Una noche en la discoteca

Primero que todo me quiero presentar. Me llaman .J. y soy un estudiante de universidad de Valencia, tengo 20 años, y he seguido esta página desde que era muy jovencito. Siempre había querido inscribirme aquí y compartir mis experiencias y al final lo he hecho. Quiero disculparme por haber hecho el relato tan largo, pero no quería dejarme ningún detalle. Espero que os guste tanto como a mí y que pueda seguir escribiendo para vosotros.

Esta historia me ocurrió hace varios meses. Paso a contarla.

Hace algunos meses, y después de acabar el periodo de exámenes en la universidad, mis amigos, alguna gente de clase y yo decidimos ir a cenar y a alguna discoteca para poder celebrar que por fin habíamos acabado ese duro período de estudio y así poder relajarnos un poco. Fuimos a cenar y cuando acabamos fuimos hacia la discoteca. Fuimos allí, pero antes de entrar hicimos un poco de botellón, donde compartimos algunas historias y nos echamos unas buenas risas. Ahí fue donde nos encontramos con algunos viejos amigos, gente que el año anterior iba con nosotros a clase y que por distintos motivos ya no iba con nosotros, aunque sí seguíamos en contacto. Nos pusimos a charlar un poco y, al ver la hora que era, decidimos ir a la cola, pues había un montón de gente celebrando lo mismo que nosotros y no nos queríamos quedar fuera.

Después de más de 45 minutos en la cola, por fin pudimos entrar. Mis amigos y yo, unas 8 personas en total nos fuimos directamente a la sala que más nos gustaba: la de música comercial y un poco más electrónica. Al entrar nos encontramos con dos chicas, María y Jessica, que eran de nuestro grupo de amigos pero que después del botellón habíamos perdido de vista. Entramos en la sala y nos pusimos a bailar, a cantar y a disfrutar. Después de un buen rato bailando nos volvimos a encontrar con los viejos amigos y nos juntamos con ellos para ser más y pasárnoslo mejor. De ese grupito de amigos quiero destacar a Dani, pieza clave en esta historia. Como los chicos tenemos que pagar para entrar, nos entra una consumición con la entrada. Dani me habló y yo intenté entender lo que me decía, pues la música estaba muy alta.

-Oye, ¿tienes el ticket? – me dijo Dani.

-Sí, lo tengo aquí. ¿Lo quieres? A mí no me apetece beber nada. Si lo usas beberé un poco de lo que pidas. – le contesté yo.

Le di el ticket y se pidió un gin-tonic, que nos beberíamos los dos de un trago. Nos cansamos de esa sala y nos fuimos a otra. Nos cogimos de la mano para no perder a nadie del grupo, pero yo solo iba cogido de él y él solo iba cogido de mí. Estábamos los dos cogidos de la mano por primera vez. Fuimos a la otra sala y empezamos a bailar todos otra vez, pero esta vez, no sé por qué, yo me quedé fuera del círculo de amigos y me encontraba detrás de él, todavía cogidos de las dos manos. Mientras bailábamos yo empezaba a ponerme nervioso, ya que estar tan cerca de él hacía que me pusiera un poco cachondo. De repente, empezó a mover su gran culo por mi paquete, como intentando que yo reaccionara y se me pusiera dura. Lo consiguió. Tuve que frenarlo.

-Dani, ¿qué haces? – le dije al oído.

-Shh – dijo él. Y siguió haciendo ese movimiento que tan bien se le daba. Al poco rato, puso su mano por detrás de su cuerpo e intentó tocarme el paquete. No acertó y me tocó el bolsillo, pero yo, cachondo como estaba, le cogí la mano y la llevé a mi rabo, duro y caliente. El hizo algunos soniditos que fueron imperceptibles para el resto de amigos. Me puso como una fiera y yo le agarré su paquete. Podía notarlo entero, muy duro y esperando a que jugara con él.

-Vamos fuera. Estaremos más tranquilos- le dije yo.

-Vale.- me respondió con un tono casi exhausto.

Salimos fuera cogidos de la mano y buscamos un lugar para poder tener run poco de intimidad. Acabamos tirados en unos arbustos cerca de la disco. Ahí empezamos a besarnos. Solo estábamos él y yo. Mientras lo hacíamos, gemíamos un poco y nos tocábamos un poco las partes y yo le agarraba su redondo culo. Los dos íbamos a reventar. Lo tumbé en el suelo y me puse arriba suyo. Empecé a desnudarlo un poco: le quite la camisa, muy despacio, le toqué el pecho peludo que tenía y le mordí los pezones. Él se desabrochó los pantalones y yo se los bajé y vi esos calzoncillos negros que le apretaban, pues su polla estaba muy dura. Acerqué mi cara a su ropa interior y se la bajé del tirón. Su polla casi me dio en la cara.

No me lo podría creer. Ahí estaba yo y ahí estaba él: desnudo, erecto y esperándome. Le toqué el rabo y los huevos y empecé a chupársela. De medidas, su rabo era normalito, pero tenía unos huevos muy grandes y con pelo, y su pubis, oh, qué maravilla, una selva como las que a mí me gustan. Un montón de pelo muy negro y rizado que toqué todo el rato. Se la chupé bastante rato y al final me hizo gesto de que parara, que le tocaba a él. Me senté encima de él y él se incorporó (digno de una postura de kamasutra).

Ahora yo estaba debajo y él estaba encima de mí. Me bajó los pantalones y los calzoncillos del tirón. Mi polla, muy dura, le dio en su boca, que enseguida abrió para comérsela enterita. Se la tragó hasta los huevos, que él masajeaba mientras me la chupaba.

-Oh, oh, oh, ah, ah. Qué bien lo haces, Dani. Sigue.- decía yo gimiendo e intentando no correrme.

-¿te gusta? Mmmmm. – dijo él segundos antes de comérsela entera otra vez.

-Buff, para para, que me corro. – Le dije yo al cabo de un rato.

Se la sacó de la boca y empezó a masturbarme. Todo el arbusto se llenó de mi leche. Nunca había tirado tanta. Dani me lamió mi capullo y mi pubis, que estaban manchados de rica lefa caliente.

-¿Te ha gustado? – me dijo.

-Pues claro. Gracias por esto, pero tu aún no has acabado. – le dije yo mientras cogía con mi mano su caliente y duro rabo. Me lo llevé a la boca y a los pocos segundo se corrió. Me llenó la boca de su dulce leche caliente, que luego le pasé a él cuando lo besé.

Nos vestimos, nos dimos un beso y nos fuimos a la puerta de la discoteca, donde nuestros amigos nos habían estado esperando una hora. Eran las 7 de la mañana y teníamos que irnos a casa ya. Nos fuimos en taxis separados y cuando llegamos a casa nos dimos las buenas noches. Nunca más volvimos a mencionar el tema, aunque nuestra amistad sigue como antes.

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