Una profesora como regalo de navidad III

Ya no le apetecían tanto las clases con la profesora Caitlin. Antes de las vacaciones de Navidad le quedaban solo cinco oportunidades de verla, cuatro clases y un examen del que, si aprobabas, no tenías que examinarte en febrero.

Era la única profesora que les daba la oportunidad de examinarse dos veces, aunque en el examen de diciembre tenías que buscarte tú mismo los apuntes para el tema que se daba en enero.

Durante las dos semanas desde ese encuentro en el despacho, Abby se había centrado en los estudios. Quería aprobar el examen para no tener que hacerlo en febrero y así estar más tranquila, pero lo cierto es que lo que en realidad quería era quitarse de la cabeza a Caitlin.

El día que salió corriendo del despacho tuvo que refugiarse en los lavabos para desahogarse. ¿Por qué le había hecho eso a ella? Era como si las dos hubieran querido y, tras esa llamada, ella cambiara de idea. ¿No la deseaba?

Ni siquiera pudo correrse a solas. Su cuerpo se enfrió al no tener cerca el calor de caitlin, su tacto. Pero lo peor eran los sueños. Desde ese día soñaba todos los días con ella, no como antes, ahora sus fantasías eran mucho más intensas, a veces se despertaba esperando encontrarse en su cama a Caitlin, y se enfurecía cuando no era así.

― Oye Abby, ¿ha pasado algo?

― ¿Qué quieres decir? – Preguntó bajito.

― Pues que tal y como miras a la profe cualquiera diría que quieres clavarle un cuchillo en el corazón. Parece como si quisieras hacerle arder con tus ojos. – Abby sonrió.

― ¿Y eso no se puede hacer?

― Algo tuvo que pasar en el despacho para que estés así. ¿No me digas que le pediste que te follara?

― ¡Nunca le pediría a una mujer como ella tal cosa! – Exclamó haciendo que todos se giraran hacia ellas, incluida Caitlin que estaba paseando por la clase mientras explicaba.

Abby se tapó la boca con las manos para evitar que saliera cualquier otra cosa más. Ahora sí que había interrumpido la clase y miraba de reojo a la profesora esperando que se acercara. Sin embargo, Caitlin se aclaró la garganta y siguió explicando como si no pasara nada.

― A lo mejor espera al final de clase. – Comentó Terry a su lado igual de colorada que ella.

― No me importa. Por mi puede hacer lo que le dé la gana. – Respondió cruzándose de brazos como una niña pequeña.

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Iba a matarla… Si pudiera en ese momento se la echaría al hombro y la llevaría a su casa para azotarla como se merecía por volver a interrumpirle cuando le había prometido que no lo haría más. Los últimos días fueron una tortura al tenerla tan cerca; pero Abby estaba enfadada con ella, mucho, para ser exactos. Y era para estarlo, jamás debió tocarla si no iba a poder terminar con ella; lo único que consiguió fue que su deseo por la chica creciera más y su enfado consigo misma rivalizara con éste.

Jamás se portaba así con ninguna mujer. Les daba lo que querían y se largaba, esa era su vida. Pero con ella… Abby aprendía rápido, era muy sensible y además le gustaba las respuestas que le ofrecía su cuerpo. Quería llevarla de un orgasmo a otro, que disfrutara de su cuerpo tanto como ella lo hacía.

Pero era su profesora, y no podía hacer que cuestionaran sus notas en las clases que tomaba con ella por esa relación. Cuando ella estuviera licenciada y ya no formara parte del grupo estudiantil… No la dejaría salir de casa en semanas. Ni ella saldría siquiera.

En sus relaciones era dominante, no hasta el punto de necesitar a una mujer que fuera su esclava, pero si una que no le cuestionara en la cama; que obedeciera sus órdenes y que se mostrara complaciente. Abby no encajaba por ahora en lo que pedía aunque este hecho suponía un reto para Caitlin. Uno realmente dulce. Porque, al margen de esa obsesión por ella, sentía algo mucho más fuerte que por otras mujeres. Era suya, de su posesión, y se lo demostraría muy pronto.

Pasó cerca de ella sin que levantara la vista. Aún así, pudo ver que no era indiferente a su presencia pues el bolígrafo había dejado de moverse y estaba tensa. Miró alrededor para comprobar la clase mientras acercaba su mano a su nuca y le acarició con el dedo índice, como si siguiera el contorno de la camiseta.

Notó cómo temblaba estimulada por esa simple caricia. Pero no podía seguir o daría un espectáculo delante de sus alumnos. Se sentía excitada, lo que hacía que fuera difícil mantener el control en la clase si el resto de alumnos se daban cuenta. A regañadientes tuvo que seguir andando y situarse detrás de su mesa para seguir con la lección.

El timbre sonó y la gente comenzó a recoger las cosas mientras la profesora daba las últimas indicaciones sobre el examen para quienes quisieran presentarse. Sería en dos días en su despacho y oral.

Abby recogió sus cosas con lentitud como si esperara que ella la llamara, secretamente deseaba que hiciera eso. Pero cuando fue ella la que se marchó sin decir nada más, su alma cayó a los pies. ¿La estaba ignorando? Quizás había algo de ella que no le gustaba pero, ¿qué? Era una de las preguntas que llevaba tiempo preguntándose, el motivo por el que no le había hecho acabar en su despacho, por qué cogió ese maldito teléfono en lugar de seguir dándole placer. Nadie la había follado con la lengua y sin duda era una experta en hacerlo pero, dejarla a medias…

― Abby, ¿te presentarás?

― Por supuesto. Si me quito ese examen solo me quedarán cinco asignaturas para febrero.

― Después de los exámenes planeamos reunirnos todos. Pase lo que pase en los exámenes nos tocará divertirnos.

― Cuenta conmigo.

― Por cierto, ¿te apetece estudiar en grupo?

― ¡Claro! – Cualquier cosa que la mantuviera alejada de su tema principal: Caitlin.

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Abby estaba en el despacho de Caitlin sentada delante de ella con un papel a su lado para el examen. Dejaba unos minutos después de plantear la pregunta para que cada uno pensara bien lo que iba a decir y cómo decirlo, por eso tenían un papel donde apuntar lo que necesitaban y que no se les olvidara nada en el momento de exponerlo.

Eso no le pasaba a Abby que era capaz de recordarlo todo. También había tenido mucho más tiempo porque, a falta de sueño, el estudio era lo único que hacía por las noches. Tenía ojeras debido a llevar dos días sin dormir. Solo esperaba poder hacerlo esa noche sin tener que soñar con ella tocándola, fornicando como dos salvajes…

Se aclaró la cabeza antes de levantarla y responder sin errores la pregunta que le había formulado.

― Las herramientas en bioinformática son bastante variadas y no hay que descartar que en un futuro vayan cambiando. Dos de las que más se utilizan es BLAST, un algoritmo que determina la similitud de secuencias arbitrarias con otras secuencias que pueden ser de proteínas o de ADN. También se utiliza el ClustalW.69 que trabaja con alineamientos múltiples de secuencias.

― Muy bien, – Dijo Caitlin anotando algo en sus notas. – ¿Qué me dices del concepto de bioinformática? ¿Quién lo definió?

― El Centro Nacional para la Información Biotecnológica, o en inglés, “National Center for Biotechnology Information” pero antes algunos autores también lo definieron con sus palabras. Hoy día la conceptualización más aceptada es la de este centro que nos dice que la Bioinformática es un campo de la ciencia en el cual confluyen varias disciplinas tales como: biología, computación y tecnología de la información. Su objetivo es facilitar nuevas ideas biológicas y crear otras con las que partir hacia otros principios. Se ocupa por tanto del análisis e interpretación de varios tipos de datos como secuencias de nucleótidos y aminoácidos, dominios y estructuras de proteínas y demás.

― ¿Y qué es un alineamiento global Needlman & Wunsh?

― Es un algoritmo para alinear secuencias de nucleótidos o proteínas. Fue propuesto en 1970 por Saul Needleman y Christian Wunsch. Fue la primera aplicación de programación dinámica para la comparación de secuencias biológicas. y sus puntajes para caracteres alineados son especificados por una matriz de similitud en la que…

― Es suficiente. – Cortó Caitlin mirándola directamente. – Tu examen ha terminado.

― Perfecto. – Dijo levantándose.

― Yo no he dicho que pueda levantarse señorita. – Replicó ella entrecerrando el cejo. Abby volvió a sentarse y la miró desafiante.

― ¿He de responder alguna pregunta más?

― No, ya has respondido tus tres preguntas de examen.

― Entonces hay más personas que se deben examinar.

― Pero antes necesito hacer algo contigo.

― ¿qué?

― Esto… – Contestó y se levantó de la silla con rapidez inclinándose sobre la mesa y agarrándole la nuca para que no escapara mientras la besaba con pasión y fuego. Era como si el simple roce de sus labios le hiciera arder todo el cuerpo. Gimió dentro de la boca de ella mientras abría la suya permitiéndole entrar y hacer lo que quisiera con ella. Y así lo hizo, como si follara su coño, así se sentía con su boca.

Caitlin se separó de ella de imprevisto y rodeó la mesa. La cogió de los brazos y la hizo levantarse mientras la llevaba hacia la pared. La puso de espaldas a ella mientras su la cubría por completo.

― Eres condenamente hermosa…

― ¿Estás volviendo a castigarme? – Preguntó temerosa de la respuesta.

― Debería… Me prometiste que no volverías a interrumpirme en clase.

― Pues si es eso lo que quieres ya puedes buscarte a otra. – Caitlin arqueó una ceja.

― ¿Perdón?

― Yo no quiero esto, no… No puedo…

― Sin duda te gustan los castigos. – Dijo antes de que ella terminara.

― Yo no he dicho eso, solo digo que no quiero…

Abby no pudo continuar hablando porque Caitlin acababa de meterle la mano por la falda y por dentro de sus medias y sus bragas y le rozaba el clítoris. Estaba ya excitada por el beso pero sentir su mano en una parte tan íntima le hizo echarle las manos al cuello para sostenerse al mismo tiempo que le ofrecía aquello que había tomado sin preguntar.

― ¿Te gusta esto?

― mmmmm, Si… Por favor no pares.

― No puedes correrte hasta que yo te diga. ¿De acuerdo?

― No me hagas eso… – Protestó.

Caitlin siguió acariciándole el clítoris y toda su vagina hasta llegar a los labios inferiores y, con sus dedos, los separó rozándole poco a poco la entrada de su canal que se apretaba cada vez que la rozaba y dejaba salir el flujo de su excitación.

Abby se apretó fuerte contra ella, sentía como sus dedos acariciaban su parte más sensible, haciendo círculos en su clítoris para luego subir y bajar. Pudo sentir como los labios de Caitlin se pasaban por su cuello besándola, mordiéndola, excitándola más, ese siempre ha sido su punto más débil, su cuello. Se separo de la pared y dio la vuelta quedando frente a Caitlin para buscar su boca, la necesitaba, empezó a besarla con desespero, y a bajar sus manos por su cuello en busca de los botones de su blusa de seda blanca, empezó a desabotonarlos uno por uno. Caitlin se dejaba hacer, ya no podía mas, atrajo a Abby mas hacia su cuerpo y la levanto para llevarla al escritorio donde la sentó y acariciando sus piernas largas saco sus medias que le dificultaban su meta.

― No tientes a tu suerte, Abby. Aún puedo darte un castigo.

― ¿Con esto así?- Preguntó ella pícara viéndola semidesnuda. Caitlin le devolvió la sonrisa y se enterró en su cuello mientras introducía lentamente dos dedos dentro de ella. – ¡Sí!

La folló de todas formas posibles: rápido y fuerte, lento y suave, siempre arqueando los dedos en busca de ese punto especial que la catapultaría más rápido. Eso hacía que ella le mordisqueara más fuerte en el cuello al tiempo que la lamía y la besaba, primero con emoción, después con ternura. Sus bocas eran puro fuego mientras se daban placer.

Caitlin notó cómo su coño le comprimía los dedos y supo que estaba muy cerca. No quería volver a hacerle daño al impedirle correrse pero antes…

― ¿Quieres correrte?

― Si…

― ¿Has dormido estos días?

― ¿A qué demonios viene eso ahora?

― Tienes ojeras y parece que no es solo de una noche.

― He estado estudiando estos días.

― ¿Y dormir?

― Los últimos días no. No podía desconcentrarme.

― ¿Dormir te desconcentra? – Le preguntó ella besándole cada ojo.

― Tengo sueños… – Reconoció al final moviendo las caderas para permitirle un acceso más hondo. Caitlin la recompensó introduciéndole más profundo sus dedos.

― ¿Qué tipo de sueños? – Indagó mordiéndola la unión entre sus pechos ahora que le había levantado la camiseta.

― Por favor, profesora………. – Murmuró apretando el brazo cuya mano estaba dándole tanto placer.

― Me dijiste que querías correrte una docena de veces antes de que yo lo hiciera. ¿Son esos tus sueños? ¿Sueñas conmigo, Abby?

― Si… Contigo… Todas las noches. – Contestó jadeando. Estaba muy cerca y ya apenas podía contenerse.

― quieres correrte Abby? – le dijo ella mordiendo el lóbulo de su oreja

― Déjame, por favor, ya no… – El orgasmo empezó a estallar antes de poder decir más al meter ella sus dedos y tocar con fuerza el punto G.

― Córrete Abby. Córrete para mí.

Su orgasmo estalló, se abrazo a ella con fuerza. Era el orgasmo más grande que había experimentado. Empezó a gritar con fuerza y, antes de que se diera cuenta, Caitlin le tapó la boca con la suya bebiéndose su grito, deleitándose con su orgasmo. Seguía con los dedos metidos dentro de su coño y los sentía entrar y salir alargando su orgasmo al tiempo que el pulgar atacaba sin piedad su duro clítoris.

Los ojos de Abby se le cerraban sin poder evitarlo y su cuerpo le pesaba cada vez más. Finalmente se dejó llevar y cayó laxa en brazos de Caitlin.

― ¿Abby? – Llamó preocupada.

La notó respirar acompasadamente y maldijo para sus adentros. Acababa de desmayarse y la había dejado con una maldita excitación que dolía como el demonio.

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