Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 2)

El primer capítulo acabó cuando me corrí dentro de la boca de Sara y al sacar mi pene observe como ella tragaba.

Cuando aún se deslizaba mi semen por su garganta yo le ordene a Sara que me explicara la decisión tan extraña que habían tomado tres mujeres adultas de hacerse sumisas del primer desconocido que tocara su puerta.

Sara, cuando hubo dejado libre su boca me contó que Idearon hacia diez años hacerse sumisas de un mismo hombre, estando en la universidad; era una idea fija que las dominaba; la de entregarse las tres a un mismo hombre, y además que fuera un desconocido, ¡al azar! Para mayor sumisión aun. Nunca tuvieron la voluntad suficiente para llevarlo a la práctica pero si el deseo grabado en sus sueños más profundos, hasta ahora solo habían tenido juegos de dominación con algún hombre, pero solo algún fin de semana y solo juegos sexuales, pero nunca una entrega total, como la que habían firmado conmigo; que era lo que más ansiaban desde hacía años y que ahora siendo más maduras lo tuvieron totalmente claro cuando después de varias charlas profundas entre ellas llegaron a la conclusión de que era lo que más deseaban en sus vidas con diferencia.

Este año salieron en viaje de vacaciones con un juramento hecho por las tres y redactado por escrito antes de salir, en este viaje cumplirían su sueño.

Decidieron que al llegar a la casa rural se ofrecerían al primer hombre que entrará en su habitación, a excepción del dueño de la casa rural, también decidieron ir semidesnudas por su habitación (Desnudas de cintura para abajo) Para más excitación aun, lo que llevó a juegos lésbicos, porque la desnudez y la gran excitación que les provocaba el pensar en su próxima sumisión voluntaria les hizo sacar a la luz deseos ocultos de lesbianismo que no creían tener, pero los tres días que llevaban en esa habitación semidesnudas se habían comido los coños entre ellas repetidas veces con gran placer, lamentaron el no haberlo hecho antes, pensaron que si no hubieran sido tan pudorosas entre ellas estos años con el tema lésbico habrían disfrutado de este goce mucho tiempo antes; también decidieron hacer ruido, para atraer candidatos a su puerta, cuando yo fui a protestar por el ruido me ofrecieron ser su dominador.

¡Me tocó el premio gordo, en mi primer día en la casa rural! ¡Tres bellas sumisas entregadas a mi voluntad!

Entonces entendí porque el contrato estaba tan bien redactado, ¡porque no era algo improvisado! ¡Llegaron a la casa rural con el contrato debajo del brazo! Dispuestas a darle el control de sus voluntades y sus cuerpos a un extraño, pero sin violencia; como ponía en el documento.

Para este segundo día yo había planeado ” Actividades al aire libre” podríamos llamarlas así y las había organizado la noche antes durante mi paseo por el pueblo, este día la dominación sería…. ¿Cómo lo diría? ¿Más sofisticada? ¡Si eso, eso!

Después de mi corrida en su boca y de sus explicaciones volví a mi habitación, me duche y afeité, me vestí con unos vaqueros y una camisa a cuadros. El día sería completito

Mande un wasap a Virginia (para entonces ya tenía sus números en contactos) ¡Que mejores contactos que tres sumisas por un año renovable!

Por watsap les ordene que se ducharan, porque estarían sudaditas después del comienzo sensual de la mañana y que después se pusieran faldas las tres y que fueran faldas lo más cortas posible, y sin bragas ni tanga.

– Virginia quiero que te afeites el coño, como lo tienen afeitado tus dos amigas, con solo una rayita de pelo en el pubis, porque hoy tengo un trabajito para ti; son las once de la mañana, a las once y media en punto os espero a las tres en la entrada de la casa rural -le escribí por wasap (Ya me iba haciendo al papel de dominador)

– Sí señor Antonio ¡ahora mismo me lo afeito! -me escribió por wasap Virginia, tan obediente.

Antes de las once y media ya estaban las tres en el portal de la casa rural, con sus falditas cortas, salió Paco el dueño de la casa rural y me dijo al oído.

¡Que pronto ha ligado usted! ¡Nada más llegar!

Sonreí y le dije adiós con la mano, salimos andando hacia el pueblo (Estaban preciosas las tres) desde la casa rural al pueblo habría unos dos kilómetros más o menos, el paseo al sol era muy agradable, en el norte no quema tanto el Sol como en Córdoba en verano.

Ya habíamos andado medio camino y el pueblo se veía a lo lejos.

– Virginia quiero que te quites la falda y te dejes solo esa camiseta de tirantes, que se te vea el chocho recién arreglado, que la falda te la guarde Ingrid en ese bonito bolso – le dije con autoridad.

– Señor puedo hablarle de su orden -dijo Virginia

– Habla, habla.

– Estamos llegando al pueblo creo que se van a escandalizar los vecinos.

– No te preocupes, está todo pensado ¡Venga dame la falda! -le ordene.

-¡Si señor!

La cogí de su mano y se la entregue a Ingrid, que la dobló y guardó en su bolso.

Al llegar al pueblo había un camión tráiler aparcado en la puerta del restaurante donde cené la noche anterior.

(El culo de Virginia relucía con el Sol del mediodía tan blanquito, “precioso”) Junto al camión había una pequeña arboleda frondosa, toque en la puerta del camión y al momento bajaron dos hombres.

– Aquí está la morenaza que os prometí anoche -les dije a los dos camioneros.

El más mayor de los dos me dijo, que si a mí me parecía bien podíamos ir detrás de esos árboles, yo le dije que de acuerdo.

– El otro camionero le dijo al primero ¡Pepe lleva el coño al aire la puta!

Fuimos todos detrás de los árboles, desde la carretera no se nos veía.

– Sara tu e Ingrid quedaros vestidas mirando y tú Virginia quítate la camisa de tirantes y las sandalias para quedarte totalmente desnuda y ponte de rodillas, que te he prestado a estos dos camioneros para que se la chupes a los dos hasta que se corran

– Sí señor – dijo Virginia con nerviosismo.

(El día antes por la noche estando yo comiéndome mi chuletón en el restaurante escuche lo que hablaban en la mesa de al lado estos hombres, aunque hablaban en voz baja afine el oído y lo pude oír.

………- Pepe para una vez que tengo que hacer el descanso de fin de semana del camión lejos de casa no hay en este pueblo ningún club de alterne, con la falta que me hace que me la chupe una buena morenaza

-¡anda que a mí! – dijo el otro.……..

– Señores yo tengo una puta preciosa, morena en una casa cerca de aquí, estaría dispuesto a presentársela ¿Quieren que la traiga mañana junto a su camión para que chupe sus pollas? – les dije en voz baja.

– ¿Cuánto nos costaría? -dijo el más mayor.

-Nada solo un regalo para ella, un detalle, yo lo que quiero es que practique que le falta soltura mamando pollas y que mejor que algo imprevisto para ella, porque no se lo diré hasta mañana, justo antes de que se las chupe, porque lleva poco de puta y necesita experiencias; pero eso sí sólo dos mamadas, nada de follar y para ver su progresión yo y dos señoritas estaremos mirando como público ¡De acuerdo! -les dije – De acuerdo amigo –dijo el más joven.)

Hoy llegamos junto al camión a la hora acordada, las una del mediodía.

Los camioneros se situaron junto Virginia que relucía desnuda, de rodillas en el suelo delante de ellos, su piel blanca resplandecía, los dos se pusieron algo nerviosos al verla tan bella rodilla en tierra, mirándolos desde el suelo.

Virginia desabrocho los pantalones de los dos camioneros y los bajó hasta los muslos, luego les bajó los calzoncillos (Tenían los penes encogidos) “El nerviosismo supongo”, Virginia empezó a acariciarles los testículos, a cada uno con una mano, con mucha suavidad, como sopesándolos arriba y abajo y apretando solo lo justo para notar sus testículos duros dentro de las bolsas de sus escrotos y con suavidad arañando sus huevos con un leve roce de sus uñas, al mismo tiempo besaba sus penes alternativamente y ellos se acercaron el uno al otro, para facilitar el bamboleo de la cabeza de Virginia de un pene al otro, desde su posición de rodillas, esos penes fueron creciendo rápidamente, ahora en lugar de besarlos se los introducía en la boca alternativamente también, a ellos les temblaban las piernas

(El pene del más mayor era grande pero no se ponía duro del todo, el del más que joven era de tamaño pequeño (Cosa que me alegro, ¡No fuera a tener Virginia pensamientos impuros! Que para eso ya estaba yo) pero se le puso tiesa como una vara; Virginia se metía el pene grande del más mayor a puñados en la boca ya que aun estaba morcillón y después lo dejaba caer en el aire cuando pasaba a chupar la “polla-vara” del joven, el cual se corrió pronto, justo cuando ella comenzaba a chupársela de nuevo en uno de los relevos y le puso la cara y las tetas perdidas de leche, que barbaridad de corrida, cuánto tiempo llevaría guardando la leche, porque se veían hasta cuajarones por los pechos blancos de Virginia, su leche también cayó al suelo, Virginia sin detenerse se dedicó con esmero a la gran polla flácida de cincuentón con las dos manos y la boca, como tocando la flauta. ¡Que sorpresa nos dio a todos el más mayor! Porque las caricias de las manos de Virginia junto a la calidez de su boca consiguieron poner aquel enorme pene duro como el mármol, por lo menos mediría unos veinticinco centímetros y más gorda que la mía que ya es decir (Cosa que no me agradó del todo) Ella no podía metérsela toda en la boca, estiró sus brazos y agarró los cachetes de Pepe el camionero, intentando hacer palanca y tragársela toda, pero ni por esas, solo consiguió meterse la mitad y aun así su boca se dibujaba como un círculo estirado, tenso y deforme, con el pene saliendo de ella como una caricatura de un cactus grande asomando por el filo de la maceta que se le quedó pequeña, esa polla estaba muy dura, por un momento temí por la mandíbula de Virginia, pero parecía ser tan elástica como la boca de una serpiente.

Los testículos también grandes de este hombre se contrajeron hacia arriba, señal inequívoca de que estaba a punto de correrse, en el momento de la eyaculación las venas de esa gran polla se marcaron con firmeza y el hombre gritó fuerte ¡Uuuuuaaa¡ Virginia echó la cabeza de golpe hacia atrás, lo cual nos indicaba a todos que le había soltado un buen caño de leche dentro de la boca, al tirar hacia atrás la leche le rebosó la boca, acto seguido Pepe acabó de correrse en el rostro de Virginia, tres grandes chorros que le dejaron toda la cara blanca y los ojos cerrados.

Le dije a Ingrid y a Sara que le lamieran la cara y se tragaran todo, mientras ellas lamian el semen del rostro de Virginia, el camionero más joven fue al camión y trajo una toalla y se la dio a Virginia, la cual se limpió la cara como pudo quitando los restos que las amigas no habían succionado con sus lenguas, pero dejando algún churrete, el más mayor trajo un paquete envuelto y se lo dio a Virginia dándome a mí las gracias por ese rato tras los árboles.

– Virginia vístete que vamos a comer al restaurante, ¿Lo has pasado bien? -le dije mientras veía como le colgaba un lamparón pegajoso de la barbilla.

-Mucho señor Antonio. –dijo Virginia con sus parpados aun casi pegados.

Al llegar al restaurante mande a Virginia a asearse con agua, que parecía que había metido la cabeza en un canasto de huevos rotos, después pedimos al camarero, ellas pidieron platos más abundantes, las pobres que casi no habían comido desde ayer, pero había que domarlas.

– ¿Cómo está la comida?, ¿está bien preparada?- les dije a las tres.

-Esta muy rica Señor, todo buenísimo.

Hablamos durante la comida, Me dijeron sus edades, Sara la rubia platino tenía veintinueve años (Uno más de lo que yo calcule ayer) Virginia, la morenaza tenía treinta y tres e Ingrid la pelirroja pecosa tenía veintisiete. Al acabar el postre les pregunte.

– ¿Estáis arrepentidas de haberos hecho mis sumisas? -dije con curiosidad.

-No, lo que estamos es súper activas, como más jóvenes y más vivas por la excitación de esperar la orden y cumplirla guste o no guste, lo hablamos esta mañana vistiéndonos, nuestros cuerpos están que arden y nuestras vaginas siempre empapadas ¡ Señor Antonio! -me dijo Ingrid en nombre de las tres.

En ese momento yo tenía mi pene clavado contra la cremallera de mi pantalón, por la excitación que el poder como dominador me proporcionaba, poder que esas tres mujeres me habían otorgado.

Al salir sin pagar Sara me preguntó.

– ¿No pagamos señor Antonio? -yo le conteste cogiendo a Ingrid del brazo.

– Claro que vamos a pagar Sara.

– ¿Ingrid te importaría ir a la cocina, donde te espera el cocinero jefe para sodomizarte en el almacén ese bonito culo pecoso de pelirroja que tienes, como pago de la comida? lo acordé ayer con él, le dije que hoy podría sodomizar una pelirroja amante mía.

-¡Por supuesto señor, mi ano es su ano señor Antonio!

El día antes, después de hablar con los dos camioneros y al rato de ellos irse se acerco a mi mesa el cocinero jefe que era conocido de los dos camioneros y me preguntó si no tendría una pelirroja en esa casa, que pagaría lo que le dijera por poder sodomizar a una pelirroja, que era su sueño hacía tiempo, le dije que la pelirroja que tenía era mi amante y le costaría caro; Lo que sea me dijo yo le ofrecí cobrarle doscientos euros en ese momento e invitarnos a comer al día siguiente a mí a mi amante y a mis dos putas, y que después de comer la sodomizara, pero cuando terminara con ella tenía que acompañarla a la casa rural porque yo no podía esperarla ¡A! Y solo puede sodomizarla usted, nada de penetrarla todos los cocineros. El estuvo de acuerdo en todo y prometió no incumplir nada de lo exigido por mí, me dijo que la sodomizaría en un almacén que hay junto a la cocina, donde solo estaría la pelirroja y él, al momento sacó trescientos euros e insistió en que al ser mi amante no podía despreciarle querer pagar más por permitirle penetrarla. (Al final haría yo dinero y todo)

-Ingrid cuando el cocinero jefe te sodomice el ano a quedado conmigo en acompañarte a la casa rural, también he acordado que solo él te sodomice ¡Si alguien más quiere horadar tu culo no se lo permitas! Solo el cocinero jefe que es aquel que asoma al fondo con cara de pillo, ve con él.

– Si señor Antonio –dijo Ingrid al tiempo que se levantaba y caminaba hacia la cocina.

Yo Salí del restaurante acompañado de Sara y Virginia, dejando allí a Ingrid, eran las seis de la tarde y hacía calor, yo tenía el pene duro y dolorido de la presión continua contra el pantalón desde por la mañana. Yendo andando le comente a mis sumisas que aparte de mamadas y comida de coño, solo había penetrado a Sara y a Ingrid, pero que ahora quería igualar la sumisión penetrando a Virginia. A medio camino le dije a Sara que vigilara la carretera desde un árbol, que Virginia y yo bajaríamos el terraplén hasta aquel prado, que desde donde ella estaba podía vernos abajo y avisarnos si se acercaba alguien.

-Virginia he decidido follarte en ese prado ¿Qué te parece?

-Lo que usted ordene señor

Bajamos por el terraplén, había cascajo en el fondo de alguna obra, que habían tirado allí y enseres viejos, la gente lo utilizaría como vertedero ilegal (Pensé) No le quite la minifalda solo se la levanté por detrás, enrollándola en su cintura de tal modo que solo se le veía la parte delantera de la minifalda como si fuera un delantal, yo estaba muy excitado por todo lo ocurrido durante el día y porque había ocurrido por mi voluntad, tanto que mi pene solo quería penetrar como el de un orangután, que no tenía ganas de preámbulos ni caricias; así que me quite el pantalón del todo y lo tire encima de un televisor viejo con el cristal roto, después me quite los slip “El pene se alzó en sus gruesos diecinueve centímetros como una caña de pescar que perdiera la captura “le dije a Virginia que se agarrara a una lavadora vieja y oxidada que estaba sobre unos periódicos amarillentos y que con las manos sobre la carcasa levantara el culo en pompa y agachara la cabeza (Que estampa aquel precioso culo blanco que de espaldas no dejaba ver ni un pelillo de ese coño arreglado por la mañana a mi orden, pero si se veía el bollo asomando por detrás, como un bollo suizo de repostería, todo lo cual, contrastado con el suelo sucio hacía del conjunto algo primitivo, que resaltaba la belleza de Virginia)

-¿Ves Virginia como al final tenía sentido que te afeitaras los bajos esta mañana?

-¡Si señor, estoy tan fresquita! –dijo Virginia con el culo en pompa.

Acto seguido la agarre por los cachetes y le introduje el pene entero y de golpe, noté que su vagina estaba tan lubricada como las manos de una masajista, las ganas tan grandes que yo tenía de follármela hicieron que le diera muchas arremetidas seguidas con gran fuerza e intensidad, tanto es así que la lavadora a la que se agarró daba saltitos, como recordando los viejos tiempos cuando aún lavaba, con el vaivén de la lavadora se rompieron cristales bajo los periódicos viejos todo el conjunto sonaba como una orquesta desafinada; mis arremetidas no cesaban, Virginia gritaba, yo también gritaba, al rato me corrí dentro de su vagina con un gran polvo que note ascender desde mis testículos hasta mi pene, donde notaba la intensidad del caudal de leche pasar por dentro del mismo, para ir a desembocar dentro del coño de Virginia.

A lo lejos pude ver, mientras me corría un campesino con la mano en la frente mirándonos intentando ver más en detalle, gire la cabeza hacia la carretera y vi a Sara frotándose por debajo de su minifalda sin bragas la vagina, con intensidad mientras nos miraba; al sacar mi pene aun erecto de los adentros de Virginia salió un hilo de leche de la vagina de Virginia, que inclinada como estaba fue a desembocar detrás de su pierna izquierda, formando una lágrima blanca grande detrás de su rodilla, de donde se deslizó hasta su sandalia izquierda, colándose entre el pie y la plantilla interior.

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