Sentirse cómoda con una amiga

Soraya llegó en taxi al gimnasio quince minutos tarde y fue directamente al vestuario a ponerse el bañador. Se desnudó pausadamente, como quien no tiene un compromiso, contemplándose a si misma en el espejo. Pese a estar en el séptimo mes no se encontraba para nada torpe o pesada. Se veía guapa, se le habían hinchado los pechos y tenía los pezones muy sensibles. El roce con la blusa le daba mucho placer mientras simplemente caminaba por la calle. Se miró el trasero. Había ganado algunos quilos, pero le sentaban bien, en cuanto pudieran ponerse unos vaqueros iba a ser el foco de todas las miradas.

De repente irrumpió Sandra en el vestuario.

— ¡Hola Soraya! ¿Tarde tu también, he?

Soraya la saludó con una sonrisa. Intencionadamente no hizo ademán de ponerse el bañador. Sabía muy bien como la miraba Sandra. Se mostró por delante y de pronto, distraídamente, se giró para obsequiarle con un vistazo de su trasero. Sandra tendría en que pensar cuando se encontrara a solas sin nadie que le impidiera aventurar sus manos entre las piernas.

Sandra también se puso a quitarse la ropa. Ella estaba de seis meses y había ganado mucho más peso que Soraya. Lucía unas buenas cartucheras y algún que otro michelín, aunque sus abundantes pechos y el contorno de su figura dibujaban una mujer muy atractiva.

Soraya se puso entonces un bañador azul y un gorro a juego y entró en la cabina para darse una ducha rápida. Aguardó hasta que Sandra hubiese hecho lo mismo y las dos abandonaron el vestuario para comenzar la clase.

Evidentemente, la clase ya había comenzado. Todas las demás embarazadas, a quien Soraya no soportaba, hacían sus ejercicios en la piscina pequeña.

— Mira… — le señaló a Sandra — es otra vez ese monitor que está tan bueno…

— ¿Seguro que es un monitor? — quiso saber Sandra — porque yo no le he visto nunca dar una clase… siempre anda rondado por ahí…

— Pues eso lo podemos averiguar ahora mismo…

Era un joven alto y con una buena musculatura, aunque Soraya estaba más bien interesada por su trasero. No tenía el cuerpo que se espera de un nadador, eso era cierto, pero no debía tener los treinta y el monitor que les daba las clases pasaba de los cuarenta.

— Disculpe… — dijo acercándose al muchacho y poniendo voz de mujer confusa — hemos llegado tarde a la clase… otra vez

— Seguro que el monitor lo comprenderá — dijo el muchacho con cordialidad —

— Pero… nosotras no quisiéramos molestarle… ¿Y no sería usted tan amable de darnos una clase particular a mi amiga y a mí?

— Yo… — el chico se quedó mudo un instante — nunca he dado clases a embarazadas…

— Seguro que lo hará muy bien…

— Es que no se que ejercicios son los más adecuados para su condición…

— Ya sabe… la pelota entre las piernas, la bicicleta, nadar un poco…

— Entonces ¿Qué es lo que hace usted aquí, en la piscina? — quiso saber Sandra —

— …pues… estoy aquí para otro trabajo…

Soraya le sujetaba de la muñeca, conduciéndole a la piscina. Se tocaba intencionadamente con el dorso de la mano en un pezón. ¡Que bueno estaba! De repente tenía muchas ganas de que aquel hombre le diese una clase particular.

— En serio, no sabría darles clase… pero lo que si que puedo hacer es invitarlas a las dos a tomar una copa en la cafetería del gimnasio…

— Nosotras, por nuestra condición, no podemos beber — dijo Sandra —

— Pues un café…

— ¡Es una idea excelente! — celebró Soraya — ¿Y si nos reunimos todos de aquí a cinco minutos en la cafetería?

— Pero… — titubeó Sandra — ¿No hemos venido a nadar?

— Ya nadaremos otro día…

Se despidieron del monitor que no daba clases y Sandra detuvo a Soraya de camino a los vestuarios.

— Te acompaño por hacerte un favor — dijo Sandra muy seria — pero a mi ese tío no me interesa para nada…

“Claro que no te interesa” pensó Soraya para si “A ti no te interesa ningún hombre”.

— Será un ratito sólo — contestó Soraya — es sólo jugar…

El apuesto monitor que no daba clases les esperaba ya, vestido, sentado en la barra, con el mencionado café. Para Soraya era un problema subirse al taburete, así que demandó las fuertes manos del monitor para que le ayudara.

— Yo me llamo Soraya, y ella es Sandra…

— Yo soy Marcos, encantado de conocerlas, señoritas…

— Somos señoras — bromeó Soraya — ¿o no nos ha mirado bien?

Pero Soraya tenía la certeza, a pesar de sus palabras, de que las había mirado a base de bien.

— ¿Qué es lo que espera?

— Es una niña.

— ¿Y usted?

Sandra, completamente ajena a la conversación, se volteó para expresar con una mueca que no tenía ni idea de lo que aquel hombre quería saber.

— ¿Que que es lo que está esperando usted?

— Es niño. Mi marido y yo esperamos un niño.

Soraya pidió una tónica al camarero y, cuando apenas llevaba la mitad bebida se quejó de lo incomoda que estaba.

— ¿Prefiere que nos sentemos en una mesa?

— Yo había pensado más bien en ir a un hotel… y llámame de tu.

Marcos tragó saliva, incapaz de aguantar la mirada de Soraya. Finalmente, con temblor en la voz, declaró que tenía el coche en el aparcamiento del gimnasio y que iba a traerlo a la puerta, para que no tuvieran que caminar.

— Bueno… — dijo Sandra una vez el apuesto chico se hubo marchado — te vas con el, así que supongo que yo estoy de más…

— De eso nada. Tú te vienes con nosotros…

— No. De verdad, no me gusta el tipo y no me gustan nada estas cosas…

— Ya se que no te gusta el tipo, pero tu te vienes conmigo a pasarlo bien…

— No, de verdad…

Pero Soraya no quiso hablar más. Se acercó y la beso en la boca. Un beso apasionado y lascivo que le hizo callarse de inmediato. Al terminar, se le quedó mirando embobada.

— Tú te vienes conmigo y punto.

— Vale.

Marcos conducía un Megane. Las dos se sentaron juntas detrás.

— ¿Adonde vamos?

Soraya le indicó un lujoso hotel del centro. Marcos arrancó sin perder de vista el retrovisor central.

— Vamos a tener un accidente por tu culpa… vista al frente…

Soraya le acarició el cabello a Sandra. Luego, delicadamente, le acercó el rostro para besarla.

— ¿Cuánto tiempo hace que esperas que pase esto? — le susurró —

— No esperaba que pasase… pero me alegro de que así sea…

Soraya le acarició la hinchada barriga y fue llevando la mano hasta conquistar el bajo vientre por encima de las mallas.

— Mira hacia adelante — volvió a decir Soraya a Marcos — lo que pasa aquí detrás no es cosa tuya…

— ¿No lo es?

— No. Es una conversación entre amigas…

Sandra le acarició los pechos a su amiga por encima de la blusa. Marcos no perdía detalle.

— ¿Me dejarás que te coma el coño? — le susurró Soraya al oído —

— Me haces estremecer…

Los dedos de Soraya exploraban por encima de las mallas y de las braguitas amenazando con agujerearlas. Una vez más volvieron a besarse. La lengua de una en la boca de la otra. Marcos se tocaba el bulto del pantalón mientras trataba de no perder detalle desde el retrovisor.

Una vez en el hotel, mientras Marcos dejaba el coche en el parking, Soraya y Sandra escogían una habitación. Mientras subían en el ascensor, Soraya besó de nuevo a su amiga y le acarició el trasero.

— No quiero que venga Marcos… — mencionó Sandra —

— No te preocupes, nos lo vamos a pasar bien, confía en mí…

— Pero es que…

— Ya lo se. Confía en mí…

La habitación era una suite, con el baño y el dormitorio separados del espacio principal. Soraya llevó a su amiga directamente a la cama. Le ayudó a quitarse los zapatos y luego continuó con la camiseta.

— ¡Que vergüenza! — comentó Sandra — me ayudas a desvestirme…si tú estás más enorme que yo…

— Ahora me ayudas tú a desnudarme…

Mientras Sandra se despojaba del sujetador, Soraya se desabrochaba la blusa. Le besó entonces en el cuello y le sujetó de los pechos.

— No tienes ni idea de lo mucho que me gusta verte desnuda — dijo Sandra — ¡Eres tan guapa!

— Si que la tengo… he notado siempre como me miras…

Soraya hizo que Sandra se tumbara boca arriba en la cama, con el trasero en el borde. Le quito las mallas y luego las bragas y le hizo separar las piernas. Con la punta de los dedos le acarició la vulva.

— No puedo aguantar más… — dijo Sandra — házmelo ya…

Soraya se quitó el sujetador pero de pronto llamaron a la puerta. Se colocó la blusa por encima, apenas abrochándose un botón y fue a abrir.

Marcos le esperaba al otro lado de la puerta. Al verla semidesnuda prácticamente se abalanzó sobre ella para besarla y manosearla.

La blusa acabó en el suelo, dejando los grandes pechos de Soraya a merced de las manos y la lengua de Marcos, que a empujones la fue conduciendo hasta un largo y confortable sofá que se encontraba en mitad del salón. La depositó con delicadeza en el asiento y, una vez acomodada, se apresuró a quitarle los pantalones y las bragas. Fue una vez que estuvo sentada, desnuda y con los muslos bien separados, cuando comenzó a acariciarse (una mano en un pezón y otra entre las piernas), mientras contemplaba como Marcos se desnudaba.

Ya había admirado el cuerpo de Marcos en la piscina, pero esto era mucho mejor. Los zapatos, la camiseta, los pantalones y los calcetines fueron abandonando su cuerpo para decorar el suelo. El último fue el bóxer. Marcos lucía ya una interesante erección. Como tratando de mimarla se acarició el miembro arriba y abajo con la mano, sin acercarse todavía a Soraya, sólo contemplando el desnudo y embarazado cuerpo de la lasciva mujer que tenía enfrente.

Cuando el tamaño y la firmeza de su pene fueron de su agrado quiso abandonar la distancia. Se acercó a Soraya como un rayo y, sujetándole por las caderas, se la introdujo de un solo golpe. Lo hizo con una encomiable dulzura, tratando de no lastimarla.

— ¡No me trates como a una preñada! — se quejó Soraya — fóllame bien, que al bebé no le va a pasar nada…

Obedeciendo, y tal vez tranquilizado por la noticia, Marcos desató su verdadero temperamento, empujando con fuerza y aumentando la velocidad, haciendo entrar y salir su polla como el émbolo de una locomotora.

Sandra, alertada por los gritos de Soraya, abandonó la habitación. Iba toda desnuda y ruborizada. Estaba muy cohibida ante la escena que se desarrollaba ante si.

— ¡Que bien! — exclamó Marcos al verla — también hay para ti…

— ¡No! — protestó Soraya — a ella no la vas a tocar ¿entendido?

— No… — reconoció Marcos — pero vale…

— Con eso basta…

Soraya hizo entonces un gesto invitando a Sandra a aproximarse.

Sandra se sentó a su lado mientras Marcos seguía follándosela. La besó en la boca y luego le lamió un pezón.

— Vamos a cambiar de postura…

Ante aquella orden Sandra se sentó en el sofá tal y como antes había estado Soraya. Ésta se colocó en el suelo, a cuatro patas, con la boca entre los muslos de su amiga y ofreciendo su jugoso coño al monitor que no daba clases.

Para Soraya parecía que no había nada más dulce o sabroso que la entrepierna de Sandra. Ésta se empapaba cada vez más y se convulsionaba y gritaba a cada lametazo. Por su parte, Marcos penetraba a Soraya con violencia, como si tratar de destrozarla con su miembro. No le decía en voz alta, pero ver como Soraya daba cuenta del coño de Sandra era para él un espectáculo desquiciante que hacía que le palpitara el pene como si le fuese a explotar. Vivía el polvo de su vida con aquellas dos preñadas y se preguntaba a si mismo ¿Por qué no me puedo tirar también a la otra?

El mas intenso de los alaridos de Sandra anunció que se había corrido, aunque Soraya no dejó de chupar, ansiosa de conseguir nuevos orgasmos. Marcos descansó un momento para evitar correrse demasiado pronto y luego volvió a la carga con un dilema.

— Oye… ¿te la puedo meter ahora por el culo?

— ¡No preguntes tonterías! — escupió Soraya dejando momentáneamente de lamer —

Marcos captó el sentido de la frase y luego hizo lo que se esperaba de él, que no fue otra cosa que metérsela entera por el ano a Soraya.

El dilatado culo de Soraya no era menos acogedor que su coño. Respondía en dilatación y lubricación del mismo modo que su otro orificio y era igual de cálido y cómodo. Sin duda, la polla de Marcos no era la primera en visitarlo y, seguramente, tampoco la última.

Sandra continuaba disfrutando y Marcos fue incapaz de aguantar un segundo más. La sacó un segundo antes y su ardiente semen bañó la espalda de Soraya.

Marcos se desplomó un instante en un sillón colocado junto al largo sofá. Soraya no estaba tan cansada. Se levantó a besar a Sandra y manosearle los pechos.

— ¿Quieres comerme el coño?

Ante el gesto afirmativo y la expresión de felicidad de Sandra, Soraya se colocó de píe en el sofá, justo encima de ella, con las piernas muy abiertas, colocando su vulva en el rostro de su amiga. Sandra utilizó los dedos para deshojar los labios de la flor que era el coño de Soraya y luego meter la lengua como hacen las mariposas, sólo que en su caso el néctar rebosaba más deprisa de lo que podía lamer.

Marcos se había recuperado y volvía a la carga, con el pene todavía flácido pero con intenciones sucias y perversas.

— Si me dejaras tocarla — comenzó — ahora podría estar haciéndole cosas mientras te chupa…

— Pero no te voy a dejar, creí que lo había dejado claro…

— No… — intervino Sandra — no importa. Te has portado muy bien conmigo, si tu lo quieres puedo incluirlo a él en esto, de verdad…

Soraya bajó al sofá para hablar con su amiga. Le sujetó del hombro y moduló su voz para que Marcos no pudiera entenderla.

— No tienes que hacer nada que no quieras. Se que no te gustan los hombres…

— No es que no me gusten — declaró Sandra — es que prefiero las mujeres. Te prefiero a ti…

— Entonces no tienes porque hacer algo que no te guste…

— Pero así lo pasaremos mejor ¿no? Venga, que no pasa nada…

Soraya reflexionó unos segundos antes de hacer venir a Marcos. Lo colocó entre las dos y le sujetó la polla, no muy erecta.

— Paramos cuando tú digas ¿de acuerdo? No hagas nada que no quieras hacer…

Y seguidamente le acercó la polla a la cara. Sandra se la metió en la boca y, cerrando los ojos, se puso a chuparla. Al rato Soraya la sustituyó para luego volver a entregársela, no sin antes besarla en la boca, y así estuvieron jugando un rato hasta que el miembro de Marcos parecía a punto de estallar.

Soraya condujo a ambos al dormitorio. Una vez allí hizo tumbarse a Sandra en la cama, boca arriba y le separó bien los muslos. Sin esperar invitación Marcos hundió su verga en el interior de la mujer, que volvió a chillar como antes.

— ¿Te gusta como te folla? — le dijo Soraya al oído — ¿te gusta su polla?

— Te quiero… — susurró Sandra —

Soraya reaccionó sentándose a horcajadas en la cara de Sandra. Su coño y su culo pasaban por su boca para ser saludados por su lengua. Una lengua muy efusiva e inquieta.

Enseguida Marcos volvió a eyacular. De nuevo la sacó de dentro y echó toda su carga en el vientre de Sandra. La muchacha notó como le quemaba la piel, pero en ese momento el ano de Soraya impedía que se quejara. Marcos se desplomó a su lado, pero la cama era muy grande y cabían perfectamente los tres. Soraya se colocó algo más bajo de donde se encontraba Sandra, para colocar su entrepierna ente las piernas de ésta. Las dos mujeres embarazadas comenzaron a frotar con lujuria sus clítoris uno contra el otro mientras el cansancio de Marcos era incapaz de permitirle hacer nada y mucho menos que se le levantase de nuevo.

Marcos abandonó aquella cama llena de mujeres follando y descubrió el balcón. Abrió la ventana de par en par para contemplar la vista desde la habitación: se veía el centro de la ciudad en una soleada tarde. A su espalda las dos mujeres continuaban gimiendo, gritando, frotándose y lamiéndose. Sin prisa fue a buscar sus pantalones y en ellos encontró su teléfono. Recogió también su bóxer y se los puso. Armado con estos dos accesorios regresó al balcón. Y fue allí, desde una posición ventajosa desde la que creía que nadie podía verle, que hizo una foto de lo que sucedía en la cama. Luego miró para ver que tal había quedado y buscó un número en sus contactos y lo pulsó. No se dio cuenta de que los gemidos de la habitación habían cesado.

— Cuelga ese teléfono — le dijo Soraya —

— ¿Cómo dices?

— Que cuelgues, que no llames. Tenemos que hablar…

Desconcertado, Marcos hizo lo que se le decía. Abandonó el menú y esperó a que aquella bonita embarazada le despejase su perplejidad.

— No vas a mandar esa foto, detective.

— ¿Qué? ¿Cómo sabes que soy detective?

— No lo sabía hasta ahora…

Soraya sonrió y luego cerró la ventana tras de si. No quería que Sandra escuchara aquella conversación.

— Mi marido es miembro de la junta propietaria del gimnasio. Conozco todos sus empleados y tú no trabajas allí. Así que, como me llamaste la atención desde el primer momento, decidí preguntar para saber de donde demonios salías tú…

— Así que ya pensabas en que te follara ¿no?

— Entonces averigüe que habías sobornado al conserje de la tarde para que te dejara pasar por ahí, haciéndote pasar por un empleado. Te estuve observando. Yo no te perdía la vista de encima y tú tampoco me la perdías a mí, de modo que pensé que tu interés era conmigo…

— Ya has visto que no me eres indiferente…

— Pero soy una excelente observadora, se lo que significa una mirada y hacia donde está dirigida, y tu no me estabas vigilando a mi, vigilabas a Sandra…

— Lo siento, no eres mi tipo. Ella si…

— Claro, porque su pobre marido sospecha que ella es lesbiana, cree que tiene una aventura con una compañera de gimnasio. Eso explicaría que sea tan fría con él en la cama, que siempre esté llamando a esa tal Soraya, que se muera por ir a nadar y todas esas cosas… así que, contrata a un detective para que vaya a seguirla allí y compruebe con quien se ve cuando va a nadar o si pasa algo más…

— Eres muy buena… — dijo Marcos — si necesitas trabajo creo que en mi agencia te contratarían…

— No vas a enviar esa foto a tu cliente.

— ¿de verás? ¿Y porque?

— Soy una mujer rica. Lo que sea que te pague tu cliente yo lo cuadriplicaré. Cobrarás la minuta de él y un sueldazo de mí…

— Puede ser, pero imaginemos que tengo ética de trabajo y que no se me compra tan fácilmente ¿Qué piensas hacer?

— No tengo tanta imaginación. Puedes salir de esta habitación con el sueldo de un año en el bolsillo, o mandar esa foto y pasarte varios años tratando de defenderte de mis abogados.

Marcos le entregó el teléfono a Soraya que, inmediatamente, buscó la foto y la borró.

— Dime una cosa — comenzó Marcos — ¿A ti que más te da? ¿estás enamorada o algo así?

— ¿Enamorada? No, pero es mi amiga, y es la única chica de todo el gimnasio que me cae bien ¿te imaginas que tuviera que relacionarme con todas esas idiotas superficiales? Por favor…

Mientras regresaba al dormitorio, Marcos llamaba a su cliente. “definitivamente, si su mujer le fuese infiel, ya lo habría descubierto” le dijo convincentemente “solamente se ve con una amiga, pero créame, no hay nada sexual entre las dos, le doy mi palabra”.

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