Soy tu dueña!!!

Sandra estaba nerviosa. El ligero temblor en su labio inferior me lo decía. Arrodillada, desnuda, con los ojos tapados y las manos atadas con una cinta de seda, estaba a mi merced. Era dueña sólo de su miedo, el resto me pertenecía.

Caminé sigilosamente sobre la alfombra para que no pudiera sentir, ni descubrir mi ubicación. Sólo nuestras respiraciones se oían y el latir de su corazón que seguramente retumbaba en sus oídos. Me quedé muy quieta atrás suyo, admirando la belleza de sus curvas. Cabello negro semi ondulado y largo hasta la mitad de su espalda y con un corte en V que acentuaba la pendiente de la misma. Piel blanca de porcelana y unos glúteos pequeños, pero encantadores. Que ganas de devorar su cuerpo tenía. Que ganas de sentir su sabor en mi boca e impregnarme de su aroma por completo. La sola idea hizo palpitar mi clítoris, pero apenas era el comienzo, así que cerré los ojos por un instante y respiré hondo pero sin hacer ruido, para centrarme en la tarea que tenía por delante.

Claudia? _ Me llamó con un hilo de voz. Sonreí porque sabía que la ansiedad comenzaba a hacerse presente, pero me mantuve en silencio unos segundos más antes de acercarme muy cuidadosamente a su oído izquierdo.
No puedes hablar!!! _ Le dije sin gritar, pero con tono fuerte. Pegó un brinco al escucharme, acompañado de un pequeño grito de sorpresa – Hoy no puedes hacer nada que yo no te diga. Soy tu señora, lo entiendes? Soy tu dueña y debes obedecerme.
Sí _ Respondió de inmediato.
Sí qué? _ Le susurré al oído.
Sí señora _ Habló con voz temblorosa.
Bien _ Mordisquié el lóbulo de su oreja con mis dientes – Es bueno que lo tengas claro _ Con mi mano derecha, agarré de lleno su nalga derecha y la presioné con fuerza hasta escuchar un pequeño jadeo. La solté y luego, con la yema de mi dedo corazón, acaricié desde el medio de su ranura íntima, hasta la parte baja de su espalda sin hacer presión, sólo permitiendo que sintiera mi tacto sublime y dejar en su piel, la promesa de más.

De inmediato me incorporé y la dejé allí sola otra vez. Movió su cabeza tratando de escuchar y adivinar lo que seguiría de manera infructuosa.

Me acerqué a una mesa en la que tenía una bandeja con varias cosas preparadas para la ocasión, entre ellas, un pincel de cerdas abundantes. Lo tomé y me arrodillé frente a ella sin tocarla, pero haciéndole saber que estaba allí. No sólo por el calor de mi cuerpo que seguramente sentía, sino también, por el roce de mi piel al sentarme junto a ella.

Tienes miedo? _ Le pregunté.
No _ Respondió negando con la cabeza.
NO ME MIENTAS!! _ La reprendí verbalmente – Puedo ver que tiemblas … y soy tu señora, no lo olvides!!! _ Le advertí.
Sí señora _ Respondió luego de tragar grueso.
Entonces, tienes miedo? _ Insistí.
Un poco mi señora _ Reconoció.
Por qué? _ Sabía que tenía miedo, pero era parte del juego. Temer, pero aún así, entregarse a mi merced.
Porque no sé lo que me hará _ Su voz era inestable.
Te haré lo que yo quiera porque hoy soy tu dueña _ Dije en tono duro. Ella asintió repetidas veces. Me acerqué mucho a su rostro hasta que casi rozar sus labios – Te ordeno que no tengas miedo … Sólo siente _ Le susurré y luego lamí sus labios.

Comencé a rozar las cerdas del pincel por su mentón, acariciando su piel de porcelana. Por su rostro tan perfecto, triangular y con líneas bien definidas en su contorno. Por su nariz recta, sus labios delgados, pómulos prominentes … por su cuello largo, pero delgado … por sus senos pequeños y redondeados … por sus pezones rosados y aún lisos. Acaricié sus hombros delgados, sus brazos finos, sus manos pequeñas de dedos delgados. Su abdomen liso estaba escondido por sus brazos unidos, pero aún así, logré colar el pincel en medio de ellos y acariciarla allí, cosa que de inmediato la hizo saltar por las cosquillas que le causé.

Bajé hasta el doblez de su pierna y desde allí continué mi recorrido muy lentamente hasta su rodilla, me entretuve allí unos segundos antes de saltar a la otra rodilla y comenzar el recorrido ascendente. Ella levantó ligeramente las manos para dejar al descubierto su pubis, pero sólo la rocé ligeramente, quería que lo deseara, más no le concedería esas caricias todavía.

Regresé a la mesa y tomé un cubo de hielo que había en un envase, lo lamí por unos segundos para derretirlo un poco y luego con movimientos lentos, lo acerqué a su pezón izquierdo y comencé a rozarlo alrededor de su aureola. Un “aaaahhh”. acompañado de una retirada involuntaria fue su reacción.

No te muevas!! _ Le ordené.

Vi como apretó su mandíbula cuando volví a rozar el hielo sobre su piel sensible, al tiempo que su pezón se arrugaba por la caricia helada. La rozaba por algunos segundos y luego me retiraba. Acariciaba y me retiraba. Jugué con él hasta observar que su pezón estaba totalmente erecto y su piel erizada, en ese momento, introduje el cubo de hielo en mi boca y me acerqué a su pezón derecho para cubrirlo con mis labios fríos. Otro brinco y un pequeño gemido salió de su garganta.

Lamí su pezón con mi lengua muy lentamente para calentarlo y luego lo rocé con el hielo que aún estaba en mi boca. Una caricia torturante, pero que lograba mi cometido. Hacer que sus pezones se endurecieran a más no poder. Deseché el hielo para poder introducir su seno en mi boca y lamerlo con placer. Los tomé entre mis manos y los junté para poder lamer de un pezón a otro sin cesar. Su respiración se aceleró, pero tal y como se lo había ordenado, sólo pequeños gemidos lograba escuchar. La vi morderse los labios cuando aumenté la velocidad de mis lamidas sobre sus picos, pero para mi satisfacción, aún así se contuvo de moverse.

La solté de repente y la dejé respirar mientras me quedaba allí simplemente observando. Su pecho subía y bajaba. Se le dificultaba tragar. Abría ligeramente sus labios igual que un pez en busca de aire. Sus mejillas enrojecidas y sus dedos fuertemente entrelazados eran sinónimo de su excitación.

Te gustó?
Sí _ Respondió casi en susurro.
No te escucho!!
Sí mi señora _ Repitió con un poco más de compostura.
Quieres más? _ Pregunté pegando mi boca de uno de sus pezones erectos
Sí _ Dijo con los labios entreabiertos

Tomé otro cubo de hielo y sin separarme de su seno, lo coloqué justo en el triángulo de su intimidad. Se curvó ligeramente al tiempo que mordía sus labios otra vez aguantando la caricia inesperada, pero se quedó firme y sin vacilar a pesar de que alternaba lamidas en sus pezones, con la caricia fría a su monte de venus.

Abre las piernas _ Le dije luego de separarme de su pecho y de su intimidad. Con piernas temblorosas, las separó – Más!!! _ Se abrió lo más que pudo sin perder su apoyo – Sube las manos.

Cuando las subió hasta ubicarlas bajo su cuello, tomé otro hielo y lo ladeé hasta que la parte filosa quedara hacia arriba, de esa manera lograría un mejor contacto en ella. Me acosté boca abajo para tener su intimidad perfectamente depilada frente a mi cara y con mucho cuidado, rocé el filo del hielo contra la punta de su clítoris. Un gemido fuerte escapó de su boca y cuando intentó acallarlo mordiéndose los labios, le hablé.

Puedes gemir _ Dije con placer.

Sus gemidos y jadeos no se hicieron esperar. Dejaba el hielo en su clítoris sólo pocos segundos, pero lo suficiente para que la sensación la hiciera excitarse aún más. Los movimientos de sus caderas me permitieron ver que estaba húmeda, así que fue incontenible las ganas de saborear su esencia. Dejando el hielo a un lado, con mi dedo corazón recogí parte de su humedad y lo lamí. Que sabor tan exquisito!! Su esencia me hacía delirar y las ganas de devorarla se apoderaron de mí. Pero era muy temprano aún. Faltaban muchas cosas por hacer. Acerqué mi cara hasta su vulva e inhalé su olor a mujer. Cerré los ojos para disfrutar de ese momento de debilidad, antes de pararme de golpe y dejarla sola nuevamente en el centro de la alfombra que había dispuesto para la ocasión.

El cuarto estaba sin luz, sólo unas cuantas velas encendidas daban vida a la oscuridad. La quería desorientada totalmente, a la expectativa y sin control alguno de su entorno.

Cargué la pequeña mesa y la coloqué cerca de ella, así tendría todo lo necesario para continuar con la aventura.

Levántate!! _ La agarré por los brazos para ayudarla a hacerlo. Se tambaleó un poco al principio, pero una vez que se sostuvo, la solté.

Tomé otro cubo de hielo y se lo pasé por los labios. Debía tener sed, así que se lo dejé allí para que pudiera humectarse los labios y la garganta. Cuando comenzó a succionarlo, se lo retiré por unos segundo mientras lo mojaba dentro de un vaso de Vodka saborizada, e inmediatamente después, volví a colocárselo en los labios. A la primera probada sintió el sabor diferente, pero no dejó de succionar. Me acerqué y reemplacé mis dedos por mi boca para comenzar a besarla. Jugábamos a traspasarnos el hielo con la lengua y a saborearnos en el fragor de la acción. Cuando su beso comenzaba a hacerse intenso, me retiré sin darle chance a retenerme, tomé un sorbo del vodka y volví a besarla con ganas, volcando todo el sorbo de la bebida en su boca. Al sentir que se lo había tragado, dejé de besarla, dejándola nuevamente con la boca abierta y búsqueda de más.

Me volví hasta la mesa para tomar otro sorbo de vodka antes de agarrar el consolador transparente que usaría. Era liso, lo cual facilitaría la fricción. Sin embargo, antes de usarlo con Sandra, lo humedecí con mis jugos que ya eran bastante copiosos. Me acaricié con él unos segundos, antes de acercarlo a su intimidad y pegarlo justo en la hendidura redondeada del inicio de su ranura. Abrió su boca al sentir la superficie romo del consolador, pero sin emitir sonido alguno, al menos no hasta que comencé a moverlo de adentro hacia afuera acariciando toda su ranura delantera. La vi con intenciones de abrir sus piernas para darme paso libre, pero le dije “Aún no!!”. Quería que se mojara un poco más antes de ir más adentro. Lo moví varias veces hasta que vi como estaba empapado de sus jugos.

Estás tan mojada _ Le dije con satisfacción – Ahora quiero que te abras.

Ella obedeció sin dudar y esperó el ansiado contacto otra vez, sólo que esta vez lo encendí y lo coloqué justo en su clítoris para que sintiera su vibración. El jadeo y gemido que siguieron fue tan sexy y excitante que una nueva ola de humedad salió de mí. Verla así tan llevada por el placer, me hacía descubrir un nuevo nivel de excitación, era casi dolorosa. Sus gemidos se fueron convirtiendo en gritos lastimeros, sus caderas se movía tratando de alejarse y acercarse a aquella estimulación que la volvía loca y arqueó su cuerpo dejando expuesto su cuello. Sus pezones se me ofrecieron sin querer y yo bajé hasta ellos para succionarlos con fuerza y con hambre.

Sandra se descontroló. Sus movimientos se hicieron más erráticos y sus gritos y jadeos mucho más constantes, signos inequívocos de que estaba acercándose a su orgasmo. Pero no la dejaría acabar, así que retiré el consolador dejándola sin aire y jadeando. Sus caderas continuaban moviéndose y con sus dedos comenzó a estimularse.

NO!!! _ Le grité apartando sus manos de su intimidad
Por favorrrr!!! _ Me rogó.
No!! _ Reiteré – Será sólo cuando yo diga!!
Estoy tan cerca _ Lloró
Pero aún no puedes correrte. Es una orden!!! _ Dije inflexible.

Bajó la cabeza y respiró forzadamente hasta que logró regularizarse un poco. Pero su cuerpo estaba hipersensible, así que de aquí en adelante, sabía que cualquier cosa podría hacerla llegar. Aún sin mi permiso. Agarré sus manos y las bajé hasta mi intimidad, la insté a que me acariciara y sintiera mis jugos copiosos.

Sientes eso? _ Le dije pegada a su boca. No habló, pero asintió con los labios entre abiertos – Tú no te puedes correr todavía, pero harás que me corra yo … si te corres sin mi permiso, todo se termina _ Un quejido salió de su boca, pero no refutó mi orden – Mastúrbame.

Volteó sus manos hasta quedar sus dedos en la posición ideal para explorar mi intimidad. Introdujo sus dedos entre mis ranuras, acariciando lentamente mi piel lisa. Sintiendo mis abundantes jugos y mojándose por completo. Dio vuelta a sus dedos para empaparlos de mi esencia antes de proceder a acariciar con la yema de sus dedos mis labios menores que aún permanecían unidos. Subió hasta empapar mi clítoris y comenzar a moverlo de un lado a otro sin hacer presión, sólo haciéndome sentir el roce de sus dedos en mi punto sensible. Aguanté su embestida sin moverme, tratando de alargar el placer que sentía. Sus manos me conocían bien y sabían que esas caricias me volvían loca. Cuando sintió que mi respiración se hacía más pesada, comenzó a dar pequeñas presiones alternadas con movimientos sin dirección, una combinación que me acercaba cada vez más al borde, pero que me negaba a cederle ese control todavía. Entonces, ella hundió sus dedos más adentro, hasta separar mis labios menores y comenzar a moverlos sin dirección, sin entrar, sólo en los pliegues de mis labios menores. La vibración que me hacía sentir me tenía en las nubes, pero antes de perder la cordura, me pegué a su oreja y dejé salir mis gemidos de placer, cosa que sabía la excitaba sobremanera. Saber que me hacía gozar era algo que la hacía perder la razón. En más de una ocasión, había sido presa del orgasmo nada más escuchándome, así que esperaba que mis gritos y gemidos la llevaran lo más alto que pudiera en ese momento.

Con palabras de aliento y de perdición, la hice saber lo divino de su toque, lo exquisito de sus caricias y el deleite que sus manos me hacían sentir, con ello, logré que sus gemidos se emparejaran con los míos y su respiración se volviera tan acelerada como la mía. Enterré mis uñas en sus hombros al tiempo que le daba un pequeño mordisco en su cuello. La sentí tambalear.

No puedes correrte!!! _ Le recordé duramente al tiempo que agarraba sus manos apartándolas de mi intimidad – Me escuchaste? _ Ella no podía ni hablar, sólo jadear, pero asintió luego de decir una pequeña palabra “Diosss!!”. De inmediato, regresé sus manos a mi intimidad – Penétrame _ Le susurré.

Con un quejido respiró hondo y luego movió su dedo corazón hasta mi abertura y muy lentamente me penetró. Suave, pero sin vacilación, entró en mí llenando mi cavidad. Un gemido largo e intenso expulsé al sentirla, a lo que le siguió un mete y saca lento, pero tan profundo que me dejó sin aliento. Luego de unas cuantas estocadas, le ordené que metiera otro dedo y con la misma facilidad que con el primero, continuó sus movimientos. Al tener las manos unidas por la cinta, irremediablemente parte de su otra mano chocaba con mi clítoris, lo cual hacía mucho más placentero todo aquello.

Cuando la sentí curvar sus dedos en mi interior, una explosión creció desde lo más profundo de mí, haciendo que un fuerte espasmo me recorriera desde mis entrañas y se apoderara de cada una de mis terminaciones nerviosas. Un fuerte grito acompañó mi orgasmo, mi cuerpo se retorció del placer y mis manos se anclaron a los hombros de Sandra. Aunque era mucho más grande que ella, aguantó mis convulsiones y se mantuvo firme. Temblando por la necesidad de acabar, pero apelando a cada miligramo de fuerza que tenía para no hacerlo.

Quieres correrte? _ Pregunté entre jadeos.
Siiiiiii por favooorrrr _ Me rogó.
Todavía no _ Le dije en tono divertido pues sabía que eso la desesperaría.
Amor, por favooorrrr, no aguanto más _ Lloriqueó
No soy tu amor!! Y ya te dije que aún no.
Sí mi señora _ Respondió con dificultad.
La besé con fuerza, adueñándome de su boca antes de separarme de su cuerpo y de sus manos maravillosas. La tomé por uno de sus codos y la llevé hasta el borde de la cama, allí la hice doblarse hacia adelante hasta que su intimidad quedara expuesta ante mí. Sus labios estaban tan brillosos y rojizos que fue imposible detener el impulso de lamerla y saborear esos jugos. Su gemido fue glorioso, la contracción de su intimidad exquisita, cosas que hicieron que mi lado más salvaje saliera a flote y comenzara a devorarla sin piedad. Succionaba su clítoris, succionaba su abertura y lamía sus jugos que salían sin cesar.

Cuando la sentí al borde nuevamente, moví mi lengua hasta el orificio corrugado de su ano y comencé a darle rápidas lamidas. Lamidas que de inmediato hicieron que su orificio comenzará a contraerse repetidas veces hasta que sentí una pequeña dilatación. En ese momento aproveché para impulsar mi lengua hacia su interior, la cual aceptó con un fuerte gemido. Me quedé allí, disfrutando de los movimientos involuntarios que su orificio hacía y que aprisionaban mi lengua, pero que sin duda alguna, me causaba un grandísimo placer. Estando así, comencé a estimular su clítorís con mi pulgar, llevándolo de un lugar a otro sin dirección definida y cuando la sentí contraer aún más su orificio, comencé un mete y saca con mi lengua que la catapultó al orgasmo mas intenso que la había sentido tener hasta el momento. Sus caderas se impulsaban para enterrar más dentro de sí mi lengua y yo para complementar el momento, introduje un dedo dentro de su abertura vaginal, el cual quedó atrapado de inmediato por sus espasmo vaginales.

Me quedé muy quieta hasta sentir que tanto mi dedo, como mi lengua, fueron libre de su represión y con mucho cuidado, me retiré de su interior. Me acerqué a la mesa de los implementos y abrí una caja alargada que yacía allí. Un pene de color negro, de doble penetración era lo que contenía. Lo saqué, lo lubriqué con mis jugos que ya caían por mis muslos y lo introduje muy suavemente en mi interior para asegurarlo. La sensación de llenura era total, pero al pensar en lo que haría con él en pocos segundo, hizo que mi interior lo acojiera con más facilidad. Me acerqué a una exhausta Sandra que permanecía inmovil con la cara entrerrada en la cama y su intimidad aún expuesta. Podía ver como sus jugos chorreaban por la parte interna de sus muslos, así que sabía que estaba preparada para la fase final de la experiencia.

Acerqué la punta del pene a su abertura y comencé a moverlo lentamente con la intención de lubricarlo con sus jugos. Sandra jadeó y se quedó sin aliento al sentirlo en su piel. Era la primera vez que utilizaría algo así con ella.

Claudia, no _ Dijo con miedo.
Sssshhhh … no te haré daño _ Le aseguré – Relájate _ Ya no hablaba en tono duro. Sabía que ese momento era crucial para ella y aunque el juego había sido un éxito hasta ese instante, no quería dañarlo aumentando su aprensión _ Lo haré con cuidado.
Se había tensado, así que debía relajarla si quería que todo saliera bien. Continué acariciando sus labios mayores y menores con la punta del pene, mojándolo cada vez más hasta que la fricción se volvió tan ligera que lograba estimularla con facilidad. Sus gemidos comenzaron siendo temerosos, pero con el correr de los minutos, la excitación volvía a su cuerpo y para ayudarla un poco más, bajé para lamerla y succionarla con placer otra vez. Cuando la sentí disfrutar nuevamente, me incorporé y posicioné el pene en su abertura y con extremada lentitud, comencé a introducirlo en ella. Cada centímetro que entraba, me detenía unos segundos. Quería que se acostumbrara a la sensación, a la dilatación de sus paredes internas. Quería que poco a poco, fuera ella la que acojiera al intruso.

Todo su cuerpo temblaba, pero no hacía nada por detenerme, sin embargo, cuando llegué a la mitad, me quedé inmovil para que se acostumbrara a la sensación. Necesitaba obtener una reacción de ella ante aquello, así que esperé. Respiró profundo varias veces, antes de hablar.

Es todo? _ Preguntó con un hilo de voz.
No … pero podemos dejarlo hasta ahí si quieres. _ Lo pensó un momento antes de responder.
Sigue.
Una sonrisa de satisfacción invadió mi cara, pues aunque tenía la esperanza de que continuara, una parte de mí, temía que no pudiera con aquello. Ella nunca había estado con un hombre en la intimidad, así que poco sabía de cómo se sentía tener un miembro en su interior.

Antes de continuar con la penetración, metí una mano por delante de su cuerpo para llegar hasta su clítoris y una vez allí, comencé a moverlo suavemente. Aún estaba sensible por las succiones de hacía minutos, así que no pasó mucho tiempo antes de que su cuerpo cediera al placer nuevamente. En ese momento, continué con la penetración otra vez, hasta que lo enterré hasta la base, sintiendo como por primera vez, éramos una de esa manera.

Me incliné hacia ella hasta rodear su cintura con mis brazos y besar su cuello humedo por el sudor. Con una de mis manos, subí hasta sus muñecas y solté el nudo que la mantenía prisionera, y de la misma manera, hice que con una de sus manos tocara y sintiera que estaba igual de penetrada que ella. Un jadeo de sorpresa escuché.

Sí amor … ambas estamos igual … tú también estás dentro de mí.
Aquellas palabras fueron mágicas, porque de inmediato se apoyó en sus brazos y comenzó a moverse contra mis caderas, haciendo que mi miembro entrara y saliera de ella, al tiempo que con ese movimiento, me estimulaba a mí también. Era su piel pegar contra mí, eran sus gemidos de placer básicos y carnales, era la sensación de que disfrutaba tenerme dentro de sí, al igual que yo disfrutaba tenerla dentro de mí. Me olvidé del control y la dejé que fuera ella la que dictara el ritmo de nuestros movimientos. La dejé que fuera ella la que decidiera cuando acabar y hacernos explotar del placer.

Se movió rápido y duro contra mí, la vi apretar en puños la sábana de la cama e incorporarse un poco para prepararse para lo que venía, yo sólo apreté sus caderas con mis manos y me dejé ir sin reparo. Fui yo la que primero alcanzó el clímax, un grito de gozo total salió de mis entrañas, pero no pasó mucho tiempo antes de que Sandra se corriera tan fuerte e intensamente como yo, quedando en un estado de laxitud total sobre la cama y yo sobre ella. Jadeantes. Sudorosas. Felices. Cuando finalmente pude recuperar la consciencia, le hablé.

Feliz cumpleaños amor _ Le dije al oído con todo el amor que sentía por ella.
Aquella era una de las fantasías que hacía un poco me había comentado que tenía. Durante todo ese tiempo, fui preparando cada detalle de lo que haría, para poder regalárselo en su día. Ella pensaba que sería una noche de pasión como las que solíamos tener cada vez que podíamos, pero para su sorpresa, cuando le tapé los ojos y até sus manos, la adrenalina y los nervios la embargaron. No supo lo que vendría hasta que el juego comenzó.

Por primera vez abrió sus ojos y volteó su rostro hasta mirarme con una gran sonrisa en sus labios.

En sus ojos pude ver no sólo su satisfacción, sino también el amor que se desbordaba en ellos. En ese pequeño instante, ratifiqué que aunque en el juego yo había sido su dueña, en realidad, mi dueña era ella.

Kam

Cada vez que escribo un nuevo relato, trato de mejorar, de evolucionar mi manera de narrar y expresar las historias, sin embargo, evolucionar también implica plantearse nuevos retos, salir un poco de la zona de confort y lanzarse a nuevos mares. Es por ello que hoy, regreso con un mini relato en el que incursiono en un tema totalmente opuesto a lo que suelo escribir y a lo que les tengo acostumbrados, pero dejándole ese toque sutil que tanto me caracteriza. Espero lo hayan disfrutado tanto, como yo al escribirlo.

Saludos y abrazos para todos.

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