Sexo con mi vecina casada

Este relato comienza con una tarea tan rutinaria como pasear al perro. Estaba yo paseando a mi perro en un descampado próximo a mi casa y un día me encontré con una mujer que estaba paseando a sus dos perros también en el mismo descampado. No pude evitar fijarme en ella, debía tener unos 36 o 37 años, era rubia, guapita, no tenía una cara de las que encandila a todo el que pasa y genera muchas envidias, pero era guapa. De cuerpo tampoco era despampanante, pechos y cintura normales, pero en algo que sí que destacaba era en su trasero. Su trasero era precioso, muchas mujeres a su edad han perdido el trasero que tenían a los 25 años, pero ella parecía conservarlo, bastante llamativo incluso para un chaval de 24 años, yo. Y unas piernas también bastante bien conservadas. Se notaba que debía salir a correr o ir al gimnasio a menudo, no para estar musculada, sino para conservar su línea.

Mi primer contacto con ella fue puramente visual. Durante semanas me la fui encontrando algunos días, no era a diario, pero solía fijarme en lo bien que estaba físicamente, estoy acostumbrado a encontrarme a mujeres que a su edad no están tan bien como ella, seguramente por falta de ejercicio. De vez en cuando nos saludábamos, pero apenas hablábamos.

Cuando me la cruzaba yo solía fijarme en ella más de lo que es natural observar a una persona que conoces de vista. Sé que ella se percató de ello, yo no me cortaba en mirarla aunque ella mirase directamente hacia donde yo estaba. Al principio no parecía sentirse muy cómoda con mis miradas, pero con el tiempo se notaba que le gustaba que yo me fijara en ella, incluso ha habido ocasiones en las que he pensado si vestía con ropa más ceñida para mí, pero bueno, siempre pensé que eran paranoias mías.

Sin embargo, un día, aquél saludo cortés que solíamos dedicarnos acabó en una conversación que se alargó en el tiempo. Comenzamos hablando de nuestros perros, algo típico cuando dos personas que tienen perro y lo están paseando comienzan a hablar; pero la conversación derivó en lo bonito que era uno de sus perros.

– Pues es muy mono Chiqui -el perro- casi tanto como su dueña.

– Uy, uy ¿pero qué dices, niño? ¿Yo que voy a ser mona?

– Eres preciosa y estás estupenda.

– Qué adulador eres tú, ¿eres el típico chavalín al que le gustan mayores?

– ¿Mayores? Si eres muy joven todavía, estás muy lejos de ser mayor.

– Ya quisiera yo. Pero he notado cómo me miras ¿te crees que no me doy cuenta?

– A mí no me importa que me vean observando a una escultura como tú.

– Sí que debo gustarte, no te cortas un pelo, vas a matar. Pues que sepas, niño, que estoy casada.

– Nadie es perfecto. Ah, por cierto, soy Alejandro, que no nos hemos presentado.

– Yo Laura.

– Bonito nombre.

– Gracias, también lo es el tuyo.

– Gracias. ¿Entonces no tengo ninguna oportunidad?

– A ver, he dicho que estoy casada, no que sea esclava de mi marido, y tú no serás Brad Pitt, pero tienes tu encanto.

– ¿Qué quiere decir que no eres esclava de tu marido? ¿Sois una pareja liberal?

– No, pero si él no me satisface como es debido, me busco a quien lo haga. Mi marido es un hombre que está muy ocupado con su trabajo

– Ok. ¿Entonces te apetece que quedemos y juguemos?

– Jajaja, qué mono.

– ¿Qué pasa? ¿Qué he dicho?

– Nada. No me has conquistado y ya quieres probarme…

– Es que ese culito tan perfecto que tienes me encanta, me derrito con él. Y esos ojos claros… En fin, que estás buenísima y te daba aquí mismo.

– ¡Alto! Romeo, alto.

– Perdona, creo que habla la testosterona por mí -en ese momento la agarré del brazo y froté mi mano en él.- Si me permites, te voy a dar dos besos.

– ¿Aquí? ¿Ahora? -miró alrededor y pareció que no vio a ningún conocido- bueno, pero en la mejilla.

– De acuerdo -me acerqué más a ella rodeándola con mi brazo por la espalda y le di un beso en la mejilla, pero en el segundo busqué su boca.

– ¡Oye! -y me hizo la cobra.

– ¿Por qué no quieres solo un piquito?

– ¿Tú has visto dónde estamos? Podrían vernos, demasiado raro es que me beses en la mejilla como para que, además, me beses en la boca.- Me quedé pensando un momento.

– Bueno ¿qué te parece que vaya a dejar a mi perro a mi casa y me acerque a la tuya? O puedes venir a la mía, ahora mismo no habrá nadie.

– De acuerdo, acércate a mi casa, pero no te creas que ya me has conquistado.

– No se me ocurriría.

Me dijo dónde vivía exactamente y rápidamente fui a dejar a mi perro a mi casa y me dirigí la suya, vivía realmente cerca de la mía, apenas a tres calles en un barrio no muy amplio. Cuando me abrió la puerta observé que se había cambiado, ya no vestía como cuando estaba paseando a sus perros, en ese momento iba con una bata con encajes que parecía de seda, bastante sexy, no sabía si debajo iba completamente desnuda o llevaba ropa interior. Me quedé sorprendido y, al mismo tiempo, intrigado ¿estaría desnuda? Pasé besándola directamente en los labios y enseguida noté que buscaba mi lengua, así que accedí. El beso duró casi un minuto y yo busqué cada centímetro de su cuerpo con mis manos, especialmente su hermoso trasero.

– Creía que todavía tenía que conquistarte.- Dije yo.

– Bueno, no te pienses que con un beso ya me tienes ganada.

– ¡Qué lástima! Por cierto, besas realmente bien- nos fuimos a sentar al sofá mientras la sujetaba por la cintura, una vez sentados busqué hacerle caricias continuamente en su cara, cuello, su torso y sus muslos.

– Gracias, tú tampoco besas mal, creía que serías menos habilidoso con la lengua. Como lo seas también en otros labios… -dijo esto y acabó llevándose su dedo índice a sus labios en un gesto travieso.

– Quizás deberíamos comprobarlo ¿no crees? -en ese momento, sin que ella pudiera contestarme, comencé a besarle el cuello al tiempo que una de mis manos buscaba delicadamente uno de sus pechos, dejé un momento de besarle para hacerle una pregunta- ¿llevas algo debajo?

– Compruébalo tú mismo.- Con esa respuesta automáticamente mis manos fueron a buscar el nudo que ataba su sensual bata; aunque podía ya notar sus pezones debajo de esa fina tela, al descubrir sus senos pude ver perfectamente que estaban desnudos, al ver aquellos lindos pezones rodeados de una fina areola me lancé directamente a probarlos con mi boca, ella dio un respingo y me puso una de sus manos en mi cabeza para acompañar mi movimiento.

A pesar de que sus pechos estaban desnudos, su sexo estaba cubierto por un tanga blanco de lencería fina muy sexy. Tras probar ambos pezones fui bajando poco a poco hasta llegar al interior de sus muslos, aquello estaba muy caliente y cuando fui a frotar ligeramente su coño por encima de su tanga noté que estaba ligeramente húmedo, ella parecía estar pasándoselo bastante bien conmigo.

Al ir Laura a quitárselo, le pedí si podía hacerlo mostrándome su culazo mientras se bajaba su tanga. Ella accedió y aquella imagen me puso a mil, así que me saqué mi polla rápidamente y ella rápidamente se la introdujo en la boca.

– Joder, qué bien la chupas, como sigas así me corro en nada.

– ¡No! No te corras, que yo también quiero diversión.

Tras un par de minutos probando ella el sabor de mi aparato nos cambiamos el rol. Ante mí tenía un coño que, aunque no estaba recién depilado, se notaba que no hacía ni una semana que lo hizo, pero eso no me importaba, tenía el coño de una mujarrona de unos 12 años más que yo a milímetros de mi boca, aquello era máximo para mí, pocas veces te encuentras la oportunidad de tener sexo con una mujer atractiva 12 años mayor que tú.

Succioné y lamí aquél tesoro durante varios minutos, pero tenía yo mi polla palpitando y en su máximo esplendor, yo creo que ya no cabía más sangre en su interior, así que me decidí y le penetré. No sé todavía cómo no salió humo de allí, tanto mi polla como su coño estaban calentísimos. Afortunadamente ella había lubricado suficiente y no costó mucho penetrarla.

– ¡OH, SÍ! ¡¡QUÉ BIEEEEN!! Eso es ¡FÓLLAME!

– ¿Te gusta mi polla? Pues toma polla.

– Aaaah, sí, sigue.

Estuve unos segundos siguiendo un ritmo rápido, pero tuve que frenarme porque sabía que no iba a aguantar mucho así, así que la estuve follando tranquilamente hasta que ella quiso cambiar de postura, como el sofá era un poco incómodo nos fuimos a su cuarto y allí me tumbó sobre la cama cara arriba y ella se colocó sobre mí, se insertó mi rabo entre sus piernas y comenzó a cabalgarme. Mientras tanto, yo agarré firmemente su espléndido culo, parecía que me estuviera follando a una chica de, como mucho, 20 años, por aquél formidable trasero, pero con la experiencia de una mujer hecha y derecha, de hecho ella me follaba a mí mejor que yo a ella.

Enseguida tuve que frenarla porque veía que me venía.

– Para, para, para… Que me corro.

– Pues córrete

– ¡NO! Antes tengo que follarte desde atrás.

Inmediatamente la agarré de la cintura, la puse a cuatro patas y volví a introducir mi pene en su vagina. Empecé poco a poco, pero al tener a la vista su trasero me vine arriba y aceleré el ritmo, en apenas un minuto llegué al orgasmo, así que en cuanto noté que iba a salir todo mi semen saqué mi polla y rocié aquel trasero con mi leche.

– Buaaaah, qué envidia le tengo a tu marido.

– ¿Envidia de qué? Si en el último mes solo lo hemos hecho una vez.

– Menudo estúpido. Yo no permitiría que este hermoso culo pasara hambre.

– Bueno, tú habrás terminado, pero yo…

– Oh, perdona. Limpiamos este pequeño desastre que he hecho y enseguida te ayudo acabar.

Fui al baño a por un poco de papel higiénico, le limpié los restos de mi leche y comencé tranquilamente a comerle, de nuevo, su coño. No me creía capaz en un principio, pero no tardé en recuperar mi erección y me decidí a volver a penetrarla, aquello resultó más brutal de lo que pensaba después de haberla penetrado anteriormente. En apenas cinco o seis embestidas ella comenzó a temblar, su vagina se llenó de fluidos y sus gemidos crecieron tanto en intensidad como en cantidad, ya se había corrido, así que saqué mi polla de ahí. Ella, para corresponderme, se introdujo mi pene en su boca y cuando me iba a correr le avisé. El poco semen que me quedaba lo eché esta vez sobre sus pechos.

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