Todo ocurrió de forma fortuita

Todo ocurrió de forma fortuita, yo un hombre casado y con dos hijos y con una vida estable, se encontró de repente con algo que nunca había soñado y que ni por asomo pensaba que podría ocurrirle a él.

Me llamo Alex, tengo 42 años y soy diseñador de interiores, trabajo que me permite tener un horario no muy rígido; como he dicho tengo dos hijos mi hija Ana de 15 años y mi hijo Juan de 13 y una esposa a la que quiero aunque nuestras relaciones sexuales, aunque placenteras, no son todo lo habituales que yo desearía.

Ella tiene una tienda y por la tarde va ella a recoger a los niños para llevarles a clases particulares, de donde les recojo yo sobre las 7h para ir a casa.

Por las mañanas les llevo yo al colegio que se encuentra cerca de casa y luego iba a desayunar a una cafetería cercana, para después comenzar mi actividad laboral.

Hace unos dos años un día al llevar a los niños al colegio y después de despedirme, me di la vuelta y mirando los mensajes recibidos en el móvil me puse a cruzar la calle (como no debe hacerse, sin mirar a los lados) y de repente un frenazo y un toque de claxon.

Me asusté y me giré viendo a otro hombre bajar de sus coche, diciendo, “pero no sabe que hay que mirar?, casi le pillo”.

Le miré pidiéndole perdón y diciéndole que efectivamente había comenzado a cruzar mirando el móvil, que lo sentía mucho y si me permitía invitarle a un café como desagravio.

Aceptó mi invitación y tras aparcar su coche nos dirigimos a la cafetería donde desayuno habitualmente y tras sentarnos y pedir nos presentamos.

Se llamaba Carlos y tenía 43 años, su aspecto de hombre muy cuidado, alto como de 1,90 y atlético (tengo que decir que yo mido 1,86 y aunque no soy atlético me cuido bastante), según me contó era abogado , estaba casado y llevaba a su hijo al mismo colegio que iban los mios, por lo que coincidimos en que parecía mentira que nunca nos hubiésemos visto,

Comenzamos a charlar de nuestros hijos, de sus aficiones, para pasar a hablar de nuestras profesiones etc.

Al despedirnos y ver que coincidimos en horarios, quedamos en desayunar juntos todos los días tras dejar a nuestros hijos.

Esta costumbre nos llevó a una mayor complicidad hablando ya de nuestras mujeres, de nuestra vida sexual, incluso comentamos alguna que otra infidelidad que habíamos tenido, aunque de forma esporádica.

La relación era cada vez mas intensa y sentía que me gustaba estar con él y compartir nuestras interioridades, he de decir que nunca había sentido nada por un hombre, que me considero heterosexual y que como mucho había tenido alguna relación de crio en el colegio con otros compañeros en exploración de nuestra sexualidad.

Un día, me dijo que estaba pensando en modificar su despacho y si podía echarle una mano, a lo que le contesté lógicamente que si, quedando en que al día siguiente después de desayunar iríamos para verlo.

Al día siguiente, todo transcurrió con normalidad, nos encontramos fuimos a desayunar, pero me dio la sensación de que estaba muy nervioso, le dije

Carlos, ¿te pasa algo?, respondiéndome que no, que había pasado una mala noche y que quizás por eso le parecía que estaba raro.

Monté en su coche para ir a su despacho ,y en el trayecto noté varias veces que al cambiar de velocidad, me tocaba la pierna con su mano.

No le di importancia porque era la primera vez que montaba con él y pensé que era su forma de conducir.

Llegamos a su despacho y no quitamos las chaquetas, ayudándome él a quitarme la mia y dejándola en un colgador.

Alex, mira este es mi despacho, como veras no tiene mucho pero me he cansado de ver siempre lo mismo, así que me gustaría si me puedes dar ideas.

El despacho tenía un hall con unos sillones para sala de espera y, que daba paso a su despacho, donde tenía su mesa con su sillón y dos sillas, un sofá con una mesita baja y un mueble donde tenía además de muchos libros, una TV grande.

A lado del despacho y comunicado con una puerta tenía una habitación con baño, ya que decía que a veces su trabajo le obligaba a estar muchas horas y necesitaba un sitio donde echar una cabezada.

Comenzamos a verlo entero y comentando sobre la luz que entraba por las ventanas, el tipo de muebles que le gustaría etc, y varias veces sentí en mi mano el roce de la suya, pero nuevamente pensé que era casualidad.

Una vez revisado todo, me dijo que si quería un café y nos sentamos en el sofá.

Al principio todo fue normal, luego empezó a háblarme de que no había dormido esa noche porque había tenido una discusión con su mujer, ya que hacía un mes que no tenían relaciones y él estaba a punto de explotar.

Yo le dije que también tenía ese problema y noté que ponía su brazo por encima del sofá tras mi cabeza.

Nuestra conversación pasó a las necesidades sexuales que teníamos, y a medida que avanzaba la conversación, Carlos , con su mano, empezó a acariciar mi pelo.

Tuve una sensación de no saber que hacer; yo, un hombre hetero, casado y con hijos, sentía la mano de otro hombre en mi pelo y que comenzaba a acariciarme el cuello y las orejas, y me sentía bien.

Le miré y él presionó en mi cabeza y acerco su cara a la mía dándome un beso en los labios, suave, sensual.

Me quedé quieto, como si estuviese paralizado, y él mirándome a los ojos volvió a acercarse y me volvió a besar, per con mas intensidad, yo no me aparté y notaba como su lengua recorria mis labios e intentaba penetrar en mi boca.

No sabía como reaccionar, me sentía agusto, me sentía bien, pero por otro lado mis escrúpulos, mi educación se iban al traste.

Un hombre me estaba besando y yo no hacía nada al respecto.

Su mano se colocó en mi pierna y comenzaba a acariciarmela, al mismo tiempo que consiguió entrar en mi boca y encontrar mi lengua, la excitación hizo que yo también sacase mi lengua y se enzarzaron ambas en una pelea sinfín.

Su mano, ya mas valiente, subió por mi muslo y llego hasta mi entrepierna, comenzando acariciar mi miembro, que comenzaba a despertar por la excitación.

Alex, me gustas, nunca he tenido relación con un hombre pero nuestras confidencias, nuestra relación ha hecho que sienta atracción por ti.

No voy a hacer nada que tu no quieras, pero no me eches de tu vida ahora.

Mi excitación, mi susto ante esas palabras y sus caricias, hicieron que suspirara sin decir palabra, mi reacción fue acercarme a él, y besarle.

Sus manos comenzaron a desabrocharme y quitarme la camisa, ayudándole yo a quitarse la suya, mientras nuestras bocas, sedientas la una de la otra, no paraban de juntarse y explorarse.

Sus manos fueron nuevamente a mi entrepierna, acariciando mi miembro que ya estaba duro y terso, mientras yo con miedo comenzaba a acariciarle el pecho de una forma suave, buscando sus pezones con los que comenzaba a jugar.

Me puso de pie, frente a él, y sentado en el sofá mirándome a la cara comenzó a desabrochar mi pantalón quitándome todo, junto con los zapatos y calcetines.

Ahí estaba yo, un hombre casado, delante de otro hombre, totalmente desnudo, con mi polla iniesta, dura y caliente, y totalmente vencido por el deseo.

Acercó su mano a mi polla diciéndome, Alex, es preciosa y comenzó a acariciarla, descapullándomela y haciendo su recorrido abajo y arriba, abajo y arriba

Yo estaba en la gloria, con los ojos cerrados por la verguenza del momento, pero excitado como hacía tiempo que no lo estaba; de repente noté una humedad en mi capullo y abrí los ojos, su lengua comenzaba a recorrer mi polla, suavemente, mojándola hasta que nuevamente llego con su boca a mi capullo metiéndoselo dentro.

Uffffffffffffffff exclamé, Carlos…

Sus labios comenzaron a follarme el capullo, mientras su mano me pajeaba al mismo ritmo que su boca.

Yo estaba en la gloria, mi excitación no tenía límites y había llegado a ese punto de no retorno, y le dije:

Carlos, hazme lo que quieras, en estos momentos solo quiero estar contigo.

Eso le dio alas, ya que su boca comenzó a tragarse mi polla, de una forma bestial, me follaba con su boca de una forma magistral, mi excitación estaba llegando a un grado desconocido.

Decidí que era momento de actuar y apartando su boca de mi polla, me agache y poniéndome su altura, le bese en la boca, mientras mis manos le abrían su pantalón y le desnudaba por completo.

Y ahí estaba su polla, grande unos 20 cms, gruesa y venosa, caliente y dura, nunca había visto algo asi salvo en las pelis porno que veía a veces, me cegó, me encandiló y, sin preámbulos, me la metí en la boca, que gusto, que placer, la sensación de tener semejante arma en mi boca, sentía como palpitaba, como se movía mientras mi lengua y mis labios la degustaban.

Sus manos me cogieron de la cabeza y acompasaba sus movimientos de pelvis con el de sus manos, haciendo que el baile fuese orquestado, y su polla entrase y saliese de mi boca como el arco de un violín.

Al cabo de unos minutos me dijo, Alex, quiero que seas mio, quiero que esto sea el comienzo de algo duradero y maravilloso para ambos, y diciéndome esto me tumbó en el suelo y tumbándose él a mi lado, nos enfrascamos en un 69 glorioso; él no contento con mamármela utilizó sus manos para acariciarme el culo.

La sensación era placentera, ahí estaba yo mamando ese pollón enorme, tocándole los huevos y sintiendo que él hacía lo mismo y me acariciaba el culo con una mano, mientras la otra comenzaba a explorar mi agujero.

De vez en cuando notaba que su mano iba a su boca y mojaba los dedos, para a continuación ir nuevamente a mi secreto y jugar con él haciendo círculos e intentando penetrar en él, hasta que en un momento dado sentí que su dedo entraba.

No sé explicar lo que sentí, era placer junto con la angustia de lo que representaba, pero no hice nada porque parase, porque en el fondo además de gustarme sentía la necesidad de seguir hasta el final.

Nuestras bocas seguían su labor; mientras, Carlos, se atrevió a meter un segundo dedo que me molestó, dando un respingo; me dijo, tranquilo Alex, luego vas a disfrutar, no te preocupes que no te voy a hace nada que no quieras.

Yo seguía cada vez mas excitado ante la nueva situación, y notaba que me comenzaba a salir líquido preseminal.

De repente, me dió la vuelta, me puso de espaldas y mientras con una mano me pajeaba, con la otra movía los dos dedos dentro de mi.

Se levantó y de un cajón cogió un recipiente de crema sin estrenar y tras abrirlo, se embardunó los dos dedos y comenzó a untar mi agujero; la sensación de frescor en mi culo, junto con su mano que nuevamente comenzó a pajearme hizo que exclamara su nombre.

El al oírlo, me sonrió y probó a meter tres dedos en mi culo, y entraron, vaya si entraron, comenzó a moverlos suavemente, a veces en círculos y otras entrando y saliendo, hasta que los sacó, se tumbó sobre mi, me besó y me dijo:

Alex, vamos a ser el uno para el otro, vamos a disfrutar de nuestros cuerpos, como lo deseamos y diciendo esto, se arrodillo delante de mi, me levantó las piernas y puso su capullo en mi agujero.

Lentamente comenzó a presionar hasta que su capullo estuvo dentro, yo notaba su tamaño, su grosor, pero deseaba tenerle dentro.

Me dijo, Alex, ahora muévete tu para que entre hasta el fondo, cosa que hice presionado con mi culo y notando que se iba abriendo espacio en mi interior, no sin cierto dolor al principio.

Cuando ya estaba dentro, él comenzó un suave vaivén de mete, saca, mete, saca…, haciendo que mi interior se amoldase a su polla; comencé a pajearme y decirle “fóllame Carlos, si fóllame”.

Conforme iba pasando el tiempo, la sensación de, dolor al principio y de incomodidad después, fue transformándose en placer, haciendo que mi excitación llegase al culmen, transformándose en un corrida inmensa, mi leche salía de mi polla con fuerza, mojándome toda la mano y salpicando a Carlos en su sexo.

En ese momento Carlos, soltó un chillido y comenzó a inundarme el culo con su leche caliente, notaba como su polla vibraba, latía y expulsaba todo su semen en mi interior.

Fue un momento sublime, nuestras caras estaban desencajadas, nuestras miradas de vicio se cruzaron y comenzamos a reir, mientras Carlos sacaba su instrumento de mi interior.

En mi locura, me giré y cogiéndole la polla con mi mano, me la metí en la boca, mi lengua la recorría limpiándola de restos, mientras el no paraba de suspirar.

Luego me ayudó a levantarme y cogiendo mi cara con sus manos me besó y buscó mi lengua con la suya, juntándose y uniéndose nuevamente en un baile.

Nos quedamos, quietos, callados, sin saber que decir hasta que él me dijo:

Alex, ha sido algo maravilloso, me gusta como eres y me gustas sexualmente hablando, no quisiera que esta fuese nuestra última cita y espero que sigamos tomando café todos los días.

Carlos, le respondí, por mi todo sigue igual que antes, con la particularidad de que a partir de ahora, espero me invites a tomar café de vez en cuando en este despacho.

Nos reímos y nos volvimos a besar.

A partir de entonces todo se transformó y de hecho hubo novedades muy importantes que hicieron que nuestras vidas cambiasen a mejor en muchos aspectos, pero eso lo dejo para otro día

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