Un gringuito fogoso

Resumen: Acababa de enviudar cuando conocí a un gringo, muy joven, de la edad de mis hijos, quien quiso tener relaciones sexuales conmigo. Las circunstancias se dieron y vivi un fin de semana inolvidable con ese muchacho. Aquí se los cuento.

Hola,

Soy una mujer de 45 años, empleada en una fábrica de plásticos. Soy una mujer como muchas mexicanas, morena, cabello negro, no fea pero tampoco una belleza deslumbrante, normal, nada de qué llamar la atención. Mido 1.57 m y peso 55 kg. Entré a ese trabajo como secretaria pero sobretodo porque era bilingüe, inglés – español, y ahí en la fábrica siempre tienen asesores extranjeros. No tengo mucho en el empleo, de hecho lo tomé porque acabo de enviudar y me hacía daño estar en mi ciudad, así que aproveché para “cambiar de aires”.

A los 42 días de haber entrado a ese trabajo, yo ya andaba como plancha, tremendamente caliente, y sin tener con quien darle salida a mis ansias, pero el destino vino en mi ayuda y en ese entonces llegó a la compañía un gringuito, muy joven, de apenas 22 años de edad, asesor de la compañía: blanco (rosado), muy alto, no gordo pero si corpulento, como de unos 90 kilos. Él mide como 1.90 m y vive en Charlotte, North Carolina. Su nombre es Jerry, y como casi todos los gringos, también vive solo.

Estuvo aquí toda una semana. El primer día que llegó, un lunes, llegó ya casi en la tarde – noche, en un taxi, directo del aeropuerto. Yo, como es mi trabajo, me porté atenta y servicial con él, cuando lo conocí. Le ofrecí un café, le reservé un hotel y…, como mi jefe tenía urgencia de salir, me encargó que me ocupara de este muchacho, que lo instalara en el hotel, que lo acompañara a cenar y que pasara al otro día, temprano, por él.

Este hombre, Jerry, habla algo de español y yo algo de inglés, así que, entre los dos idiomas nos podíamos comunicar. Lo llevé al hotel y lo instalé. Cenamos ahí mismo, en su hotel y estuvimos platicando, de nosotros, de él y de mí.

Al segundo día, el martes, pasé temprano por él; estuvieron trabajando todo el día, y mi jefe se lo llevó de regreso al hotel.

De miércoles a viernes nos fuimos a la fábrica de Guadalajara; en principio regresábamos hasta ese viernes por la noche, así que me preparé para el viaje: le avisé a mi familia que iba a estar fuera unos días, para que no se fueran a asustar, pues aunque yo vivo sola, siempre estoy en contacto con mi familia.

En Guadalajara fue mucho trabajo pero el miércoles en la noche fuimos a los mariachis. Mi jefe estuvo bailando conmigo y Jerry también se animó. El jueves por la tarde, al salir del trabajo, mi jefe tuvo que volar de regreso a México. Jerry tenía que ver algunos procesos y nos quedamos esa noche en Guadalajara, los dos solos. Me invitó a cenar. Fuimos a un lugar muy bonito. Pedimos carne y nos llevaron vino; luego el postre y el café con un brandy. Yo ya iba mareada y creo que Jerry también. Al llegar al hotel, tomamos el elevador y ahí me quiso besar. Yo lo rechacé. El me preguntó porqué no quería. Le dije que era muy jovencito para mí, que yo era casada y que tenía hijos de su edad, que yo podría ser su madre.

Al parecer lo entendió; se estuvo calmado y nos fuimos hasta el elevador del hotel. Nos subimos. El elevador llegó al piso que íbamos y ahí me dijo que hacía mucho que no estaba con una mujer y me ofreció pagarme $ 500 usd por estar yo con él. ¡Para los gringos todo es dinero!. Le dije que no y entonces él se puso muy triste, pero me invitó a irme a tomar una copa a su cuarto:

= please, Marel, please.

Era un muchacho agradable, sincero, respetuoso y le dije que sí. Entramos. Me senté en un sofá. Sirvió dos brandis y se sentó al lado mío. Me hizo la proposición de que me fuera a vivir a los USA con él, pero le dije que no, que estaba loco, y le volví a repetir que yo era casada y que tenía hijos de su edad, que podría ser su madre.

Me quise despedir, pero él, me pidió que:

= show me your pussy… please, let me give you a kiss…,

que le enseñara mi sexo y que lo dejara darme un beso.

Se me acercó y me plantó un beso en la boca. Yo no lo rechacé, pero tampoco le respondí.

Cuando se separó de mi lado, Jerry me mostró unos billetes y los puso en mi bolsa:

= ¡show me your pussy…, please…, please…!.

Acepté, con algo de nervios.

Nos levantamos. Me pasó un brazo por mis espaldas y me condujo hasta la cama. Se me hizo un nudo en mi garganta, sobre todo cuando voltié a verlo a él y descubrí esa mirada lúbrica con la que recorría mi cuerpo. Empezó a respirar con mucha velocidad, como si se estuviera quedando sin aire…; su cara estaba muy roja, embrutecida por el alcohol y toda congestionada de sangre.

De inmediato me metió sus manos peludas bajo mi falda y comenzó a acariciarme mis nalgas, mi vientre. Luego me abrió ampliamente mis piernas y me empezó a acariciar mi chochito, sobre de mis pantaletas, unas blancas, que yo llevaba esa noche.

Con las piernas abiertas me dejaba tocar cómo a él le diera la gana; tan solo cerraba los ojos y trataba de pensar en otra cosa distinta; tenía pena y vergüenza…, pero…

+ ¡take off your panties…!. (quítate las pantaletas)

Me dijo, y procedí a obedecerlo y metí mis manos bajo mi falda; me la levanté un poco e hice deslizar mis pantaletas a lo largo de mis piernas. Levanté‚ un pie y después el otro para sacarla completamente. Ahora estaba sin pantaletas, bajo la mirada de ese gringuito vicioso:

– ¡now your skirt! (¡ahora la falda, vamos!, ¿qué esperas?.)

Pasé mis manos por detrás de mi cuerpo y me desabroché la falda, me bajé el cierre y dejé caer la falda a mis pies. La mirada del hombre, totalmente libidinosa, se clavó sobre mi sexo, sobre mi pubis, sobre mis pelos. Junté las piernas tratando de protegerme de sus miradas, pero permanecí de pie, desnuda de la parte de abajo, clavando la mirada hacia el piso.

Jerry se dedicó a escudriñarme con su mirada, disfrutando de mi piel delicada, de la cual él estaba a punto de hacer todo lo que él quisiera. Empezó a girar a mi alrededor, para contemplar mis caderas y mis asentaderas. Finalmente me miró mi sexo con mucho detalle, especialmente mis pelos. ¡Estaba feliz el cabrón!.

Me sentó en su cama y me empujó la espalda contra de la cabecera. Tenía las piernas cerradas y tragaba saliva con dificultad.

Jerry se hincó enfrente de mí y me levantó las piernas; se quedó admirándome ese ángulo y luego me pegó su boca y me recorrió mi sexo y mi culo con toda su lengua; poco a poco me fue separando las piernas. Me sobresalté por completo, solté un suspiro y cerré los ojos. Poco a poco comenzó a separarme los labios de mi vulva

– ¡I love you Marel…, I love you, Marel…!.

Enmedio de resoplidos, con la mirada de enloquecida, comenzó a recorrer todo mi sexo, a pellizcarme mis labios, interiores y exteriores, a pellizcarme mi clítoris y a introducirme su dedo enmedio de mis dos nalgas.

¡Estaba ya muy caliente!. ¡Tenía más de 6 semanas sin tener relaciones sexuales! y…, el hecho de estar siendo observada así, de esa manera, me produjo un efecto muy raro, un escalofrío se apoderó de mi cuerpo, apreté los dientes y cerré los ojos; Jerry me seguía detallando de por allí…

= I want to suck you Marel… (quiero mamarte, Marel)

Se inclinó entre mis rodillas, levantadas hasta muy por arriba. Me estremecí por completo en cuanto sentí su aliento acercarse a mi sexo y di un salto de disgusto y de rechazo, que pude controlar casi en el acto, cuando uno de sus dedos vino a tocarme mi sexo, comenzando a jugar con mis pelos y deteniéndose sobre mi rajadita. Abrí la boca y solté un gemido, que reprimí casi al instante: ¡me sentía muy incómoda y a disgusto de tener a ese hombre en mi sexo!. Estaba patas arriba, con las piernas muy separadas. Estaba temblando; el dedo se me introducía por mis pelos y jugaba con ellos, bajaba por una ingle y regresaba a la otra, jugaba con mis labios vaginales, hasta que finalmente se introdujo en mi vagina

– ¡I love you Marel…!.

De inmediato me puso un dedo por ahí y comenzó a recorrerlo; comenzó a meterme un dedo en el recto, en el ano: primero uno, luego dos… Se volvieron a salir y emigraron hacia el hoyo de arriba, y de ahí nuevamente hacia abajo. En cada recorrido, un nuevo remordimiento se apoderaba de mí. Eso que estaba haciendo era verdaderamente sin nombre, pero…, ¡este condenado gringuito me empezaba a poner muy caliente!.

El gringo se puso de rodillas; su rostro, muy colorado era de un tipo demasiado rasposo, y se me había colocado enmedio de mis piernas abiertas, directo a mi rajadita, muy fina y muy delicada. Empecé a sentirle su aliento hirviente, que me quemaba mi vulva. Unos espasmos recorrieron mi piel…

Me empezó a introducir sus dos manos; primero me introdujo su índice, en el centro de mi ano, entre esas dos masas de carne. Lo apoyó, lo empujó y empezó a penetrar…, hasta adentro. Con su otra mano comenzó a apachurrarme mi sexo, me giraba su palma abierta sobre toda mi vulva, separándome los labios de mi vagina y luego, me hundió uno de sus dedos por ese lugar; luego me lo sacó y me metió dos dedos al mismo tiempo, haciéndolos entrar y salir. Durante todo ese tiempo me estaba bombeando por mis dos orificios, con sus dos manos.

Tenía invadidos mis dos agujeros; empezaba a jalar aire abriendo la boca, sentía que me hacía mucha falta. Di una muy buena bocanada, eché mi cabeza hacia atrás, me mordí los labios y cerré fuertemente mis ojos, para concentrarme en lo que me estaba pasando. Separaba mucho mis piernas, dejándome acariciar, bastante gustosa, mi sexo y mi ano. El gringo me devoraba con la mirada, la boca y sus manos, excitándose más y más de tan solo mirarme cómo me estaba gustando su masturbación. Soltó un pujido muy fuerte y aceleró sus movimientos sobre mi cuerpo

& ¡open your legs, open, open…!. (abre tus piernas, abre, abre)

Sentía mi cuerpo verdaderamente caliente, y mi vientre se puso a girar en redondo a pesar de mí misma; mi vagina se empezó a dilatarse y a contraerse, símbolo de que estaba excitada. ¡Yo no quería…, al menos no con ese muchacho!, pero…, aquí estaba, acostada en su cama y con mis piernas abiertas, obedeciendo sus órdenes…, muy dócilmente, muy abierta y en espera de todo lo que ese gringuito asqueroso quisiera hacer con mi cuerpo.

¿Experimentar alguna clase de placer con el gringo este…?, ¡no, para nada!; ¡eso sería de lo peor…!. En ese momento sí me convertiría en una mujerzuela…

Me mordí los labios y cerré mis puños; ¡no quería experimentar ninguna clase de sensación placentera…, no!;

¡me estaba dejando solamente por agradar a ese gringo y quedar bien ante mi jefe y en mi nuevo trabajo!.

El chico me estaba masturbando con mucha paciencia. Su cara estaba toda congestionada: por el alcohol y por aquella emoción. ¡Quería comerme totalmente, tenerme de por todos lados!, ¡hacerme rabiar de placer…!, ¡y lo estaba logrando!. Me sentí muy débil y a su entera merced. Mi vientre se estaba “calentando” súbitamente y empezaba a “fluir”: ¡estaba ya lista pa’lo que quería hacer conmigo!

& you are wet…!, you are wet…, you like it!.

(¿Ya ves como si te gusta ésta cosa…?, estás toda mojada),

y comenzó a bombearme con mucha fuerza sobre de mi chochito, todo muy dilatado, caliente y venido. Mi cráter anal estaba igualmente distendido y humedecido

& you are so wet, Marel…, you like it!

(¡estás muy mojada, te gusta…!)

Sus dedos entraban repetidamente en mis dos aberturas, hasta que me hizo gemir:

+ ¡gggmmmbbb…, aaahhhjjj, aaahhhyyy…!;

¿placer o remordimiento?. No lo sabía en ese instante; en él se mezclaban la repulsión y… ¡el placer!; ¡todo mi sexo estaba inflamado!. En cuanto me pasaba sus dedos por la mitad de mi rajadita, sin tener que insistir, los labios de mi vagina se abrían muy solitos, mi clítoris se erectaba. Él me acariciaba con mucha maestría.

Estaba ahí boca arriba, despaturrada, con mi vulva muy ofrecida, pero Jerry ya no me tocaba, estaba disfrutando con mirarme toda entregada, disfrutando mi sexo y mis nalgas, que había deseado por tanto tiempo y que los estaba gozando en este momento. Yo no me movía; su mirada estaba clavada en mi panochita y…, con sólo esa mirada tan depravada y degenerada, hizo que me volviera a venir yo solita…

Jerry se agachó y avanzó su boca hacia mi rajadita; me metió un dedo de nuevo entre mis labios vaginales y me lo deslizó desde ahí hasta mi rajada trasera, enmedio de mis dos nalgas, para luego inclinarse un poco más y empezarme a mamar mi chochito, jugueteándome mi clítoris con su lengua.

Sentí una onda que me recorría todo el cuerpo, desde ese lugar hasta mi cabeza, hasta la punta de mis cabellos, pasándome a todo lo largo de mi columna vertebral.

+ ¡Aaaaggghhh…!

No pude aguantarme y solté un gemido que fue casi un grito de placer, de un placer abominable que me estaba absorbiendo en ese momento, que rechazaba y que deseaba al mismo tiempo.

Sentí que mi esfínter se “comía” ese dedo que se le insinuaba, y me estaba haciendo vibrar. Sentí como se abría mi vagina ante la intromisión de esa mano. Sentí una cosa tibia que se movía en el fondo de mi vientre y…, un placer odioso me llenaba mi culo y mi sexo. El muchacho me estaba limando mis labios y clítoris con su lengua muy ágil y hábil, eflorándola, apoyándola, a todo lo largo y a todo lo ancho, insistente. Estaba saboreando, paladeando con toda tranquilidad mi chochito, húmedo y muy caliente. Su lengua comenzaba desde abajo, e iba subiendo a todo lo largo de mi rajadita, hasta llegar a mi clítoris, ávido y duro.

+ ¡Aaaaggghhh…!

Volví a gemir y a gritar de placer, sin poder contenerme. Mi pecho subía y bajaba rápidamente, al ritmo de mi respiración; mis caderas se hacían p’ adelante saliendo al encuentro de aquella boca que me sabía estimular. Estaba siendo presa de una mezcla de disgusto y deseo, multiplicados al por mayor; me sentía fundir, de horror y placer y…, volví a empujarle mi sexo contra su cara, para que me lo siguiera mamando.

En ese momento, Jerry me tomó todo mi sexo, entero, en su boca, lo besó, lo mamó, succionó. Su lengua me perforó con mucha profundidad dentro de mi vagina ardiente e inundada; volvió a salir y separó todavía más los pliegues de mi vagina, abriéndome deliciosamente. Me mordisqueaba toda mi vulva con una serie de gruñidos obscenos.

Creí que me desmayaba y, estando casi entre sueños, me olvidé completamente de todo. Me olvidé de los remordimientos que podía tener en ese momento, pues se me metía por mi vientre una sensación…, ¡deliciosa!, que me estaba haciendo descender a la infamia y el envilecimiento… Estaba girando mis caderas de manera automática; mis mejillas, mis senos, mi ano…, ¡todo estaba que ardía!. Unas gotas, que más que gotas me parecían unos chorros, se escurrían a lo largo de mi sexo, totalmente mojado.

En ese momento, Jerry se enderezó y me tomó mi sexo con una de sus manos, apretándolo fuertemente. ¡Sentí que me dilataba completamente, de un lado hasta el otro, desde mi sexo hasta mi culito!. No pude contenerme y grité.

+ ¡Aaaaggghhh…!

Un temblor incesante se apoderó de mi cuerpo y comencé a venirme de manera increíble, sobre la mano del gringo, que tanto horror me causaba.

Después de ello, perdí totalmente mis fuerzas y me dejé caer sobre de la cama, toda despaturrada. El líquido de mis venidas se me escurría por todas mis piernas y estaba manchando la sábana…

Suspiré toda apenada y media turbada: ¡este gringo condenado había llenado de placer a mi sexo!.

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