Solo las mujeres sabemos lo que nos gusta

Descubrí esta página cuando una amiga me la recomendó. Ella me confesó una vez que escribía aquí, y la verdad, quedé muy sorprendida por lo que leí de ella. Sorprendida porque la clase de pasiones que ella deja que se muevan sin los limitantes de la sociedad son lo que siempre he deseado. Así que decidí leer todo lo que pude sobre ella y, después de masturbarme leyendo que su hija es en realidad el producto de su pasión con su padre, decidí sincerarme conmigo misma.

Me gustan las mujeres. No puedo negarlo, pero nunca había estado con una. Igual que Janine, vivo en Querétaro, un estado en el medio exacto de México, y acudía a la universidad de aquí mismo. Actualmente estoy en mis trabajos de titulación, pero eso no es importante ahorita. Me gusta este lugar porque hay muchas chicas guapas. No entendía que me gustaban, pero siempre me sentía cómoda viéndolas. Me gustaba ver parejas besándose en los parques porque tenía curiosidad de sentir besos así, incluso me imaginaba estar en el lugar del muchacho y sentir los labios de la novia. Después me sentía culpable y me iba, sintiendo que me iría al infierno o algo por el estilo.

Tuve algunos novios, pero la presión de ellos me hacía sentir mal. No tenían algo que yo quería. Janine me dijo que entonces me buscara a alguien mayor, que me fuera con su amiga Priscila, pero tenía miedo. Pero cuando la vi con su novia, pensé que había pocas cosas así de bonitas al verlas. Me invitaron a una fiesta mis amigos de mi facultad. Janine, creo que si lo ha dicho, estudiaba ingeniería, mientras que yo negocios internacionales, pero había de muchas facultades en ese momento. Había música, alcohol y baile. Me gustaba ver a todos felices, así que quise beber más para que pudiese compartir esa alegría. Entonces, de otra facultad, llegó una chica bastante guapa. En verdad era hermosa. Tenía cabello negro amarrado en una trenza que pasaba por un lado de su cabeza. Tenía piel clara y con pecas. Una boca pequeña con unos labios delgados que quería devorar. Y sus ojos… esos ojos eran increíbles. Es (no sé por qué la estuve describiendo en pasado) bajita, delgadita, de aspecto delicado, pero por su ropa sabía que así no lo era. Llevaba un vestidito simple de tirantes, dejando sus huesudos hombros libres. Todo en ella me parecía espectacular. No sé si se pueda entender eso con la descripción que di, pero, a menos que la vean, no entenderían lo bella que es.

Como yo ya estaba ebria cuando ella llegó, no me detuve al ir a su encuentro. Vi que iba con un muchacho, y eso sí me detuvo. No sé si lo entiendan, pero en ese momento me sentí muy triste. Me regresé a mi asiento y me puse a meditar, o a lo que se le puede llamar cuando uno está ebrio y con sus pensamientos tristes.

Después de un rato me fui al baño y estuve viéndome en el espejo. Me parecía un poquito a ella, solo que yo soy más alta y con senos más grandes. Mi camiseta marcaba mi figura y mi short dejaba ver mis piernas envidiables. Tengo el cabello negro hasta los hombros, y ojos grandes. No soy buena describiéndome. Entonces me convencí de que era hora de salir y me di vuelta para estar afuera del baño. Quien esperaba era ella, y cuando me vio me dedicó una agradable sonrisa.

Eso bastó para ponerme feliz, después de eso empecé a beber más e incluso bailé un poquito. Algunos chicos se me insinuaban, pero yo no los quería. Entonces, alguien tomó mi mano y me jaló para bailar. Al sentir esos delicados dedos, un estremecimiento cruzó mi cuerpo completo. La chica se había puesto a bailar conmigo y me daba vueltas y me acercaba a ella. Entre sus amigas, al parecer, era algo común, pero a mí me sorprendió muchísimo. Tal vez ni siquiera tuviese importancia para ella, pero yo no quería que dejara de darme vueltas y girar en torno a ella. No quería soltarla.

Cuando la canción terminó, ella se sentó conmigo y empezamos a platicar. Tenía una voz bastante melódica, adecuada para cantar, aunque en ocaciones sonaba rasposa por fumar. Era muy agradable, pero sentía esos silencios incomodos a cada rato, momentos que aprovechábamos para beber más y más. Hasta que finalmente, me di cuenta de que ya no podía más con mi propia vida. Así que me fui a mi casa.

Al día siguiente, al despertar, me di cuenta de que había algo al lado mio. Abrí los ojos y esa chica ahí estaba. Me sentía un poco mareada, pero bien. Solo verla fue un impacto para mí, pero fue más fuerte darme cuenta de que estaba desnuda y ella también.

No parecía estar agobiada por nada, solo dormía delicadamente, tan tranquila. Era tan delicada y quería tocarla. Sus brazos y piernas delgadas, sus pezones en aquellos senos pequeños, todo en ella me encantaba. Ni si quiera sabía qué en especifico era eso que me gustaba.

– Brenda – dijo, aun con sus delicados parpados cerrados.

No hay mayor felicidad en el mundo que escuchar el nombre de una en los labios de alguien a que tienen nuestro interés. Lo vergonozoso era que yo no sabía el suyo.

– ¿sí?

Despertó y me seonrió.

– ¿Cómo estás, pequeña princesa?

– Bastante bien, ¿y tu?

– Bien se queda corto y excelente tampoco llega. – se quitó la cobija de encima y pude ver su cuerpo desnudo hasta el ombligo. Empecé a sentirme excitada. – Me gusta como me miras, y eso que odio que me miren. ¿a qué se debe tanto interés? Ah… creo que ni siquiera recuerdas como me llamo, ¿verdad? Estabas muy ocupada como para recordarlo

– ¿qué? No recuerdo como llegamos a esto. ¿Cómo que ocupada? Ay… es muy vergonzoso todo esto – traté de cucbrirme con la cobija, pero ella me detuvo; empezó a recorrer mi vientre hasta mis senos con aquellos dedos delicados. El dorso de su mano también tenía pecas. Pasaba delicadamente sobre mi piel y con la uña daba una ligera caricia hasta los pezones. Yo no la detuve, porque me sentía cada vez más excitada. Con la otra mano tocó mi cara y se acercó a mí para besarme el cuello. Después llevó sus pequeños labios a mi oído y dijo:

– ¿no recuerdas nada?

– Nada – dije con la respiración entrecortada. Estaba muy excitada.

– Pues mientras bailábamos me dijiste que yo era muy hermosa y cuando bebíamos te hablé de mí. Me pediste que te acompañara hasta la casa que compartes con tus compañeros de “lenguas” y, dijiste que te morías por besarme. Así que… yo me adelanté, después te quité la ropa y te di besos hasta en algunos lugares en donde diiste que no había estado nadie más que tus dedos. Junté mi vagina con la tuya y ambas nos venimos. Tu me diste besos por todo el cuerpo y, cuando llegaste al clítoris, no pude aguantar más. ¿eso te explica qué pasó? Hicimos el amor, lo hicimos mientras decías que te encantaban mis pecas y mis bubis diminutas. – llevó la mano que hasta ese momento había estado en mis senos y lo puso en mi vagina. Siguió hablando a mi oigo mientras yo me retorcía de placer al sentir su índice en mi clítoris. Empecé a tener un orgasmo, venía pronto, pronto – Uy, sí, después de todo lo que me hiciste sentir, tengo que pagártelo de alguna manera. Nunca alguien fue tan buena conmigo. ¿ya casi te vienes? ¿te gusta como te toco? – ya no podía aguantar más. Justo en el momento en el que todo explotó, ella dijo finalmente: – Me llamo Julieta.

– … Julieta… – dije, alucinando por aquel orgasmo, el que quería que fuera el primero de muchos.

Me quedé en shock o algo así, porque no podía moverme y respiraba muy rápido. Ella me soltó, para que me recostara mientras me calmaba. Se levantó y empezó a juntar su ropa.

– Hicimos un tiradero… – dijo mientras yo me calmaba, pero eso era casi imposible al verla desnuda. Quería hacerla sentir igual que ella a mí. – ¿por qué me ves así? No querrás más ¿o sí? – Me sonrió y empezó por ponerse los calzones. No había llevado brasier ni calcetas o medias. Parecía que había ido preparada para hacerlo con alguien.

– No te vistas. – me levanté y busqué la cámara que me habían regalado hace unos años. – quiero tomarte una foto.

– No eres la primera que me quiere fotografiar desnuda. Pero dejaré que lo hagas si me prometes masturbarte viéndola.

No había pensado en eso, pero ahora lo deseaba tanto. Encontré la cámara y observé su cuerpo a través de la pantalla. ¡La deseaba tanto! Tomé la foto y entonces ella se me acercó con teléfono en mano. Me tomó por la cintura y nos tomó una foto con la cámara interna. Me vehía muy feliz, con el cabello desordenado, sin maquillaje y sudando, pero me veía genuinamente bella; y ella más, mucho más.

Cuando bajó su teléfono, volteó para mirarme y no pude contener el beso que había querido darle desde que estábamos en la fiesta. Fue rápido y corto. Cuando nos separamos nos miramos y de inmediato nos dimos otros, pero más intenso, largo y excitante. Ahora yo acariciaba su cuerpo, buscaba lo que más me fascinaba de las mujeres. Ella gritó cuando se lo toqué y aproveché para besarle el cuello mientras introducía mi dedo medio y con la palma, le acariciaba el clítoris.

– ¡Ahhh! Eres demasiado tramposa. ¡Así! ¡por favor!

Seguí moviéndome. Ella tenía los ojos cerrados en una cara llena de placer y con la boca abierta. Me arrodillé y mientras lo hacía, le daba besos por cada parte por la cual pasaba. A sus pezones les puse especial atención, y la humedad en mis dedos me comprobó que sí le estaba gustando. Pero tuve que dejarlos porque quería besarle otra cosa. Saqué mis dedos y metí mi lengua. Su vagina tenía un sabor dulce, nada de parecido al olor que comparan con mariscos del que hablan comúnmente. Ella me agarraba por el cabello y me presionaba para que mi lengua entrara más y más. Finalmente se vino, y todo lo hizo sobre mí.

Se dejó caer en el piso frente a mí y empezamos a besarnos. Tocaba mi cara al hacerlo y metía sus dedos entre mi cabello. Después me empujó y me recosté en el suelo. Ella abrió mis piernas y empezó a darme besitos alrededor de mi vulva. Me estaba mojando más y más cuando sentí el contacto con la vagina de Julieta. Empezó a rosarme, moviéndose de arriba abajo, juntando nuestras lubricaciones hasta que empecé a sentir como nacía un orgasmo en mí. Ella empezó a gritar y yo más todavía. Me costaba trabajo respirar, casi ni siqueira podía ver. Y entonces ella se vino antes que yo, pero solo fue por unos cuantos segundos, porque la alcancé y grité de placer igual que ella. Aun así, no dejó de moverse. Quería más y más, cada orgasmo que teníamos nos hacía sentir mucho, mucho mejor. Finalmente se dejó caer hacia atrás jadeando.

Gateando llegué hasta ella y la rodeé con mis brazos mientras esperaba a que nos recuperásemos. Nunca había tenido sexo con una mujer, ni siquiera con hombres, pero esto me parecía mejor que cualquier otra cosa. Creo que nunca volvería a masturbarme por no poder llegar de nuevo a ese nivel de extasis.

– ¿qué hora es? – preguntó de pronto.

En ese momento no quería hacer nada, solo quería disfrutar del momento. Pero vio que ya era bastante tarde en el reloj de la pared.

– ¡Me lleva la chingada! – y se levantó rápidamente para vestirse. Lo hizo muy rápido. – ¡Mis papás no saben en donde estoy!

Yo también me puse la ropa, pero me di cuenta de que la sola interferencia de la tela entre mi cuerpo y el suyo, ahora me parecía una lejanía muy grande. Quería volver a estar desnuda con ella.

– ¿quieres que te lleve a tu casa?

Ella dejó de moverse y me miró un poco más despreocupada.

– ¿Tienes carro? – al ver que asentía dijo: – Esto no es una trampa para coger más, ¿verdad?

– No, a menos que quieras más.

Ella se empezó a reir y se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.

– Me la pasé muy bien. Podrías llevarme a la universidad y de ahí ya tomaré otro camino. Así no sería tanta molestia, baby.

Salimos de la habitación, le presenté a mis amigos con los que vivo y salimos. Una vez en el auto y poniendo rumbo a la universidad, Julieta empezó a hablarme de nuevo.

– Oye, ¿crees que podamos vernos de nuevo?

Yo de verdad quería eso. Lo deseaba todo el tiempo y más después de todo lo que hicimos. Nunca me sentí más plena.

– Por supuesto que sí, ¿por qué no podríamos?

– No sé. Podrías tener novio o algo por el estilo… o novia…

– Eso es imposible, eres la primera mujer con la que estoy.

– ¡Eso no puede ser verdad! ¿En serio? ¿te acabo de desvirgar?

Odio los conceptos de virginidad, pero de verdad me siento diferente desde que ella me desnudo estando ebrias. Sus besos y caricias me cambiaron, me hicieron darme cuenta de lo mucho que me encantaban las mujeres.

– Lo acabas de hacer, Julieta – decir su nombre me encantaba. Podría decirlo todas las veces que ella me lo pidiese.

Ella se río ante la situación y, cuando por fin llegamos, ambas nos bajamos y caminamos un rato juntas. Me habló un poco de ella, sobre sus relaciones anteriores a mí y sobre como gustaba de seducir chicas indefensas.

– … pero había algo en ti que me gustó más. No sé cómo describirlo, pero es algo muy especial. ¿Sabes, Brenda? Me gustaría que fuéramos a comer a algún otro lado, otro día, para, ya sabes, conocernos mejor.

– Nos conocimos muy bien.

– Sí, físicamente, pero quiero saber cómo eres en realidad. Te daré mi numero para que me envíes un Whatts cuando estés libre. O si, solo quieres coger, contáctame, ¿si? Estaré para ti.

Compartimos números y después le pregunté:

– ¿Nada de esto tiene significado para ti? ¿solo fue sexo?

– Si solo te quisiera para sexo, sería muy feliz, pero creo que me interesas más que solo para estar desnudas.

Después de eso, nos despedimos con un largo beso y se fue. No la volví a ver en mucho tiempo, pero su impacto en mí fue bastante grande. Me ayudó bastante a darme cuenta de lo que me gustaba y de lo que quería hacer; las chicas me fascinaban y de verdad, gracias a esa excelente primera experiencia, sentí que estaba en mi total ambiente.

La volví a ver dos semanas después en la explanada de rectoría, por la biblioteca Central. Estaba sentada mientras revisaba algo en su cuaderno. Tenía los audífonos puestos y parecía mover los labios como siguiendo la letra. Me le acerqué y le toqué el hombro. Ella levantó la mirada y, cuando me vió, sonrió. Se puso de pie y me abrazó.

– ¡hola! ¡Qué bueno que te veo! Te estuve buscando, pero no sabía por donde estarías. ¿en qué facultad estás?

– Ya terminé, vine para ver algunos asuntos de mi tesis. Soy de Conta, de negocios internacionales.

– Ah, es que yo apenas soy de segundo semestre. Mis amigos siempre me dijeron que me gustaban las mayores.

– Ay, ni siquiera por tanto. ¿y qué haces aquí?

– Esperaba a alguien, pero qué bueno que llegaste. – Miró hacia la fuente, del lado de la facultad de derecho. – Ahí viene. Espera aquí, puede que me tarde.

Miré hacia donde se dirigía. Había una chica caminando hacia nosotros. Tenía el cabello rubio oscuro, casi café, parecía estar enojada o molesta. Julieta se le acercó rapidemente, pero no estaba emocionada. A pesar de estar directamente bajo el sol, se quedaron ahí, hablando, con la repentina sombra de las banderas sobre ellas. La otra muchacha parecía más enojada conforme Julieta le hablaba. Movían mucho las manos y trataban de no mirarse. Creo que estaban peleando.

Entonces, cada una se separó y Julieta vino hacia mí.

– ¿qué pasó? – le pregunté. – ¿Quién era?

Parecía un poco distraída, pero en realidad lo que le pasaba era que estaba esperando a que se le bajara el enojo.

– Todo está bien, no te preocupes. Ella era mi novia. Acabo de decirle que estuve cogiendo contigo y que me había gustado más contigo que con ella.

¿su novia? ¿Había dejado a su novia por mí? A pesar de saber que eso estaba mal, me sentí extrañamente excitada.

– ¿vas a estar bien? – le pregunté, tratando de disimular mi excitación. Julieta quitó esa mirada distraída y me miró sonriendo. – sí, sí estás bien.

– Vayamos a comer algo entonces. Después… no sé… podríamos hacer lo que quieras.

Ella sabía lo que yo quería. Y lo quería una y otra vez.

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