Un viaje al pasado – 3

Al día siguiente, una de ellas me despertó, me mando levantarme y salimos fuera de la choza, a la puerta de la misma, me mando que me sentase mediante gestos, yo no tenía otra cosa que obedecer, en eso me cogió el pelo y con un cuchillo comenzó a cortármelo lo más posible, tras mojarme la cabeza y cogiendo otro más pequeño comenzó a afeitarme la cabeza, dejándola como una bola de villar, al terminar, se puso frente a mí y me afeito las cejas, iba también a afeitarme el pubis y me mando que me levantase, al ver que lo tenía depilado, paso la mano sobre él y se puso a reír, llamo a la otra mujer y las dos se reían, al parecer querían expresar su sorpresa de que lo tuviese depilado y que no asomase una brizna de pelo, llamaron a una niña de unos seis años y lo compararon con el de ella. No concebían de que yo no tuviese ningún pelo en el pubis, daban a entender de que era como una niña, en eso, una de ellas sin decir nada, metió sus dedos en mi vagina, parece ser para confirmar mi virginidad, al momento los saco y comento con la otra de que no era virgen. Enseguida fueron a decírselo al jefe, y al rato vinieron más tranquilas, parece ser que el jefe, su marido, les había dicho de que el sabia de que ya había sido utilizada.

Luego, me mandaron meterme en la choza dentro de un recipiente que me llegaba un poco mas abajo de las rodillas, era el caparazón de una calabaza cortada por la mitad, en ella habían vertido una mezcla a base de arena color ocre, grasa de animales, cenizas, jugos de varias raíces y hierbas. Ya dentro mediante trozos de mis ropas empapadas en aquella mezcla comenzaron a frotarme todo el cuerpo, empezando por la cabeza, cara, espalda, brazos, pechos, vientre, piernas nalgas en fin todo el cuerpo, me estaban bañando en aquella mezcla y frotando aparte de con los restos de mi ropa con hierbas que me producían en todo mi cuerpo rascaduras que llegaban a sangrar, así me tuvieron casi dos horas, cuando terminaron, todo mi cuerpo estaba sangrando por los arañazos que me habían producido, me sacaron de la calabaza y me dieron un taparrabos, bueno era un tanga tipo hilo dental, ya que únicamente me cubría mi rajita, luego me dieron una piel de cabra que me la pusieron alrededor de la cintura, una cinta en la cabeza y me llevaron con ellas.

Salimos del poblado y nos adentramos un poco en el bosque, por señas, me decían que tenía que hacer lo que ellas hacían. Comenzando entonces a recoger leña, que haciendo un hatillo, se lo echaban a la espalda y otro a la cabeza, regresando las tres al poblado, luego, fuimos a buscar agua para ello utilizamos diferentes calabazas de diferentes tamaños, las cargábamos bien en la cabeza y otras apoyadas en las caderas. El cuerpo me dolía por todas partes, además de las raspaduras del esfuerzo de cargar la leña y el agua, cuando dejamos el agua, comenzamos a preparar la comida, en unos recipientes que semejaban a unos morteros metían granos de mijo o de maíz y con un tronco de árbol de unos dos metros lo machacaban hasta hacer una harina, eso nos llevaba casi toda la mañana, cuando ya estaba bien molido el grano lo mezclaban con agua haciendo una masa que extendían sobre una piedra bien lisa, fue entonces que me enseñaron lo más importante para ellas, encender el fuego, poniéndose en cuclillas sujetaban un palo que estaba cortado por la mitad a lo largo, sobre el hacían resbalar con fuerza otro un poco más duro, frotando uno con otro al cabo de unos momentos arrimaban unas hierbas secas que con el calor que generaba el roce de los dos palos comenzaba a brotar humo, con mucha suavidad soplaban sobre las hiervas, al mismo tiempo que añadían hojas secas y pequeños palitos que enseguida producían llama, así encendían su cocina, como en la edad de piedra, nosotros con una cerilla o el microondas lo teníamos solucionado, cuanto teníamos que aprender. Aquella masa semejaba a unas tortitas que extendían sobre una piedra caliente lo que hacía que se cociese con rapidez, dándole de vez en cuando la vuelta a aquella masa, luego esas tortas las ponían sobre una hoja y les ponían plátano que previamente habían hervido y machacado, para beber tenían una calabaza llena de leche de vaca mezclada con sangre también de vaca, además se añadía trozos de yuca que días antes habían recogido del bosque y hervido, cuando toda la comida estuvo preparada me dieron una hoja de plátano con todos los ingredientes que habíamos cocinado y me dijeron:

– Zaafir, Zaafir.

Querían decirme que se lo llevase a Zaafir, el era siempre el primero en comer, después serian los niños y por último las esposas por orden de casamiento, a mi me tocaba ser la última en comer, cuando me toco, apenas quedaba algo, me prepararon mi ración y me senté a su lado, espere a que el resto de la familia comenzase a comer para imitarlos, no había mucho que imitar, meter los dedos y coger la comida.

Después de comer Zaafir me llamo, le seguí al interior de la choza, me indico que me pusiese de rodillas delante del, el se sentó en un pequeño banquito y sin decirme nada me mostro su pene. Cuando lo vi me asuste, debería medir en estado flácido unos 20 cm y su grosor no era proporcional a su longitud, me dijo que me acercase y cuando estaba a un palmo de él agarro mi cara y apretándome los carrillos me obligo a abrir la boca, tenía que obedecer. Abrí la boca y le falto tiempo para enchufarme su falo en mi boca, comenzando una mamada, mientras se la hacía, llamo a una de sus esposas, que le dijo unas cuantas palabras, ni me entere que quería, yo ya tenía bastante con su polla en mi boca.

En eso, note que una de sus esposas, me quitaba la piel de cabra que cubría mis partes bajas, me bajaba el tanga y colocaba en mi ano unas hierbas y se marchaba, yo seguía mamándole aquel pedazo de polla que cada vez crecía mas, pero al mismo tiempo sentía en mi esfínter un relajamiento y distensión, en eso el saco de mi boca su pene y me mando darme la vuelta dejando a su entera disposición mi culo. Sin darme cuenta y sin previo aviso de un solo golpe me lo metió entero en mi culo. No sentí dolor ninguno, si sentía que aquel tronco lo tenía dentro de mí pero el miedo de un desgarro anal no me preocupaba, al parecer las hierbas que me había colocado en la puerta de mi culo habían hecho la vez de una llave que abría mi esfínter de tal manera que entraba lo que fuese y una vez dentro se cerraba para satisfacción de las dos partes.

Zaafir, comenzó a moverse al mismo tiempo que me agarraba por las caderas, yo notaba que aquel pene entraba hasta lo más profundo de mis intestinos golpeando las paredes del mismo de tal manera que se descargo en mi interior llenándolo de su esperma.

Cuando termino de descargarse, me lo volvió a meter en mi boca para que se lo limpiase, me daba asco, tenia restos de mis heces por todo su pene, tenía que obedecer, hice de tripas corazón y cerrando los ojos me lo metí en la boca y se lo limpie.

El resto de la tarde, sus esposas, me enseñaban a tejer cestos de paja, así como hacer cacharros de barro que después poníamos al sol a secar. Poco a poco me enseñaban las labores de las mujeres. Por la noche, al retirarnos para descansar, sus tres mujeres se fueron a acostar con él, todos dormíamos en la misma choza, a excepción de los hijos que dormían en otra todos juntos, fuesen de cualquiera de las mujeres. En eso comprobé que Zaafir aquella noche se cepillo a sus tres esposas pero no fue analmente como me lo había hecho a mí, fue vaginalmente, las tres por los gritos que daban habían quedado satisfechas, ellas ya tenían varios hijos la primer esposa el mayor tenía 16 años y se encontraba fuera del poblado preparándose para la iniciación como hombre, además tenía con ella dos chicas de 11 y 12 años y un niño de 6. Con la segunda tenía tres chicas de 15, 13 y 11 años y con la tercera tenía también tres dos chicas de 14 y 10 años y un varón de 7. A ese paso cuantos tendrá con migo, y seguía buscando más hijos.

A la mañana siguiente, volvieron a las mismas operaciones, me volvieron a bañar con aquel mejunje, al parecer yo tenía la piel demasiado blanca y eso era mal visto por los dioses, tenían que oscurecérmela para poder tener hijos fuertes, esa mezcla de tierras y jugos de plantas se mezclaban con mi sangre por eso tenían que frotarme muy fuerte para que se mezclase y mi piel se fuese oscureciendo, mientras eso no se lograse, Zaafir no podía poseerme vaginalmente pero si analmente. Un día vi en el centro del poblado a dos hombres atados a un poste completamente desnudos y junto a ellos a otros dos golpeándoles con unas varas largas. Con gestos les pregunte el porqué los golpeaban y me dijeron que a los dos los habían cogido haciendo el amor, eran homosexuales, y les estaban golpeando en sus partes como castigo, la homosexualidad no estaba permitida además del castigo físico a partir de ese momento serian considerados como mujeres, no tendrían derecho a los consejos del pueblo, y tendrían que hacer todas las labores de las mujeres, si se negaban serian expulsados del poblado además de ser marcados a fuego para que otras tribus supiesen su delito.

Me advirtieron de que yo como esposa de Zaafir o cualquier otra mujer casada, no podía dirigirse a otro hombre sin el permiso de su marido, si la encontraban hablando con otro hombre que no fuese de su familia podía ser condenada a muerte, abandonándola en la selva, a esperar que Simba, el león, la encontrase.

De inmediato, me vino a la mente los cuernos que le había puesto a Julio y de la que me había librado por habérselos puesto en un país civilizado, ni se me ocurriría ver ni hablar con un hombre que no fuese de la familia sin el permiso de Zaafir.

Todas las tardes, Zaafir, me llamaba a su lado para que le hiciese una mamada y después metérmela por el culo, con sus otras tres esposas retozaba por las noches quería tener más hijos pero ninguna quedaba preñada.

Así pase dos meses, con los baños diarios y cuando fue la sorpresa de que un día ya no me bañaron, al parecer el tono de mi piel había llegado a un color apropiado, era en de una pastilla de chocolate con leche. Enseguida me llevaron ante Zaafir que dio el visto bueno a mi color. Esa noche se efectuaría la ceremonia de mi boda con Zaafir, me pusieron un montón de collares hechos de semillas y conchas, me perforaron las orejas varias veces y me pusieron un montón de pendientes, me pintaron el cuerpo con pintura blanca, resaltando mis pezones, tengo que decir que mis pechos eran naturales y de un muy buen tamaño, mi cara también la pintaron con dibujos en color blanco y amarillo.

Ese día no hice ningún trabajo del hogar, no fui a por leña, ni por agua ni siquiera hice la comida, me sirvieron la comida inmediatamente después de Zaafir, era el día de mi boda. El ritual era muy primitivo, con un cuchillo se hacia una incisión en las manos de los contrayentes y después se las unía tapándolas con unas hojas y atándolas, deberían permanecer así hasta el momento de la copula. Para la cena de boda se mato un cabrito, y fue fiesta en el poblado, yo estaba sentada al lado de Zaafir, adornada con collares de colores y tocados en mi cabeza afeitada también de colores. Se comió y se bebió durante toda la noche, yo deseaba que Zaafir quedase borracho y que no pudiese cumplir en la copula pero no fue así. Ya se habían marchado todos a sus chozas, sus otras tres mujeres esperaban sentadas a comprobar que el matrimonio se consumaba, a mí eso me daba mucho corte, pero eran las costumbres.

CONTINUARA

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