Sexo compartido 8.9.10.y final

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capitulo 8º. 9º. 10º.y final

– ! Hola, cariño !. Por fin, ¿ Como es que habéis tardado tanto ?- Susan, diciendo esto se abalanzó calurosamente sobre Juan, abrazándolo y uniendo su boca a la de él.

Llevaba puesto un batín corto, que le llegaba justo a las caderas, abierto por delante, atado con un cinturón, que al levantar los brazos para rodear a Juan, mostraba que era la única prenda que cubría su cuerpo, sus perfectas nalgas quedaron al descubierto.

Esperé en silencio contemplando la escena. Susan fregaba su cuerpo contra el de Juan, manteniendo sus bocas en un largo beso, él, pasó sus manos rodeándola, sujetándola por los glúteos, apretándola contra si, adelantando las caderas hacia ella, para hacerle notar la presión que su sexo, enardecido por el deseo, ejercía sobre su bajo vientre, justo sobre el pubis femenino.

Ella lo notó enseguida, y reforzó su frotamiento, mientras de su garganta se escapaban gemidos y murmuraba palabras de placer.

– Perdona, Marcos.- Dijo, girando su cara para mirarme,- Pero tenía tantas ganas de tenerlo cerca, que me he olvidado de ti. Anda, acércate.

Se deshizo de Juan para abrazarme. Demostrando el mismo calor con que había recibido a Juan, me besó, juntando su cuerpo íntimamente al mio, buscando el contacto de mi sexo con su pubis. El batín quedó colgando de sus hombros, abierto por delante, su cuerpo desnudo se pegó al mio, pasé mis manos por su cintura, el contacto de su piel me excitó, la verga, dentro del pantalón, cobró volumen. Ella notó la presión sobre el sexo a través de la tela.

– Huuuum, noto algo aquí abajo que me gusta.

– No me extraña que con esas efusiones, nos excites.- Murmuro Juan, sonriendo complacido.

– Os estábamos esperando. Marta está durmiendo la siesta, me dijo que cuando llegarais, la despertara. ¿ Quieres ir tú, Marcos, ?. Ella se alegrará de verte cuando despierte. Nosotros os esperaremos en la piscina. Vamos, amor. Tengo tantas ganas de tenerte para mi.

Sin preocuparse por enseñar su cuerpo desnudo, el batín acabó por deslizarse de sus hombros, se despojó de él, dejándolo sobre una silla. Cogió a Juan de la mano, llevándoselo hacia la piscina.

– No tengáis prisa por venir,- Dijo Juan, riendo,- Creo que vamos a estar ocupados un buen rato. Las habitaciones están al fondo.- Me señaló.- Estás en tu casa. Tu mismo.

Los contemplé mientras salían, Susan desnuda, él con el bañador, siguiéndola sumiso, aun pude ver como se lo quitaba, sin dejar de andar tras ella, dejándolo tirado en el suelo. Antes de llegar a la piscina, se pararon, Susan volvió a besarlo, vi como se agachaba de repente delante de él, para besar su falo, que ya lucía empinado y latente. Lo cogió con la mano, y riendo lo llevó tras ella hasta el césped que rodeaba la piscina.

Quedé un momento indeciso. Susan dijo que Marta estaba durmiendo la siesta. Me acerqué a una de las puertas que Juan me había señalado, estaba entreabierta, la habitación estaba en penumbra, iluminada tan solo por la luz que entraba por las rendijas de la persiana.

Empujé la puerta, que se abrió en silencio.

Esperé a que mis ojos se acostumbraran a la tenue luz del interior, poco a poco, empecé a vislumbrar el interior de la habitación.

Sobre la cama, destacando sobre el blanco de la sábana, estaba el cuerpo desnudo de Marta, estirada boca arriba, brazos y piernas en cruz, ocupando toda la amplitud del lecho, en pleno abandono de consciencia, pude contemplar su cuerpo a placer.

Los pechos perfectos, un poco aplanados por la postura, rematados en dos pezones con aureola mas oscura, su vientre plano, con un diminuto ombligo como pintado en su centro, que descendía suavemente hacia el pubis, un triángulo de vello oscuro, delicadamente depilado en forma de punta de flecha que señalaba la entrada de su vagina, de delgados labios de color rosado.

Me acerqué a ella en silencio, dando un suspiro de somnolencia, se movió girando su cuerpo para ponerse de lado, de espaldas a donde estaba yo. Pude contemplar su estrecha cintura, con las piernas dobladas, sus nalgas de glúteos fuertes y redondos, encerrando entre ellos el nacimiento de la vulva, con algunos pelos púbicos sobresaliendo entre los glúteos apretados, los muslos, la fina piel de sus piernas.

La visión de aquel cuerpo tan bello, el pensar que lo podría disfrutar, que ella me lo ofrecería con deseo, gozando tanto como yo, me enardeció, mi pene creció bajo los pantalones, dudé si desnudarme ahora, o esperar a que se despertara, de momento me quité la camisa, sentía calor, más del que la temperatura del ambiente producía.

Llevé mis manos a mis genitales, por debajo de la goma del pantalón, mientras una acogía los testículos, la otra encerraba entre sus dedos el miembro, ya muy grueso, desnudando la piel del prepucio, dejando el glande al descubierto.

Decidí despojarme del pantalón, desnudo rodeé la cama, poniéndome delante de ella, mientras recorría con la vista su cuerpo, desde los pies hasta su bonito rostro, empecé a masturbarme.

De pronto sus ojos se abrieron, en su boca se pintó una sonrisa.

– ¿ Que no tienes a nadie que te haga eso ?. Ven, Tonto, que hace rato que estoy despierta. Te estaba esperando.

– No quería estorbar tu sueño.

– ¿ Y que habrías hecho al correrte,? ¿ Echarmelo en la cara ?. Me habría gustado.

– Aun estás a tiempo.

– Pero ahora ya no estoy dormida. Déjame.

Se incorporó sobre un codo, dejé el miembro a su alcance, lo rodeó con sus dedos.

– ! Que grande !. Casi no me cabe en la mano.- Dijo empezando a frotarlo, retiró la piel del prepucio, el glande emergió potente, rojo, hinchado.- Me gusta cuando esta tan brillante.

La masturbación se aceleró, mis gemidos le dieron a entender que el orgasmo estaba cerca, ella acercaba la punta del falo a su boca, rodeándolo con los labios, mojándolo con su saliva para lubricar la frotación.

Un temblor de placer recorrió mi cuerpo, Marta me miraba directamente a los ojos, esperando mi orgasmo. Adelanté el cuerpo hacia ella, los gemidos se trocaron en un grito cuando, la eyaculación saltó con fuerza, ella abrió la boca bajo la verga, pero con su mano dirigió la emisión de esperma hacia su cara, cerrando los ojos cuando recibió en ellos los grandes goterones de semen, que resbalaron por las mejillas, la nariz, los labios.

Cuando la emisión dejó de salir con fuerza, quedó una gota de espesa leche en la punta del glande. Lo miró, fué entonces cuando golosamente, pasó su lengua sobre él, para acabar con el pene introducido en su boca, sorbiendo para exprimir los restos de la eyaculación.

Cuando notó la reducción del miembro en su boca, se dejó caer sobre la cama, manteniendo su mano cogida al pene.

– ! Como me has puesto !. ! Que gozada !.

– Ahora, quédate quieta, que yo te limpio.

Con una sonrisa de satisfacción, se estiró completamente, esperando mi actuación. Busqué con la vista algo con que retirar de su rostro el espeso esperma que lo cubría. Sobre la cabecera de la cama, supongo que a propósito, había una toalla pequeña.

Me puse sobre ella, con las rodillas a los lados de sus caderas, agachándome sobre su cuerpo, procedí a limpiarle la cara, recogiendo con la toalla los goterones que le resbalaban por ella.

Marta, puso sus manos en mis caderas, empujando hacia abajo, sobre su pubis, para sentir el contacto de mis testículos en su sexo, que, con un movimiento de caderas, frotaba, contra él.

– Quieta,- Le dije – Ahora me toca a mi complacerte.

– Si, cariño, puedes hacerme lo que quieras.- murmuró, con un suspiro.- Todo lo que quieras.

Quedó estirada bajo mio, los brazos en cruz, como una ofrenda a mi disposición. Puse mis manos aprisionando las suyas por las muñecas. Inclinándome sobre su cuerpo, besé sus ojos cerrados, pasando la punta de la lengua por sus párpados, seguí por su nariz hasta sus labios, lamiéndolos lentamente, forzando sus dientes para introducirla en su boca, bajé por la barbilla, besando cada centímetro de piel, subí pasándola rozando la suave colina de su pecho, lamiendo alrededor del pezón, que con la caricia se endureció, lo rodeé con los labios, succionándolo.

– ! Hooo !, como me gusta,- Se estremeció,- Si, Si,.

Pasé la caricia al otro seno, rozando con la lengua el valle entre ellos, llegando a la cima, cogí entre mis dientes, suavemente, el erecto pezón, como un niño, mamé de él.

Dejé libres sus manos para deslizar mi cuerpo sobre el suyo, lamiendo su vientre liso, la suave depresión del ombligo, bajando lentamente hacia el pubis.

Me moví para ponerme entre sus piernas, que ella separó. La hice doblar las rodillas, levantándolas, y hundiendo la cabeza entre ellas, dediqué mis caricias a su sexo, la punta de la lengua tocó el nacimiento de sus labios vaginales, separándolos, Marta se estremecía, gimiendo, su cuerpo temblaba de placer con la caricia, la lengua siguió su camino, entre los labios de la vulva, lamiendo el tierno interior, esforzándome por penetrar con ella en el fondo del útero, lamiendo sus paredes, ya húmedas del flujo que empezaba a rezumar.

Cesé un momento la caricia para coger la almohada, que, levantando su cuerpo, metí por debajo de las nalgas, elevándolas. Volví a hundir mi cabeza entre sus piernas, esta vez, Marta me la sujetó con las manos, apretándome hacia su sexo, lamiendo la unión de su vagina con el ano, metí la nariz, frotando el clítoris con ella, entre gritos ahogados y gemidos, después de un espasmo muscular, aprisionando mi cabeza entre los muslos, ella alcanzó el clímax, retorciéndose, apretándome la cabeza contra el sexo, eyaculó, el flujo caliente llenó mi boca, me apreté a su vagina recogiendo la secreción, lamiendo furiosamente el latente sexo.

Con el placer proporcionado a ella, mi verga recuperó una fuerte erección. La cogí por los tobillos, levantando las piernas y separándolas, la vulva quedó abierta como una concha, invitadora, acerqué el miembro a ella, húmeda como estaba, lubricada por su propio flujo, la penetré. La vagina se cerró aprisionando el miembro entre sus labios.

La posición me impedía moverme, por lo que dejando libre las piernas, caí sobre ella, apoyando mis manos a sus costados.

– Cariño, cariño, ! que gusto ! – Murmuró al sentirse penetrada,- Dámela, dámela toda.

Sus manos me sujetaron por las nalgas, moviendose para forzar la penetración. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta, respirando jadeante, gimiendo cada vez que mi verga se hundía en su vagina, estimulada por el reciente orgasmo, que con la penetración, prolongaba su efecto placentero.

Besé sus ojos, su nariz, sus labios, pasé la lengua por todo su rostro, recogiendo con ella los restos resecos de mi propia eyaculación, mientras sentía como el placer máximo me subía desde los testículos.

Grité su nombre, aullé de placer cuando llegué al orgasmo, por segunda vez, mi corrida, esta vez dentro de su vagina, fue abundante. Ella me sujetaba por las nalgas para impedir mi retirada, uniendo su grito al mio, al sentir como el semen llenaba su matriz.

Nos quedamos quietos, unidos por el sexo, soportando ella el peso de mi cuerpo casi desmayado. Respirando jadeantes, recuperando poco a poco el aliento.

– ! Cielos, que bueno !,- Murmuro en un jadeo.- Como puede ser tan bueno hacer sexo.

– Es lo mejor de la vida.- Le contesté,- Lástima que dure tan poco el placer del orgasmo.

– No te muevas, quédate un poco más dentro de mi.- dijo, apretándome las nalgas.- Me gusta sentir tu miembro dentro.

– Pero, ahora ya se está reduciendo.

– Es igual, me gusta sentir como se hace pequeño.

La volví a besar, esta vez ella me devolvió el beso, abriendo la boca, nuestras lenguas se cruzaron, nos besamos con furia, como si nos quisiéramos sorber el uno al otro, en un intercambio de salivas, gozando del placer de nuestra unión.

– ! Que pena, ! ya no te siento. Pero no la saques, espera que salga sola.- Dijo con un mohín de tristeza. Al mismo tiempo, sentí una presión en mi sensible pene, provocada por los músculos vaginales, que ella sabía como contraerlos,- ¿ Te gusta esta sensación ?.

– Si, mucho, pero si me dejas reposar un poco, puedo volver a metértela. Y hacerte gozar de otro orgasmo.

– No, amor. Sera mejor que nos lavemos y nos reuniremos con Juan y Susan.

A pesar de decir esto, no hizo ningún movimiento para separar nuestros cuerpos, aun unidos por un pene lánguido, tierno, que a duras penas se mantenía dentro de su vagina.

Elevé las caderas, para levantarme, el pene salió, arrastrando tras él, la eyaculación que rebosaba de la matriz. Marta, llevó su mano al sexo, cubriéndolo con ella, recogiendo la mezcla de flujo y semen que resbalaba sobre la sábana. Frotándoselo sobre el pubis ya impregnado.

– Me parece que me hace falta una buena ducha.- Dijo, sentándose en el borde de la cama.

Yo quedé de pie, delante de ella.

– ¿ Porqué me gustará tanto el sexo ? – Preguntó, con un suspiro, mirándome la verga, caída sobre los colgantes testículos.

Alargó su mano, recogiendo en su palma la bolsa testicular con el pene, que al contacto de su mano, pareció recobrar su erección, quedando algo mas gruesa, pero sin llegar a levantar su cabeza.

– Mira como se ha quedado, pobrecita,- acercó sus labios para besar el miembro.- Espero que de aquí a un ratito, vuelvas a estar en forma,- dijo dirigiéndose a él, con una sonrisa.

– Espera que me duche y podrás comprobarlo.

Se levantó, dirigiéndose a la ducha. Contemplé su cuerpo cuando se alejaba, realmente tenía un cuerpo perfecto.

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CAPITULO 9º

Esperé a que Marta saliera de la ducha, sentado sobre la cama, desnudo, acariciándome mecánicamente el sexo, con la mente puesta en el cuerpo de aquellas dos mujeres, que sin comprometerme a nada, podía disfrutar, gozar de ellas y hacerlas gozar. Y Juan, que después de los años que habían pasado sin saber de él, ahora descubría mi deseo de gozar con él, de permitirle que su homosexualidad se despertase también conmigo. Me sorprendí descubrir como podía también desear su cuerpo. acariciarlo, desear tener en mi boca su gruesa verga, chupársela, y después de masturbarlo, tragarme su esperma. Al pensar en él, en su culo dispuesto a mi penetración, gozar de un orgasmo con él, de ofrecerle también mi ano a su deseo, sentir como su eyaculación corre por mi intestino, tengo una erección, entre mis manos crece el miembro, siento un deseo irreprimible de masturbarme.

La aparición de Marta, saliendo de la ducha, cubierta únicamente por una gran toalla, secándose el pelo con ella, reprimió mi deseo de masturbación.

– ! Que bien !, Que gusto da una ducha después de gozar del sexo, ¿ No te parece ?.

– Yo tendré que ducharme también, pero con agua fría. Tu cuerpo me pone excitadísimo.

– Ya veo,- contestó mirando mi verga empinada, entre mis dedos.- Pero ahora me apetece mas las caricias de Susan, besar su cuerpo, recibir sus besos. ¿ Me comprendes ?.

– Si, ya se que gozáis entre vosotras. ¿ Sientes el mismo placer que con nosotros pregunta

– ¿ No disfrutas tu también con Juan pregunta

– Si, es cierto, pero yo lo acabo de descubrir. Nunca antes había hecho el amor con otro hombre.

– ¿ Y que te ha parecido ?.

– Perfecto, nos entendemos bien.

– Así ya sabes lo que yo siento por Susan. ¿ Vamos con ellos ?.-

– Ves tu, yo tengo que pasar antes por el baño.

– No tardes, me gustaría hacer algo los cuatro juntos.

– Eres insaciable.

– Me gusta el sexo. ¿ A ti no ?.- Con un guiño, sonriendo, salió en busca de Juan y Susan.

Después de lavarme a fondo, en especial los genitales, me puse delante de un espejo en el que me veía de cuerpo entero. Repasé mi figura, me gustaba lo que veía, hombros anchos, pecho limpio de pelo, un vientre que aun se conservaba plano, el pubis, cubierto de vello negro, el pene, que solo con mirarlo, empezó a moverse, iniciando una erección. Me puse de perfil, lo cogí con dos dedos, levantándolo, el escroto endurecido, con los testículos casi invisibles a causa de la erección, miré las redondas y fuertes nalgas, que sabía que Juan las admiraba. Me sentí orgulloso de mi cuerpo.

Antes de salir hacia el exterior, busqué el pantalón que me había quitado en el salón, me lo puse y me dispuse a encontrarme con ellos.

No perdían el tiempo, Juan, desnudo, sentado en una tumbona, con una botella de cerveza en una mano, la otra cogiendose la verga, masturbándose lentamente, mientras contemplaba los cuerpos de las dos mujeres, que sobre la hierba del césped, se prodigaban caricias mutuas. Marta, estirada, con las piernas abiertas, ofreciendo el sexo a la lengua ávida de Susan, que arrodillada entre sus piernas, le lamía la vulva, moviendo su cabeza de abajo a arriba, repasando con ella desde el orificio del ano, hasta penetrar en la vagina, frotando el clítoris, para después volver a lamer el ano.

Marta se retorcía de placer, sus manos aferraban la cabeza de Susan, apretándola contra ella, emitiendo gemidos, gritando ahogadamente, murmurando palabras que no se entendían, moviendo la cabeza de un lado al otro, con los ojos cerrados, un rictus, que si no se supiera que estaba disfrutando, se diría que era de dolor.

– ! Hombre, Marcos !.- Me saludó Juan, al verme, – Ven, ven, que disfrutarás viendo como practican el sexo entre ellas.

– Por lo que veo, tu también disfrutas mirándolas.- Dije, sentándome a su lado en la tumbona.

– Simplemente, dejo que entre ellas se exciten al máximo, después intervengo yo. Las encuentro a punto para hacer lo que se me ocurra.

– Y mientras tanto te vas manteniendo la verga a punto.

Se miró el miembro, encerrado entre sus dedos, con el prepucio al descubierto, rojo e hinchado.

– Si, estaba a punto de unirme a ellas.- contestó con un guiño,- Ya han tenido las dos un orgasmo.

– Me gustará ver como te reciben. Parece que están muy concentradas en lo que hacen.

– Simplemente, te aseguro que me están esperando. Y si quieres, también puedes unirte a la fiesta. Tu mismo.

Me quedé sentado, contemplando como Juan , agachándose tras Susan, empezó a lamerle entre los glúteos, separándolos con sus manos. Susan, giró un momento la cabeza para mirar a mi amigo, después siguió con sus lametones en la vulva de Marta, no sin sentir un estremecimiento de su cuerpo, que empezó a mover, acoplándolo a la caricia lingual de Juan.

Marta, notó la incorporación de Juan, abrió un momento los ojos, me miró. En su mirada y su gesto con la boca, enviándome un beso, me sentí invitado a unirme a ellos.

Juan, después de repasar y mojar con su saliva el ano y la vulva de Susan, se arrodilló tras ella, la verga empinada hasta el máximo, penetró suavemente a través del esfínter anal, sujetándola por las caderas, movía su cuerpo, el miembro entraba y salía del ano lubricado, con rapidez, entre gemidos y gritos de ambos.

En mi entrepierna, noté un tirón, con aquella visión de sus cuerpos unidos, la erección del miembro hinchó la ropa del pantalón que me apresuré a quitarme.

Me puse con las rodillas a los lados de la cabeza de Marta, que al ver sobre ella el miembro erecto, con la bolsa de los testículos tan cerca de su cara, abrió la boca con el deseo de acogerlos en ella, bajé el cuerpo. Dejó la cabeza de Susan para, con sus manos, asir la verga, sacó la lengua, lamiendo por debajo el escroto, cogió entre sus labios uno de los testículos, después el otro.

Me eché hacia adelante, sobre su cuerpo, apoyándome con las manos en el césped, acercando mi boca al pubis, que en aquel momento, Susan, que estaba siendo penetrada por detrás por Juan, levantó su cabeza, dejándome el sexo de Marta a mi disposición.

Me dediqué a lamer y chupar la vulva, mojada ya por la lamida de Susan, mientras mi miembro se introducía por completo en la boca de Marta, al mismo tiempo que lo masturbaba con su mano.

Mientras chupaba y lamía con mi lengua el clítoris de Marta, empecé a mover el cuerpo, subiendo y bajando las caderas, el miembro entraba y salía de la boca de Marta, que se esforzaba por admitir en ella el grueso pene, sentía como sus dientes rozaban el glande, que penetraba hasta el fondo de su boca.

Juan lanzó un estentóreo grito, acababa de correrse en el intestino de Susan, que abría su boca, gimiendo al sentir en su ano, la corrida de semen, que Juan eyaculaba lanzando aullidos y gemidos de placer, mientras apretaba contra ella su cuerpo, con el miembro introducido hasta los testículos en su culo.

En mi boca sentí el sabor de la eyaculación de Marta, que retorciéndose de gusto, alcanzaba el orgasmo. No era consciente de lo que tenía en la boca, por lo que, al retirar mi miembro, por precaución, que no acabara mordiéndome, no pude retener mi propio orgasmo, que derramé sobre su cara, sus ojos, su boca, que ella mantuvo abierta, con la intención de recoger en ella la emisión espermática.

Quedamos los cuatro, después de gozar de nuestros respectivos orgasmos, en un revuelto montón de cuerpos desnudos, Susan se dejó caer sobre el cuerpo de Marta, medio cubierta por mi, con mi sexo reposando sobre su cara, llena de semen, y Juan, quedó de rodillas, abrazado a las caderas de Susan, besando y lamiendo sus nalgas, recuperándonos del esfuerzo sexual practicado, con la respiración entrecortada y el placer reflejado en nuestros semblantes.

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capitulo 10º y final

Cuando el sol dejó de calentar nuestros cuerpos desnudos, decidimos entrar al interior de la casa. Juan nos tenía preparados una especie de batines cortos, de alegres colores, nos cubrían justo hasta la mitad de las caderas, por lo que casi nuestros genitales quedaban al descubierto, realmente eran muy excitantes, pero según él, no le gustaba sentarse a comer en la mesa desnudo.

Las chicas hicieron algunas bromas, referentes a su manía, pero él no cedió, nos vestimos con aquellas prendas, nos reímos un rato, de la imagen que dábamos vestidos de aquella manera, cubierto tan solo de cintura para arriba, dejando a la vista la parte mas excitante de nuestros cuerpos.

Marta se me acercó por detrás, me cogió de la cintura juntando su cuerpo, sobre las nalgas sentí el suave vello del pubis, que ella frotaba contra ellas.

– Con estos vestidos, no haría falta desnudarse, ¿ notas mi excitación al mirar tus atributos ?.-dijo, pasando sus manos para hacerse con los testículos y con el pene, que al momento inició su erección.

– Y si además me atacas así,- dije, dándome la vuelta, para ponerme frente a ella,- no creo que podamos resistir la tentación.- La besé en la boca, abrazándola y apretando mi sexo contra su pubis.

– Te deseo, quiero que me la metas hasta el fondo.

La cogí con fuerza por los glúteos, acercándola a mi, la verga ya empinada, chocó con su vulva, la fregué con furia.

– Vamos. Parar un rato, que tenemos que comer algo,- Juan cortó nuestra excitación,- Después de cenar, tendremos tiempo de gozar hasta rendirnos.

– ¿Tu no harías lo mismo conmigo ?- terció Susan, con una sonrisa. acercándose mimosa.

– Claro, pero tenemos que reponer fuerzas. ¿ no crees ?. Venga, vamos a cenar.- dijo, intentando disimular la erección que iniciaba su verga, que con el corto batín que llevaba puesto, era imposible esconderla.

– Ves como también estás excitado,- comentó al ver su miembro, salir por debajo de la ropa.

– Naturalmente que estoy excitado, pero también tengo apetito. Vamos.- dijo, al tiempo que pasaba su brazo por la cintura de Susan, llevándola hacia la mesa.

Comimos, bebimos y charlamos animados y contentos, la conversación giraba indefectiblemente sobre temas del sexo, las chicas, mucho mas abiertas que nosotros, no dejaban de magnificar el sexo entre ellas, con miradas cargadas de intención, de vez en cuando se besaban en la boca , desafiando nuestras miradas, tal vez esperando que nosotros hiciéramos como ellas, que demostráramos de alguna manera que podíamos gozar entre nosotros del sexo.

Como respuesta a sus insinuaciones, Juan me miró, lo miré, sin decir palabra se acercó para besarme, le ofrecí mi boca, posó sus labios sobre ella, le recibí abriendo los dientes y sacando la lengua, él la chupó. Nos dimos un largo beso, con intercambio de saliva, uniendo las lenguas en un baile íntimo, bajo la mirada divertida de las chicas. Sentí el contacto de su mano sobre mi pene, abrí las piernas, me apretó el miembro cariñosamente. Sin dejar de besarme, su mano empezó a masturbarme, la verga respondió con una erección espontánea, correspondiendo a su caricia, metí mi mano entre sus piernas, encontré su miembro completamente empinado, entre mis dedos lo sentí latir.

Las dos mujeres estaban distraídas prodigándose caricias cada vez mas íntimas, sus manos, bajo la mesa, hacían como nosotros, se acariciaban la una a la otra el sexo, mientras se besaban también calurosamente.

– ¿ Y si pasamos a la habitación,?- dijo de pronto Juan, – Me parece que estamos ya muy excitados.

– ¿ Cambiamos de pareja,?- Preguntó Susan, con intención,- ¿ O empezamos como estamos ahora?.

– En la cama cabemos los cuatro.¿ Que os parece si improvisamos a lo que salga?.

– A mi me gustaría estar con ella,.- apuntó Marta, mirando tiernamente a Susan.- Además, me gustaría veros a vosotros practicando un coito.

Juan me miró, mi contestación fue darle un apretón en su miembro, moví la cabeza en señal de consentimiento.

Alegremente nos dirigimos al dormitorio, las chicas nos siguieron cogidas de la cintura, con sus bocas unidas en un beso.

Nada mas entrar, nos despojamos de los batines, ya desnudos, las dos mujeres se sentaron en el borde de la cama, una a cada lado, dispuestas a disfrutar de nuestra actuación amorosa.

– ¿ Que os parece, si nos dejáis a nosotras preparar vuestros falos, para empezar.?- propuso Susan.

– ¿ Si queréis, ? Por mi estoy dispuesto.- Consintió Juan,- ¿ Marcos ?.

– No se, estoy muy excitado, temo que me corra antes de empezar. Pero bueno, me parece bien.

Las chicas nos hicieron tender sobre la cama, sus manos se apoderaron de nuestras vergas, que ya estaban muy empinadas, mojaron con saliva la piel del prepucio, para con la mano bajarla, dejando el glande al descubierto, masturbandonos lentamente. Como si fuera un concurso de masturbación, para ver quien lo hacía mejor, se esmeraron en las caricias. A continuación fueron sus bocas las que, agachándose sobre nosotros, tomaron parte de la felación, rodeando con los labios el grueso glande, manteniéndolo en ella, mientras la mano frotaba de arriba a abajo, a lo largo del hinchado miembro.

– Marta, – dijo de repente Susan,- ¿Apostamos ha ver quien de nosotras es mas rápida en hacerles eyacular ?. La que gane, deberá un orgasmo a la que pierda.

– Vale, pero, ¿ No sera agotarlos demasiado pronto ?.

– ¿ Que os parece a vosotros, ? ¿ Seréis capaces de reponerse después, para satisfacernos a nosotras ?,- Nos preguntó Susan, dirigiéndose a los dos.

– Por mi parte, con un pequeño descanso, creo que responderé.- contesté yo.

– Por mi no habrá inapetencia de complaceros a las dos.- Dijo Juan, con orgullo,- No será la primera vez, ¿ No es verdad, cariño ?.

Dicho esto, se estiró abriendo las piernas, puso sus manos debajo de la nuca, disponiéndose a la prueba.

– Cuando queráis, podéis empezar.

Marta se puso arrodillada entre sus piernas, empezó por coger con las dos manos su sexo, una cerró sus dedos aferrando el grueso miembro, la otra acogió en la palma la bolsa de los testículos, elevándolos y masajeándolos, acercando su cara, esperó a desnudar el glande, retirando la piel del prepucio, cuando lo tuvo descubierto, pasó la lengua alrededor de él, mientras lo masturbaba lentamente, después lo cogió entre sus labios, para, a continuación, introducirse completamente en la boca el empinado miembro, acompañando el movimiento de la mano a lo largo de él.

Por su parte, Susan, me empujó una de las piernas para dejarla colgada en el borde de la cama. Ella, agachada sobre mi, empezó con una suave caricia, pasando una mano por debajo del escroto, metiendo un dedo entre los glúteos, buscando el orificio anal. Yo elevé las caderas para permitir su caricia, con la otra mano, me cogió la verga, apretándole entre sus dedos.

Se arrodilló, y me cogió la pierna, obligándome a levantarla por sobre de su cabeza, aplicó su boca por debajo de los testículos. Mi cuerpo tuvo un estremecimiento cuando sentí el cálido contacto en el ano, ella lamia y repasaba con la punta de la lengua, el íntimo orificio, esforzándose por penetrarme con ella. Empecé a gemir con la sensible caricia y por la masturbación que me practicaba al mismo tiempo. Después de mojar con su saliva todo el entorno del ojo anal, sentí como su dedo forzaba el esfínter, una vez dentro de él unos centímetros, empezó a moverlo, haciéndolo girar dentro. Intenté relajar el músculo, pero sin conseguirlo, por lo que el anillo anal, oprimía con fuerza su dedo, y me daba un placer profundo.

Juan se movía sobre la cama, con los músculos en tensión, su cuerpo era preso de espasmos, gritaba y gemía, pidiendo que Marta no parara de masturbarle, aullaba de placer, pidiendo mas y mas deprisa, al borde del orgasmo, sus manos agarraban la cabeza de la chica, para evitar que se separara de su miembro, a punto de eyacular. Con un gemido prolongado, se corrió, el miembro, dentro de la boca da Marta, escupió un río de esperma que ella recogía sorbiendo y tragando la caliente emisión de semen.

Susan, viendo que su novio acababa de correrse, aceleró la masturbación, sin sacar su dedo de mi ano, aplicó su boca a la punta del pene, su mano subía y bajaba en su recorrido por el miembro, su boca sujetaba el glande con los labios, mis gemidos se hicieron mas potentes, empecé a gritar, elevando el cuerpo de cintura para abajo, La boca de Susan se convirtió en un órgano succionador, sorbía con fuerza, provocando el vacío en ella, frotando el miembro con rapidez. Con un aullido de triunfo, descargué el contenido de mis testículos en el fondo de su garganta, ella tosió, atragantándose con la emisión, pero tragándosela, y manteniendo dentro de su boca la verga mientras eyaculaba, sorbiendo hasta las últimas gotas de leche caliente.

Después de la felación de las dos chicas, tanto Juan, como yo, quedamos jadeantes sobre la cama, Marta, se incorporó para bajarse de ella, y rodeándola se unió a Susan, que quedó arrodillada, y medio cuerpo sobre mis piernas.

– Me debes una corrida.-

– ¿ Como quieres que te haga correr?.

– Quiero tu lengua, que me masturbes con ella hasta el final.

– ¿Con tragada de flujo incluida pregunta

– Quiero que me lo comas todo.

– Ven, cariño, acércate.

Encogimos las piernas para permitir que Marta se estirase a través de la cama, con las nalgas casi fuera de ella, Susan, le hizo doblar las rodillas, apoyando los pies en el borde y sugetándola por los tobillos.

Metió su cabeza entre los muslos, sobre el medio depilado pubis, besando suavemente el nacimiento de la vulva, siguiendo con sus labios el contorno de los labios de la vagina, con pequeños toques de la punta de la lengua, lamiendo la parte interna de ella.

Marta se estremecía con la caricia, de su garganta se escapaban gemidos ahogados, sus caderas se elevaban, buscando un contacto mas íntimo, una penetración mas profunda de la lengua que lamía su interior.

Inconsciente de sus movimientos, alargó las manos hacia el sexo de Juan, aferrándose a el. Este, escurrió el cuerpo para acercar sus genitales a Marta, que, con la masturbación de su clítoris por la lengua de Susan, estaba fuera de si, empezó a lamer y chupar los testículos de Juan, que tenía las piernas sobre su cabeza, gimiendo y gritando a su amiga para que esta no cesara en su caricia.

Me levanté de la cama, sin decir nada me dirigí al cuarto de baño, dejándolos disfrutar con sus masturbaciones.

Me urgía descargar la vejiga, miccioné con fuerza, me miré el miembro mientras lo hacía, pasó por mi pensamiento una idea, que no sé si las chicas la admitirían, orinar sobre sus cuerpos desnudos. No lo había hecho nunca. Me imaginé como sería que ellas lo hicieran sobre mi, la idea no me desagradó. Incluso pensé que podía ser muy excitante.

Me lavé a fondo, retirando la piel del prepucio para limpiar bien los bordes del glande. Después de mirarme de nuevo en el espejo, satisfecho de lo que reflejaba, me dispuse a reunirme con mis amigos de nuevo. Preparado para un nuevo juego sexual.

Fin de la historia. El 1er. Capitulo lo titulé “sexo entre amigos”. Si empezáis a leer por él, espero que os haya gustado, poner algún comentario para decidir si seguir o no escribiendo mis relatos. Gracias.

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