Sexo en la sauna

En el día de ayer mi pareja y yo fuimos a una sauna a tener un rato de relajación y desconectar de tanto trabajo y por qué no, a dedicarnos un tiempo a nosotros mismos.

Según llegamos al local donde está la sauna nos dieron unos albornoces para que anduviéramos por allí. Ese momento de desnudarnos y ponernos los albornoces fue algo muy natural y no lo vimos como nada sexual.

Sin embargo, el hecho de ir casi desnudos por allí con la única protección de nuestra intimidad de un albornoz si que hizo subir el morbo. Al entrar a la sauna había ya dentro otras dos chicas jovencitas.

Ellas estaban sentadas de forma informal conversando entre ellas. Sin duda eran amigas y no era vez la primera vez que acudían ahí. Al ver movimiento tras la puerta y entrar nosotros se incorporaron un poco y corrieron a taparse con el albornoz a modo de toalla puesta por encima. Solo una de ellas se quedó en topless sin importarle que nosotros entráramos allí. Mi pareja y yo nos colocamos en uno de los lados para no intimidar a las chicas.

Mi pareja no dejaba de lanzar miradas furtivas a la chica en topless. Aunque tengo que admitir que tenía un pecho bonito. Ni grande ni pequeño, en su justa medida y bien colocadas.

Tras unos minutos se volvió a abrir la puerta, era una de las trabajadoras de la sauna que venía a avisar a las dos chicas de que ya se había completado el tiempo que tenían. Ellas se levantaron y con gran habilidad se pusieron el albornoz sin que se les viera nada. Al pasar el umbral de la puerta de forma muy simpática esbozaron una sonrisa y se despidieron con un “adiós.”

En cuanto salieron, mi pareja me miró y me espetó un “Pues están bastante buenas”. Yo le respondí; “tienen un buen físico pero tú es que siempre estás pensando en lo mismo con tu mente calenturienta.”

Después de esa contestación mía se quedó paralizado. A los pocos segundos reaccionó y se fue acercando a mí, deslizándose con la toalla por el banquillo de madera humedecida. Y me dijo con una voz muy sugerente, pues este lugar no está tan mal para tener un affair, una cosa rápida antes de que se nos agote a nosotros el tiempo de estar aquí dentro sudando. La realidad es que siempre he imaginado el tener sexo en una sauna, así que me abrí el albornoz y eso fue suficiente para transmitirle mi fantasía.

Él se acercó más a mi con la intención de recorrerme con su boca, pero le paré los pies y le dije que así no. Entonces con una de mis manos le agarré su miembro y se la empecé a manosear. No tardó en ponerse a tono, con el sudor que provoca el calor lo use a modo de lubricante y le masturbe firmemente a la vez que le miraba a los ojos. En ellos podía ver lo ardiente de su pasión y como iba consumiéndose el morbo que le provocaba la situación.

Estando así no tardamos en pasar a mayores, teníamos una sauna completa para nosotros solos y el ambiente ya se había caldeado en todos los sentidos. Me fui abalanzando sobre él lentamente y rozando mi cuerpo por el suyo, hasta que conseguí estar tumbada encima de él. Con los dos cuerpos sudorosos era bastante divertido pues era muy fácil el restregarnos.

Primero me puse de cuclillas sobre él, y le cabalgué durante un rato. Él no dejaba de mirar mi cuerpo brillante por el sudor y muy ardiente. Luego me di la vuelta y me puse en la misma postura pero de espaldas a él. Así fuimos subiendo la intensidad del momento, luego él me dijo de cambiar y ponerme yo a 4 patas.

El placer carnal y el morbo de que pudiéramos ser descubiertos se iba apoderando de nuestros cuerpos que pedían más y más.

Seguimos probando diferentes posturas, íbamos pasando de una a otra sin recrearnos mucho para terminar rápido y evitar la situación embarazosa de la pillada.

La excitación estaba disparada, como el morbo. De hecho, no tardó mucho en advertirme mi pareja que iba a llegar al clímax.

Rápidamente cambié de posición y me arrodillé enfrente suya para ayudarle a llegar al orgasmo con mis pechos.

Después de descargar su placer en mi cuerpo, me limpié con el albornoz y nos tumbamos en los banquitos para recuperar las fuerzas tras el orgásmico momento que habíamos vivido.

Poco tiempo más tarde, apareció por la puerta una de las chicas de allí diciéndonos que ya había pasado el rato que teníamos contratado. Cómo nos vería de agotados y sudorosos que mientras nos acompañó de nuevo a los vestuarios nos preguntó si habíamos pasado mucho calor, que parecíamos excesivamente acalorados.

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