Sexo oral sobre el capó del coche.

Sentía la excitación correr por mis venas. Sí, todos lo hemos sentido, sabeis de lo que hablo. Esas ganas locas de darlo todo y disfrutar al máximo porque estás muy excitado.

La acababa de conocer unas horas antes, en una discoteca, no recuerdo su nombre, tampoco era importante dado el subidón que teníamos. Unos bailes bien pegados, sentir nuestra sudoración de tanto movernos, unas miradas de lujuría que entendería hasta un ciego y las palabras mágicas que me dijo ella al oido: largémonos de aquí a un sitio tranquilo.

Nos dirigimos hacia el coche y no parabamos de besarnos y tocarnos, de empotrarla contra las paredes de la calle, contra los coches que se interponían en nuestro camino. Sentía su lengua recorrer mi garganta, su mano jugar dentro de mi pantalón, las mías pellizcar los pezones…………uuuuuffff, no aguantaba más.

Al fin llegamos a mi coche, rápida arrancada y corriendo hacia casa, pero había demasiado excitación. En cada semáforo me tocaba el paquete, en otros directamente me la sacaba y la daba unos buenos lenguetazos. Sabía que me estaba volviendo loco, me moría de ganas por hincársela y luego metérsela en la boca. Pero ella seguía torturándome con su deliciosa y juguetona lengua.

Ya no podía más. Vi un camino de tierra que conozco, sabía que a esas horas de la madrugada no habría nadie. Paré el motor, bajé del coche y la saqué de su asiento.

La empotré contra el lateral del coche, me puse detrás, bajé sus vaqueros y su tanga, me pusé el condón y empezé a darla bien duro. Me moría de ganas, la mordía el cuello, la agarraba fuerte de las caderas, sentía sus jadeos en medio del silencio de la noche, la tiraba del pelo hacia atras mientras la penetraba una y otra y otra y otra vez. Ella no paraba de jadear, de gritar de placer, me pedía más y más duro, y yo no se lo negaba.

Un gran orgasmo sentí por el movimiento de sus piernas y su cadera, su gemido cortó el silencio del camino.

Pero quería mucho más. La llevé a la parte delantera del coche, la subí el capó y volví a penetrarla con todas mis fuerzas de frente. Ahora era ella la que me tiraba del pelo. Quería más y más. Sentíamos como el metal del capó chirriaba de vez en cuando, la dureza para su culo con cada penetración debía ser alta, pero la daba igual, me daba igual, nos daba igual. Sólo importaba seguir con ese polvazo, seguir con la acción apasionada y sincronizada.

Vimos unas luces a lo lejos. Quién sería por este camino? Daba igual, me desconcentró unos segundos sólamente. No me importaba. Sólo quería seguir castigándola más y más duro. Si pasaban cerca les daríamos envidia. Si decían algo ni me importaba. Ella parecía tampoco preocuparse mucho por las luces asi que seguimos el festival. No las volvimos a ver. Aunque unos minutos si estuve con la mosca tras la oreja por si fuera peligroso. Al final las vi pasar a cierta distancia y ya pudé volver a concentrarme al 200%.

Creo que se volvió a correr. Daba igual, no había límites. El tiempo se había parado en ese apartado lugar. Quería que se corriera más. Paré en seco. Dejé de penetrarla. La miré fijamente a los ojos, la mordí los pezones y fuí bajando con mi lengua en zig zag por su torso despacio, muy despacio, bajando mientras miraba sus ojos. No paraba de morderse los labios. Ella sabía a donde iba. Sabía lo que hacía. Sabía donde terminaría mi lengua. La seguí mirando hasta que me paré delante de su clítoris, lo lamí un poco, estaba ya muy humedo de tanto correrse. La volví a mirar y ya había agarrado mi cabeza con sus manos. No necesitó empujar mucho. Lo quería. Lo deseaba.

Con mi lengua hundida en su interior la oía gemir, no podía parar, apenas podía respirar, pero me daba igual, esa sensación de poder volverla aún más loca es única. Lo chupaba todo, lo penetraba todo con mi lengua, sentía cada gramo de su humedad y su sabor sobre mi lengua, sobre mis labios. Y ella no paraba de gemir.

Volví a perder la noción del tiempo. En ese momento en el mundo sólo estabamos los dos. Sólo estaba ese delicioso cuninlingus y sentir como me empapaba más y más. De vez en cuando me separaba unos segundos para poder respirar bien, y volver a la acción. Sus manos cada vez hacían más fuerza sobre mi cabeza, sabía lo que significa, deseaba lo que significaba. Estaba a punto de estallar, e intensifiqué mi penetración lingual mientras con un dedo la tocaba el clítoris. No pares por dios, no pares decía. Ni pensaba parar, ya era mía y quería llegar hasta el final. Como mandan los cánones.

Aún más fuerte me agarró ella con las manos hasta hundirme toda la boca contra su interior y sentir como explotaba. Maravillosa sensación. Única. Totalmente empapado tragué lo que pude y el resto terminó en mi boca y mi mentón. Nos besamo apasionados. Me miró a fijamente y me dijo: ahora te toca a ti. Lo sé respondí.

Me tumbé contra el capó. Ella se arrollidó. Su lengua recorría el capullo de una forma indescriptible. Esa sensación única. Lamías los huevos, escupía sore mi polla, se ayudaba con las manos de vez en cuando. La sujetaba la cabeza para penetrarla la boca, pero no hacía falta, no rehuía la mamada, manejba los tiempos a la perfección. Me estuvo deleitando durante un rato, todo lo que pude aguantar. Y ya sabeis como terminó……………Uuuummmmmm, mi estallido fue fantástico. Y como una campeona se tragó hasta la última gota.

El capó del coche fue nuestra cama, dura, pero un tipo de cama al fín y al cabo.

Espero que les haya gustado a ellas y ellos y que hayais disfrutado.

Cualquier comentario será bien recibido y responderé al correo en cuanto pueda.

Leave a Reply

*