Trio de ases

Haber perdido la virginidad anal es para una chica algo tan importante como haber perdido la virginidad original en su coñito.

Para mí resultó ser una liberación de complejos tremenda. Ya me habían abierto el culo, ¡por fin!. Y, en contra de lo que yo pensaba, no había supuesto ningún drama. Antes bien, muy al contrario, me encontraba eufórica en cierta medida. Ya lo había hecho todo, o eso creía yo, y me podía lanzar a un encuentro sexual con otro chico sin las trabas y respetos, sin los temores y tabúes que me atenazaban antes de la clase de trigonometría con Santi.

Quedé con él algunas veces y realizamos el acto sexual, como os podréis imaginar, de todas las formas concebibles. Pero aquellos encuentros no dejaron huella en mí, o por lo menos no tanto como el primero.

Fue más adelante cuando volví a tener con el mismo protagonista, con mi querido Santiago, un encuentro que si marcó un punto de inflexión en mi vida y por eso este relato lo quiere reflejar con todo lujo de detalles.

Alguno de mis lectores me pregunta si lo que cuento en mis relatos sucedió en realidad o, si por el contrario, son invenciones mías. Aprovecho para deciros que sí, en un ochenta por ciento son mis vivencias personales, plasmadas en todorelatos por expreso deseo de mi novio Andrés. Aunque como escritora, he de confesaros que me gusta adornarlos con detalles de mi invención, para hacéroslos más jugosos e íntimos y para que su lectura sea más excitante y amena.

TRIO DE ASES

Recuerdo a Vanesa como una chica totalmente segura de sí misma. Sin complejos.

El que su vida sexual hubiese trascendido y sobre todo, el que alguno de los detalles, como la felación que le hizo a Santi en el cine, corriesen de boca en boca le traía sin cuidado. Es más, yo diría que alardeaba en cierta manera de ello. Creo que se sentía orgullosa.

No se comportaba como una chica en lo tocante a comentar sus “secretos” sexuales. Mas bien lo hacía como lo hacen los chicos. Contando a sus amigas las conquistas y los detalles de aquellas sesiones, gozando al relatar los más escatológicos pormenores.

A nosotras, y a mí en concreto, el estar junto a Vanesa me ubicaba en algún modo en un escalón de sumisión, por debajo de ella.

Bellísima hasta el límite, sus curvas insultantemente perfectas y sus pechos llenos y altivos le conferían un atractivo. Y no sólo entre los chicos. Sé que más de una niña de aquel colegio, incluida una servidora, dejaba volar la imaginación en algún sueño de encuentros carnales con Vane. Sobre todo cuando la oíamos pormenorizar aquellos tórridos encuentros con los compañeros.

En la casa de Sonia, la cama del dormitorio de sus padres estaba situada junto a un gran ventanal en el que los tonos amarillos del campo en verano, iluminados por el sol, entraban con fuerza. Teñía aquella luz nuestros cuerpos, Vanesa y yo nos encontrábamos en aquel inmeso dormitorio, vestidas tan solo con unas minúsculas braguitas y elegantes sujetadores. Habíamos estado probándonos algunos conjuntos del guardarropa de Sonia y ahora nos habíamos quedado en ropa interior.

Santi, permanecía en la vivienda, sin yo saberlo. Había llegado con Vanesa antes que yo, y se había ocultado. Ambos, Vane y él, habían trazado un meticuloso plan. Santiago le había dicho a Vanesa:

-Yo entraré en la habitación cuando estéis liadas. ¿Me entiendes?-

Vanesa había acatado las indicaciones del chico sin reparos.

-Lo vamos a pasar bien- le había dicho acariciando el paquete sobre los vaqueros. – Pondré a Tania tan caliente que deseará tenerte dentro como si estuviese poseída-

Santi se relamía con la imaginación de todo lo que iba a pasar. -Sé lo putitas que sois. No me lo vas a negar Sé que os gusta entrelazar vuestras lenguas, y eso es lo que quiero ver cuando entre. Apareceré por sorpresa, cuando menos lo esperes-

La culpa de aquellas palabras, a pesar de que el plan lo estuviese trazando Santi, la tenía en realidad Vanesa. Días atrás me había confesado que soñaba con hacer un “menage a trois” con Santi y conmigo. Por lo visto en sus sueños tórridos nos había imaginado a los tres enroscados como serpientes, dando rienda suelta a todo tipo de felaciones y penetraciones. La muy zorra me confesó que se había masturbado tan duramente con aquellas ensoñaciones, que supe inmediatamente que no se lo estaba inventado.

Cuando me lo contaba, en su mirada ví dibujado el deseo hacia mí. Supe que me quería desnuda en sus manos, fiel a sus caprichos.

-Tanía vamos a proponérselo a Santi a ver qué pasa. Me muero de ganas por ver su cara cuando le pidamos una party de los tres- me dijo examinando mi reacción. Yo creo que mi desconcierto le dió a entender que no estaba del todo en desacuerdo con la descabellada idea.

-Proponerle a Santi, ¿el qué?- le pregunté haciéndome la tonta.

-Merendar los tres juntos en casa de Sonia. Ella y sus papis no estarán el fin de semana, salen de viaje y la he convencido para que me las deje- dijo sacando del bolsillo de la faldita de tablas un manojo de llaves. -Ya sabes lo alucinante que es el chalet de sus padres-

-¿Son las llaves de la casa de Sonia?-

-¿Tú qué crees?- me respondió sonriendo.

-Vane- le dije- una cosa es que te acuestes con un chico, que le hagas una felación o lo que sea. Eso lo entiende todo el mundo. Y más si es con Santi. Todas las chicas de clase que saben lo que ha habido, envidian que tú y yo hayamos tenido a Santiago para nosotras a solas. Sé que más de una alucina con la idea de tener su pene en la boca, como nosotras. Y la que no lo confiesa es por envidia.-

Callé un momento – Pero otra cosa muy distinta es que nos acostemos las dos con él. Ese no es el tipo de cosas que se supone que tienen que hacer las chicas de nuestra edad.

Y, además, si se enterase mi madre me mata. Tú sabes que una noticia así viaja de boca en boca a la velocidad del rayo-

Vanesa se sonrió antes de hablar. Me miró a los ojos.

Estaba realmente bella enfundada en el uniforme del colegio. Al mirarla se comprendía que todos los chicos deseasen meterle mano bajo la faldita del uniforme.

-No mientas Tania- me dijo- No te inventes escusas mojigatas. Lo que pasa es que sabes que si tú y yo estamos con Santi a la vez, tendríamos que tener sexo entre nosotras. Y eso te da miedo. Tienes pánico a enfrentarte a unos senos de mujer y, no te digo a un coño-

La muy zorra había dado en el clavo.

Me sorprendió con su mano abarcando mi nuca y propinándome un beso largo y dulce. Allí en medio del patio, a la vista de todo el mundo. Metió su lengua en mi boca. Creo que nunca había tenido la lengua de una chica dentro de mí. Cerré mis labios aprisionándola hasta que me di cuenta de que dos chicos de clase nos miraban.

-¡Vane, nos van a echar del cole!- Exclamé totalmente excitada por la situación, pero liberándome de su beso.

La risa de Vanesa demostraba una vez más que le importaba un comino el resto del mundo. Así era ella.

En el dormitorio de los padres de Sonia, la primera en tumbar su cuerpo boca abajo en el tálamo amplio e iluminado por el gran ventanal, fui yo. Recogí una pierna ladinamente y mi trasero quedó revelado a las miradas de Vanesa.

En los días anteriores ella me había ido convenciendo de acudir al chalet. Pero lo que me hizo tomar la decisión fue una mentira de mi amiga.

-Santi no puede venir. Estaremos tú y yo a solas- Me había dicho, engañándome para conseguir su propósito.

Aquel beso en el patio me tenía obsesionada. Ningún chico me había hecho sentir así. Ella y yo a solas. Era una propuesta que no pude ni quise rechazar.

-Está bien, Vane- le concedí – Pero con una condición-

-Dime-

-Que nadie se entere de esto. Que nadie sepa que nos hemos ido a la cama juntas-

-¡Estás tonta! ¿Te crees que este tipo de cosa las ando poniendo en el tablón de anuncios?-

-Sí. Eres una boca floja y lo largas todo-

Vanesa rió. – Tienes razón – me concedió – Pero en esta ocasión te lo prometo. Te juro que no saldrá una sola palabra de mis labios. Será nuestro secretillo-

Habíamos estado probándonos todo el guardarropa de Sonia y ahora me encontraba tumbada en la cama de unos desconocidos, los padres de Sonia. Mi tanga azul dejaba al descubierto la hermosura de mis piernas y pies y Vane los admiraba de pie junto a la cama, hasta que vino a reclinarse junto a mí.

El conjunto de Vanesa era en tonos rosa y el mío en azules apaste lados. Nos tumbamos una junto a la otra, boca arriba. Ella a mi izquierda. Mirábamos al techo, como sin saber que paso dar a continuación.

-Eres una chica preciosa- me dijo – posando su mano en mi muslo, muy, muy cerquita de la ingle. La verdad es que no sé porqué lo hice, pero en cuanto sentí la mano en mi muslo, abrí las piernas hasta el límite. Deseaba que el tiempo se paralizara, sentir su piel en la mia, deseaba que aquello fuera a más, que aquella caricia se convirtiese en contacto directo.

Yo callaba dócil, expectante.

-¿Te ha comido el coñito alguna chica?- me preguntó acariciando con la uña de su dedo índice sobre mi tanga, justo entre los bultitos que dibujaban los labios del sexo. Casi me desmayo con aquella caricia tan íntima. Mmm. Abrí un poco más las piernas. No le respondí. Posé mi mano sobre la suya presionando aquel dedo ladino y travieso hasta que le paño entró en la rajita, ya mojada.

Vanesa me sonreía. Estaba preciosa con aquel conjuntito de tanga y sujetador.

Yo deseaba como nunca había deseado. Besarla, que me besara, acariciarla, que sus manos siguieran jugando en mi sexo, que me desnudara y abrirme para ella, para su boca que seguro debía ser delicada y tierna.

En ese momento yo no sabía que Santi ya nos observaba desde la escalera que subía desde el dormitorio a la terracita del chalet. El muy cabrón debía de estar relamiéndose viéndonos a Vane y a mi tumbadas boca arriba, viendo las manos una sobre la otra y ambas sobre mis braguitas azules.

Seguro que le vinieron a la mente las escenas en las que mi amiga le lamía el pene en la oscuridad del cine y la otra en la que me desvirgaba el ano lujurioso y tierno.

Nos incorporamos y Vane volvió a besarme la boca, como en el patio del colegio. La abría y cerraba aprisionado mil labios. Luego jugaba con su lengua en ellos y me penetraba hasta encontrar la mía. Me abrazaba tiernamente, como lo hubiese hecho un chico, pero mucho más sensual, haciéndame sentir la presión dulce de su abrazo mientras me besaba. Nuestros senos amasados unos contra los de la otra.

Desde la escalera llegó un ruido.

-Hay alguien ahí Vanesa- Le dije sobresaltada. Pero al ver su risa supe lo que sucedía.

-Es Santi, ¿verdad?- Algo me decía desde mi llegada al chalet que había gato encerrado.

-Sí, soy yo- La voz de Santi vino desde la escalera y se presentó ante nosotras como un dios moderno. Tan solo vestido con sus vaqueros. Exibiendo un torso depilado y musculoso en los que las líneas de los abdominales conducían la mirada hacia el prometedor bulto que encerraban aquellos pantalones.

-Poneros los conjuntos azules de Sonia, os he visto antes con ellos y me han gustado-

No sé porqué obedecimos tan ciegamente. era como si nuestro jefe supremo se hubiese encarnado en él. Como si nos hubiese hipnotizado con aquella prometedora visión.

-Veniros al salón hay una especie de colchón para apoyar los pies y quiero verte tocándote en él, Tania-

¿Quería verme tocarme? ¿Había dicho realmente aquello? En un instante estaba reclinada sobre aquel inmenso espacio de pelo sedoso y acogedor de color blanco.

-Tócate Tania. Vane y yo queremos verte-

-¿Que me toque?- pregunté dudosa. Nunca me había masturbado delante de nadie.

-Eso ha dicho- dijo Vanesa que se acurrucó sobre las piernas de Santiago, sentado en el sillón de al lado para contemplarme. -¿No le has oído? ¡Obedece zorra!-

Aquellas ordenes de Vanesa, bruscas, casi violentas, dieron un giro a mi estado psíquico que me encantó. Siempre he soñado con ejercer el papel de sumisa. Obedecer órdenes y dejarme hacer, sin poder rechistar, es una fantasía morbosa y recurrente en mis sueños.

-Mira la zorra- dijo Santiago al darse cuenta de que admitía aquel papel.

-Mastúrbate, puta- dijo Vane – Vamos zorra. Hazlo- insistió Santi.

El conjunto azul que me había puesto tenía una blusita totalmente transparente y unas braguitas brasileñas. Me tumbé e intenté pensar que estaba sola, aunque la verdad es que no lo conseguí. Bajé una mano hasta mi sexo y entretuve la otra en mis pechos, acariciando los pezones duros como rocas bajo la gasa transparente. Sin mirarles, aunque supiese que ellos si me miraban.

Me acariciaba sobre el encaje celeste, sintiendo el fino punto, totalmente mojado, entrando entre los labios de mi sexo presionado por unos dedos que deseaban masturbar más que nunca. Ávidos y golosos, sabedores de que eran objeto de contemplación.

-Gime como una zorrita en celo. Queremos oírte Tania- Vanesa estaba realmente a gusto con su nuevo papel de ama.

Miré de reojo. Vane tocaba la polla dura, aun escondida bajo el vaquero de Santi. Él pellizcaba los pezones duros de ella. Acurrucada como una gata con sus piernas encogidas y los brazos rodeando el cuello y el torso musculoso del chico.

Gemí sin esfuerzo, mi excitación lo pedía hacía un buen rato. Mi pecho se inflaba y desinflaba velozmente por culpa de la extasis que me invadía.

Santi incorporó a Vane y con un empujoncito la lanzó hacia mí. – Vete a por esa putita-

Abrí las piernas según se acercaba y sus pasos la trajeron a la plaza que quería ocupar. ¡Estaba tan hermosa con aquuellas medias finas y el picardias azul, un poco más oscuro que el mio!

De rodillas entre mis piernas sentí rozarme el body al inclinar su cuerpo sobre el mío. Sabía que iba a besarme y abarqué con mis manos su torso hasta sentir como arribaba la boca tierna y jugosa. Elevé mi cabeza para acelerar nuestra unión y Vanesa me besó más delicadamente que en ninguno de los anteriores.

No era momento de palabras aunque Santi dijo desde el sofá “!Qué zorras sois y como me gusta que seáis así de putas¡

El cuerpo de Vanesa me impedía verlo pero sentí llegar las manos de Santi a las caderas de ella, rozando mis manos que ya la aferraban allí. Santi depositó un beso en la espalda de Vanesa, justo donde comenzaba a redondearse iniciando el precioso trasero. Después se puso de rodillas junto a nosotras, a mi derecha y comenzó a besarse con ella.

-Me hacéis el tío más feliz del universo zorras-

Sus manos apresaban y amasaban las tetas de Vanesa que se había olvidado totalmente de que yo estaba allá abajo, tumbada entre sus rodillas abiertas, contemplando los sobeteos y besos que nuestro amante le obsequiaba.

Casí me da algo cuando Santi dejó de besar a Vanesa y fijó sus ojos en mí. Era tal el estado de excitación que todo aquello me proporcionaba, que un verdadero rio de flujo salía de mi coñito. Él se inclinó sobre mí y me besó también. La sensación de ser besada en esa postura, con mis manos acariciando los muslos abiertos de Vanesa, y la convicción de que aquello iba a seguir, cada vez más y más caliente, me ahogaban en una borrachera de frenesí sexual que jamás hubiese soñado tener.

La inmensa cantidad de luz que se colaba entre las cortinas, iluminaba la escena de tal forma que cada detalle quedaba resaltado, como dibujado en un aire mágico y sensual, en una atmósfera íntimamente compartida sin tiempo, sin prisas, nueva y lujuriosa.

Durante un instante, además de los besos de Santi, mis senos fueron explorados por las manos de los dos. Los dedos de él sobre la gasa semi transparente, los de ella bajando la prenda y hurgando en la piel directamente para pellizcar el pezón ya duro. Mis ojos cerrados, mis neuronas locas, sin saber si acudir al beso que me daban los labios de mi niño o a las atenciones con las que ambos agasajaban mis tetas.

Santi tomó una de las cintas del picardías de Vane y desató el nudo, ante nuestros ojos aparecieron los senos desnudos, turgentes, blancos, divinos. En un segundo el picardías había perdido su lugar y yacía abandonado en el suelo. Santi besaba los labios de Vane mientras amasaba los jóvenes pechos recién descubiertos y yo lo miraba todo desde abajo, absorta con el espectáculo. El seno que amamantaba nuestro amante mientras Vanesa cerraba los ojos concentrándose en el placer que le proporcionaba aquel lametón.

Santi, sin dejar de besarla, sin abandonar los pechos de Vanesa soltó el botón del vaquero. Mi expectación se sublimó al infinito, esperando descubrir de nuevo aquel pene, el primer pene que había visitado mi cuevecita trasera. Pero él no quiso enseñarlo, jugando con su mano dentro del paño vaquero, acariciándose, sabedor de que mis ojos no esperaban otra cosa que descubrirle.

Los pezones tiesos de mi amiga me decían de su febril y loca excitación. Ambas miramos como Santi se ponía de pie en el suelo y como, por fin nos dejaba sus secretos al descubierto. Secretos grandiosos, pene tremendo y atractivo, aún por crecer y ya tan bello.

-Dejar que me tumbe- dijo- ahora os toca a vosotras trabajar un poquito-

Terminó de desnudarse mientras nos levantábamos y se tumbó, excelso, magnifico, ya casi totalmente empalmado.

Vanesa se arrodillo sobre el tálamo a su derecha y yo hice lo propio a su izquierda.

-No sabes- dijo Vanesa dirigiéndose a Santi- las veces que he soñado con este momento-

-¿Y es como en tus sueños?- preguntó Santiago.

-Mejor aún- dijo mirándome a los ojos.

Un rio de luz lo iluminaba todo y una extraña paz se instalo en una atmósfera tan cargada de sexo contenido que las ganas no nos cabían en el cuerpo.

Santi se miro el pene para luego dedicarnos una sonrisa. La invitación estaba hecha.

Fui la primera en agarrarme a aquel leño erecto, aprisioné con mi mano degustando el aroma que me llegaba.

-Cómela me dijo Vanesa agarrando mi melena negra y presionando hacia abajo, en dirección al pene de Santi.

-¡Venga zorra!¿A qué esperas?- La invitación se había convertido en orden y yo, sumisa, me incliné sobre la verga y comencé a chupar y lamer aquel pene que me pareció que aún conservaba ciertos aromas de mi ano.

Mientras le lamía, pude darme cuenta de que la mano de Santi había viajado al tanga de mi amiga y acariciaba los labios de su coñito sobre el minúsculo tanguita celeste. Ella había puesto su mano sobre mi cabeza y me obligaba a bajar más y más al tragarme el nabo, de forma que casi me daba en la garganta.

-Ahora tu Vane- dijo Santi- Vanesa con un ligero tironcito de mi pelo me quito el caramelo y ocupó mi sitio. Santi comenzaba a gemir y resoplar al verse escoltados por menudas dos putas haciendo lo que ordenaba.

-Sois mis zorras, ¿verdad?-

-Somos tuyas Santi y estamos aquí para que hagas con nosotras lo que te plazca- Me sorprendí a mi misma haciendo aquel comentario.

Vanesa jugaba dando vueltas con la lengua en el prepucio rojo e hinchado que parecía querer estallar.

Yo no sabía muy bien qué cosa hacer y me dediqué a acariciar los testículos. Me gusta sentir como se mueven dentro de la bolsa de pellejo. Estaba absorta en la felación que Vanesa hacía con toda maestría y en la mano que Santi había colado bajo el tanga de mi amiga y que tanteaba ya la rajita mojada y abierta. Hambrienta de carne y lujuria.

-¡Puta!- me dijo Vane. Era curioso como había entrado en aquel juego de sumisión. Me sentí casi honrada por el insulto.

-¿Qué quieres Vanesa?- respondí como una gatita, mostrando mi sumisión en el tono de voz

-Chupa tú. Yo voy a ponerle el coñito en la boca a nuestro invitado.

Mientras volvía a engullir la polla que parecía fuese a estallar vi ponerse de pie a mi amiga y desprendiéndose del tanga se puso a horcajadas haciendo coincidir su coño empapado con las fauces de nuestro lobito particular.

El primer gemido de placer de Vane retumbó en las paredes blancas y los cristales de la estancia y yo noté el envite de la polla en mi boca. Santi la estaba gozando como jamás en su vida.

Los gemidos tremendos de vane y la dureza del pene que lamía me estaba poniendo tan caliente que jamás hubiese podido pensar en alcanzar aque estado de frenesí.

Tania- me ordenó Vanesa- ocupa mi lugar- Fui desprendiéndome de mi blusita de gasa transparente y de las braguitas brasileñas a ocupar la posición que había disfrutado mi amiga. Mi coño deseaba como jamás en la vida tener ua lengua entretenida entre los labios. Observe el pen apuntando al cielo. Santi esta en el estado en que un chico debe estar para follarse a una chica, y Vanesa había decidido no esperar más.

Ambas a horcajadas sobre el chico. Una frente a la otra, Ella sobre su pene y yo sobre su boca. Antes de entrar en contacto con él nos miramos.

-¿Te está gustando eh zorrita?–

No contesté solo asentí con la cabeza.

Mientras ella colocaba la cabeza del pene entre los belfos mojados de su entrepierna, sentí llegar la lengua de mi amante al coño mojado que yo le ofrecía. Tenía a Vanesa delante con los ojos cerrados por el placer y me decidí a acariciar sus pechos. Al sentirme abrió los ojos y me dedicó la sonrisa mas bella. La polla ya le había entrado. No pude evitar agarrarme al sentirse penetrada y me besó. Creo que ese beso era para él, por el inmenso gusto que le daba sentirle entrar, pero yo estaba allí y me toco recibirlo. pero después fui yo la que la agarró a ella del cuello. Sentia urgar los dedos y la lengua de Santiago en mi chochito y eso me enervaba. Bese a Vanesa casi a mordiscos. Aquella era una situación nueva en mi vida. A ella se le escapaban gemidos, con la polla dentro y mis besos. Miraba de vez en cuando hacia abajo para ver mi coño y perdida bajo mi culo la cabeza de nuestro efebo.

-Ábrele bien el culo a Vane- me dijo Santi dejando un segundo de lamerme el chichi- quiero que le entre hasta el fondo-

Agarré los cachetes de aquel culito blanco y carnoso, duros y musculados que tenía mi amiga y estiré para abrirlos mientras él bombeaba con fuerza y velocidad.

No pude evitar clavar mi coño en su boca hasta casi asfixiarle. Vanesa y yo no dejábamos de besarnos, de compartir nuestras bocas y lenguas, de acariciarnos los pechos, pellizcando nuestros pezones.

Me resultaba raro pero infinitamente sensual besar a una chica mientras la follaban. Tan cerquita de ella.

-Le toca a la puta- dijo Santi-

A mi amiga le costó obedecer y dejarme el sitio pero los poderosos brazos de él la ayudaron a tomar la decisión. Contempló como me situaba en su sitio y como me penetraba la polla que hacía pocos segundos había poseído su almejita.

Mientras la verga me follaba Vanesa clavaba sus uñas en mi culito o lo azotaba.

-Dale Santi, es una zorra, mira como disfruta-

Me creía morir con aquellos comentarios. Gritaba y gemía sin recato envalentonando a mi amiga y a Santi.

-Mírala-dijo Vane de nuevo- es una puta y así, con una buena verga dentro es como se encuentra a gusto. Santiago, pellízcale las tetas mientras le azoto el culo-

No recuerdo el placer hasta donde llegó, pero me acuerdo que estaba próxima al desmayo.

Entonces Santi me tumbo boca arriba y abrió mis piernas, situándose de rodillas entre ellas y comenzando a follar tan rápido que mi orgasmo se acercaba a toda velocidad. Mi mano acariciaba el seno de Vanesa que se había sentado junto a mi cadera derecha para contemplar la escena de mi éxtasis.

-¡Me corro!- exclame en un grito

-¡Córrete puta!- me dijo Santi forzando sus pollazos hasta darle una fuerza e i intensidad tremendas. Las convulsiones de mi orgasmo fueron gigantes y quede tumbada, rendida.

Vanesa se tumbó junto a mi y la verga ocupó ahora su coñito. Yo la besaba mientras Santi continuaba su tarea.

-Te quiero Vanesa- le dije mientras se la follaba. Y mientras se la follaba nos dimos los besos más dulces de la jornada.

-Ponte a cuatro patas Vane- ordenó Santi – estoy a punto y quiero correrme viendo tu culito abierto-

Vanesa se sacó la descomunal herramienta y se dio la vuelta poniendo el culito como una perrita para que la montara su mastín.

La velocidad de los envites de Santi, hicieron llegar el orgasmo de Vanesa.

-Abre el culo Vane-dijo Santi-me corro-

Sacó el pene y contemplé como lo masturbaba, los últimos viajes antes de la lluvia caliente en el culo de mi amiga Vanesa.

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