Un maravilloso regalo de cumpleaños

Somos una pareja que nos llevamos maravillosamente. Ella viene de un periodo largo sin relación estable disfrutando de la soltería con los pros y los contras que esto conlleva y yo vengo de todo lo contrario. Un largo periodo de relación supuestamente estable pero muy insatisfactoria tanto en el plano sentimental como en el sexual. Es por ello, que el encontrarnos ha sido como un continuo final de un castillo de fuegos artificiales, siempre más rápido, con más ruido y con más luces. En todo momento con ganas de disfrutar más de ella, del sexo brutal y de la morbosa vida nueva que se abre delante de nosotros.

En lo referente al sexo, nuestro lema siempre ha sido “… follar¡¡¡ follar¡¡¡ que el mundo se acaba…”. Disfrutamos el uno del otro, nos encanta el sexo y nos motiva el morbo. Si tengo que poner una queja es su no rotundo a que le folle el culo. Si, pienso lo mismo que la mayoría de vosotros, ella se lo pierde. Pero todo no se puede tener y no me puedo quejar aunque tiene un culo que me vuelve loco.

Como en todas las parejas los inicios han sido espectaculares, maravillosos fines de semana en hoteles follando sin parar. Aquellos increíbles polvos al aire libre o esas competiciones por conseguir el máximo número de orgasmos de tu pareja. Poco a poco, con el paso del tiempo el sexo se ha centrado más en el morbo y la búsqueda de los polvos de calidad, menos cantidad pero muy intensos. Bien es cierto que a ella le gustan más los rápidos, intensos y fogosos. Yo soy más cerdo, tengo verdadera debilidad por las sesiones de sexo largas, tengo mucho aguante, donde el grado de excitación provoca que se incluyan elementos sorpresivos como cambio de roles, juguetitos o fantasear con la incorporación de mas personas en nuestras relaciones sexuales. Vamos, que me encanta estar horas excitado como un burro y haciendo eso que vulgarmente llamamos pensar con la polla.

Hace unos días fue mi cumpleaños. Yo pensaba que no tendría regalo pero me equivocaba. Era un miércoles y yo estaba convencido que quedaría con los amigos cenar y tomar unas cervezas esa noche. Por la tarde fui a recoger a mi chica al trabajo y aquí empezó todo. Ella de una manera magistral consiguió engañarme para llevarme después de trabajar a una feria del vino que hacen por estas fechas en nuestra ciudad. Una sonrisita, un besito en la nuca y ya no tengo poder de decisión.

Yo con dos copas dejo de ser racional, me relajo y eso ella lo sabe perfectamente. Allí estábamos de puesto en puesto probando vinos y riéndonos de todo lo que pasaba por allí. Estábamos en nuestra salsa, lo que se suele decir a gusto y sueltecitos. Complicidad entre los dos cuando estábamos hablando con un chico con el que ella se había acostado. No soy nada celoso. Yo haciéndole comentarios de las mujeres que veía que me atraían, vamos que nos estábamos poniendo contentos y además con un punto morboso interesante.

De repente apareció uno de los amigos con los que tenía que quedar a cenar. Nos tomamos un vino los tres y de repente ella argumentó que se marchaba y así nos quedábamos ya hasta la cena. A mí me resulto muy extraño. Nos quedamos mi amigo y yo y fuimos de caseta en caseta saludando gente y tomándonos un par de vinos más. Yo no las tenía todas conmigo, pensaba que no era normal que ella se hubiera marchado así que la llamé por teléfono preguntándole si estaba bien. Luego me enteré que fui de lo más inoportuno. Cuando ya estábamos a punto de coger la moto con un contento más que aceptable para dirigirnos hacia el barrio donde habíamos quedado a cenar recibí una llamada de ella. Mi amigo se descojonaba y fue ahí donde caí en que había sido un gancho de ella. Cuando descolgué ella me dijo de una manera sensual donde me recogería en 5 minutos con el coche. Colgué, miré a mi amigo, lo abracé y le dije que no sabía que tramaba pero creía que mal no me lo iba a pasar.

Una vez crucé el puente andando excitado sin tener ni idea que me esperaba vi aparecer el coche. Se paró delante de mí y cuando fui a abrir la puerta la vi a ella sentada en el asiento del conductor con un corsé que le queda a las mil maravillas y unas medias que me ponen loco. Esas braguitas de satén negro y ese liguero cogiendo las medias, ya lo sé, soy un fetichista pero me encanta. Una vez pude apartar la vista de semejante cuerpo y pude mirarle a la cara vi su expresión de zorrita. Estaba excitada, contenta de verme sorprendido y con una cara de no sabes lo que te espera que me puso cardiaco. Fue en ese momento cuando me dijo que me tenía que colocar un antifaz para no ver donde me llevaba.

Antes paramos a comprar tabaco. Me llevo a un bar donde nos conocen a los dos. Entre dentro a cambiar moneda cuando me vieron el dueño y un camarero. Los saludé y me preguntaron dónde estaba ella. Les dije que en el coche, esperando fuera. Poco falto para que saliera el dueño a saludarla. Desde siempre he sabido que a él le habría encantado tener más de un intercambio de fluidos con ella pero … A quien estaba esperando en corsé dentro del coche es a mí. Tras recoger la cajetilla de tabaco de la maquina salí del bar más ancho que largo con una satisfacción interior enorme pensando en lo afortunado que soy. Me monte en el asiento del copiloto me la comí con la mirada y resignado me puse el antifaz que colgaba de su dedo. Por un lado no quería ponérmelo pero por el otro estaba dispuesto a dejarme llevar. Me encantaba esa sensación de no ser yo el que lleve las riendas. La verdad es que estaba excitadísimo y ella sabía cómo incrementar ese estado. De manera provocativa me hablaba mientras conducía, sin decirme nada pero preguntándome donde imaginaba que me llevaba o que iba a pasar. Ponía una voz de putón que yo ya no sabía cómo ponerme.

El carecer de sentido de la vista hacia que mi imaginación corriera mucho más aprisa. Donde me llevará? Fuera de la ciudad? vestida así? A una casa de intercambios de pareja?, un local swinger? me parecía muy fuerte pero no le hacía ascos, me excitaba más solo de pensarlo. No sería a una cena de los sentidos un poquito subidita de tono?. La cuestión es que a medida que pasaban los minutos y mi imaginación mas discurría yo cada vez estaba más excitado.

Finalmente, el coche se paró en una rampa de acceso. Ella bajó la ventanilla y tecleó un código de acceso. Yo ya no podía más. Al parecer el código no era correcto. Ni corta ni perezosa salió uniformada del coche para llamar por el interfono y ahí es cuando yo me quite el antifaz. Ella excitada, volvió a entrar al coche vestida de la forma ya descrita. Yo estaba babeando, verla con esa seguridad y tan sexy era superior a todo el esfuerzo que yo ponía por no perder los papeles. En esto salió por la puerta de recepción una empleada que nos subió la barrera. Yo no sabía donde estábamos pero me ponía cardiaco de ver que a ella no le importaba mucho que la empleada le viera vestida así. Encendió el coche y pasamos por una calle formada por adosados con cochera a ambos lados. Nos colocamos frente a uno que se abrió la puerta del garaje. Yo me la comía con la mirada. Estacionamos el vehículo en el interior y la puerta se cerró. Salimos los dos del coche y nos besamos acaloradamente. Tras felicitarme me susurró que como una buena putita que era me había llevado allí para follar. Se trataba del típico lugar donde la gente acude con amantes o prostitutas buscando el anonimato máximo a fin de pasar unas buenas horas dando rienda suelta a sus necesidades sexuales. Yo estaba que reventaba los pantalones. De repente se separo de mi y abrió el maletero, su cara de picara era impresionante. Miro en el interior y veo una maleta donde guardamos toda la colección de juguetitos sexuales que hemos ido adquiriendo con el tiempo. Con una mano abarco todo lo que puedo de su perfecto culo y con la otra cojo la maleta y la saco del coche.

Hipnotizado y guiado por el contoneo de su culo delimitado por el corsé, el liguero y medias, voy pisando tras sus tacones subiendo unas escaleras hasta llegar a una puerta. Mi erección se hace insoportable. Al abrir veo una habitación enorme con un jacuzzi al fondo, una enorme cama y a la derecha una ducha gigante. Tras comprobar que no había nadie mas allí, cosa que no me hubiera extrañado, y pensando en que la noche seria larga le digo al oído que me voy a tomar una ducha. Consigo refrescarme un poco, si me la follo en ese momento no creo que hubiera aguantado más de 10 minutos. Mientras caía el agua sobre mi cuerpo pensaba en lo mucho que se tenía que haber excitado preparando aquella sorpresa.

Al salir de la ducha y comprobar que el jacuzzi estaba lleno me meto dentro, ella me observa y poco a poco se acerca contorneando su hermoso cuerpo. Al llegar al borde me dedica un strip tease que hace que mi excitación y mi polla no puedan más. Ella, conocedora de la situación y sintiéndose mas puta que nunca se recrea apoyándose contra la pared y sacando el culo hacia afuera. Al fin, cuando ya no le queda ninguna prenda sobre su piel, se mete en el agua con cara de zorrita y directamente empieza a hacerme una mamada magistral. Me siento en el borde y observo cómo va engullendo mi rabo mientras mueve de lado a lado ese culo en pompa. Para mis adentros pienso lo bien que estaría que en ese momento se acercara un policía nacional con una buena polla gorda y se la follara por detrás. Es su fantasía, pero en ese momento en que notaba como pasaba la lengua por mi capullo y me sobaba los huevos la hice mía. La cogí de la nuca metiéndole toda la polla en la boca, dándole cachetes en la cara y en el culo y haciendo que escupa sobre mi capullo. Me encanta cuando le doy caña tocar su coño y comprobar cómo a pesar de pasarlo mal, de faltarle el aire, está disfrutando como la perra que es, teniendo todo el coño dilatado y mojado. No hay nada como conseguir arrancarle unas buenas lagrimitas mientras me come la polla.

Tras un largo espacio de tiempo de caras de viciosa y soportando mucha polla decidimos salir del jacuzzi. Me siento como un autentico cabrón. De camino a la cama, un par de cachetes sonoros en el culo que la encienden. No sé cómo pero, poco a poco los papeles se van turnando. Ella cambia de rol e intenta adoptar un papel más dominante. A mí eso me encanta y la verdad es que ella no se prodiga mucho en este papel. Me tumba y después de recorrer todo mi cuerpo con sus tetas me dedica uno de los besos negros más brutales, largos y excitantes que jamás en la vida me han hecho. Yo no quepo en mi placer, gimo, ronroneo y chillo sin saber ya que hacer. Poco a poco va consiguiendo que mi papel de dominante cabron vaya pasando a “haz de mi lo que quieras” con una actitud más pasiva. Es tras conseguir darme esos momentos turbadores cuando me confiesa que ha traído el arnés, entre otros juguetes. Fue una compra en un sex shop de temática gay en Madrid, uno de esos grandes viajes morbosos de los que tanto disfrutamos.

Ella sabe que una de mis experiencias más turbadoras y placenteras en mi vida sexual fue cuando me acostaba con una amiga que tenia novia. Ella era bisexual pero su amiga no. Mientras ella y yo fallábamos la tercera se dedicaba a “tapar agujeros” con un gran arnés que manejaba a las mil maravillas haciendo las delicias nuestras. Aquí es donde tuve mi primera experiencia con un strap on y fue muy desconcertante a la vez que placentero. No nos hemos prodigado mucho en el uso de este juguetito. Tan solo dos veces, son los pros y los contras de tener una novia que le gusta ser más bien sumisa y que le den caña. No me quejo, no hemos parado. Aunque reconozco que me gustaría encontrar algún que otro momento para dedicarlo a la práctica de estos placenteros y satisfactorios ejercicios. Bendita próstata.

Disfrutando, tumbado en la cama oigo ruidos en la casa. Se trata de la cena y botella de vino que hemos encargado. Me pongo a follarla fuerte, muy fuerte, me encanta la idea de saber que hay alguien tras la puerta. Esto nos provoca y follamos como animales. Ella esta mojada y muy cachonda. Me encanta tenerla encima con esas tetas perfectas disfrutando de sus vaivenes clavándose toda mi polla. Acariciandose el clítoris empieza a ponerse muy caliente, está disfrutando como una cerda, se lo veo en la cara. Ella me pregunta si quiero que se corra, yo solo hago que darle más fuerte, me encanta darle placer. Anteriormente, no me ha dejado comerle el coño porque no quería correrse y ahora la tengo donde quiero, al borde del orgasmo sin voluntad propia. Cada vez está más cerca del clímax, cada vez sus ojos se van poniendo más en blanco y su boca se entreabre involuntariamente. Su coño palpita y esta mojadisimo, no paro de darle pollazos mientras ella se acaricia cada vez más fuerte el clítoris. Finalmente consigue un orgasmo largo e intenso, siento como su coño palpita y se contrae sobre mi polla. Me encanta verla satisfecha con esa sonrisa de satisfacción involuntaria.

Me noto muy excitado, muy caliente y sin correrme aún, pero satisfecho de dejarla traspuesta, feliz y satisfecha. La pobre, después de tres horas y media follando como una autentica zorra, ya no puede más, así que nos ponemos a abrir la botella de vino y comer cualquier cosa. La cena transcurre comentando las jugadas y el montaje de la sorpresa. Yo pienso para mis adentros en lo afortunado que soy y en que esto no ha hecho más que empezar.Un

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