Tímida ella, inexperto él

“Ante todo, espero que ella no se entere que te he enseñado esta fotografía y ni que mucho menos se entere de que te he contado nuestra apasionante vivencia sexual”.

Este fue el comentario que me hizo mi sobrino, cuando por fin conseguí que me relatase su historia con aquella sueca madura.

Mi sobrino, un chico de 18 años, hasta este verano pasado, podríamos decir, que no había salido de las faldas de su madre, mi cuñada.

Cuando vi la foto, comprendí en cierto modo, el reparo que tenía Svenka (por lo visto así se llamaba), en hacérsela. Se le ve una mujer retraída y pudorosa a pesar de haber accedido a hacerse la fotografía desnuda, no sé…quizás si observamos su expresión y vemos como con su mano tapa parte de su vagina…en fin, me da cierta impresión de pudor.

Mi sobrino me confirmó esta intuición en el comienzo de su relato, me dijo que era una mujer muy tímida y de poca conversación. Ante esta revelación me surgieron dos dudas al instante: la primera, cómo una mujer así accede a hacerse esa fotografía, y la segunda y más morbosa, cómo se inició esta relación sexual entre esta mujer tan extremadamente tímida, como me volvía a insistir mi sobrino, y un muchacho que hasta ese entonces no sabía nada de la vida. Mi impaciencia se incrementaba, necesitaba saber más.

Ante mi insistencia, mi sobrino me comentó que se conocieron el día que su madre le dijo que dejara de holgazanear y que por lo menos bajase al supermercado de abajo a comprar ciertas cosas que hacían falta para preparar el almuerzo, antes de seguir, quizás sea conveniente remarcar que estaban en periodo vacacional en un pueblo costero muy renombrado de la costa andaluza, mi hermano había alquilado por un mes ese apartamento.

Pues bien, una vez en el super, cuando mi sobrino estaba cogiendo los productos que mi cuñada le había puesto en una lista, se produjo un hecho que no por frecuente deja de ser muy embarazoso: cuando el pasaba al lado de Svenka, ésta no tuvo otra ocurrencia que coger una lata de tomates, que estaba de oferta, de la parte inferior de una columna que los empleados habían colocado de manera estratégica para que estuviera a la vista de todos los clientes, con el resultado lógico; la columna se calló por lo menos en la mitad. El jolgorio del atestado super fue instantáneo y la pesadumbre de Svenka desoladora. Mi sobrino, ese niño, se apiadó de ella y empezó a colocar las latas en su sitio, hasta que llegaron los empleados para terminar de arreglar el desaguisado, mientras tanto Svenka no reaccionó, se quedó como petrificada y cabizbaja, de tal forma que mi sobrino la tuvo que zarandear para que saliese de su letargo. Una vez salió de su conmoción, ella se sintió de alguna manera en deuda con él, así que le invitó a tomar un refresco.

Como los dos tenían bastantes compras hechas y por lo tanto estaban muy cargados, mi sobrino decidió, como un caballerito que era, subir sus compras y posteriormente bajar para ayudarle a ella a subir las suyas. También me comentó que hasta ese entonces a él no se le había pasado por la cabeza nada relacionado con el sexo, esperaba encontrar en el apartamento a un marido y tal vez a varios hijos mayores que él. Cuando estaba abriendo la puerta, Svenka le comentó, chapurreando un castellano muy malo, que estaba allí con una amiga compañera de trabajo y que ésta había salido por todo el día a una excursión por el pueblo de al lado.

Mi sobrino le preguntó que porqué no se fue con ella, su simple respuesta: que no tenía ganas. En ese mismo instante la empezó a mirar de otra manera, el instinto es el instinto, y por muy poco que se sepa, las hormonas hacen su trabajo. Mientras metía las compras en el frigorífico empezó a observarla detenidamente, concluyó que no estaba mal del todo, y lo que en principio era una incipiente erección se convirtió en total, a esas edades ya se sabe. No sabe qué le ocurrió, pero me dijo que cuando se quiso dar cuenta, estaba abrazado a su cintura y refregando su erección en su culo, ella no hacía ni decía nada, estaba como en el supermercado cuando tiró los botes de tomate, petrificada. En vista de esto siguió sobándola y subió sus manos a los pechos, no llevaba sujetador, es lógico estamos en zona de playa, ella pareció reaccionar un poco, pero torpemente, se dio la vuelta y se miraron a los ojos, no aguantaron sus miradas, ella por tímida y el por inexperto. Se besaron, en un beso que inicialmente además de tímido era torpe, no se compenetraban. En este punto del relato, llegué a la conclusión que Svenka no tenía la experiencia que su edad requería, una mujer madura no se puede dejar llevar por un mocoso.

Mientras se estaban besando, ya parece que con más soltura, mi sobrino comenzó a quitarle el vestido playero que llevaba, ni que decir tiene que con bastante torpeza, a pesar de esto ella no le ayudó, seguía in móvil, eso si correspondiendo al beso. Para ese entonces, mi sobrino estaba cachondísimo, a punto de reventar, es más, me comentó que una vez quitado el vestido y el besando sus tetas, cuando le apartó un poco las bragas y tocó por primera vez un coño, se corrió. Ella ni se dio cuenta ya que él todavía tenía los pantalones puestos. Su polla seguía dura, ¡gloriosos 18 años! El mismo se quitó los pantalones y disimuladamente a la vez que se los quitaba se limpiaba los restos de semen. Estaba un poco despistado, ya que el creía que Svenka tomaría la iniciativa, pero no fue así. Entonces pensó: a lo hecho pecho.

Tomó la iniciativa él. Mientras le besaba los pezones acercó su mano hacia la pagina, en esos instantes ella parecía dar muestras de vida, su respiración era más agitada y tenía un cierto movimiento de caderas, por lo que concluyó que estaba acertando en sus tocamientos, además observó que sus genitales se humedecían por momentos, como estaban sentados en el sofá, mi sobrino la inclinó de forma que quedara tumbada bocarriba, el se colocó encima de ella, echándole todo su peso, ella ya jadeaba, como mi sobrino no atinaba a encarar su endurecida polla por el orificio dónde debía entrar, ella por primera vez tomó la iniciativa, le agarró el pene con una mano y se lo puso en la entrada de su vagina, él con el éxtasis del momento, empujó con una fuerza tal que entró de uno sólo golpe y ella dio un alarido descomunal, del dolor que sintió se le saltaron las lágrimas. Me dijo mi sobrino que no comprendía porqué le dolió tanto ya que parecía que ella estaba deseando que se la metiera. Yo llegué a una conclusión y así se la dije; Svenka era VIRGEN, igual que tú.

Esa tarde no podía haber acabado peor, Svenka dolorida y escocida y mi sobrino con un recalentón de testículos ya que no pudo evacuar lo que tenía previsto.

Pero como aún quedaban horas para que regresara la amiga de Svenka, se citaron para después de almorzar, cuando ya se le hubiese pasado un poco el dolor y un mucho la vergüenza.

Según me comentó mi sobrino, esta cita posterior fue mucho más placentera para ambos, pero eso ya lo contaré en otro relato.

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