Una cena con final inesperado

Por fin ya son las 20:00 del viernes, llevamos toda la semana planeando en el trabajo esta cena de verano.

Todos los años, cuando llega el mes de Julio, los compañeros de la oficina organizamos una cena de despedida, por cuestión de turnos en las vacaciones veraniegas, algunos estaremos hasta tres meses sin vernos.

Para este año, la velada se presenta tranquila, somos todos casados y después de un agotador mes, lo que nos apetece es salir de fiesta y comer y beber hasta hartarnos.

El evento está planeado en un restaurante cliente de la oficina, en el que aparte de comer muy bien, el propietario se comprometió a hacernos un buen precio y a colocarnos en un reservado que tiene para los eventos, de esta manera por mucho escándalo que pudiéramos montar, no molestaríamos al resto de la clientela.

El restaurante está situado en una zona de ocio de Valencia, de esta manera no hay necesidad de utilizar el coche para ir a algún lugar nocturno para tomar las últimas copas.

La cena era informal y yo recién duchado me puse unos pantalones y un polo y me despedí de mi mujer que se encontraba cargando las maletas en el coche dispuesta a pasar un fin de semana con nuestros hijos el fin de semana al chalet de su hermana.

Llegué al restaurante con tan buena suerte que pude aparcar a unos veinte metros del mismo.

La mayoría de mi compañero ya se encontraba en la puerta del establecimiento esperando al resto, por lo tanto me uní a ellos y en cuestión de minutos, avisamos al dueño del restaurante que ya estábamos todos y que podíamos empezar ya.

El camarero de la puerta, nos acompañó a todo el grupo a un reservado no muy grande, pero lo suficiente para albergar una amplia mesa para la cena y suficiente sitio para movernos.

Una vez sentados al solicitar la carta, el camarero nos informó que no era necesario, que el propietario del restaurante nos había preparado un menú degustación en el que había variedad de todo lo que figuraba en la carta.

Todos estuvimos de acuerdo y decidimos que era buena idea, empezaron a circular platos por la mesa con gran variedad de comida, acompañada por botellas de vino, que iban cayendo una tras otra.

Al comienzo de la cena, ocurrió lo de todos los años, el tema de conversación era el trabajo, hasta que ya habíamos bebido suficiente vino y nos fuimos animando y las conversaciones y los grupos que se hicieron eran muy dispares.

Como estábamos en un reservado y encima tenia ventanas a la calle, el propietario del local nos permitió fumar allí mismo si a nuestros compañeros no les importaba, nadie puso objeción a ello y tras terminar la cena y los postres empezaron a traer los cafés y licores.

La noche se iba animando gracias al alcohol y ya estábamos pensando a qué lugar íbamos a ir a tomarnos la siguiente, ya que el restaurante en cuestión de media hora iba a cerrar.

Íbamos bastante entonados por el alcohol y decidimos ir a un bar de copas que según uno de mis compañeros, te podías sentar y charlar sin que la música molestase en exceso y además iba todo tipo de gente y de todas las edades.

Dimos nuestra aprobación a la sugerencia con la excepción de algunos que ya debían de volver a casa porque al día siguiente salían de vacaciones o porque sus mujeres les esperaban o porque en el caso de alguno, ya iba excesivamente perjudicado por el alcohol.

Era la una y media de la madrugada cuando nos despedíamos del dueño del local, agradeciéndole el trato recibido e invitarlo a que se uniera a nosotros.

Ya en la puerta del restaurante, los que se iban a su casa, se despidieron de nosotros y los cinco que quedamos, nos encaminamos paseando y charlando alegremente al bar de copas que no distaba del restaurante ni dos minutos.

Por el camino íbamos riéndonos de los más perjudicados y burlándonos de aquellos a los que sus mujeres no les habían permitido pasar más tiempo con nosotros (cosas de hombres).

Entramos en el local, y efectivamente era un local grande limpio y con butacones para sentarse mientras te tomas una copa.

Como aun era temprano para la hora punta del local, quedaban sitios libres y nos sentamos en un lugar apartado desde el que se distinguía la pequeña pista de baile y el ambiente que había.

Nos acercamos a la barra y cada uno pidió su bebida y nos sentamos en las butacas charlando y ojeando a más de una que pasaba cerca de nosotros.

Las mujeres debido al calor del verano vestían con grandes escotes y vestidos muy finos, y había mujeres de todas las edades y formas y tamaños.

Ya llevaba un par de copas en el local e iba un poco mareado, así que informé a mis compañeros que salía a la calle a tomar el aire y de paso a fumarme un cigarro con la intención de despejarme un poco.

Dos de mis compañeros estaban bailando en la pista con algunas chicas y pasándolo bien y otros estaban en los sillones y eran ya a estas horas debido a la cantidad de alcohol ingerido incapaces de levantarse del sillón.

Salí a la puerta del local, y en la calle no había mucha gente, por lo que apoyándome en la pared, me dispuse a fumarme un cigarro tranquilamente mientras tomaba la decisión de acabar el cigarro tomar la ultima e irme a casa.

Estando apoyado en la pared entretenido mirando a la gente que circulaba por la calle, me fijé que en portal contiguo al que me encontraba, estaba una chica de rodillas dándole voces a otra chica que estaba sentada en el escalón del portal.

La curiosidad me pudo porque parecía que estaban discutiendo, pero la que se encontraba sentada en el escalón, no hacía mucho caso al tener la cabeza apoyada en los brazos y estos sobre las rodillas.

Me pareció que estaba bastante borracha por la forma de hablar que tenía cuando le contestaba.

En un momento dado y mientras yo observaba la escena (nunca mejor dicho) la chica que estaba de rodillas se levantó y empezó a gritarle diciéndole que le había jodido la noche.

¡Para una noche que no están mis padres! – Gritaba – ¡tú te emborrachas!

La otra no podía ni responder de la cogorza que levaba y simplemente lloraba mientras entre lágrimas se le podía entender que lo sentía, que no era culpa suya.

Cosas de jovencitas – pensé yo – deben tener unos veinte años, salen a divertirse y como no están acostumbradas a beber, se les va de la mano y acaban así.

La que se encontraba de pie se puso a andar por la acera y justo cuando pasó debajo de una farola, la pude distinguir.

Era mi vecina – pensé – es vecina de mi edificio y conozco a sus padres. Debido a la cantidad de vecinos que somos en el edificio, es difícil conocerlos a todos, pero a sus padres los conocía de coincidir con ellos y charlar de vez en cuando.

Me acerqué donde se encontraban ambas ella de pie junto a su amiga aun sentada en el escalón y la saludé

Hola Ana, ¿sabes quién soy? – le pregunté –

Ella me miró y como también había bebido bastante, le costó reconocerme, pero al final lo hizo.

Hola Antonio – me dijo – ¿cómo estás? – me preguntó intentando recomponerse para que no le notara la borrachera –

Estoy aquí en este local con unos amigos –le comenté – y he salido a fumarme un cigarro y he visto la escenita que estáis montando aquí fuera las dos, te he reconocido y me he acercado a ver qué ocurría.

Mis padres se han ido esta semana de vacaciones – comenzó a contar – y mi amiga se queda conmigo en casa, hemos salido de fiesta con unos amigos, pero está – me dijo señalando a su amiga – se ha enfadado porque el chico que le gusta estaba liándose con otra y ha empezado a beber sin control y mira como está.

Yo me arrodillé frente a su amiga y viendo el estado en que se encontraba le informé de que por mucho aire fresco que tomara, esta chica no se iba a recuperar.

Tendrás que llevártela a casa – le dije – ha bebido mucho y está verdaderamente mal.

Ana se enfadó y la volvió a insultar y a gritar diciéndole que le había fastidiado el fin de semana, que esta la iba a pagar.

Ana tiró de su amiga de los brazos y consiguió levantarla un poco para llevársela de allí, mientras yo regresaba al local a tomarme otra copa.

En la misma puerta del local, me giré para ver cómo les iba y Ana aun estaba intentando levantar a su amiga del escalón para poder llevársela, me dio un poco de lastima y volviendo sobre mis pasos al lugar en el que aun se encontraban, le pregunté a Ana si tenían coche o como iba a llevarse a su amiga.

No tenemos coche – respondió – cogeremos un taxi en la avenida y que nos lleve a casa.

De nuevo otra vez me salió la fibra sensible y le dije que yo tenía mi coche aparcado cerca de aquí, que las acercaba a su casa y me volvía de nuevo a seguir la fiesta con mis amigos.

No quiero molestar – me dijo Ana –

No es molestia – respondí – además en veinte minutos estoy de vuelta y mis compañeros ni se habrán percatado de que he desaparecido un rato.

Vamos – le dije – arrodillándome y cogiendo a la amiga que estaba aun sentada en escalón y colocando un brazo bajo sus rodillas y el otro por detrás de su espalda, la levanté e inicié el camino hasta mi coche llevándola en brazos.

Al llegar a la altura del coche, intenté sacar las llaves de mi bolsillo, pero aunque la amiga pesaba poco, yo tampoco estaba en muy buenas condiciones y temía caer con ella en brazos, si soltaba una mano para buscar las llaves.

Ana – le dije – mete la mano en el bolsillo de mi pantalón y saca las llaves que yo no puedo y abre la puerta.

Ana metió la mano rápidamente en mi pantalón sin tan siquiera rozarme, sacó el llavero y dándole al botón de la llave abrió la puerta trasera del coche.

Senté como buenamente pude a la amiga en el asiento trasero colocándole el cinturón de seguridad y le indiqué que se sentara a su lado para sujetarle la cabeza y que le diera el aire ya que no me apetecía lo más mínimo que por culpa del mareo me vomitase el interior del coche.

Me senté en el asiento del conductor puse el coche en marcha y conecté el aire acondicionado a la máxima potencia bajando las ventanillas con la intención de que la chica espabilase un poco.

Llegamos al edificio donde vivíamos y decidí bajar al garaje para evitar que los vecinos que pasaran por allí, vieran toda la escena.

Una vez en el garaje cargué con la amiga de nuevo y entramos en el ascensor, mientras Ana le daba al botón y este iniciaba el ascenso.

Llegamos a la planta en la que vivía Ana y apresurándose abrió la puerta de entrada, encendió las luces de la vivienda y me pidió que la metiera en su habitación directamente, que ella no tuviera fuerzas para arrastrarla hasta allí.

Entré en el piso, que era prácticamente parecido al mío y la dejé sobre la cama de la habitación de Ana.

Ella me dio las gracias por el favor mientras me pedía que no les dijera nada a sus padres de lo acontecido esa noche.

No te preocupes – le respondí mientras me dirigía a la puerta de la calle – eso le pasa a cualquiera.

Me encontraba en la puerta de la calle dispuesto a irme e intentar recuperar lo que me quedaba de noche y escuché un sonido como de una caída y a Ana gritando.

Cerré la puerta de la calle de un portazo y fui corriendo a la habitación para ver qué había ocurrido y que era ese escándalo.

Cuando entré en la habitación, vi a Ana de pie insultando a su amiga y con todo el vestido salpicado por los vómitos de la amiga y a esta última tirada en el suelo.

Rápidamente me dispuse a coger a la amiga del suelo temiendo que en la caída se hubiese hecho daño debido al estado de semiinconsciencia en el que se encontraba y me di cuenta que la amiga tenía el vestido a medio bajar y sus pechos estaban completamente al descubierto .

La recogí del suelo y la tumbé sobre la cama sin dejar de escuchar los insultos que Ana dedicaba a su amiga y sin quitar los ojos de aquellas pequeñas pero apetecibles desnudas tetas.

¿Que ha ocurrido? – le pregunté a Ana desviando la vista de los pechos de su amiga-

La he tumbado en la cama – me decía – y al incorporarla para desabrocharle el vestido y quitárselo para que estuviera más cómoda, ha empezado a vomitar y mira como lo ha dejado todo – continuo diciendo enfadada – me ha puesto perdido el vestido y ha manchado toda la cama.

Tranquila – le dije – busca ropa de cama para cambiarla y yo voy quitando la que está manchada.

Mientras Ana se fue al armario a buscar ropa de cama limpia, yo intentaba quitar la manchada, sin poder quitar la vista de esas tetas coronadas por unos pequeños y tiesos pezones.

Ana volvió con la ropa de cama limpia y me fijé en ella, las dos llevaban el mismo tipo de ropa, un vestido sin tirantes muy ajustado a sus tetas que terminaba con una minifalda que les tapaba lo justo.

Estás han salido con la intención de triunfar hoy – pensé – y les ha salido rana.

Mientras yo ponía la ropa de la cama incorporando despacio a su amiga, ella volvió a hacer la intentona de sacarle el vestido por los pies y en ese movimiento, su amiga de nuevo volvió a tirar lo poco que le quedaría en el estomago, salpicando esta vez mis pantalones y mi polo, aunque esta vez me dio tiempo a colocarla de lado en el borde de la cama y prácticamente todo cayó al suelo.

Armándome de paciencia y pensando en que aquí había acabado mi noche, le ayudé a Ana a terminar de sacarle el vestido y los zapatos que aun llevaba puestos , quedándose simplemente vestida con un tanguita de color negro, que le tapaba lo justo.

Con mucho disimulo, no podía apartar mi mirada de ese joven cuerpo tumbado sobre la cama prácticamente desnuda con sus pechos al aire únicamente cubierta por un tanguita negro.

La cubrí con una sabana mientras Ana había ido a por una fregona e intentaba limpiar el estropicio que había organizado su amiga.

Te has manchado todo – me dijo Ana – lo siento mucho, ahora te lo limpio en un momento

No te preocupes – le dije – me voy a casa y me lo quito – continúe diciéndole – lo malo es que ya se me ha acabado la fiesta y me he quedado sin tomarme la última copa.

Ella soltó la fregona y salió de la habitación me dijo – espera un momento –

Volvió de inmediato con un pantalón de deporte corto y una camiseta en la mano.

Ponte esto – me dijo – mientras yo acabo de limpiar esto y te quito las manchas del pantalón.

Cámbiate en el salón y ahora mismo te recojo la ropa – me insistió –

Yo fui al salón y como tampoco tenía sueño y ya no podía irme de nuevo, acepté la propuesta y me puse la ropa que me había traído.

Ana llegó al salón aun con el vestido todo manchado y recogió la ropa que yo me había quitado y mirándola dijo que eso tendría que ponerlo en la lavadora, que no eran manchitas y que había que quitar el mal olor de los vómitos.

Tú no tenías ganas de tomarte una última copa –me dijo –

Pues la verdad es que si – respondí – pero con estas pintas que llevo a pocos sitios me van a dejar entrar – le dije –

Sonriendo por primera vez en toda la noche me indico que su padre tenía un gran surtido de licores y que en el congelador había hielo de sobra, que me sirviera lo que me apeteciese y que ella salía en un par de minutos.

Mirando mi reloj y viendo la hora que era, decidí hacerle caso, abrí el mueble bar sacando una muy buena botella de whiskey y sirviéndome un buen vaso, me senté en el sofá a esperar.

Estaba sentado en el sofá degustando el licor que me había servido, y apareció Ana vestida un una bata de color azul clarito, casi trasparente, casi me atraganto al verla.

He tenido que darme una ducha rápida – decía Ana – y cambiarme porque hacia un olor insoportable y ya que a mí también me ha fastidiado la noche he pensado que también me voy a tomar algo contigo.

¿Te parece bien? – me preguntó- mientras acercándose al mueble bar tomaba la botella y un vaso y sentándose a mi lado.

Yo no podía hablar – estaba ensimismado – no podía apartar mi mirada de ese cuerpo, el cual intuía por los movimientos de sus pechos desnudo debajo de aquella casi trasparente bata.

En ese momento me di cuenta de que ya no era una niña y que a sus veintiún años estaba hecha toda una mujer.

Media aproximadamente uno sesenta y cinco y estaba bastante delgada, aunque con la bata que llevaba, se le definían perfectamente las formas de su cintura y culo.

Tenía el pelo castaño y largo recogido con una coleta que se había hecho para no mojarlo en la ducha.

Llenó su vaso hasta la mitad, y de un trago se lo tomó todo.

¡Espera un momento! – me dijo levantándose del sofá

Voy a poner un poco de música y encender la lámpara de pie y apago esta y así por lo menos que de la impresión que estamos en un local tomando algo y no parecemos dos borrachos aquí bebiendo en casa sin ningún motivo.

Colocó un CD de música un poco cañera para mi gusto y encendió una lámpara de pie que había en el salón y apagó los halógenos del techo.

Esto ya parece otra cosa –dijo sentándose en el sofá de nuevo-

Cogió la botella y llenó de nuevo su vaso y cogiéndome el mío de la mano, también lo volvió a llenar.

Puedo preguntarte algo en confianza – me dijo mirándome –

Claro –respondí – después de lo que hemos vivido esta noche hay confianza – le dije –

¿Que hacías en ese local tú solo sin tu mujer? – preguntó-

De cena con unos compañeros de trabajo – respondí – y luego, nos acercamos a ese local que nos recomendaron a tomar las últimas copas – le dije –

Hasta que me viste a mí y te corté el rollo – me dijo riéndose –

Pues la verdad es que si – respondí sonriendo y en tono de broma –

De tanto hablar y mover las manos, la bata que llevaba y simplemente sujeta por un nudo que se había hecho a la altura de la cintura, no dejaba de abrirse por la parte del escote y por las piernas, y mis ojos no sabían a qué parte dirigirse esperando que ella no lo notase, aunque por lo desinhibida que se encontraba gracias al alcohol, no estaba muy pendiente de que sus movimientos abrían más de lo debido la bata y que yo no perdía detalle.

¿Y vosotras? – le pregunté yo – que hacíais las dos solas allí

¡Uffff! – resopló – a ver por donde empiezo – me dijo – mis padres se han marchado fuera una semana de vacaciones y yo les convencí de que me quedaba con mi amiga aquí en casa, y esta noche unos compañeros de la universidad, iban a ir a ese local, y entre ellos el tío que le pone a mi amiga – seguía contándome mientras no dejaba de beber – decidimos aparecer por allí como haciéndonos los encontradizos y aprovechando que en mi casa no hay nadie, mi amiga podía liarse con el tío ese que le gusta y si le salía bien traerlo a casa.

¿Y qué pasó? – Le pregunté mientras veía como ella de nuevo se acomodaba la bata apretándose el nudo de la cintura-

Pues empezamos -continuó relatándome – a arreglarnos un poco tarde decidiéndonos que ropa ponernos y después de cenar las dos aquí con una botella de vino para ir mas desinhibidas, al entrar en el local, mi amiga no se atrevía a entrarle al chico que le gusta, y una más espabilada que ella se le adelantó y en uno de esos bailes la otra tía se le acercó demasiado y como el chico tampoco es de piedra, acabaron besándose en la pista, para después irse a unos de esos sillones que están más apartados y liarse los dos.

A mi amiga – continuo contándome mientras yo no perdía vista a su escote, por el que estaba a punto de salírsele un pecho – le entró la rabia y se puso a beber de todos los vasos que le ofrecían y en menos de media hora ya estaba como nos encontraste.

Yo sonreía mientras la escuchaba sin perder de vista su escote cada vez más abierto y sus piernas totalmente descubiertas.

¿Y tú? – le pregunté – que hacías allí.

¿Yo? – Preguntó – te lo cuento pero que esto no salga de aquí ¿eh?

No saldrá de aquí – le prometí – además como explico yo a alguien que estoy en tu casa a estas horas de la madrugada con una botella de whisky y con unos pantalones cortos y una camiseta que me has dejado.

Ella se rió mientras cogiendo la botella volvió de nuevo a rellanar los vasos

¡Es verdad! – Dijo – como explicarías que el estar con esas ropas que no son tuyas y en la casa de una chica a la que doblas la edad y yo vestida solo con una bata que deja muy poco a la imaginación.

Yo pegué un soplido como de asentimiento y me reí como para quitarle hierro al asunto.

¡Vale te lo cuento! – me dijo –

Yo hasta hace poco tuve novio – me decía mientras seguía dando sorbos a su vaso y no paraba de moverse sobre el sofá – pero se acabó la relación y desde entonces no he estado con ningún otro tío, y ya sabes – decía – después de probarlo, pues te gusta y siempre apetece.

¿De probar el que? – le pregunté haciéndome el tonto –

Pues que va a ser – me respondió – ¡el sexo!

Ahhhh – asentí yo – mientras bebía de mi vaso.

Pues llevo más de tres meses sin catarlo -seguía contando – y aprovechando que estamos solas en casa y que ella se iba a liar con un chico, yo fui de cacería a ver lo que caía, pero como se puso como se puso, a mi me fastidio la noche y aquí estoy contigo y sin catarlo.

Yo me quedé mirándola y ella empezó a reírse

¡A ver! – Dijo – que lo estoy pasando muy bien después de todo lo que ha pasado, y aquí estoy con un vaso en la mano, música que me gusta y muy cómoda, ¿Qué más puedo pedir? – dijo riéndose –

Bueno… – dije yo – podrías pedir que el que te hubiese ayudado tuviera veinte años menos que yo y en este momento no estarías en el sofá tomando una copa.

Y quien te ha dicho que solo voy a tomar una copa – me respondió –

¡Una no! – le dije – ya llevas por lo menos tres.

Yo no me refiero al número de copas – me dijo – me refiero a que no es mi intención el solo tomar copas contigo.

Yo me quedé mudo e intenté pegar un trago de mi vaso, de repente se me había secado la garganta mientras veía que ella se acercaba más hacia donde yo estaba sentado y prácticamente quedábamos sentados rozándonos.

Antes cuando me he levantado a dar un vistazo a mi amiga – me decía – me he fijado en como tú acomodabas tu polla dentro del pantalón creyendo que yo no te veía, entonces me he dado cuenta de que yo llevaba la bata prácticamente abierta y se asomaban mis tetas, y al entrar a la habitación me he acordado de que también has visto a mi amiga prácticamente desnuda y que eso aun a pesar de las circunstancias, calienta a cualquiera.

¿No me digas que no te han gustado las tetas de mi amiga? -preguntó-

Bueno –respondí – no era el momento de fijarse mucho, pero sí que las he visto y me han gustado.

¿Y las mías? –Preguntó de nuevo –

La chica estaba envalentonada por la cantidad de alcohol que había bebido y pensaría que me iba a intimidar.

¿Las tuyas? – le dije – las tuyas no las he visto al completo, solo he visto una parte, por lo tanto no puedo decir si me gustan o no.

Ella acercándose aun mas a mí y sentada como estaba, dejó caer su bata por los hombros dejando al descubierto sus te tas y mirándome me pregunto ¿y ahora? ya las ves al completo y de cerca ¿Qué te parecen?

Yo trague saliva e intenté mantener la cordura diciéndole que se tapara que esto se nos estaba yendo de las manos, que pensara que éramos vecinos, que le doblaba la edad y que sus padres eran conocidos míos y nos cruzábamos a diario por el edificio.

¡Mejor! – respondió –

¿Como que mejor? -Le dije – ¿te das cuenta a donde nos puede llevar esto?, ¿no ves que esto es por culpa de la bebida y que mañana nos arrepentiremos?

Ella asintiendo con la cabeza – me dijo – en parte es culpa de la bebida y en parte es necesidad y curiosidad.

Yo no podía apartar mis ojos de sus tetas firmes y coronadas por esos pezones puntiagudos, que se me antojaban durísimos de la excitación.

¿Curiosidad? – le pregunté –

Te cuento – me dijo mientras con sus manos empezaba a recorrer la parte de mis piernas que no se encontraban cubiertas por el pantalón- mis amigas dicen que hacerlo con un hombre maduro, no se parece en nada a lo los niñatos de nuestra edad ¿qué mejor oportunidad para comprobarlo que ahora? – preguntó –

Tú no tienes a tu mujer aquí y en mi casa no nos va a molestar nadie – dijo muy segura –

Yo trataba de asimilar todo lo que ella decía mientras notaba como su mano acariciaba mi pierna y llegaba prácticamente a tocar mi paquete, no sé qué es lo que me sujetaba para no lanzarme a morder y lamer esos duros y tersos pechos.

Mi polla estaba a punto de reventar y en mi cabeza era un cumulo de contradicciones.

Finalmente me decidí por la salida más fácil.

Puse mi mano sobre la nuca, y acercando su cabeza a la mía y casi rozando nuestros labios le dije muy despacio que si esto empezaba no podría pararlo.

Ella como respuesta acabó de unir nuestros labios, en un principio con un suave beso para inmediatamente abrir su boca y dejar que mi lengua entrara dentro absorbiéndola como si me la quisiera arrancar.

La cogí de su desnuda cintura y acercándola hacia mí hicimos más profundo y largo el beso.

La separé de mí cogiéndola de la coleta y tirándole la cabeza hacia atrás y mirándola a los ojos le pregunté si estaba segura de continuar o lo dejábamos aquí.

Ni de casualidad – respondió – esto no acaba con un simple beso, yo estoy todo el rato mirando tu paquete y tú ni te has dado cuenta, ¿por qué crees que no he parado de beber? – Me preguntó – porque estaba súper caliente y no me atrevía a dar el primer paso, y tenía la esperanza de que fueras tu quien tomara las riendas, pero nada de nada, no te atrevías.

La volví a acercar a mi boca y esta vez además de saborear sus labios y recorrer toda su boca con mi lengua, mi mano pasó de la cintura a acariciar toda su espalda.

Dejé de besarla y con mi lengua se dedicó a recorrer su cuello notando como se le erizaba la piel y de su boca empezaban a emitir pequeños suspiros acompañados de una respiración agitada, hasta que ella me apartó y acercando de nuevo su boca a la mía me dio un mordisco en el labio y levantándose del sofá, dándome la espalda se desatando la cinta que pasaba alrededor de su cintura que sujetaba la bata, la dejó caer y quedó únicamente vestida con un tanga que no dejaba nada a la imaginación.

Tuve que beber un trago más de mi copa porque se me había secado la boca al ver la imagen de esa jovencita que parecía como una figura de porcelana mientras caminaba de espaldas a mí.

Llegó a la puerta del salón y girándose me dijo que mientras ella se asomaba ver como se encontraba su amiga, cogiese las copas y le esperase en la habitación del fondo.

Recogí las copas en un segundo entré en la habitación que me dijo y encendí las lamparitas de las mesita, comprobando que había suficiente luz, pero que no era molesta.

En la habitación había una cama de matrimonio, que supuse era de los padres.

Me senté en la cama dejando las copas en la mesita y al girarme la vi de pie en el umbral de la puerta esperando como exhibiéndose.

Adelante – le dije – acércate

Caminando lentamente y tan solo tapada por un tanguita de color clarito, se acercó hasta el borde de la cama y quedándose de pie, la atraje hacia mí y comencé a saborear esas tetas que desafiaban totalmente a la gravedad y tenían unos pezones increíblemente tiesos.

Pasé mi lengua por sus pezones mientras mis manos quedaban en su cintura sujetándola para que no se separase de mí ni un centímetro y ella con sus manos acariciaba mi cabeza presionándola contra sus tetas.

Después de saborear ambos pezones duros y cada vez más tiesos debido a la excitación, la hice tumbarse en la cama para poder disfrutar cómodamente de ese manjar que era su cuerpo.

Se tumbó en el centro de la cama y mi lengua empezó a recorrer su cuello, sus tetas y finalmente su ombligo en el cual tenía incrustado un piercing en forma de diamante.

No podía parar de besar todas y cada una de las partes de su cuerpo, mientras escuchaba sus gemidos y su agitada respiración.

Coloqué mis manos a ambas partes de su cadera, cogiendo el cordón que sujetaba su tanga y mientras ella levantaba sus caderas se lo quité deslizándolo hasta sacarlo por sus pies.

Ella se incorporó y sentándose en la cama estando yo de pie frente a ella comenzó a bajar el pantalón corto que aun me quedaba liberando mi polla con una erección descomunal, tanto que tenia la piel tirante marcando todas las venas.

¡Uaauuu Vaya! – Dijo al tener ante su cara mi polla – es grande – decía mientras no dejaba de mirarla –

Con sus manos la tomó y acercando su boca, comenzó a lamerla en su totalidad, recorriendo con su lengua todo el tronco para después incrustársela en la boca absorbiéndola toda la que le entró.

Mientras con sus labios la rodeaba y la metía y sacaba, notaba como su lengua recorría toda la punta de mi polla.

Se la sacó por completo de la boca y mirándome a los ojos me dijo – quiero que me folles –

Eso es lo que te voy a hacer – respondí –

Quiero que me folles a lo bestia – me dijo – sin tonterías ni mimos.

Yo imaginaba que sus palabras eran producto del alcohol, pero en cuanto me empujó a la cama y se subió encima de mi intentándosela meter ella sola por su coño, me di cuenta que le gustaba que le dieran caña.

No entra – me decía –

Espera un momento – le dije – las cosas no se hacen así, hay que lubricarla.

¿Lubricarla? – preguntó – pero si estoy empapada – me dijo intentando meter la punta de mi polla en su joven coño.

La empujé a un lado y abriéndole las piernas, puse mi cabeza entre ellas y comencé a lamerle el coño desde su rajita hasta el agujero de su ano.

Ella se retorcía apretando mi cabeza entre sus piernas, mientras con sus manos retorcía sus pezones.

¡Joder! Como me gusta – gritaba- me estás follando con la boca – decía ya respirando agitadamente.

Sonriendo mientras le sujetaba la piernas para que no aprisionase mi cabeza, me dediqué a meterle todo lo pude mi lengua también forzándole un poco el agujero de su culito.

¡Métela ya ¡- gritaba – ¡fóllame!

Me tumbé con la espalda apoyada en la cama y le dije que se montara sobre mí y que fuera metiéndosela ella poco a poco, que era muy estrecha y al principio le dolería un poco.

Ella se subió sobre mí de rodillas colocando una pierna a cada lado y cogiendo mi polla, comenzó a frotarse su rajita introduciéndosela poco a poco mientras yo tenía entre mis dedos sus pezones y de vez en cuando se los pellizcaba haciendo que ella subiese la intensidad de sus gemidos.

Cuando ya tenía la mitad de mi polla incrustada en su coñito, poco a poco iba dejándose caer, en cada caída mi polla entraba un poco más, yo notaba como iba avanzando por ese agujero estrecho e iba ganando terreno.

Una vez la tuvo toda dentro, empezó a cabalgar al principio poco a poco y con miedo de que le hiciese daño.

Ha entrado del todo – decía resoplando – creía que no me iba a caber, me llega hasta el estomago – me decía sin parar de moverse de arriba abajo y viceversa -.

Muérdeme los pezones – gritaba –

Yo me incorporé y mientras ella no dejaba de saltar sobre mi polla, conseguí cazarle un pezón con mi boca y con mis dientes me dediqué a darle mordiscos, mientras mis manos cogían su culo y le ayudaba en los movimientos de subir y bajar sobre mi polla.

Llegó un momento en que la veía desaparecer por completo dentro de su coño, para instantes después aparecer por completo.

Ella gritaba y gemía, mientras yo procuraba taparle la boca besándola, con el fin de amortiguar sus gritos.

Estaba como poseída, su respiración era agitada y por la cara que ponía, creo que estaba a punto de correrse, así que la cogí de las caderas empujándola hacia abajo, con el fin de que las embestidas fueran más profundas.

En ese momento noté como su estrecho coñito apretaba y aflojaba y polla y mirándola a la cara, vi que tenía los ojos en blando y respiraba fuertemente.

¡Me estoy corriendo ¡– intentaba decir- ¡me estoy corriendo!

De repente dejó de saltar sobre mi polla y dejó caer su cuerpo sobre mi pecho, mientras su cuerpo entero seguía convulsionándose, si que ella lo pudiese evitar.

Se apartó de mí y dejándose caer a un lado, tuvo que adoptar una posición fetal, con el fin de relajarse y poder recuperar el aliento.

Que corrida me he pegado – decía – es increíble, no puedo parar.

Yo la miraba sonriendo esperando a que se recuperase un poco, mientras le acariciaba la cara apartándole los pelos mojados debido al sudor que le cubrían parte de la cara.

Una vez recuperada y mientras ella sonreía mirándome a la cara le dije que esto no había acabado.

Ella me miró resoplando y sonriendo acercó su boca a mi polla e intentó metérsela dentro, mientras yo le apartaba la boca.

De eso nada – le dije – ¿tú no querías caña? Pues la vas a tener.

Me levanté de la cama y la hice ponerse a cuatro patas mientras yo me colocaba detrás de ella, y cogiendo con mi mano la polla y de un solo movimiento, se la incrusté hasta el fondo, y debido a lo inesperado del movimiento, ella perdió el equilibrio y quedó apoyada sobre sus brazos en el colchón y la cabeza sobre la cama.

Inicie poco a poco los movimientos de entrar y salir de du coño, me encantaba la sensación de tener ese culo a mi vista y disfrutar de la estrechez de su vagina, con los jugos que le resbalaban por la entre pierna, moje mi dedo pulgar y empecé a pasárselo muy suavemente en un principio por el agujerito de su culo, el cual se le veía muy rosadito y apretado.

Poco a poco sin que ella se diera cuenta, el agujerito de su culo fue relajándose y parte de mi dedo pulgar sin apenas hacer presión se había adentrado en ese agujero hasta ahora virgen.

Ella comenzó de nuevo a gemir y respirar de manera incontrolada, mientras yo seguía metiendo y sacando mi polla lentamente a acompañado de la entrada y salida también de mi pulgar en su culito, el cual cada vez entraba y salía con más facilidad.

Sus gemidos y gritos de placer eran prácticamente ahogados por la almohada, ahora lo que se escuchaba era mi agitada respiración incapaz de aguantar por más tiempo sin correrme, por lo tanto aumenté la velocidad de mis embestidas y ella levantando la cabeza , comenzó a gritar de nuevo que se corría, que se volvía a correr.

¡Córrete ya! –Gritaba girando la cabeza-

¡No puedo más! – decía gritándome- ¡por favor, córrete!

En ese momento vi como su cuerpo se arqueaba como si de un gato se tratase y su coño empezó a palpitar apretando mi polla y ordeñándola.

A mí solo me dio tiempo a cogerla más fuerte de las caderas para incrustársela lo más profundo posible dentro de su coñito.

Mi cuerpo se tensó, mi garganta era incapaz de emitir ningún sonido y mi vista empezó como a nublarse, mientras mi polla como si tuviese vida propia comenzó a escupir la leche acumulada en mis huevos hacia lo más profundo de su coño.

Una vez mi polla dejó de palpitar y de escupir leche, agotado por el esfuerzo me dejé caer sobre ella incapaz de mantener el equilibrio y ambos caímos de lado sobre la cama mientras ella seguía teniendo espasmos de la corrida y en su barriga no cesaban los movimientos incontrolados debido al bestial orgasmo que había tenido.

¡Lo he notado! – Decía ella entre jadeos – ¡he notado como te corrías dentro de mí!

Yo estaba tumbado en la cama boca arriba intentando recuperar el habla y la respiración, tenía la impresión de que en medio de mi corrida también se me había escapado el alma, estaba totalmente agotado.

Cuando ella se hubo relajado un poco se incorporó sobre la cama y me dijo que iba a levantarse a limpiarse para no pringar las sabanas.

Yo asentí con la cabeza aun inmóvil sobre la cama.

Minutos más tarde desde el baño se escucho una voz que me llamaba y me animaba a pegarme una ducha rápida con ella con el fin de apartar de nuestros cuerpos el olor a sexo y el calor.

Me levanté de la cama y abrí la puerta del baño y me quedé como hipnotizado, se había recogido el pelo para no mojárselo y desde donde yo estaba admiraba como ese cuerpo de diosa terso y juvenil que hasta hacia unos minutos había sido mío, en estos momentos era acariciado dulcemente por el agua que salía de la ducha.

Era una imagen que pretendía guardar para siempre en mi retina.

¿Entras o qué? – me preguntó desde la ducha sonriendo-

Esas palabras me sacaron del trance y me encaminé hacia la cabina de la ducha.

Te duchas conmigo pero ni me toques – me dijo en tono de broma mientras con las manos se tapaba el pubis-

Me adentré en la ducha junto a ella y me recibió con un dulce beso y con un chorro de agua templada que me devolvió a la realidad.

Aun me tiemblan las piernas, mira – me dijo sonriendo –

Necesito un descanso – continuo – ¿te quedas a dormir?

Vale – respondí – mañana por la mañana cuando me despierte me bajo a mi casa.

Salimos de la ducha secándonos y ella desnuda como estaba se dejó caer en la cama boca abajo y en menos de treinta segundos ya estaba totalmente dormida.

Yo me tumbé junto a ella y apagando la luz de la mesita empecé a darle vueltas a que pasaría mañana por la mañana, como seria ese despertar, pero el sueño y el agotamiento hicieron que también quedase dormido.

Al día siguiente, lo del día siguiente es otra historia.

Agradezco las valoraciones, criticas constructiva y correos que trato de responder

Espero que el presente relato sea de su agrado y continuar con la segunda parte.

Agradecer a todos su lectura.

Saludos:

Casadoval

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