Un cumpleaños con mucho ritmo

Me llamo Eva, y os voy a contar lo bien que lo pasamos en la última fiesta a la que asistimos.

Se acercaba la hora y todavía no estaba lista. Mi jefa daba una fiesta por su cumpleaños y, aunque nos había dicho que sería una fiesta informal, quise arreglarme con esmero, como siempre. Había ido a la peluquería del hotel y subí a toda prisa corriendo para terminar de arreglarme, cogí un vestido que había dejado preparado sobre la cama y pasé al baño.

Julio, mi marido, esperaba sentado en una silla. Cuando salí le dejé con la boca abierta, iba muy elegante con un precioso vestido corto negro, unas medias y unos tacones negros muy altos, además el maquillaje resaltaba la sensualidad de mi boca y mi mirada. Completaba mi atuendo con un precioso conjunto de tanga y sujetador. Vi el deseo en su mirada, sabía que siempre que me veía así le asaltaba el mismo impulso: meterme la polla en la boca y disfrutar de una espléndida mamada hasta correrse en mi boca y verla llena de leche espesa y caliente cayéndome por las comisuras de los labios.

Se levantó y me abrazó por detrás, puso su cara junto a la mía, con cuidado para no estropearme el maquillaje y me dijo:

– Eva, cariño, estás espectacular, vas a ser la sensación de la fiesta, que pena que no pueda disfrutarte yo solo ahora mismo.

Le devolví una sonrisa y le contesté:

– Ya lo harás, la noche va a ser muy larga.

Me pidió que posara un poco y me hizo algunas fotos con el móvil. A él le encanta fotografiarme y a mí que lo haga, mientras veo el deseo y la lujuria en su cara. Nos llamaron por teléfono desde recepción anunciando que un coche estaba esperándonos, cogí el bolso y salimos de la habitación. De camino al ascensor se quedó un poco rezagado para admirarme un poco más y una vez dentro siguió obsequiándome con caricias y piropos. Me encanta verle así y me propuse mantenerlo tan excitado como pudiera hasta que regresáramos al hotel. Cuando atravesamos la recepción varios clientes y un recepcionista se giraron para mirarme disimuladamente. Ya en la calle vimos un coche y a Carlos, el chófer de mi jefa, en pie con una de las puertas traseras abiertas. Él también me lanzó un rápida y furtiva mirada. Nos acomodamos en el asiento trasero del coche, mi marido iba detrás del conductor y yo a su lado. El conductor era alto y moreno, de hecho cuando llevaba a la jefa a alguna salida con nosotras y ella lo mandaba irse siempre alguna de las chicas de la oficina le comentaba lo bueno que estaba y que si ella no lo quería como acompañante, que se lo prestara.

La verdad es que era muy agradable ir cómodamente sentada de camino a una fiesta en un coche elegante conducido por un chófer. Julio me soltó la mano que me tenía cogida y la puso sobre mi muslo, acariciándolo. Para su sorpresa no la aparté sino levanté un poco el vestido dejando ver la blonda mis medias, sabía que eso iba a gustarle. Me acarició suavemente y pude sentir su mano caliente sobre mí. Me miró y yo le devolví una sonrisa y le lancé un beso. Creo que Carlos lo vio todo a través del retrovisor.

El trayecto terminó al cabo de veinte minutos. Estábamos en un chalet a las afueras, el chófer se bajó y me abrió la puerta, aprovechando la altura para mirarme el escote.

Dentro nos recibieron los anfitriones, una pareja, Antonio e Isabel, cercana a los 50 pero estupendamente llevados. La cumpleañera también estaba muy elegante, llevaba un precioso vestido y sus eternos tacones de vértigo. Había mucha gente, vestidos con mucho estilo, había también al menos una docena de camareros y doncellas sirviendo bebidas y canapés. Julio me dijo que no habíamos traído regalo y yo le contesté que todas las chicas habían puesto para un regalo que luego le daríamos.

Llegó el turno de la tarta y el cumpleaños feliz y al poco rato la gente comenzó a marcharse, el chófer, que también ejercía de mayordomo, fue acompañando a algunos invitados y cuando los camareros se marcharon sólo quedamos los anfitriones y nosotros. Fue en ese momento cundo le dí un sobre con el regalo a Isabel, lo abrió y resultó ser un curso de bailes latinos para dos:

– Me encanta, qué ganas tenía de algo así dijo, dándonos un beso a mi marido y a mí.

– De parte de todas las chicas, dije yo. Lo bueno es que la primera clase puedes darla ahora mismo.

Llamaron a la puerta, su marido la abrió y entró una espectacular pareja de mulatos, chica y chico, que nos saludaron con efusivos besos y abrazos: Los cuatro nos quedamos impresionados, tenían unos cuerpos espectaculares. Brenda era alta, muy delgada pero con unas tetas respingonas cuyos pezones parecían que iban a atravesar la blusa blanca en cualquier momento: Llevaba también una minifalda cortísima y unas sandalias de tacón. Álex también era muy alto y fibrado, vestía completamente de blanco y bajo sus pantalones se adivinaba el bulto de su entrepierna que ya había atraído nuestras miradas. Isabel me dedicó varias miradas cómplices y de satisfacción.

De pie, con las tres parejas en el salón, comenzaron las explicaciones por parte de Álex, ellos estaban con Isabel y Antonio aunque de vez en cuando nos echaban un vistazo a nosotros, Brenda insistía en que Antonio la agarrara firmemente del culo y le sugería a mi marido hacer lo mismo conmigo.

Cambiamos de pareja varias veces, las chicas aprovechamos nuestro turno con Álex para restregarnos con su entrepierna y los chicos hacían lo mismo con el culo de Brenda. De pronto Isabel se sentó, dio un trago a su copa y con unas enérgicas palmadas ordenó a Álex que se sentara junto a ella. Cuando lo tuvo a su lado comenzó a tocarle la polla por encima del pantalón, él también comenzó a tocarla y antes de que nos diéramos cuenta ya se había quitado el vestido y el sujetador, se recostó en el sofá y con su copa en la mano abrió las piernas. Álex apartó delicadamente el tanga y comenzó a estimularle el clítoris con un dedo y poco a poco fue metiéndole uno, dos y hasta tres dedos en el coño, cuando los gemidos de Isabel se hicieron más intensos Álex cambió los dedos por su lengua para mayor placer de Isabel.

Mientras el profesor le comía el coño a su alumna, Julio y yo contemplábamos el espectáculo cada vez más excitados, fue entonces cuando le confesé que el profesor era un repartidor que frecuentemente iba a nuestra oficina y que Isabel tenía muchas ganas de follarse, y que había accedido, previo pago, a hacerse pasar por profesor de bailes latinos, además de llevarse a una chica para que Antonio se tragara el cuento del curso de baile.

Yo estaba sentada en un taburete alto, también bebiendo de mi copa y había separado mucho las piernas para que mi marido pudiera acariciarme el clítoris, estaba muy mojada. En el otro lado Antonio y Brenda también habían abandonado el baile, Brenda estaba con la blusa desabrochada Antonio le chupaba los pezones y ella magreaba su polla.

La cumpleañera se levantó y cogió de un jarrón próximo un condón y un bote de lubricante, Álex se desnudó por completo y su polla atrajo todas las miradas, era tremenda: al menos 20 cm y eso que no estaba dura del todo. Isabel lo empujó al sofá y empezó pajearlo suavemente, le dio el condón y le ordenó ponérselo, había crecido al menos un par de centímetros, le puso un poco de lubricante y se sentó lentamente sobre ella. Era un espectáculo increíble, Isabel intentaba metérsela toda dentro pero no podía, acabó tumbándose boca abajo sobre el sofá mientras Álex la follaba desde atrás. Los gemidos y gritos de Isabel se oían por todo el salón. Justo enfrente su marido disfrutaba de la mamada de Brenda que sin dificultad alguna engullía por completo la polla de Antonio. Nosotros también estábamos desnudos y después de un excitante intercambio de besos, lengüetazos y caricias estaba apoyada con el culo en pompa sobre el taburete, con el vestido por la cintura y sin tanga, mi marido arrodillado me comía el coño y el culo: Me encanta sentir su lengua recorriéndome de arriba abajo. Cuando estaba completamente mojada le me separé un poco los labios del coño con mis dedos y se lo ofrecí. Empezó a follarme por detrás, mientras yo no perdía de vista el polvo que Isabel y Álex estaban echando delante de nosotros y, viendo mi excitación, Julio me dijo al oído:

– Vaya con el mulato, ¡vaya polla!, ¿te gustaría que te follara a ti?

– Siiii, me encantaría, le contesté.

– Cuando termine con Isabel ve con él, añadió él.

Después del segundo o tercer orgasmo, Isabel se levantó y se fue hacia el baño, yo me separé de mi marido dejándole con la polla empapada y palpitante. Brenda había terminado de mamársela a Antonio y tenía los restos de su corrida repartidos entre su boca, cara y tetas. Sacó de su bolso un paquete de toallitas húmedas y se limpió. Yo le pedí varias para limpiar la polla del mulato y mientras lo hacía me recreaba sobándola por completo, recorriendo con los dedos aquella polla infinita. Me encendí un cigarro y recostándome en el sofá le pedí que me comiera el coño. Me encanta, me permite disfrutare de mis dos mayores vicios y además de la sensación de dominio sobre un hombre. De vez en cuando clavaba los tacones de mis zapatos sobre la espalda de Álex y cuando éste levantaba la mirada, yo le ordenaba que comiera con más intensidad. Después de un buen rato sintiendo aquella lengua en mi clítoris le ordené ponerse un condón, me tumbé boca arriba en el sofá y coloqué las piernas sobre los hombros de Álex, poco a poco fue metiéndome aquel pollón inmenso. Disfrutaba muchísimo y de vez en cuando lanzaba miradas cómplices a mi marido, que estaña disfrutando muchísimo.

En el otro sofá Brenda había comenzado con su segunda mamada a Antonio. Julio no perdía detalle. Escuché detrás el sonido de unos tacones, y vi que era Isabel que también venía fumando un cigarro, se acercó a Julio y empezó a acariciarle la polla, después le susurraba algo al oído.

Mientras terminaba su cigarro Julio se lanzó a comerle las tetas, Isabel se apartó un poco, cogió un condón y el lubricante y le dijo a mi marido:

– Ese cabrón me he dejado el coño destrozado, ahora quiero que me folles el culo.

Y así lo hizo, primero le metió un dedo y lo moví dentro, pareció gustarle, fue echando el lubricante y metiéndole poco a poco la polla hasta que consiguió que entrara casi toda, la sujetaba con fuerza de las caderas y la atraía hacia sí, todo esto sin perder detalle de cómo yo engullía aquel pollón negro cada vez más facilidad. Volvió a aparecer Brenda otra vez para limpiarse la segunda corrida de Antonio, Yo ya me había corrido varias veces, retiré el condón de la polla de Álex dispuesta a recibir su corrida. Me cayó un buen chorro de leche sobre el vientre y pecho, cosa que me encanta, y me quedé con una cara de indudable satisfacción.

Julio le anunció a Isabel su intención de correrse, a lo que ella le contestó:

– Ni se te ocurra, primero tengo que correrme yo.

Tuve que ayudarse de los dedos para acariciarle el clítoris y también para meterle alguno, así y con la ayuda de su polla en el culo se corrió. Le pidió que le dejara correrse en sus tetas y ella le contestó que le gustaba más recibir la leche en el culo, a lo que mi marido, seguramente, por ser su cumpleaños y ser mi jefa, accedió con mucho gusto dejándole un buen chorro sobre ambos cachetes y la espalda.

Con todos más tranquilos y cansados estuvimos charlando y tomando copas casi una hora, después de ese tiempo Isabel se levantó, cogió a Álex de la mano y nos anunció:

– Nos vamos a la habitación y no vamos a salir hasta que le haya exprimido del todo.

Antonio también dijo que se iba al jacuzzi con Brenda. Mi marido y yo nos quedamos un poco chafados porque a los dos nos apetecía follar con Antonio y con Brenda. Les dijimos que volvíamos al hotel a lo que Antonio respondió invitándonos a quedarnos a dormir. Le contestamos que preferíamos marcharnos de vuelta al hotel y Antonio llamó por teléfono al chófer para que nos llevara de vuela.

Salimos afuera y el chofer, que sin duda imaginaba lo que había pasado, volvió a darme un repaso visual al subir al coche. En el camino de vuelta no reprimimos nuestros deseos y comenzamos a besarnos y a meternos mano sin hacer caso a la presencia del chofer. Julio me comía las tetas mientras me metía un dedo, yo le saqué la polla del pantalón y le pajeaba. El chofer no perdía detalle y dijo:

– Después de una fiesta como la de hoy en casa de los señores los invitados salen tan cansados que suelen dormirse.

– A mí no me han follado el culo, dijo yo.

– Y a mí no me la han chupado, añadió Julio.

Mi marido le preguntó a Carlos si conocía algún lugar donde aparcar y acabar aquella fiesta con el propósito de que se uniera, sabía que a mí la situación me pondría muy cachonda.

Julio se acomodó en el asiento y empujó mi cabeza hacia su polla para que comenzara con la mamada, poco después llegamos a un aparcamiento desierto y Carlos se volvió para mirarnos. Le invité a pasar atrás con nosotros pero no había sitio para los tres. Mi marido se tumbó casi por completo en el asiento trasero, yo estaba de pie, fuera del coche, chupándosela, con el culo en pompa para ofrecérselo a nuestro invitado, quien muy hábilmente me subió el vestido, apartó el tanga y comenzó a lamer y llenarme de saliva el culo. Estaba encantada comiéndole la polla a mi marido, me la metía entera, le escupía en ella y todo sin dejar de mirarle a los ojos. Cuando Carlos me clavó su polla en el culo di un grito tremendo. A cada embestida aumentaba la intensidad de mi mamada así que Julio tardó poco en llenarme la boca con su leche espesa y caliente. Yo también tardé muy poco en correrme y al instante se corrió Carlos quien desparramó su leche por mi culo. Nos limpiamos como pudimos, regresamos al hotel, tan cansados que nos tumbamos sin pasar por el baño siquiera, con cara de felicidad y yo con los restos de dos corridas recientes y el recuerdo del pollón de Álex.

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