasaba su alrededor, soltó el coño de Elena y grito al no oírse

– Joder, no pares sigue partiéndome en dos, me encanta como me follas.

No fue hasta que Elena levantó un poco sus caderas cuando Rita vio lo mismo que nosotros veíamos con la boca abierta. Evidentemente el tal Rodolfo había llegado antes de tiempo.

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