Sexo en la oficina… con mi jefe

Después de haber tenido varias relaciones con mis tíos, logré liberarme sexualmente y, a partir de allí, comencé a experimentar en otras situaciones y con otras personas… en otros escenarios y poder cumplir mis fantasías.

La oportunidad se dió después de trabajar 5 años en un estudio contable. Uno de mis jefes mi primo… y el otro su socio, un señor de 70 años.

A pesar de haberme acostado y haber hecho tantas cosas con mis tíos, mi primo siempre ha sido como un hermano para mí y sería incapáz de coger con él. Pero bueno, también es cierto que estando tan liberada, quizás… algún día también se rompa ese tabú.

Lo cierto es que en mi cabeza rondaban algunas fantasías: tener sexo en la oficina, tener sexo con mi jefe… y la que más me perturbaba era tener sexo con un hombre muy mayor.

En mi trabajo posía cumplir las 3 a la vez… el socio de mi primo es un señor de más de 70 años que vive mirándome con ganas desde hace 5 años… pero que se ha visto limitado por ser yo la prima de su socio, y eso siempre ha hecho que me respete.

Más allá de eso siempre le fue inevitable disimular las miradas a mi escote, lo he pescado muchas veces mirando mis tetas, mis labios, mis piernas y seguramente mi cola cuando me doy vuelta. No ha perdido oportunidad de rozarme al descuido algún pecho, no ha resistido acercarse demasiado cuando trabajamos en algún tema juntos. Como tampoco nunca pudo evitar que se le note una erección al estar cerca.

Lo cierto es que él no daría ningún paso en falso pero yo sabía que venía conteniendo su calentura durante estos 5 años y, en cuanto yo le diera algún pequeño indicio, sin dudar se abalanzaría sobre mi como un lobo viejo y hambriento hasta quedar satisfecho y descargado.

Se dió una tarde de miércoles, lluviosa, triste y silenciosa en la oficina. Ese día me había puesto un vestido corto, entallado con un gran escote de color bordó, con unos tacones al tono. No me había puesto corpiño, así que Don Hugo se deleitaba viendo como mis pezones se ponian duros con el frío del aire acondicionado.

Desde que había llegado, a las 8 de la mañana, don Hugo no paraba de mirarme. Estuvo hasta el mediodía pensativo. Almorzamos juntos en la sala de reuniones como a veces hacíamos, y comenzó a mirarme de un modo muy insitente, pasando sus ojos de mis ojos, a mi boca, luego a mis pechos mientras saboreaba su comida, quizás imaginando como me saborearía a mi si tuviera la chance.

Cada vez que sentía su mirada posada sobre mis tetas yo le lanzaba una sonrisa cómplice.

Afuera seguía lloviendo, cada vez más fuerte… se escuchaba el viento y los truenos cada vez más intensamente.

Mientras levantaba los platos, como al descuido rozaba su brazo, o me estiraba delante suyo para alcanzar algo, permitiendo que viera un poco más de mis pechos.

Don Hugo estaba levantando presión. Su rostro estaba colorado. Se frotaba la calva y la pequeña barba en señal de nerviosismo… pero no dejaba de mirarme.

En el momento que se levanta de su silla noto que sobre su pantalón color arena, su verga estaba parándose. Como al descuido pasé por su lado muy cerca y con mi cuerpo rocé su bulto.

Quedó como helado… atinó a pedir disculpas. Yo lo miré por sobre mi hombro y con una sonrisa le guiñé un ojo y bajé la mirada sutilmente.

Fui hasta el mueble donde guardamos la vajilla y me agaché, dejando que viera mi trasero y mis piernas en todo su esplendor… me quedé un par de segundos y volví a mirarlo insinuante por sobre mi hombro.

Me quedé así, en esa postura acomodando los platos… demorandome para ver si se animaba a dar el siguiente paso. No se animó. Permanecía inmovil, parado mirando la escena, con su rostro ardiendo y su pantalón a punto de explotar. Entonces volví a pasar por al lado suyo mirándolo fijamente a los ojos y luego posando directo mi vista sobre su bragueta para que supiera que quería.

Volví al mueble a acomodar los vasos, en la misma pose, mostrandole mi culo y mis piernas… pero esta vez no pudo resistirse más!!!

Se acercó jadeando sin decir una palabra… de fondo la música funcional y los truenos que hacían vibrar el edificio. Apoyó su bragueta endurecida sobre mi culo y comenzó a frotarla mientras se agarraba firmemente de mis tetas con ambas manos.

Yo estaba ya humedeciendome desde el juego de miradas, así que ahora cada vez sentía más como brotaba el liquido espeso desde mi interior manchando mi ropa interior, que era una tanga colaless minúscula de color negro… era lo único que tenía debajo de ese vestido entallado.

El hombre de 72 años estaba hecho un fuego… en segundos bajó el cierre, desabrochó su cinturón y dejó caer el pamtalón… bajó su slip y con la punta de su verga comenzó a jugar sobre mi tanga, haciendo presión… y para que mi concha se mojara aún más se aferró a mis dos pezones pellizcándolos y frotandolos con suavidad.

Estabamos en completo silencio… solo se escuchaban las respiraciones agitadas por la calentura y el olor a sexo flotaba en la sala. Teniamos que ser cautelosos, las oficinas vecinas estaban muy pegadas y podían escucharnos si no eramos cuidadosos.

Lo estaba notando muy acelerado, y temia que en cualquier momento quisiera montarme sin piedad. Me di vueltas, me puse de rodillas y comencé a chupar su pija, él se encorbaba hacia atrás disfrutando cada lamida, acariciaba mi pelo y me decía: “gracias linda, no sabes como deseaba esto”.

Me detuvo y mirandome a los ojos me dijo. “pero necesito algo más que esto… muero por chuparte esa concha!!! sueño con eso”

“Lo que usted desee Don Hugo”… me saqué la tanga y me tendí sobre la mesa de reuniones, abriendo completamente las piernas para dejarle bien a la vista mi concha bien depilada y mojada.

El viejo se tiró de cabeza como si fuese una pileta y comenzó a lamermela de la manera más suave y dulce que jamás me había chupado. Saboreaba los jugos que brotaban de mi argolla como si fuesen de miel. Yo moría con cada lamida.

“Don Hugo por Diossss, me está matando!!!, siga siga por favor…”

El hombre siguió y le agregó un par de dedos que metía lentamente dentro de mi vagina buscando mi punto G… lo encontró de inmediato y comenzó a alternar sus lamidas con sus movimientos circulares.

Yo pensaba que en cualquier momento me desmayaría de placer… “Don Hugo… siga siga…”

De repente el hombre no soportó más la presión de su verga dilatada y de un salto que demostró una vitalidad poco común a su edad, terminó sobre mi… me miró a los ojos mientras con su mano derecha sostenia su poronga dura por la base y, sin dejar de mirarme a los ojos, la fue introduciendo centímetro a centímetro, viendo como con cada pedazo de carne que me metía yo me estremecía.

“Don Hugo por favor siiii, cójame cójame”

Me metío su verga hasta el fondo con un golpe violento… “Acá la tenés bebé!!! te estoy cogiendo y no pensás tutearme?”

“Cogeme papi… así te gusta?”

Esa frase fue mortal para mi jefe. Comenzó a un ritmo constante a meter y sacar mientras me besaba apasionadamente en la boca para que no se escucharan mis gemidos. El olor a sexo era cada vez más intenso. Don Hugo enloquecía cada vez que le susurraba “seguí cogiendome así papito”.

El pobre hombre estaba casi desmayado de tanto bombear dentro de mi, pero no quería parar ni que esa tarde se terminara nunca… le pasé mi lengua por su cuello y en ese momento no pudo soportar más…

Trató de salir lo más rápido que pudo… casi lo lograba… pero no pudo… su pija descargó semen dentro de mi vagina antes de que pudiera salir por completo… quedando parte adentro y parte chorreando sobre la lustrosa mesa de reuniones.

“Te animás a chupar lo que quedó de mi leche, de ahí? de la mesa? Don Hugo puede ser muy generoso con vos si me cumplis esa fantasía extra amorcito”

Metí un dedo en mi concha, tratando de sacar algo de semen y lo chupé. Luego me paré, me acerqué al charco de esperma espesa y comencé a lamerla lento mientras el viejo se masturbaba logrando que se parara nuevamente

“Así así mami….”

Sin darme cuenta de lo que pretendía hacer, mientras estaba inclinada sobre la mesa lamiendo esperma, me metío sin miramientos la verga en el culo… el dolor fue tremendo porque no estaba relajada como para recibirla.

Empezó a frotar mi clitoris con una mano y mis pechos con la otra… “Seguí tomando mi guasca despacito bebé”

A los pocos segundos ya mi ano estaba amoldado a su pija.

Ese anciano me hizo disfrutar como nunca imaginé… y lo que menos imaginé es que un hombre de esas edad pudiera acabar nuevamente… un pequeño chorro de leche se derramó dentro de mi orificio anal al penetrarme profundamente.

Ya eran casi las 4… hora de cierre de la oficina…

Terminé de limpiar los restos de acabada de Don Hugo y me fuí a higienizar al baño.

Salimos de la oficina y me llevó hasta mi casa con su auto.

Esa era la ultima tarde que estaríamos juntos… mañana él se iria de viaje de negocios por 2 semanas,

No se en que momento lo puso, pero a la mañana siguiente, sobre mi escritorio había un sobre con una tarjeta que decía “retribucion extraordinaria por tareas extraordinariamente maravillosas. Cuidate nena. Hasta la vuelta. Gracias”

Y dentro del sobre… mil pesos.

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