Sexo negro

Tras el apasionado y entusiasta orgasmo vivido en la ducha buscó la compañía del chico. Multitud de imágenes se amontonaban en su cabeza haciéndola sentir todavía cachonda y perfectamente lista para unirse a él…

You think you’re denying me of something

well I’ve got plenty

you’re the one who’s missing out

but you won’t notice

‘til after five years

If you’ll live that long

you’ll wake up

all loveless.

I dare you

to take me on

I dare you

to show me your palms.

I’m so bored with cowards

that say they want

then they can’t handle…

5 years, BJÖRK

Descalza bajó la escalera dejando resbalar despacio la mano por la barandilla, recreándose en cada nueva pisada, un paso y un escalón tras otro haciendo el descenso lento y premioso. Bajó al jardín a buscarle, sabía que se encontraba ahí. Minutos antes desde la ventana del dormitorio le había visto, con su camiseta gris sexy de tirantes puesta, limpiando el agua de la piscina de hojarasca y de insectos flotantes. Deseaba estar con él, volver a entregarse al hombre que tan feliz y dichosa la había hecho la noche anterior. Estaba claro que con lo de la ducha no había tenido bastante.

Estaba también más que claro que Alfonso la había vuelto insaciable. Se conocían de apenas una semana antes. Él era el hijo de Rafael, el jardinero y hombre para todo. Servicial y que tanto tiempo llevaba trabajando para ellos. Unos días antes Rafael se había roto el brazo, molesto accidente que le había llevado a recomendar los servicios de su hijo. Él también la miraba desde hacía largo tiempo con ojos de deseo, esos mismos ojos de deseo con los que su hijo la había seducido dos días antes haciéndola caer entre sus brazos sin remedio. Aún no en la treintena y avispado como lo era, el joven y atractivo Alfonso pronto supo de las muchas y urgentes necesidades de la señora de la casa. La madura, elegante y bien vestida aunque de gesto cansado y aburrido, era evidente lo que pedía. Un buen revolcón con el que alegrarse la vida, al parecer el señor la tenía muy abandonada.

Sin ruido por su parte quedó apoyada en el quicio de la puerta, esperando que él se percatase de su presencia. Observándole en silencio, recorriendo con la vista los músculos de los brazos negros como el tizón. Inclinado y solo con los tejanos puestos, el ver la espalda desnuda y brillante la hizo perder la poca razón que le quedaba. De ese modo estuvo unos segundos sin moverse, solo disfrutando la imagen del muchacho limpiando inclinado la suciedad de la piscina.

Un leve ruido de la mujer le hizo volver encontrándola preciosa y apetecible ante sus ojos. Así estuvieron un largo rato observándose con desvergüenza, devorándose con la mirada, disfrutando la imagen hermosa del otro sin decir palabra. De pie como estaba, ladeó ligeramente las caderas y la cabeza hacia un lado para dejar de ese modo expuesta toda la belleza del cuello. Mientras y entre los dedos jugó con la morena melena un breve lapso de tiempo, provocándole con una mueca sensual de la boca, deslizando la lengua por los labios al acomodarse las pocas ropas que llevaba. Con la otra mano se acarició lenta y sensualmente el brazo, pasando lentamente las uñas por encima como invitándole a hacerlo. Todo ello con el fin de atraer la atención del hombre aún más. Con una caída parcial de ojos ella sostuvo la mirada de su enamorado durante dos, tres segundos, no más para enseguida apartarla haciéndose la interesante. Luego le regaló un par de sonrisas fugaces dando luz verde a la deseada aproximación.

– ¿Ya despertaste dormilona?

– Si, ya estoy bien despierta y duchada -respondió en tono divertido, sosteniéndole la mirada mientras contoneaba las caderas caminando a pasos lentos hacia él.

– ¿Y tú qué tal? ¿dormiste bien? ¿a qué hora amaneciste? -le interrogó ahora ella mientras volvía a acicalarse los cabellos entre los dedos como mejor forma de mejorar su apariencia.

– Un poco después del alba, tenía cosas que hacer.

– ¿Y eso? Estarás cansado entonces… -sacó pecho, humedeciéndose una vez más los labios al atusarse el pelo.

– Bueno un poco, no demasiado -dijo enlazándola por la cintura para atraerla hacia él.

– Ummmm, ¿no demasiado? ¿tan mal me porté? -mantuvo el contacto visual, tocándole tímidamente el brazo y sin dejar de sonreírle abiertamente.

– Te portaste de maravilla pequeña -la besó envolviendo Alfonso los labios femeninos con los carnosos suyos que a ella tanto la ponían.

– Ummmm, ese es mi hombretón -exclamó dejándose atrapar por la fuerza del macho una vez separaron las bocas.

Pero no tardaron en volver a besarse. Los labios masculinos acariciaron los de la mujer, rozándolos apenas y excitándola con solo sentir el mínimo contacto. Nuria se puso tontorrona. Abriendo los labios, no pudo evitar el suspiro que le escapaba y fue el momento que él aprovechó para explorar con su lengua el interior de la boca femenina, fundiéndose una con otra de manera sensual, mezclándose lenguas, saliva y pasión en uno solo. La desamparada cuarentona se deshizo como un azucarillo en brazos de su joven amante. Se sentía tan débil y empequeñecida a su lado.

Las manos de largos dedos la agarraron por el talle, estrechándola con fuerza entre sus brazos. Sin dejar de sonreír como una boba, los ojos se le hacían pequeños proyectando al tiempo los pómulos hacia arriba. La mujer levantó la vista cruzando los ojos con los muy oscuros de él. Tuvo que cerrarlos al instante, tan dominada por Alfonso se sentía. Pero esa sensación de dominio la hacía sentir igualmente segura a su lado, cosa que con su esposo hacía ya mucho que no le pasaba. Acercándose al guapo moreno, inclinó el cuerpo adelante para escuchar lo que le decía. Por abajo y tan pegados como estaban, pudo notar la terrible erección que el pantalón encerraba. ¡Madre mía, sin duda no podía ser otra cosa!

– ¡Ámame cariño, ámame… te necesito! -gimió sonoramente mientras ella misma se apretaba al hombre al que tan unida se sabía.

Unida a él sí, no podía hacer más que reconocerlo. Sabía también que aquello no la iba a llevar a ningún lado pero en esos momentos no pensaba en otra cosa que no fuera estar con Alfonso, entregarse a él sin reservas olvidando por entero todo lo demás. El guapo moreno era brusco y considerado al tiempo. Los movimientos se hacían rudos en él debido a la juventud, sin embargo también se observaba en el chico un punto delicado que lo hacían ver irresistible a ojos de la mujer.

Separándose se miraron unos segundos recorriéndose los cuerpos con fuerte deseo. Nuria dejó correr la vista y su interés hacia el torso del muchacho. Un torso musculoso, velludo y de abdominales muy marcados. ¡Qué delicia de hombre! -pensó haciéndosele el chichi agua tan solo de verle. Él respondió examinándola en silencio de arriba abajo, de forma disimulada pero con ganas de comerla, mordiéndose los labios y demostrando lo que tanto quería. Meneando las caderas de forma provocativa la mano de la casada fue hacia su temblorosa boca, atrapando la larga y bien cuidada uña entre los dientes al guiñarle un ojo sin dejar de mirarle insinuante. Se moría por que la hiciera suya, por que aquellas manos la tomaran con creciente interés, por un nuevo instante a su lado. Ciertamente no aguantaba más, estaba tan cachonda que se moría por ser penetrada por el joven macho, por volver a ser follada por el miembro masculino que tanto la iba a hacer gozar. Y así se lo hizo saber.

– Cariño cariño, hazme el amor… fóllame del modo tan salvaje que tú sabes… te deseo -exclamó sin poder evitar el tono ronco en su voz.

Tomándola por las caderas se besaron rodeándole ella el cuello con los brazos. Lentamente acercaron los labios. Primero, un pequeño beso en los labios, como probar, un mínimo piquillo de aproximación. Después, un beso un poco más largo. Por último, un beso prolongado y sensual incluyendo el necesario juego de lenguas. Ambos reían abrazados, besándose apasionados y sin descanso. Las manos del hombre se hicieron atrevidas, bajando y subiendo las sinuosas formas que se le ofrecían. Nuria gimió débilmente disfrutando el lento movimiento de aquellas palmas por encima de su figura. Los costados, los glúteos, paseando las caderas todos fueron suyos mientras se agachaba frente a la mujer. Ella volvió a gemir, entregada por entero a las caricias.

– ¿Estás cachonda nena?

– ¿Y cómo quieres que esté? Tengo la braguita mojada por tu culpa.

– Lo sé pequeña, no hay más que verte. Deja que te coma…

Uffff, ¿con lo caliente que ya estaba tras lo de la ducha y se lo iba a comer otra vez? Estaba claro que no se privaba de nada y ella por supuesto encantada… no iba a decir que no. Con las piernas abiertas se ofreció a la mirada voraz del hombre. De forma experta Alfonso retiró la tela a un lado, comenzando pronto a acariciarla a lo largo de la rajilla, pasando dos de sus dedos arriba y abajo provocando en ella un ligero temblor satisfecho. Ascendió a la barriga llenándosela de besos suaves que la hicieron erizar la piel. Apoyadas las manos en los hombros del chico se dejó llevar por la emoción que la embargaba. Jadeando con aquellos simples besos, con palabras desmayadas le animó a seguir.

– Sigue muchacho sigue, cómetelo todo… -gemía y respiraba hondamente.

Los dedos sin parar de subir y bajar, los labios inflamados y deseosos de caricias empezaron a abrirse sin remedio. El guapo dominicano la hizo humedecer al pasarle la lengua sobre la rosada vulva, raspándola con ella, golpeándole la entrada, envolviéndola con los labios para acabar tirando de ella. Se entretuvo a continuación metiendo los dedos en la vagina, separándole los labios mayores y luego los menores hasta dejar la carnosa flor a la vista. Nuria se agarraba a la cabeza del chico, gimoteando alterada bajo el roce continuo que labios y lengua le provocaban. De forma lenta y constante le fue pasando los dedos arriba y abajo, dejándolos resbalar, metiéndolos y sacándolos entre los tímidos lamentos que la mujer producía.

– ¡Así así, continúa… dios, qué bueno muchacho!

Un montón de ideas recorrían en esos momentos el pensamiento del joven. Dueño ya por completo de ella, la fue follando alternativamente con labios y lengua así como también con aquel par de dedos con los que llevarla al delirio. Ella se abría todo lo posible, acompañando las caricias con los dedos clavados en los cabellos encrespados de su amante. Los labios hundidos en el interior de sus muslos y los dedos agarrándola de las rollizas nalgas, no la dejó descansar atacando el clítoris que ya se veía muy empapado de los jugos de la madura. ¡Maldito, cómo la estaba poniendo! El excitado botón palpitaba con cada nuevo masaje, un dedo deslizándose al rodearlo para enseguida lamerlo, apenas rozándolo suavemente. La lengua se encargó ahora de él, lamiéndolo lentamente para extraer un río de flujos que fue bebiendo a cortos sorbos, escuchándose bien el ruido que tal operación producía. Eso la puso más cachonda, gritando encendida, los ojos en blanco por un placer que parecía no acabar nunca.

La punta de la lengua le corrió sobre los labios hinchados, entrándole en la vagina para golpear las paredes a un lado y otro. Nuria sollozaba completamente enloquecida, fuera de sí se tiró atrás creyendo que aquello era más de lo que podía soportar aunque su naturaleza alterada le hizo ver lo contrario permitiéndole seguir en busca de nuevas y mejores sensaciones. Cada vez el movimiento se hacía más acelerado, penetrándola con facilidad mientras bebía todo el manantial de jugos que le entregaba.

En su locura se dejó llevar, manoseándose por encima de la camiseta y gozando con los ojos entrecerrados lo que le hacía. Alfonso le tocaba las piernas, haciéndola suspirar de emoción al atraerla más a él cogiéndola con fuerza del culo. La sensación de placer aumentó en la mujer, el atractivo moreno le estaba encajando tres dedos entre sus paredes y ella moría de gusto.

– ¡Con cuidado Alfonso, con cuidado… qué loco! -rabiaba tratando de separarle con nula convicción.

La madura babeaba con cada una de sus caricias, bajando la mirada al hombre que tanto la hacía disfrutar. Él seguía oliéndole los aromas, resbalando la lengua una y otra vez, comiéndole el caldo que su sexo producía. Ella se retorcía agarrada a su amante, clavándole las uñas en los hombros buscando alivio a tanto desenfreno. El lento lengüeteo continuaba infame vibrando toda ella al notar la respiración rozándola. Volvió sobre el mágico botoncillo que palpitaba, enderezándose con el rápido y urgente masajeo que los labios y la lengua le procuraban. En su locura, le apretó contra ella, hundiéndole entre sus piernas y sólo abandonándole en el momento en que le dejó ir estallando en un rotundo y afligido jadeo de placer.

– Me gusta… me gusta… con… tinúa vamos, me vuelves loca cariño…

Removía las caderas al ritmo que ella misma se imponía. Alfonso la besaba en el interior de los muslos, permitiéndole un corto relajo para enseguida hundirse en ella devorándole el sexo al lamerlo como un desesperado. Dedicado por entero a ella, buscaba excitarla aún más, hacerla estremecer camino de un último orgasmo que la hiciera caer rendida. De ese modo continuó hasta el infinito y más allá, ganando en rapidez según la impaciencia se iba agudizando en la pobre mujer.

– ¡Vamos no pares… sigue sigue muchacho… me harás correr maldito!

Le animaba a seguir apretándole entre sus manos, jadeando y gruñendo entrecortada envuelta en la cercanía del clímax que se aproximaba a marchas forzadas creciéndole entre las piernas. Estaba tan mojada y excitada…

En un último ataque preciso, le alcanzó el clítoris y enganchándolo entre los dientes lo mordisqueó levemente provocando en ella una sacudida violenta que la hizo arquearse encontrando el necesario acomodo sobre la fría pared.

– Me corroooooo, me corroooooooooo sí… joder joder, qué bueno… – las manos sobre la cabeza que tanto placer le proporcionaba, aferrándose al macho sin permitirle escapar a lo que hacía.

Tuvo que taparse la boca con la mano para no seguir chillando. La madura se abandonó entre intensos espasmos, sujetando con una mano la cabeza del hombre mientras con la otra se agarraba a lo primero que encontraba. Un orgasmo prolongado y agudo se unió a otro, los últimos por el momento, dejándola derrotada y exhausta gimoteando feliz por tanto placer como le había hecho sentir. ¡Hacía tanto que no sentía de ese modo! Resoplaba con dificultad extrema, el momento tan intenso entre ambos y que la había hecho perder la noción del tiempo por completo. Abrió los ojos sin saber muy bien donde estaba, necesitaba volver a la realidad. Entre sus piernas, Alfonso continuaba lamiendo y sorbiendo sus abundantes flujos con gula desmedida.

Él la rehízo tomándola en brazos para que se incorporara en su cansancio, recuperando poco a poco el resuello perdido. Él también se puso de pie junto a ella. De forma autoritaria la hizo poner de espaldas, quedando el muchacho pegado a la mujer haciéndole sentir el pecho envolviéndole la espalda mientras con las manos la sujetaba por la cintura. Respirándole sobre la nuca, cayó abajo besándola en el hombro para seguidamente apoderarse del cuello llenándolo de besos y lametones con los que arrancarle un leve gemido lastimero. Excitado por la cercanía del cuerpo femenino, por delante le tomó los pechos por encima de la fina prenda.

– ¿Cómo estás nena?

– ¿Tú qué crees? -respondió Nuria removiéndose intranquila entre las manos que la sostenían.

Por detrás y de forma manifiesta y desconsiderada notó la hombría masculina rozarle levemente el trasero. Gimió recordando la noche anterior y las miles de emociones que le había hecho vivir. Le recordaba como ahora, cogida por detrás en la cama matrimonial y cómo la mano jugueteaba con su coñito metida bajo la braga. Luego recordó también cómo había sido ella la que había tomado la iniciativa quedando montada, penetrándose despacio hasta caer rendida sobre el joven macho. Detrás de ella Alfonso la comía, besándole el cuello y seduciéndola al subir al lóbulo y decirle lo bonita que era. Las manos volaban por sus bellas formas, manoseándola arriba y abajo y sacándole quejidos de placer de sus labios trémulos por el deseo.

– Deja que te quite esto -pidió agarrando la camiseta de los lados y haciéndola correr espalda arriba hasta acabar desapareciendo por la cabeza.

Volviéndola quedaron ambos enfrentados y los ojos del muchacho no pudieron más que caer sobre las tetas carnosas y de buen tamaño que la mujer le brindaba. Se le hizo la boca agua contemplándolas, con los pezones retándole elevados y crecidos.

– Son preciosas cariño…

– Acarícialas, dame placer anda.

Entre las manos se las acarició, moviendo las palmas sobre ellas amasándolas en círculos. Ella rió excitada por lo que el hombre le hacía. Sabía hacerlo bien, jugueteando con los pezones y rodeando con los dedos las aureolas de los mismos. Nuria sollozando fuertemente le atrajo hacia ellas invitándole a probarlas, cosa que el muchacho agradeció besando y lamiendo una y otra. Dejando caer los brazos le rodeó el cuello, llamándole hasta quedar ambos fundidos en un beso lleno de sensualidad y vicio. Con los ojos cerrados y las manos caídas en el velludo torso masculino la madura pedía en voz baja que la amase, los labios bajándole húmedos la barbilla y luego el cuello que ella misma se dejó lamer echando la cabeza atrás. Volvieron a besarse en un largo y profundo beso de tornillo con el que juntar las lenguas en un juego de lo más obsceno, mezclando las salivas una con otra. Mientras y por abajo, él la acercaba enganchándola del culo para hacerle sentir el bulto pegado al pubis. Eso la hizo pensar en el necesario placer de su amigo.

– Ven amor, deja que juegue ahora yo contigo.

Quedando a sus pies jugueteó perversa con el más que interesante bulto que el pantalón ya no podía resistir. Fue el joven el que se desabrochó el tejano dejándolo caer abajo, tantas ganas tenía por ver recompensados sus esfuerzos. Como la noche anterior lo que apareció la hizo cerrar los ojos en un gesto mitad de devoción mitad de incredulidad. A media asta y ya producía impresión y respeto. Quedó boquiabierta y confusa, la mirada fija y absorta en el recio aparato que frente a ella cabeceaba. La madura volvió a cerrar los ojos no queriendo dar crédito a lo que la cruda realidad le deparaba. Pero era completamente cierto y allí lo tenía para su total disfrute. ¡Joder, qué pedazo animal!

El corazón se le salía de la emoción. En silencio y sin de momento hacer nada más, siguió admirando la gruesa polla con deleite. ¡Qué cosa tan hermosa! Una polla negra, gruesa y venosa como nunca antes había visto, la suerte al parecer se había aliado con ella. Todavía no erecta y ya mostraba un aspecto feroz. La emoción también era palpable en él, cabeceando el pene a la derecha deseoso sin duda de agradables caricias que lo calmasen. Alfonso, viéndola hecha un flan y sin decidirse por algo más, se la cogió moviendo la mano adelante y atrás dejando vislumbrar apenas el glande que la piel cubría.

– ¿No la quieres? -le preguntó invitándola con voz áspera y grave.

Con cara de susto al fin la tomó empezando a jugar con ella. Tomándola entre los dedos, envolviendo el objeto preciado con la mano hasta tenerlo firmemente sujeto. Era enorme y no podía dejar de acariciarla, los dedos moviéndose arriba y abajo a lo largo del tronco.

– Chúpala… juega con ella… es toda para ti nena.

Imposible rechazar semejante ofrecimiento así que, ni corta ni perezosa, tiró la piel atrás dejando ver el oscuro capullo frente a sus temerosos ojos. Retirándose la melena a un lado acercó la boquita empezando a lamer el glande con la punta de la lengua, dándole suaves besitos por todo el pene, tomando poco a poco la necesaria confianza con el enorme monstruo. Finalmente se metió en la boca lo que pudo, comenzando decidida a chupar solo con el glande entre los gordezuelos labios. Succionaba de maravilla y con su habilidosa lengua le hacía derretir de placer.

– Ummmmmm…

Acercándole, le pasó la mano por detrás acariciando los huevos del negro mientras continuaba lamiendo y chupando. Abriendo los ojos, sonrió con cierta picardía al hombre que ya mostraba placer y delirio. La noche anterior Nuria había aprendido lo excitante que aquello podía ser para el muchacho si se le sabía tratar adecuadamente. Cerrando los ojos y aguantando la respiración, dejó resbalar en la boca algo más de dura carne teniéndola que abandonar casi al momento. Tan grande era que no podía con él aunque ciertamente lo intentaba. Sacándola se dedicó unos segundos a masturbarle entre los dedos, notando el sexo masculino crecer gracias al mágico movimiento que la mano le imprimía.

Continuó masturbándole, tan pronto con los dedos como pasándole la lengua por encima, resbalando a lo largo del tronco hasta alcanzar el glande cabeceante metiéndoselo con urgencia en la boca. Alfonso, con las piernas bien abiertas, se dejaba hacer por la madura mujer que parecía aprender su tarea a marchas forzadas. Volvió sobre los huevos notándolos duros y cargados bajo los sensuales labios que los recogían. Tiró de ellos haciendo gemir levemente a su hombre. Se la metió en la boca, chupando adelante y atrás consiguiendo que aquello respondiera creciendo sin descanso entre sus labios. Pajeándole convenientemente, el miembro pronto alcanzó el tamaño que horas antes le había conocido. El soldadito estaba ya firme.

Ahora sí en completa erección, daba miedo verla tanto que la soltó dando un grito alarmado. La fantástica presencia saltó arriba mostrándose brillante y firme, imponente en su tamaño más que respetable. Con cuidado la cogió con la mano moviéndola de nuevo adelante y atrás y obviamente no podía con ella. Tuvo que cogerla con las dos, los ojos fuera de las órbitas ante tanta hermosura. No podía abarcarla con las dos manos, la noche anterior en su completa emoción no se había percatado de ello pero era así. Era completamente cierto, el gran músculo negro y brillante era tan grueso y largo que apenas podía abarcarlo con las dos manos. Le masturbó con sumo cuidado, moviendo las manos con delicadeza por encima como si el enorme tronco negro se le fuera a romper hecho añicos como el cristal. Tras escupirle encima para lubricarlo aún más, empezó a lamerlo de abajo arriba al tiempo que se tocaba el coño con los dedos…

– Joder, qué grande que es… no me acostumbro a ella.

– Chúpala preciosa, dale placer -exclamó el joven mezclándole los dedos en el cabello para atraerla.

La acarició volviendo a tirar el prepucio atrás, disfrutando sin disimulos, succionando y haciendo círculos alrededor del capullo hinchado y azulado para poco a poco ir engullendo buena parte del falo. Mordisqueaba con cuidado infinito el tronco, lamiéndolo, besándolo dulcemente, metiéndoselo esta vez más de la mitad para acabar expulsándolo sedienta de él. El glande bien lubricado, entre los labios lo envolvía devorándolo con vicio para enseguida ayudarse de la lengua que lo atrapaba jugando con el mismo. El chico gimió complacido. ¡Qué gusto le daba el roce de la lengua por encima del glande! Nuria lo masacró, sabiendo aquel su punto más débil. De nuevo adentro, chupó lo mejor que pudo tragando de forma experta y rápida. Los carrillos se le llenaban con la fuerza del hombre que empujaba ayudando en la mamada. Con la lengua la recorría dándose descanso para poder respirar.

Jugueteaba perversa, los labios corriendo por encima del glande, recogiéndolo luego entre los labios para volver a succionar viendo a su amante disfrutar con sus caricias. También jugó con los dedos, acariciando y apretando los testículos llenos del cálido líquido masculino dispuesto a ser devorado. Se sintió fuerte y dominante en esos momentos, dueña por completo del joven macho al que notaba temblar con cada nuevo roce. Se lo estaba haciendo bien no había duda de ello, el pobre lo estaba pasando fatal. Viendo que las piernas parecían fallarle, apoyó con fuerza en los muslos las manos tragando carne masculina sin necesidad de ellas. Alfonso continuaba empujando contra ella, enterrándose más de la mitad. La madura tuvo que apartarle con las manos al toser con fuerza, incapaz de tragar tan enorme barra de carne. ¡Madre mía, qué pedazo de tranca!

Golpeándole tímidamente con la lengua, apoyó nuevamente la mano en el muslo mientras seguía a lo suyo buscándose su propio ritmo, haciéndose dueña de la situación. Él, extasiado, la cogió del cabello acompañando su melena suelta, llevando adelante y atrás los movimientos lentos de la cabeza. Un placer rico le daba y plantando los pies gimió sonoramente dejándose llevar por las agradables sensaciones que le hacía vivir.

– Sigue nena, sigue… qué gusto me estás dando…

– ¿Te gusta muchacho? -preguntó sonriendo lasciva, pasándole por enésima vez la lengua sobre el brillante capuchón.

Le pajeó, abarcando entre las manos el endurecido mandoble, moviéndolas por encima de forma rápida y agradable. Luego chupó y lamió de manera alternativa, el tronco moviéndose en la boca para enseguida dejarlo ir apoderándose del venoso negror arriba y abajo. ¡Qué maravilla de cosa… jamás hubiera podido imaginar algo así! Ahora ya no lo soltaba, no quería abandonarlo un solo instante. Lentamente y casi sin darse cuenta se iba acostumbrando al generoso sexo que su amante le entregaba. Un último recorrido arriba y abajo, un último ahogo tragándolo lo que su boquita daba, un cálido y fascinante pajeo entre las manos y el hombre la separó, volviendo a tomar el control y agarrándola de los brazos para hacerla levantar. No quería correrse en su boca… era hora ya de otra cosa…

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