Tetazas De Uso Público

Necesitaba descanso, cambiar la rutina diaria, el ajetreo de niños, colegio trabajo, comidas, casa. Era preciso hacer un break, desconectar, sentirme viva.

Fue mi marido quien sugirió escaparnos un fin de semana, su propuesta era interesante, quería enseñarme la ciudad donde fue a la universidad. Me pareció por fin conocería la ciudad donde había pasado una parte importante de su vida y dela que hablaba más bien poco.

Era un sitio precioso, lleno de monumentos, plazas con tradición, buenos sitios donde comer y lugares por los que pasear. Mi chico se destapo; me conto muchas y divertidas aventuras universitarias que alentaron mi curiosidad y sobre todo, descanso y recuperación de la relación de pareja que la frenética vida familiar descontrolaba.

Era la tarde del viernes y la dedicamos a pasear y visitar los lugares que habían formado parte de su vida estudiantil: su piso, su facultad, los bares,…

La ciudad no era grande pero resultaba encantadora. Cenamos muy bien y después estuvimos haciendo el amor como antes, cuando nada importaba más que nosotros. Quizá el efluvio de los tiempos pasados le proporcionaba vigor juvenil, y mis ansias de sumisión me acunaron en su virilidad toda la noche.

Al día siguiente me levante de un humor excelente, que se frustro cuando insistió en saludar alguno de sus viejos amigos. Desayunamos con uno de los empollones de la clase, vaya aburrimiento, hablaba y hablaba de trabajo y logros profesionales. Después mejoro, quedamos a tomar el aperitivo con Gabri, el típico golfete que le costaba sacar las asignaturas y siempre estaba envuelto en todas las fiestas conocidas.

Comenzó llegando 30 minutos tarde, dio un abrazo de oso, efusivo y alegre a su viejo compañero e invito a unas cervezas. Pero parecía alterado, muy pendiente del móvil y del reloj. Lleno de simpatía y buen humor contó antiguas historias universitarias y sus vivencias de los últimos años. Hizo del almuerzo un momento divertido, aunque yo prefería ir al hotel para estar con mi hombre.

Tomábamos el café, cuando una llamada incomodó a nuestro amigo, se levantó veloz apartándose de nosotros y tardo un tiempo en regresar.

– Perdonar. Todo son problemas, dijo. Se lían las cosas y cuesta que salgan bien

– ¿Qué pasa? Pregunto mi marido

– Nada importante. ¿Por dónde íbamos?

– Cuéntame que te tiene tan preocupado, cuando íbamos a la uni, siempre te sacaba de los problemas. ¿recuerdas?

– Si, claro que me acuerdo, pero esto es más complicado.

– No lo será tanto.

– Es una tontada: Tengo una despedida de soltero de un primo mío y tengo que organizársela y mira me ha fallado el regalo, y la sorpresa.

– ¿Qué sorpresa?

– No es lugar de contarlo, por respeto a ella, dijo señalándome.

– Por mi adelante, como si no estuviera, le dije deseosa de conocer más detalles.

– Descuida, ella no se asusta.

– El regalo era un montaje fotográfico y la sorpresa un striptease. Y todo se me ha complicado. El informático me ha dejado tirado y una de las chicas no puede venir porque está enferma o yo que sé que le pasa. Desastroso

– Tranquilo ¿Tienes ahí el ordenador? ¿Están las fotos que quieres montar? Déjame

– Si, aquí lo tienes. Voy yo a intentar resolver el otro asunto, me ha fallado la chica más importante.

– ¿Importante? ¿Habías contratado a Salma Hayek? ¿Qué tenías previsto?

– Una idea buenísima. No te importa que te la cuenta ¿Verdad? Me pregunto

– No, tranquilo, cuéntalo. Quizá ella te de algunas ideas. Me sonrió mi marido al decirlo.

– Bien. No quisiera que te molestaras

– Venga, cuéntalo.

– Bien. Le voy a llevar al novio tres stripers distintas, para que vea la diferencia entre una y otra antes de casarse. Atentos: una rusa rubia, de curvas perfectas, una mulata con un redondo y enorme culo y otra de tetas bien grandes.

– ¿Y cuál es el problema? Es una idea divertida.

– Pues que la chica de tetas grandes se ha puesto enferma o no sé qué historia le ha ocurrido y se me ha chafado la idea.

– ¿No hay más chicas de tetas grandes en el mundo? Le pregunte socarronamente mientras note que dirigió la mirada a mis pechos que aunque iba sin ropa provocativa aquel día, era imposible esconder mi gran busto.

– Eso, replico mi marido. ¿No pueden mandarte a otra?

– Eso estoy intentando con la empresa de strippers, pero no tienen lo que quiero. Quería que fuese una chica con unos buenos melones.

Hizo el gesto con las manos de manera exagerada simulando unos grandes pechos.

– Algo fuera de lo normal, unos buenos melones, exuberante, que causara impresión al desnudarse.

– ¿Qué buscas un monstruo?

– No, la cuestión está en la comparación, ir de un extremo a otro, una de las chicas es mulata, con un culazo enorme, tendrías que ver como lo menea. La tetona tiene un punto erótico, desparrame de carne, que pueda tocar unas buenas tetas antes de casarse. Y el colofón: un bombón, de película, una autentica stripper, una rubia espectacular de las que quitan el hipo, esa me cuesta más que las otras dos juntas. Pero queremos que lo tenga todo el día de su despedida. (soltó una larga carcajada vergonzosa)

– Pues te toca cambiar de plan o buscar a otra. ¿Has probado en los anuncios de prensa?

– Podría ser, pero he quedado con otro que quizá pueda conseguir lo que quiero. No tardare, ¿Me esperáis aquí?

– No, iremos ahora a nuestro hotel, nos vemos allí

Iríamos a nuestra habitación y nos encontraríamos después. Mi marido trastearía el ordenador; es un auténtico manitas para estas tareas y en poco tiempo tuvo echa una presentación de fotos espectacular y yo algo aturdida y excitada por la conversación, dándole vueltas al atrevimiento de Gabri y lo bien preparado que quería tener todo.

– ¿Siempre ha sido así tu amigo? Tan activo y nervioso

– Si, siempre se encargaba de organizar las fiestas en la universidad, dedicaba más tiempo a eso que a estudiar, creo que no llego a acabar la carrera.

– Por dios, que stress lleva. Si no soluciona lo de la chica le va a dar un infarto.

– Y qué tal si lo ayudas tú.

– ¡Pero, qué dices! ¿cómo podría ayudarlo? ¿Desnudándome delante de sus amigos?

– Ya lo has oído. La chica que le falta es la tetona, y tú y yo sabemos que eso es lo que te sobra. Además te clavo bien la mirada en las tetas en el bar.

– ¿Tú crees? Me da un poco de vergüenza

– Vamos mujer será divertido. Le diré que yo tengo que estar delante.

– ¿Te gustaría verme bailar desnuda delante de extraños?

– Sería muy morboso. Ver cómo te mueves y el novio se emociona al sobar unas tetas como las tuyas.

– Pero ¿Cómo ponemos límites? No tendré que chuparla y cosas así ¿verdad? Cuando el regrese, tú serás quien se lo diga; es lo menos que puedes hacer ya que es tu amigo, no mío, y le dices que yo solo lo hare porque tú me lo pides.

– Seguro que sí, pero no te hagas ahora la inocente, se lo mucho que te gusta presumir tus atributos.

La verdad que me conoce más que nadie me encanta ir con ropa ceñida y marcar figura. Y exhibirme con él, no me daba miedo, ni era la primera vez que lo hacía.

Descansamos hasta que llego Gabri; estaba más tranquilo, y se puso muy contento cuando vio el resultado de la presentación fotográfica, brillante, excepcional, fueron su palabras. Sin embargo quedamos decepcionados cuando nos enteramos que había encontrado una tetona para el striptease. Ya habíamos imaginado lo morboso que seria.

– Una pena que hayas encontrado chica, estaba dispuesta a ser yo tu stripper.

– De verdad, pues no creas que me convence mucho la que tengo pero saldremos del paso. Muchas gracias, por el que detalle. Pero no te molestes aunque tienes unas tetas grandes las strippers son más jóvenes y tampoco eres muy alta para ser stripper.

– Vaya con tu amigo, me está llamando vieja – enana – tetona,

– No mujer, respondió Gabri sonrojado, eres muy atractiva, pero …

No acabo la frase y sonó el teléfono, se levantó y comenzó a gritar y maldecir. Cuando hubo acabado, se sentó, bebió un largo trago de agua y nos dijo: – Vas a tener que ayudarme. Le habían vuelto a fallar. Su siguiente alternativa, era yo.

– Solo me quedas tú, dijo avergonzado

– ¿La madura enana? Le insinué

– ¿Puede hacerlo? ¿Por favor? ¿por favor? Te pagare el doble que iba a pagarle.

Mi marido y yo sonreíamos al verlo suplicar.

– Te he dicho que sí.

– Bien. Menos mal. Muchísimas gracias. ¿De verdad que no te importa? Gracias, gracias, gracias, muchísimas gracias.

– Explícame qué tengo que hacer

Supuse que debido a la situación no sabía cómo pedirme ver el material antes del acontecimiento, dio varios rodeos hasta que se lo plantee yo.

– Quieres verlas antes ¿Verdad?

– Si fuera posible

Me abrí la camisa con disimulo la camiseta, no llevaba mi sujetador mas bonito, pero quedo impresionado al ver que se escondía debajo. Emitió un fuerte bufido y exclamo ¡Joder, que grandes!

CAPITULO 2 EL STRIPTEASE

La velada sería en un restaurante con reservado y después de la cena, apareceríamos las strippers, tres chicas, la primera era una mulata de gran culo, se desnudaría, bailaría delante del novio moviéndole el culo en la misma cara y se sentaría en su rodilla.

Gabri me avisaría por el móvil cuando debía aparecer, haría lo mismo, moviendo las tetas delante de él, me las dejaría sobar y me sentaría en la otra rodilla.

Por último, aparecería una rusa despampanante que en cuanto se desnudara nosotras nos levantaríamos de sus rodillas y la chica se restregaría con el novio y lo sobaría por todas partes, si el novio quiere se la chupara y listo.

Os ponéis algo encima y salís del local por la parte de atrás. Estará todo preparado, hay un almacén justo en frente del restaurante que usaríamos para cambiarnos.

– Así que mi papel es mover las tetas y dejarme sobar ¡Morbo¡

– Menudo putón estas hecho, dijo mi marido. Yo mientras hecho un cornudo mirando.

– Sabes que no, le dije mientras lo bese.

– Vais a quedar alucinados de cómo las mueve.

– Eso espero. Es importante que exageres el movimiento de los pechos, que se note.

Teníamos pocas horas para prepararnos y fuimos a comprar el disfraz y ropa interior atractiva.

Para ir de compras cualquier excusa es buena, y el centro comercial de la ciudad no era grande pero tenía un montón de tiendas interesantes, por el camino iba pensando que disfraz usaría y en lo difícil que sería bailar para unos desconocidos y eso que contonearme es algo a lo que estoy acostumbrada a hacer con mi esposo.

– ¿En qué piensas querida?

– En lo que me pondré ¿Qué sugieres?

– Bueno a mi sinceramente me gusta cómo te queda todo.

– Que te parece si uso un disfraz de enfermera sexy recuerdas la última vez que lo hice para ti, te encanto y seguro que los invitados opinaran lo mismo

– Es un clásico, seguro que no fallas.

Encontré un vestido claro de falda cortísima, que mostraba mis estupendos muslos, y una camisa en la que abrocharía solo tres botones y dejaría un escote muy sugerente. La tela se trasparentaba un poco así que probé varios sujetadores y aunque me gusto uno blanco de encajes a juego con un minúsculo tanguita, mi marido prefirió uno que me levantaba los pechos, lo vi poco estético pero fue mi esposo quien me convenció de lucir muy exagerada. Más que de enfermera era de tenista y mi marido compro una raqueta de juguete que me iba a abrir muchas posibilidades para el baile.

Paso la tarde entre juegos en los probadores, imaginando cómo debía comportarme durante el espectáculo, calentándonos en cada momento, tanto que lo hicimos varias veces al volver al hotel.

Revoloteo mi estómago cuando llamo una de las chicas. Pasarían por mí a las 22:00. Los nervios me comían, dormí un poco y fue marido quien me despertó. Me recogieron en un Ford blanco muy puntuales en su paso por mi hotel; eran guapas y jóvenes, me sentí mayor a su lado, Gabri tenía razón, era una madurita en territorio extraño. Note miradas cómplices en ellas y medias sonrisas, aun así su trato fue impecable, cariñoso y comprensivo, creo que detectaron mi nerviosismo e intentaron transmitirme tranquilidad.

– Tú muévete como lo harías para tu chico. Los hombres se vuelve locos cuando están en una despedida de soltero.

– En esta si pueden tocarnos, han pagado por ello. Pero pon los límites que quieras

– Yo si no pagan más, nada de nada, dijo la rubia.

– Ok, no estoy dispuesta.

– Tu ten claro que te sobaran el pecho

– Imagino, con ese tetamen que me dio el señor, seguro.

Fuimos directamente al restaurante, era un sitio sencillo, con una barra llena de comida y camareros corriendo de un lado a otro, estaba lleno a rebosar, la mulata se acercó a la barra y dijo que éramos las del striptease, el hombre que parecía el dueño, un gordo bigotudo con la camisa manchada, nos miró de arriba abajo: “¿Vosotras sois las putas? Estáis muy buenas”

Nos hizo seguirle a un almacén en calle paralela al restaurante, allí nos comentó que nos cambiaríamos y cuando estuviéramos listas solo tendríamos que cruzar la calle para entrar por la parte de atrás donde estaba el reservado con la fiesta.

El hombre permaneció callado unos segundos, como esperando algo, le dijimos que se fuera entonces alargo la mano y palmeo el culo a la rusa, que le respondió con un insulto en su idioma, al que respondió con: “- Animo chicas, que no os follen mucho” y una falsa carcajada.

– No te preocupes, cielo, son todos iguales de idiotas, se creen que porque pagan tienen derecho a todo. Tú, tranquila, a lo nuestro, nos quitamos la ropa, meneamos el culo, conseguimos unas buenas propinas y a casa.

– Espero que sea tan fácil como dices.

– No hay nada que temer, tú les meneas dos veces en la cara esas tetazas y se quedara hipnotizado, añadieron entre carcajadas.

– Si yo tuviera esas tetas seria la reina del club.

– A vosotras no os hace falta tener las tetas grandes, aquí soy yo la que tendría que envidiar, tenéis unos cuerpos muy atractivos.

– ¿Hacéis esto con frecuencia? ¿Siempre se mantiene el control? Me da un poco de miedo saber que todo pueda salirse de mis manos con los invitados.

– Tranquila como te dijimos antes tu solo relájate y disfruta del baile y veras que todo saldrá bien que con esas tetas seguro vas a atraer mucha atención.

– Y si no te pagan no des más.

Me extraño ese último comentario, pero estaba tan nerviosa que me entraron ganas de hacer pis y tuve que buscar un rincón del repugnante almacén para hacerlo, manche el tanga y solo me quedaba mi otra braga, pero no era atractiva. ¿Qué hacer? Si usaba la otra braga perdería atractivo mi atuendo así que decidí no ponerme nada, al fin que eso le daría más morbo a mi actuación.

– Hay que venir meada de casa, cielo.

Nos llegó el mensaje de Gabri, era el momento, la mulata entró la primera, llevaba un vestido arabesco tipo mil y una noches. Movió sus caderas antes de entrar:- Allá voy. Suerte chicas.

El tiempo hasta me anunciaron mi turno, me pareció larguísimo; me retocaba la ropa, me ajustaba los pechos, repasaba mi excesivo maquillaje, y me volvía a hacer pipí.

– Tranquila. Solo serán un grupo de hombres deseosos de juerga y vernos desnudas. Casi nunca pasan de decirnos de todo, gritar y animar al novio. Es fácil manejar la situación.

– Como dijo ella que si pagan hacéis algo mas

– Pues si te dan una propina, te dejas tocar el culo. Si no, ni se te ocurra. Mirar y callar. A nosotras nos pagan por que nos desnudemos y nos restreguemos con el novio, el único que puede sobarnos es él y se acabó. Venga que te estarán esperando

Salí del almacén y cruce la calle desierta, mi reflejo del restaurante era precioso, estaba estupenda, iban a enterarse de lo que era un striptease, pensé. Acomode mis pechos en el sostén, sobresalían por encima de la bata queriendo escaparse, y sin más, valiente y decida, entre al local. Una canción de Taylor Swift me recibió junto con los gritos de los más de 15 hombres, medio borrachos, cantando y aplaudiendo.

Habían apartado las mesas y me dirigí, moviendo las caderas exageradamente, hasta el centro donde el novio estaba sentado

Desde que entre había un enorme ruido, chillidos, aplausos, murmullos, los más atrevidos gritaban ¡que tetas! ¡Vaya melones! Esa fue la señal clara de que mi entrada fue muy bien aceptada, comencé a bailar muy sensualmente quitándome la poca ropa que llevaba despacio, moviéndome lo mejor que sabía, primero la camisa, que todavía les exalto más, solo me quedaba el sujetador, vociferaron como nunca cuando me solté el sostén y las deje caer. Quizá tenía que haber sido más misteriosa y haberlos ocultado más tiempo, pero los nervios por agradar me hicieron dejarlos a la vista pronto, comencé sobármelas, ponía mi raqueta de juguete entre ellas, arqueaba mi espalda para que las vieran colgando mientras metía el mango en mi boca.

Me sentía potente, dominadora, todos mirándome mientras magreaba mis pechos para los espectadores, – ahora a por el novio, pensé. Con paso firme me dirigí muy lentamente hacia el al tiempo que me quitaba la falda.

– ¡No lleva bragas! Esta viene preparada para la guerra.

– Vaya chocho. Ese me lo voy a comer yo.

– Ese culito que no pase hambre

– Mira la mama como se mueve.

– Pequeña pero tetuda. Me gusta.

Sentí una inesperada confianza cuando me dirigí hacia el novio, estaba totalmente desnuda frente a un montón de desconocidos, y no sentía vergüenza alguna, al contrario, la bienvenida que había recibido me hizo sentir orgullosa de mis atributos, mis tetas habían sido mi mejor carta de presentación, frente a la otras chicas.

Fue un momento de algarabía, ruido por todas partes, gritos, palabrotas, estaban encendidos, algunas palabras eran desconocidas para mi.

– Menuda MILF me has buscado, le dijo el novio a Gabri, que sonrió. Me encanta.

– Esta es pequeñita, pero tetona. Vaya diferencia.

– Una con exceso de culo y otra con exceso de tetas.

– Dale caña a esas tetas. Tu mujer no las tiene así.

– Si, aprovecha. Que no vas a tener una iguales para ti.

Me senté sobre él, y directamente me tomo suavemente por la cintura, coloco una de sus manos en mi pechos a lo cual me resistí un poco, pero veía en la mirada su deseo, le sonreí y abrí mis brazos, se lanzó directo a ellos, note su inexperiencia; nunca había tenido unos pechos como los míos entre sus manos, era inexperto en el manejo, sus tocamientos eran torpes, descontrolados, un novato. Me las estrujaba y me susurraba al oído obscenidades.

– Ven aquí pequeña. Que tetas tan grandes tienes. Hay algo que se me antoja hacer contigo.

– ¿Qué es eso que quieres hacerme?

– Me gustaría sacármela y ponerla entre tus grandes pechos debe sentirse genial que te masturben con unos pechos como los tuyos.

– A no de eso nada puedes tocar todo lo que quieras pero de ahí no pasaras, disfruta del momento y de lo que tienes en tus manos.

Acató perfectamente mis órdenes, pero no tardo pues de inmediato note como metía su mano entre mis piernas, y al no traer la tanga pudo disfrutar sin problemas de mi coñito que por la emoción y los sobeteos que estaba recibiendo comenzaba a ponerse húmedo.

Me encontraba recibiendo la manoseada de mi vida, me gustaba mucho la manera tan morbosa en que me tocaba mis tetas, sentir unas manos nuevas siempre es una sensación muy agradable, el saber que mi cuerpo provoca tanto deseo me excitaba mucho y mi cuerpo me delataba fácilmente ya que al tener su otra mano metida en mi coño, estaba disfrutando, todas esas sensaciones no las cambiaría por nada.

Gabri y mi marido disfrutaban del espectáculo y aunque no eran ellos los que me tocaban gozaban gratamente de la manera en que el novio me metía mano sin recato alguno.

Cambiaron la canción y apareció la rusa, vestida de gata, todos quedaron estupefactos, era una chica realmente atractiva. Nosotras nos levantamos y nos pusimos al lado del novio, bailando al compás de la música, movía mis pechos buscando la atención, cruce la mirada con mi marido que me guiño un ojo, yo le sonreí y le mande un beso. Pero la rusa centraba toda la expectación cuando se quedó en tanga.

El novio estaba muy impresionado mirando cómo se contoneaba desnuda y venía a restregarle el culo en el paquete y le dejaba tocar sus perfectas tetas operadas.

– Tiene que chupársela, dijo un hombre de pelo blanco mayor

– No eso no está incluido, solo el striptease. Dijo Gabri.

– Si no está incluido, se paga. Y saco un billete de 50 € que puso en el tanga de la chica.

Se montó una gran algarabía, todos gritaban: “¡que la chupe, que la chupe!”. La chica pidió unos euros más y enseguida le cayeron tres o cuatro billetes de 20 € que coloco en su tanga antes de arrodillarse, fue cuando me di cuenta que estas chicas eran algo más que meras strippers. Nunca había visto como se la chupaban a alguien en directo, me quede más atrás observando al tiempo que el hombre del pelo blanco le decía algo a la mulata y le daba dinero, después ella se acercó a mí.

– Cuando acabe, tienes que hacerle una cubana. Mira lo que hay para ti.

Todos se acercaron a ver la felación, al novio le costó que se le pusiera dura, pero los suaves lametones de la rusa, lo pusieron a tono enseguida.

De pronto note como un par de manos me tocaban el culo, me volví extrañada, eran un par de chicos uno por cada lado que no tardaron en meter mano a mis pechos

– Tienes unas tetas enormes.

De pronto emergió un grito unánime: ¡Con las tetas, con las tetas! Las miradas se volvieron hacia mí.

No me lo esperaba, fue tan rápido, mire a mi marido que me hizo un gesto con la cabeza de que fuera, el público pedía mi intervención, después de ver como aquella chica se la chupaba al novio en mi mente pensaba que cada una tiene su especialidad, en mi caso era proporcionar placer, asi que me puse de rodillas y tome entre mis manos el instrumento del novio y comencé a masturbarlo suavemente el novio estaba muy excitado.

– Al fin te tengo donde quería vamos déjame ponerla entre tus tetas sabes que lo he estado deseando toda la noche.

Lo mire con una sonrisa pícara y de inmediato escupí entre mis tetas ni siquiera tuve que pedírselo el rápidamente coloco su miembro en mi profundo canalillo yo solo apreté las tetas pues fue el quien comenzó a moverse de manera rápida

Los gritos aumentaron ¡si vamos follale esas tetazas que tiene!

Al ver como se deslizaba entre mis tetas podía sentir el placer que el novio estaba recibiendo, en ese preciso momento pensaba en lo mucho que me gusta ver a los hombres disfrutar de mis tetas.

Por la rapidez con la que se movía el novio entre mis pechos era fácil adivinar que se correría muy pronto y creo que esa era su idea pero para su mala suerte alguien me pidió que me detuviera.

Me aparto la mulata y pare de masturbarlo, la morena le coloco el condón con la boca, con gran habilidad, evidentemente no era la primera vez que lo hacía, más que strippers estas chicas eran prostitutas, se sentó sobre él y se clavó la polla. Todos volvían a gritar, la chica restregaba el culo despacio, en un movimiento que nunca había visto, parecía comerle la polla con el coño.

Ese cambio tan repentino me molesto un poco pues no me dieron el tiempo suficiente para hacerlo disfrutar, aunque dentro de mí sabía que yo no era la única chica presente y todas tenían que participar. Por otra parte no me desagrado para nada el giro tan repentino que dio el evento, se suponía que solo teníamos que bailar pero lo cierto es que yo jamás puse ninguna resistencia para llegar a algo más.

Yo me aparte confusa ante el alboroto y busque con la mirada a mi marido, estaba cerca del novio sin perder vista del acto sexual.

CAPITULO 3. ¿SEXO?

Por detrás note que alguien me agarraba las tetas y ponía su paquete en mi culo.

– Vaya tetazas tiene la MILF

– Me encantan las maduritas. Ha sido una buena idea Gabri.

– A mi este tipo de tetas me gustan para hacerme una buena paja.

Era uno de los chicos más jóvenes, que se restregaba su entrepierna en mi culo, notaba como su bulto duro se abría paso entre mis nalgas. Otros dos que lo vieron se acercaron a mí y entre los tres comenzaron a sobarme por todas partes y a decirme lo buena que estaba y lo grandes que eran mis tetas, tenía sobre mi tres pares de manos recorriendo mi cuerpo, alguno me agarraba la mano y la llevaba a su paquete, estaban salidos, duros. De pronto note que uno se la había sacado y me la ponía en la mano. Nunca escuche que se pudieran decir tantas cosas sobre unas tetas.

– ¿Te has dejado a los niños en casa y te has venido a pasar el rato?

– Pues aquí te lo vas a pasar bien, añadió otro mientras se sacaba el pene y buscaba un trozo de mi cuerpo donde restregarlo.

De pronto note como alguien me inclinaba la espalda y me intentaba separar las piernas, eso solo quería decir una cosa, me la iban a meter.

– No, no follar, no yo no soy una puta

Me sentaron en una silla y vi como un par e pollas se acercaban a mi boca. Mientras nuevas manos recorrían mis pechos, aquello se había desbocado

– Vamos zorra una chupadita

Alguien llego y los paro, era Gabri

– Vale ya, esto es para el novio, no os emocionéis.

– Joder Gabri, por lo menos que nos haga una cubana.

– Yo creo que los que queráis cubana os ponéis en fila y ella las va haciendo, pero rapidito. Me quede muda cuando me di cuenta que era mi marido el que lo decía.

– Pero yo quiero follarla.

– También, todo a su tiempo.

– Pues una buena cubana no estaría mal.

– Hazte la cubana y yo luego me la follo, venga deprisa.

No voy a negar que me tomo por sorpresa escuchar a mi marido decir eso pero me tranquilizo el saber que él aprobaba mi comportamiento, así le sonreí y le guiñe un ojo.

Tenía a 3 chicos calientes buscando disfrutar de mis tetas, todo ese morbo me gustaba mucho pues jamás había tenido tantos hombres a mi disposición, aunque sabía perfectamente que no les permitiría llegar al sexo conmigo así que lo menos que podía hacer para calmarlos un poco era hacerles una cubana que bien que las sé hacer muy bien.

– vamos hombre ven aquí

Tome un poco de líquido del vaso del primer chico y lo puse en mi canalillo y con mi mano lo extendí muy bien, de inmediato fue corriendo a ponerlo entre mis tetas, no perdí detalle de su rostro, reflejaba mucha excitación.

– Vamos zorrita déjame follarte esas tetazas que tienes ¡dios sí que son grandes!

– Tranquilo no son necesarios los insultos solo disfruta.

En esta ocasión era yo quien movía mis tetas para darle mayor placer, apenas calentábamos calentando cuando otro de los chicos reclamos su torno.

– ¡Vamos a un lado voy yo! Quiero sentir esas tetas

Le sonreí a mi segundo invitado y de igual manera comencé mi trabajo, el miembro de este chico era un poco más pequeño y parecía desaparecer entre aquel canalillo.

-¡ si si pero que tetas tan ricas tienes si que son ideales para las cubanas sigue no pares

Luego de unos minutos llego el turno del ultimo interesado, por ahí dicen que “el que ríe al último ríe mejor” y creo que esta conocida frase aplico aquí. Una vez que aparto al segundo chico me tomo de la mano y me levanto de aquella silla.

– Uno de ellos le dijo, ¿pero que haces? a donde la llevas no que querías una cubana?

Me llevo hasta un sillón que se encontraba en aquel lugar.

– Recuéstate hay quiero follarte esas tetas pero como se debe.

Me pude dar cuenta rápidamente que este chico era alguien muy decidido, yo solo acataba sus órdenes. Esta vez fue el quien escupió en mi canalillo y seguidamente coloco su enorme miembro entre ellas posicionándose encima mío y apoyándose sobre aquel sillón.

De manera suave comenzó a moverse, primero fueron movimientos lentos y poco a poco fue aumentando el ritmo.

Todos asombrados solo admiraban como le hacía aquella cubana soñada

– Me gustan tus tetas me encanta ver como se resbala mi verga en tus pechos chupa la punta cuando salga hazlo.

Sin duda aquellas peticiones parecían órdenes, pero lejos de molestarme todo eso me gustaba pues demostraba claramente mucha seguridad.

– Me encanta follarte las tetas esto es la gloria

Acaba de decirme eso cuando sentí como se corría entre mis tetas me baño por completo, gritos y aplausos se escucharon alabando aquella corrida descomunal.

– Lo ciento hacía tiempo que buscaba hacer esto con alguien que tuviera una tetas como tú.

– Bueno las disculpas no me sirven ahora pero que corrida has pegado

Mi marido se acercó a mí con unas servilletas y me dijo algo al oído

– Lo has hecho perfecto me encanta verte usar tus atributos mira que empalmados has puesto a estos chicos.

Era una máquina de hacer cubanas y aunque la mayoría estaba más pendiente de las otras chicas, yo tenía mi público, que entraba y salía.

Llego otro de los chicos que venia de ver como se follaban a las otras y al acabar el que tenía entre mis tetas, me levanto, me dio la vuelta y dijo

– Aquí hemos venido a follar

– Pero a mí me gustan las tetas, eso está bien pero estas están aquí para follar.

Me puse nerviosa, no iba a permitir que me follaran esta panda de bestias, lo de las tetas resultaba divertido, pero no iba a dejar que me la metieran.

Lo que más me sorprendió fue que mi marido no hiciera nada, Gabri fue el único que intervino e intento disuadirlos, pero estaban empeñados.

Mientras se ponían de acuerdo entre ellos por ver quién sería el primero en utilizarme, me escabullí entre las mesas y salí a la calle, era una noche agradable y no había nadie en el pequeño callejón, cruce al almacén y estaba cerrado. ¿Qué iba a hacer?

Me encontraba desnuda y no quería volver dentro, vi como alguien salió del restaurante y me grito: “no te vayas, que ahora viene lo bueno”.

Corrí calle abajo entre lágrimas, sujetando mis pechos que se movían alborotados por la carrera.

CONTINUARÁ

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