Tenía Que Pasar – Como me convertí en un cornudo 2

Al año siguiente, David encontraba pareja, y se buscaban un piso para vivir juntos allí en Madrid. Como era costumbre, en verano siempre solía bajar un par de semanas por vacaciones. Lo cierto es que hicimos buenas migas con su pareja, Patricia, desde el principio. Se podría decir que había muy buena conexión entre ambas parejas. Las chicas hicieron rápidamente una buena amistad, y parecía que se conocían de toda la vida.

Un día salí de copas solo con mi amigo David, y estuvimos toda la noche poniéndonos al día de cómo nos había ido durante el año: anécdotas de trabajo, proyectos, etc. Como es lógico, también hablábamos de las relaciones de pareja. Él me confesaba estar muy a gusto con Patricia, y compartían los mismos intereses. También, entrando en temas más privados, me decía que lo que más le gustaba de ella físicamente era su culo, ya que lo tenía redondito y muy bien puesto. Sin embargo, me confesó que lo que más echaba de menos era un buen par de pechos. Era cierto, Patricia era una chica delgadita y no tenía apenas pecho, creo que abultaba más el propio sujetador que lo que había debajo. David me reconoció que tenía envidia de la delantera de Marta, y además cuando estaban juntas, el contraste se notaba más. Entre copa y copa, y entre bromas, llegó a decirme “me quedaré con las ganas de no saber nunca cómo se siente que te hagan una cubana”, y empezó a reírse y a señalarme como diciendo que yo de eso iba sobrado.

Meses después, aprovechando que llegaba el otoño, decidimos devolver la visita a nuestros amigos, y Marta y yo hicimos un viaje a Madrid. Nos hospedaron en su piso, el cual tenía habitaciones de sobra. Pasamos varios días por allí en plan turistas. Una de las noches, optamos por quedarnos en el piso y después de cenar nos tomamos una copas. David, como buen anfitrión, nos sirvió las copas y estuvimos charlando los cuatro durante horas. Ya entrada la madrugada, aprovechando que todos los presentes estábamos ya bastante desinhibidos, David tuvo la idea de jugar a “la prendas”. Las chicas en principio dijeron que pasaban, pero entre yo y David insistimos hasta que accedieron. El juego, como todos sabrán, consiste en que te hacen una pregunta comprometida y, si quieres la respondes, y si no te quitas una prenda.

Empecé a darme cuenta de la intención de mi amigo, ya que cuando le tocaba a él todas las preguntas las dirigía a mi novia. Poco a poco fuimos perdiendo prendas: calcetines, camisas, etc. Las chicas tenían cada una un cojín grande, con el que se iban tapando a medida que iban jugando. Una pregunta que le hicieron a Marta fue si había practicado sexo oral a alguien más además de a mí. Yo pensé que la respuesta era clara, pero se ve que no, ya que ella en lugar de responder optó por quitarse la camiseta y quedarse en sujetador, aunque intentó disimular poniéndose el cojín por delante. En este punto, ya David estaba bastante descontrolado, y entre bromas empezó a protestar que no valía taparse. Me di cuenta de que su novia, Patricia, empezaba a incomodarse con la situación, ya que la diferencia de tamaño de pecho entre una y otra chica era muy evidente. La siguiente en no responder pregunta fue, precisamente, Patricia. Ahí David también jaleó a su chica para que se quitase el pantalón y dejase a la luz su “impresionante culo en tanga”, cosa que realmente ocurrió. Hasta el momento, David y yo todavía conservamos suficiente ropa, pero empezaron a hacernos una serie de preguntas demasiado comprometedoras.

Entonces llegó el momento de incomodidad en el lado masculino. Yo ya me había quedado en calzoncillos, y bueno, tengo que reconocer que mi pene es normalito cuando estoy en erección, pero en estado normal lo cierto es que abulta muy poco. Cuando David se bajó el pantalón, quedó a la vista su entrepierna: llevaba unos bóxer ajustados, en los cuales se marcaba claramente el pene que lo tenía doblado a la izquierda, y los dos abultados testículos. No me había fijado nunca, pero David tenía un pene bastante largo. Me di cuenta de que Marta se quedó especialmente sorprendida. Patricia, como es lógico, no, y empezó a decir que dejara de exhibirse. Llegó el momento más delicado de la noche, Marta se negó a responder otra pregunta, y ya solo le quedaban bragas y sujetador. Optó, muy a regañadientes, por quitarse la parte de arriba. Para hacerlo se dio la vuelta y se puso de espaldas, y al desabrocharse el sujetador pudimos ver como la masa de los pechos se abría hacia los lados y le sobresalían por la espalda. Marta se cruzó los brazos, e intentó tapar los pezones y todo lo que podía con ellos, pero lo cierto es que apenas podía abarcar tanto volumen. Cuando mi chica se giró, pude ver la cara de David era de auténtica lujuria, y no solo la cara: todos pudimos ver cómo el bulto de su entrepierna se estaba haciendo más grande. Este momento de tensión ya no daba para más, y Patricia, se levantó del sofá, se puso el camisón y se fue al dormitorio muy enfadada. David salió detrás de ella, pidiéndole disculpas y diciéndole que no se molestase, que solo estábamos jugando. Marta se vistió rápidamente, y empezó a recriminarme a mí de que no debíamos haber jugado a eso. De momento todo quedó ahí. Se hizo la paz, y disfrutamos del resto de días de vacaciones, y dejamos el asunto por agua pasada.

Continuará…

Liberación

Pasaron tres años, y cada uno seguía con su vida con total normalidad. Un día recibí una llamada de David, cosa que era habitual, ya que hablábamos con cierta frecuencia. Me preguntó si estaba en un lugar privado para hablar de algo personal; como no era el caso, quedé con él en llamarlo más tarde cuando estuviese solo. Cuando le llamé, me comentó que le había ocurrido una cosa, pero que era muy personal, que no se lo contaría a nadie solo a mí, y por supuesto no quería que yo lo compartiese con nadie, ni siquiera con Marta.

Comenzó su historia diciéndome que su vida sexual con Patricia se había vuelto muy rutinaria, y que habían empezado a pensar cosas con las que experimentar. Decía que después de hablar de muchas fantasías y juegos, pensaron en “abrir” un poco su relación e ir a un pub de intercambio, para parejas liberales. Yo escuchaba estupefacto al otro lado del aparato, todo lo que mi amigo me iba contando. Me contó que habían ido varias veces, y que en estaban yendo poco a poco. Centró su relato en una noche concreta. Estaban en el pub sentados en un reservado junto a otra pareja. El ambiente del pub parece ser que era con una luz tenue y muy agradable. Dice que se llevaron un buen rato hablando los cuatro, y que empezaron por sentarse cada uno al lado de la pareja del otro. En un momento determinado, empezaron los tocamientos, dice que cada uno tocaba a la pareja del otro. Mientras el manoseaba de arriba abajo a la chica, con el rabillo del ojo no perdía detalle y veía como Patricia tenía bien agarrado al chico por su entrepierna. Como era inevitable, dado que la temperatura del reservado iba subiendo, los cuatro empezaron a quitarse ropas. Me dijo David que la chica era exuberante, con una melena larga y un buen par de pechos. Le daba morbo estar haciendo aquello, y ver que Patricia también lo estaba disfrutando. No pudo esperar más, y agarró a la chica y la sentó en su entrepierna. Empezó a follar con aquella chica, mientras ésta no paraba de exclamar entre gemidos lo bien dotado que estaba David. Estuvieron teniendo sexo durante un largo rato, y a veces David apartaba la vista para ver que estaba haciendo Patricia. Una de las veces vio como le hacía una mamada al chico, pero en un segundo vistazo, comprobó que se habían sentado y habían dejado de hacer cosas. Patricia estaba fija mirando cómo se follaba a aquella chica, y su cara era una mezcla de asombro, enfado, decepción… algo no iba bien.

Me contó David que aquella noche se fueron del pub nada más terminar aquella sesión, que no hablaron mucho por el camino. A los pocos días, ella no pudo aguantarlo más, y empezó a reprocharle lo que había hecho. Ella no se podía creer que hubiese sido capaz de llegar a follarse a la chica. Se excusaba en que ella no pudo llegar a hacerlo, que realmente fue incapaz de tener sexo con otro chico que no fuera él. David me explicó que no entendía nada, que ellos lo habían hablado largo y tendido antes de que eso ocurriese. Que había sido una idea de ambos, y que los dos por igual habían accedido. Pasaron unos cinco meses desde lo del pub, y la relación se había venido abajo, hasta el punto que finalmente habían roto. Yo me había quedado de piedra con todo lo que me había contado mi amigo, e intenté consolarle como pude. Me puse en el lugar de ellos, y empecé a darme cuenta de que realmente me daban morbo esas situaciones que me había descrito.

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