Recuerdos playeros

-Tranquilízate mujer, que solo va a ser por un par de días- Terminó por decirle mi padre a mama. Estaba intentado inútilmente que se calmara un poco, pero aquella tarea era ardua y difícil.

Ya nos había hecho saber a los dos que no le parecía nada bien el que me fuera a la casa del tío Miguel, ambos afirmamos con la cabeza mientras ella seguía hablando.

-Debía haber alguna otra alternativa-murmuró en voz alta.

-Buscaríamos a algún otro familiar con el que yo me pudiera quedar-pero ambos hicimos un gesto negativo.

“¿Con qué otra persona de la familia podría quedarme, si no era con él tío Miguel?”-Pensamos los tres en silencio

“Inútil era pretender que me fuera con alguna de las tías que vivían en Ronda… ¡Estaban a casi seiscientos kilómetros de casa y no había ni tren ni autobús que me llevara de forma directa hasta allí sin tener que hacer varios trasbordos!”

-¡Tiene que haber alguna otra alternativa!- Volvió a decir mi madre.

-Puedo quedarme aquí yo solo- murmuré sabiendo que no tardarían mucho alguno de los dos en decirme que de ninguna manera permitirían tal cosa

“Solo se iban a ausentar un fin de semana, podría arreglármelas” –Pensé yo, aunque sin saber muy bien porque deseaba que la opción de irme con el tío Miguel fuera finalmente la elegida por todos

-¡Ni hablar!- argumentó mi madre dando a entender con esa respuesta que le gustara o no la idea. Esa era, una mucho mejor solución que la de dejarme solo en casa durante todo ese tiempo.

-¡Hecho entonces!,… chico, prepara tu maleta que te vas a pasar unos días con el Tío Miguel- dijo mi padre con una sonrisa en la cara.

-¡Pero si ese borracho no sabe ni cuidar de sí mismo! ¿Cómo pretendes que logre cuidar del crio?

Al final mi madre terminó estallando y supe que papa tardaría también poco en hacerlo.

(Lo haría, como es normal, para defender el mancillado honor de su hermano)

-¿Quieres que empecemos otra vez con eso? Eres tú la que has organizado este viaje. Si quieres, llama a esa Psicóloga de los cojones y le dices que no hace falta que vayamos a ningún sitio para hablar de lo nuestro porque no hay nada de lo que hablar.

Toda esta discusión llevaba ya produciéndose un día tras otro y cada vez por la tontería más absurda. Llevaban tanto tiempo peleándose que había empezado a olvidar si es que alguna vez se llevaron bien los dos.

Sabía que hacía bastante tiempo que no se querían. No había más que ver la cara de desprecio con la que se miraban cuando hablaban y las “pullitas” que se tiraban el uno al otro aun cuando yo todavía estaba presente.

Al ver cómo empezaban a discutir de nuevo comencé a pensar en lo injustos que eran esos dos egoístas con mi tío Miguel. No había porque meterlo en sus líos de matrimonio casi acabado, pues mi tío lo había pasado bastante mal últimamente.

Desde que se prejubilara de la telefónica la vida no le había ido precisamente bien. Su mujer lo había dejado y él se había terminado dando a la bebida. No era tampoco un borracho como afirmaba mi madre sino un hombre que al no tener a nadie que le esperara en casa pasaba más tiempo de la cuenta en el bar. Eso es lo que decía mi padre, eso sin con tan poco convencimiento en sus palabras que mi madre no tardaba en rematarlas con la reiterada frase.

-¡No es más que un borracho!

La tía Julia y el tío Miguel no habían llegado a tener hijos y en esos momentos yo era lo más parecido que tendrían a un heredero.

Me imaginaba, pues, con esa moto en la que tanto me gustaba subirme, o esa casa por la que solía correr sin restricción alguna y pensaba en que todo eso sería mío cuando mi tío, dios no lo quiera, nos faltara para siempre. No es que el Tío Miguel fuera millonario ni nada por el estilo, pero la verdad es que la suerte no le había ido del todo mal y gozaba de una posición económica bastante acomodada.

Cuando era pequeño me pasaba las tardes en su casa jugando con él a las cartas, al dominó y a todo tipo de juegos de bares, hasta me enseñó a jugar al ajedrez. Pero desde un tiempo hasta esta parte y después de que se mudara a la ciudad donde vivía de alquiler (esto lo hizo justo después de separarse), nos habíamos distanciado un poco.

Alguna vez fui a visitarlo en compañía de mi padre, pero casi nunca estaba en casa.

(Esto me lo decía mi padre después de haber subido el solo hasta su piso y encontrarlo en un estado tan lamentable que le daba hasta vergüenza de que lo viera yo)

(Se lo confesaba a mama mediante cuchicheos, para que no los oyera, pero yo no era sordo)

“Algún día le confesaría a mi tío todas las cosas que, esos dos infelices, decían y opinaban de él. Lo tenía más que claro cuando se enterara el tío Miguel no dudaría en eliminarlos de su testamento. Quedando, por fin, toda su herencia para mí solo”

Para mi madre, mi querido y adorado tío, no era más que un borracho y un sinvergüenza.

Para mi padre era su hermano, y por tanto lo defendería a uñas y dientes hiciera lo que hiciera con su vida.

Iba camino de su casa en el tren rememorando todo esto. Dudando en cómo sería nuestro reencuentro después de tantos años y volcado en mi avaricia adolescente. Quizás si le comía un poco la cabeza terminaría comprándome esa videoconsola de la que todo el mundo hablaba.

No me costaría mucho convencerlo y el hecho de que fuera su único sobrino ayudaba bastante a que tuviera esa clase de atenciones conmigo.

Prefería dedicar mis pensamientos de esa forma tan consumista antes que dejar que en mi atormentada cabeza de adolescente a punto de ver como se separaban su padres, me vinieran de nuevo los pensamientos de porque estaba viajando en ese tren.

Si mis padres no lograban superar ese campamento de convivencia con una serie de parejas a punto de separarse, sería el fin de su matrimonio. Puede que mi padre también se mudara a la ciudad, pues era evidente que su relación había llegado hasta tal punto que no podrían verse ya ni en el mismo pueblo.

Yo me quedaría con mama, encerrado en una casa que me comía y rodeado de gente a la que despreciaba. En eso se terminaban convirtiendo los hijos de padres divorciados y yo no quería pasar por ahí.

(Mi madre por supuesto tampoco había visto bien el que tuviera que ir solo en ese tren pero qué podría pasarme) Me subía en una estación donde estaban mis padres y me bajaría en otra donde me recogería mi tío.

-¡Tampoco era tan peligroso, como se suponía!-Tercio mi padre al oírla refunfuñar en la estación

Cuando llegué a mi destino y me bajé del tren noté como hacía mucho más calor que cuando me subí hace apenas dos horas. Observé a la gente abrazándose y besándose. Lo hacían con familiares a los que llevaban tiempo sin ver y pensé como a pesar de todo lo que estaba viviendo en casa todavía quedaban en el mundo personas que se querían y apreciaban. Pero lo peor estaba por llegar, ya que nadie en el andén me estaba esperando.

Mire el reloj durante unos segundos, viendo como la gente se iba alejando por los andenes, dejándome solo junto a las vías. Volví a mirar mi reloj y hasta lo comparé con la hora que marcaba el gigante reloj de agujas que había en los andenes.

Intentaba asegurarme de que había llegado a la hora acordada. Seguí por mirar hacia un lado y al otro pero nadie me esperaba.

Tampoco nadie apareció corriendo en los desiertos andenes pidiéndome disculpas por el retraso.

“Definitivamente mi Tío no había ido a buscarme a la estación”

Me senté en un banco y comencé a pensar en dónde podría estar mi querido y desde ese momento informal tío.

Mi primera intuición me falló de manera rotunda, pues al entrar en el bar de la estación no lo encontré en la barra bebiendo, como hubiera sido de esperar, así que volví al banco para seguir esperando.

Diez minutos más tarde y más cabreado que mi madre cuando me vio subir a ese tren me dirigí hacía los aseos de la estación dispuesto a echar una meada antes de volver al banco, donde esperaría un poco más antes de llamar a casa.

Cuando entré en esos baños me di de bruces con una realidad que no esperaba encontrar. Mi tío Miguel, estaba allí, al parecer más tiempo del que yo llevaba esperando y mientras meaba en un urinario, o al menos fingía hacer eso, tenía a su lado a un joven que le agarraba la polla.

El grueso y venoso rabo del tío Miguel en lugar de expulsar el amarillo líquido era agitado con cierta virulencia y rapidez. Era evidente que el joven andaba algo nervioso por encontrarse haciendo semejantes cochinadas en un lugar público

Mi tío parecía estar más tranquilo y de hecho parecía disfrutar con la paja que le estaban haciendo, pues se entretenía en sobetear el joven culo del chico por dentro de sus bermudas. Por la altura a la que estaba colocada su mano y la forma en la que se movía juraría que le estaba dedeando el ojete al vicioso chaval

Podríais pensar que lo que os cuento no es cierto pues a esas edades los adolescentes fantaseamos con cosas, pero os juro que lo que vi fue real.

La mano del adolescente se agitaba con ritmo, haciendo un buen pajote a mi querido tío que lo miraba, sonriente, ajeno a mi molesta presencia.

El joven pervertido gemía como una perra al sentirse penetrado de forma tan burda. Todo aquello era sucio y vil por eso decidí delatar mi perturbadora presencia

El sonido de mis pies, y sobretodo el ruido que hizo mi mochila al caer pesadamente al suelo, los alertó a los dos.

El joven muchacho volvió a coger su polla mientras que mi descarado Tío Miguel, se volvió y al ver que era yo me saludó como si tal cosa.

-Hombre sobrino ya ha llegado tu tren.

Saco la mano del profanado ojete dándome a entender por la forma en la que vi como se relajaba ese juvenil cuerpo que el dedo invasor de mi tío se había clavado y bien dentro de ese mozo

-Si llevo un rato esperándote ahí fuera-Le recriminé

Me coloqué a mear al otro lado del joven que me miró nervioso. Llevaba una mochila a sus espaldas y por lo visto a él tampoco habían venido a buscarlo.

“Por eso se dedicaba a pajear pollas en los aseos de la estación… Pollas que por cierto pertenecían a los tíos de otros”

Yo le devolví una mirada reprobatoria en la que le hacía saber que lo había visto todo.

-Pues fíjate que no he oído ni el tren. Dijo mi tío mientras simulaba que se la sacudía para limpiar las últimas gotas de orina.

-¿Tú lo has oído llegar?-Le preguntó al mochilero que lo miró durante unos instantes confundido.

-No, yo tampoco oí llegar ese tren.

-¡Tú que vas a oír mariconazo!, si estabas más pendiente de sobarle la polla a mi tío que de escuchar los sonidos que pudieran delatarte haciéndolo- estuve a punto de soltarle a ese aprendiz de santurrón.

En esos momentos, el de la mochila, no sabía ni dónde meterse ni hacía donde mirar.

Mi tío, que llevaba puestas unas bermudas de flores y una camiseta de tirantes por la que se salían la mayor parte de los pelos que le crecían en el pecho, se la había guardado ya y esperaba pacientemente a que yo terminara de mear y ya de paso a que se le bajara un poco la tremenda hinchazón que abultaba su entrepierna.

Tenía algo de barriga por lo que no entendía muy bien que era eso que le podía haber parecido tan atractivo al muchachote de la mochila que salió escopeteado del baño después de simular también que terminaba de orinar.

El tío Miguel lo observó perderse con cierta pena en su rostro. Realmente de no haberme tenido allí es posible que ese joven no se hubiera ido con tanta gracilidad. Lo había hecho con las piernas algo abiertas después de que lo encularan dentro de esos baños.

No hablamos del tema ni cuando íbamos hasta su casa en la furgoneta, ni mientras cenábamos algo antes de acostarnos.

Quizás porque mi tío pensaría que yo no había visto nada inapropiado para mi edad

También porque en el fondo ese chavalote no estaba haciendo nada que me pareciera del todo inapropiado para con mi tío. Al fin y al cabo una vez, hace ya bastante tiempo, yo también le pajee alguna vez la polla a mi tío Miguel.

Por lo menos ese joven no se había visto obligado a metérsela en la boca,… como si me había ocurrido a mí.

No era, por tanto, como estáis viendo, la primera vez que con mi tío Miguel pasaban “cosas raras”.

★★★ [Cosas raras]

(Unos cuantos años antes)

Podríamos interpretar como un extraño comportamiento esa rara costumbre que siempre han tenido los adultos de tener que irse un rato a dormir justo después de comer.

A esto se le suele decir, aquí en mi país, “ir a dormir la siesta”.

No soy una persona que esté en contra de esta costumbre pero nunca entendí él porque yo debía acompañarlos si no tenía nada de sueño.

Para mí era todo un rollazo, el tener que perder una o dos horas de mi vida cada tarde, porque según mi madre eso era bueno para mi salud y me tendría más relajado durante el resto del día.

Como me costaba entrar por el aro debía ir a dormir la siesta y compartir cama justo en medio de papa y mama.

(Ellos pretendían evitar que me levantara y deambulara por la casa enredando y haciendo ruido)

Pero el caso es que quisieran o no que me durmiera en la cama con ellos, siempre terminaba con alguna ostia por estar revolviendo la cama sin dejar dormir ni a dios (mi padre) ni a la virgen (mi madre).

Encontramos una especie de solución que no era otra que la de pasarme a dormir, o por lo menos fingir que lo hacía, a la cama de los tíos.

En ella dormían mi tío y mi tía. Pero con unas ciertas salvedades. La tía Julia no se acostaba a la vez que él, por lo que disponía de más cama en la que moverme sin despertar a mi durmiente tío que sin prestarme atención alguna solía roncar a mi lado.

Cuando la tía acaba de fregar los platos de la comida, o después de ver la telenovela, Se venía para la cama donde ambos estábamos ya dormidos. Otras veces ni venía, pero al parecer ninguno de los dos necesitaba de su presencia en la cama durante la hora de la siesta.

El Tío Miguel, como es normal, siempre dormía en calzoncillos y roncaba, casi tanto o más que mi padre.

Cada tarde miraba al techo de la habitación imaginándome cuantas cosas podría estar haciendo en esos momentos en lugar de estar soportando semejante encierro. Aburrido como una ostra empecé a comparar el cuerpo de papa y el de mi tío buscando las diferencias que pudiera encontrar.

Ambos cuerpos eran de una altura similar y sus pechos andaban más o menos igual de desarrollados.

En mi más absoluta inocencia me empeñe por comparar aquel verano a esos adultos sin saber que detrás de aquella conducta pudiera haber algo mucho más oscuro y perverso.

A veces cuando la tía llegaba a la cama me encontraba incorporado en ella mirando embobado como mi tío roncaba sonoramente. Con una sonrisa me ordenaba acostarme también mientras se quitaba el delantal y el vestido para meterse también en bragas en la cama.

Aquel verano en la casa de la playa que alquilaban de forma conjunta, con mis padres, hacía demasiado calor, por lo que también vi normal esa actitud en mi tía, pero con la salvedad que el cuerpo de esta no me resultaba tan atrayente como el de mi tío o el de papa.

Tampoco nunca comparé el cuerpo de mama con el de mi tía, pero en este caso si tenía explicación para no hacerlo ya que ellas no eran hermanas.

Un buen detective, como el que yo pretendía ser, no deja pasar ningún detalle desapercibido y algo parecido debía de pasarme a mi cuando descubrí como el cuerpo de mi tío mientras dormía se comportaba de una forma un tanto extraña.

“Hacía cosas raras”

Cada tarde, ese calzoncillo solía abultarse y lo hacía cuando el tío Miguel se quedaba dormido. A veces la tela se movía mientras mis ojos extrañados observaban como el paquete iba engordando.

Murmuraba en sueños y algunas veces llegó a hablar cuando mi mano se posó en esa parte.

La primera vez pensé lleno de miedo que mi tío se habría despertado, pero me equivocaba. De su boca salieron un par de frases ininteligibles y su pito se agitó haciendo que mi mano notara el movimiento.

Fue como un latigazo, esa polla hinchada se retorció al contacto con mi mano y se erizó todavía más

Me aparté lleno de miedo y no volví a probar hasta el día siguiente en el que al fijarme de nuevo en su calzoncillo.

Lo vi abultarse, hincharse y agitarse.

“Era como si algo vivo se estuviera moviendo ahí debajo. ¿Pero el qué?”

Cuando levanté el elástico con cierta curiosidad para comprobar que lo que se hinchaba y se movía no era otra cosa que su propio pito me quede de piedra.

“¿Por qué le pasaba esto a su polla?”

Miré hacía mi calzoncillo, pero mi pene no se movió ni se hinchó.

Llegué a tocármelo e incluso hasta apretármelo con fuerza, pero nada mi pene no reaccionaba de la misma forma en la que lo hacía la polla de mi Tío

Intrigado toqué lo que ya sabía que había ahí debajo y al contacto con mi mano, y aunque estaba la tela del calzoncillo separándome del tocamiento plenamente físico, logré que su polla se agitara de nuevo.

La polla vibraba mientras mi mano la sujetaba con fuerza. Extasiado miré al resto de su cuerpo, me encantaba verlo así semidesnudo, completamente disponible para que mis curiosas manos lo recorrieran en someras y calculadas caricias.

El tío Miguel seguía roncando por lo que comencé a tocar el vello que crecía en su pierna, dejando que mi mano fuera subiendo lentamente desde su rodilla hasta el interior del muslo. Antes de lograr alcanzar de nuevo el encerrado paquete esa polla se volvió a retorcer y mi tío murmuró algo.

Pensé que se había despertado y deje mi mano ahí quieta, muerto de miedo, pero oí un nuevo y sonoro ronquido.

“¡A la mierda!…que se despierte si quiere-Pensé mientras volvía a depositar mi mano sobre ese hinchado y palpitante bulto.

La deje ahí un rato, sintiendo como su polla se retorcía con el apriete de mi mano, pero el tío Miguel, no se despertó. El intenso calor de ese abultado paquete paso a mi mano y de ahí subió hasta mi cerebro que saturado al no poder refrigerar bien terminó por hacer algo completamente ilógico.

Metí la mano, se la agarré con fuerza y esperé paciente a que se despertara. Estaba decidido a preguntarle por que le pasaba eso, pero por suerte para mí no lo perturbé en su sueño

Tumbado sobre la cama lo oía roncar con mi mano metida dentro de su calzoncillo.

Le sujetaba la durísima polla notando como esta se movía de vez en cuando en violentos espasmos.

Estaba dura hasta casi reventar, pero a pesar de ello no había más molestias en mí sufrido tío que esos murmullos que de vez en cuando salían por su boca y que eran imposibles de descifrar.

Me lo imaginé soñando con alguna cosa importante, algo que a pesar de obligarle a tener que mear cuando antes, le impedía despertarse. (Para mí no había más explicación lógica que el hecho de que la polla la tuviera así de dura era porque querría mear cuando se despertara)

“Eres un iluso”-Estaréis pensando de mi.

“¿Pero qué adolescente no se comporta de la misma ilusa forma cuando empieza a descubrir su sexo y las reacciones que emanan de este?”

★★★ [Días de veraneo]

El caso es que casi siempre me dormía con la cabeza junto a su abdomen y mi mano fuertemente agarrada a su dura polla. Cuando despertaba no estaba en la cama, ni mi tío, ni su polla. Tampoco mi tía, que podría haber venido en cualquier momento hasta la cama para pillarme agarrado fuertemente a esa barra de prieta y caliente carne.

Durante esos días de veraneo no hablé con nadie que me advirtiera de que lo que estaba ocurriendo allí estuviera mal

Así que fui ganando en confianza

Arriesgué más de la cuenta

Comencé por tanto con un ritual que se repitió durante días y en el que no hacía otra cosa que irme a dormir unos instantes después de que el tío Miguel se acostara. Esperaba a oírlo roncar y comenzaba a juguetear con su polla encerrada bajo el calzoncillo.

Ya no esperaba a que se abultara pues de alguna forma yo mismo lograba hacerla crecer

Mi mano metida con suma delicadeza allí dentro jugueteaba con esos peludos y gordos huevos. Mi cabeza descansaba junto a su desnudo y velludo pecho y esperaba. Hacía calor y mi tío sudaba mucho, posiblemente lo hiciera más al tener mi cuerpo desnudo tan cerca del suyo, pero el tío Miguel no se despertaba.

Poco a poco y animado por el contacto físico, su pito empezaba a retorcerse de un lado a otro, ganando en esa especie de movimiento de zigzag en dureza y grosor.

Cuando se le ponía a tope se la agarraba y me quedaba ahí, firmemente asido a ese inmenso trozo de carne.

En alguna ocasión se intentó dar la vuelta pero al final mi cuerpo pegado al suyo se lo impedía por lo que desistía en la empresa. Sin dejar de respirar de forma agitada dejaba caer su brazo por detrás de su cabeza

Volvía a roncar y yo volvía a la carga en busca de esa polla dura y palpitante.

Algo extraño comenzaba a ocurrirme a mí también pues mi propia polla también se ponía dura casi a la vez.

Sin saber a qué se debía mi pene también se endurecía, pero extrañamente tampoco yo tenía ganas de mear.

“¿Por qué se nos ponía así de dura la polla cando nos la tocábamos?- Pensaba sin dejar de mover la polla del tío de un lado a otro

Entonces me agarraba la mía con una mano mientras le sujetaba a él la suya y comenzaba a compararlas.

Mentalmente, apretando con delicadeza, la una y la otra para compararlas en dureza tamaño y grosor.

Siempre ganaba él, pero orgullosamente aquel verano fui viendo como mi pito iba empezando a crecer y a engordar.

También me estaban empezando a crecer los pelos en todos las partes de mi cuerpo. Pronto me convertiría en alguien como el tío o como papa, con esos pechos llenos de vello que tanto me gustaba mirar.

Fantaseaba con que algún día lograría ganarle, en cantidad de pelo en el pecho,… porque lo de ganarle en el tamaño de polla lo tenía bastante difícil.

Tal vez al terminar el verano la tendría justo igual de grande y gorda que la suya, cubierta de pelos por todos lados, con esas dos enormes pelotas que no dejaban de agitarse entre ronquido y ronquido.

Solía sacársela también del calzoncillo y dejar que su enorme polla apuntara de forma insistente hacía el techo de la habitación. La veía agitarse nerviosa y cuando se la descapullaba llegué a ver en la punta algo que la humedecía.

“¡Lo sabía!… Su pene estaba a punto de comenzar a mear y apenas podría aguantarse mas si seguía durmiendo y roncando de esa sonora forma”-Todo esto lo pensaba mientras mi dedo tocaba con curiosidad el trasparente y algo viscoso líquido.

Lo probé con la lengua y vi que aquello no era orina.

-¿A qué sabe esto?-Me auto pregunté en voz alta mientras seguía sujetándosela con fuerza. Exprimiendo con mis delicados dedos ese gordo y enrojecido capullo del que salió una nueva gota de líquido trasparente.

De nuevo volvió a murmurar en sueños pero no logré entenderlo, por eso decidí obtener más cantidad y le rocé el capullo con mi temblorosa lengua.

La polla se agitó, intentó escapar de mí pero se la agarré con fuerza para que no lo hiciera.

Lo miré durante uno segundos. El tío Miguel estaba durmiendo, con las manos colocadas detrás de su cabeza y dejando que sus olorosos sobacos impregnaran la estancia con sus masculinos aromas.

Los calzoncillos los tenía bajados hasta medía pierna, este era el lugar hasta el que podía llevarlos sin tener que forzarlo a que levantara el culo. En ese punto su dura polla y sus tremendos y peludos huevos quedaban libres para que yo los tocara y acariciara todo el tiempo que quisiera.

Acerque mi nariz hasta su empitonada polla. Tan cerca de su pubis el olor era indescriptible, embriagador. Me vi de pronto borracho de ganas y deseoso de líquidos. El más cercano, a mi sensación de sed, salía por ese punto por el que los hombres mean, pero, insisto, aquello no era orina.

Seguí lamiendo, con cada vez más imprudencia. Dejando que el sonido de sus ronquidos dejara de marcarme el ritmo, y me entregué en un desesperado intento por extraer ese extraño y salado líquido.

Llegué a metérmela en la boca y comencé a chupar con ganas, como si aquel grueso y enrojecido capullo fuera capaz de darme algo que me hiciera conciliar el sueño.

La mano somnolienta de mi tío se posó sobre mi nuca, y seguí chupando. Me la sacaba de vez en cuando para mirarlo, pero sus cerrados ojos me animaban a continuar.

Le estaba poniendo la polla perdida, llena de babas, por eso de vez en cuando me la sacaba de la boca para lamer unos restos de saliva en los que encontraba ese otro extraño sabor.

La voz de mi tía dijo algo acerca de que iban a salir ya de la casa y mi durmiente tío Miguel le contestó mientras me sujetaba la cabeza con sus dos fuertes y robustas manos evitando que su polla fuera liberada.

Se había incorporado en la cama dejando mi cabeza aprisionada entre sus dos piernas. Estaba, por tanto, bien despierto y yo, con un pollón en mi boca y muerto de vergüenza al haber sido sorprendido en semejante forma.

-El nene está durmiendo todavía. Iremos cuando se despierte-Le dijo en un premeditado susurro.

La habitación estaba completamente a oscuras aunque era bien de día. Las persianas estaban bajadas y si no se encendía la luz no se podía ver nada de lo que sucedía allí dentro. La puerta de la habitación estaba cerrada por lo que la tía prefirió dejar que siguiera con mi reparadora tarde de siesta

Mi cabeza permanecía incrustada entre esas dos velludas piernas con una polla metida en la boca y con un tío Miguel que me la sujetaba con fuerza, para evitar que respirara siquiera.

La tía le contesto también en un susurro, contándole que bajaran en cuanto me despertara y que se llevara con él una nevera que había en la cocina.

(Se acababa de tragar la escusa que le había puesto mi tío para lograr que su sobrino siguiera comiéndole la polla)

(Yo en esos momentos tenía tragada y bien tragada la enorme y venosa polla del tío Miguel haciendo que de mi garganta salieran sonidos guturales que la tía confundió con mis ronquidos)

-¡Se van todos a la playa!. Tú puedes continuar con lo que estabas haciendo. Prometo que no se lo voy a contar a nadie.

Me tranquilizaron sus palabras por lo que volví a chupar con ansia.

Oímos la puerta de la casa cerrarse y el abrió las piernas.

Quedé liberado en mi empresa pero en lugar de apartarme dejé que mis manos cayeran sobre sus abiertos muslos. Justo donde esas dos enormes y peludas pelotas colgaban hacía abajo, donde terminaban por rozar el mullido colchón.

-Tito no quería despertarte- le dije avergonzado de verme ahí perturbando la siesta de otros.

-No te preocupes, ya dormiré en la playa. Ahora cómeme un poco la polla.

Me golpeó con su endurecido pito en la cara y también en la lengua. Parecía disfrutar torturando mi rostro de esa sucia forma

Me dejo mamar durante unos minutos. El tiempo necesario como para permitir que mis familiares se alejaran en procesión hacía la playa cargados con sombrillas, esterillas y no sé cuantas cosas más.

Después volvió a hablarme.

-Levanta la persiana para que entre la luz. Quiero ver la cara que pones mientras le comes la polla a tu tío.

Lo hice rápido y sin pensar, quedando extasiado al ver ese masculino y velludo cuerpo tirado en la cama. Con ese enorme rabo apuntando al techo.

Me volví a engullir ese chorreante nabo y no paré de chupar mientras lo miraba avergonzado.

Ahora sus ojos estaban abiertos y al igual que los míos esperaban acontecimientos antes de seguir haciendo algo.

-La tía nunca ha querido comerme la polla. Dice que es muy grande.

Hice el intento de sacármela de la boca para contestarle que la tía estaba en lo cierto, pero su mano volvió a impedírmelo.

-Llevas unos días cascándome unas pajas que son la ostia de buenas.

(Seguí chupándosela sin poder hablar)

-Si llego a saber que la comes así de bien te habría dado polla para merendar mucho antes.

Se había acomodado algo, sentándose en la cama y apoyando la cabecera doblada sobre su espalda para hacerse más cómoda la espera.

-Vamos chupa mi polla. ¿No querrás que sospechen nada? No debemos tardar mucho en irnos para la playa.

Me hizo aumentar el ritmo quería terminar cuanto antes, hacerlo en mi boca. Ese líquido blanco que tantas tardes había manchado mis manos, ahora me mojaría la cara al salir.

Intenté advertirle de que me daba algo de asco, pero él se negó a escucharme.

Se pajeaba indicándome también que ese movimiento sobre su nabo, también le daba mucho gusto, pero no tanto como cuando sentía como ese grueso capullo era rozado por mi lengua inexperta.

Me confesó que lo primero se llamaba paja y lo segundo mamada.

Yo descubrí que me gustaba hacerle las dos cosas.

-Oh siii, chupa mas fuerte o le contare a tu padre lo que vienes a hacer en esta cama en lugar de dormir.

La amenaza tendría el éxito esperado

Volví a la carga, le agarré esa dura y chorreante polla y me la metí en la boca

El suspiro que lanzó al aire, me alarmó pero seguí mamando, puede que le hiciera algo de daño, alzó un poco la pelvis para darme con ello todo el rabo que fui capaz de tragar y creo que hasta llego a gritar.

-Ahí va mi leche, … ahí vaaaaaaa

Mi cara comenzó a ser bañada con su espeso y blanquinoso esperma.

-Métetela en la boca,… métetela en la boca-Me decía mientras veía como su polla no dejaba de escupir semen.

Lo hice y continúe chupando, me encantó hacerlo.

-Buahhhhh sobrino vaya un mamonazo estas hecho- murmuró él mientras dejaba que siguiera chupándole esa polla que poco a poco iba perdiendo en dureza y robustez

Esa tarde antes de irme para la playa merendé leche.

Una vez allí, no hablamos ni mencionamos el asunto, pero alguna vez cuando me metía en el agua para bañarme con él y le rocé discretamente el paquete lo encontré algo abultado.

-Luego te doy más leche, sobrino.- Me dijo él mientras jugaba a hundirme debajo del agua.

Miré hacía la playa aun dudando pero al ver a mis padres y a mi propia tía mirándonos sonrientes. Supe que ninguno de los tres se había percatado de los tocamientos que estábamos llevando a cabo bajo el agua que nos rodeaba.

Por la noche antes de la cena le chupé su salada polla mientras se suponía que ambos nos quitábamos la sal encerrados en el cuarto de baño.

Cuando acabó el verano yo ya estaba más entrenado en el arte de comer nabos que cualquier prostituta de polígono.

★★★ [De vuelta a la realidad]

Siempre que venían a mi mente las imágenes de aquel “flashback playero” terminaba con un calentón digno de ser atendido con una buena paja.

Ahora a todas esas imágenes debía unir las que había presenciado en la estación de tren, aunque para mí, todo aquello no tenía la menor importancia.

No era la primera vez que veía a un tío haciéndole una paja a otro.

(Yo con mis compañeros de fútbol sala me la había meneado alguna vez mientras estábamos en las duchas y mentiría si os dijera que no encontré algo de gustillo cuando noté como una mano ajena a la mía me agarraba el nabo)

(Evidentemente también debía corresponder con las bromitas agarrando las pollas de otros para pajearlas, pero no dejaba de ser eso un juego entre machos heterosexuales que presumían de lo bien que empalmaban)

Posiblemente lo que mi tío había terminado haciendo con el joven de la estación habría empezado de la misma forma. En aquellos años, en la tele no se hablaba de los maricones, ni estos hacían coloridos desfiles para celebrarlo, por lo que yo pensaba que ni mi tío, ni el joven de la estación, ni mis colegas de futbol sala, lo éramos.

El caso es que me disculpe ante mi tío, diciéndole que estaba algo cansado del viaje mientras él se quedaba viendo la tele tumbado en el sofá. No tardé mucho en instalarme en la que iba a ser mi habitación durante esos dos días. Pero por el camino no podía apartar de mi mente la cara del joven pajillero.

También pensé en el mucho vicio que atesoraba mi querido tío.

“¿Tan bueno era eso de que te hicieran una paja como para olvidar que tenías que estar en otro sitio recogiendo a tu sobrino?”-Pensé mientras me tiraba sobre la cama.

Mi tío como mi padre y hasta yo mismo siempre habíamos tenido un buen paquete, por lo que es normal que alguna vez notáramos una mirada “de esas” en nuestras respectivas entrepiernas. Yo también la había lanzado a algún abultado paquete alguna vez pero siempre sabiendo que nadie me veía.

Me pajeé como un mono sin poder quitarme de la cabeza la cara de mi tío en los baños, la que ponía este cuando yo se la pajeaba durante las siestas y en las cosas que me terminó diciendo y haciendo aquellas veces, durante ese añorado verano, en el que casi me obligó a hacerlo.

Me derramé sobre mis manos y sin dudarlo empecé a hacer algo que llevaba tiempo sin probar. Relamí los dedos dejando que mi viscosa leche embriagara mis papilas gustativas con su acre sabor.

Después me dormí, completamente desnudo y todavía manchado con los restos de mi propia lefa. (Fueron los escasos resquicios que no logré rescatar con los dedos ya que se habían enredado con mi vello corporal haciendo imposible finalizar con éxito, el trabajo de limpieza y lameteo de los restos de mi propio esperma)

Posiblemente cuando me desperté el Tío Miguel ya se habría dormido, bajé a comprobarlo antes de seguir con el único propósito que me había conducido a decir que si iría a quedarme con el tío en su casa durante esos dos días en los que papa y mama luchaban por arreglar su matrimonio.

Lo encontré durmiendo en calzoncillos en el sofá con la tele todavía puesta y con una erección más que considerable en esos momentos.

El hijo de puta estaba teniendo un sueño erótico de esos, y a juzgar por el bamboleante bulto que se movía bajo la tela del slip debía de ser bastante caliente.

Con el mando bajé el volumen de la tele y lo llamé por su nombre. Esperé paciente a que se despertara.

Pero no lo hizo.

Me fije en su cara, estaba bien afeitado. Joder, a pesar de su edad el tío Miguel era jodidamente guapo. Mi mano acarició ligeramente su pecho lleno de vello. De nuevo me volvió a sorprender el intenso calor que emanaba ese cuerpo semidesnudo y me resistí en el intento de terminar agarrándole el paquete.

-¡Tío Miguel!, …-Le dije yo mientras esperaba su reacción en silencio

-¡Despierta,… tienes que irte a dormir ya!

Su cuerpo se sacudió y se incorporó en el sofá con cierto temor. Era evidente que no estaba muy acostumbrado a que alguien interrumpiera su sueño.

Se sentó en el sofá mientras me miraba.

Sonrió forzadamente a pesar de que cierta mala ostia le ordenaba recriminarme por haber perturbado su sueño.

Miró hacía el televisor encendido sin volumen que lo molestara y después me miró a mí. Se rascó los huevos por encima del calzoncillo y se recoloco el nabo, dejando que su empitonada polla se pusiera hacía un lado.

De reojo lo observé en su proceder mientras el también hacía lo mismo con mi cuerpo semidesnudo.

-¿No puedes dormir?-Me preguntó finalmente mientras se restregaba los ojos para quitarse las legañas.

-No puedo,…No hago más que pensar en que… si mis padres se divorcian.

Antes de que acabara la frase colocó su gran brazo por encima de mis hombros y acercándome hasta él me dijo:

-Tranquilo seguro que salen de esta. Solo están pasando por una mala racha, ¡ya lo verás!

-Sí, eso es lo mismo que me dijeron cuando tú y la tía empezasteis a…

-¡Lo nuestro fue distinto!

-¿Distinto porqué?-Le pregunté

-Distinto porque le fui infiel y ella nunca pudo perdonarme.

-Lo siento

-No pasa nada. Si al final tampoco se esta tan mal viviendo solo. ¡Me apaño bien!-terminó asegurando mientras se rascaba la cabeza.

(Mi mente fue directa al punto en el que veía como autocalmaba sus ansias de sexo, buscándose maricones en las estaciones del tren para que lo pajearan)

Cuando me vio afirmar con la cabeza decidió pasar al ataque y comenzar a preguntarme.

-¿Y a ti como te va?

-¿Cómo me va a mí el que?

-¡Pues el que va a ser! En lo único en lo que todos los hombres pensamos. ¡En el sexo!

-Bien, bien, le dije después de dudar un poco en si debía de seguir con esa conversación o volverme a mi cuarto.

Decidí hacer lo segundo y cuando me levanté no pude evitar que mi tío me diera un sonoro cachete en el culo mientras me preguntaba.

-Lo que me interesa saber antes de que te vuelvas a dormir es si ya has conseguido meter alguna otra polla dentro de este culazo que tienes.

Me ruboricé y me giré para mirarlo con cierto temor.

-No, Tío jamás me han,… solo

-Si ya sé que, ahora me dirás que solo has hecho eso conmigo, pero he de decirte que no te creo.

-¡Lo creas o no es la verdad!-Le dije ofendido.

El se rió.

-Perdona sobrino, es que me pongo muy cachondo cuando recuerdo esas tardes de siesta en la que ninguno de los dos queríamos dormir. Mira como se ha puesto el nabo, con solo recordarlo.

-¡La tenías ya dura cuando te he despertado!-Le dije algo incrédulo mientras le miraba del reojo el paquete que se auto acariciaba con su mano.

-Sí pero ahora la tengo así de dura porque pienso que me has despertado para poder comerme un rato el rabo.

Agaché la cabeza rojo de vergüenza.

Realmente mi tío me conocía mejor de lo que yo pensaba.

El volvió a hablar.

-También lo habrás hecho para dejarte que te de bien por el culo.-Mientras me decía semejante grosería había agarrado mi brazo para depositar mi mano en su firme paquete.

Apreté con fuerza notando como ese enorme pollón vibraba expectante, deseando que alguien lo sacara del forzado encierro

-No creo que debamos hacer nada de esto. Yo solo era un crio y tú te aprovechaste de mi inocencia.

-Puede que si lo hiciera, sobrino, pero la mamabas demasiado bien, como para que el que pretendiera probar tu inocencia no sospechara que antes de la mía tu ya te habías hinchado a comer pollas

Se acercó a mí para darme un beso que no tardé en corresponder con cierta lascivia. El Tío Miguel era la única persona que hasta ahora me había besado de esa forma y añoraba casi tanto esos besos como el gusto que tenía su dura y larga polla.

-Solo he hecho esto contigo. Y tampoco se lo he contado nunca a nadie… ¡Te lo prometí!

Me acaricio el pelo de forma cariñosa mientras se la sacaba. Al apartar el elástico del slip su polla saltó como si tuviera un resorte ahí metido

-Y gracias a ello aquí tienes tu recompensa. ¡El destino ha querido que volvamos ajuntarnos a solas los dos!

Afirmé con la cabeza mientras se la agarraba para empezar a pajearlo

-Chúpamela un poquito, sobrino- Me dijo mientras dejaba que mi mano se metiera dentro de su calzoncillo para agarrar la base de esa dura polla con fuerza.(Pusó la misma cara de niño malo que solía poner cuando quería que ambos nos buscáramos alguna excusa para desaparecer durante unos instantes)

(A veces lo hacíamos durante horas pero nadie, en aquella casa de la playa, nos echaba en falta)

No tardé mucho en arrodillarme para empezar a jugar a descapullar esa polla enorme. Me encantaba ver como ese rosado y grueso glande se mostraba ante mis ojos llenos de ganas de comer polla.

-Me encanta tu polla, tito es enorme

-Lo sé. ¿Pero porqué no te la metes ya en esa boca de vicioso mamón que tienes?

Relamí con cierto gusto esas primeras gotas que hicieron aparición en esa ranurada punta, mientras mi tío suspiraba lleno de placer.

Con su polla ya metida en mi boca se incorporó un poco en el sofá para dejar que su calzoncillo saliera, lo dejo caer hasta sus tobillos y abrió bien las piernas mientras me sujetaba de la cabeza, guiándome en la mamada.

-Volvemos al origen sobrino. ¿Sabes que fuiste tú el primer tío que me comía por primera vez la polla y desde entonces no he encontrado a nadie que lo haga tan bien como tú?

-¡No te creo!-Le dije yo mientras me engullía su gorda y añorada polla

Esas dos enormes y peludas pelotas se removieron de gusto cuando mi lengua fue a darles un buen lametón.

Mi mano no dejaba de pajear esa chorreante polla. De vez en cuando lo miraba con una sonrisa en la cara. Esa misma sonrisa que ponía cuando le comía la polla a mi tío en la cama mientras su mujer fregaba los platos en la cocina.

-¡Eres el mejor mamón que he conocido!-Comenzó a decirme él mientras me sujetaba de la cabeza y comenzaba a agitar sus caderas con cierta brusquedad.

Ahueque un poco la boca y lo miré con cierta cara de vicio, Sabía que mi tío no tardaría en intentar atravesar el filo de mi garganta con su endurecilla polla.

Con una sonrisa me sujetó por la nuca, y cuando lo hubo logrado, ambos comenzamos a contar.

-Uno

-Dos

-Tres

-Cuatro

-Cinco

-Seis

Lo hacíamos mentalmente, porque entre otras cosas yo no podría ni hablar con las cuerdas vocales inundadas de polla y el tampoco puesto que sus suspiros le imposibilitaban seguir bien la cuenta.

-Siete

-Ocho

-Nueve

La sucesión de números comenzó a hacerse interminable, pero mi tío no sabía lo mucho que me gustaba sentirme así. Lleno de rabo, notando como mi respiración se agitaba y una especie de sonidos guturales comenzaban a salir de mi garganta.

Estos eran los sonidos que alguna vez llegó a oír mi tía saliendo de la habitación y que terminó confundiendo con mis ronquidos. (Debían de ser los míos, porque los de su marido ya los conocía bastante bien)

-Diez

-Once

-Doce

Mi nariz descansaba sobre su grueso vello púbico, su polla encajada en mi garganta, sin dejar de agitarse y mi tío seguía contando, ahora ya en voz alta-

-Veinti…unoooo ahhhhhhh afffffffff

-Venti afffffffff doss… oooooooosssss

Me aparté cuando vi que de seguir así no tardaría mucho en llenarme la boca de leche.

-Pierdes facultades. ¿No me digas que estabas a punto de correrte ya?

Arrodillado ante el ví como me miraba sin apenas aliento mientras yo mismo agitaba su rabo que chorreaba lleno con mis propias babas

-Vamos a preparar bien ese ojete y ya verás cuando te rompa ese culo de maricón que tienes quien pierde aquí sus facultades- Me dijo mientras tiraba de mi para hacer que me incorporara para colocarme culo en pompa sobre el sofá.

Estiró de mis calzoncillos y los lanzó hacía atrás. No me preocupó ver donde caían pues sabía que durante todo ese fin de semana los llevaría puestos poco rato.

Después me dio un sonoro azote en el culo.

-Te has depilado para tu macho, ¿eh zorrita?

-¿Te gusta?-Le pregunté mientras agitaba el culo agradado por sus caricias

-Lo tienes más suavecito que cuando te lo reventaba a pollazos en el garaje de casa.

Se dejó caer de rodillas, demostrándome de que a pesar de que lo hubieran prejubilado en la telefónica todavía podía defenderse, con algunos trabajos de cierta dureza.

Abriendo mis dos prietos cachetes acercó su lengua hasta mi ojete.

-He aquí, tu añorado culito- murmuró antes de comenzar a pasar la lengua por mi raja. Cuando dió con mi ojete le soltó un lametón, y lanzó un leve escupitajo. Uno de sus gordos dedos se aproximó en exceso a esa hendidura y con la ayuda de un nuevo y placentero lametón comenzó a presionar.

-Ve despacio que esta algo cerradito-Le dije yo mientras soltaba un ligero gemido

Mi culo no tardó en abrirse pensando que no había nada malo en dejarse lamer por esa lengua, un poco más dentro

Pero el dedo invasor le advirtió de que tal vez no hubiera sido tan buena idea.

-Dame por el culo tito Miguel. Rómpeme el ojete como haces con esos jóvenes que te buscas en las estaciones del tren

-¿No estarás celoso?-Me preguntó mientras me metía bruscamente el dedo gordo dentro de mi abierto ojal.

Comenzó a girarlo de un lado a otro haciendo que mi culo se fuera dilatando a marchas forzadas.

Sentía dolor pero necesitaba tener su polla dentro de mí. De todos los regalos que me había hecho mi tío ese era sin duda para mí el que más placer me había dado.

Volví a hablar, aunque lo hice con dificultad

-Nooooo son celos tito…Perooo…¿Te has follado a muchos tíos?

-¡A unos cuantos!

-¿Alguno, de ellos, ha sido tu novio?

Me dio un azote por mi osadía. Después se incorporó y comenzó a restregar su chorreante capullo en la entrada de mi ojete.

-Digamos que tengo algunos incondicionales que de vez en cuando me buscan para que les rompa el culo, pero tanto como para llamarlos novios… no

-¿Y noviasssssss?

Mi tío aprovecho mi desesperación por saber de su vida para meter tres de sus gruesos dedos en mi ojete y comenzó a girar la mano de un lado a otro logrando que mi culo fuera dilatando con más rapidez de la esperada.

-¿Mujeres?…¡no quiero saber nada de ellas!…¡Tú mismo me enseñaste que no hacen falta si se tiene una boca glotona y un culito prieto bien cerca!

Grité al notar como ese grueso capullo intentaba hacerse paso y el Tío Miguel volvió a darme un par de lamidas.

Mi ojete necesitaba algo de lubricación antes de ser profanado por semejante obús.

-Desde que te viniste a la ciudad no he dejado de pensar en que algún día me volverías a hacer esto

Mis gemidos y la forma en la que mi cuerpo se derramaba sobre ese sofá para permitir la profanación lo animaban a seguir lamiendo

No había dudas ya de que ese pasadizo estaba casi listo para alojar su larga y venosa polla.

-Es que siempre has tenido mucho vicio, sobrino.

La programación de la televisión finalizó por fin haciendo que apareciera en escena una chillona mujer que esperaba que acertáramos la palabra oculta

La televisión seguía sin el volumen que nos pudiera perturbar pero ambos vimos en los gestos y en el comportamiento de esa mujer un intento desesperado por lograr captar nuestra atención.

Ninguno de los dos se apresuró a coger el teléfono, con el podríamos ganar un dineral, ya que ambos esperábamos ocultar otra cosa de los ojos de loca que ponía esa mujer.

-Voy a follarte, sobrino.

-Lo estoy deseando, tito.

La polla empezó a enterrarse mientras mi cuerpo se retorcía.

La espalda se me arqueo a medida que su rabo se metía en mi prieto culo.

-Ahhhhhhh, joderrrrrr-Grité.

-Solo un poco más. Tengo que abrírtelo de nuevo porque lo traías bien cerradito

-¡Te lo dije!- Grité al ver como la lenta penetración me partía el culo en dos

A pesar de lo hinchado y lo gordo que era ese nabo, su polla empezó a deslizar hasta que sus pelotas dieron con los cachetes del culo.

Me los abrió y empujó un poco más.

-Aquí la tienes maricón

-Ahhh si la noto dentrooooo

Su fuerte brazo me rodeaba el pecho haciendo imposible cualquier intento por apartarme. Notaba su caliente aliento dándome en la nuca y su respiración algo entrecortada.

Agité el culo para lograr un acople pleno y el suspiró lleno de gozo

-Que culazo tienes, cabrón.

Empezó un lento metesaca haciendo que todo mi ser se estremeciera. Mi cara indefensa miró hacía el televisor donde esa mujer seguía esperando una llamada.

Rinoceronte-murmuré

¿Qué dices? -Me preguntó extrañado sin dejar de darme por el culo

-Es la palabra oculta, aunque le falten letras es Rinoceronte…eeeehhhh

Molesto por mi distracción agarró el mando y cambio de canal. Acabamos viendo una tele local en la que se proyectaban videos musicales de cantantes que no conocían ni sus propias madres.

La nula y seguramente mala, música no captó nuestro interés pero si el lateral de la pantalla en el que iban pasando sms de personas, que como nosotros andaban sin ganas de irse a dormir.

-Este canal está mucho mejor.

Me giré para mirarlo a los ojos y ya de paso ver cómo me enterraba su duro pollón de manera rítmica y constante.

-No te entiendo-Le dije sin saber

-En el busco entretenimiento cuando no puedo dormir- Me dijo mientras me abría a tope los cachetes para que su largo rabo se metiera hasta los huevos.

-¿Viendo los videos musicales?-Le pregunté algo confuso.

-No follándome a los maricones que como tú no pueden dormir.

Molesto por sus constantes infidelidades y excitado por la visión fantasiosa de semejantes momentos seguí apretando su polla con los músculos interiores de mi culo.

-¡Eres todo un cabronazo, te aprovechas de la gente!

-¿Y tú no lo hiciste conmigo?… ¡Yo era feliz en mi matrimonio hasta que empezaste a comerte mi polla!

No esperaba semejante reproche y lo miré extrañado

-Ahora, por tu culpa he de buscarme maricones por ahí para poder descargarme a gusto.

-Lo siento, Tio Miguel.

-¡Mas lo vas a sentir!, cabronazo. Me dijo él mientras arqueaba la espalda y dejándome su gordo nabo metido hasta los huevos empezaba de depositar su caliente descarga.

Dejó finalmente que su sudado y desnudo cuerpo callera sobre el mío y permanecimos así durante un tiempo notando como su polla todavía seguía dentro de mí.

Al apartarse mi ojete escupió su cálido y pegajoso semen que comenzó a resbalar por mis huevos.

-Parece que te he preñado bien- Me dijo él mientras recogía los restos con la yema de sus dedos y los acercaba hasta mi boca para que los relamiera.

-‘¡Tendrás que repetirlo más veces para asegurarnos!-Le dije yo mientras relamía sus manchados dedos

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