Un paseo por Madrid que termina en locura sexual 3

Esa cosa seguía creciendo y poniéndose dura en mi boca, más dura si cabe, algo casi imposible. Los suspiros y jadeos se oían más entrecortados pero más claros, el cabronazo estaba disfrutando…..y yo también. Estaba como loco chupando ese trozo de carne, me asombraba tanto a mi mismo que no podía pensar en nada más, solo hacerlo disfrutar.

A mi espalda oí un pequeño chasquido. Me saqué la polla del vecino de la boca un momento y oí un pequeño gemido de desagrado pero seguí moviéndola con la mano. Mientras lo hacía giré la cabeza hacia donde había venido el chasquido y vi en la pared contraria de esa cabina como la puertecita se había abierto y un par de ojos oscuros asomaban de ella escrutándome.

“Quieres mirar, no? Pues adelante, mira lo que quieras” musité para dentro al nuevo invitado…o invitada, vete a saber. Para darle más “carne” y como ya me daba igual todo, me incorporé un poco, aparté el sillón donde estaba sentado mamando esa magnífica polla, tiré de mis pantalones hacia abajo y me los saqué de las piernas junto a los bóxers.

Desnudo de cintura para abajo y con mi polla dura como un palo de hierro entreabrí las piernas un poco y me agaché para seguir con el “trabajo” a mi vecino que andaba desesperado porque siguiera jugando con mi boca en él, ofreciendo a esos ojos oscuros todo mi culo en perspectiva. Estaba realmente desquiciado, jamás se me había pasado por la cabeza hacer algo así nunca pero es que QUERÍA hacerlo, quería que me mirase bien, culearle como una puta, encenderlo más…..

Me metí otra vez la polla húmeda y dura del chico en la boca para seguir chupando y lamiendo. Este recibió mi boca con otro gemido y pegó las caderas a su pared para que me la metiera más al fondo. Seguro que si no hubiera existido esa pared me habría cogido la cabeza con las dos manos y me hubiera follado la boca, cosa que, como estaba de excitado yo, no me habría importado lo más mínimo. Era toda una revolución interior, estaba disfrutando como nunca de la situación y no regía, solo me apetecía hacer de todo, sin pensar, sin preguntarme….loco, ido.

De pronto noté una mano en la parte de atrás de mis muslos, unos dedos rozándolos levemente como pidiendo algún tipo de permiso. El propietario o propietaria de los ojos oscuros que tenía en la otra cabina había metido su brazo por el agujero de la pared y palpaba mis piernas. Yo, claro, me dejé hacer…..es más, las abrí un poco más y me incliné hacia donde estaba para que sobara lo que quisiera. Su mano subió hasta arriba y suavemente abarcó mis huevos hinchados por detrás. Era un hombre, la mano, el tacto lo delataba. Empezó a acariciarlos despacio, tocando con la punta de los dedos el principio del tronco de mi polla que no paraba de segregar precum. Tanto era el placer que me estaba dando solo acariciándome los huevos que me daban ganas de darme la vuelta para que me cogiera la polla y me masturbara aunque sabía que tardaría poco en correrme pero de pronto lo que tenía en la boca se paró, se tensó un poco más y oí gemir al chico de al lado algo como “me corro, hijo de la gran puta, me corro, ya, me corro yaaa”… Y vaya si se corrió!

No lo esperaba, había pensado retirar la boca cuando fuera a pasar pero no, al revés, me la tragué un poco más. Chorros calientes llenaban poco a poco mi boca, me iba a atragantar y la abrí para que saliera por las comisuras la lefa un poco amarga pero a la vez dulce del chico ya que me llenaba la boca. Pero no dejé salir mucho. La saboreé y me di cuenta de que me gustaba, es más, me ENCANTABA el sabor!….así que empecé a tragarme ese liquido como podía mientras el otro no paraba de correrse el cabrón. Cuando acabó, la limpié despacio con la lengua y labios hasta que de pronto se hizo para atrás y la quitó del maravilloso agujero del placer. Me quedé como huérfano, habría estado chupando y tragando más tiempo, así que miré por el agujero como implorando más polla pero mi vecino ya se subía los pantalones dando por concluida la “sesión”.

Resignado, pero aun excitado, noté que el que me acariciaba los huevos con la mano haciéndome disfrutar como un perro, me empezó a acariciar el agujero del culo con uno de sus dedos. Di un pequeño respingo porque no estaba acostumbrado pero de pronto el dedo entró un buen trecho por mi culo virgen. No sabía qué hacer, no sabía lo que sentía, no era dolor, quizá una leve molestia…. pero no me dio tiempo a analizar más: su dedo llegó a un punto de dentro de mi culo que yo no conocía y gemí como un becerro del placer……

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