Una gran despedida sexual y sensual.

La tarde estaba tranquila, yo atento y expectante a todos los movimientos que se pudieran dar. La única que no paraba era mi tía con el teléfono, pero no podía distinguir lo que hablaba, porque cuando lo hacía se separaba del resto. Mi tía me hizo una señal y se metió dentro de la casa, lo mismo que hice yo poco después.

-Me han fallado a última hora gente que me había dicho que sí, pero tú no te preocupes que a mí me tendrás seguro. Bueno y a Virgi también, pero, aunque siempre ha sido un poco golfa, tampoco podemos ir a saco, porque no sé cómo puede responder, si estuvierais los dos solos, casi seguro que si lo sabría.

– ¿Quiénes han fallado?

-No te lo digo, porque si no por descarte tendrías muy fácil saber quiénes podrían ser las que si fueran.

-Ahora en pleno agosto, difícil de saber.

-Que no te voy a decir nada, pero tu cuando llegues y nos veas, pon cara de sorpresa total.

-Solo dime… ¿Mi madre va?

-Se hizo de rogar un poco, pero dijo que sí, pero cuando se enteró de quienes iban, se echó para atrás y dijo que no.

-No te enfades, pero contigo, con mi madre y Virgi me valía, el resto de las que pudieran ir, me daban igual.

-Me acabas de dejar… “planchada”

No debía de haber dicho esto último, porque vi cómo se retiraba mi tía con cara desilusionada, había metido la pata bien metida. Todo siguió igual, hasta que mi tía y Virgi se acercaron diciendo que ellas se iban, que tenían la despedida de soltera de una amiga del gym. Nadie se sorprendió, por lo que imaginé que ya lo tenían hablado. Virgi yo creo que sin saber bien lo que decía, lio a mi madre para que se viniese y mi madre decía que ella no conocía a la de la despedida, pero no desistía hasta que al final mi madre, presionada por todo el mundo accedió, pero no con muy buena cara. Vi cómo se retiraban las tres y perdí la noción del tiempo, pero aparecieron de una forma espectacular, para no dejarlas escapar y empezar hasta perder el conocimiento.

Una vez que se marcharon, de forma disimulada estuve mirando mi reloj, esperando que pasaran los 30 minutos acordados, pero era como si se hubiese ralentizado el tiempo. Por fin cuando vi que ya habían pasado un poco más del tiempo acordado, les dije a todos que yo me iba para mi casa, a descansar y para hacer todos los preparativos para mi viaje a Barcelona. Estuve hablando con mi padre un momento, de cosas triviales y cuando me monté en mi coche ya había pasado una hora desde la marcha de ellas. En una cosa no hice caso a mi tía, en la de ir despacio, tampoco fue que fuera echando carreras, pero llegué rápido.

Cuando llegue a la puerta de mi casa y deje el equipaje en el suelo para sacar las llaves, podía oír perfectamente los ruidos dentro, como para no enterarse, pero me haría el sorprendido. Cuando abrí la puerta, todo el ruido había desaparecido, encendí la luz de la entrada, deje las maletas y cuando entre en el salón… todas gritaron, cada una cosa, fue un follón y no me entere bien lo que dijeron. Pude ver a Carmen con su hija Bárbara y Paola su amiga. Eugenia que me lleve una gran sorpresa al verla, no me la esperaba. Virgi, mi madre y mi tía Lucia, la organizadora de todo. Aunque parezca mentira, mi alegría no fue tal, había demasiadas mujeres y veía en algunos casos la situación un poco complicada. Sobre todo, con Eugenia y mi madre, sabía que no estarían a gusto con tanta gente.

Cuando sin esperármelo Carmen, Bárbara y Paola se despedían de todos. Habían venido del pueblo, solo para despedirse y no podían estar más tiempo ya que habían quedado con su marido que las recogería, por un lado, me disgustaba que se fueran, pero por otro me sentía más aliviado. Las acompañe hasta la puerta y Bárbara me dio un buen morreo y diciéndome que no me olvidara de ella, que siguiéramos en contacto. Carmen fue más comedida en su despedida, pero cuando noto mi lengua entrando en su boca, no se cortó tampoco. La última fue Paola que se agarró bien a mi cuello y Bárbara la tuvo que separar.

Ya se fueron, nos quedamos solos Eugenia, Virgi, mi tía Lucia, mi madre y yo. A Eugenia la note muy nerviosa, a mi madre simplemente rara, Virgi muy alegre y la más tranquila mi tía. Dije que iba por hielo y me acompaño Lucia.

-Oye Lucia, ¿Tú ves claro esto?

-Jajaja… tranquilo que no es llegar y YA… relájate.

-Es que no las veo muy por la labor.

-Son complicadas, pero ya verás como cuando empecemos no hay marcha atrás. Lo único que me escama es Virgi, que la he tanteado un buen rato y… se piensa que vamos a ir de marcha por ahí. No que nos vayamos a quedar aquí. Y le he insinuado si pudiera, si haría algo contigo. Me dijo que estaba loca, que podías ser nuestro hijo, que sí que daba gusto verte, pero no más.

-Pero no decías tu que era muy…

-Jajaja… eso es lo que me sorprende, porque de jovencita, no se le escapaba ninguno, era muy “receptiva” jajaja. Y con el marido que tiene…

– ¿Qué pasa con el marido?

-No quieras saber todo.

Regresamos al salón con el hielo y mi tía empezó a animar más las cosas, pero sobre todo a Eugenia y Virgi. Eugenia se fue al aseo y Virgi comento… “Vaya muermo os habéis traído, no lo entiendo si sabéis que de siempre ha sido así, puritana, callada, cortada y… tímida” tanto mi madre como mi tía, le dijeron que lo mismo había cambiado. Y yo pensaba… “Si tú supieras…” estando pensando eso, sonó el timbre de la puerta, fui extrañado a ver quién era, porque no creía que ningún vecino se estuviera quejando, primero porque no había mucho ruido, segundo porque los vecinos de al lado y los de abajo no estaban. Cuando abrí era Paola, que mirándome con cara “inocente” me dijo… “Que he llamado a mi casa y he dicho que me quedaría en casa de una amiga a dormir, no me quería perder… la noche” en ese momento no sabía qué hacer. Porque sabía que eso complicaría un poco la situación. Las dudas me las quito mi tía, que la miro y agarrándole una mano, la metió en la casa. Como la puerta del salón estaba cerrada y nadie nos podía ver, mi tía Lucia dijo… “Déjala, que me gusta esta zorrita y lo pasaremos bien… ¿Verdad?” la pregunto mirándole a los ojos, la respuesta de Paola fue acercarse y darle un morreo muy ardiente.

Yo miraba sin decir nada y pasamos al salón. La cara de todas fue de extrañeza al ver a Paola, pero nadie dijo nada. La bebida corrió a placer, exceptuando para Paola y para mí. Eso hizo que se fueran soltando un poco más. Eugenia volvió a salir del salón, pero esta vez fui detrás de ella y en el pasillo la agarre, besándola con mucha pasión y ella respondiendo sin darlo. Apoyo la espalda a la pared y al rato mi mano subía por sus muslos, ella ronroneaba y abría las piernas. Era un auténtico placer notar, como temblaba al sentir mi mano tocando su coñito por encima de sus braguitas. Y por fin no se aguantó más y paso su mano por mi polla, notando como la hacía crecer, según lo notaba apretaba más su mano contra mi pantalón. Estaba tan excitada que en ese justo momento no me hubiera puesto ningún impedimento para follarmela. Pero como decía mi tía, tranquilidad, sin prisas. Mordisqueando su lóbulo, le dije al oído… “Esta noche te follare sin piedad…” y después la deje allí.

Ahora me sentía lanzado, tenía que tantear como respondía Virgi, que, sin estar bebida, estaba desatada. Daba gusto verla y bailando con tanto movimiento, dejaba ver más de lo que se debiera, pero lo más impresionante eran el movimiento de esas dos grandes tetas. Yo aprovechaba al bailar con ella, para rozarnos los dos y ella no decía nada, no ponía reparos, aunque he de reconocer que mis roces no fueron muy descarados.

Paro de bailar un momento y le dijo algo a mi tía. Lucia me dijo… “Carlos, que es tu casa. Acompaña a Virgi que necesita ir al aseo” yo pare de bailar y le dije que me siguiera. Toda la casa estaba totalmente a oscuras, a excepción de las luces de colores del salón. Le pedí disculpas por ir delante, lo hice para no encender ninguna luz, abrí la perta del aseo y encendí la luz. La miré y le dije… “Aquí esta, si necesitas más ayuda… encantado de poder ayudarte” ella me sonrió, movió la cabeza sin decir nada y cuando fue a cerrar la puerta, le dije aquí te espero. Ella me dijo que no hacía falta y cerró la puerta, pero no oí que echara el seguro a la puerta. Lo que me tentaba para entrar, pero las dudas acudieron a mi cabeza.

Oí la cisterna y tardaba en salir. Suavemente con los dedos golpeé la puerta, pero no oí ninguna respuesta. Abrí lentamente la puerta, hasta que la vi mirándose al espejo y colocándose el pelo con sus manos. Ni miro hacia la puerta. Me acerqué y me puse detrás de ella, mirándola a través del espejo. Me sonrió y me dijo… “Podías haber esperado un poco, que yo no tardaba en salir o ¿Es que acostumbras a entrar sin permiso en los baños?” no le conteste, me limite a poner mis manos en sus caderas. Luego acerque mi boca a su cuello y lo bese con suavidad, se lo mordisquee también, ella lo único que hizo fue apoyar sus manos sobre el borde del lavabo. Una vez que la note rendida, me acerque más a ella sin dejar de hacer lo que estaba haciendo. Hasta notar su culo. Tenía que notar como crecía mi polla entre sus nalgas. Me pareció hasta notar un leve movimiento. Hasta que ella se dio la vuelta y con una mirada retadora me dijo… “Te has pasado mucho, seguro que cuando tu madre y tu tía se enteren no le va a gustar nada, se sentirán avergonzadas por tu atrevimiento”

Me tuve que aguantar la risa y ella se dio cuenta. Lo que parecía que la enojaba más. Se dio la vuelta para cerrar el grifo, que estaba un poco abierto y esta vez la agarre con más ganas, con más deseo y luego cogí esas tetas inmensas, que estaban deliciosas, aunque no estuvieran duras. Me rozaba con más descaro y ella en un momento dado, sin poder evitarlo, se le escapo algo muy parecido a un gemido. Lo que aproveche para decirle que la esperaba en el salón. Su cara fue de desconcierto.

Una vez que llegue al salón, mi tía me miraba de manera interrogante, me limite a sonreírle. El resto bailaba y se reían, se hacían comentarios, estaba todo muy entretenido, hasta mi madre tenía mejor cara. Llego Virgi y venía con cara fingida de tranquilidad, sorprendiéndonos cuando dijo que ella se marchaba, rápidamente mi tía se fue hacia ella y se pusieron a hablar, saliéndose del salón. Pasado un rato volvieron a entrar y venia más tranquila. La verdad que yo ya quería “acción” veía que, si seguíamos así, no llegaríamos a ningún sitio, porque también se haría tarde y se tendrían que ir.

Mi madre me agarro por un brazo con el suyo haciendo que saliera del salón. Una vez fuera me dijo… “No voy a estropear la fiesta a nadie. Pero yo me tumbaré en la habitación de las dos camas y cuando sea hora de irse me avisas, pero que nadie me moleste ¿Vale…?” como eso era mejor que se fuera, porque si no se tendrían que ir las demás, le dije que, de acuerdo, me beso en la mejilla y se fue a la habitación, pudiendo oír como echo el cierre, estaba claro que no se fiaba.

Nada más entrar se lo conté a mi tía, que asintió con la cabeza y le dio igual. Ella estaba a lo suyo. Diciéndome solo… “Dediquémonos a Virgi” me fui y cambié la música, poniendo una música lenta y sugestiva. Me acerque a Virgi que se había sentado ya y la invite a bailar, pero rehusó la invitación. Entonces las otras tres empezaron am meterse con ella, sobre todo mi tía y Paola, la picaron lo suficiente como para que al final cambiara de opinión, aunque yo creo que eso era lo que ella quería. Con ese tipo de música la luz era mucho más tenue.

Cuando nos pusimos a bailar, no quería ser ni brusco ni ir a saco, pero el tiempo era corto ya, habíamos perdido mucho tiempo, así que la atraje hacia mí y nuestros cuerpos quedaron muy juntos, el roce era total. El que en ese momento se movía más provocativamente era yo, poco a poco fui teniendo una erección notable, intercalaba el movimiento, con apretarme bien a ella, sabiendo que notaria toda mi dureza en ella. Cuando más se dejaba era cuando quedaba de espaldas a las otras tres.

Mientras nosotros bailábamos Paola decía que le apetecía bailar y quería que Eugenia o mi tía bailaran con ella. Ahí mi tía fue muy lista, porque empujo a Eugenia a que lo hiciese. Al final lo consiguió se pusieron a bailar. Conociendo a Paola imagine que tardaría poco en hacer de las suyas, me fui fijando sin parar en lo que yo hacía. Cuando vi como abrazaba a Eugenia y como la acariciaba suavemente la espalda con sus manos. Cuando mi mirada se cruzaba con la de Eugenia, la provocaba haciéndole gesto con mi boca, con mis labios, con mi lengua.

Mis manos ya estaban prácticamente casi todo el tiempo en el culo de Virgi, que ya no decía nada, pero no estaba todo lo colaboradora que a mí me hubiera gustado. Lucia se vino hacia nosotros y abrazándonos a los dos, se puso a bailar con nosotros. Cuando sin esperarlo con voz baja y dubitativa Virgi le pregunto… “Lucia… ¿puedo saber a qué jugáis?” Lucia de forma tranquila y serena, me dio un buen beso en la boca, que supuse que dejaría estupefacta a Virgi y una vez que termino de besarme le dijo… “¿A que jugamos? No. A lo que vamos a jugar todos, a follar a pasarlo bien y si no quieres ya sabes dónde está la puerta” Pero mientras le decía todo esto, acariciaba su cabeza y sin esperarlo mi tía nos acercó nuestras cabezas, fundiéndonos en un beso muy ardiente Virgi y yo, que esta vez no puso ninguna pega. La note algo esquiva cuando mi tía se quiso unir al beso de los dos, ella es como si le hubiera causado rechazo y no fue muy ardiente con Lucia. Pero tanto Lucia como yo sabíamos que eso a lo largo de la noche cambiaria.

Si a mí me choco lo que vi, a Virgi la flipo. Dejamos de bailar, pudiendo ver a Paola y a Eugenia besándose, acariciándose de forma salvaje y desenfrenada. Nosotros tres nos fuimos para mi habitación dejando a las dos solas en el salón, Lucia de forma rápida se desnudó y desnudo a Virgi, no quería dejarla pensar o dudar. Yo estaba ya prácticamente desnudo, solo me quedaba el bóxer y mi tía le dijo a Virgi que me los quitara. Lo hizo y cuando se agacho a quitármelos, la polla salto como si tuviera un resorte. Mi tía se agacho con ella y le dijo… “¿A que es bonita, te la esperabas así?” Virgi solo la miraba y cuando reacciono dijo… “Lucia que puta que eres, has con tu sobrino. Y si es muy bonita y mejor de lo que imagine” después de esos breves comentarios, fue como un antes y un después, porque Virgi la agarro, la acaricio y luego se la llevo a la boca. Lamiéndola de una forma perfecta, sabía lo que se hacía. Se veía que disfrutaba haciéndolo.

Al tener más luz en la habitación, podía ver a las dos perfectamente y como mi tía con una amplia sonrisa, con cara de cachonda me miraba. Empezó a acariciar la espalda desnuda de Virgi y su mano iba cada vez más debajo de su espalda, quedándose más tiempo abajo del todo. No me hacía falta mirar, sabia cuando la mano la tenía abajo del todo, por el cambio de respirar de Virgi y por cómo me mamaba de distinta forma.

Mi tía también quiso mamar mi polla y Virgi se apartaba cuando ella lo hacía. Pero llego un momento que las dos lo hacían a la vez, lo que hizo que sus lenguas se tocasen algunas veces y ya Virgi no tenía ese rechazo, en un momento dado mi tía morreo a Virgi, la cual participo ya plenamente. Nos fuimos a tumbar a la cama y llegaron completamente desnudas Eugenia y Paola. Mi tía le dijo a Paola que se acercara y se pusieron a acariciar a Virgi, que todavía está un poco descolocada, Paola no le dio tiempo a reaccionar, metió su cabeza entre sus piernas y ahí Virgi se rindió totalmente. Mientras mi tía le comía las tetas, la boca. Ahora si gemía de forma despreocupada, libre.

Ver a las tres así me excitaba más de lo que estaba, Eugenia miraba con cara de deseo a las tres también, creí que se uniría a ellas, pero sin medir palabra se acercó a mi lado y sin más, abrió sus piernas, poniendo sus rodillas a ambos lados de mi cuerpo, para agarrar mi polla, colocarla en la entrada de su coño y clavársela de forma rotunda. Todo esto se produjo de una manera rapidísima y cuando ya la tuvo toda dentro, apretó sus manos, en mi pecho, clavándome las uñas. Sus movimientos eran como desesperados, me miraba a mí con cara cachonda, pero le era imposible no mirar a su lado, donde ahora estaban Paola comiendo el coño de Virgi y Lucia sentada sobre la cara de Virgi. El olor a sexo y los sonidos de los distintos gemidos, inundaban la habitación. Se fueron acelerando los gemidos de Virgi y de Eugenia, según ocurría esto, los movimientos de Eugenia se aceleraban también. Lucia se acercó y Eugenia también hizo lo mismo, hasta que se empezaron a correr las tres. Fue una corrida bestial de las tres.

Paola una vez que se corrieron, las aparto y se tumbó, quería que ahora Virgi le comiera a ella, pero Virgi decía que ella quería probar mi polla, lo dijo tal cual. Lucia acaricio la cara de Paola y se fue comiéndole las tetas y la tripa hasta llegar a su coñito. Lo curioso es que Eugenia se quedó a nuestro lado y Virgi me dijo que, si no me importaba en otra posición, colocándose a cuatro patas, ni la conteste me puse detrás de ella y se la fui a meter, al principio parecía que costaba un poco, pero una vez metida la cabeza de la polla, el resto entro estupendamente.

Eugenia rompió su pasividad y acariciaba las tetas de Virgi, esta giro un poco la cabeza y le dijo… “Y yo que te creía una pardilla… menuda zorra estas echa” Eugenia le beso en la boca interrumpiendo lo que ella hablaba. Mientras ellas se besaban, yo me moje bien un dedo, lo lleve a la entrada de su culito y Virgi en un principio culeo un poco, como diciéndome que por ahí no, pero como era de esperar no le hice ningún caso. Poco a poco sin prisas fui acariciando primero el agujerito de su ano, para luego ir metiendo el dedo. Al final ya no protestaba. Ahora Eugenia estaba debajo de ella comiéndole las tetas y Virgi ya no es que no protestara, si no que le pedía que fuera más fuerte, se había soltado.

De pronto oí como Paola le decía que parara y vi cómo se quitó de golpe. Hizo a mi tía tumbarse, la cual miraba sin saber que pasaba. La cara de Paola era de dominación total. Le hizo abrir las piernas y ella coloco las suyas entre las de Lucia, haciendo la tijera, la cara de mi tía era de no saber. Pero la jovencita le estaba dando una lección, pegaron coñito contra coñito, haciendo la tijera. Paola le decía que tranquila que la siguiera y vi como iniciaba sus movimientos. La cara de las dos lo decía todo.

Ahora yo ensalivaba bien el culo de Virgi y le dije a Eugenia que me trajera un bote que había en un cajón, era lubricante, porque veía que con la saliva no lograba nada. Empecé a lubricar bien su culo y cuando ya entraban dos dedos, eso sí con algo de dificultad decidí pasar a follarme ese culazo. Virgi sabía de sobra lo que iba a pasar, se le notaba nerviosa en tensión, pero Eugenia con voz suave la relajaba. Mi polla ya está en la entrada y notaba como ella cerraba de forma instintiva su culito, poco a poco y agarrándola bien para que no resbalase con tanto lubricante, empecé a meterla, pero no había entrado la cabeza cuando dio un alarido, algo exagerado para mí y dijo que no, que no y que no. No quise que se enfadara porque la vi muy nerviosa, una vez que la tranquilice seguimos follando, al rato note que estaba ya cerquita y aminore la follada, lo empecé a hacer lentamente, lo que la desespero y me pidió que no me parara, que fuese un poco más rápido, pero seguía sin hacerla caso y ella me provocaba con los movimientos que hacía. Hasta que empecé a darle mis embestidas espectaculares saliendo entonces de su boca… “ASI, ASI AAAAASI…. Esto es lo que quería, no pares… AAHHHHHHHHH…” Corriéndose nuevamente de una forma muy espontanea, sin contenerse. Cuando me quise dar cuenta tenia a Eugenia mamándome la polla de una manera desenfrenada y como yo estaba a punto me corrí dentro de su boca, que ella se lo tomo todo como si fuera un biberón. Por lo que pude ver mi tía y Paola se habían corrido, porque estaban tumbadas las dos y muy relajadas.

Ahora de pronto se dieron cuenta de la hora y a todas les entro las prisas, menos a Paola que seguía tumbada. Pasaron por los dos baños que había y mi tía una vez que estuvo arreglada golpeo la puerta de la habitación donde estaba mi madre, que salió y se dispuso a irse, antes me cogió y me llevo hasta la cocina, yo iba con una toalla en la cintura. Allí me dio la “charla” de que descansar y cuidado en el viaje, que parara las veces necesarias y sobre todo que mandara a su casa a Paola, yo le dije que no se preocupara por nada que tendría cuidado y que a Paola la mandaría a casa ahora mismo. Salimos de la cocina ya solo faltaba una por acabar y entonces le dije a Paola que se vistiera ya y que se fuera, su cara fue de desagrado y se levantó moviendo su culito, se fue al baño llevándose su ropa, iba muy indignada.

Acompañé a todas a la puerta y me despedí de todas ellas de una forma muy afectuosa. Era una pena porque yo seguía con ganas de más. Cuando cerré la puerta fui a ponerme un refresco y entonces oí el caminar brusco de Paola, quería dejar ver su enfado o disgusto andando así. Cuando iba a abrir la puerta para marcharse, le di un fuerte azote en ese culito, se quedó perpleja y le dije… “A donde coño vas, todavía no te he follado ese culito” ella se quedó pegada a la puerta y alzo los brazos, sacando el culo para afuera, como si la estuvieran cacheando.

Volví a darle un par de fuertes azotes y le agarré del pelo, tirándole de su cabellera para atrás y mordiéndole el cuello, para luego morderle la boca y besarla. La lleve nuevamente para la habitación, me quite la toalla y me tumbe en la cama. Ella estaba echa toda una zorrita. Empiezo a hacer un show muy erótico y excitante desvistiéndose. Mientras la veía yo me acariciaba suavemente, para provocarla también, estábamos los dos muy concentrados en el otro. Hasta que sonó el timbre de la puerta, por la hora tenía que ser algunas de las que se habían ido. Le dije a Paola que no hiciera absolutamente nada de ruido.

Era la “modosita” de Eugenia, cuando abrí la puerta entro de golpe, no le hizo falta invitación. Cerro la puerta y me dio un morreo, diciéndome que ella no se conformaba con las migajas y que quería más. Venia desenfrenada, eso me gustaba mucho en una mujer. Paola nos tenía que estar oyendo, porque Eugenia en su desenfreno no hablaba bajo. Ella quería ir directa a la habitación, pero solté mi toalla y la deje caer al suelo, para luego ir desnudándola en la entrada, quería que llegáramos a la habitación los dos desnudos. No fue nada difícil conseguirlo.

Cuando llegamos a la habitación no me quedo más remedio que sonreír, porque Paola ya tenía preparado muchos de los “juguetitos” algo que me sorprendió. La cara de Eugenia no fue de sorpresa, porque dijo me lo imaginaba, la más pequeña pero la más puta. Paola le dijo que gracias por el piropo pero que para puta ella, tan “señora” en la calle y luego… corte sus diferencias lingüísticas y ordene a Paola que atara a Eugenia, lo que hizo con mucho gusto y con alguna que otra protesta de Eugenia. Pero no le valió para nada.

Una vez atada la hice que se acercara se pusiera a cuatro y me comiera la polla sin usar las manos. Le costaba mantener el equilibrio. Paola estaba detrás de ella, junto a su culo que estaba en pompa. Paola le lamia por detrás y Eugenia, aunque tenía la boca llena, se le oía gemir. Hice señas a Paola para que cogiera la pala para azotar, primero me enseño dos cosas y yo le decía con la cabeza que no, hasta que acertó. Cogió la pala y cuando le afirme con mi cabeza que sí, le indique que le diera unos azotes. El primero fue muy suave y el segundo igual. Tan suave que Eugenia ni se inmuto. Por lo que la mire de forma seria y parece que lo entendió, porque el siguiente fue fuerte y pillo desprevenida a Eugenia, que casi se cae y la polla se le metió mucho más en su boca, lo que le provocó una arcada. Pero otra vez que empezó a darle suave, en vista de lo sucedido, me quite de donde estaba y cogí la otra pala que tenía, le dije que levantar el culo y le di fuerte a Paola, yo sabía que se quejaría, pero sabía que le gustaba. Entonces ella cogió el mismo ritmo con Eugenia, que se quejaba, protestaba, nos insultaba, pero no se quitaba.

Como sus nalgas estaban totalmente rojas, afloje y luego pare. Les puse el bote del lubricante y les dije que se lubricaran mutuamente sus culitos que pensaba follármelos. Paola toda chula dijo que a ella no hacía falta que se lo lubricasen, que le gustaba más sin nada. Eugenia se quedó sin saber que decir, pero al final se sumó a lo dicho por Paola. De todas maneras, les dije que se preparan los culitos. No hizo falta decirles nada más, se empezaron a besar y a meterse mano, al principio por todos los sitios menos por sus culitos. Podía ver como sacaban sus dedos empapados de sus coñitos. La primera que se decidió fue Eugenia que de golpe le metió dos dedos en el culito de Paola, que los recibió con un gran suspiro y ella empezó a hacer lo mismo con Eugenia. Se besaban como posesas y se metían varios dedos en sus culitos de una forma salvaje y frenética.

Les dije que se pusieran una al lado de la otra a cuatro patas y así lo hicieron. Mi polla que ya estaba súper dura y más después de verlas, estaba más que preparada para follarme esos dos fantásticos culos. El de Eugenia que se veía esplendoroso y bien hermoso. El de Paola que se veía como más delicado, pero yo ya sabía que ese culito se tragaba todo. Me decidí primero por el culo de Eugenia, me costó que entrar y se notaba bien apretado, pero lo recibió todo sin protestar mucho, aunque se le escapo algún quejido. Al rato cambié y me fui al culo de Paola que miraba esperando recibirlo y otra vez muy chula me dijo que sin miramientos. Lo hice así y ella gimió de una forma exagerada, Eugenia no se pudo quedar quieta y cambio de posición metiéndose debajo de Paola y comiéndole el coñito, Paola solo decía… “Qué bueno, no paréis, métemela hasta notar tus cojones, vamos, más dentro y tu lame bien mi coñito, atrapa mi botón, vamos, vamos, vaaaamos…” prácticamente convulsionando con la corrida que estaba teniendo. Pero no había acabado de correrse, cuando inicia otra corrida más y luego otra, sus gritos se podían oír en toda la casa.

Una vez que paro de correrse, le dio un beso profundo en la boca a Eugenio y le dijo que gracias. Dándomelas a mí también y diciéndome, vamos folla el culo de este putón mientras yo le como el coño. Dicho y hecho, Paola se metió debajo de Eugenia y le empezó a comer y lamer su coño. Quedando su culo arriba, me acerqué y se la metí, esta vez con menos miramientos y ella no protesto nada, no sé si porque estaba muy cachonda ya con las lamidas de Paola.

La estuve follando tranquilamente el culo, para que mis movimientos no impidieran a Paola hacer lo que hacía. Pero notaba como echaba cada vez más para atrás el culo y más deprisa. Entendí la indirecta, aumenté la velocidad y las embestidas. Hasta que ella se corrió lo hizo muy placenteramente pero no hasta el extremo de Paola. Una vez que se corrió me fui al aseo a limpiarme la polla y cuando regrese estaban medio acariciándose, con cara de agotadas las dos. Cuando me tumbe, dijeron que ahora les tocaba a ellas. Me empezaron a comer la polla de manera salvaje, me gustaba, luego mientras Eugenia me la comía ella sola, que lo hacía con mucho vicio y arte, Paola se puso detrás de mí y como pudo me empezó a comer mi culo, dándome un placer sublime. Avise de que me corría, Eugenia aumento la mamada y se metía la polla lo más que podía, mientras Paola me metía todo lo que podía la lengua en el culo, notando perfectamente cómo se movía. Me corrí de una manera deliciosa. Una vez que termine de correrme, Paola rápida como una gata se morreo con Eugenia, saboreando mi leche las dos.

Ahora sí, Eugenia se levantó veloz y dijo que ya no podía quedarse más, que al final iba a tener problemas, se vistió muy rápida y Paola le dijo… “Que no te vea tu culo tu marido, que lo tienes muy rojo y eso es difícil de explicar” era verdad yo no me había fijado. Ella se encogió de hombros y salió prácticamente corriendo. Nos quedamos Paola y yo en la cama, ella apoyo su cabeza en mi pecho y se la notaba relajada. Le dije que mañana bien temprano se tenía que marchar, ya que como sabía yo me marchaba a Barcelona temprano, que tenía que estar a la hora de comer allí y el viaje eran más de cinco horas. No me dijo nada, se limitó a levantar un pulgar. Y nos quedamos dormidos.

Cuando me sonó la alarma, abrí los ojos y me vi solo en la cama. Pensé que Paola se había ido más temprano y no me quiso despertar, fui a darme una ducha y salir de viaje. Cuando entre en el baño, en la ducha estaba Paola y me dio los buenos días muy alegremente. Me invito a ducharme y antes de que pudiera decir nada me dijo… “Seré una chica buena, no te hare nada malo…” con la esponja que tenía en la mano se puso a enjabonarme y tanto me enjabono sobre todo abajo, que mi cabeza me decía una cosa, pero mi polla empalmándose decía otra.

No me pude contener y tuvimos un polvo muy salvaje en la ducha, lo que se suele decir un aquí te pillo… pero con una corrida de ambos que fue muy buena. Nos dimos prisa y salimos a la calle. Ella me acompaño hasta el coche, guarde el equipaje y desayunamos en un bar cercano. Quedando en seguir en contacto y que cuando tuviera cas que la avisara que lo mismo se podían escapar ella y Bárbara, para hacerme una visita “pecadora” nos reímos y nos dimos un buen morreo de despedida. Ya solo me quedaba iniciar mi viaje a Barcelona, mi nuevo lugar para vivir.

P.D.: Artillero bonita tierra la tuya. Solo me sorprendió el clima, pensé que la temperatura sería más alta, pero mucho mejor así que en estas fechas en España el calor es insoportable. Pero lo mejor a parte de su gente, al sitio que me llevaron las personas con las que quedamos. Jamás comí una carne como esa. Al final no me cabía dentro ni el aire. Me va a tocar hacer ejercicio extra un mes. Pero a merecido la pena. Y desde luego conocí a unas mujeres muy bellas, sobre todo una que me dejo prendado que se llama Lilen, indescriptible. Sin palabras… ahora camino de Paraguay.

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