Un amor inesperado X

Ansiaba tanto que Fabiola regresara, necesitaba sus besos, sus abrazos, sus caricias, su cuerpo. La necesitaba tanto. El tiempo siguió transcurriendo, y yo estaba más impaciente que nunca.

Miré el calendario y sólo faltaban tres días para la llegada de Fabiola. No lo podía creer estaba muy emocionada.

Me fui al trabajo. Hoy solo había papeleo y nada de sesiones fotográficas, esta era la parte que no me gustaba de mi trabajo. Pase todo el día encerrada en la oficina. Llenando formularios y otras cosas.

Al regresar a la casa. Me metí en la ducha. Quería tanto ducharme. Despejar mi mente. Duré un buen rato. Al terminar, bajé a la cocina.

O podía creer lo que estaba pasando…

Hola preciosa-dijo colocándose detrás de mí, mientras rodeaba mi cuerpo- ¿Me extrañaste?-continuó-Yo te extrañe y mucho-al decir esto aspiró muy cerca de mi cabello. Que rico hueles.

Sentirla así tan cerca después de tanto tiempo. Por un momento dude de lo que pasaba y creí que era un sueño pero no, era real. Era Fabiola, sosteniéndome con sus brazos, diciendo que me extrañó mucho.

Yo no dije nada, sólo me volteé y la besé. La besé como si no hubiese mañana. Fue un beso largo, y la verdad no quería dejar de besarla. Me detuve un momento, solo para abrazarla y luego volví a besarla.

Tomaré eso como un sí-dijo entre dientes y al mismo tiempo esbozaba una sonrisa-

Shhhhhh, no hables-posé un dedo sobre sus labios y la hice callar-continuamos besándonos. Nuestros cuerpos estaban muy calientes, los dejamos hablar por nosotras.

Me guindé de su cuello, ella tomó mis piernas y me subió al mesón.

Las ganas eran incontrolables. Lo hicimos ahí, en la cocina, en la sala, en la habitación y por último inundamos el baño con nuestros orgasmos. Diosssss, no podía describir lo que sentía en mi cuerpo, eran muchas sensaciones a la vez, a pesar de que hacíamos el amor no podía creer lo que estaba pasando, aun faltaban tres días para su llegada y a pesar de eso la tenía aquí, conmigo. Amándola. Devorándonos sin parar. Intercambiando fluidos, jugaba con su lengua. Hicimos el amor pero también tuvimos sexo. Sexo salvaje, muy salvaje y caliente. Quería saciarme de ella. Todos estos días de no tenerla, desembocaron en esa noche. Extrañaba cada parte de su piel, cada beso, cada caricia, cada palabra que salía de su boca.

Y lo entendí, entendí porque valió la pena haber pasado por lo que pasé con Alicia y con otras más. Ninguna era como Fabiola, me di cuenta de que ninguna llegó a llenarme tanto como ella lo hacía, descifraba cada parte de mi cuerpo de una manera extraordinaria, sabia como hacerme estremecer, como calmarme pero sobretodo me entendía, era mi pareja sí, pero también era mi amiga, mi cómplice, mi alma gemela, mi otra mitad… Y todas las demás cosas que le siguen.

Dicen por ahí que la felicidad está en uno mismo y no en manos de alguien más; y es verdad. Yo no coloqué mi felicidad en manos de Fabiola, pero ella la completaba. Y esa idea me gustaba, me gustaba mucho.

Estoy exhausta-dije mientras me acomodaba a su lado-

No lo puedo creer-dijo bromeando-si hace no menos de cinco minutos parecías una máquina de sexo. Ambas reímos.

Si pero las máquinas también se casan-dije-se calientan-continué-

Mmm, en ese caso ¿Debo enfriarte o calentarte más?-no pude evitar reír con su comentario.

No lo sé. Haz conmigo lo que tú quieras-dije-. Era una frase de la que estaba segura que iba más allá de lo sexual y ella lo sabía.

En ese caso, déjate llevar-dijo muy cerca de mi oído-y me abrazó. Era una abrazo cálido, de esos que te dicen te amo y te extrañé mucho.

Ambas nos quedamos dormidas.

Era viernes.

¿Qué te parece si organizamos una reunión con varios de nuestros amigos?

¿Reunión?-preguntó extrañada-

Si-dije-bueno sería como una “bienvenida”. Hace tres meses que nadie sabe nada de ti y supongo que podíamos ponernos al día. Solo serán las personas más allegadas.

Si tú lo dices, está bien. Le avisaré a Gabriela.

Vale. Yo les avisaré a los demás.

Yo me encargo de la comida y tú de la bebida ¿Te parece?

Sí, está bien. Lo que usted diga señorita.

Reí al escuchar sus palabras y me acerqué para besarla.

Me encantas-dijo-correspondió a mi beso y me abrazó.

Salimos a comprar las cosas para la reunión. De regreso empecé a llamar a nuestros amigos, les dije que nos reuniríamos a las 5:00 p.m. al llegar, nos fuimos directo a la cocina y empezamos a preparar todo.

¿Estás bien?-preguntó-

Mejor que nunca-dije-feliz porque ya estás aquí-continué-

No tienes idea de cuánto te extrañé-dijo-mientras se colocaba a mi lado, yo estaba picando algunas cosas.

Volteé y cuando nuestros ojos se cruzaron, vi en ellos un brillo especial. Eso me emocionó. Era yo la causa de ese brillo. Me acerqué para darle un beso y el timbre sonó.

Salvada por la campana-dijo bromeando-

Yo no quería ser salvada-dije y vi como se mordía el labio inferior.

Iré a ducharme y subió al cuarto. Yo me dirigí a la puerta para abrirla, era Verónica.

¡Hola amiga!

¿Y donde dejaste a Lucía?-pregunté-

Viene más tarde-contestó-mientras entraba con unas bolsas. ¿Y Fabiola?

Se está duchando.

Ok, perfecto… Ahora dime, ¿Cómo fue? ¿Salvaje? ¿Agresiva? ¿Tierna? ¿Toda la noche?

¿Qué dirías si te digo que todo eso y algo más?-dije algo sonrojada-

¡Wao! Quien te viera ahora-dijo bromeando-. Me parece excelente que lo hayan disfrutado.

Cuando iba a contarle lo que había pasado sonó el timbre y me levanté a abrir. Empezaron a llegar los invitados. Fabiola aún no bajaba, lo cual me pareció un poco extraño, se estaba tardando más de la cuenta. Le pedí a Verónica que estuviera pendiente de todo y subí a la habitación.

Al entrar la vi parada frente a la ventana viendo a través de ella.

Hola, guapa-dije mientras la abrazaba desde atrás-

Ella esbozó una pequeña sonrisa, acarició mis brazos y suspiró. Hola hermosa-dijo finalmente.

¿Todo bien?-pregunté y besé su espalda.

Ella volteó y no respondió. Se limitó a tomar mis manos y besarla. Me miró y dijo.

¿Sabes que te amo, verdad?

Y yo a ti mi vida-dije y acerqué mi nariz a la suya, para acariciarla. ¿Qué sucede? ¿Estás bien?-pregunté insistente-.

Es que… no terminó la frase.

¿Es que? ¿Qué?

Aún no lo puedo creer.

¿Qué no puedes creer?

Qué seas mía, que te tengo. Que soy tuya-decía mientras entrelazaba nuestros dedos-.Mmm, que rico hueles-continuó-.

Tonta-dije mientras reía-sus palabras las sentí tan sinceras. Fabiola había cambiado mucho, se había abierto más a mí y eso me hacía muy feliz. Te amo-continué-. Ven-tomé una de sus manos-bajemos de una vez.

Espera-dijo-me jaló hacía ella y me besó-. Fue un beso muy cálido y tierno.-Ahora sí podemos bajar-dijo mientras sonreía pícaramente-.

Temé su mano nuevamente y bajamos a la alberca. Todos estaban allí.

Hasta que al fin, tres meses después y nos honra con su presencia-dijo Tomás bromeando y comenzó a aplaudir-las demás personas lo siguieron-

Cómo siempre mi querido Tomás.- Fabiola se dirigió a él para abrazarlo y soltó mi mano-.

Tenemos muchas cosas de que hablar-exigió Tomás-.

Muchísima contestó Fabiola.

Ven aquí a saludar a tu fanaticada.- Ambos rieron-. Sonó el timbre nuevamente, me pareció extraño creí que todos habían llegado.

Esa debe ser Lucía ¿Puedes ir a abrirle, por favor?-me pidió Vero.- Iré al baño un momento.

Está bien, yo voy-respondí.-

No podía creer lo que estaba viendo-. Al abrir la puerta vi a Lucía con Alicia. ¿Cómo era posible que se conocieran y por qué Lucía la había traído?

Vete de aquí, Alicia.

¿Así recibes a todos tus invitados?

No estoy jugando, vete.

¿O sino que?-dijo retándome-. Lucía estaba hablando por teléfono y no se dio cuenta de la situación.

Hola, Daniela-saludo Lucía.- Espero que no te moleste, invite a una amiga. Ella es Alicia.- No me molestaba que trajera a una amiga, pero porque a esa “amiga” exactamente, de tantas personas en este mundo tenía que ser precisamente Alicia.

Hola mucho gusto, Alicia.- yo le devolví el saludo fingiendo que no la conocía. Al voltear vi a Verónica que se dirigía hacía nosotras y en ese instante Lucía se abalanzó sobre ella y la alejó.

Toma las traje para ti-dijo Alicia mientras acercaba una ramo de rosas blancas-. Se que son tus favoritas.

No las quiero-dije de manera cortante-.

Acéptalas, por favor. Las traje para disculparme por lo que pasó el otro día.

Está bien-. Estiré mis manos hacía las flores para tomarlas-.

¿Me regalarías un vaso de agua? Por favor.

Espérame aquí.-ordené-. Ella hizo caso omiso y me siguió a la cocina.

Me dirigí a buscarle el vaso con agua.

Deja eso-dijo, se acercó a mí de una manera sugerente-. Y apartó el vaso con agua.-.

¿Qué haces? ¿Qué pretendes?

¿Ya le dijiste a Fabiola?- sus palabras me cayeron como balde de agua fría. Evidentemente sabía que se refería al beso.

Escuché como alguien se aclaraba la garganta.

¿Interrumpo?-dijo la voz-. Al voltearme vi a Fabiola parada en la puerta-. ¿Qué tienes que decirme Daniela?

Fabiola, yo… este… ella es Alicia.

Hola. ¿Qué tal? Mucho gusto, yo ya me iba. Solo vine a entregarle estás rosas a Daniela. Un placer-. Dijo Alicia mientras se alejaba. Me guiñó un ojo de forma descarada. Sabía que nada bueno podría salir de lo que acababa de hacer-. Llámeme luego guapa-. No podía creer lo que acababa de decir. Me quedé en blanco por unos minutos. ¿Qué hago ahora? Lo inevitable había sucedido, sé que fue sólo un beso. Pero ¿por que me sentía culpable? No quería mentirle a Fabiola.

¿Era tu ex, no?-sus palabras me sacaron de mis pensamientos-.

¿Qué? ¿Cómo?-dije aturdida-.

Alicia. ¿Era tu ex?

Sí-respondí-. Su rostro se tensó un poco-.

¿Qué quería?

Vino a traerme estas flores.

¿Te acostaste con ella?-preguntó de una manera brusca, sin anestesia-.

¿Qué? No, por Dios. No. Yo…-. No sabía cómo decirle-. Bueno en realidad ella… me besó-. El brillo en sus ojos se apagó un poco-.Te lo aseguro. Yo no quiero saber nada de ella. Ahora estoy contigo y eso es lo único que me importa. Alicia está loca, ella cree que aún siento algo por ella…-. Me interrumpió, no me dejó terminar la frase.

¿Y es así?-. En sus ojos se dibujaron algunas lágrimas-. ¿Aún sientes algo por ella?- insistió-. Porque si es así, dímelo. Y yo me alejo.

No, no digas eso por favor-. Tomé su rostro entre mis manos y lo acerqué al mío. Ahora Fabiola lloraba, me partió el corazón verla así. Creo que mi confesión la lastimó más de lo que pensaba-. Ni siquiera lo pienses, no dudes nunca de mi amor por ti, por favor.

Necesito pensar-dijo-. Alejó mis manos de ella.

No te vayas, por favor-. Le rogué, me acerqué para besarla, pero ella me esquivó-.

Lo siento-dijo y sin más se alejó de mí. Salió del departamento rápidamente, vi como secaba sus lágrimas.

Ahora era yo quien lloraba. Fabiola se alejó sin más. Todo por culpa de Alicia. Yo amaba a Fabiola, estaba muy segura de eso. Pero ahora ella lo dudaba y no lo podía permitir. Sentí como algo dentro de mí se rompía.

¿Qué sucede?-. Preguntó alguien-. Era Gabriela.

Yo no pude negarle nada y le conté lo sucedido.

Ven aquí-dijo y me abrazó-. Yo la voy a encontrar, no te preocupes-. Secó mis lágrimas y se fue.

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