Un café con leche

Esto que voy a contar pasó hace apenas unos días. Me llamo Ana, tengo 44 años, estoy casada, no tengo hijos. Siempre he sido una mujer rellenita, algunas veces más, otras algo menos, con unas tetas demasiado grandes, siempre he deseado operármelas, pero todo el mundo me dice que nunca quedan bien, bajita, no recuerdo haber marcado nunca cintura. Soy o he sido bastante guapa de cara, y bien maquillada disimulo bastante bien todos mis defectos.

Tengo una amiga de toda la vida, la conocí apenas había cumplido los 18 y desde entonces no nos hemos separado. Ya estaba de novio con su marido y desde entonces, los dos han sido como dos hermanos para mí. Supongo que los niños y la vida hacen que a veces nos distanciemos algo, pero terminamos siempre juntas. Ella siempre ha sido mi envidia, es más alta que yo, delgada y tiene un tipo que ya hubiera yo querido para mí, su marido es un buen tipo, siempre atento a las dos, y muy cariñoso, nunca he tenido una sola queja por parte de él, y se que muchas veces me he pasado. Con lo único que podía presumir delante de ella es con mis tetas, siempre me ha dicho que hubiera querido tener algo más de tetas. Nuestra amistad es tanta que siempre nos hemos contado nuestros secretos, sabía del tamaño del aparato del marido, por los muchos comentarios que ella me hacía, a veces me daba envidia, a pesar de que mi vida sexual con mi marido es satisfactoria, para los dos, algunas veces deseaba saber que se siente cuando un aparato grande invade tu interior.

Hacía algún tiempo que no quedaba con ella, y aprovechando que mi marido se tenía que ir un par de semanas a trabajar fuera, la llamé para quedar. Creo que ella también necesitaba una escapada y en menos que canta un gallo, estábamos las dos de copas, charlando y contándonos todas nuestras penas. No era más de las una de la madrugada cuando decidimos irnos a dormir, lo que pasa es que cuando estas a gusto no te das cuenta de la hora y sobre todo de todo lo que has bebido, y cuando nos levantamos, nos dimos cuenta de las dos cosas. Ella no podía conducir y yo no sabía, así que sin pensarlo mucho llamamos a su marido para que nos recogiera con su coche. Mi amiga me convenció para que me quedara en su casa y así no tener que desplazarnos demasiado. La verdad es que la borrachera que llevábamos las dos era de campeonato y cuando nos sentamos en el coche, el alcohol hizo su efecto. Creo que me quedé dormida hasta llegar a su casa, me despertó Juan y me dijo que ya habíamos llegado. Me dijo que su mujer ya estaba en la cama y que él me ayudaría a meterme en la de su hijo pequeño. La borrachera era grande, no se cuantas tonterías le dije entrando en su casa, solo sabía que me tenía que sostener para que no me diera de bruces con el suelo, sentía sus manos en mis tetas, en mi culo, en mi barriga, me abrazaba a él, y le decía cuanto lo sentía, pero solo me contestaba que no pasaba nada, que al día siguiente tendría una buena resaca, pero que nada más. Siempre supuse que sus manos recorriendo mi cuerpo, no era más que el querer sujetarme para que no me cayera. Me llevo al dormitorio de su hijo, me senté en la cama, me dijo que volvía en un segundo que iba a ver como estaba su mujer.

Mi intención era meterme en la cama, pero no podía ni siquiera sacarme la blusa, iba a tenderme y meterme en la cama vestida, pero volvió a entrar, no me dijo nada, lo sentí desabrochando los botones de la blusa, era incapaz de decirle nada, solo lo miraba y le sonreía dándoles las gracias, y diciéndole la vergüenza que estaba pasando. Me sacó la blusa, intenté tapar con mis manos mi sujetador, la verdad es que me daba vergüenza, sobre todo porque me sentía gorda, no estaba en mi mejor momento y tenía algunos kilos de más, por no decir bastante. Cuando me pasa, bastante de ellos se asientan en mis tetas y crecen algunas tallas más, como es algo que puedo controlar, no cambio mis sujetadores, y me los pongo aunque me estallen las tetas, este era el caso, sentía que mis tetas se iban a salir por todos sitios, y eso me daba más vergüenza aún. Era eso más que me estuviera viendo en sujetador, me había visto muchas veces en bañador, y no había diferencia. Me preguntó si me podía poner de pie, lo hice, sin saber que pretendía. Sin darme la vuelta, intentó rodear mi contorno y desabrochar mi falda, no tuvo más remedio que pegar su cara a mi bajo vientre, cuando lo consiguió sentí como mi falda caía al suelo, tenía su cara pegada a mi barriga, el pliegue le impedía ver mi braga, eso me cortó, aunque sentir su aliento en el comienzo de mi braga también me excitó. Mi braga debía oler a pipi, me había orinado casi encima en una de las veces que había ido a un baño. Me sujetó por la barriga y subió sus manos hasta el comienzo de mis tetas, sentí su cara pegada a mis ubres y me moví, ya me estaba poniendo nerviosa. A pesar de la borrachera, la situación me estaba calentando. Me miro con cara dulce, no parecía querer nada de mí, me sentí como una tonta y lo abracé para darle las gracias como se portaba conmigo y todo el por culo que le daba. Sentí sus brazos y el bulto de su badajo pegado en mi vientre, me dio un beso y me dijo que no pasaba nada, que no le importaba si lo dejaba desnudarme más de vez en cuando, y me guiño un ojo, me senté en la cama y se agachó para quitarme los zapatos, lo dejé hacer abriendo más las piernas, le estaba mostrando toda mi raja, llevaba una braga negra calada, sabía que debía estar viendo que no tenía vellos y que mis labios debían estar casi con toda seguridad fuera de ella, pero me daba igual.

Me sentía bien mostrándome aunque supiera que no estaba bien que lo hiciera, me sentía deseada. Miraba mi entrepierna, me quitó los zapatos y me ayudó a tenderme, recorrió con su mano mis muslos y mi trasero, sentí su mano en mi culo, pero no dije nada, subió por mi costado y sentí su mano apretando suavemente mi gorda teta, me dio un beso en la mejilla agarrando mi teta y me dijo que descansara, intenté retenerlo con mi mano, no quería más, pero tampoco deseaba que se fuera. Me sentía deseada. Y hacía bastante que no me sentía así. Le susurré que no se fuera hasta que no me quedara dormida y se sentó en el filo de la cama, me dijo que iba a apagar la luz, para que me quedara dormida. Asentí con la cabeza y se levantó apagando la luz y acomodándose la polla en el pantalón. Supongo que estuvo sopesando si se iba o no, pero yo seguía despierta y con la mano le dije que volviera, se volvió a sentar y cogiéndole la mano la coloqué de nuevo sobre mi pecho, no deseaba nada, solo sentir su mano, apretó un momento, lo hacía por fuera de mi sujetador, lo hizo con algo más de intensidad, lo miré y le sonreí, parecía extasiado, como un niño pequeño con un juguete nuevo. Tiré un poco de la copa de mi sujetador, invitándolo a que metiera los dedos por dentro, no se hizo esperar, sentí su mano caliente intentando entrar por una cavidad estrecha y su otra mano aferrándose a mi muslo derecho, el que quedaba arriba, sus dedos pronto llegaron a mi pezón, en cuestión de segundos lo sentí ponerse duro entre sus dedos, solo recuerdo su mano agarrando mi culo y metiéndose por dentro de mi braga para agarrar mi nalga y como tiraba de mi pecho intentando sacarlo fuera del sujetador. Debí quedarme dormida, porque no recuerdo nada más, me parecía sentir sus manos, pero ya todo me parecía un sueño. Cuando desperté por la mañana, tenía las tetas casi fuera del sujetador, sin lugar a dudas me las había sacado fuera y me las había intentado volver a meter por dentro, estaba muy mojada, tenía el culo fuera, la braga bajada, dejaba todo mi culo al aire. Sentía la tela metida entre mis labios, y me di cuenta que tenía un sabor en la boca que al principio no supe distinguir, pero en cuanto pude ensalivar mi boca, me di cuenta que era el sabor del semen, tenía algo reseco en la cara, el muy cabrón se había corrido en mi boca, estaba segura de ello, la tenía toda llena, incluso cuello y tetas. Entre ellas tenía aun restos frescos de ella. No sentí enfado, había sido culpa mía. Yo lo había llevado a esa situación. Y no podía reprocharle nada. Solo esperaba no cruzarme con él, y no morirme de vergüenza.

Durante varios días no lo vi, me evitaba y yo lo evitaba a él, incluso había evitado quedar con mi amiga, para no forzar la situación. A los tres días, mi amiga vino a buscarme y nos tomamos unas copas. Me dijo que me quedara en su casa. Que así no estaba sola, por mucho que me negué, tampoco quería que pensara que no quería ir por algún motivo especial, y no tuve más remedio que aceptar, le dije que antes tendríamos que ir a mi casa a recoger alguna ropa, por lo menos un camisón, para no dormir medio empelotas, me dijo que sabía que mi marido la había metido en la cama y no dijo nada más.

Nada más entrar Juan vino a darme un abrazo, lo hizo fuerte, sentir su cuerpo pegado al mío, me hizo sentir un calor raro en mi bajo vientre, eso y recordar el sabor de su leche en mi boca. Actuaba como siempre, y yo intentaba no mirarlo. No quería que supiera que me había dado cuenta de lo que había hecho. Cenamos y subimos a ver una película, mi amiga no tardó en decir que se iba a la cama, es de mucho dormir, y nada más cenar, le entra sueño. Arriba nos quedamos el chico, el padre y yo, sentía como me miraba y mi excitación iba en aumento, sentía como se mojaba mi braga, e intentaba pegar las piernas, debía ser imaginación mía, pero sentía el aroma de mi sexo subir hasta mi nariz, y me daba miedo que se diera cuenta él también, o más bien me daba miedo lo que podía hacer si se daba cuenta. El chico parecía distraído, desde luego no parecía que se fuera a dormir y yo tampoco deseaba irme a la cama. Le dije a Juan que me pusiera un cubata, mientras yo iba a ponerme cómoda. Salió disparado, y yo bajé al cuarto del chico a ponerme el camisón, había escogido uno de algodón, no mostraba nada, pero era fácil de quitar, tenía botones en la parte delantera que me llegaban hasta la barriga y lo suficientemente corto para que se pudiera subir fácilmente.

No sabía que hacer. Deseaba que algo pasara, pero también sentía que no estaba bien y que todo aquello podía terminar muy mal, me acerqué al cuarto de mi amiga para verla, suponía que así se me quitarían las ganas que me estaban entrando, pero estaba totalmente dormida, volví a mi cuarto, cuando me di cuenta me había quitado el sujetador y me estaba tirando de la braga para meterla entre mis nalgas, me coloqué el camisón y dejé casi todos los botones desabrochados, menos el de arriba para que no se abriera y volví a subir, Juan no dijo nada, pero en su cara pude notar el puro deseo, eso que hacía mucho que había dejado de ver en mi marido y que toda mujer necesita.

Me senté entre el chico y él, y como la que no quiere la cosa, coloqué mi mano sobre su muslo, apretando lo suficiente para que se diera cuenta de mis intenciones, la pasé por su badajo, ya estaba dura como un palo, seguramente sabía lo que iba a pasar en cuanto el niño se quedara dormido, lo miré de reojo estaba absortó con la raja de mi camisón, podía ver la parte central de mi pecho derecho. Me bebí el cubata de una sola vez, el cabrón me lo había cargado bien, necesitaba estar más mareada, para no sentir más remordimientos de los que ya estaba sintiendo.

El alcohol no tardó en hacer su efecto, la cabeza me daba vueltas, necesitaba que se diera cuenta, la mesita estaba del otro lado del sofá, detrás de él, me coloqué de lado mirando hacia él e intenté dejar el vaso en la mesa, sabía que me tenía que refregar por él para dejarlo yo, se que hubiera sido más fácil dárselo y que lo pusiera él, pero eso no entraba en mi juego, sabía que tenía que ponerme casi encima para alcanzar la mesa, sabía que mis tetas iban a quedar delante de su cara, sabía que el camisón se me iba a subir dejando al aire mi braga. Solo esperaba que el chico no se diera cuenta que mi culo estaba al aire. Eso fue lo primero que hizo, mirar al chico, seguía mirando la tele y jugando con un juguete, seguidamente metió su mano por la raja que dejaba mi camisón, me quedé quieta un segundo, y apretó con fuerza unas de mis tetas. Lo miré con cara de borracha. Mi pezón ya estaba duro antes que lo tocara, pero sus dedos apretándolo lo puso aun más duro si cabe. Lo miré y le dije que era mejor que me fuera a la cama ya, que estaba muy mareada y que ya no sabía que hacía. No dijo nada, seguía con su mano en mi teta, la estrujaba como el que estruja un globo lleno de agua. Volví a colocarme en mi sitio y al levantarme me dejé caer de nuevo en el sillón, como la que hubiera perdido el equilibrio, mi mano se poso directamente en su dura polla, la apreté y se la sobé, era grande, muy grande, y gorda, mi coño se hizo agua, no imaginaba como mi amiga podía recibir eso dentro y no romperla en dos. Sabía que no la aguantaba en su culo, me lo había dicho muchas veces, que a él le encantaba pero que ella no soportaba ese instrumento horadándole la entrada trasera, a mi me encanta el sexo anal, no lo hago muchas veces porque a mi marido no le gusta, le da asco meter su polla en el agujero por donde sale la mierda. Pero yo para relajarme cuando me pajeo sola, tengo que tener algo metido en mi culo, para satisfacerme plenamente.

Lo dejé con cara de salido, no esperó mucho para decirle al chico que era hora de irse a la cama, tampoco protestó. Me metí en el cuarto de baño del dormitorio de ellos, oriné y me limpie bien con toallitas, sobre todo mi ojete, me ponía más caliente saber que a un par de metros dormía mi amiga, Juan apareció por la puerta, no me esperaba, me levanté del váter y dejé que viera como me subía la braga, me había desabrochado el botón de arriba del camisón y ahora se abría dejando ver casi en su totalidad mis grandes tetas. Me miraba con cara de verdadera lujuria, no podía imaginar que deseara tanto unas tetas, aunque fueran unas grandes como las mías. Ni siquiera esperó, metió su mano y apretó, esa mano caliente y sobre como lo hacía me ponía aun más cachonda y no era capaz de pensar con claridad. Su polla estaba dura, se la acaricie por fuera del pijama, así de pie se notaba inmensa. Me costó no agacharme y comérsela allí mismo, le dije susurrando que me iba a la cama. No dijo nada, seguramente aun luchaba con los sentimientos y con el peligroso juego que habíamos comenzado, aunque hubiera sido él mismo quien lo comenzara unos días antes.

No sabía como ponerme en la cama, no sabía si quitarme la braga y quedarme solo con el camisón, no sabía si esperar sentada o tenderme, no sabía si sacarme el camisón y esperarlo en braga, me sentía gorda, y el camisón disimulaba, no quería que se asustara al ver mi tripa, gorda y flácida. Decidí tenderme como la vez anterior y hacerme la dormida, así sería más fácil. Tardó unos minutos, entró y encajó la puerta, se acercó y se sentó al filo como la vez anterior, abrí los ojos y coloqué mi mano sobre su polla, recorrió con su mano mi muslo y se recreó apretando entre sus dedos mi flácida nalga, sentí sus dedos cerca de mi ojete y tirando de mi braga hacia arriba, hacía que se me metiera entre los labios de mi coño y me calentaba más aún. Se sacó la polla y levantándose de la cama la acercó a mi cara, no disimulé las ganas que tenía de lamer esa polla, e intenté metérmela en la boca, de lado no iba a entrar más que su capullo, si que era gorda, sabía a leche, sentía esa gotas de liquido preseminal en la punta de su glande. Las relamí estaba rico, o era las ganas de sentirla lo que me hacía pensar que algo que siempre me había dado asco, ahora me pareciera el manjar más rico sobre la tierra.

Me dijo al oído que era mejor que subiéramos de nuevo al salón, se apartó de mí y lo vi dirigirse a la puerta. Me sentía mal, sabía que no debía, pero las ganas podían más que yo. Me levanté de la cama y subí despacio la escalera hasta el piso de arriba, estaba sentado en el sofá, me dijo que cerrase la puerta, no podía verlo, estaba de espalda. Rodeé el sillón y lo que vi me asustó incluso, su polla debía medir por lo menos 22 cms, era gorda con el capullo fuera, se la sostenía con la mano, creo que en ese momento perdí toda resistencia, y como si fuera un autómata me acerqué a él me saqué la braga sin quitarme el camisón y me subí a horcajadas sobre sus piernas, lo siguiente que recuerdo es como ese badajo se abría paso entre mis labios y como me sentaba hasta sentir sus huevos en la entrada de mi coño, me había dejado sin respiración, la sentía toda dentro, me corrí con solo metérmela, nunca había sentido una polla en mi interior, sentía ese trozo de carne, ese cilindro que me llagaba a apretar el útero. Mi corrida fue bestial, nunca me había corrido así, era como si no pudiera dejar de sentir, como si todo mi conducto supiera lo que tenía dentro, y lo sentía palpitar inconscientemente. Cuando pude controlar lo que sentía, dejé que me sacara las tetas del camisón, estaba loco por hacerlo, me incliné hacía él y se abalanzó a por ella como animal que busca su presa. Tampoco me habían comido nunca las tetas de esa manera, no se saciaba, no dejaba de estrujármelas, lamerlas, morder mis pezones, las mordía enteras, sentía mis pezones erizados como nunca los había sentido, sentir su lengua me llevaba continuamente a correrme como una loca, y lo peor es que lo tenía que hacer en silencio. Cuando ya me acostumbré a lo que me hacía sentir, comencé a botar suavemente sobre él, esa polla me volvía loca, era gorda, sentía como tiraba de mis labios hacía fuera y hacia dentro cuando la sacaba y la metía. Dejó de morderme las tetas y echó la cabeza hacia atrás, era mi momento, quería que supiera que podía darle placer, tanto para que no pudiera olvidar esa noche. Además me sentía muy puta, y quería que él se diera cuenta de ello. De botar lentamente pasé a botar todo lo rápido que podía y todo lo fuerte que mi cuerpo me dejaba, esa polla me estaba destrozando, pero más me gustaba y a él también, no lo podía negar de ninguna de las maneras, incluso me parecía que había crecido más aún, lo tenía con la boca abierta mirándome hipnotizado, miraba mis tetas, buscaba mis ojos, y yo cada vez me sentía más puta y más me gustaba esa polla. Me hizo señas que se iba a correr, tomaba la píldora así que sabía que no había problema, le dije que necesitaba sentirla dentro y no se hizo esperar, cerró los ojos y comencé a sentir como un líquido hirviendo me quemaba las entrañas, sentí perfectamente todos y cada uno de los chorros que expulsó en mi interior, perdí la cuenta, nunca me había hecho sentir algo parecido. Si cada vez que follaba con su mujer le hacía sentir algo así, tenía que ser la mujer más feliz del mundo.

Me quedé quieta con su polla en mi interior, sentía como palpitaba, la seguía sintiendo gorda, me dijo que quería comerme el coño, que me sentara sobre su cara. Me costó conseguir desacoplarme de ese instrumento. Se tendió en el sofá y me dijo que me subiera encima de su cara, coloqué mis rodillas a los lados de su cara y me dejé caer despacio, tenía la visión de su polla con restos de su corrida, estaba totalmente brillante, tenía los vellos pegajosos, y eso era al caldo que yo le había soltado encima, sentí su boca lanzarse a comer mi coño, nunca había sentido alguien con tantas ganas, le daba igual que de mi coño sin duda estuviera saliendo su corrida, me tenía sujeta por los riñones para que no me levantara y sentía su lengua abriéndose camino entre mis labios, para hundirse como una serpiente en mi maltrecho agujero, era un alivio sentir esa lengua, aunque estaba caliente, era algo muy suave, lamía y succionaba mis labios, había encontrado mi escondido clítoris y jugaba con él, llevándome a sentir oleadas de escalofríos. No pude resistirme y baje para prodigarle a él las mismas sensaciones que yo estaba sintiendo, me metí su capullo en la boca, sabía a mí, sabía a leche, estaba pringosa, pero no me daba ascos, intenté meterme esa polla todo lo adentro que pude de mi boca, quería sentirla en mi garganta, tragué como pude, y empujé hacía dentro, hasta sentir su capullo rozando mi campanilla, era una pasada, casi no podía respirar, le debía gustar, porque sus lamidas eran menos intensas, la hacía palpitar dentro de mi boca y sentía como se estaba poniendo dura de nuevo. Menos de cinco minutos y casi no podía mantenerla dentro de mi boca sin que me hiciera daño, intentaba estirar la garganta para dejarle paso, y conseguía que llegara hasta mi campanilla. Había vuelto a comerme el coño con todas sus ganas, apretaba mis nalgas y me las abría buscando con su lengua llegar hasta mi agujero, para eso tenía que levantar mi cuerpo y dejar de mamar esa polla, así lo hice, deseaba sentir esa lengua en mi culo. Solté su polla y me abrí yo misma las nalgas, su lengua comenzó a jugar con mi agujero, no tardó en meter su lengua, la metía, la sacaba, metía un par de dedos y volvía a meter su lengua, su polla estaba tiesa de nuevo, era una pasada ver ese instrumento palpitar y ponerse duro como una piedra. Era el momento, me levanté y le dije que se volviera a sentar, le junté las piernas y me coloqué con ellas entre las mías dándole la espalda, cogí esa polla y la coloqué en la entrada de mi coño, en esa posición apretaba la pared posterior y sentía su capullo abrirse paso rozando casi mi espalda. No paré hasta sentir sus huevos en la entrada de mi coño, los sentía rozando mi clítoris, y eso me ponía más cachonda todavía. Comencé a botar literalmente sobre ella, me la clavaba hasta los huevos y dejaba que sintiera mis nalgas apretarse a su bajo vientre.

Sabía que esa polla me iba a destrozar el ojete, pero ya me daba igual, me la saqué y giré la cabeza, le pregunté entre jadeos si no deseaba metérmela en el culo, se le iluminó la cara, me di cuenta que no me lo hubiera pedido seguramente por miedo a que le dijera que estaba loco. Le dije que me abriera las nalgas y que me dejara hacer a mí, que no se fuera a mover que una polla como la suya iba a doler y más si era un bruto. Lo entendió porque no se movió ni un milímetro, agarré la polla y la dirigí a la entrada de mi culo, debía estar viéndolo, porque estaba embelesado, me tenía las nalgas abiertas con fuerza, coloqué bien su capullo y me dejé caer un poco, iba a doler, no entraba y ya sentía que dolía, no iba a decirle que no sin por lo menos intentarlo, volví a apretar un poco más y dejé caer mi cuerpo un poco más, sentí como mi ojete se abría, tuve que aguantar la respiración y volví a apretar un poco más, sentí como si algo se me rompía, su capullo se había abierto paso y lo tenía dentro, me quejé, y tiró de mi hacia arriba, su capullo se salió, fue un alivio, pero a la vez sentí como si me faltara una parte de mi cuerpo, lo miré y le dije que quería esa polla en mi culo y volví a sentarme con algo más de fuerza, entró su capullo y un trozo de polla, me la saqué y me la metí en el coño, boté como una loca, quería que se mojara todo lo posible, me levanté me di la vuelta y escupí sobre su capullo, me volví a girar y su capullo se coló con más facilidad, bajé mi cuerpo y sentí como media polla se hundía en mi culo. Ya no había vuelta atrás, además ya no tenía fuerza para volver a levantarme, me dejé caer y sentí como sus huevos chocaban con la entrada de mi coño, no pudo reprimir un gemido, estaba mareada, todo me daba vuelta, sentía mi culo arder, ahora sabía que se podía sentir cuando te empalan, sentía esa polla en mis intestinos. No podía ni respirar, no se como cogí fuerza para levantar mi cuerpo y volverlo a dejar caer, era una pasada, a la tercera el dolor se transformó en puro placer, nunca había sentido nada igual, a la cuarta me estaba corriendo, a la quinta ya no podía parar, comencé a subir y bajar cada vez más rápido, era una pasada, ya no me dolía y sentía esa polla como recorría todo el camino, ya había perdido la noción del tiempo, solo me sentía subir y bajar y cada vez más fuerte, hacía sonar mi nalgas con su cuerpo pero cansaba, me senté completamente y le dije que ya no tenía más fuerza. Me hizo levantar y me colocó a cuatro en el filo del sillón, me abrió las nalgas y sentí como de nuevo se abría paso, ya colaba su polla de una sola vez, debía tener el agujero del culo bien abierto, porque ya no sentía nada de dolor, se aferró a mis caderas y comenzó a bombear cada vez más rápido, no tardó en coger velocidad, hacía sonar mis nalgas con cada embestida y me costaba respirar, pero por nada quería que ese placer parara, estuvo dándome fuerte un buen rato hasta que hundió sus dedos en mis riñones y sentí como su leche me quemaba las entrañas, fue la corrida más bestial que había tenido en mi vida.

Estuvo dentro de mi culo hasta que su polla perdió su dureza y la sacó morcillona. Me senté en el sofá se subió de pie y me la metió a la fuerza en la boca, se la relamí hasta dejarla completamente reluciente. Volvió a ponerme en pompa y comenzó a lamerme el ojete, metiendo su lengua, era un alivio sentir ese frescor en mi culo, debía estar saliendo su lefa, pero le daba igual, mordía mis nalgas y lamía mi culo como si fuera un perrito. Había aprendido a empujar hacía fuera y ya no sentía que saliera nada más de mi interior. Nos sentamos los dos en el sillón y nos miramos, creo que ninguno de los dos había gozado tanto en su vida, le dije que me había gustado, pero que eso no se podía repetir, que no quería perder la amistad que tenía con su mujer, me dijo que lo entendía y que si yo era capaz de no volver a caer, él aguantaría, pero nada le había gustado más que romperme el culo. Y que le gustaba el sabor de mi culo, que le sabía a café con leche. Me dijo que bajara yo primero y que él bajaría en un momento. Bajé la escalera como en una nube. Me dolía el culo, pero el placer que me había dado bien valía la pena. No se ni como llegué a la cama, me quedé dormida entre suspiros y palpitaciones.

A la mañana siguiente me dolía el culo, pero era un dolor soportable, había valido la pena, Juan actuaba como si nada, y yo no quise ni acercarme a él por miedo a no poder aguantar y querer que me follara otra vez. No quise quedarme más tiempo, sabía que si me quedaba a la noche siguiente volvería a caer de nuevo y no podía ser. Me fui a mi casa, mi marido volvió y volví a la rutina de siempre. Había pasado más de un mes, había quedado varias veces con mi amiga, pero no había vuelto a ver a su marido. Todo volvía a ser normal.

Una mañana estaba sola en casa y sentí un cosquilleo, recordé lo ocurrido con Juan en su casa y sin darme siquiera cuenta, lo estaba llamando, solo tuve que preguntarle si le apetecía un café con leche. Media hora después llamaron a la puerta de mi casa, abrí y era él, me preguntó si estaba sola, le dije que sí, sin más cerró la puerta y se sacó la polla, la tenía dura, se me hizo la boca agua y sentía como me palpitaba el esfínter sin poder controlarlo, tiró de mí hasta el sillón de mi salón, tiró de mi pantalón, bajándome pantalón y braga a la vez, y sin miramientos sentí como buscaba la entrada de mi culo, pensé que me iba a romper, pero su polla se coló como si fuera mantequilla, solo un leve cosquilleo y después el martilleo de sus piernas golpeando con furia mis nalgas abiertas, lo mejor de todo es que ahora podía gemir a mis ansias sin miedo a que nadie nos escuchara nadie. Me corrí en cuestión de segundos, y me volví a correr, y otra vez así durante más de quince minutos, hasta que él soltó una corrida descomunal en mis entrañas. Fue bestial, volvimos a follar más pausadamente, volvió a comerse mis tetas cmo un loco, sacándomelas por fuera del sujeetador sin siquiera quitármelo, el encuentro no duró más de una hora, yo no se cuantas veces me corrí y él lo hizo cuatro veces, no dejó un sitio que regar, culo, coño, boca y tetas, desde ese día, por lo menos una vez cada dos meses viene a tomarse un café con leche a casa.

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