Un viaje al pasado – 6

La noticia de mi embarazo fue gozo en mi y en mi familia, las otras tres esposas de mi marido se alegraron de ello, por ser primeriza, me eximieron durante los tres primeros meses de esfuerzos, tales como cargar leña, ir a por agua, levantar cosas pesadas, durante los primeros meses todos los días acariciaba mi tripa que apenas crecía, lo que si crecían eran mis tetas, las areolas de mis pezones se estaban poniendo más grandes y de un color mucho más oscuro, si mi piel era de color chocolate con leche, las areolas era de chocolate negro 90%, estaban más sensibles, Zaafir, me los acariciaba todos los días, acompañaba a las mujeres al rio a buscar agua y mientras ellas llenaban las calabazas yo buscaba en las orillas algún remanso donde pudiese reflejar mi figura, verme en mi desnudez, con la cabeza afeitada mi piel oscura y mi tripa incipiente que comenzaba a forzar mi silueta, obligándome formar con mi espalda una S, mis tetas grandes se movían como unos globos llenos de agua, me dedicaba después de mis tareas domesticas y familiares a visitar a otras mujeres, bien viudas y darles consuelo, bien recién casadas y asesorándolas en el sexo, o recién paridas, informándome mejor de lo que me esperaba. El que se preocupaba mucho de mí era Ghaib, el hijo mayor de mi esposo, siempre atento a mi estado dando órdenes a su madre y esposas de su padre para que no me faltase nada.

Los meses pasaban, mi tripa crecía, ya comenzaba a moverse en mis entrañas, me daba buenas patadas que me hacían reír. Siempre había oído decir a mis antiguas amigas en Europa, que las embarazadas deben caminar bastante y como en realidad no tenía mucho que hacer, todas las tardes me daba largos paseos, siempre me acompañaba Sanka y las demás mujeres de la familia, principalmente las niñas, a las que asesoraba como mejor podía en los quehaceres de las mujeres y futuras madres y esposas, no es que quisiese erigirme como la matriarca del poblado, no quería romper las tradiciones milenarias que tenían, todo lo contrario, todas esas tradiciones tenían una base científica comprobada que los nativos se nutrían de la naturaleza por simple observación de su entorno, asimilaban todo lo que veían, sus mentes eran vírgenes y seguirán siéndolo después de mi paso por la vida, pero si podía abrir en ellos y ellas tan solo una pequeña esperanza de conocimiento me sentiría feliz. Jugaba con ellos y les contaba cuentos clásicos como Cenicienta o Blancanieves, que viéndolo desde mi punto de vista en algo se asemejaban a mi vida, (Niña rica cae en desgracia y es usada en beneficio de otros, hasta que conoce a la persona que la redime de sus pecados).

En los repartos de la comida, para mi eran las mejores viandas, bebía mas leche, mezclada con la sangre de las vacas, bebida está muy común entre las tribus africanas, todas las semanas, comía al menos tres días carne y pescado, no en grandes cantidades pero si más que antes de mi embarazo, las mujeres sabían que ese tipo de alimentación era necesario para mi salud y la de mi hijo.

Si en el primer mundo, digo primer mundo por estar en el siglo XXI porque yo vivía en el quinto mundo, ya que vivía en la edad de piedra, las embarazadas, están preparando el ajuar para su hijo, cosiendo comprando ropa y demás, yo lo que hacía era tejer una pequeña hamaca donde mi hijo pudiese dormir a salvo de serpientes que pudiesen aparecer. Con mi esposo seguía teniendo relaciones sexuales, no con la intensidad del principio pero si disfrutaba enormemente, por mi comodidad me ponía a horcajadas sobre Zaafir o bien de lado algunas veces me ponía a cuatro patas, así mi tripa quedaba colgando y no era comprimida por el peso de Zaafir, aunque él era más bien flaco.

Muchas veces me ponía al sol, con el fin de que los rayos del sol beneficiaran mi embarazo con la vitamina D además así podía ver mi silueta en la sombra que producía, mi culo había aumentado considerablemente, mis nalgas ya no eran tan redonditas y como habían sido, ahora eran grandes y redondas, me gustaban, pero había una cosa que no cambiaria nunca, mi sexualidad, me gustaba el sexo y quería aprovecharlo en todas las facetas de mi vida.

Los meses pasaron y llego la fecha, una mañana notaba que la hora estaba cerca iba a experimentar la mayor sensación que puede tener una mujer, dar la vida a otro ser, llame a Sanka, que me acompaño al bosque, llevábamos todo lo necesario, tenía miedo, Sanka me dio los ánimos necesarios diciéndome.

– Mi querida hermana, he tenido cuatro hijos y estoy aquí, este es el tuyo, el primero, es normal que tengas miedo, pero yo se que tendrás muchos más, todos sanos y fuertes.

Los dolores comenzaban a intensificarse, caminaba para facilitar la expulsión de mi hijo, me frotaba con las hierbas para espantar a los malos espíritus, bebía constantemente para ayudar la dilatación del conducto del parto, cada minuto que pasaba el dolor era más intenso, gritaba como queriendo llamar al mundo de que no me abandonasen , en eso rompí aguas, puse la mano a la altura de mi vagina y por tacto comprobé que estaba ya muy dilatada, entonces decidí empezar a empujar con cada contracción, en eso me incline sobre uno de mis hombros y mi hijo salió de mi vagina cayendo sobre las hojas que había preparado Sanka, enseguida lo envolvió en hojas y me lo puso en el regazo, enseguida se agarro a una de mis tetas y comenzó a mamar, mientras Sanka cortaba el cordón umbilical y esperaba a que expulsara la placenta para fraccionarla y comérmela lo antes posible. Todo eso transcurrió en unos veinte minutos, ya no me acuerdo del sabor de la placenta, la felicidad de tener a mi hijo en mis brazos me llenaba toda de felicidad, Sanka me vio y me dijo.

– Hermana, no llores ya paso todo.

– Sanka, lloro de felicidad, tengo una cosa que es mía y por esta cosita tan bonita daría la vida cien veces cien.

El color de su piel no era blanco, más bien tenía el mismo tono de piel que yo, tal vez un poco más oscuro además era un varón hermoso era mi primer hijo, su nombre seria ZAWAHDI que significaba REGALO, y en realidad era un regalo del cielo.

Cuando regresamos al poblado, Zaafir estaba esperando a la puerta de la choza, cuando me vio llegar se acerco, le di a nuestro hijo y el orgulloso lo levanto para que todos lo viesen, su nuevo hijo, ZAWAHDI, el regalo del cielo.

Me acosté en un camastro a descansar y a mi hijo en la hamaca que había tejido pare él, me quede dormida por el cansancio.

Cuando me desperté, vi dentro de la choza a aquella mujer que yo había ayudado en el parto de su hijo, me traía un cerdito para que lo amamantase al igual que a mi hijo, ese día fue fiesta en el poblado, Zaafir mando matar un cabrito para festejar el nacimiento de su hijo. Las mujeres del pueblo me trajeron regalos tan dispares como sencillos, unas me trajeron calabazas con semillas en su interior, sonajeros, otras recipientes para que bañase a mi hijo y cosas por el estilo. Al día siguiente ya repuesta del parto, me senté a la puerta de la choza, con el fin de mostrar a mi hijo, le di el pecho, que lo agarro rápidamente, cuando termino de mamar, le di el pecho al cerdito, era una extraña sensación que sentí al comprobar que aquel animal mamaba de mi teta sin importarle si en realidad era su madre natural o era una nodriza, no me molestaba en absoluto, al contrario me hacia cosquillas en el pezón.

A donde me desplazaba siempre llevaba a mi hijo en un hatillo que cruzaba mi cuerpo teniendo siempre su carita a la altura de mis pechos para que mamase cuando tuviese hambre, después de que mi hijo mamase, ponía al cerdito a mamar, cuando las tomas del pecho se fueron espaciando, lo llevaba a la espalda, de esa manera, podía agacharme con facilidad para hacer mis labores domesticas, sin el peligro que mi hijo se cayese al inclinarme. Era feliz con mi hijo y un esposo que me cuidaba, ya no me importaba si mis tetas, que ahora eran enormes por el periodo de lactancia se habían caído o si tenia estrías en la tripa, tenía a mi hijo y eso me llenaba. Durante la cuarentena no podía satisfacer a Zaafir, me sustituía Sanka y cada día se encontraba feliz porque había recuperado el deseo sexual para ella y para su marido.

Habían pasado 4 meses desde el nacimiento de mi hijo, un día Zaafir y su hijo mayor fueron a cazar, con otros hombres de la tribu, al rato un mensajero llego corriendo excitado y nervioso. Me dijo que Zaafir estaba herido, que un búfalo lo había atacado en el momento en que le lanzaba su arma para matarlo, pero no le había dado, y el animal arremetió contra el tirándolo al aire y corneándolo en el suelo. Su hijo Gahib lo había matado con su machete pero no había podido salvar a Zaafir. La comitiva de caza regresaba al poblado, todo el pueblo estaba triste, su líder estaba muerto, todas las mujeres del pueblo se pusieron a llorar su muerte, cuando me entere de la noticia, mi corazón se encogió de tal manera que sentí que con la muerte de Zaafir algo también se había muerto dentro de mí. Me retire a la choza con el resto de mis hermanas-esposas de Zaafir, y nos dispusimos a prepararnos para el velatorio de nuestro marido, comenzamos a prepara los anillos de la nariz, con un hierro al rojo, nos fuimos perforando el tabique nasal, el dolor que sentíamos era tan grande que no sentíamos el olor a carne quemada que producía las heridas que nos estábamos infligiendo para demostrar nuestro estado de viudas con hijos. Mientras los hombres amortajaban a Zaafir y preparaban su sepultura, nosotras teníamos que permanecer en la choza encerradas hasta que nuestro nuevo amo nos diese la autorización para visitar la tumba de nuestro esposo. El tiempo que permanecimos recluidas en la choza, lo pasamos llorando y cantando a la memoria de Zaafir, nuestro amado esposo. Otras mujeres nos traían la comida y atendían a nuestros hijos pequeños, solamente mi hijo permanecía conmigo porque tenía que darle de mamar. Cuando todo estuvo preparado entro en la choza Gahib, nuestro nuevo amo y señor, todas nos pusimos de rodillas ante el esperando sus ordenes y el destino que nos tenía reservado.

En eso dijo:

– Mujeres, vuestro marido amado, mi padre ha muerto, por ley como heredero soy el nuevo jefe de la tribu y vosotras seréis desde este momento mi herencia hasta que decida lo que hacer con vosotras. Mi padre, vuestro esposo tenía un orden para sus esposas, Nilam seguirá siendo su primera esposa y el resto de las mujeres el orden que él había establecido, yo aun no he tomado esposa cuando decida tomar esposa las cosas cambiaran, ahora seguirme en el orden de primera, segunda, tercera y cuarta esposa.

En ese orden fuimos saliendo de la choza y siguiendo sus pasos hasta el lugar de enterramiento, todas llorábamos la perdida, yo en especial, ya que él me había abierto los ojos y me había enseñado que la vida no es solo diversión, es también sacrificio y darse a los demás, dentro de la sabiduría de cada una de las personas.

Pasaron seis meses desde la muerte de nuestro marido, las cosas seguían como había indicado Gahib, el era ahora el líder del pueblo, y nuestra obligación era obedecerle. Yo siempre me sentaba a su derecha y su madre Sanka a su izquierda, aunque tenía la categoría de cuarta esposa, era la madre del jefe de familia y eso la autorizaba a sentarse a su izquierda, de vez en cuando, Sanka, le decía a su hijo, que si tenía alguna duda me pidiese consejo, que yo era una mujer sabia y buena esposa con su padre, eso fue fortaleciendo la confianza de Gahib en mi persona, aunque no me pedía consejo directamente, algunas veces me veía y con un gesto me pedía mi opinión sobre algún asunto, yo le contestaba también con un gesto sin decir palabra dándole en beneplácito o indicándole que era todo lo contrario, eso afianzo en la tribu su rectitud y justicia, lo que le valió el sobrenombre de JUSTO. Como todas las esposas viudas de su padre le pertenecíamos y podía disponer de nosotras como quisiese, un día me llamo y me dijo que esa noche yacería con migo, quería saber de primera mano porque su padre me amaba tanto tras la noche de bodas. Le indique que la cuarentena ya se había cumplido y que podía yacer con el hijo de mi difunto esposo las veces que el quisiese, que era su humilde sierva y madre de su medio hermano. El tenia a la sazón 20 años y yo estaba en los 33 para mí era un bombón ya que según las noticias que tenia era virgen, podía domarlo a mi gusto, y si tenía la potencia de su difunto padre seguro que tendría hombre para rato.

Continuara

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