Un hombre maduro pervirtió a mi esposa

Después de aquella noche que pasó Silvia con Andrés, tome la firme decisión de dar un cambio completo a nuestras vidas, deje de lado los estúpidos celos y decidí disfrutar de aquella extraña aventura sexual, la cual a decir verdad empezaba a gustarme, sobre todo por las tremendas erecciones que estaba teniendo después de ver el chocho de Silvia escurriendo semen de Andrés.

Al día siguiente le di la autorización a Silvia de llamar a Andrés y decirle que si podría verlo el próximo sábado, después de que me comunicara si habían quedado en algo, le daría la sorpresa que ya le tenía preparada.

Pasaba del medio día cuando yo estaba mirando el televisor en la recamara, Silvia entro por algún motivo que no recuerdo, fue cuando aproveche a darle la noticia.

-¿Estás muy ocupada Silvia? ¡Quiero que hagas algo!

–No, ¡sabes que siempre estoy a tu disposición!

Al escuchar las palabras de Silvia, recordé cuando tiempo atrás me molestaba mucho esa actitud sumisa y de total disposición, pero ahora todo era lo contrario, me satisfacía mucho saber que ella siempre está dispuesta a complacerme en todo y tenía que aprovechar el asunto para mis planes de emputecerla.

-¡Llámale a Andrés y dile que si podrás verlo el sábado como te ha pedido! Pero antes dame tu teléfono, quiero ponerle la alta voz para poder escuchar lo que te diga.

Silvia fue a la sala por su teléfono, cuando regreso me lo entrego sus manitas estaban temblorosas, tome su estado de nerviosismo, como algo normal, sin duda hablar con Andrés le despertaba la excitación, solo que aún sigue siendo muy pudorosa y quizá sienta pena ser descubierta. Tome el teléfono y active la altavoz, le regrese el aparato y ella marco el numero estaba nerviosa, era muy evidente su actitud.

–¡Hola, Andrés, soy yo Silvia!

— ¡Hola preciosa! ¿Cómo estás?

–Bien, solo te llamo para avisarte que si puedo verte el sábado.

— ¿No has tenido problemas con tu esposo? ¿No se ha dado cuenta de nada?

–No.

—Bien amor, entonces nos vemos el sábado, ¿podrás estar el mismo tiempo de ayer?

Silvia volteo a mirarme y yo moví mi cabeza aprobando.

–Si… no hay problema.

— ¿Puedo pedirte que hagas algo por mí?

–Sí.

— ¿Puedes depilar tu chocho?

La pregunta de Andrés nos dejó sorprendidos a ambos, sin embargo reaccione rápido y moví la cabeza aprobándolo.

–Si… si puedo hacerlo.

— ¡Gracias Silvia, entonces recuerda, sábado a las 2 de la tarde en el mismo lugar chao!

–¡Chao Andrés!

-Vaya con el tipo, quiere verte el chocho depilado, sí que tiene imaginación, yo no me había imaginado verte depilada, tiene imaginación el hombre, bueno pues el sábado volverás a verlo, solo recuerda una cosa, esta ocasión no quiero pretextos, tu misma tendrás que tomar la iniciativa y chuparle la verga. ¿Comprendes?

–Si, te prometo que lo haré.

-De acuerdo, ya puedes seguir con tus labores.

Cuando Silvia abandono la recamara, apreté con fuerza mi verga, se me había puesto dura al escuchar lo que Andrés quería, me refiero a lo de depilarse el chocho, batalle mucho para calmar mi calentura, dada la situación ese era el momento ideal de dar el siguiente paso que ya tenía en mente, apague el televisor y me despedí de Silvia.

-¡Voy a salir Silvia, regreso más tarde!

–Si, está bien.

Cuando llegue al centro de la ciudad fui directamente a un local que había visto varias ocasiones, en ese local venden lencería de mujer, demasiado sugestiva, muy sexy, espere a que saliera una mujer que estaba haciendo algunas compras, cuando solo estaba la señora tras del mostrador me apresure a entrar y le pedí me diera unas tangas que ya había seleccionado en días pasados.

-¡Buenas tardes! Quiero una tanga negra como la que está en aquel exhibidor.

¿Las que se atan a los costados verdad?

-Sí, esas mismas.

La mujer sabía su trabajo, extendió varias de esas tangas sobre del mostrador, todas me parecieron hermosas e imagine a Silvia llevando una de esa puesta, al final decidí comprar tres de ellas, una roja, una negra y una de color fiusha.

Después de pagar las prendas abandone el local, ahora solo faltaba algo más, un hermoso vestido que vi en días pasados, solo que no era un vestido común, se trataba de uno en color negro, con un amplio escote al frente y muy corto, pedí uno en talla chica, si no le quedaba, podría cambiarlo al siguiente día, según las propias palabras de la vendedora.

Ya tenía la ropa que llevaría Silvia a la siguiente cita con Andrés, ahora solo faltaba lo más importante y eso sería esa misma noche en casa y teniéndola desnuda. Al llegar me apresure a guardar la bolsa de ropa, ella no se dio cuenta pues estaba distraída mirando el televisor.

Cuando estaba por irse a dormir fue el momento que decidí actuar.

-Silvia, quiero que te bañes y después regrese aquí a la sala, quiero charlar un poco contigo.

Sin decir una sola palabra fue a la recamara, después salió con una toalla cubriendo su cuerpo desnudo, fue a bañarse, mientras lo hacía yo fui a la recamara y regrese a la sala con la bolsa de ropa, la puse a un lado del sofá y espere paciente a que regresara.

Cuando abandono el baño, nuevamente llevaba cubierto su cuerpo con la toalla, me apresure a decirle lo siguiente.

-Silvia, quiero que te pongas unas zapatillas.

Ella solo sonrió con timidez y minutos después la vi de regreso a la sala, se había puesto un vestido rojo, zapatillas negras y su cabello húmedo colgaba a su espalda, se aproximó y se sentó a mi lado en el sofá.

-¡Quiero que te desnudez!

–¿Ahora? ¿Aquí en la sala? ¿No quieres hacerlo en la recamara?

-Solo obedece y no me hagas preguntas.

Silvia bajo la mirada y se empezó a desnudar, dejo el vestido sobre del sofá y se quedó inmóvil.

-¡Las pantaletas y el sostén!

Silvia termino por despojarse de su ropa interior, ya teniéndola desnuda tome la bolsa y se la entregue.

Aquí en esta bolsa hay unas prendas, ¡póntelas! Quiero ver cómo te quedan.

Silvia tomo la bolsa y saco las tangas, las miro y su rostro enrojeció de vergüenza, pero no protesto, después tomo el vestido y estaba por ir a la recamara, pero yo se lo impedí.

-¡Aquí ponte las ropas!

–¡Por favor, deja que lo haga en la recamara, me muero de vergüenza, te lo suplico!

Sentí pena al verla avergonzada y decidí ser un poco flexible con ella.

-Está bien ve a la recamara pero no tardes.

Para ese momento yo tenía la verga adolorida, sólo de imaginar la reacción de Andrés cuando la viera vestida con esas prendas… cuando salió de la recamara, me quede mudo por la impresión, ella estaba hermosa, incluso se veía mucho más joven, camino hacia mí con la mirada abajo al sentarse me dijo con las palabras entrecortadas.

–¿Te gusta cómo me veo? ¿No te molesta verme así con este vestido tan pequeño?

-No… ¡por el contrario me fascina como te ves, ahora si siéntate voy a decirte algo!

Silvia luchaba por cubrir sus desnudas piernas, incluso pude ver la tanga negra que se había puesto, yo me apresure a decirle algo para calmar sus nervios y darle confianza.

-¡No tengas pena! Tus piernas son hermosas y no hay nada de malo que las exhibas.

Mis palabras tuvieron el resultado adecuado, Silvia dejo de batallar y se quedó quieta, esperando a que yo le dijera algo.

-¿Estas contenta con Andrés como amante?

–Sí.

-Bien, entonces quiero que el sábado lleves puesta esa ropa, es justo que Andrés te vea más apetecible, ¿estás de acuerdo conmigo?

–No sé qué decir, yo… no sé si este bien salir a la calle con este vestido, es muy corto y además se pega a mi cuerpo y no quiero que me falten al respeto en la calle.

-Pon atención Silvia, ahora no me digas si quieres salir o no con ese vestido puesto, piénsalo bien y el viernes por la noche quiero una respuesta, si no quieres hacerlo me lo dirás el viernes. Ahora puedes cambiarte ve a la recamara y hazlo, guarda las prendas y ya hablaremos el viernes.

Silvia se fue a la recamara, yo estaba muy caliente ya me dolía la verga de lo hinchada que la tenía, pero decidí esperar un poco más, el viernes daría el último paso.

El viernes por la tarde fui a caminar por las calles del centro, estaba nervioso, al día siguiente Silvia iría a otra cita con Andrés y yo, deseaba que lo hiciera, sé que puede tomarse como algo enfermizo, pero es verdad, no podía evitar excitarme solo de imaginar a Silvia cogiendo con Andrés, prolongue tanto como pude el regreso a casa, llegue después de las 10 de la noche y al llegar decidí dar el último paso.

Silvia se veía muy nerviosa, quizá más de lo que yo estaba, me observo y apenas me acomode en el sofá su vocecita se escuchó.

–¡Ya lo he pensado, si voy a hacerlo!

Antes que continuara, me apresure a interrumpirla, las cosas estaban a mi favor solo había que llevarla con mucho cuidado, evitando que ella se sintiera incomoda.

-¡Espera, pon atención por favor! Si estás de acuerdo en hacerlo, ve a la recamara y ponte la ropa, quiero volver a verte con ella mientras charlamos.

Silvia se levantó y camino en dirección de la recamara, minutos más tarde regreso, esta vez me pareció más hermosa, estaba sonriente, feliz, no había duda de alguna forma ella había tomado la decisión adecuada.

-Siéntate, ahora charlaremos, quiero hacerte unas preguntas, quiero respuestas claras, sin titubeos.

-Mañana cuando llegues con Andrés, observa su reacción, quiero todos los detalles cuando regreses, ahora dime… ¿Te gusta cómo te coge? ¿Lo disfrutas?

Trate de ver su reacción, ella apretó sus labios antes de responder, la mire apretar sus pequeñas manos, lo hizo con fuerza como si fuera difícil darme una respuesta, al final su voz se escuchó.

–Sí. Si me gusta.

-Entonces dime, ¿Cuál fue tu decisión y porque?

–Yo, quiero complacerte en todo, y también… quiero hacer que Andrés quede satisfecho, tal y como tú lo dijiste el otro día.

-Entonces, estas dispuesta a tomar la iniciativa en lo de mamar su verga ¿verdad?

–Si, lo hare, yo tomare la iniciativa y mamare su verga, para después hacerlo contigo.

-Muy bien, en ese caso, eso es todo, mañana me demostraras todo lo que dices. Ya puedes cambiarte, enseguida te alcanzo, voy a ver otro rato el televisor.

Cuando fui a la cama, ya dormía, por la mañana después de tomar el desayuno, le ayude con las labores, justo al medio día la apresure para irnos.

-¡Creo que lo mejor será que salgas con ropa común, iremos a un hotel y ahí te cambias! ¿Te parece?

–Sí, creo que esa es la mejor decisión.

Decidí quedarnos en un hotel muy cerca del paseo bravo, el lugar donde Andrés la deja al regresar, cuando estábamos en la habitación Silvia entro a bañarse, pero antes de hacerlo me pregunto lo siguiente con cierta timidez.

–¿Voy a depilar mi chocho?

-No… ¡creo que será mejor que lo haga Andrés! Solo báñate y ponte la ropa, después te diré como se lo dirás.

Cuando salió de la ducha estaba hermosa, se puso la tanga negra y el vestido, por ultimo sus zapatillas, la mire arreglarse el cabello y pintar sus uñas al igual que sus labios, aún faltaba más de una hora para la cita, el tiempo suficiente de hacerla entrar en calor.

–¿Me veo bien?

-Sí, estás muy hermosa, creo que Andrés se pondrá contento al verte, ahora quiero que te sientes aquí a mi lado y me digas ¿Qué te gusta de lo que Andrés te hace?

Silvia se sentó y empezó a hablar con la mirada agachada.

–Todo, el, me trata con mucha ternura, desde cómo me desnuda, hasta cuando me abraza mientras bailamos, sus besos, sus caricias, la forma de chupar mi chocho, todo eso… es algo que me hace enloquecer.

-Muy bien ahora pon atención, esta tarde cuando te pregunte si estas depilada, le dirás que aún no, que no pudiste hacerlo y que sería mejor que él lo haga, y cuando ya te vaya a coger, recuérdalo muy bien… tienes que tomar la iniciativa de mamar su verga. ¿Harás todo lo que te he dicho?

–Sí.

-Por último, saldremos del hotel y caminaremos juntos, pero al dar la vuelta, me alejare dejándote sola, te seguiré a prudente distancia, aquí estaré esperándote en la habitación… ¿de acuerdo?

–Sí.

La hora de abandonar el hotel llego, salimos en silencio, ambos estábamos muy nerviosos, al dar la vuelta en la esquina, me apresuré a pasarme del otro lado de la acera, Silvia caminaba lentamente, estaba muy hermosa, los hombres la miraban y algunos no perdían la oportunidad de lanzarle piropos subidos de tono, al llegar al lugar de la cita, me apresuré a entrar al atrio de la catedral, Andrés no tardó en aparecer, Silvia subió y me sentí muy nervioso al ver que tardaban en marcharse, por un momento pensé que no le había gustado su apariencia y que terminaría pidiéndole bajar del auto, pero no fue así, minutos más tarde puso en marcha el auto y se perdieron a la distancia.

Ahora, yo tenía que esperar su regreso para saber el resultado de mi plan de enviarla con esas ropas, fui de regreso al hotel, me acosté y tome en mis manos sus pantaletas, aspirando su olor de mujer, de hembra en celo, las horas se hicieron eternas, la noche cayo y lentamente se acercaba la hora de su regreso, miraba con impaciencia por la ventana, pero no la veía aparecer.

Esa tarde la excitación me tenía al borde de la locura, la verga me dolía de tanto imaginarla con el chocho depilado, ya pasaba de la media noche y Silvia no regresaba, estaba por llamar a su celular cuando escuche que el timbre de la entrada del hotel sonaba, me apresure a mirar y ahí estaba, mas inconveniente que la ves anterior, me apresure a bajar las escaleras y llegue a tiempo cuando el velador abría la puerta, la ayude tomándola del brazo y fuimos en silencio a la habitación.

Apenas la tome en mis brazos, pude aspirar el olor a sexo, a semen, olía a cigarro, a alcohol, jamás me imagine que un día Silvia llegaría así, oliendo a sexo, al estar ya dentro de la habitación la ayude a sentarse en el viejo sillón que había, mientras yo lo hacía a la orilla de la cama.

-¿Y bien, que sucedió? ¿Te depilo el chocho? ¿Mamaste su verga?

–Si… hice todo lo que me pediste, ¿quieres saber los detalles?

-Por supuesto Silvia ahora mismo y sin omitir absolutamente nada, pero antes quítate el vestido, quiero verte solo con la tanga mientras me das los detalles.

Silvia se levantó con mucho trabajo del sillón, se quitó el vestido y lo arrojo sobre la cama, su chocho se podía ver por lo transparente de la tanga, era verdad, se lo había depilado por completo, volvió a sentarse e inicio a darme todos los detalles de lo sucedido, como si se tratara de una película.

–Cuando llego, se quedó sorprendido al verme con este vestido, le dio mucho gusto y me pregunto a que se debía el cambio, yo le dije que quería que él me viera con más deseo, agradarle mucho y que disfrutara más al momento de desnudarme. Tardamos en marcharnos, porque él me pregunto si me había depilado.

— ¿Depilaste tu chocho?

–No, no pude hacerlo, me dio miedo y quisiera si es posible lo depilaras tú mismo.

— ¡Claro que si Silvia, con mucho gusto voy a hacerlo! ¿Vas a beber conmigo verdad?

–Sí, no hay problema mi esposo salió y regresa hasta mañana.

—Muy bien Silvia, antes de llegar al motel quiero que bajes a comprar la maquinita para afeitar y una crema.

–Sí. Como tú quieras.

Y en efecto, un par de calles antes de llegar al motel baje en una 6tienda de conveniencia y compre las cosas y también sus cigarros, después reanudamos el camino al motel y cuando llegamos, Andrés no espero mucho tiempo y me desnudo, contrario a las otras ocasiones, el motivo, quería depilar mi chocho cuanto antes.

–¡Su reacción al ver la tanga que llevaba puesta fue de mucho entusiasmo!

— ¡Por dios Silvia, que hermosa te ves con esa tanga! Verdaderamente me tienes muy sorprendido, ¿alguna otra sorpresa?

–Si… ¡pero tendrás que esperar un poco para saber de qué se trata!

–Andrés se arrodillo y me desato la tanga, la aparto de mi cuerpo y me pidió sentarme en la orilla de la cama, me puso la crema y empezó a depilar mi chocho, fue algo muy delicioso, tardo unos minutos en hacerlo, después, bebimos un par de copas y charlamos de sus asuntos, como acostumbra hacerlo, esta ocasión no me negué cuando el servía las copas, ya estaba mareada cuando me tomo en sus brazos e iniciamos a bailar, él estaba muy feliz, lo sé, porque me dijo cosas que antes no me había dicho.

-¿Y qué cosas te dijo?

–Me dijo que le gustaría ponerme un departamento, donde podríamos vernos todo el tiempo. Pero yo le dije que te amo y que jamás te dejare, él lo comprendió y no lo dijo mas, no recuerdo cuanto tiempo estuvimos bailando, solo recuerdo el momento que me senté en el sillón mientras él se desnudaba, cuando quedo desnudo ante mí, le dije que esa era la otra sorpresa que le tenía.

–Me arrodille y tome con mis manos temblorosas su verga, yo sabía que tenía que cumplir lo que me pediste hacer, así que abrí mi boca y metí su verga, al principio sentí nauseas, pero después me empezó a gustar su sabor, y tarde mucho tiempo mamando, le tome el gusto y a él le pareció algo delicioso.

–Cuando quedo satisfecho, me aparto con suavidad y ahora me llevo a la cama, puso las almohadas como siempre y el me chupo el chocho, solo que esta vez fue más allá de lo acostumbrado, yo estaba muy caliente y no pude evitar disfrutar cuando su lengua trataba de entrar en mi ano, él se dio cuenta de mi reacción y chupo por un buen tiempo, jamás me había sentido igual.

–Mi chocho estaba muy mojado cuando el decidió meter su verga, empezó a bombearme con mucha suavidad, cambio a otra posición que no había hecho, me ayudo a ponerme de pie y me pidió apoyarme en la pared, me penetro por la espalda y cuando tenía su verga dentro, paso sus manos por mis piernas y me levanto con mucha facilidad, sentí enloquecer de placer, camino un poco hasta donde había un espejo grande, ahí se quedó de pie teniéndome ensartada, yo podía mirar su verga entrando y saliendo de mi chocho.

–Cuando se cansó se acostó en el piso sobre de la alfombra, ahora me enseño a sentarme sobre de el al tiempo que me penetre yo misma, me enseño a moverme, haciendo yo sola los movimientos que más me daban placer.

–Lo sentí ponerse duro, su cuerpo estaba sudoroso igual que el mío, sus manos apretaron con fuerza mis tetas, el momento llego, su semen corrió por mis entrañas, parecía un volcán en erupción, no parecía dejar de salir su semen, era muy caliente, fue delicioso, cuando termino de inundarme, caímos desfallecidos y nos quedamos dormidos ahí en la alfombra, cuando despertamos ya era muy tarde, me levante tratando de apresurarme, pero Andrés me lo impidió diciéndome que me daría más leche, y dijo algo que me dejo sorprendida.

-¿Qué fue lo que te dijo?

–Me dijo que si tú lo sabias y me habías mandado con esa ropa, era justo que me vieras el chocho escurriendo su leche, volvió a penetrarme y me inundo nuevamente con su semen, aún estoy mojada. ¿Quieres comprobarlo?

-Me quede en silencio, las palabras de Silvia me tenían muy excitado, me apresure a desnudarme y me recosté en la cama.

-Ahora demuéstrame que aprendiste a mamar verga.

Silvia se agacho estando de pie y mamo mi verga de una forma magistral, mientras yo acariciaba sus tetas y después fui directo a su chocho, solté las tiras de la tanga y cayó al piso, mis dedos buscaron con ansiedad su mojado chocho, entraban con mucha facilidad Silvia seguía caliente.

-Así que te ha gustado mucho como te coge tu amante ¿verdad? Pues la próxima vez que quieras verlo, tendrás que rogarme que te deje verlo, tendrás que suplicar y decirme lo que te gusta que te haga.

Era tanta la calentura que teníamos, que Silvia tuvo un orgasmo mientras escuchaba lo que yo le decía y no dejaba de mamar mi verga, ya no podía aguantar más, así que la aparte y me apresure a pedirle se acostara.

-Espera Silvia, no puedo más, recuéstate voy a cogerte.

Le metí mi verga y le pedí que en ese momento suplicara que la dejara seguir con Andrés, sus palabras eran sinceras, y mi excitación aumentaba paulatinamente.

-¡Ahora Silvia, suplícame que te deje ver a Andrés!

–¡Por favor, te lo suplico, déjame ir con Andrés una vez más, quiero que me coja bien rico, como solo él lo sabe hacer! Te lo ruego, le mamare su verga y aprenderé para después hacértelo a ti.

-¿Sabes que te estas comportando como una puta?

–Si… lo sé y quiero seguir haciéndolo. ¡Por favor no me dejes sin verlo!

Ya no pude soportar más, las palabras de Silvia me hicieron terminar dentro de su chocho, fue algo espectacular, jamás pensé que al escucharla decirme como se la habían cogido tuviera semejante efecto. Cuando terminamos, de coger, nos quedamos dormidos, por la mañana regresamos a casa en silencio, Silvia estaba nerviosa, parecía no recordar todo lo sucedido, con timidez y pena me pregunto.

–¿No hice nada malo verdad? ¿A qué hora llegue?

-¿No lo recuerdas?

–No… ¡perdóname, no volverá a suceder!

-Tranquila Silvia, no hiciste nada malo, por el contrario, pero lo platicaremos después, ahora vayamos a descansar a casa.

P: D: en el siguiente y último capítulo de esta serie, les contare como la convencí para que fuera solo con una tanga, debajo de una gabardina, y también de algo que inesperado, Andrés termino cogiéndola por el ano y lo más preocupante, Silvia quedo embarazada de él.

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