Un verano en la playa con mi primito 3: Toco fondo

Mi tarde transcurría tranquila, ya que el buen clima hizo que mi primito se olvidara de mi por un rato y se fuera a la playa. Mis tios, por su parte, habían decidido salir por el fin de semana, dejando a mi prima Veronica a cargo, a quien por cierto tampoco vi durante la tarde… por suerte.

A pesar del día tranquilo que estaba teniendo, no podía relajarme ni olvidarme de lo que estaba viviendo en aquella casa. Todo había ocurrido tan rápido que aun no podía creer que ese mal sabor de boca se debiera, literalmente, al semen de mi primo. La situación me aterraba, pero me aterraba aún mas darme cuenta que mi pitito se ponía duro recordando cada humillación sufrida.

Durante la tarde aproveché mi soledad para disfrutar de la pileta de la casa, y al atardecer decidí subir a mi habitación a descansar, lejos de quien pudiera regresar a la casa. Mientras estaba acostado mirando el techo sentí la puerta de entrada abrirse y cerrarse, y pasos que subieron por las escaleras. Trague saliva esperando que mi puerta se abriera de par en par sin previo aviso y mi primo entrara bamboleando su enorme pija, pero eso no ocurrió. En cambio, escuché la ducha del baño. Al no recibir ningún grito del estilo “vení a enjabonarme los huevos putita”, supuse que se trataba de mi prima Vero, a quien tampoco tenía ganas de mirar a los ojos.

Lamentablemente mi paz se terminó algunos minutos después, cuando escuche un grito de Vero pidiéndome que le alcanzara una toalla seca. Sin la menor gana, pero con temor a no obedecerla, me dirigi al armario de las toallas, tomé una y fui hacia el baño. En ese momento cometi un tremendo error que pagaría caro por un largo tiempo, abrí la puerta y entré. Al levantar la vista me encontré frente a mi con el mejor cuerpo femenino que había visto en mi vida, que no estaba nada contento por exhibirse forzadamente ante mi persona. Mi prima, que se estaba peinando frente al espejo, me miró a través del reflejo y pude ver el odio en sus ojos. Con una mano cubrió sus tetas, escondiendo sus pequeños pezones que estaban duritos y apetecibles. Ella me insultaba por haber entrado así, pero yo estaba embobado mirándola. Estaba completamente desnuda, a excepción de una pequeña bombachita celeste, diminuta. Me daba la espalda, lo que dejaba a pocos centímetros de mi un culo de película. Dos nalgas hermosas, firmes, bien paradas, de dimensiones perfectas, unas piernas igual de hermosas y una cintura de avispa, todo decorado por un bronceado casi caribeño. Me costaba reaccionar ante el impacto que el cuerpo de mi prima había generado en mí. Mientras me exigía que me retirara, mirándome a través del espejo, continuó peinándose mientras se cubria sus hermosas tetas, pero en ese momento, a pesar de su furia, comenzaba a mover lentamente su cinturita, generando un leve vaivén de su cola que claramente buscaba provocarme. Me fui del baño, aun extasiado, y con mi verga dura. Cuando estaba cerrando la puerta volvió a llamarme, di media vuelta, y esta vez me encontré con mi prima apoyada sobre el lavamanos con sus codos, simulando que acercaba su cara al espejo para ponerse crema en la cara. Sus brazos cubrían sus pezones parcialmente. En esta posición, su culazo quedaba completamente expuesto y aun mas cerca de mi; ahora lo movía mas acentuada y sensualmente. Yo intentaba no fijar mi mirada en sus nalgas, y a través del espejo notaba su mirada malvada y divertida con la situación. – en cinco minutos te quiero en mi habitación, ok? – me dijo con tono sereno. Yo asentí mientras ella me echaba del lugar.

Me fui a mi habitación sin poder sacarme de la cabeza la imagen de mi prima moviendo su colita para mi. Espere como un idiota mirando el reloj para que llegara el momento de ir a su habitación. Cuando entré la encontré tirada sobre su cama, boca abajo, leyendo una revista. Tenia puesto un pijamita en forma de vestido, muy cortito. Sus pezones se marcaban debajo de la fina tela, y su culo quedaba expuesto casi completamente. Esa posición lo hacía verse aun mas monumental, y ella lo sabía muy bien, por eso lo movía para mi.

– Como se te ocurre entrar así al baño, cuando hay una dama adentro? – me dijo mi prima muy calmada.

– Perdón prima, pensé que…

– Mejor no pienses, se ve que muy bien no te sale. Me viste desnuda.

– Perdón Vero, no quería…

– No querías verme desnuda? – me retrucó muy hábilmente.

– No, si! Es que…

Una sonrisa maquiavélica se dibujó en su cara y sus ojos se encendieron.

– Ahora me toca a mi verte desnudo.

– Que??

– Lo que escuchaste nene, dale, sacate todo

– ….

– Te estoy diciendo que te desnudes, o no entendes? – me dijo enojándose. No me quedó otra alternativa que obedecerla. Me quité mi remera, luego mis shorts. Me quedé así unos segundos, pero su mirada impaciente me hizo entender que tenía que ir hasta el final, así que, con toda la vergüenza del mundo me bajé mis bóxer hasta los tobillos, y con mis manos me cubrí la verga. Vero se reía y se relamía los labios. – Las manos a los costados nene – me ordenó. Yo obedecí. Ante la mirada divertida de mi prima quedaron expuestos mis dos huevitos y mi pequeño pene, que estaba semi erecto. Me miró detendiamente, luego soltó una carcajada. Me puse colorado y mis ojos se hicieron de vidrio. Instintivamente llevé mis manos hacia mi verga para cubrirla. – MANOS AL COSTADO, ESTUPIDO. – Levantó la voz Vero. Obedecí de nuevo. Entre risas me ordenó acercarme a ella. Cuando me tuvo a su alcance, tomó la lapicera que descansaba sobre su revista y con ella manipuló mi verga, que comenzó a ponerse durita. – que linda! Es tan chiquita! – dijo entre risas mientras con su lapicera seguía jugando con mi miembro. Yo moría de la humillación, pero mi pito endurecía cada vez más. Sin cambiar de posición, pero acentuando los movimientos de su cinturita, decidió que era hora de tantear. Dejó la lapicera en su lugar, y con sus dedos finos y frios tomó lentamente mis huevos. Di un respingo y una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo. Ella lo notó, y sonrió divertida. Yo no podía creer que mi hermosa prima estuviera agarrándome de los huevos y masajeándolos, mi pito estaba por explotar. – Son miniatura Juli, los sentís colgar al menos? – Dijo divertida, mirándome fijo a los ojos mientras sostenía mis huevos. Yo no contesté, solo baje mi mirada avergonzado. Vero empezó a recorrer mi verga con sus dedos, a inspeccionarla al detalle, siempre con su sonrisa burlona. Con los dedos de una mano la tomó y corrió la piel hacia atrás, y con el dedo índice de la otra comenzó a masajear mi glande. Di un respingo, y un escalofrio me recorrió todo el cuerpo. Mi pito estaba durísimo y mi prima continuaba moviendo su culazo entangado para mi.

– Que hacias en el baño hoy a la mañana? – Me preguntó Vero mirándome fijo a los ojos, sin soltar mi pito. Yo no me animé a contestar, me quede mudo. Me di cuenta que a mi prima no le había gustado mi silencio, pero antes de poder remediarlo ya me estaba apretando bien fuerte los huevos. – Te quedaste mudo, putito? Estabas con mi hermano, no? – dijo sin dejar de mirarme. Asentí con la cabeza y ella continuó hablando. – Así que sos su nueva putita?… contestame boludo! No me hagas pegarte en la pijita. – Volví a asentir con vergüenza. Ella reanudo sus lentos masajeos en mi verga. – Y que nombre te puso? – La mire a los ojos, completamente humillado. Sabia que no me quedaba otra opción que contestarle, así que trague saliva, y con la voz temblorosa le dije: Julieta. Ella sonrió complacidamente, casi había ternura en su gesto.

– Y te dejó así solito y desnudito para que yo te encontrara, que malito que es eh. Y contame Julieta, que estaban haciendo ahí?

– Es… Yo… Nos estábamos bañando.

– No me mientas Julieta

– Me… me hacía bañarlo

– Mmm si, no me digas – dijo Vero haciendo pucherito mirando y jugando con mi pitito – Y te hizo enjabonarle esa vergota que tiene?

– Si Vero.

– Seguro que te encantó sentirla. La tiene grande, viste? Y que mas pasó?

Me quedé en silencio, sin siquiera atreverme a contar lo que me había hecho mi primo esa mañana. Me di cuenta que no le había gustado mi silencio cuando volví a sentir sus manos en mis partes intimas. Con una me agarro fuerte de los huevos, tirando de ellos, y con la otra comenzó a darle golpes secos con la palma.

– Te dije que me contestaras, mariconcito. Te llenó la cola de leche?

– Ayyy! No Vero, no me pegues mas por favor.

– Pobrecito mi primito…

Vero acercó su cara a mis huevos y les dio un pequeño besito. Yo no podía creerlo, y creo que mi pito se puso aun mas duro, ya que ella soltó una risita burlona. – Seguro no te cogió porque no sos tan femenina Julieta! – Empezó a decirme. – Yo lo vi con otras de sus putitas, y todas parecían mas nenas que vos. – Yo estaba rojo de vergüenza, pero no me atrevía ni a moverme. Vero se levantó de la cama y estiró su cuerpo. No podía creer estar siendo testigo de semejante belleza. Mi hermosa prima estaba a centímetros de mi, enfundada en un hermoso pijamita muy sensual, que apenas le tapaba la mitad de su hermosa colita, que a su vez lucía una tanga pequeñita que la hacía aun mas deseable. Y yo ahí, desnudo, exhibiendo para ella mi pequeño pito.

Se acercó a su placard, y se agachó sensualmente (demasiado, solo con el fin de volverme mas loco) para revisar sus cajones.

– Te voy a buscar una bombachita digna de una putita como vos, y te la voy a regalar como buena prima que soy – me dijo Vero mientras meneaba ese culazo – Pero sabes que me está faltando una de mis favoritas…

Yo tragué saliva y miré al suelo.

– No será que la tenes vos???

– …. Si prima, perdóname.

– Te la dio el pelotudo de mi hermano??

En ese momento pensé seriamente en decirle que si, pero supuse que un enojo de él sería aun mas peligroso, así que sin levantar la vista del suelo le dije que no, que había sido yo el que la había robado. Se acercó a mi. Pude ver sus pies pegados a los mios. Sentí sus dedos tomarme de la barbilla y levantar mi cara hasta dejar nuestras miradas sobre la del otro. Con cara de enojada y sin apartar la mirada un segundo me dijo: -Tan putita podés ser que andas robando bombachitas? – Y apretó sus dedos sobre mi cara haciéndome doler. Acercó aun mas su carita a la mia y siguió. – Sabes que eso merece un castigo, no mariquita? Tenes que aprender a comportarte bien mientras estes en mi casa. Acto seguido me tomó del brazo y me llevó hasta su cama. Se sentó en ella y se quedó mirándome. Yo entendí lo que pretendía, y sin decir una palabra, ni mirarla directamente, me acosté boca abajo sobre sus piernas.

Comencé a sentir los golpes lloviendo en mis nalgas, pero estaba completamente abstraído del mundo. No podía creer estar así, desnudo ante mi hermosa prima, y acostado sobre sus piernas recibiendo un castigo como si de un niño pequeño se tratara. Aunque claro, ella había logrado que me sintiera así en su presencia, un niño pequeñito y avergonzado que necesita una lección.

A cada golpe mi humillación aumentaba más, y mi pito hacía más fuerza contra su delicada piel. Tenía lágrimas en los ojos, y no eran de dolor sino de humillación y vergüenza. Tan perdido en mi mundo estaba, que no me di cuenta cuando dejó de golpearme la cola. Sin levantarme giré mi cabeza y la miré, como esperando su aprobación antes de levantarme de sus piernas. Cuando la vi sonreír con malicia me levanté, y me quede de pie junto a ella.

– Espero que eso te sirva de lección Julietita. Y ahora vení, vamos al espejo que te voy a prestar ropita linda bebé. – Me dijo mi prima, y me llevó de la mano hasta el rincón donde estaba el espejo. Me sentía un nenito soportando los juegos de su hermana mayor, pero esto era muy real.

Me alcanzó una bombachita naranja con bordes blancos, y ella misma me la colocó entre las piernas, mientras me decía cosas como “esta te va a quedar divina Juli” y “Tu novio va a estar re contento”. Me la subió hasta la cintura y la encajó bien en mi culo. Ni siquiera me preguntó antes de meterme la mano en mi pijita para acomodarla bien dentro de su tanga. – Perfecta bebé! – Me dijo entre risas, y me hizo mirarme al espejo, dando vueltitas para ella. Y en ese momento me vi, modelando una bombachita para mi prima, que se reia y daba pequeños aplausos…. Mi culito completamente rojo por el castigo, sostenido por esa bombacha naranja. Me sentía extraño, pero mi pito seguía duro. Vero lo notó. – No te preocupes Julieta, casi ni se nota esa cosita- Me dijo pasando su mano sobre él. Se dirigió de nuevo a su placard, dejándome ahí frente al espejo. No podía parar de mirarme…

– A ver Juli… – me despertó Vero de mi sueño despierto, y me dio unas medias tipo red. Sin la menor oposición de mi parte, ella levanto una a una mis piernas y me las fue poniendo. Me quedaban perfectas, llegando justo a mitad de mis muslos. Estaba encantada con su experimento. Para finalizar, me puso una pollerita bien chiquita, de cuando ella iba al colegio. Por supuesto la prenda no me cubría ni la mitad del culo, cosa que a ella parecía encantarle.

– Estas hermosa Julieta!!!! – Me dijo dándome una nalgada suavecita. Yo no le contesté.

Se paró al lado mio frente al espejo. “somos dos diosas, no?” me dijo mientras se movia sensualmente frente a nuestros reflejos. Se revolvía el cabello a la vez que quebraba la cintura y sacaba culo. Lo meneaba lenta y sensualmente y yo me volvía loco.

– Te gusta mi culito, no Julieta? – me preguntó con maldad.

– Si.. Si Vero

– Mucho mucho?

– Si, Mucho… mucho. – contesté yo sin poder sacarle la mirada de encima.

– Te gustaría tocarlo?

– Si Vero, puedo?

– Mmmmm, no se, me prometés que vas a ser una nenita muy complaciente y obediente con tu primita Vero?

– Si…

– Y me vas a cumplir todos, TODOS mis caprichitos?

– Si Vero. Te lo juro.

Mi prima tomó una de mis manos y la llevó hacia su culazo. De pronto sentí el tacto de esa piel tan suave, y miré en el espejo como mis dedos, manejados por ella, masajeaban ese monumento a la belleza que era el culo de Vero.

Al cabo de unos segundos de gloria, ella retiró mi mano y se fue a su cama, acostándose boca abajo. De nuevo sacaba cola y la movia despacito para mi. Del cajón de su mesita de luz tomó una crema y me llamó. – Veni Julieta, necesito que me pases crema por la colita. – Me dijo en tono juguetón. Yo me acerque, tomé la crema. No podía creer tener ese culo al alcance de mis manos, a centímetros de mi persona, pidiéndome que le pasara crema. Me puse un poco en las manos y empecé. Estaba en el cielo, era hermoso sentir ese culo moverse bajo mis manos, cada vez mas suavecito y mas resbaloso. Movia mis dedos sin parar, disfrutando cada segundo, y podía sentír como mi prima se iba relajando. Mis movimientos eras cada vez mas firmes y seguros, acercándo mis dedos cada vez mas a la zona prohibida. Mi prima, completamente relajada, no oponía resistencia alguna, y de vez en cuando dejaba escapar un leve gemido. Mis dedos ya casi rozaban su ano por sobre la tanga, y parecía cada vez mas cómoda, mas humeda. De a poco acerqué mis manos hasta rozar ese ano divino, y un poco mas abajo, casi inocentemente acariciando su conchita sobre la tela de la tanga. Vero ya gemía libremente, y abría un poco las piernas para facilitar las caricias.

Sus piernas estaban considerablemente abiertas, y había levantado aun mas su cola. La humedad de su entrepierna ya era muy notoria y sus gemidos mas fuertes. Mis dedos ya habían alcanzado el area de su clítoris, y ella se estremecía cada vez que las yemas de mis dedos lo acariciaban sobre la bombachita. Decidí jugármela, y entre caricia y caricia, disimuladamente, fui haciendo a un lado la tanga. Ante mis ojos apareció la conchita mas hermosa que jamás había imaginado. Completamente depilada, de un color rosadito que contrastaba con su piel quemada por el sol. Era algo increíble. Pero justo cuando estaba a punto de pasarle mis dedos de punta a punta, y sentir toda su humedad en mis yemas, la puerta de abrió bruscamente. Pegue un salto hacia atrás, completamente asustado, y caí al piso. Vero pareció no inmutarse. Desde el piso miré hacia la puerta y pude ver la temida figura de mi primito, visiblemente borracho, y visiblemente enojado.

– Que carajo están haciendo? – Gritó enojado. Yo no me atreví a mirarlo, baje la vista.

– Ay, tranquilo nene, estábamos teniendo un rato de chicas, no te enseñaron a golpear? – dijo Vero, despreocupada.

– Si, con mi puta!

– Un pajarito me comentó que todavía no la hiciste tuya eh… – Vero dio vuelta su cabeza para mirarme a mi, y guiñarme el ojo. – Además, de que te quejas, si mirá lo linda que te la dejé! Juli, parate y da una vueltita para tu novio.

Dudé unos segundos, estaba sobrepasado por la situación, pero terminé obedeciendo a mi prima. Sin levantar la mirada del suelo me puse de pie, y di una vuelta, intentando ser sensual, para mi pequeño primo.

– Move bien esa colita Juli! Quebra la espalda para tu macho! – me daba indicaciones mi prima, y yo intentaba odecer. – Te gusta como te la deje, tontito? Esta divina tu putita.

– Me encanta. – Dijo mi primo, y se acercó a mi rápidamente.

Me agarró de la cintura y me apoyó toda su verga en mi cola. – Sentis como me pones, mariquita? – Decía mientras meneaba contra mi cola esa enorme pija. Me daba mucha vergüenza estar viviendo esa situación frente a mi hermosa prima, pero siempre era preferible obedecer que complicar las cosas. Una de las manos de mi primo se deslizó hacia mi parte de adelante y buscó mi pija sin delicadeza. – Y esta cosita? Está bien durita eh! – Dijo mi primo mientras me pajeaba un poco. – Y así estuvo todo el día, parece que anda necesitada Julietita – Acotó mi prima entre risas. – Creo que tenés razón Vero – dijo mi primo a la vez que soltaba mi verguita. – Creo que es hora de darle lo que está pidiendo. – Acto seguido me empujo fuertemente contra la cama. Yo ya imaginaba lo que pasaría y comencé a llorar. –Está tan feliz que se le caen las lagrimas, nene! – Dijo Vero riéndose de mí. Se acercó y comenzó a darme besitos en las lágrimas mientras mi primo me agarraba de la cintura y me acomodaba para hacer lo suyo. Realmente me sentía muy inferior ante ellos, como una nena frágil y fácilmente manipulable. Mi primo me movía a placer, casi sin hacer esfuerzo. Me acomodó de la cintura, dejando mi pecho y mis brazos sobre la cama, de rodillas y con el culo bien para afuera. Mientras se sacaba la ropa detrás de mi, le pidió a mi prima que le prestara la cremita. –Quiero que te lubriques vos solito, maricón. – Me dijo mi primo en un tono seco y autoritario. Cuando me di vuelta para agarrar la crema de sus manos, vi que ya estaba en bóxers, y su bulto era descomunal. Tenía mucho miedo. Seguí sus órdenes al pie de la letra. Puse crema en mis dedos, con la otra mano corrí mi bombachita al costado, y comencé a frotar los dedos encremados sobre mi ano cerradito. – Vas a tener que lubricarlo bien Juli, sino te va a partir al medio tu novio – Me decía burlonamente Vero. Lo decía para humillarme aun mas, pero así y todo tenía razón. Con timidez por sus miradas, comencé a llevar mis dedos mas profundo en mi ano, que se empezaba a abrir de a poquito. Metí adentro la primera falange de mi dedo índice. Dolió. Y además me sentía tan humillado que de solo pensar que estaba metiéndome un dedo en el culo me ponía a llorar aun más. Mi primo se impacientaba, y comenzaba a darme nalgadas fuertísimas pidiendo que me apresurara. – Yo te ayudo bebé.- Me dijo Vero, casi con dulzura, y se puso detrás de mí, cosa que me generaba aun mayor humillación y vergüenza. Con delicadeza, Vero retiró mi mano de mi cola. Cerré los ojos con fuerza cuando sentí los dedos de mi prima hurgando en mi ano. Al instante ya podía sentir un dedo completo adentro mío, y las risitas de Vero mientras jugaba con él. Un dedo se transformó en dos, y los simpáticos movimientos se transformaron en un mete y saca circular que me dolía casi tanto como la vergüenza de estar vestido de nenita, con las piernas abiertas recibiendo los dedos de mi hermosa prima.

Al cabo de unos minutos sus dedos abandonaron mi agujero más sagrado. Ya estaba preparado para lo peor, y no me animaba a darme vuelta. Pasaron varios segundos y yo seguía ahí, sacando la cola como buena putita, pero nada ocurría. Di vuelta la cabeza para ver qué pasaba, y me encontré con una imagen que no esperaba: Vero le había bajado los bóxers a Pedro, y ahora jugaba con su pija, usando ambas manos y escupiéndola. Pedro tenía los ojos cerrados y se dejaba lubricar. Vero vio mi mirada sorprendida, y entre risas me dijo “No te pongas celosa Juli, que esta es toda tuya. Pero bueno, ante semejante vergota una se tienta. Si lo sabrás vos…”

Pedro se acercó y con una sola mano giró mi cabeza para que mirara al frente. Podía oír cómo se acomodaba atrás mío. Una de sus manos frias se posó en mi cintura, debajo de la casi inexistente pollerita que tenia puesta. Cerre los ojos con fuerza y tragué saliva. En ese momento sentí la cabezota conocida de mi primo apoyarse en mi ano, y luego, las estrellas. Un impresionante dolor que sentí que me partía al medio se hizo presente en el momento que mi primo/amo me clavaba su verga enorme hasta el fondo. Pude sentir como sus huevos chocaban contra los mios, y pensé que explotarían. Con cada vaivén de mi primo me caian nuevas lagrimas. Con cada embestida el dolor inicial fue disminuyendo, lo que abrió paso a la enorme humillación de sentir ese gran pedazo de carne entrando hasta el fondo por mis intestinos, llenándome por completo, haciéndome de su propiedad, su puta. Podía verme a mi mismo, de rodillas sobre la cama, con una tanguita, medias de red y una pequeña pollera, bien putita, abriendo las piernas y el culo para que mi dueño pudiera hacerme toda suya. Y la hermosa Vero riendo a mi lado, disfrutando con mi humillación. Me mantuve con los ojos cerrados, y podía imaginarme la verga de mi primo, entrando y saliendo, llegando hasta lo mas profundo de mi, destruyendo mi ano. Sus manos en mi cintura (con ocasionales nalgadas) me hacían sentir suyo, su juguete personal, es difícil explicar lo que sentía, esa mezcla de sensaciones. Me fui dejando llevar, rebotando contra la cama al ritmo salvaje que mi primito imponía.

Volví en mi cuando sentí las manos de mi prima jugando con mis huevitos y mi pito. Era una sensación agradable q me hacía olvidar un poco el dolor y la humillación de cada embestida de mi primito. Comencé a sentir un poco de placer entre tanta degradación, y más aún cuando Vero agregó al combo una lamida de oreja, y palabras como “que linda putita Julieta” y “sentís como te entra toda?”. Comencé a sentir espasmos en mi interior y mi prima aumentó el ritmo de sus manos. Se acercaba mi orgasmo y ella lo sabía.

En ese momento la verga de mi primito salió de mi interior por completo, y pude sentir aire frio entrando por mi ahora abierto ano. Me sentí puta. Vero continuó masturbándome cada vez mas rápido y comencé a sentir cosquillas en mis huevos. En ese mismo instante, siento que mi primo escupe mi dilatado ano y de un golpe seco me mete toda la enormidad de su verga bien adentro de mi. Nunca pensé que sería capaz de llenarme tanto, de hacerme sentir así. Y en ese exacto momento, mas lleno de pija que nunca, exploté en un orgasmo tremendo, llenando de leche la cama, el piso y las manitos de Vero. Estaba rendido, fulminado. Me relajé y me dejé llevar mientras mi… amo?… me daba las ultimas embestidas bien hasta el fondo, cada vez con mas fuerza, hasta hacerme suya en un orgasmo mas poderoso que el que yo acababa de tener. Pude sentir su leche tibia inundando mi interior, resbalando por mi ano y chorreando por mis huevitos. Pedro sacó su verga y terminó de acabar sobre mi culo, mientras me gritaba “sentí como resbala la leche de tu macho por tu cuerpo, putita”.

Me dejé caer sobre la cama, rendido, sobre mi leche. Vero se acerco y entre risitas e insultos me refregó sus manos lechosas por toda mi cara, haciéndome lamer sus dedos. Ya no me importaba estar tomando mi propia leche, algo se había roto en mi, ahora realmente me sentía Julieta, la putita, el juguetito de mis primos.

– Creo que tenes que limpiarle el piso a Vero, no Julieta? Mirá el enchastre que hiciste – me dijo burlonamente mi primo mientras se masajeaba la verga. – Yo lo miré resignado, quebrado. Entendí lo que me estaba pidiendo, y sin mas opción me incorporé, me puse en 4 patas y comencé a lamer la leche que había derramado en el suelo. Vero se me acercó, y me obligó a levantar bien la cola y a abrir las piernas. Lo hice sin chistar, y sin dejar de lamer el suelo. Fue entonces cuando me di cuenta que aun no habían terminado de humillarme, ya que comencé a sentir los dedos fríos de mi prima jugando en mi ano, hurgando en el, recogiendo todo rastro de leche, para luego llevarme los dedos a la boca. Por supuesto los lamí sin pensarlo, como la buena perrita en que me había convertido.

Finalmente se aburrieron de humillarme y me permitieron irme a mi cuarto. Para mi propia sorpresa, me retiré a cuatro patas, sin que nadie me lo ordenara. Cuando me dí cuenta de lo que estaba haciendo lloré nuevamente, imaginando la hermosa vista de mis primos, viéndome alejar a cuatro patas, meneando mi culito entangado y lleno de leche, decorado por las medias y la casi inexistente pollerita… Y para colmo, pensando en eso, mi pitito volvió a ponerse duro.

Estuve tranquilo en mi habitación un buen rato, intentando dormirme, hasta que sentí que la puerta se abría. Me quede quietito y sentí como el cuerpo de mi prima se acomodaba a mi lado en la cama. – No vas a terminar lo que empezaste, bebé? – Me dijo al oído, susurrando. Acto seguido tomó mi mano y se la llevó a la conchita. Mis dedos tocaron el cielo. Era un placer enorme hundirlos en esa suave humedad, sentir los jugos de Vero empaparlos y escuchar sus gemidos cerca de mi oído. Aumentó el ritmo a la vez que comenzaba a moverse, a menearse en mi porpia cama, retorciéndose contra mi, frotando ese majestuoso culo contra mi pijita. Creí que iba a explotar en un orgasmo infernal, pero mi prima se detuvo a tiempo, y ya casi gritando en vez de gimiendo, se trepó sobre mi. Pude notar que no tenía nada mas que el pijamita puesto. Sus piernas se colocaron a los costados de mi cabeza y ante mi apareció bien abierta la conchita con la que había soñado infinidad de veces. Mojada, abierta, hermosa, en todo su esplendor. No me animé a moverme, fue mi prima quien reanudó su mastubración (ahora con sus dedos) hasta empezár a gotear. En ese instante pegó su concha contra mi cara y mi boca, y empezó a refregarse. Se estaba masturbando con mi cara! Fue cuestión de segundos hasta que explotó en un orsgasmo, empapándome la cara con sus jugos. Quedó exhausta, recostada sobre mi, aun con su concha casi asfixiándome. Cuando finalmente se levantó se fue hacia la puerta sin siquiera mirarme, y desapareció. Me quede solo, en total oscuridad y silencio, con el pitito bien duro. Minutos después sonó mi celular. El mensaje era de mi prima. Era un video. Tragué saliva mientras terminaba de descargarse, y finalmente comprobé lo que sospechaba: la maldita había filmado absolutamente todo. Nuevas lágrmias cayeron por mi rostro. A los pocos segundos me llegó un nuevo mensaje que decía “Te morís de ganas de mirarlo. Hacelo Julietita, y si te llegas a masturbar mirando como te rompieron la cola, te tragas toda tu leche. Besito linda”. Me sentí humilladísimo, porque sabía muy bien que tenía ganas de ver ese video, y así lo hice. Entre lagrimas y una morbosa calentura, volví a ver como me había desvirgado mi primito, vestido de nena y delante de mi prima. Por supuesto me masturbé viéndome siendo violada. Por supuesto me tragué toda mi leche.

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