Tomando unas copas

La segunda quincena de la preparación había transcurrido con normalidad, mi esfínter ya se dilataba con mucha más facilidad. Luisa me había colocado el tercero y último, ese si era grande, afortunadamente me lo coloco a última hora de la tarde, por lo que durante la noche permanecí con el puesto y en reposo, al no caminar el dolor era menos intenso. Sentía placer ya solo en pensar que lo tenía puesto, como si desease que fuese penetrada.

Poco a poco me acostumbre a él, Pedro, se fijaba en mí, como caminaba tan solo con verme, él sabía si ya estaba preparada o tenía que esperar algún día mas, se comportaba como un animal en celo, acercándose y acariciándome para saber si yo estaba receptiva.

Una noche, tras cenar, las chicas se fueron marchando a sus habitaciones, cuando yo lo iba a hacer, Pedro me dijo.

– Micaela, tu quédate, tengo que hablar contigo.

Enseguida me di cuenta de que había llegado el día, estuvimos hablando de las cuentas y de mi trabajo, si estaba contenta y me dio las directrices para la semana siguiente, luego me invito a pasar a su cuarto. Tenía una gran cama con dosel sabanas de raso y un pequeño bar con algunas botellas de tequila, brandy y whisky, me dijo que me metiese en la cama, mientras el entraba en el baño.

Cuando salió, yo estaba ya en la cama completamente desnuda, me había quitado el plug y sinceramente estaba nerviosa. Cuando apareció y lo vi completamente desnudo me asuste, entre sus piernas colgaba un pene flácido pero de un tamaño impresionante, me quede con la boca abierta el al notarlo me dijo.

– Qué te parece, te gusta.

– Bueno, solamente había visto el mío y nunca uno de ese tamaño ahora comprendo porque siempre anda con pantalones amplios.

– Así como esta, mide 22cm y en pleno trabajo 32 cm y 23 de contorno.

– Pero todo eso me destrozara el culo, no puede meterme eso.

– Si que puedo, todas lo han probado y han salido muy satisfechas incluso están deseando de que llegue el día que les toca.

– No, no, ami eso no me lo metes antes me pego un tiro.

– No es necesario llegar a eso, si yo no te lo meto, JONY, se encargara de meter el suyo que es más largo y grueso, además, está deseando de montar una yegua, tu escoges.

Enseguida recordé quien era JONY, el pura sangre árabe que tenía en los establos, ya en una ocasión que había pasado por las cuadras, lo había visto excitado, y en vez de tener un pene, tenía una quinta pierna, con la que se golpeaba el vientre cuando la movía.

– No quiero forzarte, Micaela, pero en mi casa todas mis empleadas lo probaron, no tengo prisa, pero relájate, primero me vas hacer una mamada.

Yo estaba sentada al borde de la cama, el se acerco, su pene quedaba a la altura de mi cara, lo levanto y con el acaricio mis labios, instintivamente los mantenía cerrados, sin soltarlo, insistía en acariciar mis labios con aquel falo que tan solo con el roce de mis labios comenzaba a tomar una forma que asustaba.

– No tengas miedo, agárralo con tus manos y bésalo, no muerde, y no lo muerdas, veras como tiene una suave piel.

Tímidamente lo agarre con mis dos manos, con una sola no podía asirlo bien, le retire un poco el prepucio y le di un pequeño beso, pero con los labios cerrados, nunca había tenido en mis manos un pene que no fuese el mío. Sus venas se notaba que se llenaban de sangre, por lo que su grosor aumentaba y su longitud también.

– Venga, sin miedo, abre la boca.

Tímidamente, abrí mi boca llegando a tocar con mis dientes la punta de su glande, que asomaba un poco al haber desplazado el prepucio hacia atrás, era de un color rosado pálido y se veía hinchado. Poco a poco, mis labios se fueron abriendo y rodeando el glande al mismo tiempo que deslizaba su prepucio hacia atrás. Lo había descapullado completamente, mis labios lo besaban tímidamente pero no me atrevía a separar mis dientes, me hacía a la idea de que era un helado de fresa y lo chupaba con los labios sin usar la lengua. Mis manos sin darme cuenta comenzaron a masajear su prepucio dándole unos movimientos de arriba abajo, entonces separe mis dientes, mi lengua lamio todo su glande e intente metérmelo en mi boca.

Digo intente, porque aquel falo, estaba ya en todo su apogeo, pero no me entraba entero en la boca, solamente el glande y eso abriendo la boca de par en par aquellos 32cm de contorno no podía tragarlos, con la lengua acariciaba la punta de su glande notando por su expresión que le daba placer. Así lo mantuve casi durante 10 minutos, entonces dándome una palmada en el trasero me dijo.

– Micaela, ponte a cuatro patas, es el momento.

Yo me puse a temblar, me puse en la posición indicada, separando lo más posible mis glúteos, el embadurno abundantemente mi esfínter y me dijo.

– Ahora chamaca, relájate, ya verás que gustito te voy a dar.

Coloco su tranca pegada a mi esfínter y lentamente empezó a empujar, estaba nerviosa, mi esfínter no respondía a los empujones, me metió un dedo en el culo, y como si fuese la contraseña, mi esfínter se relajo permitiendo que comenzase la penetración, poco a poco empujaba, yo notaba como aquel tronco se introducía en mis entrañas, me dolía, mis manos se agarraban a la ropa de la cama aguantando el dolor, no me atrevía a gritar de dolor, de mis ojos salían lagrimas de rabia y dolor, pensando que todo aquello era por culpa mía, por haber querido ganar más dinero sin saber que iba a tener que poner el culo en pompa para penetrarme, de que me pondrían unas tetas como melones que me habían convertido en un eunuco, en una maquina sexual para darle placer a un desalmado. En eso el paro de empujar, note que sus huevos estaban chocando con mi perineo, la tenía toda dentro. Durante unos momentos se relajo, el dolor cedió, y me dijo.

– Ves Micaela, ya está dentro, tal vez sentiste dolor, pero eso es la primera vez ahora viene lo bueno.

– Pedro, me duele mucho, por favor no me hagas más daño.

– Pero cariño si acabamos de empezar a partir de ahora sentirás únicamente placer.

En eso, agarrándome por las caderas, comenzó con un mete y saca, lentamente, yo notaba en mi interior como aquella tranca recorría todo mi intestino, cada vez apuraba mas los movimientos, las paredes de mi intestino se apretaban sobre su gigantesco pene mientras el golpeaba mi punto P produciéndome una erección. Mis gritos de dolor, fueron cambiando a gritos de placer, le pedía que no cesase de empujar que me llenase todo mi culo, estaba disfrutando con aquella penetración descomunal el tener dentro de mí un pene de 32 cm de largo y 23 de grosor me daban una satisfacción y placer que ningún otro polvo que hubiese echado como Miguel me lo había dado, en eso dio un grito y note como su pene se descargaba en mi interior, al mismo tiempo que mi pequeño pene, en comparación con el de el expulsaba mi semen infértil sobre la cama.

Sentía como su erección cesaba y lentamente se retiraba de mi culo, cuando lo saco, note como el semen derramado dentro de mí resbalaba por mis piernas. Me dio la vuelta se acerco a mi boca, sus manos agarraron mis tetas y dándome un beso con lengua me dijo.

– Ves Micaela, que fácil ha sido, ya eres mi novia ahora descansa.

El se tumbo en la cama, apoye mi cabeza sobre su pecho, al mismo tiempo que una de mis manos buscaba aquel monumento que me había dado placer, una de sus manos se apoyaba en una de mis pechos y pellizcaba mi pezón. Así nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, nos despertamos en la misma posición, el se levanto primero y antes de nada me beso y luego cogiendo mi pequeño pene se lo metió en la boca, haciéndome una mamada, a comparación con el del, el mío era un palillo de dientes. Me hizo una buena mamada y eyacule en su boca. Luego nos duchamos juntos yo le lave aquella maravilla de la naturaleza, desde luego, nunca había visto un pene de aquellas dimensiones, 34cm de largo en erección y 23cm de grosor. Ya estaba deseando que me volviese a tocar otra noche, pero tendría que esperar como mínimo 8 días, si él no salía de viaje.

CONTINUARA.

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