Sexo duro con mi suegro

RECUPERANDOME DE HABERME CONVERTIDO EN VIUDA…

Lloré durante toda la noche, realmente no sabía si era por haber vuelto a mi vida y en la que ya no estaba mi marido o por haber recibido la polla de mi suegro.

El día llegó y con él aclaré mis ideas. La vida seguía y yo tenia que vivirla como todo el mundo me había dicho y como a mi marido le hubiera gustado que hiciese. Respecto a mi suegro me sorprendía que él también llevase una doble vida, pero ¿qué le podía yo echar en cara?, el hombre era viudo y por muy católico y conservador fuese en su vida publica, ¿quién era yo para juzgarlo?.

No pasaron ni cinco días hasta que me volví a embutir en mi traje de látex, me puse mi abrigo y guarde mi pasamontañas en el bolsillo.

De nuevo esperé a que la puerta estuviese despejada antes de bajarme del taxi. El taxista sonrió mientras le pagaba y salía del vehículo. De nuevo me coloqué el pasamontañas y entré.

No paré en el bar, directamente pasé a la sala de torturas. Me tumbé en un potro de tortura con el pecho hacia abajo y dejando mis nalgas casi a la vista. Ese día llevaba una falda de látex que quien las haya probado sabrá lo fácil que suben y lo complicado que es bajarlas.

Cerré los ojos y esperé.

Zas, un fustazo cayó sobre mi culo. Apreté los dientes. Zas, otro fustazo. Zas un nuevo fustazo…. Estuve recibiendo golpes durante aproximadamente 5 minutos, tenía claro que debía de tener mis nalgas en carne viva, pero necesitaba un correctivo. Me corrí gimiendo como una posesa.

Alguien con la polla fuera del pantalón se acerco a mi cabeza. La polla era grande, venosa, brillante y sobre todo dura. El extraño me la metió en la boca sin más, yo empecé a mamar. Mi surtidor de polla de cogió dulcemente mis brazos y me lo echó hacía atrás. Alguien detrás de mí agarró las muñecas y cerró con fuerza unas esposas a mi espalda. De nuevo volvía a estar indefensa ante el sexo. Como a mi me gustaba.

La persona detrás mía empezó a comerme el chocho como si llevase sin comer meses. Glotonería diría yo. Era una sensación maravillosa sentir esa maravillosa e impaciente lengua recorrer mi coño de arriba a abajo en comparación con el dolor de nalgas que aún tenía, y que iba a tener muchos días, en mi culo.

Tanto el de la polla como yo nos corrimos a la vez. El en mi boca, yo en la boca de mi chupador. Era más que evidente que el mamador no se iba a quedar así y me follaría de inmediato. Pero no fue así, mi chupador se retiró ante mi sorpresa. Era una mujer que lo había hecho.

Esa noche pasé por la polla y perversiones de tres personas más. Unos me sodomizaron con fuerza, otros me la metieron en la boca y uno me folló el coño.

Volví a casa rota pero contenta.

El domingo comí en casa de mi suegro. En la mesa estaba mis cuñados, sobrinos y presidiendo la mesa mi querido suegro.

Después de bendecir la mesa, comimos todos con una charla muy animada. Todos fueron muy amables y atentos conmigo. Ciertamente todos esperaban que a estas alturas yo hubiese rehecho mi vida con otra persona, pero pasado el tiempo se dieron cuenta que vivía en una gran depresión y todos se volcaron conmigo y mi bienestar.

Volví un par de veces al club. Cada día estaba más suelta y disfrutando más de volver a lo que consideraba mi segunda casa. Aún tenía miedo de quitarme el pasamontañas.

Estaba siendo doblemente penetrada por el coño por dos chicos cuando una polla entré en mi boca. Tal y como estaba atada con cuerdas de esparto que mantenían mis brazos inmovilizados, piernas abiertas y coño abierto tuve que elevar mis ojos para ver a quien pertenecía esa polla que tan golosamente me penetraba la boca. Seguí con la mirada el tronco de aquella polla que entraba y salía. Avanzaba con mi mirada sobre su prominente barriga que cruzaban dos correas con tachuelas de cuero, me quedé de piedra cuando vi que todo aquello correspondía a mi suegro, el cual resoplaba ante mi lengua y boca.

Chupé como pude durante más de 10 minutos. Servando, que así se llama el hombre, acompañaba mi cabeza con sus manos en mi viene y va. Los dos chicos que me destrozaban el coño se corrieron uno tras otro, lo que hizo que mi suegro retirase la polla de mis fauces y cambiándose de posición me penetro el coño. Era más que obvió que tal y como tenía mi coño su polla le iba a bailar. Servando se dio cuenta, la sacó y sin previa dilatación me rompió el culo. Me dolió un huevo, casi rompo a llorar por el dolor que me estaba causando. No era un llanto negativo, era un llanto de placer. Me corrí después de pocos instantes gritando de gusto. Servando aguantó un poco más para correrse en mi cara mientras se la machacaba.

Los siguientes meses la vida fue cambiando poco a poco. Decidí volver a mi trabajo. Empecé a ver a amigos y amigas ya fuera de casa. Llegué incluso a acostarme con un amigo de amigo, el cual no es que resultase un soso, sino que yo después de tantos años de sexo muy duro no quería a un caballero entre mis piernas sino a uno que me hiciese sentir una perra, cosa que el chico no logró. Mi vida con mi familia política seguía igual. Muchos domingos comía con ellos.

Seguí visitando el club casi semanalmente. No siempre me encontraba a mi suegro pero cada vez que coincidíamos el hombre se dirigía a mi como un imán. Con él hice de todo, follamos solos, con más gente, me ató, me colgó de cuerdas, me fustigó y toda diablura que se le podía ocurrir. Yo por mi parte en más de una ocasión le até a la cruz, le puse pinzas en su prominentes pezones o le comí la polla teniéndole a mi disposición.

No sentía ningún tipo de prejuicios en follar con él, de alguna manera me hacía recordar a su hijo, pero por nada del mundo quería que supiese con quien follaba.

Aunque no tenía muchas ganas en mi empresa me obligaron a coger vacaciones. No me apetecía mucho pues el trabajo me hacía sentirme realizada en esos momentos. Viendo como se ponían intenté escaquearme con la excusa del exceso de trabajo durante agosto, pero fue el primer viernes de Septiembre cuando me dijeron que hasta el 1 de octubre no volviese.

Ante mi falta de planes mi suegro me ofreció ir a verle a su casa en la playa pues estaba con mis sobrinos y no le venía mal una mano pues los iba a tener allí hasta que el día 15 empezasen los colegios.

La casa era un caos. Los niños habían tomado la casa al asalto ante la complacencia de su abuelo. Todos los padres tenían que trabajar por lo que habían colocado a los niños con el abuelo, y el abuelo feliz.

Las jornadas con los críos y con Servando eran maravillosas. Nos acostábamos tarde, nos levantamos tarde. Comíamos a deshoras, bajábamos a la playa a jugar a todo tipo de juegos, veíamos la tele, comíamos chuches y otras marranadas. En fin, el paraísos para los niños y obviamente para su tía y su abuelo.

Llegó el día 14 y con ello la despedida de los niños, sinceramente pensaba irme yo también, pero me dejé convencer por Servando y sus hijas para que me quedase con él. No le iba a venir mal la compañía a ninguno de los dos y efectivamente yo además no tenía nada que hacer.

Esa noche estando yo leyendo un libro en el salón Servando llegó con dos wiskeys.

– Con tanto alboroto de niños no hemos podido hablar. ¿qué tal estas?

– Bueno, ahora mejor, ha sido todo muy duro pero ahora estoy levantando cabeza.

– ¿Y de novios que tal estamos?

– Uff si yo te contase – le dije sonriendo.

Aquella noche bebimos hasta tarde. Servando me habló de su vida y me contó un millón de batallitas.

Nos levantamos tarde y Servando me propuso ir a comer a la playa. En esa época estaba desierta y aún hacia muy buen tiempo.

Estamos realmente solos. Yo me quité mi camiseta y Servando la suya.

– Sé que mi hijo y tu hacías nudismo. No veo la razón por la que te vas a quedar con todo eso puesto sin tener a los niños por aquí.

Le miré un poco cortada mientras me deshacía de mi sujetador.

– Bueno, el nudismo lo hacíamos en lugares apartados y solos. Creo que me quedaré así – a Servando le cambió la cara, me imaginé que por que hubiese seguido sus instrucciones, aunque fuese a medías, casi sin protestar.

Pasamos largas horas en la playa. Hablamos poco, a veces por que Servando dormía, a veces por que yo dormía y otras por que ambos mirábamos al infinito.

Cenamos y volvimos al wiskey. De nuevo la noche se prolongo hasta altas horas de la noche.

Como cada noche una vez sola en mi habitación empecé a tocarme suavemente. MI clítoris iba creciendo ante el roce de las yemas de mis dedos. Poco a poco mi mano se aceleró, mi respiración aumentó y empecé a acercarme al orgasmo. Como pude metí la mano en la mochila al lado de la cama y me hice con el vibrador verde que siempre me acompañaba, cambié mi posición de manera que quedé de rodillas en el suelo con mi tronco apoyado en la cama y de un rápido movimiento me clavé mi toy en mi ano. Estaba en éxtasis sin importarme nadie ni nada, con una mano en el vibrador metiéndolo y sacándolo de mis profundidades más intimas y con otra rozándome el clítoris. Estaba sencillamente al limité cuando noté que una polla profanaba mi chocho. Miré hacía atrás sin dejar quietas mi dos manos y pude ver como mi suegro totalmente desnudo me cogía por las caderas y empezaba a bombear en mi sudado coño. Ni el mejor club de sexo, ni el mejor intercambió pudo aumentar ni aumentará la sensación y el orgasmo que tuve en aquel momento. Me corrí como una condenada mientras mi suegro aumentaba el ritmo. Había dejado de gritar cuando mi suegro apartó mis manos de mi juguete y vulva y con un rápido movimiento ató con el cinturón de su batín mis manos a la espalda. Siguió follándome sin parar mientras tiraba de mi pelo echando mi cuerpo hacia atrás y volviendo a la senda del placer. Estaba corriéndome una segunda vez cuando Servando se corrió con un grito en mi interior. El viejo no tenía intención de dejarlo ahí, y dándome la vuelta y abriendo mis piernas empezó a comer mi coño como si no hubiese un mañana. Yo solo era capaz de gemir un sigue, sigue, sigue, algo que él hizo sin miramientos. Me volví a correr.

El viejo parecía que le habían dado cuerda. Me recostó sobre el cabecero de la cama y de nuevo se volvió a meter en mi interior. Penetró mi ano con maestría y regreso a su mete saca que tanto placer me había dado en los últimos meses.

Me estuvo follando y retorciendo los pezones durante aproximadamente medía hora, el cabrón de mi suegro tenía el mismo aguante que su hijo, solo que con 25 años más. Solo follábamos y nos mirábamos a los ojos in decir nada.

Estaba próxima a mi último órganos cuando entre gemidos, lamentos y suspiros logré hablar.

– Lo sabías, tu lo sabías – Servando me miró a los ojos.

– No hasta que esta tarde en la playa vi ese lunar que tienes al lado del pezón – tonta de mi, ni me había dado cuenta – llevo toda la tarde y noche haciendo examen de conciencia, hasta que te oí gemir como cada noche y no me pude contener – me dijo mientras ambos nos corríamos a la vez.

Nuestra historia no acabó esa noche en esa cama con los dos cuerpos sudados. Servando fue mi amante durante largos y placenteros años. Aquello obviamente fue nuestro secretos y nadie en la familia siquiera lo sospecho. Era lo que podemos llamar mi folla-suegro, y aunque a lo largo de los años otros hombres pasaron por mi vida, no hubo semana en la que Servando no disfruto de mi cuerpo y yo del suyo hasta que falleció ya con una edad muy honorable… a él aún hoy también le lloro.

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