Sexo en público con un desconocido

Era una tarde normal y corriente de septiembre, de esas en las que comienzan a aparecer las primeras lluvias que dan paso más adelante al otoño. Como cualquier otro día, me vestí con mis mayas y mi top de deporte para ir a correr. Debo sincerarme con vosotros, me encanta la ropa de hacer ejercicio. ¿Por qué? Porque me queda muy apretada y hace que al correr la presión de la tela de mis braguitas me vaya poniendo cachonda poco a poco.

Una vez vestida bajé a la zona por la que suelo correr, la cual está formada de un agradable paseo al aire libre alrededor de un río, con una gran cantidad de árboles y zonas de descanso. Comencé mi entrenamiento y mientras corría iba fijándome en la gente que pasaba, la mayoría de ellos eran personas mayores caminando, niños, otras chicas que como yo intentaban tonificar su cuerpo, etc. Con el paso de los minutos comencé a sudar, lo que tuvo como consecuencia que mi ropa (ya ceñida) se pegase más aún a mi cuerpo y el tanga que llevaba comenzó a apretar poquito a poco mi vagina.

Mientras corría iba pensando en llegar a casa lo más pronto posible y masturbarme mientras me duchaba, mis ganas de follar iban aumentando con cada paso que daba y comencé a mirar a los hombres que se cruzaban en mi camino imaginando que todos deseaban acostarse conmigo. Varios de ellos se quedaron embobados viendo rebotar mis tetas, pude ver la lujuria en sus ojos y mi intuición me decía que sus pollas se habían endurecido dentro de sus pantalones en ese mismo instante.

De repente apareció frente a mí un chico de unos 30 años, era alto, con un cuerpo bastante bonito y algo musculado y una mirada con la que sentía que podía desnudarme. No me fijé en él simplemente por su físico, pues era como muchos de los chicos que corrían por la zona, sino porque me di cuenta de que su miembro era tan grande que podía apreciarse perfectamente marcado en sus pantalones. Nos miramos durante unos instantes, sus ojos recorrieron mi cuerpo, centrándose en mis pechos y más tarde en mi boca. En ese momento noté como mi entrepierna se humedecía más y más, y así continué aun cuando ya no lo tenía delante.

Continué mi camino sin dejar de pensar en ese chico y con unas ganas inmensas de terminar para poder ir a casa. Finalmente, llegué al tramo del recorrido más tranquilo de la zona, en el cual siempre paraba para descansar. Cuando llegué me encontré con ese desconocido bebiendo de la misma fuente de la que me disponía a beber yo.

Terminó de beber y se sentó en un banco cercano, mirando hacia donde yo me encontraba bebiendo de la fuente, observando cómo el agua que no entraba en mi boca se deslizaba por mi cuello y se perdía entre mis pechos. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que no había nadie cerca, estábamos prácticamente solos en aquel lugar y se me pasó por la cabeza follármelo allí mismo, pero eso no es algo que haga habitualmente y la vergüenza me hizo decidir que lo mejor era irme a casa.

Di media vuelta y me apoyé en un árbol para estirar antes de emprender mi camino a casa. Escuché pasos detrás de mí y en un instante tuve a mi lado al chico del banco, quien se dirigió a mí:

-¿Quieres que te ayude a estirar? He visto que corres muy bien y que estás en forma, pero sería una pena que te lesionaras por no hacer bien los estiramientos, creo que puedes mejorar algunas cosas. Por cierto, soy Carlos

+Ah, hola –me había dado el susto de mi vida el cabrón-. Mmmm…la verdad es que no me vendrían mal un par de consejos, ¿Qué has visto que esté haciendo mal?

-Verás, -se acercó a mi, cogiéndome de la cintura y pegando su pelvis contra mi culo- es sobre todo al agacharte así. Con una de sus piernas separó las mías y agachó mi espalda haciendo que mi culo quedase totalmente expuesto.

Noté su polla dura apretando mis nalgas y supe que aquello no tenía vuelta atrás. Levanté mi torso para girarme y mirarle a la cara, pero antes de que pudiese hacerlo comenzó a besar mi cuello y a pegarse aún más a mi cuerpo, consiguiendo que me estremeciese y que no pudiese articular palabra. No me dejó tiempo para reaccionar, casi sin darme cuenta había sujetado mis manos con una de las suyas y con la otra había bajado mis mayas hasta las rodillas.

Hizo a un lado el tanga y comenzó a lamer todo mi coño desde atrás, bebiendo del jugo que se encontraba acumulado en él. Continuó moviendo su lengua, introduciéndola dentro de mi vagina y haciendo que me excitara cada vez más. De pronto, metió dos de sus largos dedos dentro de mí y comenzó a moverlos, cada vez más y más rápido. Empecé a notar como mi coño estaba tan mojado que se estaba desbordando y la humedad bajaba por mis piernas, en ese momento solo se escuchaba el sonido de su mano chocando contra el exterior de mi vagina.

De repente paró y miré hacia atrás sorprendida, ya que faltaba poco para correrme. Entonces vi que tenía la polla fuera del pantalón y sentí unas ganas irrefrenables de chuparla. Él mismo hizo los honores y la metió en mi boca suavemente, soltando a la vez un suave gemido mientras comenzaba a moverse lentamente para que su polla entrase y saliese con delicadeza.

Tras llevar unos instantes chupándosela, la saqué de mi boca y comencé a masturbarle. Tuve que utilizar las dos manos porque su miembro era bastante más grande de los que había probado antes. Poco a poco veía cómo iba poniéndose cada vez más cachondo y su polla estaba a reventar, sin pensarlo dos veces volvió a metérmela en la boca y empezó a embestirla muy rápidamente.

Otra vez volvió a sorprenderme y me levantó del suelo para guiarme hacia el banco donde antes se había sentado. Allí, me colocó a cuatro patas y se acercó lentamente a mí con su polla brillante llena de mi saliva en la mano. Esa fue la última vez que hizo algo lentamente, porque a partir de ese momento comenzó a follarme como nunca nadie antes me había follado. Nos dio igual lo que pudiesen ver u oír otras personas, gritábamos y gemíamos todo lo alto que queríamos y nuestros cuerpos chocaban en un ruido sordo con cada embestida.

Sentía que iba a partirme en dos y que algo entre mis piernas iba a estallar. Se apartó un segundo y me di la vuelta para verle de frente. Me quitó el top de deporte y dejó mis tetas al aire, a las que empezó a golpear con su polla, combinando esto con embestidas en mi boca. Se agachó un poco y pensé que iba a seguir follándome como antes, pero esta vez no siguió con su polla, sino que lo hizo con sus dedos. Introdujo nuevamente dos dedos y comenzó moverlos muy rápido, yo casi no podía respirar y mis gemidos debían estar escuchándose desde muy lejos.

Llegó el punto en el que no pude más, mis piernas empezaron a temblar descontroladamente y mi vagina comenzó a humedecerse más aún si cabía, faltaba poco para correrme. En ese momento, decidió que prefería hacer que me corriese con su polla dentro de mí y así lo hizo, me folló muy rápido y sin poder evitarlo me corrí empapando su miembro con mis fluidos y dejando todo el banco mojado. Eso le puso tan cachondo que siguió embistiéndome con más fuerza y yo volví a correrme dos veces más, justo antes de que la follada llegase a su fin y sacase su polla de mí para dar el broche final.

Se corrió en mi boca, dejando caer su semen sobre mi lengua y yo me lo tragué como si del manjar más delicioso se tratase. Ambos quedamos exhaustos y permanecimos unos instantes sentados en el banco mientras descansábamos. Sin decir una palabra comenzamos a vestirnos, y fue cuando ya nos habíamos puesto la ropa cuando volvió a hablarme:

-Ha sido increíble chica, espero poder repetir alguna vez.

+Suelo venir varias tardes a la semana y quizás necesite de nuevo un par de consejos para los estiramientos, parece que con tu técnica me he quedado nueva. Por cierto, me llamo Ana.

Con esas palabras me di la vuelta y comencé a caminar hacia casa. Esa tarde no tuve la necesidad de masturbarme mientras me duchaba, por una vez mis fantasías se habían vuelto realidad y había saciado mis ansias de sexo. No he vuelto a ver a Carlos corriendo por el río, pero todavía recuerdo esa tarde como si fuese ayer e inmediatamente algo en mí se activa y mi entrepierna se humedece preparándose para la acción

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