Una cena con final inesperado (vaya desayuno)

Me di la vuelta sobre la cama y quedé tumbado boca abajo evitando que la luz que entraba por la ventana me molestase.

Me pareció escuchar como Marta se levantaba y se encaminaba hacia el baño, pero yo estaba agotado y al parecer al cerrar los ojos entré en un profundo sueño casi sin darme cuenta.

¡Despierta dormilón! Escuche a mis espaldas.

Poco a poco fui abriendo los ojos intentado despertar mientras giraba mi cabeza en dirección a las voces que seguían gritándome en tono de broma que me despertase.

Conseguí darme la vuelta y allí estaban las dos.

Llevaban como única vestimenta unas braguitas y los pechos desnudos con sus pezones tiesos como apuntándome listos para disparar.

Está listo el desayuno – dijo Ana – levanta y desayunamos los tres

Me incorporé en la cama y desde la misma intenté descubrir por donde andaban mis pantalones cortos, cuando de repente Marta acachándose los recogió del suelo y me los tiró encima.

Jajajajajaja – reía Marta – ¡espabila!

Como buenamente pude coloqué los pies en el suelo y ellas desaparecían de la habitación mientras yo las seguía con la vista.

Realmente eran unas jovencitas preciosas, sus movimientos al andar eran como si danzaran al son de una música clásica, sus figuras eran prácticamente perfectas y sus pechos desafiaban completamente a la gravedad.

Me levanté de la cama y al llegar al salón, descubrí que habían preparado un desayuno a base de fiambres fríos, pan de molde y mermeladas de varios tipos acompañados de zumos variados.

Me senté en el medio de ambas y me pareció estar en el paraíso, toda la mesa llena de comida y acompañado de dos bellas jóvenes que simplemente vestían una braguitas, mientras sus tetas no paraban de moverse de un lado a otro y yo no podía dejar de admirarlas.

Debajo de la mesa, mi polla empezaba de nuevo a reaccionar ante semejantes vistas mientras yo me dedicaba a reponer fuerzas a base de zumos y alguna que otra tostada con mermeladas.

Marta se preparó una tostada con abundante mermelada de fresa y al intentar pegar un bocado un poco de la mermelada cayó sobre su pecho resbalando hasta quedarse en el pezón.

Los tres reíamos de la situación mientras y Ana se levantó corriendo de su silla y se fue junto a su amiga y acercando su boca al pezón empezó a lamer con su lengua limpiando cualquier rastro de mermelada.

Ante aquella visión mi polla ya creció por completo.

Ana pasó de un pezón a otro y después de limpiar ambos pezones de una mermelada ya inexistente, bajó con su lengua por el ombligo de Marta y colocándose entre sus piernas, tiró de sus braguitas sacándoselas por completo y tirando de sus caderas hacia fuera de la silla la obligó a quedar sentada en el borde de la silla mientras ella de rodillas en el suelo iniciaba una comida de coño en toda regla a Marta que acomodada en el borde de la silla abría sus piernas todo lo que podía.

Eran las once de la mañana del domingo – pensaba yo – y como ha empezado el día.

Ana estaba entre las piernas de Marta debajo de la mesa, mientras Marta intentaba pegar bocado a la rebanada que tenía en la boca sin poder conseguirlo, su boca era un continuo ir y venir de suspiros y gemidos, mientras yo mirando desde mi silla su cara y notando crecer sus pezones que parecían querer salir eyectados de la excitación.

Como pude acabé mi zumo y me senté en el sofá para tener una mejor visión de la escena mientras me encendía un cigarro.

Marta con su mano libre apretaba la cabeza de Ana contra su coño haciendo que los gemidos aumentasen y de cuando en cuando me miraba poniendo una cara de placer indescriptible.

Yo no perdía detalle de ninguna de las dos, Ana arrodillada en el suelo follando el coño de su amiga con la lengua y Marta sujetándole la cabeza y guiándosela para que recorriese todo su coño.

Marta mientras me miraba sonriente metió un dedo en el tarro de la mermelada y tirando del pelo de Ana apartándola de su coño se untó todo el coño de mermelada mientras le decía riendo que así tomaba también algo de alimento.

Yo me reí por la ocurrencia mientras veía de nuevo a Ana volver a colocarse en posición y comerse toda la mermelada que Marta había esparcido por su coño.

Mi polla seguía atrapada dentro del pantalón corto y empezaba a encontrarme incomodo debido a la presión que mi polla ejercía sobre la ropa produciéndome ya dolor en los huevos.

Marta se aferró con las dos manos al mantel y soltando un grito su cuerpo empezó a convulsionarse mientras gritaba que se corría.

Me corro – gritaba Marta – no pares que me estoy corriendo – decía mientras se le quedaban los ojos en blanco y echaba la cabeza hacia atrás –

Ana aun se esmeró mas en intentar meter su lengua en el coño y Marta seguía sufriendo convulsiones hasta que al parecer no aguantó más y de un tirón de pelo apartó a Ana de su coño tirando de ella hacia arriba y quedando las dos a la misma altura empezaron a besarse o más que besarse comerse la boca la una a la otra mientras las manos de ambas recorrían por completo sus cuerpos.

Aquello ya fue demasiado para mi, estaba a punto de correrme sin tan siquiera tocarme.

Es la fantasía de cualquier hombre, el ver a dos mujeres disfrutar de un orgasmo juntas y encima que esas dos mujeres no superen los veinticuatro años.

Tuve que levantarme al baño a refrescarme la cara porque no podía aguantar más.

Mientras yo me enjuagaba la cara en el baño intentando que bajase mi erección ambas amigas pasaron por la puerta del baño y asomando la cabeza me invitaron a acompañarlas a la habitación a seguir jugando.

En un momento estoy con vosotras – les dije mientras mojaba mi cabeza con agua fría –

Cuando terminé de refrescarme me encaminé a la habitación y desde la entrada de la misma la visión era espectacular, ambas estaban haciendo un sesenta y nueve en el que Marta estaba tumbada sobre la cama boca arriba y Ana se encontraba sobre ella teniendo yo desde la puerta una inmejorable visión del agujero del culo de ella.

Esperé un momento para guardar en mi retina aquella visión, pero decidí que era mejor hacerles una foto y poder verla cuando yo quisiera.

Cogí el móvil que estaba sobre la mesita y me dediqué a hacerles fotos desde todos los ángulos que se me ocurrían y en ese momento Marta giró la cabeza y viéndome con el teléfono haciéndole fotos me dijo que después se las mandase para tener un recuerdo ella también.

Ana que seguía a lo suyo disfrutando de la comida de coño que le hacía Marta desde abajo de ella, no se enteró de nada y lo único que hacía era suspirar y gemir fuertemente.

Dejé el teléfono sobre la mesita de nuevo y viendo como Ana movía ese culito aplastando con su coño la cara de Marta, me acaché sobre ella y abriéndole los cachetes me dediqué a recorrer con mi lengua humedecida su agujerito aun un poco dilatado.

Ella dio un fuerte gemido al notar mi lengua en su culo y levantando la cabeza me dijo que ni se me ocurriese metérsela otra vez por detrás.

Me ha gustado mucho y me corrí como nunca – decía entre gemidos – pero aun me duele un poco aunque no estaría mal que me la metieses desde ahí mientras Marta me come el coño.

Me quité el pantalón y cogiendo mi polla con la mano me dediqué a pasar la punta por el coñito abierto que tenia ante mí, mientras Ana volvió meter la cabeza entre las piernas de Marta que le reclamaba que no parase.

Poco a poco fui incrustando mi polla en el coño de Ana como si fuese a cámara lenta, disfrutando del roce y del acoplamiento que ofrecía aquel jovencito coño a mi polla.

Métemela hasta el fondo de una vez – dijo Ana entre suspiros – follame de una puta vez – grito esta vez mientras giraba la cabeza en mi dirección –

De un empujón se la metí hasta que mis huevos hicieron tope en su culo y me quedé quieto notando como su coño acariciaba completamente mi polla.

Muévete cabrón – gritaba Ana – que me estoy corriendo, muévete que me corro.

Ana levantó la cabeza de entre las piernas de Marta como para tomar aire y poder respirar profundamente mientras por su boca no cesaban de salir gemidos mezclados con gritos de placer.

Marta la seguía cogiendo de sus piernas atrayéndola hacia su boca mientras yo seguía bombeando dentro de ese palpitante coño muy poco a poco disfrutando en mi polla de las contracciones de su orgasmo.

Ana dejó de moverse de repente y se dejó caer sobre Marta como si se hubiese desmayado, su cabeza quedó junto a la de Marta y solo se escuchaba la fuerte respiración de Ana cogiendo el aire que precisaban sus pulmones para volver a la realidad y poder moverse.

Marta la empujó hacia un lado quitándosela de encima y haciendo que mi polla escapase de aquella magnifica cárcel que era su coño.

Ana quedó tendida sobre la cama respirando agitadamente mientras Marta se incorporaba metiéndose ante mi sorpresa mi polla en la boca y comenzando a succionar como si fuese un biberón.

Mis ojos se quedaron en blanco y cogiendo a Marta de la cabeza le incrusté toda mi polla hasta que su nariz hizo tope con mi pubis y sacándosela de nuevo volví a metérsela como follándole la boca mientras a ella le daban algunas arcadas, le brotaban lagrimas de los ojos y se le caía la baba por las comisuras de sus labios.

Yo estaba como poseído era un placer bestial no podía parar de follarle la boca, hasta que Marta puso una mano sobre mi estomago separándose para coger aire.

Follame la boca a lo bestia–dijo marta – quiero que te corras dentro de mi boca – gritaba –

Aparté su mano que colocó en mi trasero y ella mismo volvió a reiniciar los movimientos mientras yo en cada empujón se la metía hasta el fondo de su garganta.

Ana al ver la escena se sentó sobre el borde de la cama y ponía cara como de alucinada al ver a la mosquita muerta de su amiga como engullía la totalidad de mi polla mientras le saltaban las lágrimas de sus ojos.

Mi polla estaba a punto de reventar por lo morboso de la situación y se lo indiqué a Marta.

Ella apartándose de nuevo me dijo que adelante que siguiese follandole la boca con fuerza que a ella le ponía el sexo en plan duro.

Después de unos cuantos empujones más le advertí que no aguantaba más y ella mirándome a los ojos asintió y metiendo mi polla hasta el fondo de su garganta, quedándome quieto dentro de ella y de mi polla empezaron a salir chorros de leche que iban a parar directamente al fondo de su garganta.

Mis piernas empezaron a temblar por el esfuerzo y le saqué la polla de la boca mientras ella se secaba las lágrimas de los ojos y sonreía con la boca cerrada.

Marta se giró hacia donde estaba Ana aun con cara de alucinada después de haber visto la escena de su amiga y agarrándola del cuello rodeándola con sus brazos la atrajo hacia ella juntando sus bocas y fundiéndose en un increíble beso en el cual Marta le pasó parte del semen que aun quedaba en su boca a Ana mientras esta con los ojos abiertos como platos, degustaba junto a su amiga la leche que hacía unos instantes había salido de mi polla…

Yo me dejé caer totalmente exhausto sobre la cama, mientras intentaba recuperar el aliento y sin perder detalle del espectáculo que me estaban dando ambas amigas sorprendiéndome de nuevo gratamente.

Tras ese largo y apasionado beso entre las dos, ambas se soltaron y girándose hacia donde yo me encontraba abrieron a la vez sus bocas sin ningún rastro de semen, se lo habían tragado todo.

Riendo se tumbaron conmigo en la cama cada una un lado y como dos lobas hambrientas se abalanzaron sobre mi polla que sorprendentemente aun mantenía la erección y se dedicaron a limpiármela con sus lenguas hasta dejarla totalmente limpia y brillante por el resto de saliva que habían dejado.

Cuando conseguí apartarlas se tumbaron junto a mí y por fin hubo un momento de relax y silencio.

Ambas tenían la cabeza apoyada sobre mi pecho, mientras sus manos seguían acariciando suavemente desde mi polla y mis huevos hasta mi pecho.

Tras unos minutos de deseada tranquilidad y silencio, Marta levantando la cabeza nos miró a ambos y nos confesó que mientras yo le estaba follando la boca, ella se había corrido.

Ana también se incorporó un poco y siguió mirándola totalmente alucinada por lo que estaba escuchando de su amiga.

No me lo puedo creer – dijo Ana – y después resulta que la mala fama la tengo yo y mira la mosquita muerta esta – dijo riendo – ¿así que te va la dominación y el sexo duro? – le preguntó Ana.

Marta le respondió que salió con un chico durante un tiempo y que a él le iba el sexo duro y ella se dio cuenta que también notaba placer cuando la ataba y la azotaba, pero que este tenía la polla más pequeña y cuando la follaba por la boca nunca le llegaba tan profundamente, por eso se había corrido esta vez.

Yo seguía tumbado en silencio escuchando la conversación de las dos amigas, que me resultaba de lo más divertido.

Ana se incorporó de repente y con una sonrisa que yo ya conocía se fue hacia un armario que había en la habitación y empezó a rebuscar entre los cajones.

Esa sonrisa ya la conocía yo y sabía que Ana preparaba alguna de las suyas.

¿Que haces? –preguntó Marta extrañada –

Espera que estoy buscando unas cosas y te explico – respondió Ana –

Ambos nos quedamos en silencio mientras la veíamos abrir cajones y rebuscar entre la ropa de los mismos.

¿Así que te gusta el sexo duro? – preguntó Ana cerrando el armario –

Al darse la vuelta hacia donde nos encontrábamos nosotros vimos que llevaba algo y se acercó a la cama y lo dejó caer.

Marta y yo nos incorporamos en la cama para tratar de averiguar sus intenciones y ver que era todo aquello que había dejado sobre la cama.

Ana cogió unos pañuelos que había dejado sobre la cama y acercándome dos de ellos me dijo que atara las manos de Marta al cabezal de la cama y que ella se encargaba de las piernas.

Siguiéndole el juego Marta se acostó de nuevo levantando las manos por encima de su cabeza para facilitarme la tarea de atarla, mientras Ana tiraba de sus piernas atándoselas a los pies de la cama también.

Una vez inmovilizada, Ana me dio un aparato que me pareció el mando a distancia de la tele y ella sacó un vibrador de unos veinte centímetros de largo y bastante grueso de diámetro.

A Marta se le cortó la sonrisa de inmediato y preguntaba a Ana que era eso y que le iba a hacer.

No te preocupes – dijo Ana – vas a disfrutar como una perra, ya que te gusta el sexo duro vamos a ver de que eres capaz.

La cara de Marta se había transformado totalmente y su gesto era más bien de aterrorizado, pero de su boca no salía ningún reproche ni palabra alguna.

Ana cogió el vibrador y sentándose en la cama comenzó a introducírselo ella misma, mientras entre suspiros nos explicaba que lo hacía para lubrificarlo y que no le doliese a Marta al metérselo.

Después de meterlo y sacarlo unas cuantas veces de su coño, se dedicó a introducírselo poco a poco a Marta hasta el fondo de su vagina.

Yo miraba sin saber qué hacer y sin pensar mientras aun tenía en mi mano el mando.

Una vez desapareció por completo el consolador dentro del coño de Marta, Ana empezó a moverlo dentro de ella mientras me miraba a mí guiñándome un ojo.

Marta empezó de nuevo a suspirar y gemir debido a los movimientos del consolador en su coño y de repente Ana se apartó y colocándose junto a mí me dijo que apretase uno de los botones del mando mientras me lo señalaba.

Del coño de Marta empezó a escucharse un zumbido nada mas apretar yo el botón al mismo tiempo que la cara de Marta era de total sorpresa.

Ahora tienes tu el mando de la velocidad – me dijo Ana – con estos botones se controla la velocidad de la vibración.

Aquel mando disponía de unos números del 0 al 4 por lo que deducía que cada número incrementaría la velocidad de vibración y me dispuse a comprobarlo incrementado poco a poco la velocidad, mientras Marta pasaba de emitir suaves gemidos a resoplar intensamente mientras nos miraba a ambos sin poder moverse al estar atada de manos y brazos.

Ana me quitó el mando de las manos y directamente pasó a la velocidad más rápida, lo que hizo que Marta se retorciese de placer dentro de las posibilidades al encontrarse atada.

Suéltame cabrona –gritaba Marta – suéltame que no me puedo mover y me voy a correr – continuaba gritando dirigiéndose a Ana mientras esta me empujaba de nuevo hacia atrás dejándome tumbado sobre la cama.

Ana se colocó entre mis piernas mientras dejaba el mando sobre la mesita con la velocidad máxima colocada.

Sonriendo maliciosamente puso su cabeza entre mis piernas y comenzó de nuevo a comerme la polla y lamer mis huevos, mientras yo le decía que necesitaba descansar, que no iba a conseguir una erección.

Se levantó de la cama y abriendo el armario sacó un cojín mediano y acercándomelo me indicó que me lo colocase debajo de los riñones y que me volviese a tumbar.

Haz lo que te digo y déjame hacer a mí – dijo Ana – ¡ah! Y mira la zorra esta mientras tanto lo bien que se lo pasa – dijo señalando a Marta que no cesaba en sus resoplidos y gemidos cada vez mas fuertes – .

Hice lo que me dijo Ana y mientras estaba tumbado con el cojín en mis riñones y mis piernas flexionadas, mi cabeza se concentraba en la visión de Marta que ya encadenaba un orgasmo tras otro retorciendo todo su cuerpo tirando de las ataduras e intentado cerrar las piernas.

De repente noté algo húmedo que recorría mi ano y al incorporar la cabeza descubrí que Ana intentando meter su lengua dentro de mi culo.

La sensación de placer hizo que mi polla respondiese al instante volviendo a recobrar una increíble erección ante la mirada sonriente y triunfante de Ana que volvió a meterse entre mis piernas lamiendo desde mis huevos hasta el mismísimo agujero de mi culo mientras yo disfrutando de tremenda mamada y al mismo tiempo observando cómo Marta seguía disfrutando encadenando orgasmos y retorciéndose de placer todo lo que le permitían sus ataduras.

Marta no paraba de gemir, chillar resoplar y pedir a gritos que apagásemos el vibrador que aun funcionaba a máxima velocidad dentro de su coño.

Lo mío en este momento era una suma de placer visual por el hecho de ver retorcerse y jadeando a Marta a escasos centímetros de mi y el hecho de tener a Ana recorriendo mis partes bajas con su lengua.

Ana cesó en su mamada e incorporándose cogió el mando del vibrador que se encontraba sobre la mesita y lo apagó, haciendo que Marta dejara de revolverse como una posesa y por fin pudiese respirar y relajarse.

¿Te has gustado? – le preguntó Ana – mirándola sonriendo con cara de malicia.

¡Uffff! – acertó a decir Marta – era bestial, no podía parar de correrme y creo que hasta se me ha escapado un poco de pis. No se las veces que me he corrido y lo mejor de todo –seguía contando Marta recuperando poco a poco la voz mientras tomaba aire – era la sensación de impotencia al no poder desatarme ni moverme.

Ana le Cogió la cara y ambas se unieron en un profundo y apasionado beso cuando apartándose de golpe de ella le dijo a Marta, ahora te vas a quedar ahí atada y relajándote mientras disfrutas viendo un verdadero orgasmo.

Yo miraba a Ana sin entender lo que había querido decir al pronunciar aquellas palabras y como ya la iba conociendo de ella me esperaba cualquier burrada, por lo que opté por callar y esperar.

Ana acercó su boca a mi oído y me dijo que esta vez quería correrse pero como yo le había enseñado la otra noche.

¿Cómo? – le pregunté-

Quiero que parezca que me estás haciendo el amor –dijo Ana –

Túmbate – le respondí –

Se tumbó sobre la cama boca abajo y colocándome a su lado apartándole el pelo del cuello comencé a recorrer con mi lengua humedecida todo su cuello y nuca dándole de vez en cuando suaves mordiscos que hacían que su piel se erizase y le entrasen escalofríos de placer por todo su cuerpo.

Continúe el recorrido con mi lengua por todo su cuerpo hasta llegar a su culo, el cual rocé con mi lengua dando ella un respingo al notar la humedad en su agujerito.

Le di la vuelta y dejándola boca arriba sobre la cama me dediqué durante unos segundos a observar su cara de placer y relax.

Pegué suavemente mis labios a los suyos y acabamos fundiéndonos en un profundo beso en el que nuestras lenguas jugaban la una con la otra a acariciándose mutuamente.

Al despegar mis labios de los suyos, giré mi cabeza hacia donde Marta aun se encontraba atada y la vi mirándonos girándose todo lo que sus ataduras le permitían.

Seguí a lo mío y me dediqué a pasar mi lengua por sus tetas sin tocar sus pezones, solo recorriendo la aureola de esas tetas que aun encontrándose tendida boca arriba permanecían en su sitio sin que se les afectase la gravedad.

Mientras lamia sus tetas, observaba como sus pezones crecían en tamaño y se me antojaba que también en dureza, por lo que decidí que era el momento de capturarlos con mis labios y darles suaves mordiscos.

Ana no paraba de gemir muy suavemente y su cuerpo se tensaba en cuanto mi lengua recorría alguna de sus zonas más sensibles.

Dejando sus pezones continúe el recorrido por su cuerpo mientras observaba a Marta como aun con el vibrador colocado dentro de su coño cerraba fuertemente las piernas para intentar conseguir un mayor roce con el mismo para procurarse ella misma placer.

Abrí las piernas de Ana y colocando mi cabeza entre ellas me mi lengua comenzó a recorrer de nuevo aunque esta vez muy suavemente aquel coñito húmedo y chorreante debido al flujo que ya rebosaba y resbalaba por el interior de sus muslos.

Recorriendo con mi lengua su coñito, encontré lo que buscaba mi lengua, ese clítoris duro que sobresalía de sus labios.

Lo atrapé suavemente con mis labios y me dediqué a mordisquearlo suavemente mientras escuchaba como Ana aumentaba el volumen de sus gemidos y su respiración se volvía más intensa, a la vez que sus manos agarraban fuertemente las sabanas disfrutando del placer que sentía en ese instante.

¡Uffff! Métemela ya por favor – decía Ana con la boca apretada intentando soportar el placer – métela como tú sabes por favor –repetía una y otra vez –

Saqué mi cabeza de sus coño y me giré hacia Marta que esta vez respiraba entre cortadamente ya que había conseguido colocarse en una posición en la que el vibrador rozaba sus partes más sensibles.

Cogiendo las piernas de Ana las coloqué sobre mis hombros y con mi polla en la mano me dediqué a recorrer toda su raja de arriba abajo, repitiendo la operación unas cuantas veces, mientras Ana esta vez en tono de suplica pedía que por favor se la metiese.

Se la coloqué en la entrada de su coño y muy lentamente ayudado de mi mano se la empecé a introducir como a cámara lenta, observando como mi polla iba desapareciendo de mi vista centímetro a centímetro siendo engullida por aquel jovencito y depilado coñito.

Una vez dentro del todo me quedé quieto mirando como la boca de Ana se encontraba abierta totalmente siendo esta incapaz de coordinar sus movimientos.

Se la saque poco a poco mientras ella resoplaba fuertemente y apretando los labios y volví a meterla poco a poco mientras con mis manos amasaba sus pechos y de vez en cuando daba unos pellizcos a sus erectos pezones.

Estuvimos así unos cuantos minutos en los que ella aumentando el volumen de sus gemidos comenzó a gritar que fuera más rápido.

Como yo me había corrido hacia poco tiempo mi polla aunque me parecía increíble aun podía soportar algún ratito mas sin correrme, pero de todas formas incrementé la velocidad de las embestidas intentando que estas fueran lo más profundas posibles y empecé a escuchar como Ana me informaba de que se estaba corriendo, que se corría y que quería que yo me corriese con ella.

Yo seguí en mi labor de meterle la polla lo más profundamente que podía y aumentando mi velocidad, mientras Ana no paraba de gemir mientras se corría girando la cabeza de un lado a otro como si estuviese poseída.

Sus manos apretaban sus pechos y de su boca escapaban soplidos y gritos diciendo que no podía aguantar más, que me corriese dentro de ella o que la sacase pero que no aguantaba tanto placer.

Viendo que yo aun tenia aguante, seguí embistiendo más rápido mientras a ella empezaban a brotarle de sus ojos unas lagrimas que recorrían sus mejillas y seguía implorando que parase, que no podía aguantar más y que se estaba mareando.

Ante tal situación se la saqué y quitándome las piernas de mis hombros se las dejé caer suavemente sobre la cama mientras ella incapaz de mover un solo musculo, solo me miraba sonriendo intentando recuperar la respiración.

He de decir que en ese momento me sentí como un súper hombre, había dejado fuera de combate a dos jovencitas hambrientas ye increíblemente mi polla aun se encontraba en plena erección y marcando todas las venas como si fuese a estallar de un momento a otro.

Me senté a su lado y me dediqué a observarlas a ambas.

Marta aun atada y con las piernas abiertas, se encontraba boca arriba sobre la cama mirando de reojo a su amiga sonriente, y Ana también tumbada boca arriba junto a Marta, se afanaba en recobrar el ritmo respiratorio mientras era incapaz de moverse y sus ojos quedaban mirando fijamente el techo.

Aproveché mi victoria de macho y me fui al salón a encenderme un cigarro e intentar analizar todo lo ocurrido durante este fin de semana.

Me senté en el salón y yo mismo me preguntaba que tenían estas dos niñas para haberme hecho capaz de correrme varias veces y recuperarme otras tantas.

Y aquí estaba yo en el sofá sentado en pelotas con un cigarro en una mano y con un refresco en la otra vanagloriándome de aquella hazaña cuando veo a parecer a Ana por la puerta del salón y acercándose a mi me quita el cigarro de la boca y dándome un apasionado beso cuando retira su boca de la mía me da las gracias devolviéndome el cigarro y dando un sorbo del refresco que estaba yo tomando.

¿Gracias por qué? – le pregunto –

Por haberme hecho el Amor y por haberme follado – respondió Ana – y por haberme hecho experimentar cosas que no conocía. ¡Ahhh! – me dijo mientras sonreía – y me has desvirgado el culo, que sepas que eres el primero y que espero que lo disfrutes muchas veces más.

Bajando su mirada descubrió mi polla aun en plena erección y sonriendo con su cara de niña borde me dijo – esto de ahí no hay que desperdiciarlo –

¿Qué? – Le pregunté – que se te habrá ocurrido ahora – le dije –

Acábate el cigarro y ven – me dijo mientras ella se encaminaba a la habitación –

Yo me terminé el cigarro apagándolo en el cenicero y me dirigí a la habitación intrigado por sus palabras.

Y desde la puerta de la habitación vi como Ana espabilaba a su amiga marta dándole suaves tortas en la cara, mientras le preguntaba si le había gustado lo que había visto.

Marta dijo que sí, que le había encantado la visión y que había tenido la sensación de ambos nos compenetrábamos perfectamente en el sexo.

Yo seguía escuchando desde la puerta sin entender lo que pretendía hacer Ana.

Bien – dijo Ana – como he descubierto que eres una zorrita y que te gusto -continuo explicándole a Marta – a partir de ahora vas a ser mi zorrita particular y me vas a hacer disfrutar cuando yo quiera.

¿Te parece bien? –le preguntó Ana a Marta –

Me parece bien –respondió Marta – pero yo a cambio ¿que obtendré? – preguntó Marta –

El placer que a ti te gusta y disfrutar de mi cuerpo – respondió Ana –

¡Vale! – respondió Marta casi sin pensárselo –

Que sepas que hay un testigo de lo que estás diciendo – le dijo a Marta mientras me señalaba a mí que aun me encontraba en la puerta –

Marta levantando la cabeza ya que aun se encantaba atada de pies y manos por los pañuelos asintió con la cabeza.

Ana le atizó una bofetada al mismo tiempo que le gritaba que no lo había escuchado que repitiese.

Marta asintió de nuevo con la cabeza y pronuncio un rotundo sí.

Así me gusta perrita – dijo Ana sonriendo –

Yo estaba alucinado, Ana parecía tener una doble personalidad que se desdoblaba en el sexo.

Ana se dirigió a la entrada de la habitación en donde yo me encontraba de pie aun alucinando y me preguntó si lo había visto y oído todo lo que le había dicho a Marta.

Lo he oído todo – dije en voz alta –

¿Ves? –Dijo Ana – tengo un testigo.

Y ahora –dijo Ana – vamos a aprovechar que aun este empalmado, no sea que te baje la polla y perdamos una oportunidad.

Se acercó a Marta y aflojándole un poco las ataduras, la hizo ponerse boca abajo sobre la cama y de nuevo se las volvió a tensar.

Marta girando la cabeza nos miraba sin entender lo que pretendía hacer su amiga.

Ana poniéndole en culo en pompa a su amiga, colocó su cara entre sus cachetes y comenzó a lamerle el agujerito mientras de la boca de Marta comenzaban a brotar unos tímidos gemidos acompañados de una fuerte respiración, mientras se aferraba fuertemente con las manos a la sabana.

Yo me encontraba de pie al lado de ambas disfrutando de esa comida de culo en primera fila y mi polla aun daba pequeños respingos debido a lo morboso de la escena.

Ana se apartó del culo de su amiga y poniéndose de pie me invitó a comérmelo, y yo me dediqué a ocupar el sitio que Ana había desocupado mientras ella colocándose junto a su amiga le preguntaba si le gustaba.

Marta le respondía con un largo si sin dejar de jadear.

Pues ahora – dijo Ana – te lo van a estrenar –

Marta levantó la cabeza y su cara era de absoluto terror y le pidió a su amiga que eso no.

Por favor eso no –imploraba Marta – eso no

Ana sonriendo le preguntaba a Marta – ¿quieres ser mi perrita?

Marta asentía con la cabeza pero al mismo tiempo suplicaba que el culo no.

Mientras tanto yo saqué mi lengua del culo de Marta y le dije a Ana que eso lo haría si ella lo quería, pero que a la fuerza eso produciría mucho dolor y algún desgarro.

Ana me dijo que me fuese al salón que ella se encargaba de convencerla.

Yo me fui a la cocina a por un refresco y volví al salón mientras pensaba que realmente esta chica tenía una doble personalidad y que esto se nos estaba yendo de las manos.

Me tumbé en el sofá y mientras esperaba a que Ana volviese a contarme lo acontecido parece ser que el cansancio de toda la mañana me venció y me quedé adormilado sin darme cuenta.

Espero que también les guste este relato agradeciendo de antemano las críticas constructivas, las valoraciones de los relatos y los correos que recibo a los cuales intento responder de inmediato.

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