Un rico y experto maduro corto mi sequia sexual

Hola, me presento en esta página para contarles algunas de mis experiencias que me han hecho liberarme en este campo, para comenzar les diré que me llamo Rosa, tengo 50 años, vivo en Las Palmas , buen cuerpo para mi edad o eso dicen y soy viuda desde hace tres años en los que estuve algo reprimida, pero una amiga me abrió los ojos y me dijo que el mundo no se acaba ahí, por lo que un día tras mucho insistir decidí arreglarme y acompañarla a un local donde por la noche hay bailes entre gente más bien entrada en edad que buscan alguna compañía.

Rápidamente me quede sola, pues mi amiga era muy lanzada y se buscó un amigo que la invito a una copa, por lo que me acerque a una esquina de la barra algo aislada para pedir yo una, pues me sentía algo rara allí.

No me di cuenta que no estaba sola cuando una voz masculina me dijo que no era solo él quería buscaba tranquilidad, que veía había alguien que le molestaba el bullicio.

Lo mire y era un hombre sobre los sesenta y algún año muy buen aspecto y bastante atractivo, pues me llamo la atención su pelo totalmente blanco y barba de algún día sin afeitar que le daban una aire muy varonil.

Se presentó como Jorge y yo hice lo mismo con mi nombre tras mirarle con una sonrisa, diciéndole que la verdad me veía algo desplazada.

Él dijo que no solía venir mucho a estos sitos pero hoy se había decido pues llevaba varios días en casa sin salir y necesitaba hablar con alguien, pero que al final se había aislado en una esquina de la barra.

Yo le sonreí aseverando me pasaba igual y sin darnos cuenta comenzamos a hablar y contarnos un poco parte de nuestra vida, acabando tras media hora de conversación bailando en un lado de la pista.

Cuando bailaba con el agarrada, pues era música lenta, tuve una sensación muy agradable pues me sentía como electrizada ante los brazos de aquel hombre y aunque algo nerviosa al principio, me fui soltando ante la amabilidad y el trato de él, si bien tras varias canciones nuestros cuerpos acabaron pegándose cada vez más por lo que acabe sintiendo el roce de su entrepierna contra mí, y aunque al principio me sentí violentada al final me atrajo y me provoco algo de morbo y excitación, pues llevaba tres años de sequía en el tema del sexo.

Tras un largo rato acabe sentada en un pequeño reservado con el hablando y tomando otra copa, ya con algo más de confianza por parte de suya, pues sus manos se posaron varias veces sobre mis rodillas cariñosamente.

Sentía algo especial con la compañía de aquel hombre que me hacía estar algo excitada y más cuando sentía su roce o tacto, haciéndose cada vez más extensible con el paso de los minutos y creo que él lo noto, pues me invito a salir de local e ir a otro sitio más tranquilo.

Como había ido con mi amiga en su coche, acepte la invitación de que me llevara el, si bien le dije que por la hora que era me apetecía ir ya a mi casa y que otro día nos veríamos, si bien en la puerta de esta, casi al despedirme le dije que si quería un café por haberme llevado lo invitaba, pues no quiera ser descortés con él.

Paso a casa y tras sentarse en el sofá le prepare una copa pues café dijo no le apetecía, continuando la conversación pero ya más amigablemente, pues su mano ya acariciaba mis piernas y rodillas con mas confianza.

Sentía una sensación tan agradable, que él me pregunto si le molestaba su presencia pues me veía algo pálida, aunque realmente lo que me sucedía era que estaba muy excitada con sus roces y su presencia, a la vez miraba disimuladamente su abultada entrepierna a la que ya testado en el baile con los roces, notando estaba muy bien equipado, y más comparado con mi difunto marido, el cual no era un maestro del sexo, y al que habíamos llegado tras muchos años a una rutina sin mucho placer.

Le dije que no me pasaba nada pero instintivamente le cogí su mano, tomándolo el como un aceptación pues de la rodilla paso a mis muslos con mucho disimulo, haciéndome perder los sentidos.

Paso a mi lado rápidamente y con delicadeza me beso, respondiéndole yo igualmente con un beso apasionado que duro más de un minuto, en el cual su mano sujeta por la mía ya había llegado a acariciar mi sexo a través de mi ropa interior.

Quise impedir siguiera, pero el placer fue tan grande que acabe rindiéndome y la solté de mi mano para que hiciera lo que quisiera.

Quede rendida sobre el sofá ante sus caricias que me hacían suspirar y llevar a una excitación que hacía tiempo no sentía, y más cuando sus dedos apartaron mi tanga para palpar mi sexo mojado como una colegiala, ante aquel hombre que me tenía extasiada.

Mis pechos fueron rápidamente campo de su boca que se había deslizado por mi escote y tras abrir mi blusa y dejarlos al descubierto tras quitarme el sujetador, los comió con pasión haciéndome palpitar y gemir.

Estaba a punto de tener ya un orgasmo ante aquel experto y sexy amante pues sus dedos trabajaban con sabiduría mi sexo haciendo que mi cadera se moviera sin control y con una pasión desmedida.

Cuando estaba a punto explotar y como sabiendo mi estado, relajo las caricias a la vez que se desnudó quitándose su camisa así como los pantalones y slips.

No les voy a exagerar pero una no había visto nunca semejante pollon, pues era el doble que la de mi difunto esposo, muy poblada por pelo entre negro y blanco con unos huevos enormes que me hicieron estremecer, y más aún si cabe su poblado pectoral totalmente blanco pero muy espeso que lo hacía muy varonil.

Se dio cuenta mi excitación y más cuando mi mano se lanzó a palpar aquel coloso que estaba ya casi rígido y al que me lance ya sin vergüenza alguna a besarlo y acariciarlo con mis labios.

Él se inclinó sobre mi sexo dejándome degustara yo el suyo, a la vez que comenzó su lengua a trabajar en mi mojado conejito que palpitaba ante las sabias acometidas de aquella experta protuberancia, regalándole rápidamente un orgasmo que no pude controlar por la rapidez y explosividad del mismo.

Estaba asustada ante la dureza, grosor y tamaño de aquel miembro que apenas mis manos podían sujetar y del que mi boca daba cuenta sobre todo de su liberada cabeza a la que había descapullado, dejando este libre para saborear su textura.

Tras ver me había corrido ya, se dejó caer hacia atrás mirando como yo devoraba su enorme rabo, si bien sus manos ahora pellizcaban mis pezones con suavidad, pero tras unos minutos de degustación, me invito a sentarme sobre él, hasta ser ensartada por aquel enorme rabo.

Entro toda, no sin algún problema, debido a su grosor aunque también ayudada por mi supurante sexo, y en ese momento comprendí lo que era el placer, pues jamás había sentido algo así con la de mi esposo.

Comencé a moverme acompañada de sus manos en mis caderas y a cada cabalgada, el placer era mayor, medio entornado los ojos por la excitación que sentía si bien podía ver como su boca sabiamente devoraba mis pezones.

Lo que nunca me había sucedido era tener dos orgasmos en un acto sexual y ahora acaba de tener el segundo y más aún provocado por aquel miembro, pues todos con mi difunto marido eran producidos por su boca.

Jorque al verme así, sonrío y me dijo picaronamente que estaba con falta de un hombre y se alegraba de haber sido él.

Yo también le dije me alegraba de que fuese él y además nadie me hacía sentir lo que él me estaba dando.

Suspiro agradecido por mis palabras y esto le hizo cambiar de postura montándose sobre mí en el sofá.

Ahí termine de perder los sentidos pues su pectoral sobre mis pechos y su cadera bombeando aquel enorme apéndice dentro de mí, me hizo llegar a un clímax indescriptible, agarrando a la vez su trasero con una excitación que creo le clave mis uñas, subiendo mis manos por su espalda para abrazarlo contra mí y regalarle mi tercer orgasmo que me dejo ya sin aliento.

El sabiendo el placer me daba y viendo una ya no estaba una para más aguante, acelero sus embestidas con delicadeza y suavidad e inundo con aquella manguera todas mis entrañas que agradecieron aquel abundante flujo, aminorando con cada penetración su ritmo hasta quedar extenuado sobre mí.

Me beso cuando recupero el aliento acariciando mi cuerpo mientras sacaba su enorme apéndice de mi interior, ya semirrígido pero con un tamaño que asustaba aun.

Me dijo que vio andaba una algo falta de cariño y sexo, a lo que le respondí que el había cubierto esas necesidades con creces, que jamás había sentido algo así con un hombre y eso creo lo noto el pues rio cariñosamente tras mis palabras.

Nos quedamos acurrucados en el sofá un buen rato charlando y una disfrutando de sus caricias, a las que correspondía igualmente una sobre su pecho peludo y en especial sobre su sexo que aunque ya más relajado seguía siendo una delicia y un placer tocarlo y en especial aquellas dos enormes bolsas peludas de donde antes había salido tan rico manjar.

Y ni que decir tiene que tras un placentero descanso y ante la insistencia de las caricias de mi mano esta hizo amago de armarse otra vez por lo que descaradamente baje mi cabeza para degustar descapullando la suya con mi boca, hasta que volvió a vomitar chorros de espesa nata, de la que no hice ascos y trague saboreando hasta su última gota mientras él se retorcía de placer en el sofá, gimiendo fuertemente ante aquella rica mamada que le había dado.

Se quedó en mi cama esa noche, durmiendo ambos plácidamente desnudos en ella tras una confortable ducha, y ya avanzada la mañana cuando despertamos me levante a preparar el desayuno que le lleve a la cama, agradeciéndomelo tras degustar el café y unas tostadas con otro polvo que me dejo sin sentido y sin fuerzas para levantarme.

Había conseguido en una noche y una mañana sintiera tanto placer que difícilmente olvidaría, además no tenía intención de perder aquel semental de mi agenda y el tiempo ya dictaría lo que sucedería entre ambos…

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