Sí tú me quisieras bien

Para empezar, tuvimos sexo.

Si, Nicole subió el cierre de su vestido y se acomodó el cabello en el espejo mientras yo me quedé tumbada en la cama, mirando la ventana. Había llovido, eran como las 10 de la noche. Habían algunas gotas jugando carreritas en el cristal de la ventana, unas caian de golpe y otras se tomaban su tiempo… las observe algunos minutos, todas estaban compitiendo por ver quien se moría primero en el borde. Filosofía de las gotas… parecía una competencia de suicidas, gotas suicidas, unas aferradas y otras lanzandose sin más pero todas dirigiéndose al final sin otra salida. Las contemplé con atención, de pronto, ella estalló en carcajadas.

– ¿Qué es tan gracioso?- Pregunté confundida.

– No lo sé, sólo me dio risa tu mirada.

– ¿Que tiene de raro?

– Parece como si estuvieras analizando las gotas de la ventana. ¿Quien carajos analiza gotas después de follar?

– Tal vez no soy igual de idiota que el resto, yo no prenderé un cigarro y celebraré lo bien que lo hicimos, prefiero analizar gotas.

– Creo que ese es el precio, Cassette – Dijo sentándose en la orilla de la cama- Algunos deciden no ser idiotas mirando las gotas en la ventana, pero… bueno, tú y yo terminamos follando cuando sólo ibamos a platicar de los buenos tiempos en la prepa.

Nos miramos algunos minutos.

– Eramos mejores amigas, Nicole- Dije melancolicamente sin darme cuenta que ella me miraba con ternura.

Lanze un suspiro hueco, se generó un breve silencio, revise el celular… Allí estaba un mensaje de ella. Un mensaje de Chelsea. Mi Chelsea. Me sentí una mierda.

– Discúlpame, Cassette. Esto no era lo que esperaba cuando me enamoré de ti.

– No tiene caso que hablemos de eso.

– ¿Aún piensas en ella?- Preguntó sin medir, el corazón se me colapsó un poco.

Si, yo estaba enamorada de ella, no de Nicole. Nicole era mi mejor amiga en la prepa. Cuando la conocí me gustó pero a medida que pasaba el tiempo fue disminuyendo mi atracción hasta hacerse sentimientos de amistad, muy fuertes. Jamás pensé que ella fuese a enamorarse de mí.

– No, ya no.- Dije y corté la conversación de tajo y también mis pensamientos , me coloqué la chaqueta y me subi los pantalones.

– Creo que por ahora, estoy bien así – Tomé las llaves del auto de mi buró – ¿Te llevo a casa?

Ella asintió, subimos al auto. Temblaba de frío, me quite la chaqueta y se la puse, le abri la puerta y mi mano rosó con la suya. Dolía un poco. Pero… Dah.

Poco antes de llegar a su casa, me besó.

Y se sentían besos desconocidos… sólo el acto mecánico, eso, unos labios sobre los tuyos, moviendose. Sin magia, tan a secas. Me separé. Creo que ella lo comprendió. Bajó del auto y esperé hasta que la puerta se cerró y se encendieron los focos de su habitación.

Nicole, mi preciosa Nicole.

Me sentía culpable no corresponderle, ahora entendía porque se enfadaba cuando le hablaba de las chicas que me gustaban.

Mi telefono sonó. Era Grace.

– ¿Hola?

– Cassette, hola. Oye, ¿Como salio todo con Nicole?

– Supongo que no estás lista para escuchar de qué color era su conjunto, cierto?:

– ¡dios mio! ¿Te la follaste?

– ¿Te sorprende?

– Nunca dejaras de hacerlo, Cassette. Pero bueno, solo queria asegurarme de que estuvieras bien.

– Te amo, Grace. Gracias por ser mi mejor amiga.

– Oh, vamos. No andes de cursi que tengo ganas de dormir y no quiero soñar con que te salvo de una invasión de lesbianas zombies. Cuidate, idiota. Nos veremos despues- Colgó.

Encendi un cigarro. La calle de Nicole estaba solitaria, era perfecta para que me robaran el auto y me dejaran sin nada, afortunadamente, nunca me pasaba nada.

Manejé hasta una tienda de autoservicio. Eran las 12 de la noche, había una chica semi-dormida detrás del mostrador. Toque la campanilla y despertó de un sobresalto.

– Disculpa, chica. ¿Te interrumpo?

Ella sonrojada me sonrio apenada.

– Disculpa, es la primera vez que cubro turno nocturno y no soy muy buena que digamos- Sonrío. Le devolví la sonrisa.

– Oh, descuida. Despues de atenderme puedes volver a tu sitio.- Rei discretamente- Dame una botella de vodka, por favor.

– ¿No crees que es muy tarde para tomar?- Dijo dándome la botella a través de la ventanilla.

– Puede ser. Tal vez sólo quiero tener compañia.

-Al menos no eres la única

– Te invitaría un trago, pero tienes que volver allá.-

Ella sonrío y recibió el dinero.

– De todos modos, no tomo.

– Que suerte la tuya. Hasta luego, chica. Cuidado con el sueño.

Caminé hacia mi auto y me quedé 15 minutos en el estacionamiento. Dudé en tomar de la botella, podria morir si manejo ebria. No lo pense más y miré de nuevo el celular.

Su mensaje en la pantalla.

Su mensaje.

“Cassette, lo siento mucho pero ahora Miles y yo estamos felices. Te agradezco mucho lo que sucedió pero no puedo aceptar verte mañana… espero entiendas esto”

La tristeza sacudió mi corazón de una forma turbulenta y empece a llorar de rabia. Ya lo veía venir.

A la mierda, destape la botella.

Cuando me senti ebria, pensé en ir a casa de Grace y llorar en sus brazos como niña pero como soy chica de malas decisiones…

Condujé casi dos horas hasta que llegue a su casa, me estacioné en la esquina. Aquella esquina donde soliamos fumar marihuana mientras veíamos a los autos pasar y contabamos cuantos verdes, cuantos negros, cuantos blancos pasaban hasta quedarnos fundidas en un silencio justo mientras la tarde se escondía a las afueras de la ciudad.

Probablemente, ella estaría durmiendo con el idiota de Miles. Subi al capote de mi auto a observar su ventana, estaba ebria y lastimada, algo por lo cual mis amigos me hubieran abofeteado dos horas seguidas. Quería tocar a la puerta, decirle que la amaba. Que a ella si la amaba. Besarla, verla… aunque sea verla, pensé en su rostro, en su cabello y en esa manera tan suya de mirarme como si fuera la primera vez en años… ella ya no me quería, en realidad, ¿me quería?

Mi cabeza explotó. Sentí necesidad de tocar su puerta, estaba a una nariz de hacerlo pero no pude, regresé a mi auto convencida de que todavía tenía un poco de autocontrol. Me quedé dormida.

Desperté cerca de las 5 de la mañana. Una sensación en mi estomago me había devuelto al mundo, no quería vomitar, más bien, tenía un presentimiento. La borrachera se me había bajado de repente. Aún estaba oscuro y a lo lejos, la avenida se veía un poco transitada.

Eche un vistazo a su casa y vi a Renata sentada en las escaleras fumándose un cigarro. Renata era su ex novia de la preparatoria.

“¿Que mierda hace esa puta ahí?” Pensé en seguida.

Me pregunte sí ella había quedado de verla o solo era una casualidad. Renata permaneció algunos minutos ahí sentada. Me bajé del auto para vigilarla mejor, estaba a una distancia considerable para camuflajearme. Se veía sospechosa.

Esa tipa estaba loca. Cuando yo salía con Chelsea, esta zorra me amenazaba, una vez nos golpeamos, le rompí la nariz y el labio superior. Cuando Chelsea y yo terminamos un año después,

jamás volví a saber de esa idiota. Me preguntaba qué estaría tramando. La ultima vez, tenía entendido que era una psicopata y no dejaba de acosarla y rogarle.

Había una mezcla de curiosidad en mí, tal vez debería largarme, pensé. Pero quería saber qué hacía esa idiota ahí. Se veía tranquila, volteaba a ver a ambos lados de la calle.como esperando que alguien llegase y no a alguien que saliera. Eso se me hizo todavía más sospechoso.

A los pocos minutos, arribaron Chelsea y Miles en una moto, estaba un poco más confundida ,mis hipótesis daban un giro repentino. Ellos se estacionaron frente a Renata. Ella la miró con sorpresa.

– ¿Qué haces aquí?- le dijo el tipo de manera agresiva. Ella lo ignoró. El tipo llego hasta ella y la miró desafiante.

– Te hice una pregunta.

– A mí nadie me habla así.- Lo desafió. Él se enfureció y la empujó. Tambaleó hasta casi desplomarse. Se sostuvo de la puerta y sin pensarlo le dio una patada en.los testículos.

Chelsea gritó horrorizada. Él se quejó en el suelo mientras yo me acercaba lentamente hacia la escena con cautela, las cosas se estaban poniendo tensas.

Renata se acercó a ella pero la rechazaba.

– Vamos, Chelsea. Yo sé que tú me amas- Gritaba Renata.

– Renata, por favor. Vete. No te amo- Chelsea quería llorar, le gritaba que se alejara – Estás drogada, no sabes lo que haces.

– Estoy haciéndote entender que te amo- Insistió la tipa. Miles se levantó del suelo y la jaló. Le soltó un puñetazo en la cara y Renata cayó al suelo. Acto seguido comenzaron a golpearse. Yo estaba un poco más cerca de la escena, me refugié detrás del carro del vecino de Chelsea. Renata empujó a Miles y en seguida sacó un arma y le apuntó a la cabeza.

– Te voy a matar, desgraciado.- Decía con rabia. Miles alzó los brazos rendido. Chelsea le gritaba que se calmara, que hablaran las cosas. Estaba histérica y nerviosa.

– Renata, no lo hagas.

– Dime que me amas, Chelsea.

– Te amo, Renata. Por favor, calmate.- Renata rió y se acercó a Chelsea sin quitar el arma de Miles. Este aprovechó un descuido y la enfrentó. Comenzaron a forcejear hasta que se escuchó un disparo. Renata había herido a Miles.

Chelsea fue a auxiliarlo inmediatamente, maldijo a Renata cuando noto la extensión de la hemorragia en la camisa de Miles.

– Crei que me amabas- Dijo Renata llorando.- Pero me mentiste.

– Eres una animal, Renata. Lárgate.

Renata se dirigió a la acera con la mirada baja pero después, volteo.

-Me voy contigo- Susurró y le apuntó a Chelsea en la espalda mientras ella buscaba signos vitales en él.

Mi cuerpo se tensó, en ese instante , sentí el peligro y sin pensarlo, corrí hasta ahí.

– No lo hagas, Renata- Grité exaltada, agitando los brazos, con el fin de calmarla. Chelsea volteó rapidamente al escucharme pero Renata accionó el gatillo.

Sentí un terror en sus ojos y un dolor en los míos…

La vista se me nubló poco a poco y ella corrió hacia mí.

Renata se quedó pasmada.

Yo había llegado a tiempo, justo antes de que la bala fuera directo a Chelsea. Renata intentó suicidarse pero ya no tenía balas en el revolver. Se quedó sin habla y corrió despavorida hacia la avenida, a lo lejos se escuchó un golpe. Un auto la había embestido. Para esto, una minoría de gente se estaba reuniendo en la escena, pude escuchar apenas el ruido de las sirenas acercarse lentamente.

Yo no supe de nada, solo vi a Chelsea llorando, en estado de shock. Mienteas los vecinos auxiliaban a Miles quien al parecer ya había perdido la vida.

– ¿Qué hacías aquí, Cassette? Eres una tonta- Besó mi frente. Sus lagrimas cubrieron mi rostro.

– Chelsea- Dije titubeando- Esto aún no termina.

– No te vayas, mi amor.- Me abrazó. Sonreí.

Me dijo mi amor.

Mi amor, esa era mi chica.

Mi chica.

Mi chica…

y sin querer, me quedé dormida.

ll

Desperté a las 10 de la mañana.

Bueno, unos minutos antes de que sonara la alarma.

Iba a ser un día especial, era mi cumpleaños.

Baje al comedor y mi abuela me recibió con una tarta de chocolate.

– Feliz Cumpleaños, Roberta.

– Abue, no me llame así. Digame Cassette.- Le di un beso en la frente.

– Que cassete, ni que nada. Eres mi Roberta y así te diré.

Puse un puchero fastidiada. Odiaba mi nombre. Así se llamaba mi padre, el idiota ese que me abandonó hace seis años.

Mi hermano Frank bajó adormecido y me cantó las mañanitas, él nunca se levanta antes de las 12 del día, suponía que entonces si era un día especial y no precisamente porque fuera mi cumpleaños.

– ¿Vendrán los chicos a comer hoy?- Preguntó la abuela recogiendo los platos

– Si, Grace y Nicole llegaran a las 4 y Nadin, Rachel y Joseph a las 5, abue.

– Muy bien, mi amor. Entonces apresurate a hacer el aseo.

– ¿Puedo ir con ustedes al antro?- Preguntó Frank, le di una patada por debajo de la mesa, la abuela no.sabía sobre esos planes.

– ¿Antro?

– No, abue. Iremos a la casa de Nadin.

– ¿Segura que no me estás mintiendo?

– No abue.

– Está bien, Roberta. Muévete entonces para que todo este listo.- Ella se fue a la.cocina, le aventé un pedazo de pan a Frank en la cara con una cuchara.

– ¿Eres idiota? La abuela no sabe nada. Si puedes venir pero nos quedaremos en la casa de Nadin, sí su hermano vuelve a acosarte, no.es mi problema.

– Maldita sea, Cassette. Ya le dije a Abraham que no me gustan los hombres.

– Ese no es asunto mío.

– Esta bien. Iré, ya qué. No quiero que te pongas ebria.

Arreglamos la casa antes de las 4, mamá y su esposo llegarían a las 3 junto con mi hermana Rebeca. Mis mejores amigos ya venían en camino.

Me la pase el.dia buscando un oufit decente. Al menos, a mi estilo. Unos vans, jeans y camisa negra. Listo. Fue facil.

Como a las 6, todos estábamos partiendo mi pastel. Me dio mucha alegría verlos a todos reunidos. Incluso a mi mamá con su nueva pareja, me daba gusto que encontrara a alguien que si la quisiera.

El día se esfumó y cerca de las 8p.m ibamos rumbo al mejor antro de la ciudad.

Ibamos contando chistes en mi carro. Cuando llegamos al antro nos dimos cuenta de que este habia sido clausurado.

– ¿Y ahora que hacemos?- Dijo Nadin

– Vayamos a un antro de Zona Rosa, no?- Propusó Rachel.

– Mejor a Garibaldi -Aportó Frank

– Mejor busquemos algo en el Zócalo.

Nos fuimos al Zócalo. Las calles estaban vivas y llenas de gente, los bares estaban llenos. No sabíamos a cual ir. Caminamos algunos minutos y al pasar por una tienda, vi por el aparador a una chica muy hermosa, sentada en un sillón mientras una tipa modelaba frente a ella.

Nicole vio una blusa en un maniquí y se metió a la tienda. Fui detrás de ella.

Vi de reojo a la chica, ella capturó mi mirada instantánea y senti un clic en el estomago. Yo había visto a esa chica en algún lugar probablemente.

Nicole fue al mostrador a pagar la blusa y aquella chica seguía ahi, por un segundo pensé que me miraba. Tonterias. Salimos de ahí pero cuando volteé, la atrapé viéndome y voltear disimuladamente.

Terminamos en un bar-terraza.

Estábamos disfrutando de todo, pasaron algunas horas y la mitad de nosotros ya estaba ebrios. Yo un poquito. Bailabamos y todo eso hasta que sentí una mirada, volteé y a dos mesas estaba aquella chica de.la tienda con su acompañante y otras dos. Ella tomó de su bebida en cuánto me vio.

Sonreí.

Miraba de reojo a veces mientras la noche avanzaba.

Cuando senti un leve mareo y un gran cosquilleo, fui al baño con Grace y Nadin.

– Chicas, hay alguien que me gusta- Dije en una suave.carcajada

– Dinos quien.

– La chica del cabello largo.

– O sea, Cassette. Específica

Nos salimos del baño a buscarla y cuando la vi, la señale.

– Ella

– ¿La que está a lado de la que está besando a Frank?

Abri los ojos muy bien, mi hermano se estaba besando con la acompañante de la chica. Una excusa para acercarme a ella.

– Si, ella. ¿Que hago?

– Háblale, tonta- Me empujaron hacia la mesa. Estaba un poco ebria y cuando estuve frente a ella, no supe coordinar mis pasos.

– Hola- Dije estupidamente. Ella sonrio.

– Hola.

– Me llamo Cassette.

– Mucho gusto, soy Chelsea.

– ¿Te gustaría…- Pausé un poco, qué podia ofrecerle?, no sabía bailar y no.tenía nada. Ella alzo una ceja esperando mi pregunta completa. Mi instinto de estupidez actúo y de repente, tomé una servilleta de la mesa.- ¿Te gustaría una servilleta?

Ella me miró extraña y desde nuestra mesa, todos mis amigos se dieron una palmada en la cara, con expresion de ” ya la cago”

Ella tomó la servilleta y con una sonrisa me.dijo “Gracias”

Sin embargo, me retire apenada y pensé que la había regado pero ella me tomó de los hombros y me dijo:

– ¿Te gustaría ir a fumar a la terraza?

Sonrei. Ella me ofreció un cigarro y fuimos hacia arriba.

Esa noche, fumamos. Reímos. Y nos besamos.

Me regaló 4 cigarros, cuatro años de su vida y un agujero irreparable en el fondo de mi corazón.

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