Saliendo del bar

Hace unos cuantos años, un día de invierno, saliendo con un grupo de amigos a tomar algo, se me acercó una chica en uno de los bares mientras esperaba entrar en el baño. No era muy alta, pelo negro, ojos claros, pero no azules, más bien tirando a gris y la piel algo morena. Llevaba un jersey oscuro de cuello vuelto con algunos collares, unos vaqueros y lo que parecían unas botas con algo de tacón. Entablamos conversación. Tenía una bonita sonrisa y una conversación inteligente y amena, por lo que la invité a sentarse en la barra conmigo y no volver a la mesa donde estaban mis amigos.

Pedimos unas cervezas y seguimos charlando de todo un poco. Al rato se acercó uno de mis amigos diciendo que cambiaban de bar. Le dije que me quedaba y pedimos otra ronda. Avanzada la conversación, cada vez estábamos más cerca uno del otro y nos íbamos posando una mano en la pierna, poniendo una mano en le brazo, acercándonos al oído para “escuchar mejor”… De arreglar el mundo, pasamos a contarnos anécdotas en viajes, que se fueron convirtiendo en pequeñas historias más subidas de tono. Yo ya la tenía cogida por la cintura y rozaba su oreja cada vez que le contaba alguna cosa. Ella me contaba el día que en la aduana le hicieron abrir la maleta y lo primero que se veía era su vibrador y yo le contaba cómo pille una vez a una amiga masturbándose en su habitación (está la guardo para otra ocasión). Ya estábamos más que calientes el uno con el otro y ya estábamos en el punto de buscar algún sitio más intimo para continuar nuestro acercamiento. Le pregunté si quería pasar al baño. “Me pone muchísimo el que alguien nos pueda pillar, pero… ¡estos están hechos una mierda!”. Me reí. “Sí, vámonos a otro sitio”.

Pagamos las cervezas, nos pusimos los abrigos y salimos del bar ya cogidos de la cintura y dándonos algún que otro beso., no en la boca, pero si en el cuello, en la mejilla, en la oreja. Le dije de coger el coche e ir a algún sitio más tranquilo. Le pareció bien y fuimos andando hasta el coche. La idea de un sitio público daba vueltas por mi cabeza. Una vez llegamos a coche la apoyé en el lateral, la abracé le dí un beso largo en la boca. Estuvimos besándonos un buen rato. En el bar parecía tener un bonito cuerpo, pero en este momento, con tantas capas de ropa, no teníamos demasiado contacto. Le propuse ir a mi casa. “Aún lo podemos hacer en el ascensor”. Soltó una carcajada y aceptó.

Nos metimos en el coche. Tiré mi abrigo al asiento de atrás. Arranqué y salimos de allí. Nada más avanzar por la calle, ella me puso una mano en la pierna y fue subiendo hasta encontrarse con mi verga dura y apretada por mis vaqueros. Respondí soltando una mano y buscando su pierna. Igualmente fui subiendo, retirando su abrigo y llegando a su entrepierna. Estaba muy caliente. Ella se quitó el abrigo y lo echó atrás. Volvió a mi paquete y empezó a acariciarlo con su mano. Yo seguía conduciendo. Tras un rato frotando sobre mi miembro, busca con ayuda de la otra mano la hebilla de mi cinturón y lo suelta. Lo mismo hace con los botones de los vaqueros y deja libre mi polla por el hueco.

La coge con una mano y empieza a masturbarme. Yo tengo la mano derecha en su entrepierna, frotando sobre sus vaqueros que ya están húmedos. Ella se agacha y, no sé como, se mete mi polla en su boca y empieza a chupármela. Noto como juega con la lengua y sube y baja sobre ella. No sé si vamos a llegar a mi casa. Aumentas el ritmo y yo ya no estoy muy centrado conduciendo. Me desvío hacia una calle sin salida y aparco al fondo. Ella sigue chupando mi verga con intensidad. Inclino mi asiento y me suelto el cinturón de seguridad. Me acomodo del todo, cojo su cabeza y acompaño sus movimientos. Me voy a correr en breve. Ella sigue chupando con ganas. “Me voy a correr”, le digo. Ella aumenta el ritmo sin soltarla, hasta que exploto dentro de su boca. Pues sí que empezamos con fuerza. Sigue chupando mi verga un poco más, llevándose toda la lefa que he soltado. Respiramos un rato. Tengo que devolverle la jugada.

Pasamos a los asientos de atrás. Tiramos los abrigos en los de delante y nos acomodamos. Menos mal que el coche es un poco grande. Medio tumbada en el asiento, se saca las botas. Cojo su jersey por el borde y lo saco hacía arriba. No es mucho lo que me deja ver la luz de la farola, pero descubro su vientre plano y un sujetador con lunares que cubre sus pechos. Los miro otra vez. Para el tamaño de ella, ¡parecen inusualmente grandes! Quizá sea el efecto del sujetador. Mientras nos besamos, voy soltando el botón de sus vaqueros y bajando su cremallera. Meto la mano por su entrepierna y noto sus braguitas calientes y mojadas. Tiro de su pantalón hacia abajo y voy descubriendo un tanga, negro, liso y sus piernas. Consigo sacar sus pantalones del todo y voy recorriendo sus piernas con mi boca y acariciándolas con las manos. Voy metiendo la cabeza entre ellas, sintiendo su excitación. Aparto el tanga con la mano y lamo su rajita. La tiene toda depilada. Paso mis brazos por debajo de su culo para levantar su coñito hacia mi. Sigo rodeando con la lengua por fuera de su rajita. Luego la introduzco y sigo lamiendo de arriba a abajo. Me detengo en su clítoris. Juego con él. Ella se mueve, pega su coño contra mi cara. “Uff…” va soltando de cuando en cuando. Está disfrutando y eso me está volviendo a activar. Sigo jugando con su clítoris y meto un par de dedos en su coño. Aumento el ritmo. Ella va a explotar en breve. Sumo un dedo más y chupo con más fuerza. Ella no es escandalosa, pero jadea con intensidad. Llega al orgasmo. Saboreo todos sus fluidos. Sigo un rato, bajando poco a poco el ritmo. En este rato mi miembro ya se está poniendo a tono otra vez.

Me quedo sentado en el asiento y me quito la camisa y los pantalones. Ella se quita unos calcetines de color rosa y se sienta sobre mi en ropa interior. Busco el broche del sujetador en su espalda. Lo primero que necesito ver son esos pechos. Lo suelto y deslizo los tirantes por sus hombros, dejándolos al descubierto. Son realmente grandes. Sus pezones y su aureola hacen también un pequeño montículo sobre cada pecho. Los cojo con mis manos. “Veo que te gustan” me dice. “¡Cómo no me van a gustar!” respondo, y me meto uno de aquellos pezones en mi boca. Paso mi lengua. “Algunos piensan que son excesivos”. Suelto su pezón. “¿Me tomas el pelo?”. Sigo disfrutando de su pezón y lamiendo su base. Ella empieza a mover sus caderas, frotando su tanga contra mi bóxer. Con estos pechos sólo pienso en meter mi polla entre ellos y que me haga una cubana hasta explotar. No es el momento. Retiro mis bóxer por mis piernas y dejo libre mi verga. Ella sigue moviéndose. Echo a un lado su tanga y voy metiendo mi polla en su rajita. Empieza a moverse poco a poco, de delante hacia atrás. Poco a poco va aumentando el ritmo. Sus pechos se empiezan a mover a la par. Cojo su culo con las dos manos. El ritmo sigue subiendo. Esta chica sabe moverse. Me está poniendo a mil y sus tetas siguen bailando frente a mi cara. Aún con mi verga dentro, la tumbo en el asiento con las piernas en L y empiezo yo a empujar fuerte. Agarrado a una pierna embisto cada vez más fuerte. Sus gemidos se hacen más intensos y sus pechos siguen el ritmo de mis empellones. Ella llega al orgasmo. Suelta un jadeo infinito y más fluidos. Yo estoy a punto. Sigo cada vez más rápido. A punto, saco mi polla y me corro sobre su vientre.

Nos quedamos en el asiento trasero un rato, hablando y riendo. Le pregunto que cómo puede haber algún tío que no le gusten sus pechos. Ella encima mio desnuda. Tengo mi mano en uno de ellos y lo voy acariciando muy suavemente. El pezón se va poniendo duro. Lo cojo entre mis dedos. “A lo mejor es que tu eres un fetichista con las tetas” me dice. Le contesto que lo normal es que a un tío le gusten las tetas. “Se te ha puesto duro el pezón”. Ella responde “Por lo que noto, no es lo único que se está poniendo duro”. Nos reímos. Mi polla está ya apretando contra sus nalgas. Ella baja su mano, se aparta un poco y la coje. Empieza a masturbarme muy suave mientras me mira. Pasa sus dedos por mi capullo. Se los chupa con lascivia. Se pone de rodillas sobre el asiento y se agacha sobre mi verga. Pasa su lengua por el glande. Rodea el resto del tronco. Coge mis huevos con su mano y la polla con la otra. Juega con ella pasando la lengua de arriba a abajo. Mueve rápido la lengua sobre el capullo. Se entretiene con él. Abarca con sus labios la punta y va dejando que entre poco a poco en su boca rozándola con su interior. Yo estiro mi mano. Toco uno de sus pechos, colgando. Acaricio su pezón. Sigue duro. Continuo hacia su coño. Ella ya está chupando arriba y abajo. Mientras yo le masajeo en círculos su clítoris. Acompaña su boca con su mano. Ya estamos los dos a cien.

La levanto y se pone sobre mi de espaldas, apoyando sus manos sobre el asiento de delante. Introduzco mi verga poco a poco en su rajita. Ella empieza a moverse rítmicamente, haciendo círculos con sus caderas y su culo y apretando mi polla en su interior. El ritmo aumenta. Ella tiene todo el control, yo estoy sentado disfrutando. Como siga así no voy a durar mucho. Vaya manera de moverse. Ella se agarra cada vez más fuerte al asiento y jadea de forma entrecortada. “Me voy a correr en breve”. Baja el ritmo despacio y una vez parada, se saca la polla de su coño. “Quiero que termines en mi culo”. Me chupo los dedos y empiezo a lubricar ese agujerito. Ella coge mi miembro con la mano y se dirige a su ano, donde va metiéndolo poco a poco. Metido el capullo, suelta un pequeño “uff” de dolor. y nos quedamos quietos durante un momento. Luego empieza a bajar su culo sobre mi polla hasta sentarse sobre mi. Empieza a subir y bajar, metiendo y sacando mi verga, que nota todavía más calor. Aumentamos el ritmo poco a poco. Ella gime. Yo estoy a mil. La cojo de las caderas para ayudarla en sus movimientos. En cada empujón, levanto con fuerza para entrar más al fondo. Voy a explotar. Ella sigue gimiendo y agarrada al sillón de delante. Me corro dentro. Ella se deja caer hacia átras sobre mi, exhausta. La abrazo desde atrás y me apoyo contra el respaldo. Necesito recuperar el aliento.

“¿Qué tal si nos vamos a mi casa?” le pregunto después de un rato. Me niego a terminar esta velada sin disfrutar de esos pechos otra vez. Nos vestimos como podemos, pasamos a los asientos delanteros. Arranco el coche y esperamos a que se desempañen los cristales. Conduzco en dirección a mi casa…

Leave a Reply

*