Te lo vas a follar el sábado

Ayer estabas tremenda. Guapa y sensual. Y puta, muy puta. La verdad es que yo sé que tú ya habías pensado sobre la posibilidad de follártelo el sábado. Sí, lo habías pensado y habías llegado a la conclusión de que estaría bien,… muy bien. Lo tenías en la cabeza. Por eso cuando te dije que era mejor que no quedáramos con él, tú rápidamente dijiste que no tenía por qué pasar nada y que era una pena que no nos despidiéramos de él antes de su viaje a Irlanda. Y entonces, rápidamente, para concretarlo antes de que se torciera el plan, me pediste que le enviara un mensaje invitándole a comer el sábado. Tardó en responder y durante todo ese tiempo me di cuenta de que estabas pendiente de mi móvil, de si respondía o no. Y cuando dijo que sí venía, sé que te sentiste muy bien. Luego me dijiste que le propusiéramos que la comida fuera en nuestra casa y que así hacíamos una barbacoa, y ahí me di cuenta de que tenías muchas ganas de que estuviéramos a solas con él, en casa, porque así podías primero tontear con él y luego, claro está, follártelo.

Te dije que si contestaba que le parecía buen plan el de venir a comer a casa, era porque él ya sabía por dónde iban los tiros, y que su respuesta era que aceptaba, que él también quería venir a follarte. Sabes que te tiene ganas, que quiere follarse ese culito redondo y duro que tienes. Las últimas veces que nos hemos visto, habéis tonteado, tanto a mis espaldas como delante mío, y se os notan las ganas que tenéis de follaros.

Por supuesto, él dijo que le parecía estupendo venir a casa, y ahí, tú ya te excitaste, viendo que iba a ser verdad, que había muchas probabilidades de que te montaras sobre su polla tiesa, gorda, que por fin te iba a follar fuerte desde atrás, que te iba a empotrar contra una pared o contra el suelo, y que tú te ibas a comportar como una puta exquisita, volviéndole loco cuando te subieras sobre él y cabalgaras sobre su pollón.

Luego, seguimos hablando tú y yo del tema y de cómo se podía desarrollar todo, y tú aún hacías como que tenías reparos, que si él no acababa de gustarte del todo, que si no sabías,… Pero en estas estábamos cuando me dices que en estos días previos al sábado te ibas a depilar el coño. A mí se me encogió el pecho. ¡Qué cabrona! ¡Está lanzada a follárselo! Me dices que es para que yo te haga las fotos sexis que te propuse hace unos días. A ti la idea de las fotos te pareció bien, pero si decides arreglarte el coño no es por las fotos, sino por estar preparada por si quiere follarte. Mmmmm, qué mujercita perversa tengo.

Y luego, cuando ya cachondos por la conversación, al final entramos a al salón y comenzamos a besarnos y a meternos mano, noto o caliente que estás, y cómo te excitas imaginando que es él quien te agarra del culo, que es su paquete, grande, el que tocas sobre el pantalón. Y te pones a mil, y te apetece morrearte con él. Te apetece que otro tío te coma la boca y te meta mano, te apetece tocar otra polla diferente a la mía, más grande, más dura, más resistente, porque sabes que un chico de 28 años va a tener la polla muy dura y que va a aguantar mucho… Te va a follar bien follada, y eso es algo que hace tiempo que quieres, que te follen bien follada, fuerte y duro, durante mucho tiempo, que te dejen el coño dolorido de los pollazos. Y eso es justo lo que va a pasar el sábado.

Después, cuando intentaste follarme, estabas empapada como hacía mucho tiempo, totalmente mojada de pensar en lo que iba a pasar. Y entonces te metías mi polla, que no estaba dura del todo, y con lo mojada que estabas apenas la sentías, y me dijiste que te ibas a secar un poco, para ver si así la notabas más. Pero seguías sin notarte llena de polla. Tú necesitabas un pollón tieso y gordo, y enseguida me pediste que te metiera un vibrador. Cogí el grande. Otras veces me has dicho que el grande no, pero esta vez era ese el que querías, porque necesitabas sentir cómo te abría al clavártelo, que sabes que es lo que vas a notar cuando él te meta su polla tiesa.

Y tumbada en el sofá, me lo quitaste de las manos y te lo metiste con urgencia. Con lo grande y gordo que era y tú metiéndotelo sin contemplaciones. Y jadeando mientras lo hacías. Y yo te besaba esos labios abiertos de los que se escapaban tus gemidos, y te comía los pezones duros, que buscaban contacto, roce. Y entonces te pregunté que qué querías, y me respondiste desesperada ¡Quiero follármelo! ¡Siiiiii! ¡Quiero follármelo! ¡Sí, sí, sí! ¡Déjame que me lo folle! ¡Déjame que me lo folle!

Estabas muy excitada, muy cachonda, y movías tu mano cada vez más rápido, haciendo que la penetración fuera cada vez más profunda, imaginando que quien te follaba era él, que esa era su gran polla, que te daba fuerte, que te reventaba a pollazos… Y entonces te empezaste a correr, pero el orgasmo no paraba, seguía y seguía,… y tú moviendo desesperada tu mano, metiéndote más adentro el vibrador, pidiendo más polla, gimiendo,… corriéndote de una manera bestial, como sólo tú sabes hacer, de la misma manera que esperas correrte con él este mismo sábado.

Luego, cuando te sacaste el vibrador, me pediste, ¡Ahora fóllame tú! Y yo me puse encima de tí, entre tus piernas, y comencé a meterte la polla, pero seguías muy mojada, más si cabe que antes, te notaba encharcada de los orgasmos que te había dado esa otra polla. Y tú apenas la notabas, y al poco tiempo me pediste que me quitara, que querías que te follara él, que tenía la polla mucho más grande y mucho más dura, y siguiéndote el juego, te metí de nuevo el vibrador y entonces sí notaste la penetración. Te la metía como si yo fuera él, sin quitarme de encima de ti, y tú me pedías que te follara más, me decías que qué polla más rica, que qué bien te follaba,… pero era él quien imaginabas que te follaba con furia. Y entonces volviste a correrte, de una manera interminable, absoluta.

Y justo después fue cuando me pediste que te comiera tu coño recién follado. Hinchado, rojo, mojado, con olor a polla, dilatado después de haber sido bien follado,… Mmmmmm, qué pedazo de mujer tengo, cómo folla, cómo busca el placer, que sabrosa, qué bien sabe la diosa, mmmm. ¡Come! Me decías, ¿Te gusta cómo sabe mi coño después de que me lo han follado bien? ¡Eso maridito, como un perrito! ¡Come! Nunca he probado nada mejor. Me sentía un privilegiado por poder comerte después de que un macho te ha follado bien follada, porque eso es lo que yo me imaginaba que había pasado y lo que yo saboreaba. ¡Qué delicia!

Al poco tiempo volvimos a calentarnos (tú te mostrabas insaciable), y nos metíamos mano hablando de cómo te follaría él, y los dos estábamos de acuerdo en que tenía una polla muy grande, que se empalmaba muy bien, y que era un follador. Lo dábamos por hecho. Sabíamos que se follaba a muchas tías y que todas quedaban encantadas con él, que querían que siguiera follándoselas, y que cuando él cortaba la relación, estas se enfadaban porque no se resignaban a perder un amante así.

Me dijiste que primero te lo follarías tú, después de comerle bien comido ese pedazo de rabo, subiéndote encima de su polla, metiéndotela despacio, mientras él te cogía con fuerza de tu rico culo (que yo vería sentado en la alfombra), notando cómo te llenaba poco a poco, y luego empezando a acelerar el ritmo hasta follártelo como una loca, cabalgándolo sin control, ya presa de una cadena interminable de orgasmos. Así le enseñarías a ese niño cómo folla una mujer, con ganas, sin miedo al placer, matándolo de gusto a él, y tu gritando y corriéndote sin disimulo. Me encantó imaginarte y me corrí haciéndolo. Pero sólo unas gotas de lefa llegaron a tu cuerpo. De nuevo una pobre corrida, ¡con las ganas que tienes tú de que llenen tu cuerpo de lefa, de que se corran abundantemente sobre ti, en tu boca, sobre tu cara, en tus tetas, sobre tu coño afeitado para él! Y también estábamos de acuerdo en esto: él te iba a llenar de lefa, cada vez que se corriera te iba a dejar toda llena, demostrándote lo mucho que le habías hecho disfrutar y lo muy hombre que es. Eso os vuelve locas a todas y él lo sabe y lo aprovecha. Quizá me beses con restos de su corrida en tu cara… seguro que sí, ¿verdad? Mmmmmm, qué rica estás, qué bien sabe mi mujer así…

Luego, al fin, descansamos abrazados, yo adorándote y tú con la sensación en el coño de que te habían superfollado. Satisfechos los dos nos dimos mil besos, pensando la suerte que teníamos el uno con el otro y esperando que llegara el sábado, pero sabiendo que por delante teníamos una semana llena de excitación, en la que yo no te iba a follar para que llegaras al sábado totalmente cachonda, como una perra salida que necesita que la monten. Y así va a ser, lo sabes y lo deseas.

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