Siete días de mi verano.

Lunes.

Hacía bastante calor. Era uno de esos días en los que te meterías en una piscina de hielo sin pensarlo dos veces. Sin embargo, un impulso de energía proveniente de alguna parte de mi cuerpo que hasta entonces había permanecido dormida, me impulsó a querer hacer algunas tareas de casa. Estaba solo allí. Mis padres habían alquilado un pequeño apartamento con jardín a un viejo amigo suyo, para poder estar cerca de mí la semana que se iban a para celebrar las bodas de plata de unos amigos en un gran barco. El muelle estaba solo a una media hora a pie, aunque la verdad, alquilar un piso para eso me parecía una tontería. Con lo bien que estaría solo en mi casa de siempre, cerca de todo… El apartamento hacía esquina. Estaba pegado a otro igual, con el jardín de este separado por una valla de madera bastante poco fiable. Iba a ducharme antes de hacer las tareas, pero luego pensé que era una estupidez, con lo que iba a sudar…

Yo soy un chico de estatura normal (1,71), pelo muy oscuro, algo largo y bastante ondulado (para mi desgracia), ojos azules algo grisáceos y bastante delgado (sobre unos 48 kilos). Tengo 19 años. Antes hacía algo de deporte en casa, pero lo abandoné enseguida. Sin embargo, marco algo de músculo. Tengo bastantes pecas en el cuerpo, bien repartidas.

Me puse la camisa de manga corta más cutre que tenía, unos pantalones cortos marrones que me venían un poco más bajos de la rodilla, un calzado cómodo y salí al jardín con un cubo, dispuesto a arrancar las malas hierbas. Era bastante torpe, como de costumbre en todo lo demás. Me paré un momento a mirar el otro jardín. Era bastante más bonito que el nuestro y tenía algunas flores que no había visto antes. De pronto, un chico de mi edad abrió la puerta y comenzó a hacer la misma tarea.

Era un poco más alto que yo, de piel bronceada por el sol que habita en esta zona. Tenía el pelo algo corto y desaliñado, de un castaño claro. Los ojos marrones verdosos, algo caídos. Sus orejas eran algo pequeñas y tenía algunos pelillos en la zona de las patillas que me parecían muy monos. No parecía pesar mucho más que yo, sobre unos 56 o así. Estaba bastante fuerte, aunque dudo que fuese por entrenar o algo parecido. Seguramente algún deporte por diversión. Llevaba unos tirantes blancos y unos pantalones muy parecidos a los míos, aunque mucho más desgastados, al igual que sus zapatos. Miró hacia mi dirección y se extrañó.

– Oye, ¿ese no es el apartamento de Álvaro? -preguntó, mientras seguía buscando hierbajos que arrancar con las manos-.

– Eh… eso creo. Mis padres lo han alquilado una semana. -no pude evitar escanearlo por completo, es una mala manía- ¿Lo dices por algo en especial?

– Es que yo soy el encargado de mantener estos jardines bonitos, sabes. -rió-

– ¿De verdad? Lo siento por el intrusismo laboral, no tenía ni idea. -dije de coña, mientras le seguía el buen rollo-

– Cuando termine con este me paso por su apartamento y lo hablo con tus padres, si no es molestia.

– Mis padres no están, lo han alquilado para mí. -sonó un poco raro- Si quieres te lo explico un poco luego.

– Uum, claro, no hay problema. -se giró y continuó con su trabajo, así que me levanté y me dispuse a entrar en el apartamento- ¡Eh! ¡Espera! -me giré algo desconcertado-

– ¿Sí?

– Encantado, me llamo Hao. Ah, soy de España y eso, pero es que mis padres son muy raritos… -se puso una mano en la cabeza y sonrió, algo avergonzado-

– Igualmente, yo soy Iván. -le devolví la sonrisa y entré, dejando a Hao con su trabajo-

Al entrar en casa pensé en el calor que hacía fuera y lo mal que lo estaría pasando Hao, que no parecía hacer su trabajo por placer. Puse unas cervezas de limón en el congelador, suponiendo que no tardaría mucho en arreglar el jardín, y me cambié de camisa a una rojiza que era bastante vieja, pero me encantaba.

No tuvo que pasar mucho tiempo para pensar en lo que acababa de ocurrir. Tenía que analizar lo escaneado y decidir qué pensaba sobre ese chico. Mi sexualidad es bastante ambigua, ni yo mismo sé lo que me gusta, pero a veces simplemente me gusta alguien. En un poco tiempo pude deliberar que no había visto suficiente y, aparte de parecerme bastante majo, no sentía nada.

Pasados unos cinco minutos llamó a mi puerta, a la que acudí rápido porque no tenía nada mejor que hacer.

– ¿Quién es? -dije mientras lo miraba por la borrosa mirilla-

– Un ladrón de malas hierbas. Uno muy cansado. -rió y me contagió su risa-

– Anda, pasa. -abrí la puerta y le dejé pasar, quería ver cómo se veía de espaldas- Siéntate cerca de la mesa, he puesto unas cervezas en el congelador.

– Vaya, gracias. Para tu desgracia no soy de los que dicen que no a una birra en el trabajo. -se sentó y empezamos a hablar mientras bebíamos-

Me contó que era aficionado al baloncesto desde hace dos años y que lo del trabajo con los jardines lo hacía para ganar algo de dinero y no aburrirse, ya que aquí no tenía mucho que hacer. Yo le conté que mi familia no era precisamente rica y que esto era una ocasión muy especial.

– Bueno, ¿cómo lo hacemos? -dijo Hao mirándome a los ojos con una sonrisa tonta-

– Te… te refieres a lo del jardín, ¿verdad? -¿en qué estaba yo pensando? acababa de hacer el ridículo-

– Sí, claro. ¿Qué más podría s-… -en ese momento se dió cuenta del posible malentendido y se sonrojó un poco, pero volvió en sí rápidamente- Sí, lo del jardín. No importa si quieres prescindir de mis servicios, una semana es poco. Pero eso sí, no hagas mi trabajo, no me gusta la competencia -volvió a reir, aunque algo avergonzado por el descuido de antes-

– Creo que mis padres me dejaron unos 120€ o así para imprevistos. El resto tengo que gastarlo en comida y esas cosas.

– Pues te explico. Yo cobro 7€ al día por cuidar plantas, quitar malas hierbas, regar y esas cosas. Voy a revisar cada dos días.

– Eso no suena muy justo por parte de los vecinos…

– Bueno, tampoco es que les importe mucho el estado del jardín en especial y lo hago por aburrimiento, así que no es tan poco.

– Hmm. Te voy a proponer algo. Te ofrezco la increíble cantidad de 6.5€ por día si vienes todos los días durante toda la semana. Y también te podrías quedar a charlar un poco y eso, ya que los dos vamos a aburrirnos un poco, parece…. -lo dije sin mucha confianza-

– Vaya, es la oferta más cutre mejor presentada que me han hecho. -rió y volvió a contagiarme esa bonita y sincera risa- Me parece genial. -me miró a los ojos y sonrió, dejándome un poco embobado- Mañana sobre las 11 estaré aquí.

Se despidió y se fue, dejando un poco de olor a sudor en el ambiente, cosa que no me desagradó.

Me di una ducha rápida, cené la primera basura precocinada que encontré en el congelador y me tumbé en la cama, esperando con ganas el día de mañana, para poder conocerle un poco más.

Martes.

Eran las diez de la mañana. Me levanté perezoso y fui a hacer la compra. Para mi desgracia, me manejo fatal con google maps y la única tienda que estaba ”cerca” se encontraba a 25 minutos aproximadamente, bastante cerca del muelle. Yo tardé unos 38 en llegar, pero me di cuenta tarde. Llegué al apartamento sobre las once y cuarto (con un calor enorme por ir corriendo y cansado por cargar con las bolsas) y ahí estaba Hao, esperando en la puerta, con la espalda apoyada en la pared y las manos en los bolsillos. Llevaba los mismos pantalones y zapatos que ayer, solo se había cambiado los tirantes blancos por unos de color naranja más anchos.

– ¡Lo siento! Encontrar la tienda ha sido más difícil de lo que pensé. -dije avergonzado mientras buscaba las llaves en mi bolsillo-

– Ya pensaba que ibas a retirar esa genial oferta. Demasiado bueno para ser cierto. -sonrió y me di cuenta de que había madrugado para ver esa sonrisa-

Abrí la puerta como pude y dejé las bolsas encima de la mesa del comedor. Hao sacó lo que necesitaba para hacer su trabajo al jardín y me ayudó a guardar cada cosa en su sitio, sin decir una palabra.

– Parece que has venido corriendo. Te sentaría bien una ducha. -Hao lo dijo con un tono muy amable, pero en mi mente escuché ”deberías ducharte, apestas a sudor, fracaso y también a persona que no sabe manejarse con google maps”-

Olfateé sutilmente mis axilas y a mi voz interior no le faltaba razón. Me quité la camisa delante de él, sin prejuicios. Empecé a quitarme los zapatos lentamente y le dije que podía empezar con el trabajo, dejando a entender que me iba a quitar toda la ropa ahí mismo. Hao salió al jardín, con una ligera mueca de desconcierto y las mejillas algo sonrojadas. Me reí en mis adentros. Ni yo mismo comprendía lo que acababa de hacer.

Me dirigí al cuarto de baño y entré, dejando la puerta un poco entreabierta. ”¿Por qué estoy tan estúpido hoy”? Me preguntaba a mí mismo mientras el agua caía de mi cabeza a los pies. Al terminar me sequé con la toalla pequeña y la puse en mi cabeza. Llegué a pensar en salir desnudo, pero acabé decidiendo que eso era pasarse y volvió a mí la vergüenza. De hecho no vino sola, llegó con la que me faltó antes de ducharme y me sonrojé como nunca. me tapé con el albornoz y avancé hasta mi habitación. Por el camino vi a Hao en el jardín, que había empezado con sus labores. Me pareció raro, porque pese a que no tardé mucho en ducharme, él ya debía haber avanzado bastante. Al llegar a mi cama me tumbé durante unos minutos y luego me vestí a toda prisa. Al igual que Hao, solo me cambié de camisa a una de color negro con un dibujo de una ardilla con gafas de sol.

– ¿Te apetece un helado? -grité con ánimos-

– Joder, te quiero. -soltó una sonora carcajada-

Era perfectamente consciente de que lo había dicho de broma, pero otra vez volvía a estar como un tomate. Seguía sin saber muy bien lo que sentía. Salí de mi cuarto, secándome el pelo con la toalla pequeña, que dejé puesta en mi hombro. Cogí un helado de frambuesa del congelador y salí al jardín. Acerqué un pequeño taburete de madera y me senté cerca de Hao, en la pequeña área que ya parecía haber limpiado de hierbajos. Se giró y sonrió.

– Tengo las dos manos ocupadas, ¿te importa acercar el helado de vez en cuando?

– Claro, no hay problema. -le quité en envoltorio y lo lancé dentro del apartamento-

– Toma.

Acerqué el helado hacia sus labios y mordió despacio. Me recorrió un pequeño escalofrío. El hielo y sus labios. No sé lo que me parecía más apetecible.

– ¡Hmm! Está muy rico. Deberías morder también, no soy el único al que le está dando el sol. -aumentó el ritmo al que arrancaba las malas hierbas-

Pensé en morder por la parte en la que él no lo había hecho, pero cambié de idea pronto. Quería probar sus labios de forma indirecta, quería que se diera cuenta. Mordí y saboreé despacio, disfrutando de una excitante y confusa sensación. Al poco rato le volví a ofrecer el helado y volvió a morder en la misma zona. Nos quedamos un rato en silencio. Lo único digno de romperlo era el sonido del hielo contra sus dientes, lo único que en ese momento quería oir. No tardamos mucho en acabarlo. El último trozo dejó caer desde la comisura de sus labios una gota morada que se deslizó un poco por su cuello. Me dispuse a limpiarlo con la toalla, sin dejarle tiempo a que lo hiciese él. Cuando quise darme cuenta estaba tocando su cuello, su piel que se podía notar tersa incluso con una toalla de por medio. En ese momento cruzamos miradas, momento que no duró mucho porque recibió una llamada. Yo me reincorporé en mi asiento y él se levanto. Acto seguido salió por la puerta hacia la calle y contestó. Volvió al cabo de un rato.

– Iván, tengo que irme. Han llegado unos tíos de visita y tengo que pasarme a saludar. -dijo con un tono que vacilaba entre la tristeza y la preocupación-

– Oh… Está bien, lo entiendo. -en ese momento no sabía bien lo que decía, tenía la cabeza en otra parte-

– No voy a cobrarte hoy, estás de suerte. -recogió sus cosas y se marchó junto con su sonrisa, un poco forzada esta vez-

Limpié el palo del helado de un lametón y lo clavé en el suelo del jardín, algo frustrado. El resto del día no hice más que intentar no pensar mucho en lo que había pasado. No pude dormir hasta muy tarde.

Miércoles.

Me desperté con una erección considerable. Una excitación que no había pedido invadió mi cuerpo y mermó mis capacidades mentales. Aparté las sábanas, acalorado y perezoso. Me desprendí de mi pijama, quedando en ropa interior. Poco a poco llegué a la nevera, situé mi mano en el hueco interior de la puerta, para abrirla, pero acabé apoyando la cabeza. ”¿Qué hora es?” Pensé mientras me giraba para poder ver el reloj digital que estaba en la pared. Eran las once y cuarenta, bastante tarde. Ayer Hao llegó sobre las once al apartamento, pero no tenía que pasar por todos los otros jardines. ”¿Estará en el jardín de la vecina?” Estiré un poco mis aún dormidos músculos y asomé la cabeza por la puerta del jardín. Cerré los ojos un momento por el contacto repentino con la luz solar, pero pude verle. En efecto, estaba arreglando el jardín del apartamento de al lado, como la primera vez que le vi. Estaba de cuclillas, con las piernas bastante juntas, recortando hojas de algunas de las flores con delicadeza. Había cambiado sus pantalones por unos un poco más cortos, de un tono más oscuros. Para mi desgracia, esta vez llevaba una camisa verde de manga corta y no podía disfrutar de ver parte de su costado. Mi mirada fue bajando lentamente, hasta fijarme en su culo, que tanto se marcaba al estar en esa posición. Llevé mi mano derecha hacia mi paquete y noté que, lo que había empezado como un espasmo mañanero, iba en camino de ser una erección en toda regla. Acaricié lentamente mi pene por encima del boxer, mientras veía cómo trabajaba. Acabé metiendo la mano y abracé lo que pude de los 17 centímetros que estaban poniendo a prueba la elasticidad de la ropa interior. No podía estár así de excitado todo el día. Volví al salón y me desprendí de la última prenda que me quedaba antes de dirigirme al cuarto de baño. Me metí en la ducha y abrí el agua, calibrando para que no cayese demasiado caliente. Cuando no quedaba un milímetro de mi cuerpo seco empecé a masturbarme lentamente, recreándome. Apoyé la mano izquierda en la pared mientras aumentaba la velocidad de mis subidas y bajadas, gimiendo un poco para liberar algo de tensión. Al cabo de quince minutos eyaculé, estremeciéndome y acabando de rodillas, terminando con un gran gemido. Al volver en mí después de ese efímero momento de placer, pude notar lo frágil que me sentía. No había comido nada desde ayer por la tarde. Me enjaboné rápidamente y me aclaré. Después de eso cogí la misma camisa que el primer día y unos pantalones de bañador que tenían un poco de arena en los bolsillos de la última vez que fui a la playa, me vestí en el salón, me senté cerca de la mesa grande y apoyé la cabeza en ésta, dejando caer mis brazos. ”Debería comer algo” Y entonces sonó el timbre.

– ¿Está abierta la puerta? -dije con un tono cansado-

– Nnno.

– Salta por el jardín de la vecina. No tengo fuerzas.

Escuché una carcajada. Esperaba que no me hubiese interpretado mal, no quería parecer un borde. Pasados tres minutos escuché la puerta del jardín abriéndose. Me había hecho caso de verdad, no pude evitar sonreir como un idiota. Al verle recuperé mis energías.

– ¡Muy bien, hoy comes en mi casa! -me levanté de la silla de un golpe y pude verle de frente, regulando su respiración por el esfuerzo que debía haber hecho para pasar de un jardín a otro-

– Ya sabía yo que iba a valer la pena escalar esa valla. -rió-

En ese momento escuchamos algunas cosas cayendo al jardín.

– AHÍ TIENES TUS COSAS, ROMEO. (gritó la vecina mientras seguía lanzando hacia mi jardín los utensilios de jardinería de Hao)

No pudimos hacer más que reirnos. Coloqué la silla en su sitio y cogí el delantal de cocina que tanta ilusión me hacía ponerme.

– Cuando termines de… ¿cómo se ata esto? -estaba intentando hacer un nudo por la espalda, pero mi patosidad me lo impedía-

– Deja, yo te ayudo.

Le di la espalda, pensando que lo iba a atar mejor así, pero me cogió del hombro y me dió la vuelta. Se acercó, se acercó mucho, casi juntandos nuestros pechos, como si fuese a darme un abrazo. Pasó sus manos por mis caderas, haciéndome soltar un pequeño suspiro y hundió su cara en mi hombro derecho. Hizo un nudo doble, lo ató muy fuerte y se separó lentamente, para luego dirigirse hacia el jardín, sin decir nada. Yo solo podía pensar en que debía haber escuchado mis latidos.

Tardé unos treinta segundos en volver a la tierra. Me mordí el labio inferior y respiré de una forma alterada. Era hora de cocinar. Indagué un poco por los armarios, viendo qué posibilidades tenía. Al final decidí preparar una ensalada con algo de pollo. No tardé mucho, así que llamé a Hao para comer. Ya había terminado con su trabajo por hoy, así que pudimos hablar de forma relajada mientras disfrutábamos de la comida. Me contó que mi vecina era una señora obesa, bastante graciosa y tenía dos gatos. Yo le hablé un poco de mí, de mis gustos y aficiones. Cuando terminamos de comer me ayudó a llenar el lavaplatos y luego nos sentamos en el sofá.

– Oye, Iván, estoy algo sudado y me apetece ducharme, pero no es que me quiera ir ya, no tengo nada que hacer por la tarde y estoy muy cómodo contigo. ¿Te importa que me duche aquí? -mi cara de felicidad fue imposible de ocultar, así que miré hacia el suelo, avergonzado-

– Sí, sí, no hay ningún problema. Yo tampoco quiero que te vayas. -lo solté sin querer y me coloré del todo- Lu… luego puedes usar ropa mía, si quieres. Y pongo la tuya a lavar…

– Perfecto. Intentaré no tardar mucho.

Empezó a quitarse la ropa en el salón, como hice yo ayer. ¿Era esa una cruel y magnífica forma de vengarse? Solo me atreví a mirar cuando se quitó la camisa. Esos músculos definidos, esos pezones que tantas ganas tenía de lamer, esos abdominales y esa v marcada en la zona de la ingle que parecía indicar el camino al paraíso… Pensaba que me iba a sangrar la nariz. Se quitó todo menos la ropa interior. Aguanté con la mirada en el suelo hasta que entró en el baño, pero eso no fue todo.

– ¿Debería usar esta toalla?

Desvié la mirada del salón y lo vi. El bulto en sus boxers era enorme, más de lo que mi mente negativa habría llegado a imaginar nunca. Estaba tan apretado… Parecía que su cuerpo entero quería darme la bienvenida al cielo. ¿Esa toalla era la bandera blanca que indicaba que se rendía ante mí? Tragué saliva y asentí mientras notaba crecer mi pene en mis pantalones, como quieriendo salir de ahí, suplicándome que me entregase a mis más primarios instintos. Mi respiración era entrecortada. Me levanté aún atontado y recogí su ropa. No pude evitar olerla. Olía a él, no quería lavarla. No merecía ser lavada.

Dejé su ropa en mi cuarto, a pesar de lo que le había dicho. Abrí mi armario y pensé en qué le podría quedar mejor. Nada, mi ropa no era capaz de mejorar lo que había visto. Ocultar ese cuerpo era un insulto, pero debía hacerlo. Una camisa azul con una estrella en la esquina inferior derecha y unos pantalones cortos negros, no encontré nada mejor. Imaginé que no le importaría ir descalzo. Salió de la ducha con mi albornoz y le señale mi cuarto, donde estaba su ropa. Acababa de caer en la cuenta de que no había puesto ropa interior, pero no me preocupé, supuse que pillaría cualquiera o incluso volvería a usar los que llevaba puestos. Abrió la puerta y me dió su ropa sudada, junto con sus boxers.

– Toma, siento las molestias. -estaba ajetreando su pelo con la otra mano-

– ¿Has cogido ropa interior del armario? -pregunté nervioso por la situación-

– Pues no, suelo ir con una sola prenda por casa, por eso… ¿es una molestia?

¿Molestia? Sentía pura envidia hacia mi pantalón. Negué con la cabeza y se me escapó una sonrisa de picardía, desviando un poco la mirada. Nos sentamos en el sofá de nuevo y puse una película de vaqueros en blanco y negro. Al principio lo hice para reirnos un rato, pero entre todo el trabajo que hizo Hao y lo cansado que yo estaba por este vaivén de emociones, acabamos sobados.

Me desperté notando una sensación extraña en el bolsillo inferior del pantalón. Mi móvil estaba vibrando. Ariadna, una amiga que conocí hace tres años en el instituto, me estaba llamando. Simplemente me recosté en el sofá y esperé hasta que dejó de sonar. Después lo puse en silencio y lo dejé en la mesa del comedor. Cuando volví al sofá, me senté y cerré los ojos lentamente, aunque ya estaba soñando antes de hacerlo. Hao estaba dormido a mi lado. Ese ángel se había caído del cielo y ahora estaba indefenso. ¿Cuánto tiempo llevaba dormido? Miré el reloj y era muy tarde, sobre las once y cuarto. ¿Se iba a despertar pronto? No pude evitar acercarme. Él estaba inclinado hacia la derecha y yo estaba tan cerca de sus labios, tan cerca… Bajé la mirada lentamente y levanté su camisa desde la parte inferior hasta su cuello, dejando su torso al descubierto. Puse mi mano en su costado izquierdo, dejando al pulgar libre. Con la yema del dedo viajé por sus abdominales lentamente, hasta llegar hasta la zona de la ingle, que acaricié con sumo cuidado, como si fuera a romperse. Levanté la mirada y dirigí mis labios hacia su pezón izquierdo. No pude evitar lamerlo con la punta de la lengua, dibujando pequeños círculos alrededor, dando muy pequeños mordiscos. Éste se volvió un poco más rígido. Seguía jugando por la zona de su ingle, hasta que introducí el dedo por debajo del pantalón, con el que comencé a bajarlo lentamente. En un momento la poca sensatez que quedaba en mi cuerpo decidió parar de bajar, porque podría despertarse. De todos modos, ya había bajado suficiente. Tenía un poco de vello en la parte superior y unos testículos grandes donde descansaba su bien dotado miembro. No había bajado suficiente, no podía ver el final de la extremidad, estaba impaciente. Acaricié lo largo hasta donde me permitía el pantalón y volví a la base, donde me recreé. Estaba caliente y empezaba a despertarse, aunque no era lo único que se estaba despertando. Hao dejó salir unos leves gemidos. Asustado, bajé su camisa y aparté los dedos que sujetaban el pantalón, dejando que volviese a su altura original lentamente. Me aparté un poco y fingí que me estaba estirando.

– Gaaaaah. ¿Ya estás despierto? -me temblaba todo el cuerpo, mi respiración estaba muy acelerada-

Abrió los ojos lentamente, parpadeó repetidas veces y se incorporó en el sofá para imitar mis estiramientos.

– Hmmm. Sí, buenos días. -rió- ¿Qué hora es? Parece tarde.

– Eeem, son las… doce menos diez. -¿tan tarde se había hecho?-

– Creo que debería irme ya, igual mis padres están preocupados. -sonrió con condescendencia mientras se masajeaba lentamente el ojo derecho-

– Ah. Em. Vale, es normal. Te acompaño hasta la puerta. -la situación me sobrepasaba, no podía disimular el gran alivio que sentía al ver que no se había dado cuenta de mi sucia expedición-

Llegamos a la puerta y la abrí. Hao salió al portal. Por algún motivo, tenía el puño derecho cerrado y parecía estar apretándolo con fuerza. Me puse nervioso.

– Oye, Iván… -su voz estaba temblorosa-

¿Estaba despierto cuando investigaba su cuerpo? Quería salir corriendo.

– ¿Qué pasa, Hao? Di… dime… -vacilé un poco al responder-

Hao se dió la vuelta y me miró a los ojos. Los suyos estaban algo llorosos, los míos tenían grabada mi impresión. Me cogío la mano con su izquierda y su derecha se situó en mi nuca, acariciando mi pelo suavemente antes de llegar mientras se acercaba lentamente. Hao me besó.

23:59 – 00:00.

Jueves.

El beso fue apasionado. Sus labios estaban húmedos y desprendían un poco de la calidez del cuerpo de Hao. Me agarró más fuerte de la nuca y se separó un momento. Sentí que se había llevado una parte de mí.

– Estaba despierto, amigo de Morfeo. -su sonrisa cómplice y su mirada desafiante me hicieron sentir un enorme escalofrío que recorrió todo mi cuerpo-

En ese momento yo solo quería volver a sentir sus labios, así que me acerqué lentamente, pero me detuvo poniéndome su mano izquierda en el pecho, después de soltar la mía algo bruscamente. Avanzó hasta acercarse a mi oreja y susurró ”ahora me toca a mí disfrutarte como si fuese un sueño”. Mordió el lóbulo de la oreja y bajó hasta el cuello, que empezó a lamer de arriba a abajo, hasta donde le permitía mi camisa. Yo había cerrado los ojos y me estaba muriendo de placer. Volvió a dirigir sus labios junto a los míos y nos fundimos en otro beso, que no duró mucho.

– Vamos dentro, nos pueden ver aquí.

– ¿Pero qué pasa con tus padres? -pregunté eso porque no podía pensar en mucho más, estaba bastante bloqueado y la sangre que fluía al cerebro no era mucha en ese momento-

– Ahora solo existimos tú y yo. -se separó de mí y entró en el apartamento mientras me decía ”ven” con la mano-

Cerré la puerta y me dirigí hacia Hao, que me esperaba en el salón. Mis ojos no pudieron evitar centrarse en el enorme bulto que marcaba en el pantalón. Al llegar me levantó la barbilla con la mano izquierda.

– Fuiste muy malo al desvestirte el otro día delante de mí. Pero tranquilo, no voy a hacer lo mismo que tú, te voy a dar lo que estabas mirando con tanto deseo. -tenía el control, se reflejaba en su mirada-

Colocó la mano en mi brazo y presionó hacia abajo. Con su otra mano bajó rápidamente su pantalón, dejando su miembro libre. Acabé de rodillas delante de él.

No debía medir menos de 21 centímetros. Tenía algunas venas bastante marcadas. Su glande era algo grande y de un color rosado bastante claro. La piel de los bajos era de un tono más claro que el resto.

Sujeté lo que pude con una mano por el medio y la levanté mientras acariciaba sus testículos con la otra. Poco a poco me acerqué. Podía sentir el ansia de Hao. Ya tenía la punta tocando mis labios, mojándolos ligeramente con un poco de precum. Parecía que él estaba tan cachondo como yo en ese momento. Me encantaba su olor, el verdadero olor de Hao. Metí un poco en mi boca, lamiéndola sin parar mientras seguía agarrando sus huevos, que estaban calientes y preparados para lo que avecinaba. Fui introduciendo más y más, hasta tenerla casi toda dentro. Era increíble, podía sentir sus palpitaciones. Alcé la mirada hacia su cara y lo pude ver mordiéndose el labio. Sabía que le gustaba, pero quería más. En ese momento puso su mano encima de mi nuca y susurró ”toma esto como un castigo por lo del otro día”. Empujó mi cabeza, obligándome a tragármela entera. La punta de su polla chocó contra mi campanilla intentando abrirse paso aun habiendo llegado a mi límite. Solté los huevos de Hao y agarré con las dos manos su firme culo mientras sentía el vaivén de sus caderas follándome la boca. Casi no podía seguirle el ritmo. Continuó un buen rato más, gimiendo con fuerza hasta que al parecer se dio cuenta y la sacó de golpe, llena de mi saliva y su precum. Tardé un poco en regular mi ritmo de respiración, que se había disparado. Me ayudó a levantarme y volvió a agarrarme de la nuca, pero esta vez para arrancarme un largo y húmedo beso. Él quería mi saliva y yo se la di, sumiso.

– Lo siento, me he pasado un poco. Parece que no me puedo controlar contigo. -no separó su mirada de la mía ni un segundo, orgulloso-

– Pensaba que eras un ángel pero follas como un demonio. -suspiré-

– No quiero que te quedes con esa impresión, Iván. Vamos a tu habitación y te demostraré que soy las dos cosas. -volvió a morderse el labio, pícaro–

– Qué creído eres, eh. -solté una carcajada y se la contagié-

Las risas no duraron mucho. Sujetó mi brazo y me llevó hasta la habitación. ”Túmbate” fue lo último que escuché antes de que cerrara la puerta de golpe. Una vez tumbado boca arriba en la cama me desprendí de toda mi ropa. Hao seguía al lado de la puerta, mirándome con deseo. Verle de pié completamente desnudo es algo a lo que nunca podría acostumbrarme. Se acercó rápidamente y subió a la cama quedando de rodillas. Comenzó acariciando mis piernas y dando ligeros besos que a veces terminaban con su lengua deslizándose por mi temblorosa piel. No tardó mucho en llegar a mi miembro, que ya estaba goteando de la excitación. Yo lo observaba un poco inclinado, con una mano en la nuca y la otra en la boca, que mordía de vez en cuando dependiendo de sus movimientos. Sin usar sus manos se la metió en la boca, buscándola con ansia mientras me acariciaba el abdomen con su mano libre. Tenía un tacto algo rudo, se notaba el trabajo con la jardinería y el baloncesto. Una de sus manos se fue de mi vista por un momento pero no tardé en sentirla agarrando mi nalga derecha y acercándose a mi entrada, dibujando pequeños círculos con sus dedos. No tenía problemas en tragarse mi polla entera e incluso a veces me miraba con furia cuando lo hacía, cosa que me ponía muchísimo. Acabé retorciéndome de placer mientras él intentaba introducir uno de sus dedos en mi culo, que no parecía estar por la labor. De golpe recuperó sus manos y comenzó a pajearme rápidamente mientras se acariciaba su enorme polla y apretaba con sus labios en mi capullo. No tardé en correrme. Una corrida enorme de tres largos trallazos que engulló entera y me dejó exhausto. Sentí que había vaciado por completo mis huevos. Hao seguía masturbándome a pesar de haberme corrido.

Oye, oye, no te duermas todavía. Aún falta lo mejor. -soltó mi pene y se abalanzó sobre mí para abrazarme-

En ese momento volvió a ser el Hao que conocía. Yo le correspondí, apretando fuerte y acariciando su espalda suavemente. Adoraba sentir su cuerpo sobre el mío, sus músculos apretándome y su respiración en la nuca. Se apoyó en sus manos para levantarse un poco y darme otro beso, esta vez mucho más lento y sentido.

– ¿Te ves con fuerzas para un último asalto? No quiero presionarte. -sus ojos decían la verdad-

– Estoy bien. Esta noche es toda nuestra. Y yo… todo tuyo.

CONTINUARÁ

Sé que lo dejo en una parte interesante, pero el relato se está haciendo mucho más largo de lo que esperaba, lo siento. ¡Ya estoy escribiendo lo que falta, así que no tardaré mucho en publicarlo!

Por cierto, este es mi segundo relato. Espero que os guste. (Y muchísimas gracias a las personas que han comentado en mi primer relato o me han enviado un email, os lo dedico)

Ah, notificadme cualquier fallo o si simplemente os gusta, por favor. ¡Gracias otra vez! (estoy nervioso)

Por cierto, es la segunda vez que lo subo, se ha publicado hace un momento pero habían partes con la letra más pequeña, así que lo he borrado y lo he vuelto a subir (ahora mismo). Espero que se arregle

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