Soldados del amor

“Siempre me han gustado los hombres”

“¿Para qué voy a negarlo ahora?; ¡Es más! Puedo deciros también que me encanta comer pollas, y si se tercia y cuento ese día con la suerte necesaria, dejar que estas me taladren el culo”

Mi ojete es un agujero caliente y vibrante que goza como una perra cuando un buen pollón lo atraviesa.

Tampoco soy de los que se obsesionan mucho con los tamaños. Busco en los tíos el que tengan polla y que esta se les ponga bien dura cuando me follan.

Con eso solo me valen.

Mis gemidos se han de oír bien lejos, pues suelo ser de los que se hacen notar cuando se estremecen de gusto.

Me gusta que los que me follan lo noten, vean lo mucho que me encanta su rabo y no paren de darme hasta llenarme el culo con su espesa y viscosa lefa.

Por suerte para el reprimido mundo en el que vivimos, suelo hacer de estas cosas en lugares alejados de la civilización. Por eso, me encantan las carreteras, los polígonos industriales y la “mucha marcha” que se puede encontrar en las áreas de servicio”

Esa tarde había salido fuera de mi vehículo para caminar por los alrededores mientras lentamente se llenaba de combustible el depósito de mi camión.

Las personas se movían de un lado para otro en las inmediaciones de esa gasolinera. Al igual que yo pretendían estirar un poco las piernas, comprar algo en la tienda o quizás andaban buscando el que los “clavaran” en la cafetería tras pedirse, como acababa de hacer yo, un café algo aguado.

Mientras paseaba, iba mirando a toda esa gente, discretamente. Sin fijarme de forma directa en nadie, pero a su vez mirándolos a todos.

Aprovechaba también esa espera para ir fumándome el cigarro de rigor. Tenía la esperanza de que alguien se acercara hasta mí para pedirme fuego, hablaríamos también de cualquier tontería y poco después nos iríamos a algún lugar más discreto en el que seguir, haciendo o hablando de otras cosas.

Pero, he de decir, que aquel no parecía ser mi día. Y eso que en la gasolinera en la que había parado, había bastantes padres de familia con los coches llenos a reventar de maletas y de hijos.

Me fijé en ellos, sujetando la manguera del combustible, maldiciéndose entre dientes por el mucho camino que les restaba hasta llegar a su destino. También me fijé en sus esposas, maldiciendo también entre dientes, e intentando calmar a los demonios que viajaban en los asientos traseros.

“Descarté por completo cualquier encuentro con alguno de esos machos de apariencia heterosexual, aunque más de uno de esos papas se hubiera dado el gusto de follarse a alguien como yo.”

No soy afeminado ni nada, más bien tengo pinta de macho. Pero eso no quita que algunos tíos se sientan atraídos por hombres de mi aspecto físico.

Quizás los mueva el morbo de follarse a un semental. No es que lo sea, pero al ser hombre y tener un cuerpo bastante bien formado, al menos lo parezco.

“La pena para muchos de ellos es que soy pasivo al cien por cien”

Lo hubiera hecho, como os decía, con alguno de esos papas. Acabaría corriéndome casi a la misma vez que ellos y envidiando a sus esposas por tener a un macho como ese. Gozaría, pues, como nunca, al podérselos robar durante unos minutos que no olvidarían jamás.

-¡Puta zorra, maricona, cómete hasta los huevos mi rabo!-Me hubiera reprochado entre gemidos ese papa con unas ganas irrenunciables de echar un buen polvo antes de llegar a su destino

-Sí, sí. ¡fóllame cabrón! -hubiera terminado diciendo en el interior de la cabina de mi camión a ese padre de familia con ciertas “prisas” por volver a su coche.

Disfrutarían de lo lindo follándose un culo como el mío en el que el temor a dejarme preñado, sería algo inexistente, y diciéndome lo puta que soy por tener un culo tan abierto.

Uso mi camión como picadero. Tiene una cama, algo incómoda para follar, pero que te otorga la discreción necesaria. Así huele algunas veces el interior. Con esa peste a polla y a semen no puedo evitar excitarme.

Tengo que parar entonces en un área de descanso, en cualquier gasolinera o en las calles de cualquier polígono industrial.

Comienzo entonces mi búsqueda.

Puede parecer que estos no son sitios para encontrar nabos, ya que estos se crían con mucho más vigor en la huerta, y normalmente en invierno.

Pero se darme las mañas. Es como si tuviera una especie de radar para dar con ellos.

El tiempo, la cuidadosa observación y sobre todo la insistencia me han convertido en un buen hortelano.

Mi culo me lo agradece, todo mi cuerpo en general, lo hace.

Soy un buen maricón y a vosotros, queridos lectores, no puedo negároslo.

★ ★ ★ [Nuestro primer encuentro]

En la barra de la cafetería había dos o tres camioneros. Los saludé con la mano antes de meterme en los urinarios.

Ellos por cortesía quizás, lo hicieron moviendo ligeramente la cabeza

No me preguntéis porque, pero sabemos reconocernos en un lugar atestado de gente. Quizás sea por los brazos que tenemos algo abultados, nuestras anchas espaldas y esa barriga cervecera que ya por mucha dieta que se haga es casi imposible de mutilar.

También descarté cualquier encuentro con ellos al ver que ninguno se dirigía al interior del baño, en el que yo me había sacado la polla para comenzar a mear.

Esta vez sí tenía ganas, por lo que mientras probaba suerte no deje de acariciar mi polla lentamente mientras esta iba expulsando el líquido amarillento en violentas y espasmódicas sacudidas.

Tampoco sería la primera vez que compartiera vivencias con uno de estos guerreros del volante, pero por lo visto ese día, en esa gasolinera no iba a encontrar lo que buscaba.

Cuando terminé de mear y después de lavarme las manos a conciencia abandoné resignado el baño.

Ninguno de los hombres que habían pasado a mear, mientras yo estaba en el urinario, habían mostrado intención alguna de dejar que su polla fuera vista y/o tocada por unas manos expertas como las mías.

Puede que también haya tenido algo con alguno de esos camareros, que se mueven por la barra con cara de pocos amigos, pero que cuando se encierran furtivamente en un baño son de lo mas cariñosos.

Alguna paja fugaz le he soltado a uno de esos machos en las estaciones de servicio, dejando que su semen me bañara las manos en apenas unos segundos de meneo.

Es triste, pero resulta más que cierto.

En esos lugares casi todo el mundo tiene prisa y son pocos los que saben controlar sus emociones cuando una mano amiga o una boca caliente saluda a sus endurecidos nabos.

Ya como última esperanza, me puse a hacer cola en la tienda, debía pagar el agua y los chicles.

Entonces, me fijé en el soldado.

Iba con el uniforme de rigor, portando ese pesado petate a sus espaldas y en la mano agarraba un paquete de chicles.

Su cabeza estaba bastante rapada y llevaba esa gorra cubriendo la zona en donde seguro crecía el pelo mucho más largo que en los alrededores de su nuca. Miraba nerviosamente de un lado a otro, como esperando a alguien o buscando algo.

Entonces me miró a mí y dejando que las dos o tres personas que nos separaban en la fila avanzaran un puesto se acercó para hablarme.

-Tu camión es el que tiene la cabina roja, ¿verdad? -me preguntó

-Si- Le contesté algo intrigado, pues era evidente que de alguna forma me había visto bajar del mismo. (Y eso que llevaba casi cuarenta minutos allí buscando una buena polla con la que entretenerme)

-Veras es que somos casi paisanos, Soy de … (dijo el nombre de un pueblo que quedaba justo al lado del mío) …

Afirmé con la cabeza dándole a entender que podía continuar. Así que mientras veíamos como una nueva persona nos rebasaba en la cola volvió a decir:

-Acabo de salir del cuartel y me preguntaba si vas de camino para… (aquí, es donde dijo el nombre de mi pueblo)

Lo mire sin contestar, por lo que remató la pregunta

– ¿O vienes ya en ruta desde allí?

Entendí en ese instante que el joven había reconocido, por la inscripción en el toldo, a la empresa de pinturas para la que trabajo y ya de paso, y con toda la jeta, se había buscado el porte gratis hasta su pueblo.

-Hago este mismo trayecto todas las semanas y has tenido suerte porque me pillas de retorno. – Le contesté yo mientras avanzaba unos pasos en la cola.

Vi en esos momentos como le cambiaba la cara y más contento que unas castañuelas empezó a hablarme de las ganas que tenía de irse para el pueblo, que no le quedaba pasta y que había pensado hacer autostop, pero que llevaba ya un tiempo parado junto a la carretera, haciendo dedo y nadie se había dignado a cogerlo.

Hablaba así, como lo hacen los jóvenes. Atropelladamente y al igual que si me conociera de toda la vida.

Yo me fijé en esos momentos en el cuerpazo que tienen los muchachos a esa edad y pensé en lo bien que lo pasaríamos si ese militar se dignaba a cogerme a mí.

Pero en lugar de ser así de directo le alargué la mano y me presenté.

Se ofreció a pagar mis chicles y el agua, a lo que me negué. Pero insistió tanto que al final, aun sabiendo, que iba falto de dinero, acepté con la condición de que yo sería quien invitara en la siguiente parada al café.

– Después dormiremos por allí-Le dije lanzando de paso la caña

– ¿No vas directo al pueblo? -Me preguntó algo triste.

-No, amigo. Me toca hacer noche a unas dos horas de allí. Pero te puedo llevar hasta ese sitio, donde podrás seguir haciendo autostop.

Meneó la cabeza, dudando.

“Posiblemente, dormir conmigo esa noche no era lo que se esperaba”

-Quizás tengas más suerte que aquí. – le dije un poco decepcionado

Me miró triste, pues ya tenía el mozo cara de verse follándose a la novia en cuatro o cinco horas como mucho.

-Vaya mierda ¿no? -me preguntó cuándo ya estábamos en la puerta de la gasolinera y lo tenía dudando en si venirse conmigo podría ser la mejor opción

Yo volví a decirle:

-Tengo que parar a recoger unos portes mañana por la mañana. Después en unas dos horas y pico llegaremos al pueblo.

-Toma y… ¿Dónde vas a dormir?

Se dio cuenta de pronto que tal vez había dicho algo inapropiado y agachó la cabeza. Muchos de nosotros queremos más al camión que a nuestras mujeres. Para nada nos gusta que alguien desprecie nuestro medio de trabajo, ni nuestra cama ocasional.

-Yo en la cabina. Tu supongo que si te vienes tendrás que hacerlo en los asientos delanteros. La otra opción es la de quedarte haciendo dedo para ver si tienes más suerte y consigues parar algún coche.

-Han parado, pero casi ninguno llegaba tan cerca, como llegarás tú.

-Yo paso por tu pueblo. Eso no es pasar cerca es llevarte directamente hasta allí

-Sí, pero no lo harás hasta mañana. ¡No sé qué hacer!-me dijo mientras se rascaba la nuca

-Pues piénsatelo porque te doy de tiempo hasta que dé la vuelta con el camión en la explanada. Cuando vuelva a entrar en la carretera, tendrás que seguir probando suerte con el autostop.

★ ★ ★ [El Dormilón]

-¡Anda que sí, valiente compañero de viaje me he buscado!- Le reproché yo al ver como el soldado se despertaba por fin para empezar a desperezarse.

– ¿Falta mucho? – Me preguntó mientras se restregaba los ojos con la mano.

-No ya estamos llegando a la parada.

-Me he quedado sopa-afirmó

– Ya, …

-Apenas he dormido esta noche al cambiar el turno de garita.

Por lo visto esa había sido su forma de obtener ese permiso inesperado que le permitió volverse al pueblo.

-¿Dónde quieres que te deje a la entrada del pueblo o en la gasolinera?

-Prefiero tomarme un café antes. Además, ¿no has dicho que me invitarías tú? -me preguntó

Lo miré durante unos segundos mientras guiaba el volante.

Cierto es que me había pagado los chicles y el agua …

También, que yo me había ofrecido a pagarle un café,…

Pero considerando que ese lugar al que llegábamos iba a ser el sitio en el que nos separaríamos, podría por lo menos haberme dejado libre para poder seguir de caza por si en esa gasolinera tenía más suerte.

-Muy bien te pagare ese café. Pero te advierto que después no pienso acercarte a ningún lado. Voy a hacer noche en esta explanada.

Le señalé con el dedo la nave en la que al día siguiente pretendía cargar los bultos. En esos momentos estaba desierta, al igual que la explanada en la que el camión comenzó a reducir su velocidad dando pequeños perchones.

El sonido de los frenos y la tierra que se levantó hizo que alzara un poco la voz para que pudiera oírlo.

-No si la verdad es que no tengo ya mucha prisa. Con la siesta que me he echado no me importa esperar un poco hasta volver a la carretera donde seguiré probando suerte.

Andamos un poco hasta la gasolinera, que estaba como a unos quinientos metros, de donde había estacionado el camión, y mientras lo hacíamos, me hablaba de las muchas ganas que tenía de volver a su pueblo.

Yo por mi parte lo escuchaba algo molesto pues había tenido otras expectativas para ese viaje y al verlo portando el petate en uno de los hombros sabía que el militar se largaría y yo me quedaría con el calentón y sobretodo con las ganas de que me follara un soldado.

– ¿Te queda mucha mili? – Le pregunté mientras me sentaba con él en la cafetería.

Agitó la cucharilla en su taza después de haber volcado los dos sobres de azúcar para mirarme antes de decirme.

-Sí y no, pues en cuanto jure bandera seguiré haciendo el servicio militar en la caseta de la Cruz Roja que hay en el pueblo.

Dicho esto se puso a chupar la cuchara.

Yo lo miraba sin hablarle. Me hubiera puesto a morrearlo allí mismo de haber percibido ya alguna señal por su parte.

(Pensara lo que pensara de mí, el seguramente homófobo, dueño del bar)

-Eso son por lo menos seis meses más, pero al hacerla en casa. No creo que se me haga tan pesado como hasta ahora-me dijo

– ¿Eres un “insumiso” de esos? -Le pregunté al saber que los que iban a hacer la mili de esa forma no querían saber nada de guerras

-No, soy objetor de conciencia. Los insumisos son los que van a la cárcel por no querer hacer la mili. A mi si me gusta el ejército, me quedaría más tiempo incluso, pero mis padres nunca han querido tenernos a ninguno de mis hermanos fuera del pueblo y han movido cielo y tierra para que nos quedáramos en él.

-¿Tienes hermanos?

– Cuatro.

Afirmé algo sorprendido, aunque antiguamente las familias numerosas eran algo más que normal

-El primero hizo la instrucción en Vetera y después en la cruz roja. El otro igual, solo que le tocó en Paterna. Luego voy yo que me han mandado a hacerla hasta Teruel y después quedará mi hermano que cuando le toque lo mandan por lo menos a Melilla.

Sonreí por la ocurrencia. El soldado volvió a hablar.

– Mis padres estaban que no daban el habla cuando me llegó la carta y les dije dónde me había tocado en el sorteo.

– ¿Tanto les molesta el que estés fuera de casa durante un año?

– ¡No veas! Mi padre no para de decir que si esto de la mili es una pérdida de tiempo. Que si no se conocen más que a vagos que terminan convirtiéndote a ti también en uno de ellos. Que si deberían pagar al menos… Luego están mis hermanos que piensan igual y dicen también lo mismo. El único que no habla, de ello, es mi hermano pequeño que como está estudiando aun no tiene muy en mente todavía lo de el tener que servir a la patria.

-Veo que tampoco ha cambiado mucho la cosa, pues eso mismo es lo que solía decir mi padre cuando la hice yo.

-Ya ves. Dicen que la quieren quitar.

-Eso he oído.

-Ya a mí me da igual. Pues tampoco esta tan mal salir del pueblo. Se conoce gente y eso.

-Muy bien-Le contesté yo antes de hacerle la pregunta de rigor que todo hombre adulto hace a un tío más joven que él.

– ¿Qué tal llevas las novias? -Le pregunté.

Me miró y se sonrió. Era evidente que novia tenía. O que como poco había tenido.

“Esto va mal”-pensé yo antes de oír su respuesta

-Mal, porque mi novia y yo cortamos antes de irme del pueblo. Dice que seguro que no la iba a respetar mientras estuviera en el cuartel y que no tardaría en buscarme alguna novia por Teruel.

– ¿Y lo has hecho?

– ¡Que vaaaá, las tías de la ciudad son más pavas que “to”! …Cuando te acercas a decirles algo, te ven como un cateto y se giran, para otro lado. Mis hermanos si dicen que se follaba un huevo, pero no sé si será por lo estrechas que son las tías en el destino que me ha tocado o porque son unos jodidos embusteros

-Pues me extraña mucho que no ligues pues eres bastante guapo y de cuerpo estas muy bien- terminé por decirle

El soldado que en esos momentos estaba dando un sorbo al café me miró escandalizado, dejó la taza algo más nervioso y agachando la cabeza volvió a hablar.

-Tal vez deba volver a la carretera. Están pasando muchos coches y puede que alguno me recoja antes de que se haga de noche.

Era evidente que se había, incomodado por mi afirmación, así que lo mejor que podía hacer en esos momentos era dejarlo partir.

-Muy bien, ya pago yo los cafés. ¡No te preocupes!

-Gracias por traerme y gracias por el café. – me dijo mirándome con cierta lástima. Por unos instantes tuve la sensación que el ser maricón era para ese muchacho algo horrible.

-No tienes por qué dármelas. Me has hecho compañía y es lo menos que puedo hacer para agradecértelo. Espero que tengas suerte con los coches y no te preocupes mucho porque estoy seguro de que al final también lo arreglarás con tu novia.

-Gracias – me dijo mientras agarraba el petate y lo colgaba en su espalda.

Tal vez lo correcto hubiera sido el que ese mozo me hubiera dado la mano antes de largarse, pero por lo visto yo debía de tener algo contagioso, ya que abandonó el local sin girarse para mirar.

Yo por mi parte encargué un bocadillo de tortilla con mayonesa para llevar y cogiendo un par de cervezas me fui para el camión donde me cascaría una paja antes de irme a dormir.

★ ★ ★ [Una polla normal]

Nada más subirme al camión, eché las cortinillas que dejaron el interior de la cabina sumida en la discreta oscuridad que necesitaba para mis vicios

Después me desnudé hasta quedarme en calzoncillos y decidí alterar un poco el orden en el plan que tenía para esa tarde/noche.

Primero me haría la paja y después me comería el bocadillo.

Aunque a mitad de la paja decidí improvisar y hacerlo todo mezclado.

Me la meneaba, comía el bocata, daba un trago a mi cerveza, …

En ello, os juro que estaba, cuando alguien tocó en la puerta del camión.

Al mover la cortinilla vi al soldado que petate al hombro me decía que tenía las puertas de atrás de mi camión abiertas.

Las dejo así para que vean que voy de vacío. Así puedo hacer noche tranquilo, sin que nadie me dé un susto.

-Ya lo sé- Le dije alzando un poco la voz para que me escuchara.

Habló entonces algo pero no lo entendí, por lo que bajé el cristal para escuchar lo que me decía:

-Me lo he pensado mejor. Estoy hasta los huevos de esperar y creo que no pasara nada si llego a casa, mañana en vez de hoy.

-Como veas-Le dije desde la cabina, mientras intentaba adivinar en su mirada cuáles debían ser sus reales intenciones.

– ¿Puedo subir? -Me preguntó al ver que no hacía el intento de abrirle la puerta.

Miré hacía mi cuerpo desnudo y dejando el bocadillo sobre el salpicadero me puse los calzoncillos mientras le abría el seguro en el lado del acompañante.

Al entrar en el camión miró de refilón hacía mi calzoncillo abultado y luego hacía el salpicadero donde la cerveza y el bocadillo descansaban sin mi atención.

– ¿Estabas cenando? -Me preguntó mientras se rascaba la nuca

-Si… ¿quieres un bocado? -Le pregunté mientras le acercaba el bocadillo sujetado por unas manos que sabían y olían a polla.

-Tal vez vaya después a pillarme uno al bar, pero antes quiero preguntarte una cosa.

“Pensé que me iba a pedir más dinero pues a veces los jóvenes no tienen límites cuando se trata de conseguir pasta, pero me descolocó un poco su pregunta”

-Tú eres marica, ¿verdad?

– ¿Por qué quieres saberlo? – Le pregunté mientras mordía el bocadillo y daba un sorbo a mi cerveza.

-Veras, es por mi hermano pequeño…

Afirmé con la cabeza mientras le daba un nuevo bocado al bocadillo y el continuó al ver que toda mi atención estaba puesta en ver qué cosa pretendía saber.

-Creo que es el único que va a salir marica en mi familia y me gustaría saber cómo puedo saberlo- Me dijo del tirón.

Casi le volví a repetir la pregunta, pero esta vez cambiando al sujeto:

– ¿Y porque quieres saber si tu hermano es, … u os va salir marica?

-Porque me mira mucho.

– ¿Qué edad tiene tu hermano?

-Quince, puede que dieciséis. Creo que los cumple el mes que viene

-Normal, entonces, que te mire

-Normal ¿Por qué?

-Porque seguro que nota como su cuerpo está creciendo, y lo compara con un referente cercano, en este caso el tuyo.

-Eso he pensado a veces, pero según como me mira pienso que no solo lo hace por eso.

-Entonces, si es como tú dices, puede ser porque tenga dudas sobre su sexualidad. ¡Tú también las tienes, por lo que veo!

– ¡Yo no soy marica! -Me dijo mientras me miraba con los ojos llenos de ira.

(Suerte que en esos momentos no llevara un fusil en las manos)

-No digo que tú lo seas. Pero te he visto mirándome de refilón el paquete al subir. También tendrías curiosidad, ¿no?

-No, ha sido porque me has dicho que estabas cenando, pero me ha dado toda la impresión de que estabas haciendo otra cosa. ¡Solo ha sido por eso!- se excusó

-Pues has acertado de pleno. Suelo hacerme un buen pajote antes de meterme ahí detrás a dormir. Me relaja y duermo mucho mejor.

Afirmó con la cabeza, y preguntó:

– ¿Si quieres me voy y vuelvo dentro de un rato?

-Ya da igual

-No en serio, no querría molestarte.

-No molestas. Venga deja de dar vueltas y cuéntame. Que ya me ha quedado totalmente claro que no te interesa ver la polla de otro tío de ninguna manera

-Bueno un poco sí. A veces he mirado en el cuartel las pollas de los otros, pero solo para compararlas con la mía. ¿Eso es malo?

-No, no lo es mientras no te pajees pensando en sus pollas

Aliviado afirmó que cuando se hacía pajas solo pensaba en las tías.

Después me volvió a mirar a mi cuerpo semidesnudo y yo volví a morder mi bocadillo.

Guardó silencio, como esperando algo, por eso hablé:

– ¿Tu hermano te ha visto desnudo? – Le pregunté

-Supongo que sí… Compartimos habitación durante mucho tiempo. Lo hicimos hasta que mis hermanos mayores se acabaron casando y pudé entonces pasarme a la de ellos.

– ¿Supones o sabes?

-No sé. Antes de que pensara eso de él solía desnudarme delante de él sin pensar en que podría estar mirándome. Dormía en la cama de al lado y llevaba haciéndome pajas desde que mi hermano era bien pequeño. No quiero ni pensar en cómo se pondrá mi padre si todo lo que le ha pasado a mi hermano es culpa mía.

– ¿Y por qué iba a ser culpa tuya? -Le pregunté.

(Puede pareceros todo esto un poco inocente, pero realmente los pueblos del interior son así)

-Es por algo que pasó hace ya tiempo. Yo estaba en casa, haciéndome una paja y mi hermano entró en la habitación. Al ver cómo me miraba la polla, seguí moviéndola. Podía haberme tapado con la sábana, pero no lo hice.

– ¿Por qué seguiste?

-No lo sé. Supongo que me pareció gracioso al ver la cara de susto que terminó poniendo

– ¿y después?

-Se acercó hasta mi cama, todo lo que pudo. Un paso más y se hubiera subido en ella. Me preguntó que qué hacía y le dije con cierto orgullo que me estaba haciendo una paja. Explicándole que me daba mucho gusto al hacérmela.

– ¿Pasó algo más?

– ¡Te juro que no! Solo fue eso me vio hacerme la paja y rio cuando al final acabé corriéndome.

-Entonces no debes preocuparte, porque si tu hermano es maricón como dices. No será culpa tuya.

-Ya. Pero

-Pero ¿Qué?

-Y si por mi culpa ¿se ha terminado obsesionando conmigo?

– ¿Por qué piensas eso?

-Porque desde un tiempo hasta esta parte creo que está un poco obsesionado por cazarme en plena paja. ¡No me deja ni respirar!… cada vez que intento escaquearme un poco para hacerme alguna paja. No tarda en aparecer por la habitación con cualquier excusa. ¡Yo creo que está obsesionado y quiere ver como tengo ahora la polla!

– ¿Tan grande la tienes? -Le pregunté mientras apuraba el último trago en mi cerveza.

-No, no, será como la de todos los tíos.

– ¿Te la has medido?

-Si con una regla de esas que teníamos en la escuela, pero como la regla que usé era plana y mi polla es algo curva, creo que no lo hice del todo bien.

– ¿Y cuánto te medía?

-Veintidós centímetros, … Pero seguro que me la medí mal. Es un poco curva y la regla no se doblaba del todo bien. -me dijo el hijo de puta

★ ★ ★ [El Pastor y su aprendiz]

-Perdona que te diga, pero eso no es normal. ¡Eso es todo un pollón! -Le dije sin poder evitar lanzar una mirada a su bulto. En esos momentos andaba en reposo, pues de haber estado lleno de sangre ese pantalón militar estaría a punto de reventar

– ¿De veras?… Es que nunca he visto otra polla diferente a la mía, salvo en las revistas, claro. -Murmuró antes de echar de reojo una mirada a mi paquete.

– ¿En el cuartel tampoco? -Le pregunté algo incrédulo

-En las duchas coincidimos desnudos, pero ninguno de nosotros anda empalmado por lo que no puedo comparar.

-Muy bien.

– ¿Cómo que muy bien? … ¿y qué hay de mi hermano? … ¿Cómo puedo saber si es marica o no?

-No puedes saberlo sin preguntárselo.

-Ya… ¿pero y si se enfada y se lo dice a mi padre?

-Deberás correr ese riesgo.

– ¡Mejor no! – dijo

Después calló durante un rato mientras miraba las cortinillas, finalmente negó con la cabeza antes de preguntarme.

– ¿Cómo te diste cuenta tú?

-No sé- Pensé en si debía contárselo antes de seguir…

-En mi caso se dieron cuenta de ello.

– ¿Quién?

-Fue un pastor que me miraba de una forma extraña cuando pasaba con las ovejas por delante de mi casa.

– ¿Qué edad tenías?

-Doce o trece.

– ¡Menos que mi hermano! ¿Y ya lo sabías?

-Ya te he dicho que se dio cuenta ese pastor y decidió enseñarme cómo iba todo aquello.

Miré hacía su pantalón. Andaba abultado en la zona de su entrepierna por lo que dedujé que ese militar estaba disfrutando casi tanto o más de la conversación como yo mismo, así que decidí profundizar en mis vivencias.

-Un día me encontré con ese pastor bastante alejado de casa. Iba con mi bici y me esperé a que las ovejas que transitaban por el camino, por el que debía pasar, me rebasaran. Él también se terminó acercando, guiaba al rebaño desde la parte de atrás y cuando llegó hasta mi altura me reconoció. Éramos casi vecinos, pues entre la casa de mis padres y ese corral donde encerraba el ganado, no había más de quinientos metros. Me habló del buen día que hacía y de lo bueno que era salir al campo para tomar el aire, también al hacerlo se apartó a un lado del camino, justo el mismo en el que yo estaba.

-Voy a orinar- terminó diciendo

El soldado me miraba boquiabierto. Por eso seguí contando:

-Se sacó la polla y yo se la miré. Estaba ya dura y era grande. No como ese pollón que dices calzar, pero sí bastante grande.

Al decirle esto el soldado se sonrió. Todo hombre se siente alagado cuando le alaban el tamaño de su pito.

Yo continué:

-El Pastor apenas soltó un par de chorros. La orina salía en un hilo finísimo. Lo miré a la cara y vi que me estaba mirando. Agaché mi cabeza avergonzado y vi de nuevo esa polla. Había dejado de orinar y se la estaba sacudiendo. Descapullándosela delante de mis ojos que no se podían apartar de ese punto.

– ¿Te gusta verme? -Me preguntó

-Si- Atiné a contestarle mientras miraba hacía un lado y a otro del camino deseando que nadie viniera por el mismo y que pudiera interrumpirnos.

-Cógemela y sacude bien los restos de orina.

– ¿Para qué? -Le pregunté alarmado

– ¿Tú no te sacudes la tuya cuando acabas? -Me pregunto él

-Si

-Yo también- me dijo el Pastor-pero a veces da más gusto cuando lo hace otro.

El soldado en esos momentos estaba ya que no daba el habla. De vez en cuando se recolocaba la polla, bajo el pantalón con los ojos abiertos como platos. Estaba encerrado en un camión con un tío que se había declarado abiertamente un marica.

“¿Cuánto tiempo iba a tardar en lanzarse?”

– ¿Se la chupaste? -Me preguntó al fin

-Allí no, porque podían vernos y además se le escapaban las ovejas camino abajo, pero si en el corral donde encerré mi bicicleta después de haberlo seguido a cierta distancia.

– ¿Lo seguiste?

– Bueno no exactamente. Al principio tenía pensado en ir en la otra dirección, pero después de un rato me di la vuelta y regresé por ese camino. No tardé en alcanzarlo y al llegar donde estaba el ganado tuve que pararme. Empezamos a caminar durante un rato juntos. Yo iba andando sentado sobre mi bici, pero sin llegar a montarme, dándome pequeños empujones en el suelo, con ayuda de mis pies, para tomar impulso

-Si quieres hago a un lado el ganado para que pases- me dijo

-No gracias, no tengo mucha prisa la verdad

– ¿Has visto como llevas la rueda? ¡Apenas tiene aire!, afirmó

Me asusté, aunque después de bajarme y apretarlas con fuerza, no noté nada.

El pastor al ver que dudaba agarró la rueda con los dedos y apretó con fuerza.

La rueda se ablando con la presión pues era un hombre fuerte. Yo agachado junto a él miraba la rueda pero al tenerlo tan cerca noté bien su olor a macho.

-Dentro de mi corral nadie podrá vernos. Quizás allí quieras volver a verme la polla- me dijo

Lo miré alarmado. Por lo visto ese hombre mayor deseaba lo mismo que yo.

-No, no. Solo quiero llegar a mi casa. Si he pinchado la bici mi padre me echara una bronca que no veas

Me dijo que tenía una bomba en su corral y que podía ayudarme a darle un poco de aire.

-Si está la rueda pinchada lograremos que no se desinfle y podrás llegar hasta el pueblo sin problemas- me dijo

Yo casi ni lo escuchaba pues al tenerlo tan cerca de mí solo miraba al bulto que había bajo ese mono azul. Lo que debía ser su paquete no estaba para nada pinchado sino inflado hasta el punto de estar a punto de reventar esa tela.

– Esa rueda no estaría para nada pinchada y todo eso sería mentira – me preguntó el soldado

– ¡Pues claro que era mentira! Ese pastor quería abusar de mí. Pero ya te he dicho que en esos momentos yo no tenía ni idea

– ¿Y qué paso entonces? – me preguntó el militar

Mi mano en esos momentos estaba sacudiendo lentamente mi polla. Me la había terminado sacando por un lado del calzoncillo para ir cascándome una paja mientras rememoraba esa parte de mi pasado.

– ¿De verdad quieres saberlo? – Le pregunté mientras me escupía en la mano para lubricar mejor mi endurecido nabo.

En el interior del camión el aroma a polla y a macho salido era imposible de sofocar, por eso continué narrando.

-Sí, … me encantaría saber cosas de maricas- me dijo él mientras se recolocaba la polla.

Al oírse matizó:

– ¡Solo para saber si mi hermano también lo es!

Me volví a ensalivar la mano y volví a mi paja. Después continué hablando:

-Llegamos a su corral y encerramos el ganado. Pero no inflamos las ruedas de mi bici, porque antes siquiera de hacerlo. Te puedes imaginar…

El soldado negó con la cabeza, por eso le dije:

– Ese Pastor me desnudó y al recibir la orden yo lo desnudé a él

– ¿Y no tuviste miedo de lo que te pudiera hacer?

-Un poco sí, pero a la vez estaba excitado como nunca antes lo había estado.

-El pastor dejó que lo tocara cuanto quisiera. Empecé sobando su cuerpo mientras él me hablaba de sus músculos. Apretaba en los que él me decía que lo hiciera notando lo fuerte que estaba

-¡Mira también como se me ha puesto la polla!- acabó diciéndome.

-¿Porqué?- le pregunte inocente

-Porque a los hombres nos encanta que nos la agarren y la acaricien

– Agarré su cipote con algo de miedo, pero no tardé en ganar confianza.

Comencé a sobar su polla, estaba dura como una piedra. ¡El salido pastor tenía también razón en eso!

-Me lo imagino todo y no puedo creerlo-dijo el soldado sin parar de mirar mi cipote y mi mano en plena acción pajeril

-Pues sucedió, como te lo cuento. Y más que terminó pasando… Me dio un fuerte azote en mi desnudo culete y me pidió que corriera pues si lograba alcanzarme me terminaría haciendo lo que le apeteciera. Así que empecé a correr totalmente desnudo entre su ganado. Las ovejas no paraban de balar, pero ese hombre no les prestaba atención. Tampoco yo se la prestaba.

– ¿Todavía te excitas al recordarlo? – Me preguntó el soldado mientras miraba como mi pene era zarandeado por mi experta mano pajera.

-Si

– ¿Qué más cosas hiciste con ese pastor?

-Ese hombre, tras darme alcance, estaba centrado en mí placer y no tanto en el suyo, acariciándome, haciendo que cada vez tuviera más ganas de estar cerca de él. Creo que ese cuerpo desnudo y cubierto de vello, con el que me rozaba desprendía hasta un calor especial.

– ¿Se la chupaste? -Me volvió a preguntar el soldado

-Después de que me agarrara de la nuca para besarme con cierta lascivia. Era la primera vez que alguien prescindía de darme un beso en la mejilla y me metía la lengua en los morros.

– ¡Cómeme la polla, nene! – me dijo ese salido pastor

– ¿Entonces se la chupaste ahí? … ¿en ese lugar?… ¿Con todas esas ovejas?

– ¿Dónde querías que fuéramos? ¡Claro que se la chupe! Ese día y todos los que le siguieron. Todos los días el pastor debía de cuidar del ganado y yo me acercaba hasta ese corral de ovejas para cuidarlo con él.

El soldado se recolocó el paquete y tragó saliva. Así que decidí calentar un poco más la ya ardiente cabina del camión.

-En ese corral tragué mucha más leche de la que te puedas imaginar. Sus huevos apenas daban abasto para llenarse antes de que mi boca o mi culo les extrajeran una nueva descarga.

– ¿Te folló también?

– ¡Muchas veces! Ya te he dicho que todos los días iba a ese corral con mi bici, para buscarlo

-Nada más verlo me desnudaba y corriendo hasta él le ofrecía mi ojete para que viera, como lo tenía.

-Necesito que me metas la polla- Casi le rogaba al ver cómo me esquivaba pues en el fondo no podía dedicar todo su tiempo a un salido como yo. Ese ganado, lo creas o no también requería sus cuidados.

-Corría entonces para ayudarlo a terminar cuanto antes, desnudo. Repartiendo la paja y llenando con grano los comederos para las ovejas.

– A veces al verme así agachado, y moviendo el culete de esa forma provocativa, se acercaba por detrás y me clavaba dos o tres veces la polla

-La llevaba dura como un mástil, por lo que terminaba casi balando como una oveja al verse asaltada por el macho. Así a traición sin lubricante ni nada.

-Calla maricón, si es esto lo que quieres y a lo que vienes- me reprochaba él mientras se la sacaba y tomaba rumbo hacia otro lado del corral.

El culo aun me boqueaba mientras lo veía alejarse y desesperado le gritaba.

-¿Qué falta por hacer?

-¡Tenemos que ordeñar!

-Le ayudaba también con eso y mientras esa máquina extraía de las ubres de las ovejas el blanco alimento, yo le comía la polla para mantenérsela dura y lista para cuando decidiera follarme de nuevo.

– ¿Duele, mucho cuando te dan por el culo? -me preguntó

– ¡No, (le mentí),…da mucho gusto!

– ¿Y gritabas y eso?

-Hombre a veces cuando me follaba rápido sí. Pero si lo hacía despacio solo emitía pequeños gemidos.

– ¿Y nadie en el pueblo se dio cuenta?

– ¿Cuenta de qué?

– ¿Pues de que va ser? De que ambos erais unos maricones.

– ¿Y porque iban a darse cuenta? El Pastor creo que tenía cinco o seis hijos. Nadie podía dudar de su hombría, y yo creo que hasta me eche novia y todo por ese tiempo.

– ¿Tuviste novia?

-Sí, ¿tanto te extraña?

-Bueno un poco.

-No es tan raro. En mis tiempos era bastante guapo.

– ¡Todavía lo eres! – Dijo el soldado antes de matizar:

-Quiero decir que todavía estas muy bien de cuerpo y eso, vamos que seguro que no tienes problemas para seguir gustándole a las tías. ¿Te casaste?

-No.

– ¿Por qué?

-Porque cuando descubrí lo mucho que me gustaba estar con ese pastor salido. No tardé en dejar a la novia.

-¿Y no tuviste mas novias?

-Cuéntalas con los dedos de la mano y quítales cinco o seis, por si acaso. Cuando empecé a follar con el pastor dejaron de interesarme las mujeres. Iba a la verbena y eso pero a toda la que se me acercaba la rechazaba discretamente.

-En casa pensaron que nunca acabé superando lo de los cuernos que, supuestamente, una de ellas me había puesto con un amigo

-Ahhhh- dijo el militar recolocándose el paquete hacía un lado. Yo seguía con mi paja ya con mis calzoncillos bajados hasta los tobillos

-El caso es que cuando el culo me pedía guerra no tardaba ni un minuto en cogerme la moto para irme donde el Pastor, o donde fuera para que me dieran bien de rabo.

– ¿Has dicho dieran?

-Si bueno, pero eso es una historia un poco más larga. No sólo me terminó follando el pastor. Hubo otros hombres, pero para entonces ya sabía a ciencia cierta que era maricón y nunca me he arrepentido de saberlo tan pronto.

– ¡Jamás pensé que pudieran haber maricones tan cerca de mi pueblo! Pensaba que estos cuando se daban cuenta de lo que son se iban para las ciudades a vivir esa vida.

-Tanto en tu pueblo como en el mío hay hombres a los que les va la marcha. Muchos más de los que tú te piensas.

Me miró incrédulo.

– Es una mera cuestión estadística-Terminé por afirmar mientras arrugaba la lata de cerveza entre mis manos.

Sin dudarlo más solté mi vibrante polla para echar mano donde estaba su pantalón. Ni se apartó, ni hizo el intento de mostrarse violento ante tal acercamiento.

“El valiente soldado estaba dispuesto a probar cosas nuevas”

★ ★ ★ [Servir a la patria]

-Quítate la chaqueta -le dije

El soldado no lo dudó un segundo y con mi mano todavía sobándole el paquete se desprendió de ella.

Guardó silencio mientras se dejaba sobar la polla y sin que yo se lo pidiera se desprendió también del jersey. Solo se quedó vestido con esa camiseta de color caqui en la que en el centro destacaba el escudo del ejército español. Al hacerlo me dejó ver su pecho, bien formado, pero con no demasiado vello.

– ¡Estas muy bueno! -Le dije

-Gracias- me dijo tímidamente

Levanté la camiseta hacía arriba y le lamí un pezón. El soldado echó la cabeza hacia atrás intentando no cruzar mi mirada con la suya. Todavía tenía ciertas reticencias a que un hombre le diera semejantes caricias.

Le saqué la camiseta y le apreté los brazos donde sus bíceps se hacían notar. Duros y fuertes

-Tendrás que desnudarte.

– ¿Ahora?…Me gustaría ir por un bocadillo para cenar y tal vez cierren la cocina, si se hace muy tarde

-Ahora, también… Digo, y no te preocupes por la cena porque donde hemos estado tomando el café abre las veinticuatro horas,… que tendrás que desnudarte delante de tu hermano para hacer con él lo que estás pensando hacer.

-Yo no …- empezó a decir

-Tu sí, porque en el fondo lo deseas. Quieres lograr que tu hermano te chupe la polla o que como mínimo te haga una paja. Lo que pasa es que no sabes muy bien cómo lograrlo.

-Bueno un poco sí. Pero tengo miedo de que luego lo cuente alguien y se acabe liando en casa la de Dios es Cristo.

-Tú te desnudas, haces como que estás buscando algo en el cajón de tu dormitorio y le preguntas – lo interrumpí

-Puedo decirle que si sabe dónde están mis calzoncillos rojos. Los que me pongo para salir de fiesta los sábados- aclaró

-Sí, …Así lograrás que te mire. Si se queda mirándote la polla fijamente podrás seguir sin problemas.

Mis manos expertas sobeteaban el hinchadísimo bulto de ese soldado que con la mirada perdida no dejaba de pensar en lo que vendría después

– ¿y después?

-Tendrás que asegurarte y hacer todo esto cuando no haya nadie en casa. Así estará mucho más relajado y a la vez más dispuesto a hacer todo eso contigo

– ¡Si eso también lo he pensado! Los sábados por la tarde nos quedamos solos los dos en casa. El nunca sale porque casi no tiene amigos.

Afirmé con la cabeza y metiendo la mano dentro de su pantalón le dije:

-Tendrás que tenerla dura. Así como la tienes ahora mismo está bastante bien.

– ¿y entonces qué? ¿Me giro desnudo hacía él y le digo que me la chupe?

-Puedes probar, pero no creo que acceda a la primera. Si lo ves sonreír o reírse, tendrás bastante ganado.

– ¿Y qué hago más?

-Pajéate. Acércate poco a poco a él. Pregúntale si quiere tocártela.

-Eso estoy seguro de que si quiere hacerlo. No veas como me la miraba la primera vez que me la vio. Yo creo que de haberle dicho algo lo hubiera terminado haciendo

-Puedes contarle la verdad, que en el cuartel ni siquiera puedes pajearte y que andas a todas horas empalmado como un burro. Cuéntale que has visto a otros soldados que andan casi igual que tú cuando vais de camino a las duchas. Si de verdad es maricón, el pensar en muchas pollas lo excitará todavía más.

– ¡Buah, me lo estoy imaginando todo y no veas como me estoy poniendo! – bufó el soldadito cuando empecé a pajearlo

– ¿Crees que no lo sé? Ahora mismo tengo tu rabo en mis manos y esta pollaza no está para nada blandita y mustia.

-Siempre se me pone así cuando me la meneo- bufó el soldado orgulloso.

Bajé un poco más sus pantalones, hasta dejarlos en sus tobillos. Echó la cabeza hacia atrás y al momento volvió a hablar:

-Puedo probar otra vez con lo de la regla. La otra vez cuando me la medí para ver el tamaño de mi polla. Él estuvo presente en todo momento. Se quejaba al verme, porque decía que, si la doblaba demasiado, podría rompérsela y le hacía falta en el instituto para dibujar no sé qué líneas rectas.

-Dile entonces, que crees que te ha crecido algo y que prefieres que pruebe él esta vez. Así lograrás que te la agarre. Con este pollón entre sus manos, no te costara mucho convencerlo para que le de unos pequeños lametones.

Hice entonces lo propio, empecé a lamer ese capullo que en esos instantes estaba lleno de un líquido preseminal que me encantó recoger con la punta de mi viciosa lengua.

Suspiró aliviado el valiente soldadito. Que ya, al no ir vestido de uniforme, quedó con ese desnudo integral a merced de mi mamada.

-Al principio puede que tengas que decirle como se hace. Después poco a poco ira aprendiendo solo-murmuré después de sacármela unos instantes de la boca

-Ya, pero es que yo nunca, …

-Lo sé, no te digo que tengas que chupársela a él. Con que le vayas diciendo lo que te gusta más, el poco a poco irá aprendiendo

– ¡Como me la coma igual que tú, me correré enseguida!

-Tranquilo porque le costara coger práctica, puede que al principio le den también arcadas. Deberás tranquilizarlo y decirle que no se preocupe que eso es normal y que las primeras veces, cuando se mama una polla, pasa mucho- le argumenté mientras me volvía a tragar su dura y chorreante herramienta.

Al principio, ese soldado, cuando empecé a comérsela me había mirado un poco extrañado, pero no tardó mucho en dejar que todo el peso de su cuerpo se dejara caer sobre el respaldo de su asiento

Al oírlo suspirar. Me la saqué de la boca y continué pajeándolo

-Después dile algo así como que si fuera una tía te lo follarías ya mismo. Seguro que entonces los pocos temores que le queden al estar contigo se acaben disipando.

Afirmó con la cabeza. Estaba más que dispuesto, cuando llegara a casa, no tardaría en intentar pervertir a su hermano.

-Tendrás que pajearlo y puede que, si está muy excitado, termine corriéndose en tus manos.

– ¡Qué asco!, … ¿no?

-Piensa que posiblemente esa primera vez tú terminaras corriéndote en su boca. ¿No crees que por lo menos el también debería sentir algo de gusto también?

– ¡Hombre, visto así!- murmuró el soldado mientras me la arrebataba de entre los labios para pedirme que fuera algo más despacio. No quería correrse rápido, por lo que le agradecí el gesto

-Tendrás que aprender también a darle por el culo. ¡Por si alguna vez te lo pide!

Dejé de chupar su polla para lamer sus huevos, bajé dando pequeñas lamidas y besitos en su ingle. Alcancé, con mi lengua su cerrado y rosado ojete y empecé a darle pequeñas lamidas.

-Esto le va a producir un ligero cosquilleo. Posiblemente el mismo que sientes tú ahora mismo. Además, permitirá que su agujero vaya dilatando para cuando te decidas a meterle la polla. Con mucha practica y aunque la tengas así de grande lograrás metérsela hasta los huevos

– ¿Y eso cómo se lo hago? -me preguntó

-Si quieres puedes probar ahora conmigo y te voy diciendo

-Si no te importa-casi me rogó

★ ★ ★ [Solo para probar]

-Ve muy despacio- suspiré

-Vale- me dijo él.

-Cuando notes que no puedes seguir quédate quieto, abrázalo un poco e intenta pajearlo, puede que en esos momentos ya la vuelva a tener dura.

– ¿Tan pronto?

Mi culo había comenzado a ser atravesado por la polla del militar, así que dándome la vuelta para mirarlo le dije:

– ¿Tú cuánto tiempo tardas en recuperarte cuando te haces una paja?

-No más de veinte minutos, puede que algo menos

“¡Maravillosa juventud!”-pensé antes de decirle:

-Pues a él, le pasara más o menos lo mismo. ¿Has visto como poco a poco mi culo se va acoplando y te va apretando el rabo?

-Sí, ¡no veas el gusto que me da!

-Pues el de tu hermano hará lo mismo, pero como será mucho más estrecho tendrás que ir mucho más despacio.

-Vale. Me lo follo despacio ¿y cuando se la meta hasta los huevos qué?

-Si lo fuerzas mucho podrás producirle un desgarro, así que nada de correr y de metérsela hasta los huevos. Ya verás como tu polla poco a poco se va clavando más y más

– ¿Eso duele?

– ¡Claro que duele! Por eso tienes que intentar follártelo muy despacio.

-Lo intentaré. Pero es que tampoco sé que velocidad debo llevar. Es la primera vez que hago esto

-Mira, párate, ahí. Quédate quieto. Asiiii, … Ahora sácala un poco. Y luego empuja hacia adentro otra vez, pero muy, muy despacio.

– ¿Cómo así?

-Así perfecto,- murmuré mordiéndome el labio y agarrándolo por el culo para que me la clavara bien adentro.

Notaba como su polla no dejaba de moverse dentro de mí. La cabina del camión en la que ambos retozábamos parecía ser el puto infierno.

Pero más caliente todavía estaba mi culo. Quemando, diría yo, al notar como ese rabo grueso y vibrante me taladraba

Allí dentro no hacía calor, era el vicio el que nos hacía sudar de esa forma

-Te pedirá que le folles. Así sabrás que le ha gustado. Pero para poder oírlo decirte algo así, tendrás que esperar unos días, más que nada para que su ojete se recupere.

-Hombre como el lunes me tengo que volver para el cuartel le puedo dejar esa semana de margen.

-Puede que tengas que esperar un poco más. No lo presiones mucho no vaya a ser que lo agobies

-Es que esto es la ostia. ¡No veas el gusto que da!

-Ya lo sé que da mucho gusto, por eso te estoy dejando que me lo hagas a mí. Pero las primeras veces que te follan sueles sentirte culpable y se tarda algo de tiempo en asimilarlo. Eso, al ser mental, te termina doliendo más que el culo

-¿Con el pastor te pasó eso?-me preguntó

-Con el pastor y con los otros. Después de follar siempre me quedo con esa sensación extraña. Me siento culpable y a la vez con las mismas ganas de volver a ser penetrado

– ¿Haces esto mucho? -me pregunto el caliente soldado sin dejar de embestirme

-No tanto como me gustaría.

-Pues a mí no me importaría repetirlo más veces. Más que nada para que me confirmes si cada vez te lo hago mejor y eso.

-Como veas, podemos parar todas las veces que quieras. Ya te he dicho antes que una vez llegue a mi pueblo no tendré que volver a hacer portes hasta el lunes

Sus manos codiciosas se agarraban con fuerza los cachetes de mi culo y me daban fuertes agarrones, en este antes de dejar caer todo su peso.

Su gran estaca avanzaba entonces, clavándose plenamente en mí.

Susurró en mi oreja mientras seguía con sus embestidas la siguiente cuestión.

– ¿Y si no quisiera dejarme que le diera más por el culo? Mi hermano, digo- intentó aclararme

-Vivo cerca. Podemos quedar si quieres cuando no puedas esperar por más tiempo.

-En eso mismo estaba pensando. Le voy a decir a mis padres que necesito comprarme un coche.

-Ahora, cuando acabemos, te apunto mi dirección, para que cuando lo tengas, vayas hasta mi pueblo para enseñármelo.

-A lo mejor te doy una sorpresa y me llevo a mi hermano para que te conozca también.

– ¡No es una mala idea!

– ¡Te follaremos los dos, al llegar, este culo de maricón que tienes!

– ¡Tampoco me parece mal!

-Seguro que a él también le terminará creciendo y se le pone igual de grande que la mía

– ¡Ojalá!,… Pues eso sería estupendo

-Al llegar a tu casa, podríamos follarte a ti y otras veces dejaría que tú te lo follaras también a él.

– ¡Eso a va ser imposible!

Se paró en seco, dejando que su endurecida polla vibrara dentro de mi ano durante unos segundos

– ¿Por qué?

-No soy activo. Solo me gusta que me den.

-Ahhhhh.

Estaba a punto de empezar a correrse en mis entrañas por lo que aprovechó para morderme la espalda y para clavarme las uñas en mi velludo pecho.

– ¡Joder! ¡Es que me encantaría follármelo y ver como se lo follan otros! – gritó ya sin temor a que nadie en ese mundo lo escuchara desear semejante depravación

Mientras notaba como me arañaban el pecho, no dejé de pajearme notando como mi rabo comenzaba a tensarse llenando de lefa el asiento delantero en el que se supone que ese soldado tendría que hacer noche.

-Aghhhhh-volvió a decir

Su corrida se fue solapando con la mía, así que mientras esa polla se agitaba con violencia dentro de mí. Le acabé diciendo:

-No te preocupes que cuando le acabes dando por el culo de la misma forma en la que me has dado a mí, no te costará mucho el convencerlo para que termine haciendo todo lo que le pidas

FIN

Queridos lectores,

Espero no haberos aburrido tampoco esta vez con esta historia que dicho sea de paso se ha convertido en el relato nº 50.

Como simpre agardezco vuestros comentarios y valoraciones, tambien el que algunos veáis en mis historias al Pedro Almodobar de Albacete, o incluso al Buñuel. (tus historias sí que son buenas y no estos líos en los que me meto a veces)

Luego estáis los que me criticais (a ti Gable y por supuesto a Jadoy, os lo perdono todo), pero de una forma o de otra en mis historias siempre la familia aparece por algun lado. Quizás ese pasado que me forjó y me convirtió en lo que soy tiene algo que ver.

Luego esta el Gran Machi, al que no puedo mas que agradecer el que de vez en cuando decida perder su tiempo conmigo. Me ha encantado el final y ya te lo comentaré en cuanto pueda.

Tambien los que se dirigen a mi aprovechando la celosía que le brinda mi cuenta de email. A modo de confesión me dicen lo que les ha gustado y lo que no. Otros me envian besos y algunos van mas alla.

Y luego estan los de siempre que me promenten escribirme para contarme lo suyo, pero que por lo que sea no se deciden.

A todos gracias, tambien a los que no comentan, sin ninguno de vosotros toda esta andadura no hubiera sido posible. Eso si os pediré perdon siempre por la espera

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